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	<title>Carlos Mira &#187; devaluación</title>
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		<title>Los otros aumentos</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Feb 2014 09:56:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La presidente volvió a la escena</strong> de la mano de una palabra que gobernó gran parte de su discurso. “Aumentamos” dijo, haciendo un juego de palabras, mofándose de los “aumentos de precios”, argumentando que “ellos” -el gobierno- aumentaron una cierta cantidad de dudosas variables. Pero la presidente olvidó otros muchos “aumentamos”.</p>
<p>Algunos han sido muy graves en términos sociales. Algunos le han costado la vida a miles de argentinos inocentes, como el aumento del número de criminales sueltos por la calle que tienen a la ciudadanía viviendo en estado de pánico. Otros dejarán secuelas culturales que costará mucho erradicar, como la inútil división social y el rencor gratuitamente repartido. Algunos esperan respuestas judiciales, como fue el aumento inexplicado de algunas fortunas. Y otros han traído a la Argentina males y escenas desconocidas para nosotros hasta hace sólo unos años, como las que entregan<strong> los sicarios del narcotráfico</strong> matando gente por la calle. Otros están respaldados por las cifras oficiales: cuando en el censo de 2001 vivían 10 personas en una villa miseria, en el censo 2010 vivían 16, un 60% más.</p>
<p>Algunos tendrán impacto por años en la Argentina, como el “aumento” del aislamiento internacional y del pésimo concepto que le hemos trasmitido al mundo. Otros han profundizado las peores prácticas de nuestra historia, llevando el <strong>unitarismo fiscal</strong> a niveles extorsivos que <strong>convirtieron a las provincias en meras dependencias del gobierno nacional.</strong></p>
<p><span id="more-377"></span>Pero hay tres “aumentos” -obviamente no mencionados por la Presidente- que han tenido la virtualidad de anular todos los beneficios de los &#8220;aumentos” aludidos por la señora de Kirchner. El gobierno de estos últimos 11 años <strong>aumentó el gasto público</strong> a niveles estratosféricos. La administración de la presidente en particular le aplicó una tasa de incremento de 40% por año. Esa monumental bola de nieve (compuesta por subsidios, una increíble política energética que nos convirtió en importadores netos por U$S 13 mil millones al aire -otro “aumento&#8221; imponente del kirchnerismo que la presidente no mencionó-, una acarralada de empleados públicos que supera el millón y medio de personas, una duplicación de funciones en dependencias estatales para acomodar a cientos de funcionarios con sueldos millonarios, la incorporación de 2,5 millones de jubilados nuevos que nunca habían aportado y una multiplicidad de planes sin contraprestación) produjo la<strong> pulverización del superávit fiscal</strong> para convertirlo en un déficit cercano a los 7 puntos del PBI.</p>
<p>Este “aumento” provocó a su vez otro desquicio. Como el “aumento” del aislamiento internacional nos dejó sin acceso a los mercados, el gobierno comenzó a financiar el excedente de gasto con emisión monetaria sin respaldo. <strong>Se calcula que el “aumento” de la cantidad de billetes en circulación supera los $ 150 mil millones, por encima de la base de reservas. </strong>Esto produjo otro “aumento”: el de la presión sobre los precios. Al haber más papel moneda pero mantenerse constante los niveles de producción (porque lo que sí no aumentó fue la inversión privada productiva) esos billetes tuvieron que “repartirse” entre los mismos bienes y servicios con la aritmética consecuencia de su aumento.</p>
<p>Este desquició originó otro “aumento”: el de la presión sobre el tipo de cambio. <strong>El precio del dólar quedó desfasado respecto de las demás mercaderías y la gente comenzó a drenar las reservas del BCRA.</strong> Con la intención de frenar esta situación, luego de las elecciones de octubre de 2011, la presidente estableció el control de cambios y, tiempo de después, instauró el cepo. Esa valla no impidió la salida de dólares porque el ingenio individual siempre encontró maneras de adquirir las divisas, pero sí puso un sello definitivo a su ingreso.</p>
