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	<title>Carlos Mira &#187; Raúl Alfonsín</title>
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		<title>Unas PASO singulares y contradictorias</title>
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		<pubDate>Sun, 09 Aug 2015 15:24:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las elecciones PASO que hoy se llevan a cabo en todo el país han concitado, obviamente el interés de todos. Se trata del primer eslabón en la carrera hacia la Presidencia. Y como no podía ser de otra manera, el evento está rodeado de las infaltables curiosidades argentinas, que muchas veces tiñen de modo particular... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2015/08/09/unas-paso-singulares-y-contradictorias/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Las elecciones PASO que hoy se llevan a cabo en todo el país han concitado, obviamente el interés de todos. Se trata del primer eslabón en la carrera hacia la Presidencia. Y como no podía ser de otra manera, el evento está rodeado de las infaltables curiosidades argentinas, que muchas veces tiñen de modo particular lo que serían los compromisos electorales equivalentes en otros países.</p>
<p>En efecto, a este turno de votación se lo llama “primarias” (nombre tomado a todas luces de la tradición americana de las “primaries”), dando la impresión, para el que no lo sabe (un extranjero, por ejemplo), de que los partidos eligen sus candidatos internamente. Pero la singularidad argentina ha inventado otra cosa.</p>
<p><b>Aquí hay partidos que no dirimen nada, que no eligen candidatos, que no resuelven, en suma, ninguna interna, ninguna primaria, sencillamente porque concurren a la elección con un solo candidato. En honor a la verdad esos partidos no deberían participar de las PASO</b>. Si quieren movilizar a todos los ciudadanos para que dediquen un domingo de su vida a ir a elegir candidatos obligatoriamente, de partidos que no son los suyos, por lo menos que los hagan ir para seleccionar entre más de una alternativa. De lo contario, el ciudadano no está votando en una interna, sino en una externa.<span id="more-989"></span></p>
<p>Las primarias argentinas son engañosas, como muchas otras partes de nuestro sistema electoral, el ballotage, por caso. ¿A quién se le ocurrió inventar la alambicada fórmula del 45 % de los votos o 40 % más 10 % de diferencia para producir un ganador directo en primera vuelta? Se trata de una treta, de una agachada política para entregarle el poder a una minoría. Los sistemas de segunda vuelta se han pensado, justamente, para que el candidato finalmente elegido esté respaldado por una mayoría social importante. Pero, de nuevo, la originalidad argentina inventó este embuste para que alguien, que no tuvo ese peso decisivo, se haga del poder igual. Todo este zafarrancho se lo debemos a Carlos Menem, a Raúl Alfonsín y a la desafortunada reforma constitucional de 1994.</p>
<p>Pero volvamos a las PASO que es lo que se vota hoy. Vayamos casi por el orden de su sigla. Se dice que esta votación es abierta, porque justamente convoca a todo el mundo, no a los afiliados a un partido. Si bien la idea puede ser interesante, es la combinación con su simultaneidad lo que la torna incoherente.</p>
<p>Para que realmente los ciudadanos pudieran participar abiertamente de las primarias de los partidos, aquellos deberían poder votar tantas veces como partidos se presenten en las PASO, porque <b>si todas las primarias se llevan a cabo el mismo día, el ciudadano está obligado a participar en la interna de un solo partido y no en la de los demás, con lo cual el carácter abierto del llamado empieza a estar en dudas</b>.</p>
<p>El otro elemento del combo es que las PASO son obligatorias. Eso las transforma en un comicio público controlado por la Justicia Electoral y sujeto a las condiciones y las características normales de una elección general, saliendo del ámbito privado de los partidos y de las agrupaciones políticas que necesitan convocar a la gente para decidir sus candidatos.</p>
<p>En otros países las primarias son una etapa, digamos así, privada del camino electoral. Están a cargo de los partidos y son controladas por ellos. También, al ser voluntarias y celebradas en fechas diferentes, generalmente convocan a los seguidores de esos partidos. Está claro que también son abiertas y el hecho de realizarse en jornadas distintas facilita que los ciudadanos que participaron en una también puedan participar en la otra, conformando así una verdadera elección interna.</p>
<p>Por eso, en el futuro sería interesante revisar este procedimiento para adecuarlo más a la realidad de las cosas y a no trasmitir una imagen engañosa de algo que no es.</p>
