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	<title>Christian Joanidis &#187; Ciudad de Buenos Aires</title>
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		<title>Una tarea titánica pero necesaria</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Jan 2016 19:36:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Ciudad de Buenos Aires]]></category>
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		<category><![CDATA[Policía Federal]]></category>
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		<description><![CDATA[El cambio no es trivial: de hecho se trata de todo un tema dentro de lo que es el estudio de las organizaciones. Las personas tenemos la capacidad de adaptarnos a los cambios, incluso a los más dolorosos, como la muerte de un familiar cercano. Las organizaciones, es decir, las empresas, los Gobiernos, las fuerzas... <a href="http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2016/01/08/una-tarea-pero-necesaria/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El cambio no es trivial: de hecho se trata de todo un tema dentro de lo que es el estudio de las organizaciones. Las personas tenemos la capacidad de adaptarnos a los cambios, incluso a los más dolorosos, como la muerte de un familiar cercano. Las organizaciones, es decir, las empresas, los Gobiernos, las fuerzas de seguridad, son como las personas: ante los cambios se adaptan.</p>
<p>Sin embargo, adaptarse a los cambios puede ser doloroso o incluso imposible para algunos. En el caso de las personas, ante una novedad importante en su vida pueden necesitar la ayuda de un amigo, una pareja o incluso un sicólogo. En algunos casos, ni siquiera logran adaptarse y sufren mucho. Con las organizaciones pasa algo similar: ante transformaciones muy grandes recurren a quienes nos dedicamos al análisis organizacional, porque sin nuestro apoyo el cambio es muy traumático y hasta puede traer la destrucción de la organización.</p>
<p>En lo que es la gestión del cambio organizacional también nos encontramos con un fenómeno muy estudiado: la resistencia. Uno puede planificar el cambio, pero si todas las personas se resisten, nunca sucederá. Otro fenómeno muy estudiado es el de la integración, es decir la unión o la fusión de dos organizaciones distintas. Los procesos de integración son extremadamente complejos y requieren de un apoyo importante de parte de especialistas en organización y gestión del cambio. De lo contrario, en lugar de lograr que las dos organizaciones se integren en un sentido, se tendrá un proceso caótico que terminará creando una suerte de Frankenstein desarticulado.<span id="more-333"></span></p>
<p>En el recientemente celebrado traspaso de la Policía Federal a la órbita de la ciudad nos encontramos con todos los flancos de la gestión del cambio que revisé hasta aquí. Surgen por lo tanto una serie de preguntas que necesitamos contestar si es que queremos tener una policía que funcione.</p>
<p>Yo no conozco cómo se planificó este traspaso, por eso es que nada de lo que diga es una aseveración, sino más bien un interrogante e indicaciones generales que deben ser tenidas en cuenta en este proceso. Está en manos de los responsables de esta integración poner sus energías para ir resolviendo las dificultades que surgirán en el camino, atendiendo a todas estas cuestiones, sin dejar de lado tampoco muchas otras de índole operativa.</p>
<p><b>El primer punto es que la Policía Federal que se transfiere a la ciudad es infinitamente más numerosa que la Policía Metropolitana</b>. Esto significa que el más grande suele devorarse al más pequeño en lo que se refiere a la integración de dos organizaciones. El mayor riesgo es que de esta forma se pierda todo lo que se ha hecho de particular con la Policía Metropolitana. Se trata de una fuerza que fue diseñada sobre conceptos más modernos que otras policías y que además se pensó exclusivamente para la ciudad de Buenos Aires. Sería una lástima que durante la integración se terminen esfumando estos cuidados detalles.</p>
<p><strong>Otro problema será la integración de las culturas organizacionales.</strong> Cada fuerza tiene una forma particular de hacer las cosas y sin hacer un juicio de valor sobre cuál es mejor o peor, lo cierto es que al integrar dos organizaciones existen contradicciones entre una cultura y otra. Si no se planifica con cuidado esta integración de las culturas, sucederá que la organización más grande transmitirá su impronta a la más pequeña. Y así, esta forma de hacer las cosas que hoy tiene la Metropolitana va a desaparecer. La idea es analizar ambas culturas y lograr una fusión de los aspectos más positivos.</p>
