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	<title>Carlos Mira &#187; Ernesto Sanz</title>
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		<title>Entre el acuerdo y la fortaleza</title>
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		<pubDate>Tue, 24 May 2016 09:34:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La buena fe ejercida en la política argentina debe siempre pasar por el filtro del peronismo. ¿Qué quiere decir eso? Pues que cualquier iniciativa bienintencionada no puede dejar de lado la posibilidad de que el peronismo haga una explotación malintencionada de ella. Desde que el Presidente anunció el arte del acuerdo en su discurso de... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2016/05/24/entre-el-acuerdo-y-la-fortaleza/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La buena fe ejercida en la política argentina debe siempre pasar por el filtro del peronismo. ¿Qué quiere decir eso? Pues que cualquier iniciativa bienintencionada no puede dejar de lado la posibilidad de que el peronismo haga una explotación malintencionada de ella.</p>
<p>Desde que el Presidente anunció el arte del acuerdo en su discurso de inauguración frente a la Asamblea Legislativa hasta el veto a la ley que impide los despidos por 180 días, ha habido múltiples momentos en que cualquier observador externo podría haber encontrado motivos para ejercer el arte del acuerdo, sin embargo, esa situación sólo se materializó en la votación para cerrar el tema de los holdouts. En todo lo demás, el Presidente debió manejarse por decreto de necesidad y urgencia o por decisiones administrativas que, si bien estaba en todo su derecho a tomar, porque él es el jefe justamente de la administración, hubiera sido no solamente saludable sino también muy conveniente y maduro haber mostrado un acuerdo.</p>
<p>No obstante, esas inocentadas tienen en el peronismo un límite infranqueable. El peronismo es ladino, anda siempre con el puñal abajo del poncho y no pierde ocasión para especular con el asalto al poder.<span id="more-1375"></span></p>
<p><b>Lo que ocurre hoy es que hay al menos seis peronismos diferentes</b>. Uno es el oficial, el que representan José Luis Gioja y Daniel Scioli, casi un sello de goma sobando aún las medias en desuso de Cristina Elisabet Fernández, con declaraciones que sólo pueden salir del que guarda el resentimiento de la derrota.</p>
<p>Otro es el peronismo de Sergio Massa, que oscila entre la civilización y la traición, conforme le indican sus múltiples asesores. Más allá aparece el peronismo de los gobernadores, ese mismo que influye en las decisiones de los senadores y que integran Miguel Ángel Pichetto, Juan Manuel Urtubey y varios de los intendentes de Buenos Aires. Luego, aparece el peronismo sindical, que ni siquiera sabe lo que quiere fuera de lo que siempre fue su leitmotiv: oponerse a todo y hacer un poco de quilombo. Y, por último, el cristinismo decadente, cuyo único horizonte es el caos y su único plan es el helicóptero.</p>
<p><b>Mauricio Macri se debate entre dar señales de fortaleza —como la del veto— o emprender un programa que se parezca a la Moncloa española</b>. No faltan, frente a esta última posibilidad, quienes adviertan que una empresa semejante le daría al peronismo la posibilidad de unificarse, de dejar de estar seccionado en seis barrios que se pelean entre sí para pasar a conformar un bloque único, negociador de esa Moncloa y, por ende, más fuerte y más peronista.</p>
<p>El Gobierno tiene un problema adicional cuando quiere ensayar lo que el Presidente llamó “el arte del acuerdo”: no tiene muy claro con quién hablar. <b>La dispersión peronista es su mejor y su peor noticia: mientras estén separados son más débiles, pero mientras no estén juntos no se podrá celebrar un acuerdo civilizado y duradero que dé señales adultas a la comunidad inversora</b>.</p>
<p>No hay dudas de que para la opción que alienta Jaime Durán Barba —la de gobernar con lo propio buscando el consenso directo de la gente antes que el del peronismo— la suerte económica del país es crucial. Si el Gobierno lograra poner en caja la inflación, mostrar algunas inversiones concretadas y confirmar que no existe ni una ola ni un clima de despidos, es indudable que necesitará menos del peronismo, que, al contrario, deberá someterse a la voz soberana del respaldo popular. Es más, si ese respaldo no continuara existiendo, como de hecho existe (casi el 60% de los argentinos apoya la gestión de Macri), las poleas del plan helicóptero se hubieran puesto a funcionar más rápido (Eso no quiere decir que algunos, como lo han confesado extremos tan diferentes como el Chino Navarro y Ricardo Forster, no quieran forzar la realidad para que el desenlace del plan helicóptero se materialice).</p>
