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	<title>Carlos Mira &#187; modelo</title>
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		<title>Llegó la hora del relato</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Apr 2016 10:07:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Durante doce años la sociedad argentina se bancó una monumental mentira que invadió casi todos los rincones de la realidad y sobe la que se construyó una realidad paralela, virtual, completamente mentirosa respecto de lo que ocurría realmente, que tuvo el enorme efecto de un narcótico generalizado que hipnotizó a una mayoría decisiva de argentinos.</p>
<p>Bajo los influjos de ese estupefaciente nació <strong>una generación de zombies</strong> que siguió, poco menos que ciegamente, un proyecto cuyo único objetivo consistía en el saqueo del Tesoro Público.</p>
<p><strong>El relato se apoyó, básicamente, en dos sostenes fundamentales: una épica revolucionaria, populista, nacionalista, divisoria y antioccidental; y una lluvia de mensajes a repetición que llenaba el espacio público con supuestos logros</strong> que solo aparecían en estadísticas falseadas, en obras que nunca se hacían, y en un copamiento visual constante que no ahorró cadenas nacionales, la construcción de un aparato paraestatal de propaganda fondeado con dinero de todos y una irresponsable emisión monetaria que depreció la moneda local hasta convertir a su billete de máxima denominación en el equivalente a cinco dólares.<span id="more-1334"></span></p>
<p><strong>Toda esta infernal maquinaria tenía como objeto mantener una mentira</strong>; a poco que se retirara la polvorienta superficie poblada de palabras huecas y de histrionismos baratos, no se encontraba nada, solo robo y corrupción.</p>
<p>Sin embargo el modelo no solo funcionó, sino que concitó el 48 por ciento de apoyo electoral en las elecciones de noviembre del año pasado.</p>
<p>Este dato da la pauta de que a una enorme porción de la sociedad le gusta el verso; más allá de que viva como el traste, esté colgada de un plan y su trabajo solo consista en precariedades, <strong>sigue adorando el mito del Estado salvador y de personas que pueden confundirse con la mismísima Patria</strong>. Se trata del mismo sustrato que uno encuentra en las sectas: una irracionalidad tras otra que, sin embargo, producen un fenómeno muy real y contra el que es difícil luchar porque en la mayoría de los casos viene acompañado de una dosis de fanatismo que no entiende razones.</p>
<p>Esta es la naturaleza, nos guste o no, que habita en las creencias y en la idiosincrasia de una parte importante del pueblo argentino.</p>
<p>Frente a esta verificación nos encontramos con lo que sucedió en noviembre: la mayoría cambió de bando y, por escaso margen, retiró del gobierno a los encantadores de serpientes y colocó allí a gente con un discurso diferente; a <strong>gente que cree que su principal misión en el gobierno es generar las condiciones socioeconómicas necesarias para que cada uno salga adelante por sí mismo y no por la ayuda asistencialista del Estado.</strong> Se trata de un cambio enorme. Es el choque de dos mundos completamente incompatibles.</p>
<p>Producido el cambio político, es natural que, quien ganó, saque la rápida conclusión de que lo hizo porque la sociedad entendió su mensaje, cambió de verdad y está dispuesta a emprender esta nueva manera de vivir que consiste en encarar la vida con un plan propio (básicamente fundado en las aspiraciones y en los gustos personales y no en aguantar lo que otro o las circunstancias de la vida dispongan), en ser responsable por los actos y las decisiones propias y en dar por sentado que el gobierno debe ser concebido no como un dador de soluciones llave en mano, sino como un removedor de obstáculos para que cada uno nos demos a nosotros mismos las soluciones que más nos plazcan.</p>
<p>La pregunta entonces es: ¿de verdad la sociedad produjo ese cambio? <strong>¿El resultado electoral fue la consecuencia de que la sociedad cambió el chip y quiere ir hacia esa vida autónoma e individualmente responsable?</strong></p>