<p>Ambas policías tienen conceptos de entrenamiento muy distintos. Esto está vinculado con la concepción que existe detrás de cada fuerza. En particular creo que el de la Metropolitana se adapta mejor al trabajo que tiene que hacer una fuerza de seguridad en la ciudad. Es cierto que aquí no soy objetivo, porque justamente trabajo en la preparación de los oficiales en la Tecnicatura en Seguridad Pública, pero si no fuera esta mi convicción, no podría seguir siendo profesor en el instituto de la Metropolitana. Quien esté a cargo de la integración también tendrá que analizar este punto con mucho cuidado, porque en el fondo es el corazón de la fuerza: si se elige bien a los aspirantes a ingresar y se los capacita apropiadamente, entonces la Policía Metropolitana seguirá siendo una de las mejores policías del país.</p>
<p>En cada párrafo hice alusión, aunque de forma indirecta, al hecho de que hay toda una estructura detrás de la integración, porque lo cierto es que en una operación de esta magnitud debería haber también un grupo de personas dedicado pura y exclusivamente a pensar en estos y en otros temas. En cualquier fusión de dos empresas se ensambla un equipo de consultores externos y personas que ya están dentro de ambas organizaciones para llevar adelante la integración. Es mi mayor deseo que el equipo que está hoy detrás de esta titánica tarea de integrar a estas dos fuerzas de seguridad cuente no sólo con todas las personas idóneas que necesita, sino también que tenga los recursos materiales y políticos para hacer su tarea. <b>En gran medida de este equipo depende la calidad de la fuerza de seguridad que trabajará en la ciudad de Buenos Aires</b>.</p>
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		<title>Sí, los servicios públicos tienen que ser de la Ciudad</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Apr 2015 09:57:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Ciudad de Buenos Aires]]></category>
		<category><![CDATA[Horacio Rodríguez Larreta]]></category>
		<category><![CDATA[servicios públicos]]></category>

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		<description><![CDATA[Recientemente, Horario Rodríguez Larreta, precandidato del PRO, ha lanzado una propuesta que resonó en mi mente por su obviedad: los servicios públicos tienen que ser de la Ciudad. Me bastó escucharlo para coincidir. Y no es sólo una propuesta que debiera tener él como precandidato, sino que tendría que estar entre las primeras palabras de... <a href="http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2015/04/23/si-los-servicios-publicos-tienen-que-ser-de-la-ciudad/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Recientemente, Horario Rodríguez Larreta, precandidato del PRO, ha lanzado <strong>una propuesta que resonó en mi mente por su obviedad: los servicios públicos tienen que ser de la Ciudad.</strong> Me bastó escucharlo para coincidir. Y no es sólo una propuesta que debiera tener él como precandidato, sino que <strong>tendría que estar entre las primeras palabras de todos aquellos que aspiren a gobernar la Capital.</strong> Voy a ir más lejos: <strong>debería ser el discurso de todos los legisladores porteños</strong>, que fueron elegidos para defender los intereses de los que vivimos en la Ciudad de Buenos Aires.</p>
<p>Hay varios motivos por los cuales esto debe ser así, me interesa repasarlos uno por uno. El primero es <strong>una cuestión de gestión</strong>. <strong>Hoy deciden sobre la ciudad dos entidades distintas: el gobierno nacional y el gobierno de la ciudad</strong>. Cada entidad tiene una función distinta y por lo tanto sus intereses y objetivos son distintos. Si decidieran sobre cuestiones que atañen a distintas problemáticas, esto sería aceptable, pero en general lo hacen sobre los factores y recursos que hacen a las mismas problemáticas. Para cualquier persona que estudie los principios de administración, esto es inviable, porque los esfuerzos de ambas entidades no están alineados y por lo tanto se generan conflictos innecesarios, más allá de los roces existentes por tratarse de distintas facciones políticas.<span id="more-217"></span></p>
<p>En segundo lugar se trata de <strong>una cuestión de foco</strong>. En administración sabemos que cada organización tiene un foco, es decir que tiene un “trabajo” asignado y siempre funciona mejor en la medida en que se aboca a dicho foco. Es una cuestión ampliamente estudiada y que tiene su raíz en las limitaciones humanas:<strong> una persona no puede saber todo ni hacer de todo, por eso necesita cierto nivel de especialización.</strong> Así es como el foco del gobierno nacional es el gobierno de la Nación, no el de la Ciudad y entonces malgasta sus recursos y energías en ocuparse de un tema que está fuera de su foco, siendo no sólo menos eficiente, sino que además este tema interfiere con sus otras tareas. Mientras que al pasar a la órbita de la ciudad, esta ocupación es consistente con el foco del gobierno de la ciudad, que es ocuparse de los asuntos de los porteños.</p>
