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	<title>Carlos Mira &#187; Fidel</title>
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		<title>Navidades sin paz en la década ganada</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Dec 2014 09:48:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Cristina Kirchner]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La llegada de la Navidad produce un choque de imágenes con la Argentina de la década ganada.</strong> En primer lugar resalta la ausencia de un clima de paz en el país. Guerras sordas de poder que amenazan con enfrentar a la presidente con los jueces, en una escalada que, más que amenaza, es ya una realidad.</p>
<p>La increíble parábola del destino que viene a reunir, en el fin del ciclo kirchnerista, a un militar sospechado por su oscuro pasado en la dictadura y al sistema de inteligencia interna del país con el corazón de un gobierno que hizo del aparente enfrentamiento con esas estructuras un ariete de su poder.</p>
<p><strong>La Presidente tiene un carácter furioso, cargado de sarcasmos e indirectas; acideces que suben y bajan en una alquimia de tirrias que muchas veces no se explican y que otras muchas terminan por llevar al terreno público lo que son sus pasiones personales.</strong> La Sra de Kirchner ha embarcado al país en rumbos determinados, en la mayoría de las ocasiones, no por las conveniencias de los argentinos, sino por sus <strong>arrebatos y venganzas, que encuentran en el poderío del Estado las armas que no tendría si fuera una ciudadana común y corriente.</strong> La Presidente ha colonizado al Estado y a las instituciones con su carácter para usar su fuerza como herramienta de sus pasiones.<span id="more-747"></span></p>
<p>Esas pasiones deben unirse a las que tuvo su esposo -porque fue él quien inauguró este periodo de confrontaciones- para completar una década de roces, de conflictos inventados, de acusaciones, de divisiones artificiales, de trastocamiento de la Historia. <strong>La paz ha sido la gran ausente de la década gobernada por los Kirchner. </strong></p>
<p><strong>Tanto Néstor como Cristina han creído que es el conflicto el verdadero actor social; hay que inventarlo si no existe</strong>. La calma no puede ser la regla de una sociedad. Es la lucha de unos contra otros lo que encumbra al poder. Si unos y otros no tienen esa propensión al enfrentamiento, pues hay que estimularlos: el crecimiento de su poder personal y el copamiento del Estado depende de eso.</p>
<p>La antigüedad del  concepto “lucha de clases” -patéticamente demostrada por la reciente decisión de los EEUU y Cuba de reanudar relaciones diplomáticas, <strong>luego de que los niveles de vida en la isla cayeran por debajo de aquellos que tenía antes de la revolución de Fidel</strong>- ha sido desafiada en estos años de furia en la Argentina. Es más, la Presidente no tuvo mejor ocurrencia que glosar ese episodio de la diplomacia internacional con el increíble comentario “los yanquis tardaron 53 años en darle la razón a Fidel”. <strong>Resulta francamente sorprendente hasta dónde los más bajos instintos humanos pueden nublar el pensamiento de una persona</strong>. ¿Los Estados Unidos le han dado la razón a Fidel? El comentario de la Sra de Kirchner sería cómico si no fuera dolorosamente trágico. Ojalá que el mundo no piense que los argentinos compartimos esa supina ignorancia. Por suerte <strong>los primeros en saber quién le dio la razón a quién son los taxistas de La Habana que, luego del anunció, colgaron de sus taxis, movidos a pedal, la bandera norteamericana.</strong></p>
<p><a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/files/2014/12/taxi-cubano.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-748" alt="taxi cubano" src="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/files/2014/12/taxi-cubano.jpg" width="600" height="400" /></a></p>
<p>Esa ceguera ha sido el denominador común de estos años. <strong>Con esa venda en los ojos se ha gobernado a la Argentina, adueñándose de la idea de “pueblo”, como si solo el gobierno lo fuera, negando incluso el carácter de “argentino” a quien no pensara como ellos.</strong> La afectada voz de la locutora oficial de la cadena nacional presentando a la Sra de Kirchner como la presidente de los “40 millones de argentinos” suena como dramáticamente falsa frente a esa otra realidad que solo reconoce como nacional a los que están del lado del gobierno.</p>
<p>Los tiempos corren rápido en estos meses finales de los Kirchner. Son solo seis meses los que restan para la fecha en que las listas de candidatos a la presidencia deben cerrarse, quedan ocho a las PASO, diez a las elecciones y menos de un año de gobierno K. Sin embargo <strong>la presidente tiene iniciativas y ocurrencias que trasuntan un desfase con esa cronología implacable: ella actúa como si fuera a quedarse.</strong> Algo de ese comportamiento puede explicarse por la lógica peronista del poder, que tardaría menos de un minuto en detectar el perfume del final y menos de ese tiempo en correr a los brazos del sucesor. Y otra parte se explica por la necesidad de conservar algo de ese poder, ese algo imprescindible que se traduzca en sinónimo de tranquilidad judicial para cuando Cristina ya no se siente en el sillón de los presidentes.</p>
