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	<title>Carlos Mira &#187; Inversiones</title>
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		<title>Entre el acuerdo y la fortaleza</title>
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		<pubDate>Tue, 24 May 2016 09:34:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Arte del acuerdo]]></category>
		<category><![CDATA[Elisa Carrió]]></category>
		<category><![CDATA[Ernesto Sanz]]></category>
		<category><![CDATA[Inversiones]]></category>
		<category><![CDATA[Mauricio Macri]]></category>
		<category><![CDATA[peronismo]]></category>
		<category><![CDATA[Veto]]></category>

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		<description><![CDATA[La buena fe ejercida en la política argentina debe siempre pasar por el filtro del peronismo. ¿Qué quiere decir eso? Pues que cualquier iniciativa bienintencionada no puede dejar de lado la posibilidad de que el peronismo haga una explotación malintencionada de ella. Desde que el Presidente anunció el arte del acuerdo en su discurso de... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2016/05/24/entre-el-acuerdo-y-la-fortaleza/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La buena fe ejercida en la política argentina debe siempre pasar por el filtro del peronismo. ¿Qué quiere decir eso? Pues que cualquier iniciativa bienintencionada no puede dejar de lado la posibilidad de que el peronismo haga una explotación malintencionada de ella.</p>
<p>Desde que el Presidente anunció el arte del acuerdo en su discurso de inauguración frente a la Asamblea Legislativa hasta el veto a la ley que impide los despidos por 180 días, ha habido múltiples momentos en que cualquier observador externo podría haber encontrado motivos para ejercer el arte del acuerdo, sin embargo, esa situación sólo se materializó en la votación para cerrar el tema de los holdouts. En todo lo demás, el Presidente debió manejarse por decreto de necesidad y urgencia o por decisiones administrativas que, si bien estaba en todo su derecho a tomar, porque él es el jefe justamente de la administración, hubiera sido no solamente saludable sino también muy conveniente y maduro haber mostrado un acuerdo.</p>
<p>No obstante, esas inocentadas tienen en el peronismo un límite infranqueable. El peronismo es ladino, anda siempre con el puñal abajo del poncho y no pierde ocasión para especular con el asalto al poder.<span id="more-1375"></span></p>
<p><b>Lo que ocurre hoy es que hay al menos seis peronismos diferentes</b>. Uno es el oficial, el que representan José Luis Gioja y Daniel Scioli, casi un sello de goma sobando aún las medias en desuso de Cristina Elisabet Fernández, con declaraciones que sólo pueden salir del que guarda el resentimiento de la derrota.</p>
<p>Otro es el peronismo de Sergio Massa, que oscila entre la civilización y la traición, conforme le indican sus múltiples asesores. Más allá aparece el peronismo de los gobernadores, ese mismo que influye en las decisiones de los senadores y que integran Miguel Ángel Pichetto, Juan Manuel Urtubey y varios de los intendentes de Buenos Aires. Luego, aparece el peronismo sindical, que ni siquiera sabe lo que quiere fuera de lo que siempre fue su leitmotiv: oponerse a todo y hacer un poco de quilombo. Y, por último, el cristinismo decadente, cuyo único horizonte es el caos y su único plan es el helicóptero.</p>
<p><b>Mauricio Macri se debate entre dar señales de fortaleza —como la del veto— o emprender un programa que se parezca a la Moncloa española</b>. No faltan, frente a esta última posibilidad, quienes adviertan que una empresa semejante le daría al peronismo la posibilidad de unificarse, de dejar de estar seccionado en seis barrios que se pelean entre sí para pasar a conformar un bloque único, negociador de esa Moncloa y, por ende, más fuerte y más peronista.</p>
<p>El Gobierno tiene un problema adicional cuando quiere ensayar lo que el Presidente llamó “el arte del acuerdo”: no tiene muy claro con quién hablar. <b>La dispersión peronista es su mejor y su peor noticia: mientras estén separados son más débiles, pero mientras no estén juntos no se podrá celebrar un acuerdo civilizado y duradero que dé señales adultas a la comunidad inversora</b>.</p>