<p>Por eso, conociendo la naturaleza del peronismo, no resultaría descabellado pensar que una de las tácticas que podría poner en práctica sería entorpecer toda iniciativa, cuyo probable resultado sea el éxito económico del Gobierno, aun cuando el fracaso en términos de inflación, empleo, inversiones y consumo vaya en directo perjuicio de las personas que el peronismo dice defender y representar.</p>
<p>El otro sector del Gobierno que se identifica con la búsqueda de un acuerdo está encabezado por Ernesto Sanz, uno de los tres arquitectos de Cambiemos, junto al propio Macri y a Elisa Carrió.</p>
<p><b>En efecto, Sanz, que aparece cada vez más cerca del Presidente en su calidad de asesor, pone sus fichas a un acuerdo histórico de dimensiones épicas</b>. Esta opción debe aún dilucidar qué hará cuando el peronismo intente poner sobre la mesa del acuerdo la indemnidad judicial de algunos de sus capitostes, más aún con la figura de Carrió, que seguramente desea, en el fondo de sus ideales, ver presos a Cristina Kirchner, a Julio de Vido, a Aníbal Fernández, a Amado Boudou y todos los integrantes de la pandilla que ocupó el Estado hasta el 10 de diciembre.</p>
<p>Las opiniones en el mundo económico y empresario respecto del segmento mágico del segundo semestre están divididas. La mayoría se inclina a pensar que efectivamente se detendrá el alza furibunda de los precios, pero que eso no alcanzará para llegar a la meta anual del 25 por ciento. También coinciden en que comenzarán a conocerse inversiones concretas, especialmente en el sector agroindustrial, pero que eso no tendrá un efecto espectacular ni en el consumo ni en el empleo.</p>
<p>Resulta francamente increíble que las fuerzas políticas no tengan la grandeza necesaria y, al contrario, se rijan por las mezquindades que siempre las caracterizaron. Pero eso es lo que hay. Y con eso tendrá que manejarse el Presidente, la sociedad y la comunidad inversora.</p>
<p>Quizás un poco más de magnanimidad de parte de esta última podría producir un punto de inflexión en esta ecuación que comentamos: si los hombres de negocios hicieran un acto de fe que fuera más allá de los algoritmos que guían sus decisiones, tal vez el experimento de cambio podría tener una chance en la Argentina. Aunque es justo reconocer que en el círculo vicioso entre una clase empresaria prebendaria y un Estado interventor y estafador no puede establecerse dónde está el origen y dónde el final, dónde está la causa y dónde la consecuencia.</p>
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		<title>Un acierto de Macri</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Oct 2015 13:13:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Cambiemos]]></category>
		<category><![CDATA[Corte Suprema de Justicia]]></category>
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		<description><![CDATA[Luego del debate en la Facultad de Derecho, fueron numerosas las críticas por este primer ensayo que para muchos resultó insustancioso y hasta aburrido. En gran medida porque algunos de los temas planteados no tuvieron respuesta. Sin embargo, en los días posteriores y respecto de uno de esos temas, Mauricio Macri tuvo un acierto destacable.... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2015/10/12/un-acierto-de-macri/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Luego del debate en la Facultad de Derecho, fueron numerosas las críticas por este primer ensayo que para muchos resultó insustancioso y hasta aburrido. En gran medida porque algunos de los temas planteados no tuvieron respuesta.</p>
<p>Sin embargo, en los días posteriores y respecto de uno de esos temas, Mauricio Macri tuvo un acierto destacable. Me refiero a la integración de la Corte Suprema de Justicia y al nombramiento de los jueces para los sillones vacantes.</p>
<p>El candidato de Cambiemos, luego de conversar el tema con su equipo de justicia liderado por Ernesto Sanz, en un reportaje propuso a dos constitucionalistas para esos lugares.</p>