<p>En tercer lugar podemos hablar de la <strong>alineación de intereses</strong>. Porque el gobierno nacional, elegido por todos los argentinos para gobernar el país, no es el gobierno de la ciudad, que fue elegido por los porteños para gobernar la ciudad. <strong>¿Por qué el gobierno nacional tiene que decidir sobre la vida de los porteños cuando nosotros hemos elegido otro gobierno para que tome ese rol?</strong> Independientemente de que los gobiernos actualmente sean de signos opuestos, la persona elegida para presidir la nación no fue la que elegimos para gobernar la ciudad. Porque mientras el gobierno nacional ataca los problemas con una mirada nacional, los porteños tenemos problemas que están circunscriptos exclusivamente a la localidad y por lo tanto es absurdo aplicarnos los mismos principios que al resto del país. Nuestras necesidades son distintas, así como lo son la de los cordobeses, la de los mendocinos y las de cualquier otra provincia.</p>
<p>La última reflexión me lleva a la cuarta razón, que es una cuestión que se viene discutiendo en nuestro país desde hace doscientos años. Es <strong>una cuestión federal</strong> permitir que las provincias puedan decidir sobre las cuestiones en las cuales no es necesario que interfiera el gobierno nacional. Pero <strong>nuestro sistema presidencialista tiene mucho de unitario y poco de federal</strong> y por eso se resiste a darle a la ciudad la autonomía que necesita. ¿Acaso es necesario que el gobierno central intervenga en los servicios públicos de la ciudad? Evidentemente la respuesta es que no, porque si no, estaría interviniendo en los de todas las provincias, lo cual no hace.</p>
<p>Adicionalmente,<strong> hoy, todos los argentinos, con su trabajo, están contribuyendo a pagar los recursos que el gobierno nacional dedica a la gestión de los recursos de la ciudad.</strong> No basta con ello, sino que  <strong>el gobierno nacional subsidia los servicios públicos</strong>. ¿Es acaso justo que con los recursos de todos los argentinos se subsidie a quienes vivimos en la ciudad? Confieso que me molestaría que el gobierno nacional subsidie con mis impuestos y mi trabajo los servicios de los cordobeses, por ejemplo.</p>
<p>Es cierto que la ciudad de Buenos Aires es el asiento de la administración nacional, pero eso no significa que el gobierno nacional tenga que inmiscuirse en la gestión de la ciudad. Si bien el gobierno nacional en algo debería contribuir, eso tiene que hacerlo con fondos que luego los porteños decidiremos a qué los destinamos.</p>
<p>Al escuchar la propuesta me sorprendí, porque <strong>no recuerdo haberla escuchado antes</strong>. Es una lástima que no sean todos los candidatos los que reclamen esto, cuando se trata de algo que nos va a ayudar a todos los porteños.  Y esto no es un juicio de valor sobre qué tan buena fue hasta hoy la gestión del gobierno nacional, sino <strong>un planteo que va más allá de los resultados de una gestión puntual</strong> y apunta a buscar la mejor solución para los habitantes de la ciudad. Pero los servicios públicos son sólo una parte de tantas otras cosas que hoy sigue gestionando la Nación y debieran pasar <strong>a la órbita de la Ciudad, de un organismo conjunto con la provincia o bien de un organismo independiente.</strong></p>
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		<title>La aporofobia en la Ciudad de Buenos Aires</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Nov 2013 11:13:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La modernidad trae nuevas problemáticas y con ellas viene también la expansión del lenguaje. Hoy el mundo, que ha reaccionado oportunamente contra las atrocidades de los estados-nación en el siglo pasado, ha combatido el racismo y en menor medida la xenofobia. Pero los temores del hombre hoy se dirigen hacia otros sujetos y es así... <a href="http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2013/11/09/la-aporofobia-en-la-ciudad-de-buenos-aires/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La <strong>modernidad</strong> trae nuevas problemáticas y con ellas viene también la expansión del lenguaje. Hoy el mundo, que ha reaccionado oportunamente contra las atrocidades de los <strong>estados-nación</strong> en el siglo pasado, ha combatido el <strong>racismo</strong> y en menor medida la <strong>xenofobia</strong>. Pero los temores del hombre hoy se dirigen hacia otros sujetos y es así como nace el término “<strong>aporofobia</strong>”, que no es otra cosa que<strong> el miedo a los pobres</strong>. Un neologismo que todavía no ha encontrado su lugar en el Diccionario de la<strong> Real Academia</strong>, pero que le pone nombre a un naciente problema de nuestro tiempo y en particular de nuestra<strong> Ciudad de Buenos Aires</strong>.</p>