<p>No hay dudas de que para la opción que alienta Jaime Durán Barba —la de gobernar con lo propio buscando el consenso directo de la gente antes que el del peronismo— la suerte económica del país es crucial. Si el Gobierno lograra poner en caja la inflación, mostrar algunas inversiones concretadas y confirmar que no existe ni una ola ni un clima de despidos, es indudable que necesitará menos del peronismo, que, al contrario, deberá someterse a la voz soberana del respaldo popular. Es más, si ese respaldo no continuara existiendo, como de hecho existe (casi el 60% de los argentinos apoya la gestión de Macri), las poleas del plan helicóptero se hubieran puesto a funcionar más rápido (Eso no quiere decir que algunos, como lo han confesado extremos tan diferentes como el Chino Navarro y Ricardo Forster, no quieran forzar la realidad para que el desenlace del plan helicóptero se materialice).</p>
<p>Por eso, conociendo la naturaleza del peronismo, no resultaría descabellado pensar que una de las tácticas que podría poner en práctica sería entorpecer toda iniciativa, cuyo probable resultado sea el éxito económico del Gobierno, aun cuando el fracaso en términos de inflación, empleo, inversiones y consumo vaya en directo perjuicio de las personas que el peronismo dice defender y representar.</p>
<p>El otro sector del Gobierno que se identifica con la búsqueda de un acuerdo está encabezado por Ernesto Sanz, uno de los tres arquitectos de Cambiemos, junto al propio Macri y a Elisa Carrió.</p>
<p><b>En efecto, Sanz, que aparece cada vez más cerca del Presidente en su calidad de asesor, pone sus fichas a un acuerdo histórico de dimensiones épicas</b>. Esta opción debe aún dilucidar qué hará cuando el peronismo intente poner sobre la mesa del acuerdo la indemnidad judicial de algunos de sus capitostes, más aún con la figura de Carrió, que seguramente desea, en el fondo de sus ideales, ver presos a Cristina Kirchner, a Julio de Vido, a Aníbal Fernández, a Amado Boudou y todos los integrantes de la pandilla que ocupó el Estado hasta el 10 de diciembre.</p>
<p>Las opiniones en el mundo económico y empresario respecto del segmento mágico del segundo semestre están divididas. La mayoría se inclina a pensar que efectivamente se detendrá el alza furibunda de los precios, pero que eso no alcanzará para llegar a la meta anual del 25 por ciento. También coinciden en que comenzarán a conocerse inversiones concretas, especialmente en el sector agroindustrial, pero que eso no tendrá un efecto espectacular ni en el consumo ni en el empleo.</p>
<p>Resulta francamente increíble que las fuerzas políticas no tengan la grandeza necesaria y, al contrario, se rijan por las mezquindades que siempre las caracterizaron. Pero eso es lo que hay. Y con eso tendrá que manejarse el Presidente, la sociedad y la comunidad inversora.</p>
<p>Quizás un poco más de magnanimidad de parte de esta última podría producir un punto de inflexión en esta ecuación que comentamos: si los hombres de negocios hicieran un acto de fe que fuera más allá de los algoritmos que guían sus decisiones, tal vez el experimento de cambio podría tener una chance en la Argentina. Aunque es justo reconocer que en el círculo vicioso entre una clase empresaria prebendaria y un Estado interventor y estafador no puede establecerse dónde está el origen y dónde el final, dónde está la causa y dónde la consecuencia.</p>
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		<title>Los agentes económicos necesitan un programa</title>
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		<pubDate>Tue, 10 May 2016 03:00:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[gobierno]]></category>
		<category><![CDATA[Inversiones]]></category>
		<category><![CDATA[Plan económico]]></category>

