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	<title>Carlos Mira &#187; Ricardo Forster</title>
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		<title>Zonceras que atrasan</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Jun 2014 09:58:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Tres hechos, que parecen no estar conectados, tienen sin embargo algunos denominadores comunes, impensados si uno los mirara aisladamente.</p>
<p>En primer lugar surge, obviamente, el encuentro que protagonizaron la Presidente y el Jefe de Gobierno al dejar abierto el último kilómetro y medio de autopista Illia Norte que termina de conectar el centro porteño con la Gral Paz.</p>
<p>Con unas palabras que uno no sabe bien cómo interpretar<strong> la Presidente pidió “no mirar hacia atrás” y “celebrar el hecho de que el trabajo en conjunto y el sentido común permitan resolver problemas…”</strong> ¡Pero si eso era lo que medio mundo le ha venido diciendo los últimos ocho años!</p>
<p>Ese tramo de camino no podía completarse porque para hacerlo había que correr veinte metros hacia el Este un alambrado perimetral del aeropuerto Jorge Newbery y la Señora de Kirchner se negó persistentemente a hacerlo impidiéndole a millones de personas un tránsito más fluido y al país un enorme ahorro de combustible.</p>
<p>La presidente con la misma naturalidad habló de la “civilización” política que conlleva el hecho de poder hablar con representantes de otras ideas políticas sin que ello signifique un hito nacional. Pero, una vez más, <strong>ha sido ella y el gobierno que ella preside el que se encargó de trasmitir una idea monopólica del pensamiento según la cual sólo el gobierno defiende a los argentinos</strong>, solo los que piensan como el gobierno son argentinos y solo el kirchnerismo está en condiciones de interpretar el sentir de los argentinos.</p>
<p>Más allá de que en todo caso debe darse la bienvenida a este cambio, uno debe preguntarse hasta dónde es completamente real. La duda la alimenta justamente el otro caso que merece comentario y que encuentra precisamente aquí su punto de contacto con el episodio de la autopista.</p>
<p>Ayer fue designado en el área del ministerio de Cultura, que ahora preside Teresa Parodi, el llamado “intelectual” Ricardo Forster, uno de los integrantes más salientes de Carta Abierta. Su secretaría será la de la “coordinación estratégica del pensamiento nacional…” ¡¿Qué cosa!? “La coordinación estratégica del pensamiento nacional”.</p>
<p>¿Pero qué diablos es el “pensamiento nacional”?, <strong>¿desde cuándo algo tan absoluta y definitivamente individual como el pensamiento puede transformarse en “nacional”?</strong>, ¿cuál de los pensamientos que tienen los millones de argentinos en su condición de ciudadanos libres, será elevado a la categoría de pensamiento nacional?, ¿con qué criterio?, ¿por qué el de Juan y no el de Pedro?,<strong> ¿qué significa intentar “coordinar estratégicamente” el pensamiento?, ¿acaso suprimir alguno y privilegiar otros?, ¿y por qué eso debería hacerlo Ricardo Forster?, ¿quién es Ricardo Forster más que Juan Perez?</strong></p>
<p>La Presidente, en la autopista, decía que no había que mirar hacia atrás. ¿Y qué cosa sino “mirar hacia atrás” es volver sobre conceptos de los años ’40 que el mundo dejó atrás por fascistas, por manipuladores de la verdad y por censores del pensamiento libre?</p>
<p><strong>Esta zoncera jauretchiana del “pensamiento nacional” es una mordaza a la libre expresión, es un escrache al desafío; es una policía intelectual. </strong></p>
<p>También respecto de esto medio país le viene diciendo a la Presidente, a sus laderos de Carta Abierta y a sus ubicuos de La Cámpora que esas son cuestiones que deben terminar en un país pretendidamente moderno como la Argentina. Igual que con la apelación al sentido común, a los principios de la civilización política y a la idea de resolver problemas de la gente común, nadie puede arrogarse la representación del “pensamiento nacional” porque eso supone necesariamente la aplicación de un criterio de selección (encarnado por un “seleccionador”) según el cual lo que opinen determinadas personas tendrá las salvaguardas del poder y lo que opinen otras tendrá la censura, la inequidad y, eventualmente, las persecuciones del poder.</p>
<p>Y, finalmente, la última cuestión aparentemente desconectada de estas dos pero a la que se le puede anotar un denominador común con ellas, es una publicación, justamente de La Cámpora, que en su último número publica un dibujo de Sergio Massa delante de una bandera norteamericana con la frase “vengo a proponerles un dueño”. Pero, ¿se puede ser tan estúpido?, ¿se puede seguir con esta payasada de los “agentes nacionales del imperialismo yanqui”?, ¿se puede seguir mirando -justamente- tan “atrás”?</p>
