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	<title>Carlos Mira &#187; Kirchner</title>
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		<title>Son estos, no hay otros</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Apr 2016 15:24:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los cuentos que parecían de ciencia ficción cuando las primeras investigaciones periodísticas daban cuenta de bóvedas, estancias en el sur con dinero enterrado, enormes cajas fuertes del Banco Hipotecario trasladadas a propiedades de los Kirchner, podrían empezar a confirmarse y a cobrar visos de realidad más temprano que tarde. Quizás sea esa expresión de deseos... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2016/04/08/son-estos-no-hay-otros/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Los cuentos que parecían de ciencia ficción cuando las primeras investigaciones periodísticas daban cuenta de bóvedas, estancias en el sur con dinero enterrado, enormes cajas fuertes del Banco Hipotecario trasladadas a propiedades de los Kirchner, podrían empezar a confirmarse y a cobrar visos de realidad más temprano que tarde.</p>
<p>Quizás sea esa expresión de deseos atorada en el ánimo de la mayoría de los argentinos, que daría lo que no tiene para ver las pruebas del robo por una vez en la vida delante de sus ojos. Otros van más allá en sus sueños y piden la restitución de lo robado. Pero lo cierto es que desde hace unas cuantas horas existe un clima de <i>mani pulite</i> que esperanza a muchos y que tiene atentos a otros.</p>
<p>Hace unas semanas el presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, emitió una señal hacia todo el Poder Judicial en el sentido de que la meta primordial de esa rama del Estado debía ser la lucha contra la impunidad y que los jueces debían perseguir la corrupción y castigarla.</p>
<p>Algunos dicen que eso explica la súbita aceleración que han tenido algunas causas. Otros indican que esta es la respuesta de los juzgados federales al proyecto del ministro Germán Garavano para reformar esa área de la Justicia, con la creación de juzgados con competencia específica que, necesariamente, recortaría el poder de los jueces actuales.<span id="more-1328"></span></p>
<p>Muchas de esas materias, para las cuales el ministro quiere jueces específicos, tienen que ver con la corrupción, el lavado de dinero, el narcotráfico y el terrorismo. <b>Si los doce jueces que hoy en día trabajan en Comodoro Py pudieran entregar pruebas de que esa reforma no es necesaria porque ellos son capaces de lidiar con esas causas al entregar resultados visibles en plazos razonables, quizás la iniciativa se detenga y ellos conserven su poder.</b></p>
<p>En Estados Unidos Bernard Madoff estaba preso seis meses después de que sus desfalcos financieros se descubrieran. En París, 24 horas después de los atentados tanto en <i>Charlie Hebdo</i> como en el centro de la ciudad se conocía la identidad de los terroristas. <b>Aquí hace más de veinte años que no se sabe nada sobre las voladuras de la Embajada de Israel y la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA).</b></p>
<p>Esta asociación ideal entre corrupción e impunidad debe terminar. Y no hay dudas de que los jueces son los que están en mejor posición para tirar la primera piedra.</p>
<p>Otras veces deberían ser los propios protagonistas quienes den ese paso, si es que no tienen nada que esconder. En ese sentido, <b>es una pena que el Presidente no se haya presentado espontáneamente a la Justicia para decir: “Aquí estoy, investígenme”</b>. La verdad es que perdió una oportunidad de oro para sorprender con un golpe de efecto inesperado y, desde ya, completamente infrecuente. Que en medio de tanta podredumbre hubiera aparecido el fulgurante contraste de Mauricio Macri poniéndose a disposición de la Justicia, habría llevado ese hecho a la ponderación de todos.</p>
<p>En realidad no se sabe por qué no lo hizo. Varios ministros han contado que el día de la asunción, viendo la gente en las calles que lo saludaba para augurarle suerte, el Presidente los reunió a todos y les dijo: “No le podemos fallar a toda esta gente. Al primero que se mande una macana yo mismo lo voy a llevar de una oreja a Tribunales”.</p>
<p>Por qué no fue él el primero en pedir una investigación que aclarara su situación no se sabe. Hubiera sido lo deseable: un presidente desnudo ante los jueces rindiendo cuentas por las dudas que pudieran haberse generado. Inédito. Y encima con un aprovechamiento político único, si es que lo queremos mirar desde ese ángulo, siempre mezquino, de los costos y los beneficios.</p>
<p>Ahora ya es tarde. <b>Por una denuncia del diputado del Frente para la Victoria (FPV) de Neuquén, Darío Martínez, el fiscal federal Federico Delgado imputó al Presidente en el juzgado de Sebastián Casanello para averiguar si Macri ocultó maliciosamente la declaración de esa sociedad.</b><b></b></p>
<p>De todos modos la Justicia —y particularmente Casanello— podrá dar aquí otra muestra de si está dispuesta a expedirse con celeridad sobre cuestiones que afectan gravemente el estado de ánimo social. La sociedad tiene derecho a saber con prontitud si el Presidente que está pidiendo sacrificios importantes a cambio de un futuro mejor tiene la suficiente autoridad moral para hacerlo. Es cierto que estas son cuestiones del pasado, cuando la vida de Macri era muy distinta a la actual. Pero no importa, el hecho está teniendo consecuencias hoy sobre ese inasible activo que es la confianza y la credibilidad.</p>
<p>Tampoco puede hacerse a un lado la política y no reconocer que, para la oposición, es esencial poner en tela de juicio esa cualidad. Si lo lograra, le habría birlado al Presidente la parte más importante de su capital político. Ese es otro motivo institucional por el que Casanello debe investigar con seriedad y celeridad esta cuestión. Luego de que el juez se expida en un sentido o en otro, no debe quedar la menor duda de que lo que dijo es la verdad.</p>