<p>La velocidad de este deterioro fue también en “aumento” y estalló finalmente entre el 23 y el 24 de enero cuando el gobierno devaluó de un plumazo 15%, lo que llevó la pérdida del valor mensual del peso frente al dólar al 24%.</p>
<p>El empobrecimiento de todos los argentinos fue inmediato. Basta decir que las jubilaciones -cuyo “aumento” era el principal anuncio de la presidente- alcanzan hoy la friolera de U$S 215. Hace 15 años, cuando comenzaba la década “maldita” de los 90 era de U$S 200. El “aumento” es de U$S 15. Los más de 1300 puntos porcentuales que la Sra. de Kirchner remarcó se habían incrementado las jubilaciones desde que su esposo asumió significan U$S 15.</p>
<p><strong>Todos los “aumentos” recitados por Cristina han sido sepultados por estos otros “aumentos” que la presidente ocultó</strong>. El aumento del gasto, del déficit fiscal, de la emisión monetaria, de la inflación y de la devaluación, tornan risibles los niveles de las jubilaciones, de los <strong>planes Procrear, Progresar</strong>, el de la <strong>asignación familiar universal</strong> y las demás bondades del <strong>Estado de Bienestar</strong> que la señora de Kirchner se empeña en enfatizar.</p>
<p>Pero el listado de “aumentos” no estaría completo si no hiciéramos referencia al “aumento” del autismo. La presidente sigue convencida de que no gobierna, ella libra una batalla contra el mal. Parte de ese mal lo representan los empresarios que aumentan los precios (de allí que su infatigable vocación por la ironía la haya llevado a jugar con las palabras y enumerar las cosas que su gobierno había “aumentado” mientras los empresarios “aumentaban” los precios) y los comerciantes que especulan. En el afán de agitar esa división, cayó en errores groseros como poner como ejemplo de un bien no afectado por la devaluación del dólar la producción de cemento, cuando en realidad, el componente de costo más importante en su producción es la energía, impactada directamente por la millonaria factura de <em>fuel oil</em> que debemos pagar anualmente. Ese solo rubro aumentó 24% durante el mes de enero.</p>
<p>Del mismo modo, la presidente sigue encerrada en una nube de furia y parece que toma todas sus decisiones no por una convicción o por una aceptación de la realidad sino por simples venganzas. Es la imagen que dejó ver cuando anticipó que se reverían los subsidios para aquellos que compraron dólares. O sea, <strong>no es que los subsidios estén mal porque están matando el presupuesto público, los que están mal son los que compran dólares</strong>, entonces los castigo sacándole lo que les dejo a otros, simplemente para vengarme.</p>
<p>Lo cierto es que con cada aparición pública de la señora de Kirchner “aumenta” la preocupación. Estoy seguro de que la gran mayoría de los argentinos desearían ver una presidente más moderada, menos altanera y más dispuesta a aceptar lo que ocurre. Su legado está en peligro<strong>. La negación de la realidad “aumenta” el riesgo de que sea recordada simplemente como alguien que sólo sirvió para dividirnos.</strong></p>
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		<title>¿Están contentos ahora, muchachos?</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Jan 2014 09:35:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Quizás este fin de semana haya sido el que más gráficamente sirvió para mostrar <strong>los resultados prácticos del modelo</strong>; para ver, en definitiva, de qué sirvieron los años de gobierno de los<strong> Kirchner. </strong></p>
