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	<title>Christian Joanidis &#187; década ganada</title>
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		<title>Ocultar la pobreza</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Oct 2015 09:53:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Recientemente salió a la luz que el Instituto Nacional de Estadística y Censos demoró la salida de un índice de pobreza. A esta altura a nadie le puede sorprender eso, parece una maniobra más del kirchnerismo, que nos quiere convencer a fuerza de relato de que vivimos en un mundo feliz. Pero el relato se cruza con la realidad y todos sabemos que la pobreza aumentó en estos últimos años: Ya lo dicen las mediciones privadas.</p>
<p>Pero dejemos de lado la cuestión del relato y la indignación que nos provoca que nos quieran engañar, a las puertas del fin de ciclo se torna ya irrelevante. Hace cuatro años que no medimos la pobreza en nuestro país, pero en este caso no se trata sólo de un índice más, sino de un debate que los ciudadanos necesitamos tener para definir cómo concebimos a la Argentina. Parece exagerado pero no lo es, porque hablar de pobreza es hablar de casi todo a la vez.</p>
<p>El primer paso antes de comenzar cualquier medición es la definición de lo que se quiere medir. En el caso particular de la pobreza, tenemos que preguntarnos qué es ser pobre en la Argentina. De más está decir que las mediciones de ingresos son muy poco representativas, porque la pobreza no tiene que ver con un ingreso, sino con la forma en que uno vive, con el acceso a los servicios y el grado en que se respetan y garantizan los derechos de las personas. Pero este no es un debate meramente técnico, sino más bien todo lo contrario: <b>Definir el límite por debajo del cual se encuentra la pobreza es reflexionar sobre qué cosas no estamos dispuestos a tolerar</b>, qué cosas nos parecen lo suficientemente aberrantes como para trazar una línea a partir de la cual es inminente la intervención del Estado para poner algún remedio a la situación. Es una cuestión social, de proyecto de país y de sensibilidad de todos los argentinos.<span id="more-284"></span></p>
<p>Existe el riesgo, en este caso, de poner la vara demasiado alto: Necesitamos ser realistas, apuntar a definir la pobreza de forma tal que aquellos que quedan por debajo de la línea establecida puedan ser auxiliados. Es importante recordar que para cualquier medida que el Estado toma, debe recolectar impuestos para financiarla. Es una obviedad, pero a veces lo olvidamos, porque si se suben demasiado los impuestos, entonces sufrimos todos. Esto significa que nuestra definición de pobreza debe apuntar realmente a la emergencia.</p>
<p>Vale recordar que el concepto de pobreza es relativo: Se define para un determinado lugar y un tiempo específico. No es lo mismo la pobreza en la ciudad de Buenos Aires en el año 1914 que en el año 2015. No es lo mismo la pobreza en Alemania que en Argentina. Es una cuestión circunstancial y también vinculada a la evolución de la sensibilidad de la comunidad en general. En un determinado momento histórico la esclavitud no estaba mal vista, hoy sí. Lo mismo sucede con la pobreza: En algunos momentos de nuestra historia podíamos aceptar que las personas vivieran de determinada forma, hoy nos parece inadmisible.</p>
<p>Mirando a nuestra Argentina de hoy, teniendo en cuenta cómo viven las personas, necesitamos trazar una línea, decir a partir de qué momento una situación se considera inaceptable. ¿Qué características tiene que tener la casa de una persona para que viva con dignidad? ¿Qué tiene que comer? ¿Qué nivel de educación tiene que alcanzar? ¿A qué servicios tiene que acceder? Estas preguntas no son técnicas y no se responden desde la teoría; son la base de un debate para comprender la pobreza en nuestro país, para poder empezar a medirla y a actuar contra ella.</p>