<p>¿Tiene la Justicia argentina los antecedentes para estar a la altura de estas circunstancias? Lamentablemente, no. A ese poder también han llegado truhanes, vivos, gente que no puede explicar su fortuna, etcétera. Desgraciadamente, parece que en cualquier lugar de la sociedad en donde se meta presión sale pus. Y dije a propósito “sociedad” y no “poder”, porque esta no es una enfermedad solamente del poder. Al poder ha llegado consuetudinariamente una parte representativa de ese coqueteo con la ilegalidad que parece que tienen muchos argentinos. Aquel dicho de que los pueblos tienen los gobernantes que se les parecen cobra un inusitado brillo entre nosotros.</p>
<p>Pero sea como sea, se trata de los jueces que tenemos y será con ellos, o a pesar de ellos, que tendremos que empezar a recorrer este camino de limpieza sin el cual siempre nos acompañaran la miseria y el atraso.</p>
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		<title>Niembro y Tucumán: dos casos de enorme repercusión</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Sep 2015 08:34:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Obviamente dos hechos reunieron en estos días toda la atención: la renuncia de Fernando Niembro a su candidatura por Cambiemos en la provincia de Buenos Aires y la declaración de nulidad de las elecciones en Tucumán por la Cámara Contencioso Administrativa de esa provincia.</p>
<p>El caso del periodista deportivo que acompaña a Mauricio Macri desde hace algunos años en la política tiene, evidentemente, distintas aristas -todas muy interesantes- desde las cuales observar el fenómeno.</p>
<p>En primer lugar, hay que decir que si la contratación de Niembro por parte del Gobierno de la ciudad estuvo fuera de la ley, está muy bien que el decoro lo haya llevado a la renuncia. Aunque no parezca, se trata de un gesto infrecuente en la política de hoy, en donde funcionarios de elevada jerarquía que han recibido acusaciones y hasta imputaciones de delitos concretos han seguido en sus cargos como si nada.</p>
<p>En segundo lugar, llama la atención la saña con la que algunos, incluida la mismísima Presidente, se han referido al tema y a la persona de Niembro, cuando sobre sus espaldas cuelgan sospechas de todo tipo y, por cierto, de una envergadura mucho mayor que el contrato que se atribuye al periodista.<span id="more-1042"></span></p>
<p><b>El mensaje parecería ser el de que, en el fondo, toda la política y todos los políticos están teñidos por la corrupción</b> y que, entonces, esa temática debería desaparecer por completo de la discusión electoral, porque, como están todos “empatados” en el rubro, es mejor hablar de otras cosas.</p>
<p>Es en ese sentido en que el apartamiento de Niembro tiene un valor. Luego, si la Justicia determina que efectivamente hubo irregularidades, naturalmente los responsables deberán dar las explicaciones que correspondan.</p>
<p>En cuanto al tema tucumano, la noticia obviamente desbordó la atención de la Argentina. Solo el fuerte temblor en Chile, con repercusiones hasta en la propia ciudad de Buenos Aires, logró sacar, aunque sea por instantes, ese tema de la mira de la opinión y de la información.</p>
<p>No es para menos.<b> Se trata de la primera vez desde el retorno de la democracia que la elección general completa de una provincia entera es anulada por la Justicia por entender que existen elementos suficientes como para creer que el resultado fue la consecuencia de un fraude o de serias irregularidades en el comicio y en el escrutinio</b>.</p>
<p>Ese solo dato alcanza para comprender la gravedad de la situación. El acto electoral es para las democracias institucionales un elemento fundamental para construir la base de confianza y legitimidad en la que se tiene que sostener la relación entre gobernantes y gobernados. Si se sospecha desde el inicio que el elegido es un impostor, se quebrará para siempre esa confiabilidad y será muy difícil restaurarla desde el ejercicio del poder.</p>
<p><b>Para la democracia de masas -en la que lamentablemente hemos caído los argentinos- el acto electoral es la vida misma.</b> Hay que estar dispuesto a hacer cualquier cosa para ganarlo, porque ganado, será ese el argumento para decir que los elegidos son la encarnación completa del pueblo y que los que perdieron son el antipueblo, la antipatria, los enemigos de la nación.</p>
<p>De modo que en un sistema así, las presunciones deben ser siempre contrarias a los que ejercen el poder, porque para no perderlo estarán dispuestos a hacer cualquier cosa.</p>
<p><b>Y lo que se construyó en Tucumán es un feudo medieval</b>, con gobernantes que confiesan tener 10 mansiones, que se dirigen a los gobernados como si fueran seres inferiores, quienes deberían agradecer el sacrificio que ellos hacen, que disfrutan de viajes y prerrogativas absolutamente prohibitivas para el hombre común y que se comportan en sus vidas como si estuvieran por encima de la ley y como si el Estado fuera parte de su patrimonio personal.</p>
<p>Este caudillaje subdesarrollado debe desaparecer de la Argentina. Parece mentira que hayan pasado 162 años desde que se sancionó la <i>Constitución</i>, en Santa Fe, el 1.<sup>o</sup> de mayo de 1853 y todavía estemos padeciendo de las mismas anomalías que antes de su jura, con “patrones de estancia” que manejan territorios republicanos como si fueran de su propiedad.</p>
<p>Y aquí hay una cuestión cultural de por medio, porque tampoco podemos caerle a José Alperovich como si fuera una encarnación repentina del mal y que antes de él Tucumán era la réplica de un cantón suizo. No. Esta es la continuidad -mejorada y aumentada, claro está- de un modelo que impera en el interior de la Argentina y que el matrimonio Kirchner decidió, hace 12 años, exportarle a la nación.</p>
<p>Está claro que la Argentina tampoco era Suiza antes de los Kirchner, pero, a nivel nacional, algunas salvajadas que eran normales en las provincias feudales o no se conocían o se evitaban.</p>