<p>En efecto mientras la sociedad veía como se le escurrían sus ahorros y el fruto de su trabajo por entre los dedos, y mientras los que menos tienen pensaban cómo sobrevivirían a la <strong>esperable crisis de ingresos y de actividad,</strong> una parte de los funcionarios del Estado encabezados -obviamente- por la propia Presidente y su hija, <strong>descansaban en La Habana haciendo turismo</strong> por la ciudad vieja y disfrutando al sol con la vista en el Caribe.</p>
<p>Así se describió el primer día en la <strong>isla de los Castro </strong>de la comitiva argentina, la única que ha llegado con cuatro días de antelación al comienzo de la reunión de la<strong> Cumbre de la Comunidad de Estados de Latinoamerica y el Caribe</strong> (Celac).</p>
<p>Dicen que la Presidente no salió de su habitación y que estuvo en permanente contacto con sus funcionarios en Buenos Aires. Pero no importa. Lo que sí importa es que quienes deben estar al servicio de la gente, descansaban en el agradable clima del trópico, mientras en la Argentina la gente -que es la importante en esta ecuación- trataba de figurarse cómo iba a hacer para cumplir con sus pagos, con los útiles de los chicos, con el colegio, con los impuestos, con el supermercado…</p>
<p><span id="more-350"></span>Ninguna de esas incomodidades afectan seguramente al gobernador <strong>Sergio Urribarri</strong>, que se dedicaba a <strong>correr por el Malecón</strong> para mantener su estado físico. Ni para el canciller <strong>Héctor Timerman</strong>, que disfrutaba de una tarde de sol en los jardines del <strong>hotel El Nacional</strong>, cuidado por los agentes cubanos.</p>
<p>Este es el resumen de las <strong>consecuencias reales del modelo “nacional y popular”</strong>: el encumbramiento de una casta privilegiada que disfruta de los viajes y de los placeres solaces de la vida mientras la gente se ve en figurillas para sostener su vida, rodeada de amenazas, incertidumbre, crimen, <strong>devaluación</strong>, y, muy probablemente, acechanzas a su trabajo.</p>
<p>A ninguno de aquellos funcionarios le asaltó siquiera la idea del decoro. Frente al desbarajuste de las últimas 48 horas nadie tuvo la delicadeza de decir: “Mirá, sería mejor suspender nuestro descansito de fin de semana en el Caribe, aunque más no sea para no ser tan guasos…” No. ¡Qué va! ¡Allá vamos! A tomar el sol, mientras estos boludos sacan cuentas sobre cómo llegar a fin de mes…</p>
<p>¿Cuánta responsabilidad le cabe por esto a la propia sociedad que fue llamada a votar 6 veces en los últimos once años?; ¿cuántos intentaron abrirle los ojos a esos argentinos sedientos de furia que canalizaron su bronca votando a un conjunto de bravucones oportunistas?</p>
<p><strong>La década relatada</strong></p>
<p>Ya es tarde ahora. Aquellas palabras de advertencia ya no sirven para nada. <strong>El daño está hecho</strong>. Los argentinos se enfrentan a una ola de <strong>pobreza, aislamiento y escasez</strong> que se podría haber evitado si no fuera porque <strong>su rencor fue más grande</strong> que pensar en sus propias conveniencias. Fue tan fuerte el deseo de manifestarse contra un perfil que creían que los había defraudado que no se detuvieron a ver en manos de quién depositaban su confianza.</p>
<p>Giraron 180 grados y encumbraron al Estado al altar de la idolatría. Era tal su ceguera que no advirtieron que<strong> el Estado</strong> no existe, que no es más que una <strong>simulación ideal para ser colonizada por un conjunto de vivos</strong>.</p>
<p>Ahora enormes franjas de la sociedad vivirán otra frustración. ¿No era que el Estado venía a protegernos?, ¿no era que usted, Cristina, nos pondría a salvo de la pobreza y de la escasez?</p>
<p>La<strong> década relatada</strong> ha alcanzado el récord de presión impositiva en la Argentina. Nadie en la región latinoamericana se nos acerca. Ni siquiera Venezuela. A cambio no recibimos nada; ni educación, ni seguridad, ni salud pública, ni un manejo responsable de las cuentas públicas del que depende nuestro nivel de vida. A cambio sólo tenemos a funcionarios descansando en el Caribe de Fidel.</p>