<p>Una primera aproximación de respuesta nos la da el propio resultado de las elecciones: 52 a 48. Evidentemente no estamos aquí ante un escenario claro de cambio. Podría decirse incluso que dentro de la nueva mayoría hay mucha gente que votó a Cambiemos porque estaba harta de los Kirchner, de tanta impunidad, de tanto relajo, de tanta corrupción obscena y de tanta soberbia prepotente. Pero puestos esos extremos a salvo, <strong>mucha de esa gente sigue compartiendo la concepción paternalista de la vida según la cual cada uno de nosotros debe aspirar a recibir una vida resuelta</strong> y no simplemente las herramientas para que cada uno la resuelva solo.</p>
<p>Por lo tanto a medida que Mauricio Macri (probablemente convencido de que en la Argentina finalmente se produjo aquel click mágico) avance hacia el alumbramiento de un nuevo contrato social en el que cada argentino debe ser el artífice de su propio destino, con independencia de los planes que el Estado tenga para él, <strong>es posible que aparezcan resistencias culturales a esa pretensión porque ella desafía seriamente los cimientos de una estructura de pensamiento que ha dominado el subconsciente y el sentido común medio de la sociedad durante los últimos 60 años.</strong></p>
<p>Y es aquí en donde se plantea entonces el imperio de una paradoja tal vez inmensamente cínica pero que vale la pena ensayar sabiendo que es para bien de todos y para el bien de la Argentina como proyecto en este mundo. Después de todo si las herramientas que vamos a sugerir aquí se usaron con éxito para hacer el mal, para dar nacimiento a una casta de privilegiados que nos esquilmó y nos dejó en la miseria; si sirvieron para aislar a la Argentina hasta convertirla en un rincón oscuro y muchas veces innombrable en el concierto internacional, <strong>¿por qué no intentarlas por las buenas razones, por los buenos motivos, por el bien, por un futuro mejor? </strong></p>
<p>Me dirán ¿acaso sugiere que las herramientas que se usaron para hacer el mal se usen para hacer el bien?, <strong>¿y parte del mal no eran las propias herramientas?</strong> Veamos…</p>
<p>Empecemos por el llamado “relato”. Si hubo un relato de la mentira, ¿por qué no puede haber un relato de la verdad? El gobierno parece animado por la idea de que la gente “se dará cuenta sola de lo que hacemos bien”. No, muchachos. No es así: hay que repiquetear constantemente con los logros y sus consecuencias. Va un ejemplo: la salida del default después de casi 15 años pasó desapercibida; quedó sepultada por Báez, Chueco y por Cristina Fernández reunida con intendentes del FpV. ¡Es increíble! <strong>¡No se puede regalar la cancha así!</strong> ¡Y menos a un conjunto de sucios que no dudarán un instante en tergiversar los hechos para salirse con la suya!</p>
<p>Otro ejemplo. El Presidente dio a conocer un paquete de medidas tendientes a aliviar la situación económica de más de 10 millones de argentinos, con diferentes paliativos que tienen que ser temporales pero que en este momento son muy importantes. ¿Cuándo lo hizo? ¡Un sábado a la mañana! ¿Pero quién los aconseja? ¿El enemigo?</p>
<p>Esto debe cambiar. Es imprescindible que un equipo profesional que conozca a la perfección la idiosincrasia nacional se haga cargo de la situación y diseñe un plan comunicacional para que, desde la palabra, le gente escuche lo que necesita escuchar AL MISMO TIEMPO QUE, POR OTRO LADO, se van haciendo las cosas para que esa misma gente vaya advirtiendo las ventajas de vivir de acuerdo al otro modelo: al que la invita a diseñar su vida y a intentar concretarla por sí misma.</p>
<p>La imagen que mejor refleja esta idea es la de tomar a cada uno de la mano porque estoy convencido que es mejor que cada uno camine solo. Este es el imperio de la paradoja al que me refería más arriba.</p>
<p>¿Pero cómo voy a tomar a cada uno de la mano si lo que creo –justamente- es que es mejor (antes que nada para él mismo) que camine solo? Porque si creo que de repente ese ser humano acostumbrado poco menos a que le den de comer en la boca, cambió diametralmente y ahora quiere comerse el mundo por sí mismo, me voy a equivocar.</p>