<p>Todo eso cambió con la llegada del matrimonio del sur. <b>La idea de Néstor y Cristina Kirchner fue replicar el modelo feudal de Santa Cruz, sin división de poderes, sin rendición de cuentas y tomando al Estado como parte del patrimonio familiar</b>.</p>
<p>No caben dudas de que, en el sentido institucional, la Argentina involucionó notoriamente en estos últimos doce años y que lo que ocurrió en Tucumán se inscribe en ese marco de deterioro de la ley y el derecho.</p>
<p>De todos modos, es altamente positivo el coraje demostrado por el tribunal, que se animó a fallar en contra de los intereses de quienes mandan para privilegiar la intachable confianza que debe surgir del acto electoral.</p>
<p>Ojalá podamos tomar esto que sucedió allí como un punto de partida y como un ejemplo que se expanda a las demás provincias y a la nación entera. No deja de resultar paradójico que el lugar en el que la Argentina nació oficialmente al mundo haya sido también el lugar que puede convertirse, de ahora en más, en el sitio en que nació la república institucional, aquella en donde gobierna el derecho y no los deseos interesados y caprichosos de los poderosos.</p>
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		<title>La &#8220;cristinización&#8221; de Scioli, una carta peligrosa</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Aug 2015 03:00:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Daniel Scioli decidió ponerse un traje de antipatía para enfrentar las consecuencias de las inundaciones en la provincia de Buenos Aires. Quizás sea un primer ensayo sobre el curso de modales kirchneristas que, aparentemente, ha decidido tomar. Durante meses -si no años- trató de convencer a media ciudadanía de que, pese a ser “un hombre... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2015/08/20/la-cristinizacion-de-scioli-una-carta-peligrosa/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Daniel Scioli decidió ponerse un traje de antipatía para enfrentar las consecuencias de las inundaciones en la provincia de Buenos Aires. Quizás sea un primer ensayo sobre el curso de modales kirchneristas que, aparentemente, ha decidido tomar.</p>
<p>Durante meses -si no años- trató de convencer a media ciudadanía de que, pese a ser “un hombre del proyecto”, él era distinto, dialoguista, educado, de buenas maneras.</p>
<p>Pero el desastre que es su provincia puesto de manifiesto por la inclemente naturaleza, sumada a la falta de controles y a una administración ineficiente, <strong>parece haber sacado de su centro al gobernador, que no tuvo mejor idea que salir al cruce de Mauricio Macri, del peor modo.</strong></p>
<p>Durante mucho tiempo vendió la imagen de la amistad y de la relación de respeto que lo unía al hoy candidato de Cambiemos. Pero bastó que este comentara los trabajos de ingeniería hidráulica que harían falta en la provincia de Buenos Aires y que no se han hecho en todos estos años, para que el gobernador saliera con los tapones de punta.</p>
<p>A su juicio también estaría mal que los candidatos de la oposición hayan hecho comentarios sobre las inundaciones: según Scioli, esos son aprovechamientos políticos de las desgracias.<span id="more-1013"></span></p>
<p><b>Es posible que haya un uso conveniente de lo que ocurrió con miles de ciudadanos en la provincia para castigar la administración, no solo de Scioli, sino de todos los gobernadores que han pasado por allí sin atender a la infraestructura necesaria en la provincia, pero el hombre de la “fe y el optimismo” no puede volverse loco porque le canten unas cuantas verdades.</b><b></b></p>
<p>En todo caso, siguiendo su vocación dialoguista, debería haber citado a los que proponen obras para que expliquen sus proyectos y eventualmente cómo se financiarían y cómo se llevarían adelante.</p>
<p>Scioli dijo en declaraciones radiales: “La gente por algo votó de la manera que votó, no se dejó llevar por este tipo de operaciones, y por eso nos dio la ventaja de más de 3 millones de votos y de 15 puntos, que se va a confirmar con el escrutinio definitivo, donde vamos a sumar todavía más votos y más diferencias sobre esta nueva alianza, que ha mostrado la peor cara”.</p>
<p>Meterse con cómo votó la gente y con el acto eleccionario en sí puede ser complicado. Es más, si lo piensa, puede ser que el gobernador llegue a la conclusión de que no le conviene meterse en ese terreno.</p>
<p><b>Respecto de cómo votó la gente hay, justamente, muchos reparos que surgen de ver hasta qué grado el pueblo está esclavizado mentalmente y depende económicamente de un Estado sin alma que lo compra por migajas y que luego le hace pagar consecuencias infrahumanas por haberse comido los recursos que le robó</b>.</p>
<p>Son muchos los que no se explican cómo esa gente no se rebela contra su condición, una condición en la que la ha puesto la desidia de 25 años de corrupción y dejadez.</p>
<p>Respecto del acto eleccionario en sí, también es un terreno que el gobernador debería evitar por su propio bien. Nunca, como en el domingo 9 de agosto, se escucharon denuncias de robo de boletas, fraudes diversos, aprietes y accionar de punteros comprados, votación de paraguayos que llegaron por distintos puntos de la frontera y que luego fueron repartidos con remises del peronismo en distintos lugares de votación, aparición de boletas falsas impresas a propósito, boletas de la oposición descubiertas tiradas en <i>containers</i>, en fin, toda una pléyade de trucos y trampas de la más baja estofa.</p>
<p>Así que lo que más le convendría a Scioli es no hacer “olas” respecto de cómo votó la gente y cómo se desarrolló el comicio, porque de ese análisis va a salir más golpeado que beneficiado.</p>
<p>Scioli decidió jugar su futuro a una carta peligrosa: la que representa el cristinismo duro y puro. Nadie conoció ningún mensaje de felicitación presidencial por la victoria del gobernador en las PASO. <b>La Presidente está !&#8221;borrada&#8221;, sin paradero conocido desde que el agua tapó media provincia. Es lo habitual en los Kirchner: desaparecer cuando hay malas noticias. Así ocurrió con Cromañón y con Once.</b><b></b></p>