<p>Las medidas del gobierno tomadas entre el miércoles y el viernes empobrecieron de un plumazo a toda la Argentina. En la orfandad de un programa económico equilibrado encarnado por funcionarios responsables, serios y creíbles, la devaluación del peso es la <strong>confesión del fracaso</strong> de una presidente que le aseguró a la sociedad que “los que especulan con una devaluación, tendrían que esperar otro gobierno”</p>
<p>El nivel de desorientación, contradicciones y amateurismo que se ha demostrado, alarma. Por darse el gusto con sus caprichitos ideológicos la señora de Kirchner le ha entregado el manejo de la economía a un <strong>aprendiz de brujo</strong>, soberbio y prepotente, que no distingue, en el mundo de la economía real, un tornillo de una pipa.</p>
<p>Durante estas horas, incluso, ha circulado un “paper” escrito en 2006 por el ministro en colaboración con <strong>Augusto Costa</strong> y <strong>Cecilia Nahon</strong>, en donde criticaban duramente a los que habían sugerido, en el final del gobierno radical, la caída de la Convertibilidad a los designios de especuladores locales y externos. En ese escrito, <strong>Kicillof y sus adláteres</strong> sostenían que esas consecuencias en la economía suceden por distorsiones que explica la propia economía, no por historias de conspiraciones esotéricas.</p>
<p><strong>&#8220;Cipayos&#8221;, &#8220;gorilas&#8221;, &#8220;neoliberales&#8221;&#8230;</strong></p>
<p>¿Qué ha pasado, Kicillof?, ¿el esoterismo es bueno solamente cuando a usted le conviene?, ¿o quizás ahora nos enteremos también de que no era tan brillante como sus aplaudidores decían, sino apenas un nuevo hipócrita de las excusas?</p>
<p>Resulta francamente desolador intuir el drama de aquel <strong>54% de los votos</strong>, pensando que ya ni siquiera les sirve el arrepentimiento. Pero es aun más dramático comprobar que las consecuencias de un desquicio no afectan sólo a los que lo respaldaron. En ese caso al menos habría mayor capacidad de aprendizaje y más justicia cósmica. Pero no. Ahora las consecuencias de aquella altanería deberemos pagarla también los que advertimos que todo esto era lo que iba a ocurrir.</p>
<p>Ningún adjetivo se ha escamoteado para esa gente. Se les ha dicho de todo: <strong>cipayos, gorilas, neoliberales</strong> (en el sentido ofensivo que el “progresismo” (¿qué progresismo?) le da a ese término, por otra parte inexistente en términos de corriente filosófica o económica. Pero los oídos sordos del populismo mágico creyeron que era efectivamente posible elevar a una casta de personas a un escalón desigual de la sociedad para que desde allí nos proveyeran la felicidad en bandeja. La insolencia de creer en esa estupidez nos llevó al presente aquelarre.</p>
<p>La Presidente tenía una sonrisa de oreja a oreja cuando llegó al aeropuerto de La Habana. Detrás de su nueva cara y de sus anteojos negros se adivinaba lo poco que le importa la suerte de la gente cuando ella se interpone como un obstáculo en el camino de ver realizados sus caprichos.</p>
<p>En estos casos se suele decir que la Historia colocará en el lugar que finalmente le corresponde a cada uno. Pero, ¿saben qué?: eso no alcanza. Estar consciente del <strong>enorme desperdicio</strong> que se produjo en la Argentina; verificar la alegría con la que se tiró por la borda una oportunidad inmejorable, no puede ser compensada por aquellos ajustes de la Historia: a veces resulta difícil que los renglones de los libros, trasmitan la exacta dimensión del drama de la pobreza, el desasosiego de la inseguridad y el pecado del aislamiento.</p>
<p>¿Están satisfechos ahora, muchachos? Es verdad que las políticas que muchos de ustedes respaldaron hundieron a muchos de los que ustedes odian. Pero es muy triste comprobar que ese sea el único consuelo que tienen al drama que ustedes mismos viven.</p>