<p><strong>Hay que construir un relato libertario para que el gobierno pueda demostrar en el escenario preferido de los argentinos -la calle- que su concepción del mundo y de la vida cuenta con el apoyo de una mayoría decisiva de la sociedad.</strong> Si se cede ese terreno bajo argumentos tales como “la gente se va a dar cuenta sola”; “no perdamos energía en eso”, etcétera, etcétera, va a llegar un momento en que nos vamos a dar cuenta de que perdimos el objetivo porque desdeñamos y subvaluamos lo que puede ser un mensaje inteligente y cautivador.</p>
<p><strong>Los argentinos prefieren ser seducidos por las palabras antes que por los hechos</strong>. Alguien urgentemente debe darse cuenta de eso en el gobierno. Si de todos modos Cambiemos sabe que lo anima la buena leche de no entregar solo palabras sino también hechos, ¿por qué renunciar a las palabras? Si medio país cayó narcotizado por un proyecto que no tenía más que verso y sanata, ¿por qué no agregarle al eficientismo de los hechos, la humanidad de las palabras? Sería muy estúpido que esta oportunidad se perdiera porque nadie supo desentrañar como conquistarnos.</p>
<p>El kirchnerismo demostró que supo advertir unas cuantas cosas que nos gustan a los argentinos. Las puso en práctica y enamoró a millones que le permitieron robar y saquear al Estado para beneficio propio. ¿No será posible que alguien indague sobre esos gustos y los use inteligentemente para hacer de la Argentina y de los argentinos algo mejor? Estoy de acuerdo en que lo que nos gusta es, justamente, lo que tenemos que cambiar. Pero… ¿quién dijo que esto iba a ser fácil? Lo único que no puede hacerse es subestimar el inconsciente. Imperiosamente hay que encontrar una manera para que, usándolo, alumbremos un país nuevo y una vida mejor.</p>
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		<title>A propósito del impuesto a las ganancias</title>
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		<pubDate>Sun, 18 May 2014 10:08:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La expresa decisión del gobierno, confirmada tanto por la presidente como por el ministro de economía, de que no van a modificar el mínimo no imponible de ganancias constituye otra confirmación -por si hiciera falta- del rumbo y del modelo que encarna la idea que gobierna al país desde hace once años. Como se sabe,... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2014/05/18/a-proposito-del-impuesto-a-las-ganancias/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La expresa decisión del gobierno, confirmada tanto por la presidente como por el ministro de economía, de que no van a modificar el mínimo no imponible de ganancias constituye otra confirmación -por si hiciera falta- del rumbo y del modelo que encarna la idea que gobierna al país desde hace once años.</p>
<p>Como se sabe, en la gestión de la Alianza, el ministro José Luis Machinea introdujo modificaciones al impuesto generando una serie de escalas según los ingresos (conocida como “la tablita de Machinea) para alcanzar a más personas a la base de tributación y con ello acercar más recursos a las siempre voraces y nunca conformes fauces del Estado.</p>
<p>De eso han pasado ya 14 años. Los valores en pesos de aquella “tablita” siguen siendo los mismos. <strong>Sí, sí, como lo escucha: los valores en pesos de aquellas escalas siguen siendo los mismos hoy, 14 años después de una inflación creciente y evidente.</strong></p>
<p>Como consecuencia de ello, hoy prácticamente toda la población económicamente activa en blanco, en relación de dependencia o independientes, paga impuesto a las ganancias sin que ningún mínimo lo proteja. Es más, las injusticias entre trabajadores en relación de dependencia y autónomos, entre los que entran en escalas subsiguientes por un aumento nominal de salarios y entre las personas verdaderamente ricas y aquellas que han cometido el inverosímil pecado de estudiar, emplearse y tener un puesto más o menos importantes en una empresa, son absolutamente desquiciantes.</p>
<p>Frente a todo esto, el gobierno tiene un solo argumento: si cambiamos este esquema, actualizamos las escalas, aumentamos el mínimo no imponible o ajustamos por inflación el ingreso de los autónomos, no podemos financiar los programas sociales, así que “sáquense la careta y digan: nosotros queremos que baje o se suprima la asignación universal por hijo”. Esta fue palabras más, palabras menos, la reacción oficial.</p>