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		<description><![CDATA[Gran parte de las apariciones públicas de los principales funcionarios del Gobierno —en especial del Presidente, de Marcos Peña y del ministro del Interior, Rogelio Frigerio— siguen basándose en una carga positiva (es muy evidente en Frigerio, desde el tono y la fuerza que le pone a sus palabras hasta la convicción que trasmite… Es... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2016/05/10/los-agentes-economicos-necesitan-un-programa/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Gran parte de las apariciones públicas de los principales funcionarios del Gobierno —en especial del Presidente, de Marcos Peña y del ministro del Interior, Rogelio Frigerio— siguen basándose en una carga positiva (es muy evidente en Frigerio, desde el tono y la fuerza que le pone a sus palabras hasta la convicción que trasmite… Es realmente encomiable) crucial acerca de que estamos en el buen camino y que todo va a mejorar en el segundo semestre y que, a partir de entonces, la Argentina —ellos no tienen ninguna duda al respecto— se encaminará a un ciclo positivo de crecimiento, inversiones y mejoramiento de los niveles de vida de todos.</p>
<p>Una vez más: desde el tono hasta la convicción con la que se expresan son realmente valorables. Uno tiene ganas de creerles. Necesidad de creerles. La verdad es que se los ve sinceros, con buena fe. Repito, Frigerio hasta llega al punto de dejarnos convencidos, porque le pone unas ganas a sus palabras que cuesta no creerle.</p>
<p>Pero nosotros somos una cosa y otros muchachos son otra cosa. Nosotros tenemos hasta ganas de creerles, porque ya nos embocaron tantas veces que queremos que una vez nos digan la verdad. <b>Pero la gente de la que depende que se generen los empleos y las condiciones para que la pobreza descienda, el nivel de vida aumente, las villas vayan desapareciendo, todos tengan agua corriente, cloacas y asfalto en la puerta de su casa, no se convencen sólo con un tono firme y unas ganas desbordantes. Necesitan evidencias.</b><b> </b>Y las evidencias deben surgir de un programa, de un programa coordinado, pensado y estructurado para producir un shock de inversiones que mate los microbios de la miseria.<span id="more-1357"></span><b></b></p>
<p>Ese programa falta. No se ha desplegado un camino con mojones claros, herramientas concretas y metas intermedias específicas para que esa gente vea un despliegue homogéneo hacia la concreción de la meta final. Ese objetivo está claro. Es más, es superambicioso para un único período presidencial. En efecto, es muy difícil, por no decir imposible, conseguir sacar al 30% de los argentinos que está en la pobreza de esa condición en tres años y medio.</p>
<p>Pero, en todo caso, es mejor ponerse una meta con una vara bien alta para obligarse al esfuerzo. Eso no es lo que está mal. <b>Lo que está mal es la falta de un plan diseñado de modo completo, abarcativo y homogéneo para que los agentes económicos tengan una noción acabada del camino y de los jalones intermedios para que puedan contrastar contra algo el calce de sus inversiones</b>. Si sólo tienen palabras, por más carga de énfasis con la que vengan acompañadas, no será suficiente para hacerles meter la mano en el bolsillo.</p>
<p>Es entendible que los argentinos tengamos algunos reparos con la idea de un programa económico, porque tantas veces nos embocaron con eso que nuestra incredulidad está justificada. Pero, paradójicamente, ese programa no estaría diseñado en principio para convencernos a nosotros, sino para decidir la acción concreta de los actores económicos que pueden cambiar la ecuación del crecimiento.</p>
<p>Es más, es posible que para nosotros sean más importantes las palabras y los gestos de optimismo y convicción que ciertos hechos. Al menos por un tiempo. Luego es natural que nosotros también exijamos hechos. Pero aquí no hablamos de nosotros. Aquí hablamos de los inversores locales y extranjeros que pueden dar vuelta el horizonte si las señales de un programa sólido y coherente los convencen.</p>
<p>El mundo está familiarizado con los programas. La chapucería kirchnerista nos acostumbró a la improvisación, al “después vemos”, a las medidas contradictorias, a las no reuniones de gabinete, a la ausencia de un rumbo. Pero ese no es el idioma que entienden los negocios. Y son los negocios los que nos van a sacar de la miseria. Es el único camino.</p>
<p>Lo que ocurre es que las cosas en la Argentina están tan dadas vuelta culturalmente que el que siquiera pronuncia la palabra “negocio” es sospechado de algo turbio. El propio término es hoy más un sinónimo de algo malo que de algo bueno. Pero que eso se haya instalado en la sociedad no quiere decir que el Gobierno no deba saber que para solucionar el marasmo con el que se encontró debe guiarse por la cultura del mundo, no por la cultura argentina. Ese aspecto idiosincrático debe tenerlo en cuenta para entrar en conexión con la sociedad. Pero para tratar y convencer a los agentes económicos que disponen del líquido que necesitamos debe usar la cultura que esos agentes entienden.</p>