<p>Macri explicó que la Corte es el último escalón de defensa de la <i>Constitución</i>, de los derechos civiles y de las garantías individuales de los ciudadanos. Allí <strong>debe haber especialistas en la materia, porque nadie mejor que ellos para cancelar la aplicación de leyes, decretos o resoluciones que violen su letra o su espíritu. Así se podrá anteponer la supremacía de la ley fundamental y del derecho individual por sobre las pretensiones del poder y del Estado</strong>.</p>
<p>En efecto, si uno se pone a pensar cómo está integrada actualmente la Corte (y en general cómo históricamente se integró), nota que los constitucionalistas son una minoría (o directamente una incomprensible ausencia).<span id="more-1079"></span></p>
<p>Veamos lo de hoy, con los jueces que han quedado: Ricardo Lorenzetti, un civilista positivista, fruto de la teoría pura del derecho de Hans Kelsen; Juan Carlos Maqueda, más que nada, un político peronista; Elena Highton de Nolasco, civilista y Carlos Fayt, un cientista político.</p>
<p>Ni hablar de los que fallecieron o se retiraron: Eugenio Zaffaroni, zafador de presos, Carmen Argibay, también penalista (aunque, hay que decirlo, una jueza que falló con la <i>Constitución</i> aun cuando a priori eso fuera contradictorio con sus convicciones) y Enrique Petracchi, un abogado especialista en derecho comparado por la Tulane University de New Orleans. Como se ve, de la especialización en la <i>Constitución </i>ni rastro. Parece mentira, pero así es.</p>
<p>Quien también se expidió sobre el punto fue Sergio Massa, pero claramente la elección del renovador pareció más dirigida a usufructuar un aprovechamiento político electoral que a constituir una corte que tenga en el centro de la escena a la defensa de la <i>Constitución</i> y a los derechos de los ciudadanos por sobre los intereses del poder. En ese sentido, el ex intendente de Tigre se despachó con el nombre de Margarita Stolbizer, que, claramente, es una buena persona y una muy honesta candidata, pero que obviamente no está a la altura de ser parte integrante de la Corte. Aunque es abogada, Margarita no es especialista en la<i> Constitución</i> y no tiene antecedentes de peso en el ejercicio del derecho que le aseguren al ciudadano que con ella allí el poder tendrá menos chances y no más de invadir la privacidad de la vida y la soberanía individual.</p>
<p>Está claro que <b>quien hoy marcha tercero en las encuestas quiso arrimar a su molino a los votantes de Progresistas</b>, el nombre de fantasía con que Stolbizer se presenta a las elecciones, en este tiempo de no partidos.</p>
<p>La Argentina tiene constitucionalistas de nota como Gregorio Badeni o Daniel Sabsay, por ejemplo, que se han cansado de marcar el alejamiento pertinaz que el orden jurídico del país viene teniendo con su <i>Constitución</i>. Mientras, su órgano-custodio número uno está presidido por un hombre cuya obra cumbre —la modificación del <i>Código Civil y Comercial—</i> es una muestra de un espíritu contrario al de 1853, consistente en confiar en el protagonismo del individuo y no del Estado, algo bien diferente a lo que surge del nuevo código de Lorenzetti.</p>
<p>Sería de la mayor importancia que las vacantes de la Corte las ocuparan especialistas en la Carta Magna. Y si alguien, en la seguridad de que allí habrá jueces apegados al espíritu constitucional, se animara a empezar a presentar demandas de inconstitucionalidad contra las toneladas de reglamentaciones que restringen las libertades de los argentinos, la mayor tarea de esos nuevos magistrados será, antes que nada, una tarea derogatoria. Una actividad que deshaga el enjambre legislativo de décadas y décadas de inconstitucionalidad, toleradas por un espíritu blando y explicable sólo por la presencia de una cultura permisiva con el poder y masoquista para con los derechos civiles y las libertades propias.</p>
<p><b>La Argentina debe volver a tener una Corte defensora de la constitucionalidad de las leyes</b>. Este sistema hipócrita y contradictorio no puede sostenerse más. Las leyes no pueden ser constitucionales e inconstitucionales al mismo tiempo. Esta permisividad con lo que está mal debe acabar. Y es la Corte la que tiene la tarea de acabarlo. Pero para eso sus integrantes deben haberse formado en el espíritu original de la ley fundamental y no provenir de otras especialidades más proclives a darle prioridad a la positividad del derecho que a su naturaleza.</p>