<p>En cuanto a la previa de las PASO, la Argentina siguió sin poder celebrar ningún debate. Aquellos que se reclamaron no fueron para enfrentar a candidatos de un mismo espacio, sino entre los candidatos que las encuestas ya presumen serán los finalistas de las elecciones generales. <b>Aquí no se pidió un debate entre Mauricio Macri, Ernesto Sanz y Elisa Carrió o entre Sergio Massa y José Manuel De la Sota o entre Nicolás Del Caño y Jorge Altamira. Aquí se pedía que debatieran Macri, Daniel Scioli y Massa, sin advertir que esta es una elección hacia el interior de los partidos y no hacia el exterior. Otra deformación típicamente nacional</b>.</p>
<p>El jueves pasado, en la ciudad norteamericana de Cleveland, Ohio, diez precandidatos republicanos a la Presidencia de los Estados Unidos se presentaron ante la televisión (el evento fue trasmitido por la cadena Fox News) para discutir sus puntos de vista respecto de distintos problemas de la política norteamericana a ser encarados por el sucesor de Barack Obama.</p>
<p>Lo primero que saltaba a la vista para un observador imparcial eran las profundas diferencias de enfoque que existían entre ellos en los temas más variados, desde la política inmigratoria hasta la participación militar en el exterior, pasando por el permiso al Gobierno federal para acceder a comunicaciones telefónicas de aquellos sospechados de terrorismo, hasta el sistema de salud.</p>
<p>Pero ninguno renunció a su filiación republicana. Todos (excepto Donald Trump, que no quiso expedirse tajantemente sobre el tema) adelantaron que, por supuesto, endosarían al candidato triunfante en las primarias.</p>
<p>Aquí, en la Argentina, la más mínima desviación produce una escisión, una fractura, la creación de una fuerza o de un frente nuevo. Todo el mundo quiere ser el cacique de su propio purismo, donde no haya disidencias y donde todos se amolden a la dirección de un mandamás. Eso también deberíamos ir pensando en terminarlo.</p>
<p>En algún momento los mitos urbanos decían que el ancho de la frente de cada uno era una señal de su inteligencia. Está claro que eso es una pavada. Pero si fuera cierto veríamos empezar a tener más “frente” y menos “frentes”. <b>Es hora de que el país vuelva a la inteligente organización de partidos clásicos, definidos, con vertientes y sectores internos, incluso con diferencias apreciables</b>, pero con la capacidad de cohesión suficiente como para permanecer bajo un mismo techo político sin fracturas ni divisiones.</p>
<p>Para solucionar esas diferencias sí deberían existir unas primarias, abiertas, voluntarias y celebradas en fechas diferentes para que el pueblo los ayude a elegir sus líderes. Casi, casi al revés de lo que sucederá hoy.</p>
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		<title>El comunismo como enfermedad del alma</title>
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		<pubDate>Thu, 31 Oct 2013 19:21:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Desde que Thomas Jefferson escribió “nosotros el pueblo de los EEUU [...] sostenemos estas verdades como autoevidentes: que todo los hombres han sido creados iguales y que tienen derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de su felicidad” han pasado 237 años. El mundo ha conocido desde allí muchas ideas e... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2013/10/31/el-comunismo-como-enfermedad-del-alma/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Desde que <strong>Thomas Jefferson</strong> escribió “nosotros el pueblo de los <strong>EEUU</strong> [...] sostenemos estas verdades como autoevidentes: que todo los hombres han sido creados iguales y que tienen derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de su felicidad” han pasado 237 años.</p>
<p>El mundo ha conocido desde allí muchas ideas e incluso muchos experimentos extravagantes que costaron tragedias y millones de vidas. Pero<strong> nadie, hasta ahora, había estatizado la felicidad</strong>.</p>
<p>Sin embargo desde la semana pasada ese hito ha sido alcanzado: el hombre que habla con los pájaros, el impresentable presidente <strong>Nicolás Maduro,</strong> ha creado en Caracas el <strong>Viceministerio de la Felicidad Suprema.</strong></p>
<p><span id="more-293"></span>Después de las primeras horas en las que todo el mundo pensó estar frente a un chiste disparatado, el profesor Jirafales confirmó la nueva dependencia del gobierno que se supone debe cristalizar el objetivo de la felicidad colectiva.</p>
<p>Cada uno los venezolanos ya no tendrá -ahora oficialmente- la capacidad individual de decidir con qué es feliz. Ahora será el Estado el que lo decrete.</p>
<p>Por supuesto que el régimen comuno-populista que instauró el dictador fallecido <strong>Hugo Chávez</strong> ya le había arrebatado de hecho, hace muchos años, esas veleidades a sus propios ciudadanos a quienes sencillamente les prohibió el ejercicio físico de la vida.</p>
<p><strong>Pero ahora la altanería comunista ha llevado esa aspiración sobrehumana a los propios escritorios de la administración con la segura intención de que la felicidad pueda ser impuesta por decreto, contra viento y marea.</strong></p>