<p>Hasta ahora lo que se ha anunciado son planes de inversión pública (el Plan Belgrano, el de la Provincia de Buenos Aires, etcétera). Pero lo que aquí dará la idea final de que vamos bien es cuando quiera venir Apple a hacer teléfonos o softwares para sus dispositivos; Siemens para instalar fábricas de microcircuitos; Benetton para poner doscientas tiendas; Bank of America a abrir trescientas sucursales; Alstom a crear equipamiento; Honda a fabricar autos; Disney a poner un parque de diversiones.</p>
<p>Y ninguno de estos muchachos va a venir escuchando la enjundia que Frigerio le pone a su convicción. Por supuesto que la alabarán. Pero no meterán la mano en el bolsillo. Enciérrense un mes en un cuarto, muchachos. Pero de ahí <strong>debe salir una agenda omnicomprensiva de todos los problemas que tenemos y un programa único para solucionarlos. Los problemas de la Argentina se arreglan con dinero. Hay que diseñar un plan —no un conjunto de palabras— que les haga poner ese dinero, convencida y entusiásticamente, a los que lo tienen, porque saben que si lo ponen, lo multiplicarán</strong>. Es la única manera.</p>
<p>Y a los de nosotros que no nos caiga en gracia que esa gente lo multiplique, pues quedemos con la miseria, entonces. Y con la boca cerrada, por cierto.</p>
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		<title>El miedo a Scioli</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Nov 2015 09:11:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Cambiemos]]></category>
		<category><![CDATA[cepo cambiario]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel Scioli]]></category>
		<category><![CDATA[Debate presidencial]]></category>
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		<category><![CDATA[Inversiones]]></category>
		<category><![CDATA[Mauricio Macri]]></category>
		<category><![CDATA[Seguridad jurídica]]></category>

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		<description><![CDATA[Finalmente ocurrió el debate presidencial entre Mauricio Macri y Daniel Scioli. Formalmente el experimento superó las expectativas. Fue mucho más entretenido que el debate de cinco candidatos antes del 25 de octubre (con la ausencia de Scioli) y hubo ingredientes picantes que muchos no esperaban. Daniel Scioli llegó con la misión de trasmitir el consabido... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2015/11/19/el-miedo-a-scioli/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Finalmente ocurrió el debate presidencial entre Mauricio Macri y Daniel Scioli. Formalmente el experimento superó las expectativas. Fue mucho más entretenido que el debate de cinco candidatos antes del 25 de octubre (con la ausencia de Scioli) y hubo ingredientes picantes que muchos no esperaban.</p>
<p>Daniel Scioli llegó con la misión de trasmitir el consabido miedo a Macri. En ese sentido, dio vueltas y vueltas alrededor del levantamiento del cepo, de los subsidios, de un eventual arreglo con los holdouts y de la devaluación.</p>
<p>El tiempo corto que había para responder dejó, entonces, una serie de preguntas y respuestas por hacer al candidato del Gobierno y del Frente para la Victoria.</p>
<p>En primer lugar, si como Daniel Scioli dice, un eventual Gobierno de Cambiemos implicará el fin del cepo (el gobernador hizo referencia a él usando incluso esa mismísima palabra), quiere decir que el cepo existe, pese a que su vigencia fue negada una y otra vez por todo el Gobierno desde la Presidente para abajo.</p>
<p>Aceptado entonces ese extremo, habría que haber preguntado cuántos países en el mundo aplican ese instrumento y por qué se cree que la Argentina puede utilizarlo sin sufrir consecuencias.<span id="more-1136"></span></p>