<p>El jefe de gabinete se dio el lujo de hasta “cargar” al gobernador con su viaje a Italia, viaje que dijo desconocer y del que solo se interesó para saber si Scioli le “había traído alfajores”.</p>
<p>El gobernador operó su influencia en la Justicia para ser un capítulo más del libreto de impunidad con el que la Presidente pretende retirarse del Gobierno. Pero con todos estos años al lado de los Kirchner aún no aprendió que nunca será aceptado por ese círculo cerrado y perverso. No recibió ningún agradecimiento por su gestión, ni siquiera cuando entregó un triunfo electoral.</p>
<p>Ese será el escenario que su propia tropa le entregará en su eventual Gobierno. Ni el ministro de economía, Axel Kicillof, candidato a diputado por la Capital, pegará su campaña a la del candidato a presidente. Es probable que Scioli deba hacer un curso rápido de desagradecimientos, un capítulo infaltable en el mundo K. Ya comenzó a internarse -a lo mejor muy a su pesar- en el terreno de las cabronadas, otro condimento invariable en los modales del oficialismo. De allí a aprender los demás episodios solo hay un paso.</p>
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		<title>¿Están contentos ahora, muchachos?</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Jan 2014 09:35:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Quizás este fin de semana haya sido el que más gráficamente sirvió para mostrar <strong>los resultados prácticos del modelo</strong>; para ver, en definitiva, de qué sirvieron los años de gobierno de los<strong> Kirchner. </strong></p>
<p>En efecto mientras la sociedad veía como se le escurrían sus ahorros y el fruto de su trabajo por entre los dedos, y mientras los que menos tienen pensaban cómo sobrevivirían a la <strong>esperable crisis de ingresos y de actividad,</strong> una parte de los funcionarios del Estado encabezados -obviamente- por la propia Presidente y su hija, <strong>descansaban en La Habana haciendo turismo</strong> por la ciudad vieja y disfrutando al sol con la vista en el Caribe.</p>
<p>Así se describió el primer día en la <strong>isla de los Castro </strong>de la comitiva argentina, la única que ha llegado con cuatro días de antelación al comienzo de la reunión de la<strong> Cumbre de la Comunidad de Estados de Latinoamerica y el Caribe</strong> (Celac).</p>
<p>Dicen que la Presidente no salió de su habitación y que estuvo en permanente contacto con sus funcionarios en Buenos Aires. Pero no importa. Lo que sí importa es que quienes deben estar al servicio de la gente, descansaban en el agradable clima del trópico, mientras en la Argentina la gente -que es la importante en esta ecuación- trataba de figurarse cómo iba a hacer para cumplir con sus pagos, con los útiles de los chicos, con el colegio, con los impuestos, con el supermercado…</p>
<p><span id="more-350"></span>Ninguna de esas incomodidades afectan seguramente al gobernador <strong>Sergio Urribarri</strong>, que se dedicaba a <strong>correr por el Malecón</strong> para mantener su estado físico. Ni para el canciller <strong>Héctor Timerman</strong>, que disfrutaba de una tarde de sol en los jardines del <strong>hotel El Nacional</strong>, cuidado por los agentes cubanos.</p>
<p>Este es el resumen de las <strong>consecuencias reales del modelo “nacional y popular”</strong>: el encumbramiento de una casta privilegiada que disfruta de los viajes y de los placeres solaces de la vida mientras la gente se ve en figurillas para sostener su vida, rodeada de amenazas, incertidumbre, crimen, <strong>devaluación</strong>, y, muy probablemente, acechanzas a su trabajo.</p>
<p>A ninguno de aquellos funcionarios le asaltó siquiera la idea del decoro. Frente al desbarajuste de las últimas 48 horas nadie tuvo la delicadeza de decir: “Mirá, sería mejor suspender nuestro descansito de fin de semana en el Caribe, aunque más no sea para no ser tan guasos…” No. ¡Qué va! ¡Allá vamos! A tomar el sol, mientras estos boludos sacan cuentas sobre cómo llegar a fin de mes…</p>
<p>¿Cuánta responsabilidad le cabe por esto a la propia sociedad que fue llamada a votar 6 veces en los últimos once años?; ¿cuántos intentaron abrirle los ojos a esos argentinos sedientos de furia que canalizaron su bronca votando a un conjunto de bravucones oportunistas?</p>
<p><strong>La década relatada</strong></p>
<p>Ya es tarde ahora. Aquellas palabras de advertencia ya no sirven para nada. <strong>El daño está hecho</strong>. Los argentinos se enfrentan a una ola de <strong>pobreza, aislamiento y escasez</strong> que se podría haber evitado si no fuera porque <strong>su rencor fue más grande</strong> que pensar en sus propias conveniencias. Fue tan fuerte el deseo de manifestarse contra un perfil que creían que los había defraudado que no se detuvieron a ver en manos de quién depositaban su confianza.</p>
<p>Giraron 180 grados y encumbraron al Estado al altar de la idolatría. Era tal su ceguera que no advirtieron que<strong> el Estado</strong> no existe, que no es más que una <strong>simulación ideal para ser colonizada por un conjunto de vivos</strong>.</p>
<p>Ahora enormes franjas de la sociedad vivirán otra frustración. ¿No era que el Estado venía a protegernos?, ¿no era que usted, Cristina, nos pondría a salvo de la pobreza y de la escasez?</p>
<p>La<strong> década relatada</strong> ha alcanzado el récord de presión impositiva en la Argentina. Nadie en la región latinoamericana se nos acerca. Ni siquiera Venezuela. A cambio no recibimos nada; ni educación, ni seguridad, ni salud pública, ni un manejo responsable de las cuentas públicas del que depende nuestro nivel de vida. A cambio sólo tenemos a funcionarios descansando en el Caribe de Fidel.</p>