<p>Pero este debate encierra un tema aún más relevante: Qué país queremos tener. Es por eso que ocultar la pobreza, por más que la intención sea únicamente hacernos creer que vivimos en un país maravilloso, implica privar a la Argentina de una discusión seria sobre su presente y su futuro. Implica que los argentinos no podemos hablar sobre cómo deben vivir los habitantes de este país, sobre qué anhelos consideramos superfluos y qué anhelos consideramos básicos. Y también sobre el papel que debe jugar el Estado, porque cuando marcamos la línea de pobreza, marcamos el momento en el que Estado tiene que hacerse presente con más fuerza para salvaguardar la dignidad de las personas. <b>Estado presente no significa Estado omnipotente, sino todo lo contrario</b>.<b> A través de regulaciones y del efectivo uso de los mecanismos judiciales, este puede otorgar derechos y obligaciones</b>, y velar luego para que se cumplan en favor de los más débiles.</p>
<p>No importa a qué fuerza política se pertenezca, no importa la orientación de las ideas. Discutir la pobreza no es asunto de facciones, es un imperativo para cualquiera que quiera construir una Argentina mejor, una sociedad más justa. Negar esta discusión es condenar a un país, es privarlo de aquello que lo lleva a comprenderse y a proyectarse. <b>Por eso, ocultar los índices de pobreza no es sólo una artimaña para engañarnos, es también otra forma más de poner un velo sobre nuestro futuro</b>. Cada vez más estamos entendiendo que la “década ganada” está dejando sus esquirlas en aquello que hace al sustrato de la sociedad, a la esencia de nuestra república y nuestro proyecto como país.</p>
<p>La falta de números sobre pobreza es otro de esos daños que le han hecho a nuestra sociedad en su afán por perpetuar su necedad.</p>
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		<title>Scioli en el teatro</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Sep 2015 09:30:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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		<description><![CDATA[No podría haber elegido un mejor lugar para presentar su plan de gobierno. Al mejor estilo de Hamlet, decidió mostrar toda la realidad del modelo en un escenario: toda la complejidad, toda la trama y las miserias de esta “década ganada” se vieron reflejadas en esta obra. Y todos los presentes supieron representar su papel.... <a href="http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2015/09/23/scioli-en-el-teatro/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>No podría haber elegido un mejor lugar para presentar su plan de gobierno. Al mejor estilo de Hamlet, decidió mostrar toda la realidad del modelo en un escenario: toda la complejidad, toda la trama y las miserias de esta “década ganada” se vieron reflejadas en esta obra. Y todos los presentes supieron representar su papel. Hamlet quería combatir al rey, incomodarlo, Daniel Scioli, todo lo contrario.</p>
<p>El descastado finalmente se erigió en líder, tomó el papel. Pero no logra ser más que eso: un papel. <b>Los mismos funcionarios que lo denostaron hoy están en primera fila, acostumbrándose a aplaudirlo, porque tienen la esperanza de perdurar como pieza fundamental del oficialismo por muchos años más</b>. Puede ser muy difícil para todos ellos tener que salir a trabajar en serio. Y en esa gran representación tampoco faltaron las grandes palabras, apegadas a la tradición de la ficción, claro está. Un discurso inundado de imposibles, de enunciados que es muy fácil lanzar al aire, pero cuya concreción es casi inviable. Pero más absurdo es que quien con tanta convicción vocifera es el mismo que pasó ocho años de inacción en la provincia de Buenos Aires.</p>
<p>Pero, por otro lado, la palabra, sin que lo queramos, desnuda la realidad. Nadie asevera lo obvio, nadie se para frente a un grupo de personas para decirles con la mayor de las convicciones que la Tierra seguirá girando. Es lo obvio, es lo que esperamos. Pero Scioli dijo que la inflación será de un dígito: ¿Acaso hay inflación en la Argentina? El Instituto Nacional de Estadística y Censos y los funcionarios insisten en que no, pero el gobernador de la provincia de Buenos Aires en su puesta en escena nos habla de un país que tiene que bajar la inflación.<span id="more-277"></span></p>
<p>Más interesante aún fue su intención de atraer inversiones. <b>Nuevamente dejó al descubierto otra gran virtud del modelo: espantar a cualquiera que tenga ganas de hacer algo en la Argentina. </b>¿Cuántos emprendedores prefirieron países limítrofes para comenzar con sus negocios? ¿Cuántas empresas prefieren instalarse en las periferias de nuestro país? Hoy somos un repelente para quien quiere invertir dinero o tiempo en construir algo.</p>