<p>La cuestión tiene importancia porque estas decisiones indirectamente definen el perfil de país que se ha construido en los últimos años y el modelo que se pretende profundizar. <strong>Se trata de un sesgo por la informalidad, de una preferencia por la miseria igualitariamente repartida, de una desconsideración al esfuerzo, al estudio, al deseo de progreso y una opción por el clientelismo y la pauperización de las condiciones sociales.</strong></p>
<p>El gobierno prefiere dejar exhaustas a las fuerzas productivas formales de la economía aspirando todos los recursos que producen para transferírselos a los sectores informales que pasan a depender clientelarmente del Estado. El desafío “moral” de Kicillof (“digan que quieren eliminar la AUH”) no es otra cosa que una chicana.</p>
<p>El asalto al bolsillo de los argentinos productivos de todos modos resulta insuficiente para darle a los argentinos marginados un buen nivel de vida (la AUH, con la recomposición anunciada, no llega a $650), con lo cual el gobierno ha encontrado una ecuación perfecta para reunir de un solo plumazo lo peor de los dos mundos: deja esquilmados a los argentinos formales y, aun así, no puede llevar a la dignidad a los argentinos informales.</p>
<p>Antes de seguir con el análisis del costado económico de esta realidad, hagamos una digresión política: resulta obvio que con este procedimiento el gobierno coopta voluntades de gente que se forma la impresión de que es efectivamente posible vivir de la limosna estatal, “rebuscándosela” aquí y allá sin ingresar nunca en la economía formal. Se estima que hoy en día esa masa puede rozar el 20% de las personas en condiciones de votar.</p>
<p>Por lo tanto, es por aquí por donde deben buscarse las racionalidades de estas decisiones. Está claro que, desde el punto de vista económico, el sistema no resiste el menor análisis.</p>
<p>Si realmente se quisiera mejorar las condiciones de vida de esos sectores en la Argentina, deberían ocurrir dos cosas:<strong> por un lado el gobierno debería facilitar las condiciones para que se genere trabajo genuino y, por el otro, esos argentinos deberían estar dispuestos a aceptar esos trabajos que se generen en lugar de preferir los planes asistenciales.</strong></p>
<p>Para lograr esto el sector productivo del país debería disponer de excedentes que puedan ser derivados a la inversión, al mejoramiento de la infraestructura y a la innovación tecnológica. Si esos excedentes son aspirados por el gobierno para alimentar planes con los que se captan voluntades políticas, seguiremos sin generar trabajo y fomentando la informalidad de vivir a la espera de un plan.</p>
<p>Por eso las definiciones de la presidente y de su ministro son importantes en el sentido “filosófico”, para saber el contorno de país que se prefiere y que se moldea.</p>
<p>Ese país es el del socialismo, aquel que Churchill definía así: “El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo a la ignorancia y la prédica a la envidia; su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria.” Es el perfil que uno observa hoy en Caracas o en La Habana en donde se multiplican los edificios descascarados, las viviendas enmohecidas y precarias, en donde una extensa red de miseria cubre el campo visual de cualquier observador.</p>
<p>El llamado proceso de redistribución de la riqueza -para el que la herramienta impositiva es esencial- se ha convertido en un proceso generador de pobreza en la que caen los esquilmados trabajadores formales, los empresarios y los trabajadores independientes, y de la que no pueden salir los asalariados informales, los indigentes y los marginales.</p>
<p><strong>El esquema económico en el que estamos profundizará este perfil. Bajo la demagógica <em>careta</em> de ayudar a los que menos tienen y bajo la chicana moral de que, quienes se nieguen a ello, quieren la exclusión de algunos argentinos, seguiremos construyendo un país cada vez más mísero, con menos trabajo real, con menos riqueza y con más dependientes de la limosna política.</strong> Será un perfil en donde el verso de la “moralidad” y la “solidaridad” tape la verdadera inmoralidad de mantener a propósito en la miseria a millones a cambio de que crean que el gobierno los ayuda y cubra la verdadera insolidaridad de perpetuarse para siempre en el poder.</p>