<p>Las medidas del gobierno tomadas entre el miércoles y el viernes empobrecieron de un plumazo a toda la Argentina. En la orfandad de un programa económico equilibrado encarnado por funcionarios responsables, serios y creíbles, la devaluación del peso es la <strong>confesión del fracaso</strong> de una presidente que le aseguró a la sociedad que “los que especulan con una devaluación, tendrían que esperar otro gobierno”</p>
<p>El nivel de desorientación, contradicciones y amateurismo que se ha demostrado, alarma. Por darse el gusto con sus caprichitos ideológicos la señora de Kirchner le ha entregado el manejo de la economía a un <strong>aprendiz de brujo</strong>, soberbio y prepotente, que no distingue, en el mundo de la economía real, un tornillo de una pipa.</p>
<p>Durante estas horas, incluso, ha circulado un “paper” escrito en 2006 por el ministro en colaboración con <strong>Augusto Costa</strong> y <strong>Cecilia Nahon</strong>, en donde criticaban duramente a los que habían sugerido, en el final del gobierno radical, la caída de la Convertibilidad a los designios de especuladores locales y externos. En ese escrito, <strong>Kicillof y sus adláteres</strong> sostenían que esas consecuencias en la economía suceden por distorsiones que explica la propia economía, no por historias de conspiraciones esotéricas.</p>
<p><strong>&#8220;Cipayos&#8221;, &#8220;gorilas&#8221;, &#8220;neoliberales&#8221;&#8230;</strong></p>
<p>¿Qué ha pasado, Kicillof?, ¿el esoterismo es bueno solamente cuando a usted le conviene?, ¿o quizás ahora nos enteremos también de que no era tan brillante como sus aplaudidores decían, sino apenas un nuevo hipócrita de las excusas?</p>
<p>Resulta francamente desolador intuir el drama de aquel <strong>54% de los votos</strong>, pensando que ya ni siquiera les sirve el arrepentimiento. Pero es aun más dramático comprobar que las consecuencias de un desquicio no afectan sólo a los que lo respaldaron. En ese caso al menos habría mayor capacidad de aprendizaje y más justicia cósmica. Pero no. Ahora las consecuencias de aquella altanería deberemos pagarla también los que advertimos que todo esto era lo que iba a ocurrir.</p>
<p>Ningún adjetivo se ha escamoteado para esa gente. Se les ha dicho de todo: <strong>cipayos, gorilas, neoliberales</strong> (en el sentido ofensivo que el “progresismo” (¿qué progresismo?) le da a ese término, por otra parte inexistente en términos de corriente filosófica o económica. Pero los oídos sordos del populismo mágico creyeron que era efectivamente posible elevar a una casta de personas a un escalón desigual de la sociedad para que desde allí nos proveyeran la felicidad en bandeja. La insolencia de creer en esa estupidez nos llevó al presente aquelarre.</p>
<p>La Presidente tenía una sonrisa de oreja a oreja cuando llegó al aeropuerto de La Habana. Detrás de su nueva cara y de sus anteojos negros se adivinaba lo poco que le importa la suerte de la gente cuando ella se interpone como un obstáculo en el camino de ver realizados sus caprichos.</p>
<p>En estos casos se suele decir que la Historia colocará en el lugar que finalmente le corresponde a cada uno. Pero, ¿saben qué?: eso no alcanza. Estar consciente del <strong>enorme desperdicio</strong> que se produjo en la Argentina; verificar la alegría con la que se tiró por la borda una oportunidad inmejorable, no puede ser compensada por aquellos ajustes de la Historia: a veces resulta difícil que los renglones de los libros, trasmitan la exacta dimensión del drama de la pobreza, el desasosiego de la inseguridad y el pecado del aislamiento.</p>
<p>¿Están satisfechos ahora, muchachos? Es verdad que las políticas que muchos de ustedes respaldaron hundieron a muchos de los que ustedes odian. Pero es muy triste comprobar que ese sea el único consuelo que tienen al drama que ustedes mismos viven.</p>
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		<title>Los barras y el poder</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Oct 2013 10:35:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El dantezco espectáculo ofrecido la semana pasada por la barra brava de Colegiales en el entierro de uno de sus capos -el Loco Pocho Morales- es una foto de la década ganada. En efecto si alguien ganó en esta década ha sido la marginalidad como incorporación cotidiana a la normalidad de la vida argentina. Desde el... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2013/10/23/los-barras-y-el-poder/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El dantezco espectáculo ofrecido la semana pasada por la<strong> barra brava de Colegiales</strong> en el entierro de uno de sus capos -el <strong>Loco Pocho Morales</strong>- es una foto de la década ganada. En efecto si alguien ganó en esta década ha sido la marginalidad como incorporación cotidiana a la normalidad de la vida argentina.</p>
<p>Desde el peso de su investidura -casi al nivel de la venerada “juventud maravillosa” de <strong>Perón</strong>- la señora de <strong>Kirchner</strong> hizo pública su admiración por esos personajes que, colgados de los paravalanchas eran, según la presidente, la imagen misma de la pasión (“y saben qué, sin pasión no se puede vivir… Yo cuando mi papá me llevaba a la cancha de chica y luego, de grande, cuando fui con Néstor, no miraba el partido, los miraba embelesada a ellos…”)</p>
<p><strong>La marginalidad ha dejado de estar en los márgenes en la década ganada; la marginalidad ha ocupado el centro.</strong> Ya no es la vergonzante situación de la que sus víctimas quieren salir. No, no. Ahora ellos son el poder, ahora ellos están en el centro de la escena; ahora ellos corren a la policía, son los dueños de la calle y te dan órdenes con la autoridad de lo oficial.</p>