<p>Mientras los argentinos seguimos colgados de estas banderas que ya no le mueven un pelo a nadie, el mundo avanza y nos deja tristemente atrás. Rodeados de nuestros problemas de creciente inseguridad, narcotráfico, inflación, aislamiento, perdida de empleo. Todos van resolviendo sus problemas y nosotros seguimos atados a rocas atávicas que nos hunden en el fondo del mar.</p>
<p>Por más que la Presidente en un acto aislado le haga restregar los oídos a todo el mundo para asegurarse de que uno está escuchando bien lo que está escuchando, lo que valen son los actos de todos los días. La Señora de Kirchner podrá decir, trepada a una ruta en medio de una soleada tarde de Buenos Aires, que no hay que “mirar para atrás” y que “hay que actuar civilizadamente y con sentido común”, pero si luego se establecen secretarías desde donde se “coordinará estratégicamente el pensamiento nacional” o se pretende transmitir la idea de que el país puede vivir aislado y en la vereda de enfrente de la principal potencia de la Tierra, de nada valdrán los discursos de ocasión.</p>
<p><strong>Es hora de que el espíritu de las palabras presidenciales se haga carne en el pensamiento presidencial y que luego ese pensamiento se transforme en acción.</strong> Es posible que así los otros que viven solo para chupar las medias de los poderosos, pretendiendo ser más papistas que el Papa, también se sumerjan en una increíble pero saludable y esperada metamorfosis. De no ser así, las palabras de la presidente solo habrán alcanzado para salir del paso y cumplir con la burocracia de inaugurar un tramo de un camino que será solo de asfalto, en lugar de ser de progreso, de crecimiento y de armonía.</p>
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		<title>Las PASO y el corazón común</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Aug 2013 13:17:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Las elecciones primarias han convocado muy poco interés ciudadano</strong>. Casi la mitad de los argentinos no saben qué se vota, ni que se elige, ni para que sirven; llegarán a las urnas con una alegre inconsciencia.</p>
<p>Se trata de la consecuencia de una doble causa: la explosión natural del sistema de partidos que provocó la crisis del 2001 y la profundización adrede que el gobierno ha buscado de esa circunstancia.</p>
<p>Desde que <strong>Duhalde</strong> suspendió las elecciones internas previas a las elecciones anticipadas del 11 de marzo del 2003, el <strong>peronismo</strong> decidió trasladarle sus propias guerras a la sociedad. El partido ya no arregla dentro de sus propias fronteras los que le sucede internamente sino que exporta esas batallas por fuera de sus límites obligando a la ciudadanía a inmiscuirse en sus entuertos.</p>
<p><span id="more-228"></span>De hecho, desde que esta estrategia está en marcha, <strong>puede decirse que los partidos ya no existen</strong> y que los que hay son personas que forman a su alrededor estructuras dispersas y frágiles que van uniéndose en<strong> nombres de fantasía inventados para la ocasión</strong>. Ninguno de ellos podría llamarse “partido” si uno fuera estrictamente sincero.</p>
<p>Salvo los que nutren sus fuentes en el antiguo radicalismo o en la izquierda, los demás son <strong>variaciones del peronismo</strong>. El <strong>PRO</strong> en la Capital podría ser un fenómeno particular, cuyo precedente más parecido sería el <strong>desarrollismo frondizista</strong>, pero dado que carece aún de una estructura extendida, el partido que fundó <strong>Mauricio Macri</strong> no puede analizarse aún en términos nacionales.</p>
<p>De modo que lo que tenemos delante es, en realidad, <strong>una puja de peronistas que alquilan gratuitamente a la sociedad</strong> para que se expida sobre sus diferencias. Sin embargo, aun con la participación inconsciente del pueblo, ninguno de los candidatos se resigna frente al veredicto: todos irán, de todos modos, a la disputa final en octubre. Esto es, aun cuando la gente se inclinará por <strong>Massa</strong> el domingo, <strong>Insaurralde</strong> y <strong>De Narváez</strong> seguirán en carrera como si fueran de partidos diferentes.</p>
<p>A su vez los “<strong>peronismos no oficialistas” (Massa, De Narváez, Rodriguez Saá, Amadeo, etcétera)</strong> tampoco conforman una alternativa distinta pero unida; van cada uno por su lado. No se sabe muy bien qué diferencias hay entre ellos, ni por qué están separados, pero lo cierto es que la ciudadanía ve multiplicada una oferta en la que no distingue diferencias y sólo sospecha arreglos de conveniencia.</p>
<p>Francisco De Narváez, por ejemplo, lleva como segundo candidato de su lista de diputados a <strong>Omar Plaini</strong>, el <strong>secretario general del gremio de los canillitas</strong>, que llega allí como consecuencia del acuerdo del “Colorado” con <strong>Moyano</strong>. Pero hasta hace poco Plaini era el principal operador en la calle de los bloqueos a <strong><em>La Nación</em> y <em>Clarín</em></strong>, en abierta concordancia con el gobierno kirchnerista.</p>