<p>En un país como <strong>Argentina</strong> hablar de xenofobia o racismo puede resultar absurdo. En primer lugar porque somos un pueblo que se construyó desde la <strong>inmigración</strong>, a tal punto que es imposible hacer referencia a la idea de “nación argentina” sin hablar de los barcos que han traído a los inmigrantes, aquellos que después de la guerra poblaron este suelo con sus sueños y esperanzas. En segundo lugar en nuestro país no existen guetos que se hayan sostenido en el tiempo, más allá de la necesaria aglomeración de los recién llegados, como por ejemplo la de los griegos en el barrio de <strong>Pompeya</strong>.</p>
<p><span id="more-27"></span>Esto último se debe a que la Argentina es un país que tiene una gran capacidad de integración para con los inmigrantes y los <em>argentiniza</em>, haciendo que sientan que éste es su hogar, no tratándolos como ciudadanos de segunda, sino como iguales. <strong>Los argentinos podemos enorgullecernos de ser una nación abierta a la inmigración,</strong> aunque persistan algunas aisladas expresiones de xenofobia.</p>
<p>A pesar de lo dicho, es válido preguntarse si no existe en Argentina una gran resistencia a la inmigración de los países vecinos. ¿Acaso no hay una serie de términos peyorativos que han nacido desde la animadversión hacia quienes vienen de las tierras vecinas, sobre todo del norte, por poner un ejemplo? Sí, es verdad. Pero un análisis más profundo nos permite ver que<strong> en realidad el problema no es el racismo o la xenofobia, sino más bien el temor por aquellos que son más pobres.</strong></p>
<p>Se suele apelar a frases como <strong>“vienen a sacarle el trabajo a los argentinos”</strong> o bien “viene acá a robar y vender droga”. Frases que demuestran a las claras que el problema no es con la inmigración, sino con un determinado tipo de inmigración: con la de los que menos tienen. El pobre no tiene lo que yo tengo y es esa diferencia la que lo convierte en una amenaza para mí, porque se subestiman sus capacidades para conseguir lo mismo que yo y por lo tanto se concluye, falsamente, que entonces buscará obtenerlo a la fuerza: sacándome el trabajo o a través de actividades ilícitas.</p>
<p>Y a este temor se le suman naturalmente toda una serie de razones que lo justifican y convierten en una cuestión “de piel”, porque en la Argentina y en particular en la <strong>Ciudad de Buenos Aires</strong>, pareciera que los pobres no nos gustan. No nos gusta su estilo de vida, que seguramente no tiene mucho que ver con el de quienes no lo somos, no entendemos sus valores y ellos tampoco entienden los nuestros: nos cuesta comprender por qué hacen lo que hacen. Pero esta falta de mutua comprensión, esta distancia que podemos decir que nace del hecho de la diferencia, no sería un problema si no fuera porque <strong>somos un país que se entiende desde los antagonismos.</strong></p>
<p>Nuestra historia, y sobre todo estos últimos años, han profundizado el paradigma de los antagonismos y en esta concepción la distancia no es algo que hay que acortar, sino algo que hay que acrecentar. Porque los unos no sólo se sienten distintos de los otros, sino que además refuerzan esa idea de distinción. Pareciera que esto está en la naturaleza de nuestras sociedades modernas, que según estudios de la economía,<strong> las personas están dispuestas a pagar para segregarse, para estar con aquellos que son similares</strong>. Sin embargo, en la Argentina, esta idea ha llevado a la <strong>división</strong> y se termina aplicando a todos los aspectos de nuestra vida social.</p>
<p>Y así es como nace esta <strong>aporofobia</strong>, <strong>donde los unos no sólo nos comprendemos distintos a los otros, sino que nos vemos como enemigos irreconciliables</strong> condenados a una suerte de paradigma militar, en donde se busca la destrucción total de este enemigo: porque no se ve otro camino, <strong>“es ellos o nosotros”.</strong> Esta destrucción, claro está, no se da en el terreno de los hechos, pero sí en el de las ideas y las concepciones, que son en definitiva las que terminan influyendo en nuestro actuar. Y esta distancia, cuando se amplía demasiado, crea marginalidad. Y la <strong>marginalidad</strong> crea <strong>resentimiento</strong> y se dice que justamente es este resentimiento el que engendra la violencia que vemos a menudo en los hechos de inseguridad.</p>
<p>Las fobias no son procesos consientes e intencionales, sino que surgen desde lo irracional: el temor no siempre tiene un fundamento, aunque luego se lo justifique. Y si existe todavía alguna duda sobre la existencia de la aporofobia en la Ciudad de Buenos Aires, basta con empezar a escucharnos hablar, con empezar a ver la ciudad: porque cuando las cosas tienen nombre, entonces empiezan a existir para nosotros. Y es posible que quienes lean estas líneas ahora vean con otros ojos la realidad y entonces detecten más ejemplos de aporofobia de los que yo he mencionado en este artículo.</p>