<p><strong>Ser barra es ser un profesional. Un profesional independiente que pone sus servicios a disposición de la política</strong>. Su escenario de desarrollo suele ser el fútbol. <strong>Pero esa sana pasión deportiva es una pantalla.</strong> Detrás de ella esconden sus negocios, la droga, la delincuencia y sus vínculos con el poder y la política. <strong>Hoy en día hay gente que se saca fotos con los barras.</strong> Han sido encumbrados a la categoría de celebridades. Son impunes y el poder les facilitó un atajo a la riqueza. Están metidos en los negocios sucios de la política y muchos los enmascaran con negocios “lícitos” de los clubes de fútbol, como la operación de sus estacionamientos, de sus servicios de comida o, en algunos casos, hasta de la irónica seguridad de los estadios.</p>
<p><strong><span id="more-287"></span>Los barras configuran un estereotipo social de la década kirchnerista; el estereotipo del violento</strong>, del patotero, del prepotente, del que impone su postura por la fuerza. <strong>El barra es una especie de resumen humano del “modelo</strong>”. Por eso, son imperseguibles. Ir en contra de los barras es como ir en contra del corazón cultural que los Kirchner han traído del sur. <strong>Los barras son la versión futbolera de La Cámpora</strong>, en donde la intimidación es la herramienta preferida de la “negociación”.</p>
<p>El triunfo de las fuerzas del orden en otros países del mundo sobre la violencia en el fútbol partía de una base descontada: se trataba de la lucha del bien sobre el mal. El mal no quería pasar por el bien y el bien tenía en claro quiénes eran los malos. En la Argentina de los Kirchner esos términos están completamente tergiversados. Los funcionarios del Estado, empezando por los dos presidentes de la década y por los lenguaraces que los han seguido, han sido los primeros en reivindicar ese modo patotero de comportarse. Lo han hecho abiertamente, a la luz del día, a los ojos de todo el mundo. <strong>Se han vanagloriado de su violencia y de la capacidad que tiene el miedo para obtener resultados.</strong> En esa línea se han anotado <strong>Néstor, Cristina, Moreno, Kicillof, Larroque, Recalde, Anífbal Fernandez, De Vido, Kunkel, Conti, Di Tullio, Rossi</strong>… En fin todo una pléyade de personajes del primer orden de la política nacional.</p>
<p>¿Qué imagen recibe la sociedad de ese espectáculo gratuito? ¿Qué señal observan los barras que sucede más arriba que ellos? <strong>La violencia se ha encaramado al primer nivel de la política en la Argentina</strong>. Se ha hecho un culto de ella. Aquí el más “taita” es el más maleducado, el más sacado, el más prepotente, el más patotero.</p>
<p><strong>Quienes deberían perseguir y condenar socialmente a los barras se han vuelto barras.</strong> Hasta su propia terminología bordea las orillas de los márgenes. No hace mucho tiempo, cuando en el oficialismo estaba todo mal con Scioli, la jefa del bloque de diputados oficiales, <strong>Juliana Di Tullio</strong> -quien recientemente se ofendió con un periodista por el simple hecho de que la creyó una “librepensante”- dijo que el gobernador debería haber salido a “aguantar los trapos”, usando la típica terminología semitumbera que se maneja en las tribunas para hacer referencia a la defensa de las banderas de los clubes.</p>
<p>La política se ha mezclado con el submundo. La política ha venido a legitimar el accionar barra: porque usa a los barras, porque se comporta como los barras, porque adquirió una cultura barra, porque usa una terminología barra y porque siente una no tan secreta admiración por los barras (como lo confesó la presidente). Los barras están en sus listas, han ocupado el lugar de los antiguos y precursores “punteros”, son la fuerza de choque apta para amedrentar, para copar la parada, para llevar por delante.</p>
<p><strong>La década de los Kirchner será recordada por haber instalado esta cultura marginal en el centro de la escena argentina.</strong> Por esa misma razón es completamente hipócrita plantear persecuciones a los barras, quejas por los barras y lamentos por el accionar y por las consecuencias de los actos de los barras. Nadie se queja de sí mismo, máxime cuando se cree infalible y protagonista de una epopeya de dimensiones épicas. <strong>La eliminación de los barras por el kirchnerismo es tan ilusoria como que el kirchnerismo pretenda eliminarse a sí mismo.</strong></p>
<p>Mientras esta sociedad perversa entre el poder y el tumberismo marginal siga gobernando la Argentina y el fútbol siga ofreciendo una pantalla ideal para ocultar con la pasión el peso de la delincuencia, de los negocios, del dinero y de la droga no habrá manera de salir del problema. Cualquier excursión por los exitosos ejemplos comparados del mundo será un maquillaje más a una realidad más que evidente: la marginalidad no será perseguida una vez que ella misma logró sentase en las poltronas del poder.</p>
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		<title>Las consecuencias de salirse con la suya</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Jul 2013 17:51:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las declaraciones del titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, en el sentido de que la oficina de impuestos efectivamente está investigando al presidente de la Corte y a sus hijos, ha dejado inaugurado un nuevo tiempo en la Argentina. No se trata, sin embargo, de una situación nueva ; lo nuevo es que lo que... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2013/07/02/las-consecuencias-de-salirse-con-la-suya/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Las declaraciones del titular de la <strong>AFIP</strong>, <strong>Ricardo Echegaray</strong>, en el sentido de que la oficina de impuestos efectivamente está investigando al presidente de la Corte y a sus hijos, ha dejado inaugurado <strong>un nuevo tiempo en la Argentina.</strong></p>
<p>No se trata, sin embargo, de una situación nueva ; lo nuevo es que lo que todo el mundo sabía que ocurría por debajo de la superficie, ha salido al aire libre. <strong>Se trata de la horrible comprobación de que el país vive bajo el dominio del temor.</strong></p>