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		<title>Unas PASO singulares y contradictorias</title>
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		<pubDate>Sun, 09 Aug 2015 15:24:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las elecciones PASO que hoy se llevan a cabo en todo el país han concitado, obviamente el interés de todos. Se trata del primer eslabón en la carrera hacia la Presidencia. Y como no podía ser de otra manera, el evento está rodeado de las infaltables curiosidades argentinas, que muchas veces tiñen de modo particular... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2015/08/09/unas-paso-singulares-y-contradictorias/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Las elecciones PASO que hoy se llevan a cabo en todo el país han concitado, obviamente el interés de todos. Se trata del primer eslabón en la carrera hacia la Presidencia. Y como no podía ser de otra manera, el evento está rodeado de las infaltables curiosidades argentinas, que muchas veces tiñen de modo particular lo que serían los compromisos electorales equivalentes en otros países.</p>
<p>En efecto, a este turno de votación se lo llama “primarias” (nombre tomado a todas luces de la tradición americana de las “primaries”), dando la impresión, para el que no lo sabe (un extranjero, por ejemplo), de que los partidos eligen sus candidatos internamente. Pero la singularidad argentina ha inventado otra cosa.</p>
<p><b>Aquí hay partidos que no dirimen nada, que no eligen candidatos, que no resuelven, en suma, ninguna interna, ninguna primaria, sencillamente porque concurren a la elección con un solo candidato. En honor a la verdad esos partidos no deberían participar de las PASO</b>. Si quieren movilizar a todos los ciudadanos para que dediquen un domingo de su vida a ir a elegir candidatos obligatoriamente, de partidos que no son los suyos, por lo menos que los hagan ir para seleccionar entre más de una alternativa. De lo contario, el ciudadano no está votando en una interna, sino en una externa.<span id="more-989"></span></p>
<p>Las primarias argentinas son engañosas, como muchas otras partes de nuestro sistema electoral, el ballotage, por caso. ¿A quién se le ocurrió inventar la alambicada fórmula del 45 % de los votos o 40 % más 10 % de diferencia para producir un ganador directo en primera vuelta? Se trata de una treta, de una agachada política para entregarle el poder a una minoría. Los sistemas de segunda vuelta se han pensado, justamente, para que el candidato finalmente elegido esté respaldado por una mayoría social importante. Pero, de nuevo, la originalidad argentina inventó este embuste para que alguien, que no tuvo ese peso decisivo, se haga del poder igual. Todo este zafarrancho se lo debemos a Carlos Menem, a Raúl Alfonsín y a la desafortunada reforma constitucional de 1994.</p>
<p>Pero volvamos a las PASO que es lo que se vota hoy. Vayamos casi por el orden de su sigla. Se dice que esta votación es abierta, porque justamente convoca a todo el mundo, no a los afiliados a un partido. Si bien la idea puede ser interesante, es la combinación con su simultaneidad lo que la torna incoherente.</p>
<p>Para que realmente los ciudadanos pudieran participar abiertamente de las primarias de los partidos, aquellos deberían poder votar tantas veces como partidos se presenten en las PASO, porque <b>si todas las primarias se llevan a cabo el mismo día, el ciudadano está obligado a participar en la interna de un solo partido y no en la de los demás, con lo cual el carácter abierto del llamado empieza a estar en dudas</b>.</p>
<p>El otro elemento del combo es que las PASO son obligatorias. Eso las transforma en un comicio público controlado por la Justicia Electoral y sujeto a las condiciones y las características normales de una elección general, saliendo del ámbito privado de los partidos y de las agrupaciones políticas que necesitan convocar a la gente para decidir sus candidatos.</p>