<p>En ese terreno se han ensayado mil combinaciones: ataques a jueces, modificación de leyes, cambios en la estructura de Inteligencia, encumbramiento de fiscales, ridículas votaciones a parlamentarios con fueros de un Parlamento que no existe, en fin, una batería de herramientas que torna el objetivo muy obvio, aunque trate de disimulárselo.</p>
<p>Algo parecido sucedió <strong>cuando algunos jueces federales comenzaron a investigar las fortunas de la Presidente y el origen de alguno de sus fondos: enseguida llovieron sobre ellos acusaciones “en espejo”,</strong> algo que hacen los chicos cuando la cara les vende su culpabilidad.</p>
<p>¿Cuánto hace que no vivimos en paz?, ¿cuántas Navidades han pasado al calor de una furia sin explicación, de un enfrentamiento tan estúpido como artificial?</p>
<p><strong>¿Será la de 2014 la última Navidad bajo el influjo de la rabia?,</strong> ¿será la de 2014 la última Navidad bajo el clima de la división?, ¿será la de 2014 la última Navidad bajo el imperio del insulto, del atropello y de los empellones?, ¿será la Navidad de 2015 la primera en muchos años en donde haya un solo país con muchas opiniones conviviendo pacíficamente y no una opinión con varios países enfrentados?, ¿será ésta la última Navidad de la altisonancia, de la soberbia, de la ignorancia, del insulto y de la demagogia populista? Dios quiera que el deseo de la mayoría de los argentinos nos traiga finalmente una Navidad en paz.</p>
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		<title>¿Están contentos ahora, muchachos?</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Jan 2014 09:35:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Quizás este fin de semana haya sido el que más gráficamente sirvió para mostrar <strong>los resultados prácticos del modelo</strong>; para ver, en definitiva, de qué sirvieron los años de gobierno de los<strong> Kirchner. </strong></p>
<p>En efecto mientras la sociedad veía como se le escurrían sus ahorros y el fruto de su trabajo por entre los dedos, y mientras los que menos tienen pensaban cómo sobrevivirían a la <strong>esperable crisis de ingresos y de actividad,</strong> una parte de los funcionarios del Estado encabezados -obviamente- por la propia Presidente y su hija, <strong>descansaban en La Habana haciendo turismo</strong> por la ciudad vieja y disfrutando al sol con la vista en el Caribe.</p>
<p>Así se describió el primer día en la <strong>isla de los Castro </strong>de la comitiva argentina, la única que ha llegado con cuatro días de antelación al comienzo de la reunión de la<strong> Cumbre de la Comunidad de Estados de Latinoamerica y el Caribe</strong> (Celac).</p>
<p>Dicen que la Presidente no salió de su habitación y que estuvo en permanente contacto con sus funcionarios en Buenos Aires. Pero no importa. Lo que sí importa es que quienes deben estar al servicio de la gente, descansaban en el agradable clima del trópico, mientras en la Argentina la gente -que es la importante en esta ecuación- trataba de figurarse cómo iba a hacer para cumplir con sus pagos, con los útiles de los chicos, con el colegio, con los impuestos, con el supermercado…</p>
<p><span id="more-350"></span>Ninguna de esas incomodidades afectan seguramente al gobernador <strong>Sergio Urribarri</strong>, que se dedicaba a <strong>correr por el Malecón</strong> para mantener su estado físico. Ni para el canciller <strong>Héctor Timerman</strong>, que disfrutaba de una tarde de sol en los jardines del <strong>hotel El Nacional</strong>, cuidado por los agentes cubanos.</p>
<p>Este es el resumen de las <strong>consecuencias reales del modelo “nacional y popular”</strong>: el encumbramiento de una casta privilegiada que disfruta de los viajes y de los placeres solaces de la vida mientras la gente se ve en figurillas para sostener su vida, rodeada de amenazas, incertidumbre, crimen, <strong>devaluación</strong>, y, muy probablemente, acechanzas a su trabajo.</p>
<p>A ninguno de aquellos funcionarios le asaltó siquiera la idea del decoro. Frente al desbarajuste de las últimas 48 horas nadie tuvo la delicadeza de decir: “Mirá, sería mejor suspender nuestro descansito de fin de semana en el Caribe, aunque más no sea para no ser tan guasos…” No. ¡Qué va! ¡Allá vamos! A tomar el sol, mientras estos boludos sacan cuentas sobre cómo llegar a fin de mes…</p>
<p>¿Cuánta responsabilidad le cabe por esto a la propia sociedad que fue llamada a votar 6 veces en los últimos once años?; ¿cuántos intentaron abrirle los ojos a esos argentinos sedientos de furia que canalizaron su bronca votando a un conjunto de bravucones oportunistas?</p>
<p><strong>La década relatada</strong></p>