<p><span id="more-185"></span>Quienes cínicamente pretenden explicar esta situación echan mano del famoso silogismo “quien no tiene nada que esconder no tiene por qué tener miedo”. Pero esa perogrullada más que un silogismo es un sofisma, esto es, una falacia.</p>
<p><strong>A la gente no le gusta tener que andar por la calle dando explicaciones por más que “no tenga nada que esconder”</strong>. Además quienes efectivamente sufran la persecución deberán enfrentarse a la pulsión del Estado que buscará probar con todo su poderío la culpabilidad del señalado. Frente a ese embate muchas veces no alcanza con “tener todo en orden”</p>
<p>El ex jefe de la bancada oficialista de diputados y actual ministro de Defensa, <strong>Agustín Rossi</strong>, <strong>salió a decir que veía como normal la investigación a Lorenzetti porque “todos somos iguales ante la ley”</strong>. Es caer nuevamente en la ciencia de los cínicos. Eso ya se sabe Rossi, pero, como dijo <strong>Orwell</strong>, parece que frente a la igualdad ante la ley hay algunos “mas iguales” que otros, porque da la enorme casualidad que la investigación al juez sucede justo cuando la Corte declaró inconstitucional una ley que el poder ejecutivo consideraba vital para su proyecto político. También Echegaray anotó algo verdadero pero que suena a cínico, dado el contexto. El titular de la AFIP dijo que la presentación de la Corte -pidiendo explicaciones sobre la investigación a uno de sus miembros- era “impropia”.<strong> Es verdad. Pero, de nuevo, la situación ocurre, sugestivamente, cuando el máximo tribunal dicta un fallo contrario a los intereses del gobierno. Se nota mucho…</strong></p>
<p><strong>La combinación del miedo y el cinismo no es, efectivamente, un combo interesante para vivir plácidamente y para que, quienes tienen la posibilidad física de invertir, lo hagan sin temo</strong>r. Un país en el que estas prácticas comiencen a ser cotidianas y abiertas tendrá serios problemas para mantener vivo un organismo que -como todo organismo- necesita sangre o savia para vivir.</p>
<p>La sangre o la savia de un país son las inversiones. La circulación de ese capital es la que absorve el crecimiento vegetativo de la población y que permite mejorar el nivel de vida con el paso de las generaciones<strong>. Un país que corte la circulación de esos nutrientes se condenará a sí mismo a la inanición y a la miseria.</strong></p>
<p>De modo que lo peor de las confesiones a las que venimos asistiendo (que el gobierno esta efectivamente dispuesto a gobernar por el terror) no es la desagradable comprobación de vivir con el corazón en la boca, sino que,<strong> nadie, con el corazón en la boca, estará dispuesto a poner un peso para generar trabajo.</strong></p>
<p>¿Cuál puede ser la señal que el hombre común esté desentrañando, en este mismo instante, de lo que Echegaray confesó ayer? Pues muy sencillo: esa persona piensa que si eso le pasa al presidente de la Corte, nada mejor puede esperar para sí mismo.</p>
<p>Y no hay dudas de que pese a la declinación política del gobierno de la<strong> Sra. de Kirchner</strong>, su elenco conserva una enorme capacidad para meter miedo.</p>
<p>Una combinación de formas, herramientas, personajes y antecedentes llevan necesariamente a esa conclusión. Hay muchos personajes que efectivamente son “pesados” a la hora de infundir miedo.<strong> La Cámpora</strong> es una agrupación filoviolenta que no ha dudado en enviar a uno de sus emisarios a amenazar al <strong>juez Maqueda</strong> en plena calle. <strong>Moreno</strong> es ya hasta folcloricamente conocido por sus bravuconadas y por poner en vigencia un “orden juridico” verbal cuya sanciones no están escritas en ninguna parte y se parecen más a una <strong>extorsión</strong> que a una pena legal.</p>
<p><strong>La propia presidente ha hecho gala del ejercicio de ese temor cínico cuando ha mencionado por nombre y apellido a ciudadanos privados en cadena nacional</strong>, dejando expuesta su situación impositiva y haciendo caso omiso de su obligación de respetar el secreto fiscal que tiene todo funcionario público.</p>
<p>Hasta el episodio aparentemente menor de la <strong>estatua</strong> <strong>de Colón</strong> sirve para seguir arrimando a la mente del hombre común la idea de la indefensión: ni una orden judicial expresa de no mover el monumento logró parar al gobierno, que lo desmontó de todos modos. “Colón”, piensa el ciudadano de a pie, “‘tenía todo en orden’ (como dice Agustín Rossi); una orden judicial lo defendía, y se lo llevaron puesto igual… ¿Qué me asegura que a mi no me pase lo mismo?”.</p>
<p><strong>El mundo civilizado es la consecuencia del triunfo de la previsibilidad de la ley sobre la arbitrariedad discresional del Estado</strong>. Antes de que el orden jurídico del Estado de Derecho garantizara que a los ciudadanos no les ocurriría nada como consecuencia de las decisiones viscerales de un gobernante, esos ciudadanos vivían, efectivamente, bajo la <strong>espada de Damocles</strong> de ser un día “señalados”.</p>
<p>Ese simple hecho explica la miseria en la que el mundo se debatió 4000 años, antes de la llegada del imperio de la ley. Sólo el ambiente de tranquilidad que trajo el sistema de garantías individuales inventado por el <strong>liberalismo</strong> le permitió al mundo dejar atrás la oscuridad, las <strong>pestes</strong> y la <strong>enfermedad</strong> para embarcarse en 400 años de <strong>progreso</strong>.</p>
<p><strong>La Argentina está invirtiendo ese camino</strong>. Por la vía de instaurar el <strong>gobierno del temor</strong> desalentará a todos aquellos con capacidad de multiplicar la riqueza y los expulsará de su territorio hacia otras tierras más seguras, condenando, con ello, a millones de argentinos a la miseria. Una consecuencia demasiado penosa pare el capricho inexplicable de salirse con la suya</p>
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		<title>La “cruzada moral” del Gobierno</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Mar 2013 04:00:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cardenal Bergoglio]]></category>