<p>En otros países las primarias son una etapa, digamos así, privada del camino electoral. Están a cargo de los partidos y son controladas por ellos. También, al ser voluntarias y celebradas en fechas diferentes, generalmente convocan a los seguidores de esos partidos. Está claro que también son abiertas y el hecho de realizarse en jornadas distintas facilita que los ciudadanos que participaron en una también puedan participar en la otra, conformando así una verdadera elección interna.</p>
<p>Por eso, en el futuro sería interesante revisar este procedimiento para adecuarlo más a la realidad de las cosas y a no trasmitir una imagen engañosa de algo que no es.</p>
<p>En cuanto a la previa de las PASO, la Argentina siguió sin poder celebrar ningún debate. Aquellos que se reclamaron no fueron para enfrentar a candidatos de un mismo espacio, sino entre los candidatos que las encuestas ya presumen serán los finalistas de las elecciones generales. <b>Aquí no se pidió un debate entre Mauricio Macri, Ernesto Sanz y Elisa Carrió o entre Sergio Massa y José Manuel De la Sota o entre Nicolás Del Caño y Jorge Altamira. Aquí se pedía que debatieran Macri, Daniel Scioli y Massa, sin advertir que esta es una elección hacia el interior de los partidos y no hacia el exterior. Otra deformación típicamente nacional</b>.</p>
<p>El jueves pasado, en la ciudad norteamericana de Cleveland, Ohio, diez precandidatos republicanos a la Presidencia de los Estados Unidos se presentaron ante la televisión (el evento fue trasmitido por la cadena Fox News) para discutir sus puntos de vista respecto de distintos problemas de la política norteamericana a ser encarados por el sucesor de Barack Obama.</p>
<p>Lo primero que saltaba a la vista para un observador imparcial eran las profundas diferencias de enfoque que existían entre ellos en los temas más variados, desde la política inmigratoria hasta la participación militar en el exterior, pasando por el permiso al Gobierno federal para acceder a comunicaciones telefónicas de aquellos sospechados de terrorismo, hasta el sistema de salud.</p>
<p>Pero ninguno renunció a su filiación republicana. Todos (excepto Donald Trump, que no quiso expedirse tajantemente sobre el tema) adelantaron que, por supuesto, endosarían al candidato triunfante en las primarias.</p>
<p>Aquí, en la Argentina, la más mínima desviación produce una escisión, una fractura, la creación de una fuerza o de un frente nuevo. Todo el mundo quiere ser el cacique de su propio purismo, donde no haya disidencias y donde todos se amolden a la dirección de un mandamás. Eso también deberíamos ir pensando en terminarlo.</p>
<p>En algún momento los mitos urbanos decían que el ancho de la frente de cada uno era una señal de su inteligencia. Está claro que eso es una pavada. Pero si fuera cierto veríamos empezar a tener más “frente” y menos “frentes”. <b>Es hora de que el país vuelva a la inteligente organización de partidos clásicos, definidos, con vertientes y sectores internos, incluso con diferencias apreciables</b>, pero con la capacidad de cohesión suficiente como para permanecer bajo un mismo techo político sin fracturas ni divisiones.</p>
<p>Para solucionar esas diferencias sí deberían existir unas primarias, abiertas, voluntarias y celebradas en fechas diferentes para que el pueblo los ayude a elegir sus líderes. Casi, casi al revés de lo que sucederá hoy.</p>
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		<title>Lecciones de las elecciones</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Jul 2015 03:00:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Luego de las elecciones de ayer en varios distritos del país, pueden sacarse varias conclusiones interesantes.</p>
<p>En Córdoba, por ejemplo, llamó la atención cómo el candidato Juan Schiaretti se proclamaba ganador con el 1,30 % de las mesas escrutadas y cómo la mayoría de los candidatos a presidente y la señora de Kirchner se apuraban a llamarlo para felicitarlo, como si su caudal de votos fuera una especie de tesoro político nacional que pudiera llevarse el que llegara primero con la felicitación.</p>
<p>En comparativa, dicho sea de paso, hubo un contraste notable entre el sistema de boleta impresa y el de boleta electrónica: <strong>mientras en la capital a las 9 de la noche todo estaba terminado, en Córdoba casi ni había empezado.</strong></p>