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		<title>La urbanización de las villas es un error conceptual</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Oct 2013 10:32:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El diccionario de la Real Academia Española define urbanizar como “acondicionar una porción de terreno y prepararlo para su uso urbano, abriendo calles y dotándolas de luz, pavimento y demás servicios”. Quisiera detenerme en la expresión “acondicionar una porción de terreno”. Porque tras el concepto de la “urbanización” subyace la idea de que las villas... <a href="http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2013/10/18/la-urbanizacion-de-las-villas-es-un-error-conceptual/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El diccionario de la<strong> Real Academia Española</strong> define <strong>urbanizar</strong> como “acondicionar una porción de terreno y prepararlo para su uso urbano, abriendo calles y dotándolas de luz, pavimento y demás servicios”. Quisiera detenerme en la expresión “acondicionar una porción de terreno”. Porque tras el concepto de la “urbanización” subyace la idea de que las <strong>villas</strong> son “porciones de terreno”, negándoles así su condición de “lugar” en el sentido más antropológico de la palabra. Y <strong>las villas son ante todo eso: un lugar.</strong></p>
<p>Según el <strong>censo de 2010</strong>, en las villas de nuestra ciudad<strong> viven 163.587 personas</strong>, es decir más del 5% de la población (estimaciones extraoficiales sugieren que este valor podría llegar incluso al 12%). Se trata, en consecuencia, de una situación que no puede escapar a los ojos de los porteños y mucho menos de los responsables políticos de la<strong> Ciudad de Buenos Aires.</strong></p>
<p>En la <strong>villa 21-24 NHT Zabaleta</strong> y en todos los asentamientos aledaños viven alrededor de 45.000 personas: no creo que se pueda considerar a esta unidad geográfica una porción de terreno cuando es una <strong>compleja realidad antropológica</strong>, un entramado de relaciones e historias. Urbanizar significa, al menos conceptualmente, tratar a un lugar como algo sobre lo que se interviene sin más, olvidándose por completo de toda la riqueza humana que contiene y, sobre todo, del gran potencial que encierra.</p>
<p><span id="more-21"></span>Este <strong>problema</strong> <strong>conceptual</strong> deviene también de la idea de que hay que <strong>“llevar la ciudad a las villas”</strong>, <strong>como si la “ciudad” fuera algo superior,</strong> algo que vale más que lo que ya está, algo, sobre todo, ajeno. Nuevamente ese <strong>afán</strong> “<strong>civilizador</strong>” que olvida que del otro lado hay una persona con la intrínseca capacidad de autodeterminar su vida. Por todo esto el concepto de “urbanización de las villas” me hace sentir incómodo.</p>
<p>Un concepto más apropiado, que yo escuché por primera vez hablando con los <strong>curas villeros</strong>, es el de <strong>“integración urbana”</strong>. La integración habla de partes diversas que deben reunirse, que deben dejar de sentirse ajenas para sentirse parte de una misma unidad. Es una visión más simétrica: en este caso lo que se busca es integrar la realidad de las villas a la realidad de la ciudad y viceversa. No como una absorción desconsiderada sino como un mutuo reconocimiento.</p>
<p>Tal vez la urbanización y la integración urbana terminen aplicando las mismas herramientas, pero el enfoque es distinto y por lo tanto será distinta la recepción que tendrá entre las personas. El enfoque, si es apropiado, permite priorizar atinadamente, llevando adelante aquellas cosas que son más relevantes para quienes se ven directamente afectados.</p>
<p>La urbanización siempre remite a la idea de arrasar y volver a construir: un proceso rápido y casi mágico. Sin embargo, <strong>la integración urbana es lenta,</strong> pero apunta siempre a una transformación duradera, que solucione definitivamente las principales problemáticas de las villas. Pero por sobre todas las cosas la integración apela al respeto de todas las realidades.</p>
<p><strong>Para esta integración urbana será necesario comenzar a descubrir los distintos caminos de integración que harán que, con el tiempo,</strong> <strong>las villas sean reconocidas como parte de la ciudad</strong> y no como algo ajeno y distinto que muchos porteños creen que hay que extirpar. Y para transitar estos caminos de integración todos los vecinos de la Ciudad de Buenos Aires tenemos que estar dispuestos a convertirnos en protagonistas.</p>
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