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		<description><![CDATA[En medio de la conmoción causada por la llegada del Cardenal Bergoglio a la silla de Pedro, el gobierno parece embarcado en otra “cruzada moral”: prohibir a los argentinos usar sus tarjetas de crédito en el exterior para comprar fichas de casino fuera del país. La cuestión parece ser menor, y no me extrañaría que... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2013/03/19/la-cruzada-moral-del-gobierno/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En medio de la <strong>conmoción causada por la llegada del Cardenal Bergoglio</strong> a la silla de Pedro, el gobierno parece embarcado en otra “cruzada moral”: <strong>prohibir a los argentinos usar sus tarjetas de crédito en el exterior</strong> para comprar fichas de casino fuera del país.</p>
<p>La cuestión parece ser menor, y no me extrañaría que alguien saliera a respaldar los que para él sería la intención última de la medida: no estimular la inmoralidad del juego. Pero el tema encierra una cuestión enorme que trasmite una nueva señal horrible en la misma dirección de las muchas que estamos teniendo últimamente.</p>
<p>En primer lugar, la <strong>jerarquía moral del gobierno</strong> -como si ese pedestal autoasignado, les diera alguna prerrogativa para emitir bandos sobre lo que es y no es moral- está <strong>seriamente discutida</strong>. Un gobierno que a través de sus espadas principales admite que lo que sirve enla Argentina no es el bien y la buena educación, sino todo lo contrario, carece del suficiente respaldo ético para andar dando lecciones públicas.</p>
<p>Pero además de eso, el prohibir a los ciudadanos decidir <strong>en qué pueden utilizar sus tarjetas</strong> de crédito es una señal que se suma al aquelarre anti-individuo que el gobierno de la señora de Kirchner ha desatado sobrela Argentina. Se trata de sumar algo más a la lista de negación de derechos individuales que caracteriza a los Kirchner.</p>
<p>Mientras<strong> reivindican los derechos de colectivos abstractos</strong>, de entelequias que nadie conoce (el “Pueblo”, la “Patria”, el “Estado”, que no tienen manifestación corpórea y que por lo tanto no pueden ser sujeto de derechos) <strong>niegan todos los días los derechos concretos de las personas reales,</strong> las únicas que, siendo física o jurídicas, pueden ser titulares de derechos efectivos.</p>
<p>Lo cierto es que, <strong>en la Argentina de los Kirchner, las personas tienen cada vez menos derechos</strong> y los funcionarios del Estado (que, para ellos mismos, son la encarnación del “pueblo”) cada vez tienen más; cada vez gozan de más prerrogativas que los transforman en los verdaderos desiguales de la sociedad.</p>
<p>Además, la medida tiene un agregado sugestivo: la prohibición es para comprar fichas de casino en el exterior. Se trata de un dato no menor cuando se lo analiza a la luz de la tendencia que el gobierno va tomando cada vez con mayor nitidez respecto de los argentinos y, precisamente, “el exterior”.</p>
<p><strong>La relación de los ciudadanos con el “exterior” ha recibido los siguientes últimos ataques:</strong></p>
<p>1.- el cepo cambiario, por el cual resulta difícil obtener dólares para viajar;</p>
<p>2.- el recargo (ahora del 20%) a las compras con tarjetas de crédito</p>
<p>3.- la restricción para sacar dólares físicos desde un cajero automático fuera del país</p>
<p>4.- la extensión del recargo del 20% a los pasajes y paquetes turísticos</p>
<p>5.- la prohibición para utilizar tarjetas para la adquisición de determinados bienes o servicios (como ahora las fichas de casino) fuera del país</p>
<p>¿Qué seguirá luego?, ¿otras restricciones para decisiones individuales?, ¿que no podamos decidir comprar, por ejemplo, juguetes con nuestra tarjeta de crédito? Por lo demás, ¿<strong>a qué sistema de vigilancia estamos siendo expuestos como para que un funcionario del Estado sepa que usamos una tarjeta de crédito para comprar fichas de casino?</strong></p>
<p>Como lo demuestra el mero hecho de listar los “toques” que ha recibido últimamente todo lo que tenga que ver con salir del país, la tendencia <strong>podría terminar en una seria restricción a la libertad constitucional para entrar y salir del territorio argentino</strong>. Una limitación severísima a los derechos individuales; diría de las más graves que puedan perfeccionarse.</p>
<p>Por lo demás, por los antecedentes internacionales de regímenes calcados al kirchnerismo, la aspiración a restringir esa libertad de desplazamiento es efectivamente una de las características principales de estos <strong>engendros de prisión.</strong></p>
<p>Seguramente son conscientes de que las comparaciones que las personas pueden hacer  libremente cuando se les permite pisar otras tierras, son mortales para la imposición de su relato: las <strong>mentiras son tan evidentes</strong> cuando se contrastan con una realidad opuesta que no habría explicación posible para aquel que la pidiera. Por lo tanto, cuántos menos vean cómo son las cosas afuera, mejor.</p>
<p>Se trata de una tendencia peligrosísima que puede seguir, por ejemplo, con algún futuro proyecto para <strong>pretender regular el acceso a Internet</strong>. El escape y las comparaciones que permite esta vía virtual también pueden desenmascarar el “cuentito” oficial.</p>
<p>¿Cuándo llegará el momento de que franjas decisivas de la sociedad adviertan el peligro que nos rodea? No por repetido el cuento de la rana hervida de golpe o de a poco, es menos verdadero. Estamos soportando un hervor a baño maría: <strong>mientras bailamos en la cubierta del Titanic, el Leviatán avanza sin prisa</strong> pero sin pausa hacia la restricción completa de nuestra libertad. ¡Bailen, muchachos, bailen… que está todo bien…!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>@ThePostArg</p>
<p>&nbsp;</p>
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