<p>Los temores que parte de los porteños y parte del país habían demostrado con la operación de las máquinas impresoras se diluyó en menos de una hora, cuando quienes votaban se convencían de la simpleza y la rapidez del funcionamiento. Si uno lo piensa retrospectivamente, resulta hasta medio patético el miedo que se le tenía a la máquina.<span id="more-932"></span></p>
<p><strong>Otra curiosidad ocurrió en La Rioja, en donde el kirchnerismo festejaba junto a lo más rancio del menemismo noventista. Allí, Scioli se abrazaba con los laderos de Menem, al tiempo que se llenaba la boca hablando de Zannini: La <i>Biblia</i> y el calefón.</strong></p>
<p>La contracara, claro está, de aquello a lo que la oposición empezaba a dar lugar a partir de hoy en la ciudad de Buenos Aires, con vistas a las elecciones nacionales de presidente.</p>
<p>En ese ruedo, Maurico Macri, Enresto Sanz y Elisa Carrió cerraron un acuerdo general para competir en un mismo espacio -Cambiemos- en las elecciones primarias. Pero Sanz y Carrió sostienen a Losteau en la capital. Una verdadera paradoja.</p>
<p>Macri deberá gastar parte de su esfuerzo presidencial en una segunda vuelta porteña para sostener a su candidato Rodríguez Larreta, porque, obviamente, si perdiera la jefatura de gobierno, le provocaría una debacle a nivel nacional. A su vez, Losteau, ganando o perdiendo la ciudad, debería votar a Macri para presidente si el actual jefe de gobierno triunfara en la interna de Cambiemos y el hoy candidato de ECO obedeciera políticamente a los jefes de los partidos mayoritarios que conforman su sector.</p>
<p>Losteau ha dicho, cuando veladamente se le criticó no bajarse de la segunda vuelta, que ECO “no tiene jefes”. Y es muy posible que el exministro de Cristina no solo lo crea así, sino que esté convencido de que el jefe es él.</p>
<p>Visto desde ese ángulo, lo que sigue sucediendo en la Argentina es la demostración más cabal de la <b>pulverización del sistema de partidos tal como lo conocimos hasta 2001 y su reemplazo por un sistema de personas que utilizan las antiguas plataformas de los partidos para disputar el poder</b>.</p>
<p>Y cuando de poder se trata, no hay dudas de que el peronismo (y las “personas” del peronismo) llevan una inocultable ventaja: el peronismo fue un partido del poder y hoy sus hombres son hombres del poder. Les interesan muy poco las formas y los escrúpulos: si Zannini tiene que andar a los abrazos con Menem, pues andará. Lo importante es conservar el poder para ellos y no dilapidarlo en luchas que beneficien a terceros.</p>
<p>Esa lógica está bien lejos de lo que ahora plantea la segunda vuelta de Buenos Aires. Losteau significa un problema para el candidato con mayores chances de enfrentar a Scioli en el desafío presidencial. <b>La búsqueda de votos para Rodríguez Larreta significará un esfuerzo físico, un enfrentamiento dialéctico y la toma de unas posturas públicas que van a desgastar a ese espacio político que, a nivel nacional, se supone que está unido</b>.</p>
<p>Mientras, el peronismo mirará el espectáculo con una sonrisa maliciosa. Hasta debe haber hoy personajes felices por el hecho de que Recalde no haya llegado al balotaje: esa polarización hubiera beneficiado a Macri en el orden nacional, porque una segunda vuelta entre el PRO y el presidente de Aerolíneas hubiera sido una catástrofe de votos para el kirchnerismo.</p>
<p>Va a resultar muy interesante ver cómo se manejan los referentes políticos de la UCR y de la CC frente a esta situación. Ellos saben que Macri es el candidato de sus PASO que lleva las de ganar. Macri será entonces “su” candidato a presidente. ¿Cómo se supone que se interpreta el hecho de complicarle la vida en su propio distrito, a punto tal de llegar a infligirle un daño irreparable a su candidatura?</p>
<p>¿Será que Sanz y Carrió creen que si gana Losteau, ellos estarán en el lugar de ganadores de las PASO de Cambiemos? No se sabe. Lo único cierto es que<b> el peronismo por sí o por las torpezas de los demás siempre tiene un plus en su eterno romance con el poder</b>. No pierde el tiempo y es completamente grosero y descarnado cuando se presenta a la sociedad como una máquina a la que solo le importa ganar para retener el mando.</p>
<p>La “pureza” de la oposición discutiendo teoricidades muy correctas, pero completamente inútiles a la hora de llegar al gobierno, está a punto de convertirse en un combustible extra para su extraordinario afán por querer seguir aferrado al sillón de las decisiones y -muchas veces- de la impunidad.</p>