<p><strong>Massa</strong>, a su vez, ha “vendido” esta mezcolanza como un acto de superación y en su lista conviven intendentes que han sido <strong>oficialistas</strong> hasta anteayer y hombres del <strong>PRO</strong> de la provincia de Buenos Aires.</p>
<p>En el espacio “<strong>UNEN</strong>” de la Capital (que es el único que, en apariencia, ha convocado a una interna verdadera) también conviven corrientes y pertenencias pasadas que hacen difícil que uno imagine cierta coherencia. Así, por un lado <strong>Gil Lavedra y Prat Gay</strong> y, por el otro, <strong>Terragno y Losteau</strong> -que tienen pasados más bien moderados- , comparten un espacio con<strong> Pino Solanas</strong>, un admirador de <strong>Chávez</strong> que, en su momento, se expresó en favor del <strong>pacto con Irán.</strong></p>
<p><strong>La Argentina debe ser el único país del mundo que convoca obligatoriamente a una elecciones que llama “primarias” en donde los electores no pueden elegir</strong>, porque los candidatos ya están elegidos e irán a la elección general aun cuando pierdan la primaria. Ningún estudioso de la ciencia política mundial puede explicar ni conoce un caso igual.</p>
<p><strong>Este panorama confirma que el país vive en una enorme confusión de ideas</strong>. No hay dudas que esa irregularidad fue provocada por el peronismo que, con su impronta, parece obligar a todo el mundo a identificarse como “peronista” para tener alguna chance electoral. Muchos consideran, por ejemplo, que hasta que Macri no haga algún acuerdo importante con el peronismo no tendrá chances. Lo tiene en la Capital con la corriente que lidera<strong> Christian Ritondo</strong>, pero muchos creen que para ser presidente necesita del grueso caudal peronista del resto del país.</p>
<p>E<strong>l peronismo, así, es todo. En el conviven Cristina Fernández y Eduardo Amadeo</strong>; <strong>Massa y Moyano; Santilli y Abal Medina; De Narvaez y Ricardo Forster.</strong></p>
<p>La política argentina, por lo tanto, ha pasado a ser una lucha de personas o, más bien, de egos. Nadie renuncia a nada, ni siquiera después del resultado de una elección. Se arman escenografías con los nombres que otros países usan para denominar a distintos estadios políticos de su proceso electoral pero aquí son meras representaciones; un “como si” que parece dejar contentos a los que ponen esta obra en escena pero que poco tiene que ver con un mecanismo que ayude a mejorar la eficiencia de la administración.</p>
<p><strong>Estos desajustes distorsionan completamente el funcionamiento del sistema constitucional</strong>. En ese sentido, todas las elecciones en el país se han convertido en elecciones “presidenciales”.<strong> Los candidatos del domingo</strong> –que en su gran mayoría serán los candidatos de octubre- <strong>hablan y se expresan no como si lo que estuviera en juego no fuera una banca entre otras 257 sino como si fuera a cambiar el gobierno</strong>. Y eso se debe a que la Argentina no ha sabido hacer funcionar el sistema previsto en la <strong>Ley Fundamental</strong> que está pensado para que las elecciones intermedias compensen el rumbo que el país lleva pero, también, para que dicha compensación en nada signifique una crisis institucional o una imposibilidad de gobernar.</p>
<p>En ese sentido, es curioso lo que hoy confiesa De Narvaez: en 2009 la oposición no pudo hacerse de la presidencia de la <strong>Cámara de Diputados</strong> (como hubiera correspondido) porque<strong> Felipe Soláy Elisa Carrió</strong> argumentaron que semejante movida habría significado un “golpe institucional”. Si eso fue cierto, no caben dudas que los dirigentes más importantes del país no entienden como el sistema constitucional funciona y, al contrario, sólo están preparados para actuar bajo un esquema en donde “<strong>o tengo todo o no tengo nada”</strong>. Nada diferente de lo que piensa Cristina.</p>
<p><strong>Esta es la razón básica por la que el país está dividido: nadie está preparado para “transar”</strong>. Es más, este mismísimo término (“la transa” = “la trenza”) ha sido adoptado como un sinónimo del negociado espurio que esconde el robo, la corrupción y el acuerdo de cúpulas a espaldas de la sociedad.</p>
<p><strong>Si estas distorsiones no se corrigen la Argentina nunca podrá vivir “cordialmente” dentro de un sistema civilizado de discusión racional</strong>. La palabra “cordial” obviamente deriva del latín “<em>cordis</em>” que quiere decir “corazón”, esto es, una referencia clara a la armonía y la concordia (otra palabra derivada del mismo origen). E<strong>l escenario de las PASO más bien confirma un país fragmentado bien lejos de aquel ideal en donde lata un corazón común.</strong></p>
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