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		<title>¿Están contentos ahora, muchachos?</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Jan 2014 09:35:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Quizás este fin de semana haya sido el que más gráficamente sirvió para mostrar <strong>los resultados prácticos del modelo</strong>; para ver, en definitiva, de qué sirvieron los años de gobierno de los<strong> Kirchner. </strong></p>
<p>En efecto mientras la sociedad veía como se le escurrían sus ahorros y el fruto de su trabajo por entre los dedos, y mientras los que menos tienen pensaban cómo sobrevivirían a la <strong>esperable crisis de ingresos y de actividad,</strong> una parte de los funcionarios del Estado encabezados -obviamente- por la propia Presidente y su hija, <strong>descansaban en La Habana haciendo turismo</strong> por la ciudad vieja y disfrutando al sol con la vista en el Caribe.</p>
<p>Así se describió el primer día en la <strong>isla de los Castro </strong>de la comitiva argentina, la única que ha llegado con cuatro días de antelación al comienzo de la reunión de la<strong> Cumbre de la Comunidad de Estados de Latinoamerica y el Caribe</strong> (Celac).</p>
<p>Dicen que la Presidente no salió de su habitación y que estuvo en permanente contacto con sus funcionarios en Buenos Aires. Pero no importa. Lo que sí importa es que quienes deben estar al servicio de la gente, descansaban en el agradable clima del trópico, mientras en la Argentina la gente -que es la importante en esta ecuación- trataba de figurarse cómo iba a hacer para cumplir con sus pagos, con los útiles de los chicos, con el colegio, con los impuestos, con el supermercado…</p>
<p><span id="more-350"></span>Ninguna de esas incomodidades afectan seguramente al gobernador <strong>Sergio Urribarri</strong>, que se dedicaba a <strong>correr por el Malecón</strong> para mantener su estado físico. Ni para el canciller <strong>Héctor Timerman</strong>, que disfrutaba de una tarde de sol en los jardines del <strong>hotel El Nacional</strong>, cuidado por los agentes cubanos.</p>
<p>Este es el resumen de las <strong>consecuencias reales del modelo “nacional y popular”</strong>: el encumbramiento de una casta privilegiada que disfruta de los viajes y de los placeres solaces de la vida mientras la gente se ve en figurillas para sostener su vida, rodeada de amenazas, incertidumbre, crimen, <strong>devaluación</strong>, y, muy probablemente, acechanzas a su trabajo.</p>
<p>A ninguno de aquellos funcionarios le asaltó siquiera la idea del decoro. Frente al desbarajuste de las últimas 48 horas nadie tuvo la delicadeza de decir: “Mirá, sería mejor suspender nuestro descansito de fin de semana en el Caribe, aunque más no sea para no ser tan guasos…” No. ¡Qué va! ¡Allá vamos! A tomar el sol, mientras estos boludos sacan cuentas sobre cómo llegar a fin de mes…</p>
<p>¿Cuánta responsabilidad le cabe por esto a la propia sociedad que fue llamada a votar 6 veces en los últimos once años?; ¿cuántos intentaron abrirle los ojos a esos argentinos sedientos de furia que canalizaron su bronca votando a un conjunto de bravucones oportunistas?</p>
<p><strong>La década relatada</strong></p>
<p>Ya es tarde ahora. Aquellas palabras de advertencia ya no sirven para nada. <strong>El daño está hecho</strong>. Los argentinos se enfrentan a una ola de <strong>pobreza, aislamiento y escasez</strong> que se podría haber evitado si no fuera porque <strong>su rencor fue más grande</strong> que pensar en sus propias conveniencias. Fue tan fuerte el deseo de manifestarse contra un perfil que creían que los había defraudado que no se detuvieron a ver en manos de quién depositaban su confianza.</p>
<p>Giraron 180 grados y encumbraron al Estado al altar de la idolatría. Era tal su ceguera que no advirtieron que<strong> el Estado</strong> no existe, que no es más que una <strong>simulación ideal para ser colonizada por un conjunto de vivos</strong>.</p>
<p>Ahora enormes franjas de la sociedad vivirán otra frustración. ¿No era que el Estado venía a protegernos?, ¿no era que usted, Cristina, nos pondría a salvo de la pobreza y de la escasez?</p>