<p>Ya es tarde ahora. Aquellas palabras de advertencia ya no sirven para nada. <strong>El daño está hecho</strong>. Los argentinos se enfrentan a una ola de <strong>pobreza, aislamiento y escasez</strong> que se podría haber evitado si no fuera porque <strong>su rencor fue más grande</strong> que pensar en sus propias conveniencias. Fue tan fuerte el deseo de manifestarse contra un perfil que creían que los había defraudado que no se detuvieron a ver en manos de quién depositaban su confianza.</p>
<p>Giraron 180 grados y encumbraron al Estado al altar de la idolatría. Era tal su ceguera que no advirtieron que<strong> el Estado</strong> no existe, que no es más que una <strong>simulación ideal para ser colonizada por un conjunto de vivos</strong>.</p>
<p>Ahora enormes franjas de la sociedad vivirán otra frustración. ¿No era que el Estado venía a protegernos?, ¿no era que usted, Cristina, nos pondría a salvo de la pobreza y de la escasez?</p>
<p>La<strong> década relatada</strong> ha alcanzado el récord de presión impositiva en la Argentina. Nadie en la región latinoamericana se nos acerca. Ni siquiera Venezuela. A cambio no recibimos nada; ni educación, ni seguridad, ni salud pública, ni un manejo responsable de las cuentas públicas del que depende nuestro nivel de vida. A cambio sólo tenemos a funcionarios descansando en el Caribe de Fidel.</p>
<p>Las medidas del gobierno tomadas entre el miércoles y el viernes empobrecieron de un plumazo a toda la Argentina. En la orfandad de un programa económico equilibrado encarnado por funcionarios responsables, serios y creíbles, la devaluación del peso es la <strong>confesión del fracaso</strong> de una presidente que le aseguró a la sociedad que “los que especulan con una devaluación, tendrían que esperar otro gobierno”</p>
<p>El nivel de desorientación, contradicciones y amateurismo que se ha demostrado, alarma. Por darse el gusto con sus caprichitos ideológicos la señora de Kirchner le ha entregado el manejo de la economía a un <strong>aprendiz de brujo</strong>, soberbio y prepotente, que no distingue, en el mundo de la economía real, un tornillo de una pipa.</p>
<p>Durante estas horas, incluso, ha circulado un “paper” escrito en 2006 por el ministro en colaboración con <strong>Augusto Costa</strong> y <strong>Cecilia Nahon</strong>, en donde criticaban duramente a los que habían sugerido, en el final del gobierno radical, la caída de la Convertibilidad a los designios de especuladores locales y externos. En ese escrito, <strong>Kicillof y sus adláteres</strong> sostenían que esas consecuencias en la economía suceden por distorsiones que explica la propia economía, no por historias de conspiraciones esotéricas.</p>
<p><strong>&#8220;Cipayos&#8221;, &#8220;gorilas&#8221;, &#8220;neoliberales&#8221;&#8230;</strong></p>
<p>¿Qué ha pasado, Kicillof?, ¿el esoterismo es bueno solamente cuando a usted le conviene?, ¿o quizás ahora nos enteremos también de que no era tan brillante como sus aplaudidores decían, sino apenas un nuevo hipócrita de las excusas?</p>
<p>Resulta francamente desolador intuir el drama de aquel <strong>54% de los votos</strong>, pensando que ya ni siquiera les sirve el arrepentimiento. Pero es aun más dramático comprobar que las consecuencias de un desquicio no afectan sólo a los que lo respaldaron. En ese caso al menos habría mayor capacidad de aprendizaje y más justicia cósmica. Pero no. Ahora las consecuencias de aquella altanería deberemos pagarla también los que advertimos que todo esto era lo que iba a ocurrir.</p>
<p>Ningún adjetivo se ha escamoteado para esa gente. Se les ha dicho de todo: <strong>cipayos, gorilas, neoliberales</strong> (en el sentido ofensivo que el “progresismo” (¿qué progresismo?) le da a ese término, por otra parte inexistente en términos de corriente filosófica o económica. Pero los oídos sordos del populismo mágico creyeron que era efectivamente posible elevar a una casta de personas a un escalón desigual de la sociedad para que desde allí nos proveyeran la felicidad en bandeja. La insolencia de creer en esa estupidez nos llevó al presente aquelarre.</p>
<p>La Presidente tenía una sonrisa de oreja a oreja cuando llegó al aeropuerto de La Habana. Detrás de su nueva cara y de sus anteojos negros se adivinaba lo poco que le importa la suerte de la gente cuando ella se interpone como un obstáculo en el camino de ver realizados sus caprichos.</p>
<p>En estos casos se suele decir que la Historia colocará en el lugar que finalmente le corresponde a cada uno. Pero, ¿saben qué?: eso no alcanza. Estar consciente del <strong>enorme desperdicio</strong> que se produjo en la Argentina; verificar la alegría con la que se tiró por la borda una oportunidad inmejorable, no puede ser compensada por aquellos ajustes de la Historia: a veces resulta difícil que los renglones de los libros, trasmitan la exacta dimensión del drama de la pobreza, el desasosiego de la inseguridad y el pecado del aislamiento.</p>
<p>¿Están satisfechos ahora, muchachos? Es verdad que las políticas que muchos de ustedes respaldaron hundieron a muchos de los que ustedes odian. Pero es muy triste comprobar que ese sea el único consuelo que tienen al drama que ustedes mismos viven.</p>
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