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		<title>En un deterioro veloz</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Jan 2014 11:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Es difícil que el reinicio de este contacto cotidiano no tenga una visión retrospectiva e intente recordar la situación de la <strong>Argentina</strong> cuando empezamos el receso. Con la vista puesta en aquellos días de infierno, con miles de argentinos sin luz ni agua, con cortes en rutas, calles y avenidas para tratar de llamar la atención de algún funcionario que se dignara a prestarles atención, se hace difícil pensar en un deterioro. Parecería que aquellos días resumían lo peor de una administración pésima de los recursos del Estado y del resquebarajamiento de una mentira diseminada a repetición.</p>
<p>Pero no. Hoy, además de que nada de aquello ha mejorado, hay otros muchos parámetros que han empeorado velozmente. <strong>La tasa de inflación y de devaluación se han disparado</strong>. Las<strong> reservas del BCRA</strong> no dejan de caer, la presidente sigue ausente y el jefe de Gabinete da, definitivamente, pena.</p>
<p><strong>Jorge Capitanich</strong> deberá pensar bien lo que hace de ahora en más. Está en un momento en que mucha gente siente lástima por él y otra que prefiere reírse de lo que no puede interpretarse de otro modo sino como comicidades cotidianas. Pero está cada vez más cerca de despertar broncas irascibles. El humor de gente tiene cada vez menos espacio para la cargada y el gobernador del <strong>Chaco</strong> -en uso de licencia- está tirando cada vez más peligrosamente de esa cuerda.</p>
<p><strong><span id="more-343"></span>Decir que el país tiene “un sistema de tipo de cambio libre y único” es tomarle el pelo a la gente</strong>. Y la gente ya tiene suficiente con lo que el “modelo” le ha “regalado” como para que sus autores -que deberían estar utilizando todo su tiempo para reparar los daños que han causado-, encima, los carguen. La velocidad del deterioro en materia económica desde que comenzó el año es francamente alarmante. El dólar blue está ya en $ 12. Los sindicalistas amenazan con lanzar paritarias con un mínimo de 30% de aumento. La inflación se ha acelerado de manera dramática y está cada vez más cerca de provocar el fenómeno conocido como de “<strong>rechazo del dinero</strong>” por el cual la velocidad de desprendimiento de los pesos es cada vez mayor espiralizando la suba de los precios.</p>
<p>En medio de este panorama <strong>la ciudadanía no tiene ninguna señal de que alguien esté a cargo</strong> y, al contrario, está muy cerca de creer que todos estamos a la buena de Dios. Extrapolar esta abulia a diciembre de 2015 resulta directamente imposible.</p>
<p>Al gobierno no se le ocurre otra cosa que manejarase con <strong>una bicicleta de bonos que sólo convierte en millonarios sin trabajar a unos pocos</strong> y pone en serio riesgo la futura capacidad de pago de las jubilaciones. El Estado se encamina a estafar a otras varias generaciones de argentinos trabajadores que cuando dejen de trabajar, no encontraran nada. Ya lo hizo una vez, condenando a millones a una vejez indigna, y lo volverá a hacer, sencillamente porque así es cuando un conjunto de funcionarios se encuentran delante de sí con una inconmensurable bolsa de plata: la hacen desaparecer.</p>
<p>Aquellos defensores de la <strong>jubilación de reparto</strong> deberán darle una explicación a los que aportaron el dinero que se esfumó financiando al Tesoro y pretendiendo hacer bajar la temperatura del dólar. La presidente silenciosa, la que ha decido tomarse su trabajo como un hobby al que le dedica el tiempo intermedio entre largos periodos de descanso, llevará esa carga de culpa de por vida.</p>
<p>En estas condiciones de deriva,<strong> la señora de Kirchner no da una sola señal de liderazgo.</strong> Nadie sabe lo que hace o si hace algo. Nadie sabe si da una directiva y a quién; nadie sabe si existe una perspectiva presidencial de la situación actual del país, nadie sabe, en fin, si la presidente tiene los conocimientos mínimos necesarios como para sortear los serios obstáculos que la Argentina tiene por delante.</p>