<p>A esta altura no puedo pedirle, a quien será el continuador de esta absurda forma de construir un país, que tenga algo de coherencia interna en su discurso. Todo es relato y eso también lo dejó en claro Scioli en el teatro, porque su discurso no solo es ficción, sino que es una ficción reñida con la realidad.</p>
<p>No puedo dejar de mencionar cuánto me asombró la brillante simbología y puesta en escena, claramente acorde con toda la mística que se ha generado en torno al kirchnerismo. Lo sé, es una mística barata, una mística de militantes rentados, pero tiene lo suyo. Se vieron representantes de los pueblos originarios sobre el escenario, para sustentar el mito de que el Gobierno se ocupó de ellos, cuando en realidad la pobreza en la que viven es la clara evidencia de que no se trata más que de un truco de marketing. También había operarios fabriles, lo que quería darle solidez a otro mito absurdo: el de la industrialización nacional. <b>El kirchnerismo ha sido muy hábil en jugar con el imaginario popular y el proceso de falsa industrialización, es parte de ese juego demagógico</b>.</p>
<p>Esta puesta en escena nos deja en claro que Scioli no pretende revertir este sistema de relatos que sostienen mitos, sistema que motiva a los adictos al poder, pero que enfurece a quienes queremos una república democrática.</p>
<p>La función de Scioli estuvo perfectamente alineada con estos últimos doce años de kirchnerismo. Quiso dar ese mensaje de continuidad, de que nada va a cambiar. Seguirán los discursos rimbombantes y llenos de “militancia”, mientras los argentinos seguimos padeciendo este saqueo al que tanto nos ha acostumbrado esta “década ganada”.</p>
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		<title>Un legado preocupante</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Mar 2015 10:30:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El tiempo pasa y con él se van enfriando hasta las emociones más fuertes. ¿Cómo veremos dentro de diez años esta etapa del kirchnerismo que ya está llegando a su fin? ¿Qué diremos de nosotros mismos cuando contemplemos esta época desde otra perspectiva? En un par de años solamente, el fanatismo de quienes han sabido... <a href="http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2015/03/30/un-legado-preocupante/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p dir="ltr">El tiempo pasa y con él se van enfriando hasta las emociones más fuertes. ¿Cómo veremos dentro de diez años esta etapa del kirchnerismo que ya está llegando a su fin? ¿Qué diremos de nosotros mismos cuando contemplemos esta época desde otra perspectiva?</p>
<p dir="ltr">En un par de años solamente, el fanatismo de quienes han sabido lucrar con la “epopeya” kirchnerista desaparecerá y no habrá seguramente demasiado que confiesen haber sido adeptos de este gobierno. Las remeras del Nestornauta serán una suerte de reliquia y la pregunta de “¿vos no eras de La Campora?”, la negaran tres veces y cantará el gallo. No sería extraño que con el mismo fervor con el que vitorearon a Cristina, termine siendo denostada en un futuro no muy lejano.</p>
<p dir="ltr">Ni hablar de quienes han estado dirigiendo esta relato, al igual que hicieron otros en el pasado, darán la espalda a su anterior benefactor al grito de “muerto el rey, viva el rey”. Ni las fotos con los jerarcas del viejo régimen los harán confesar su pecado de antaño. <strong>¿O acaso queda algún menemista? Tampoco quedarán kirchneristas.</strong></p>
<p dir="ltr">¿Y qué diremos los demás? Los que nos mantuvimos al margen de la locura, pero vimos con nuestros propios ojos como se desperdiciaba una oportunidad única de ser un gran país. Seguiremos hablando de aquel “Argentina potencia”, rememorando los tiempos en los que éramos el mejor alumno de América Latina&#8230; ¿seremos junto con Venezuela el peor en diez años? Nuestros ojos mirarán a nuestros hermanos latinoamericanos, que alguna vez supieron vernos como un ejemplo y envidiarán su pasado y su porvenir.</p>
<p dir="ltr">La mayoría veremos con horror la locura en la que estuvimos envueltos. No podremos creer que durante doce años nos gobernaron un grupo de prepotentes que socavaron hasta los cimientos de la república. Y diremos con consternación: “Pero la gente los votó”. <strong>Esta etapa será la prueba más contundente de que una democracia sin república es como manejar por la cornisa: un descuido y nos fuimos para abajo.</strong></p>