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		<title>La hora del republicanismo</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Mar 2015 09:55:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[CC]]></category>
		<category><![CDATA[Ernesto Sanz]]></category>
		<category><![CDATA[Estado]]></category>
		<category><![CDATA[populismo]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Contrariamente a lo que normalmente hacemos en estas columnas -que dedicamos de modo monográfico a un tema- hoy se me ocurrió hacer un par de comentarios sobre otros tantos temas que seguramente a poco que los analicemos bien los encontraremos conectados, aunque nuestro fin hoy no sea estrictamente ese.</p>
<p>En primer lugar, lo ocurrido en el fin de semana en Gualeguaychú en la Convención Nacional de la UCR no puede dejar de mencionarse con un hecho de una enorme importancia para el futuro político inmediato.</p>
<p>La aprobación allí del acuerdo con el PRO y la CC para competir en primarias abiertas comunes y elegir un candidato a presidente representativo de ese espacio <strong>introduce por primera vez en muchos años una inusitada claridad a lo que está en juego en la Argentina.</strong></p>
<p>Quizás, incluso, el Gobierno tenga razón en decir que esa coalición significa una amenaza para la visión del mundo que el kirchnerismo le ha impreso a la Argentina en todos estos años. Por supuesto que la representa; de eso precisamente se trata: de otorgarle de modo claro, tajante, definido una opción real a la sociedad.</p>
<p>Sanz habló de que por primera vez en mucho tiempo surgía la posibilidad de que el republicanismo democrático le gane al populismo autoritario. ¿Y cómo creen que tomará eso el populismo autoritario? ¿Creen acaso que lo aceptará mansamente? ¡Por supuesto que no! <strong>Por supuesto que pondrá el grito en el cielo, mentirá, profundizará su demagogia, continuará despilfarrando recursos públicos en su propio beneficio político mientras pueda. ¡Por supuesto que hará todo eso!</strong></p>
<p>Pero la cuestión aquí es no distraerse del aspecto central que la sociedad tiene por delante. Lo que dijo Sanz quizás pueda ser explicado más dramáticamente aun como para que no queden dudas respecto de aquello ante lo que estamos: se trata de que la sociedad argentina resuelva quien estará en su centro motor de ahora en más: si el Estado o la persona individual. De esa sola definición surgirá todo lo demás. Antes de que me salten encima, digo: hablo de un sesgo, no de extremismos. La sociedad deberá decidir si su sesgo esta puesto en el Estado o en la persona individual.</p>
<p>Si lo pone en el Estado, con ello vendrá lo que ya conocimos -allí sí, con marcado extremismo- respecto del autoritarismo, el cierre económico, los distintos “cepos” a que ha sido sometida la libertad en el país, el tipo de política exterior que ha tenido la Argentina y el uso incontrolado de recursos públicos en una trama que muchos de nosotros ni siquiera imagina. Esa sería la continuidad.</p>
<p>El cambio radica en sacar al Estado del centro de la escena nacional y poner allí a los ciudadanos libres, emprendedores, revestidos de derechos que le permiten avanzar, pero a los que no se les garantiza por ley tocar el cielo con las manos; el cielo se gana con trabajo, con esfuerzo, con inventiva, con una buena interrelación cooperativa y al mismo tiempo competitiva.</p>
<p><strong>El papel del radicalismo, en ese sentido, resulta clave.</strong> El partido está advirtiendo que su tradición estatista (que no es la original de Alem sino la que surgió de los hechos de Avellaneda) está llegando a su fin; que los avances del mundo moderno no se logran con la presencia asfixiante de una nomenclatura estatal que se cree dueña de la vida de las personas, sino dotando a estas de ese vuelo liberal que las desata de los elefantes burocráticos poniendo en sus manos el diseño de su destino.</p>
<p>Ese cambio estructural rompe con un mito imposible (aquel que dice que el radicalismo podía ser un “peronismo prolijo y amable”) e introduce una novedad estelar en la política argentina de los últimos 50 años. Sin dudas puede entregar una oportunidad que la sociedad debería pensar muy bien antes de dejar pasar alegremente.</p>
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