<p>La<strong> década relatada</strong> ha alcanzado el récord de presión impositiva en la Argentina. Nadie en la región latinoamericana se nos acerca. Ni siquiera Venezuela. A cambio no recibimos nada; ni educación, ni seguridad, ni salud pública, ni un manejo responsable de las cuentas públicas del que depende nuestro nivel de vida. A cambio sólo tenemos a funcionarios descansando en el Caribe de Fidel.</p>
<p>Las medidas del gobierno tomadas entre el miércoles y el viernes empobrecieron de un plumazo a toda la Argentina. En la orfandad de un programa económico equilibrado encarnado por funcionarios responsables, serios y creíbles, la devaluación del peso es la <strong>confesión del fracaso</strong> de una presidente que le aseguró a la sociedad que “los que especulan con una devaluación, tendrían que esperar otro gobierno”</p>
<p>El nivel de desorientación, contradicciones y amateurismo que se ha demostrado, alarma. Por darse el gusto con sus caprichitos ideológicos la señora de Kirchner le ha entregado el manejo de la economía a un <strong>aprendiz de brujo</strong>, soberbio y prepotente, que no distingue, en el mundo de la economía real, un tornillo de una pipa.</p>
<p>Durante estas horas, incluso, ha circulado un “paper” escrito en 2006 por el ministro en colaboración con <strong>Augusto Costa</strong> y <strong>Cecilia Nahon</strong>, en donde criticaban duramente a los que habían sugerido, en el final del gobierno radical, la caída de la Convertibilidad a los designios de especuladores locales y externos. En ese escrito, <strong>Kicillof y sus adláteres</strong> sostenían que esas consecuencias en la economía suceden por distorsiones que explica la propia economía, no por historias de conspiraciones esotéricas.</p>
<p><strong>&#8220;Cipayos&#8221;, &#8220;gorilas&#8221;, &#8220;neoliberales&#8221;&#8230;</strong></p>
<p>¿Qué ha pasado, Kicillof?, ¿el esoterismo es bueno solamente cuando a usted le conviene?, ¿o quizás ahora nos enteremos también de que no era tan brillante como sus aplaudidores decían, sino apenas un nuevo hipócrita de las excusas?</p>
<p>Resulta francamente desolador intuir el drama de aquel <strong>54% de los votos</strong>, pensando que ya ni siquiera les sirve el arrepentimiento. Pero es aun más dramático comprobar que las consecuencias de un desquicio no afectan sólo a los que lo respaldaron. En ese caso al menos habría mayor capacidad de aprendizaje y más justicia cósmica. Pero no. Ahora las consecuencias de aquella altanería deberemos pagarla también los que advertimos que todo esto era lo que iba a ocurrir.</p>
<p>Ningún adjetivo se ha escamoteado para esa gente. Se les ha dicho de todo: <strong>cipayos, gorilas, neoliberales</strong> (en el sentido ofensivo que el “progresismo” (¿qué progresismo?) le da a ese término, por otra parte inexistente en términos de corriente filosófica o económica. Pero los oídos sordos del populismo mágico creyeron que era efectivamente posible elevar a una casta de personas a un escalón desigual de la sociedad para que desde allí nos proveyeran la felicidad en bandeja. La insolencia de creer en esa estupidez nos llevó al presente aquelarre.</p>
<p>La Presidente tenía una sonrisa de oreja a oreja cuando llegó al aeropuerto de La Habana. Detrás de su nueva cara y de sus anteojos negros se adivinaba lo poco que le importa la suerte de la gente cuando ella se interpone como un obstáculo en el camino de ver realizados sus caprichos.</p>
<p>En estos casos se suele decir que la Historia colocará en el lugar que finalmente le corresponde a cada uno. Pero, ¿saben qué?: eso no alcanza. Estar consciente del <strong>enorme desperdicio</strong> que se produjo en la Argentina; verificar la alegría con la que se tiró por la borda una oportunidad inmejorable, no puede ser compensada por aquellos ajustes de la Historia: a veces resulta difícil que los renglones de los libros, trasmitan la exacta dimensión del drama de la pobreza, el desasosiego de la inseguridad y el pecado del aislamiento.</p>
<p>¿Están satisfechos ahora, muchachos? Es verdad que las políticas que muchos de ustedes respaldaron hundieron a muchos de los que ustedes odian. Pero es muy triste comprobar que ese sea el único consuelo que tienen al drama que ustedes mismos viven.</p>
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