<p dir="ltr">Pero yo creo que sobre todo nos lamentaremos por el cambio cultural que este Gobierno ha impreso en la Argentina. Nos hemos convertido en un país donde el trabajo no es un valor, donde la gente se ha acostumbrado, todavía más que antes, a esperar del Estado lo que tiene que venir de su propio esfuerzo. Pero también fue la década de los derechos, de aquellos que reclamaban para sí, sin darse cuenta que lo que unos reciben alguien lo tiene que dar. Con el latiguillo de que se le sacaba a los grupos concentrados para darle a la gente, todo era válido. Se fomentó más que nunca la falsa idea de que los recursos públicos son infinitos. Todo es para todos. Todo fue para todos. Pero al final no fue para nadie, porque no había recursos ni para empezar a distribuir.</p>
<p dir="ltr">También se ha generado una división en nuestro país. Se ha empujado todas las situaciones a resolverse con un conflicto: patria o buitres, Clarín o Cristina&#8230; son innumerables las contraposiciones que nos han acostumbrado a los argentinos a pensar que en todo hay una batalla: uno gana y otro pierde. La realidad no es un juego de suma cero, no se trata de que uno gane y otro pierda, sino de pensar cómo hacemos para ganar todos. <strong>Se habló mucho de redistribución, pero poco de generación.</strong> Porque si no se piensa cómo hacer para generar la riqueza, lo que se redistribuye es la pobreza, práctica que han llevado adelante tanto Venezuela como Cuba. El foco siempre estuvo en sacarle a otros en lugar de buscar la forma de que haya más para todos.</p>
<p>A fuerza de mentiras, el kirchnerismo logró convencer a muchos de cosas que son absurdas fantasías. La inflación no viene de la excesiva emisión, sino de malvados grupos concentrados que quieren ver sufrir a la gente. Y tal vez, muchas de estas mentiras perduren varias décadas en el imaginario popular. <strong>Es que es más fácil pensar que los problemas los produce una entidad maligna, a esforzarse por entender las verdaderas causas.</strong></p>
<p dir="ltr">En diez años, mientras esté tomando un café con un amigo, evocaré con asombro esta “década ganada”. Recordaré lo cerca que estuvimos de perder nuestra república. Y espero también, que dentro de diez años también pueda decir con alivio “por suerte, los que vinieron después se encargaron de que la república siga existiendo”. Pero no tengo la misma esperanza con el cambio cultural que sufrió nuestro país. Tal vez dentro de diez años, ese mismo café de por medio, me esté quejando de que nuestros valores han cambiado y que todavía, a pesar de los esfuerzos hechos, no los hemos recuperado.</p>
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		<title>Esperando el final: ¿podrá la gestión sustituir al mito?</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Oct 2014 10:03:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[relato. mito]]></category>

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		<description><![CDATA[Todos creemos que el día que el actual gobierno ceda el mando al nuevo podremos respirar aliviados, pensamos que llegará ese “por fin se terminó”; sin embargo, será en ese preciso instante en donde todo comenzará. Este gobierno ha tenido, hay que reconocerlo, una increíble capacidad para contener a todos los estamentos sociales, dándoles al... <a href="http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2014/10/31/esperando-el-final/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Todos creemos que el día que el actual gobierno ceda el mando al nuevo podremos respirar aliviados, pensamos que llegará ese “por fin se terminó”; sin embargo, será en ese preciso instante en donde todo comenzará.</p>
<p>Este gobierno ha tenido, hay que reconocerlo, <strong>una increíble capacidad para contener a todos los estamentos sociales, dándoles al menos algo de lo que necesitan (o quieren) para aplacarlos y serenarlos.</strong> Durante estos once años ha sabido negociar con todo el mundo oportunamente, ha abierto de a un frente por vez y ha sabido fustigar con todas sus fuerzas ese frente. Y con esa habilidad ha logrado navegar diversas tormentas y seguramente llegará intacto para entregar el mando a su sucesor. Más allá de las discrepancias que yo tenga con el kirchnerismo, debo reconocerle este gran mérito. Y a raíz de esto no puedo evitar preguntarme si quien venga después tendrá esta capacidad de surcar tormentas.<span id="more-165"></span></p>