<p>En medio de este desorden, una sensación de descomposición aún más grave se conoció hace unos días: <strong>el gobierno se dispone a modificar el Código Penal. </strong>Si Capitanich se debe cuidar de trasponer el límite entre mantener un relato y cargar a la gente (porque los que hoy le tienen lástima y hasta los que se ríen de él, pasarán a sentir furia) la presidente también debería tener un cuidado similar.</p>
<p>La ciudadanía esta ya cansada de enterrar muertos, de llorar pérdidas y de ver el avance sin pausa de una delincuencia que se florea, impune, delante de nosotros. Frente a ese panorama, la reforma del Código con el sello <strong>abolicionista</strong> de <strong>Zaffaroni</strong> (¡qué apellido para un “penalista”!) puede resultar ofensivo para la sociedad honrada que pretende vivir honestamente.</p>
<p><strong>El proyecto consagra directamente la supremacía moral del delincuente y sale a defenderlo a capa y espada atenuándole incluso las penas cuando resultara “dañado” en el proceso de cometer su propio ilícito.</strong> Sí, sí, como lo escuchan: si un delincuente resulta lastimado o herido en la comisión de su propio crimen, ese hecho debe considerarse un atenuante en el juicio. Y mucho más si el delincuente utiliza a su hijo en la comisión del delito y el perjudicado resulta ser el menor.</p>
<p>Del mismo modo, en el juzgamiento de los casos deberán tomarse en cuenta las condiciones sociales y económicas de las víctimas, insinuando, con todas la letras, que si los asesinados, robados, o violados tienen dinero, eso será un atenuante para el delincuente tan o más importante que la propia condición económica del que delinque. La <strong>reincidencia</strong> ya no se tomará en cuenta: un asesino serial será juzgado por cada uno de sus crímenes como si cada uno fuera el primero. <strong>La prisión perpetua desaparecerá de la ley argentina</strong> y los asesinos volverán a las calles después de una temporada de diversión junto a<strong> Vatayón Militante</strong>. En esto está la presidente: mientras el país se incendia y la gente llora las consecuencias de la delincuencia todos los días, ella está pensando en cómo hacerle la vida más fácil a los malvivientes.</p>
<p>Si esta reforma llegara a aprobarse -y no veo a ninguna organización preocupada por hacerle saber a la sociedad lo que le espera- la preocupación número uno de los argentinos -la seguridad- se potenciará a límites extremos: seremos los inocentes, los honrados y los honestos los que deberemos andar pidiendo públicamente disculpas, mientras se instrumenta el señorío de los delincuentes.</p>
<p>Existen tres etapas en la descomposición moral de los países, todas relacionadas con el posicionamiento del bien y del mal. Una primera etapa sucede cuando los países tienen dificultades en distinguir lo que está bien de lo que está mal. Una segunda ocurre cuando aún distinguiendo lo uno de lo otro, las sociedades eligen hacer voluntariamente lo que está mal porque tienen la certeza de que eso les conviene desde el punto de vista práctico. Y por fin el último y más profundo pozo de descomposición ocurre cuando una sociedad instaura orgullosamente el mal como entidad moral superior. En esta instancia ingresaría la Argentina si el Congreso transforma en ley la reforma Zaffaroni. Una especie de resumen Lerú de la década ganada.</p>
<p><strong>La corrosión kirchnerista no detecta frenos, ni morales ni económicos.</strong> Ninguno de esos frentes le son ajenos. Viene actuando en todos con un poder demoledor, multiplicando la pobreza, la escasez, el aislamiento y el crimen. Después de diez años de una siembra sistemática de disvalores, la cosecha se envuelve en una furia de resultados alarmantes. <strong>Viviendo encerrados, sin libertad, con una casta privilegiada que obscenamente ostenta su desigualdad frente a nosotros, somos testigos de un deterioro veloz e inmoral que no tiene ni líderes que lo enfrenten ni convicciones que lo detengan.</strong></p>
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