<p>Si Scioli dice que no va a hacer nada respecto de la situación del tipo de cambio, habría que haberle preguntado si él realmente cree que el valor de la divisa norteamericana es de $9,70. Y para el caso de que hubiera respondido que sí, habría que haber preguntado por qué entonces no le entregan dólares a ese precio a los cientos de importadores que tienen operaciones “pisadas” por valor de 8,5 mil millones de dólares y que no pueden pagar lo que compraron, lo que hace que la Argentina se aproxime por primera vez en su historia al default comercial, es decir, al que se produce por no pagar lo que se compra.</p>
<p>Cuando —fuera del debate— le preguntaron a Daniel Scioli cómo va a hacer entones para enfrentar los evidentes desequilibrios a los que la economía ha sido llevada como consecuencia de todos estos desaciertos, respondió diciendo que lo hará con mayores inversiones y con crecimiento.</p>
<p>La pregunta allí es por qué esas inversiones y ese crecimiento no se produjeron hasta ahora, cuando ya rigen los parámetros que él dice que no va a cambiar. En otras palabras, <b>¿por qué no hubo inversiones en estos cuatro últimos años en donde rigió el cepo que él defiende?, ¿por qué el país no creció?</b><b></b></p>
<p>La respuesta es muy sencilla: porque las inversiones vienen cuando se las retribuye con un valor del dólar real y no con un número dibujado. Es obvio que también se necesitan otros requisitos. Por ejemplo, el pequeñísimo detalle de la seguridad jurídica, es decir, aquel clima que le asegure al inversor quedar sujeto al Derecho y no a los caprichos espasmódicos de quienes gobiernan, que un día se levantan con una dosis aun mayor de populismo y expropian una empresa.</p>
<p>Otro costado inexplorado en el debate fue la cuestión de los subsidios. Si el gobernador afirma que va a mantenerlos, cabe concluir que asume que en su Gobierno una cantidad importante de argentinos no podrá generar recursos genuinos y propios para pagar los servicios y que, por lo tanto, el Estado deberá pagárselos por la vía de un retorcimiento financiero que nos llevó a la situación de déficit que hoy suma más de siete puntos del producto. ¿Cómo se compadece eso con una economía en crecimiento como la que augura el gobernador en una eventual gestión suya?</p>
<p>Por lo demás, habría que haber preguntado por la misteriosa situación que supone afirmar al mismo tiempo que el país vive una bonanza inédita (que con Macri lógicamente corre peligro) y que se necesita renovar todos los años la vigencia de la ley de emergencia económica. ¿Desde cuándo la bonanza económica y la emergencia económica pueden darse al mismo tiempo?</p>
<p>Todo esto sin ahondar demasiado en las inconsistencias del gobernador respecto de sus propias posturas pasadas, como, por ejemplo, el caso de YPF. Durante el debate circuló en Twitter una foto subida por María Eugenia Estenssoro, la hija del primer presidente de YPF luego de su privatización, en la que había una sugestiva dedicatoria. Allí se leía de puño y letra del hoy gobernador: “Estimada Ing. Estenssoro: Siento un gran orgullo por esta nueva YPF privatizada, máxima expresión de esta nueva Argentina. Con todo mi agradecimiento, Daniel Scioli”.</p>
<p><b>El miedo a Macri tiene una contracara, que es el miedo a Scioli</b>. Este se materializa en la expectativa de que la olla siga juntando presión por la falta de voluntad, la falta de competencia o la falta de un programa adecuado para aliviarla y, en un momento en que esas fuerzas se tornen indomables, todo estalle por los aires, como ya ha ocurrido otras veces en la Argentina, cuando la falta de una acción responsable a tiempo mantuvo artificialidades inviables que finalmente rompieron la vida de todos, cual Kalashnikovs disparadas a mansalva y sin control.</p>
<p>Estos costados del peligro que podría avecinarse si gana Scioli no fueron abordados en el debate, como así tampoco algo que Daniel Scioli le imputa a Macri: el haber cambiado de opinión.</p>
<p>Para futuros debates esta falta de oportunidad para el retruque deberá tenerse en cuenta. No sabemos si con lo expuesto ayer habrá quedado claro que el miedo no es unidireccional, sino que en tren de temer también pueden preverse cataclismos inasibles si gana Scioli. Pero, después de todo, el futuro no es para pusilánimes y la sociedad argentina deberá decidir si se cree apta para arreglar tantos disparates o si prefiere seguir autoengañada pensando que las consecuencias de las mentiras pueden ocultarse para siempre.</p>
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