<p>El kirchnerismo ha sido sobre todo la construcción de un mito y a fuerza de mitos se ha abierto paso con militantes rentados y, para sorpresa de muchos, con genuinos convencidos de que ésta fue una década ganada. <strong>Detrás del mito, todo hay que decirlo, se ha ocultado la destrucción de la República y el aniquilamiento sistemático de las instituciones.</strong> Con mucha inquina hemos llamado al mito “relato”, pero la verdad es que no es más que mito. Será falso, se habrá creado con intenciones poco claras, pero sigue siendo un mito. Porque el kirchnerismo ha llevado a la Argentina por el camino de la autodestrucción y todos sabemos que para forzar a un pueblo a suicidarse es necesario proveer a las personas con una fuerte inspiración. La misma que hace falta para sacarlas de la miseria, como aquel “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”. <strong>Pero hoy el panorama político, cooptado por los operadores, no tiene figuras que inspiren.</strong> ¿Podrá el próximo gobierno subsistir sin el mito? <strong>¿Podrá la gestión sustituir al mito? </strong></p>
<p>El gobierno ha sabido también repartir: militantes y empresarios han recibido sus dádivas a cambio de su devoción. <strong>Pero el pozo se ha agotado, ya no queda agua para beber.</strong> Los problemas económicos que se han generado, todos los conocemos, no se resuelven fácilmente. De hecho <strong>todavía nadie dice una palabra sobre cómo se va a salir de este laberinto</strong>, sólo Hugo Moyano se ha atrevido a decir que hará falta un ajuste importante. Y si el sindicalismo peronista, que nunca negocia las fuentes de trabajo, se atreve a decirlo, es porque la situación va a ser realmente compleja. Todos sabemos que hay que eliminar el cepo, que hay que bajar la inflación y que hay que generar trabajo, pero nadie se ha aventurado aún a decir cómo se va a lograr eso en términos concretos. <strong>El gobierno parece haber hecho un cálculo bastante preciso de hasta qué punto puede estirarse la cuerda sin romperse y pretende dejarla en el punto exacto al momento de retirarse, para que se corte apenas el próximo gobierno asuma. </strong></p>
<p>Con esto no quiero decir que tenemos que temer si pierde el oficialismo, porque es un hecho que perderá. Pero es claro que tenemos que tener estas dudas, como pueblo y como votantes, porque <strong>necesitamos que quienes aspiran a ser el próximo presidente comiencen a dar muestras claras de que podrán enfrentar el desafío que se viene</strong>. Fieles a ese estilo de operadores políticos y ávidos lectores de encuestas, los presidenciables se dedican a aquello que mejor los posiciona: algunos al silencio, otros a las palabras dulces. Es que lo saben bien, a nadie le gusta el realismo.</p>
<p>Tal vez nos tengamos que preparar para otro “si hubiera dicho lo que iba a hacer no me votaba nadie”, lo cual ya es un anticipo desalentador de los años que se vienen.</p>
<p>Lo cierto es que<strong> este gobierno también se ha consumido todas las reservas de valor del país</strong>: las reservas del banco central, la inversión en infraestructura hecha en los años pasados, los recursos energéticos, las AFJP y muchas otras más. Quien venga luego ni siquiera podrá echar mano a este “ahorro” que se dilapidó en clientelismo durante esta década ganada.</p>
<p>Yo creo, como ya dijo alguien, que esto no será “kirchnerismo o abismo”, simplemente <strong>van a venir tiempos difíciles (con o sin el kirchnerismo),</strong> de esos que contrastan brutalmente con la bonanza que se estaba percibiendo hasta hace poco: hoy ya estamos viviendo el prólogo de ese futuro cercano. Pero el único camino es hacia adelante.</p>
<p><strong>Me preocupan las dificultades que vendrán, los ajustes, la miseria que van a padecer los sectores más desprotegidos de nuestro país. Pero lo que más me inquieta es que ante ese panorama que se avecina casi con certeza, sea difícil entrever una oposición preparada y organizada para tomar las riendas del país y solucionar los graves problemas que tenemos. </strong></p>
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