<p>El ministerio es la encarnación de los deseos del pueblo, debe pensar -con perdón de la palabra- Maduro. El Estado, personificado en él mismo, impone a todos lo que él entiende por felicidad. Se trata de una vuelta de campana completa respecto de los primeros párrafos de la <strong>Declaración de la Independencia de los Estados Unidos</strong>: de una cosmovisión en la que cada uno diseñe el plan de vida que lo haga feliz a otra en donde esos planes son decididos por una nomenklatura burocrática que, desde un escritorio, impone la felicidad a todo el mundo.</p>
<p>¿<strong>Es posible que haya seres humanos que crean que esta concepción pueda ser viable</strong>; que este sistema pueda tener algún viso de lógica y aplicabilidad?</p>
<p>Olvidémonos de los vivos que forman parte de la nomenklatura porque ellos deben ser los primeros que deben reírse en la trastienda viendo cómo hay tantos idiotas que creen sus mentiras, las mismas que les permiten vivir como reyes mientras el pueblo verdadero se debate entre mil privaciones.</p>
<p>Centremos nuestra atención en la gente común; no en los usufructuarios del choreo y de la explotación de millones de zombies. Fijemos nuestro análisis en el pueblo, en los ciudadanos. ¿<strong>Cómo puede ser que siquiera una persona apoye estas notorias estupideces</strong>?</p>
<p>Solo presten atención a la magnitud de la brecha que separa estas maneras de ver la vida y de vivir: Jefferson consideraba que el hecho de que el ser humano tuviera el derecho a “buscar su propia felicidad” es una “verdad autoevidente”, es decir, algo que no necesitaba ser demostrado, una manifestación normal de la naturaleza; <strong>el comunismo en cambio cree que la felicidad es un valor colectivo que el Estado debe definir e imponer por la fuerza</strong>.</p>
<p>¿Cómo puede ser posible que alguien normal caiga en la trampa de este pensamiento? Respuesta: no es posible; no es posible que gente <em>normal</em> caiga en este pensamiento… La que cae no es gente <em>normal</em>, es gente carcomida por la envidia, condición esencial, definitiva y definitoria del comunismo.</p>
<p><strong>Sin envidia el comunismo no puede subsistir.</strong> Precisa de ella para que una mayoría decisiva esté dispuesta a sacrificar su libertad (que Jefferson también consideraba como una verdad incontrastable de la naturaleza) con tal de que el Estado aplique la violencia de su fuerza monopólica para evitar que otros la tengan también.</p>
<p>Este razonamiento se basa en la idea de que el ejercicio de la libertad para buscar la felicidad propia genera desigualdad. Y como esa desigualdad no es tolerada (por la presencia de la envidia) hay que investir a alguien con la fuerza bruta del Estado para que suprima el ejercicio de esa libertad e imponga un modelo único de hombre, sin diferencias y sin cabezas que asomen unas por encima de las otras.</p>
<p>En ese contexto la colectivización de la felicidad y su encarnación en un “viceministro” del Estado es perfectamente compatible con un modelo que no acepta la diferenciación humana, porque toda diferenciación humana es, por definición, envidiosa y condenable.</p>
<p><strong>Ahora el viceministro definirá la felicidad y la impondrá igualitariamente a todos</strong>. Los envidiosos conformes: ya nadie será dueño de elegir cómo ser feliz y tener el incalificable atrevimiento de conseguirlo, mientras otros no lo logren. Ahora mi felicidad será igual a la tuya; será la que el Estado nos entregue a todos: me importa un rábano que no te conforme o que creas que pudiendo elegir libremente serías más feliz, porque probablemente esa felicidad que alcances por las tuyas me ponga verde de envidia. El hecho de que yo disponga de la misma libertad para buscar mi propia felicidad es un argumento que no me conforma porque, en el uso de esa libertad, no soy tan bueno como tú y lo que consigo con su ejercicio es bastante menos de lo que tu consigues. En consecuencia prefiero ser esclavo con tal de que tú también lo seas y de ese modo tampoco tú puedas realizarte y ser feliz a tu modo.</p>
<p>Es muy triste llegar a la conclusión de que pueblos enteros puedan caer presos de estas bajezas. Pero son solo estas bajezas las que explican un sistema siniestro que ha secuestrado la mentalidad de millones y asesinado la vida de otros tantos.</p>
<p><strong>El comunismo no es una ideología política; es una enfermedad del alma:</strong> sólo aquellos que hayan sido contaminados por ese virus malsano pueden servir de apoyo a este engendro que ha superado con creces las otras pestes que ha conocido el mundo. Sólo aquellos dispuestos a entregarle a un burócrata nada menos que la definición de su felicidad pueden ser la carne de cañón para que esta calamidad siga produciendo las mismas penurias que el mundo empezó a conocer de ella hace casi 100 años.</p>
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