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	<title>Carlos Mira &#187; Cristina Fernandez</title>
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		<title>La visita de Maduro</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Feb 2014 10:49:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Según parece,<strong> Nicolás Maduro</strong> <strong>llegará a Buenos Aires el 15 de marzo para verse con Cristina Fernández</strong> y buscar su apoyo. Puede que se trata de una visita agradable para la presidente pero es muy incómoda para el país.</p>
<p>El mundo está observando el espectáculo dantesco de <strong>Venezuela</strong>, un país atravesado por hordas paragubernamentales que con armas y motos provistas por el gobierno aterrorizan las noches de las principales ciudades a los tiros por las calles. Es más dispongo de testimonios personales directos que dan cuenta de redadas protagonizadas por esta gente entrando a edificios a los balazos contra inocentes, para sembrar el amedrentamiento.</p>
<p>Versiones fundadas indican que estos batallones –llamados “los colectivos”- están compuestos por delincuentes comunes -por el hampa hecha y derecha- que, como consecuencia de <strong>un consejo de Fidel a Chávez</strong>, éste cooptó para utilizarlos en la tarea de esparcir el terror.</p>
<p><span id="more-403"></span>El mundo está viendo este espectáculo con espanto.<strong> El encarcelamiento político en Venezuela es otra aberración contratemporal que la civilización mundial ya no acepta.</strong> El Muro de Berlín cayó definitivamente sobre los restos de un sistema inviable que provocó millones de muertes inocentes, hambrunas en lo que de otro modo hubieran sido paraísos de alimentos, y millones de privaciones de la libertad con el objetivo fanático de imponer una utopía por la fuerza. Pero ya está. Ese muro se cayó en una dirección; no en otra. El formato del derrumbe ha quedado claro y es incontrastable. El esfuerzo económico y humano, por ejemplo, de los alemanes occidentales para absorber y asimilar a sus compatriotas que sufrieron el comunismo del Este, se extiende incluso hasta hoy, casi 25 años después de la reunificación. Así de impresionante era la brecha de nivel de vida, de confort, de libertad, que tenían ambas Alemanias cuando aquel muro infame las dividía simbólicamente.</p>
<p>Esa época de personas encarceladas por el simple hecho de pensar y expresarse ya no puede tolerarse y bajo la etiqueta de “gobiernos autoritarios” (por decir lo menos) van cayendo no solo aquellos que encarcelan sino también aquellos que los apoyan y simpatizan con ellos. ¿<strong>Qué cosa positiva puede salir de una alianza semejante?</strong></p>
<p>Y es aquí donde, de nuevo, las aberraciones y caprichos económicos del kirchnerismo mezclados con su escaso vuelo internacional y su pobre formación intelectual pueden dar una explicación a lo que de otro modo sería incomprensible. <strong>Cuando la Argentina se aisló del mundo y cortó sus lazos con los organismos multilaterales de crédito, Chavéz apareció como un financiador carísimo de las veleidades de los Kirchner</strong>. Primero fueros las oscuras operaciones con bonos, que le costaron el puesto y su carrera al embajador <strong>Sadous</strong>, que denunció esos mecanismos desde su sede en <strong>Caracas</strong>. Luego fue la financiación encubierta -con valijas de dinero de contrabando de por medio- de la primera campaña presidencial de Cristina Fernández y por último la venta de<em> fuel oil</em> a un De Vido desesperado tratando de buscar un proveedor que disimulara los efectos de su desastrosa política energética que, en menos de seis años, nos hizo quedar sin energía, viniendo de ser un país autoabstecido y exportador.</p>
<p>Al lado de estas razones “duras” que tornan racional (al menos para la racionalidad del gobierno) lo que Cristina está haciendo con el bizarro Maduro, existen otras razones, digamos, de color, solo explicables por posturas atávicas, rayanas en la estupidez.</p>
<p>Una de ellas claramente es la posición de Chavez frente a los Estados Unidos. <strong>Los Kirchner han utilizado la política exterior para hacer “fulbito para la tribuna”</strong> con muchos laderos a los que el propio Néstor, en privado, llamaba “delirantes”. La Argentina es el segundo país más antinorteamericano del mundo peleando ese liderazgo con <strong>Francia</strong> y el lenguaraz de Caracas venía como anillo al dedo para satisfacer las bocanadas de envidia que muchos argentinos han sentido históricamente por los Estados Unidos. Pero todas estas razones –las duras y las de color- deberían sopesadas muy cuidadosamente en las presentes circunstancias.</p>
<p>El mundo estará mirando quién le pasa una cariñosa mano por el lomo a Maduro. Lo hará y sacará sus conclusiones. “Dime con quién andas y te diré quién eres”, reza el refrán más viejo que la puerta. En este particular momento en donde el país busca recomponer algunos de los puentes que este mismo gobierno dinamitó voluntariamente, recibir y apoyar a este lunático que habla con los pájaros, adelanta las Nnvidades por decreto y declara la opción de <strong>“fascismo o carnaval”</strong> puede confirmar la ubicación global de la Argentina como del lado de los países inviables, inadecuado para las inversiones y peligroso para la libertad.</p>
<p>La Sra. de Kirchner debería pensar muy bien lo que va a hacer. Aunque sabemos que siente una fascinación irrefrenable por causar irritación en aquellos círculos a los que sabe que muchas de sus ocurrencias los irritan. Es como un juego para ella. Muchas de las cosas que decide, las decide no porque crea que sirven sino porque sabe que no son del agrado de aquellos a los que detesta. P<strong>ero su margen para tomar al país como una herramienta para su divertimento se ha achicado mucho. Tal vez debería hacer sus cuentas de tirria una vez más. Es posible que por estos días el resultado sea diferente al que solía disfrutar.</strong></p>
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		<title>Las PASO y el corazón común</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Aug 2013 13:17:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Las elecciones primarias han convocado muy poco interés ciudadano</strong>. Casi la mitad de los argentinos no saben qué se vota, ni que se elige, ni para que sirven; llegarán a las urnas con una alegre inconsciencia.</p>
<p>Se trata de la consecuencia de una doble causa: la explosión natural del sistema de partidos que provocó la crisis del 2001 y la profundización adrede que el gobierno ha buscado de esa circunstancia.</p>
<p>Desde que <strong>Duhalde</strong> suspendió las elecciones internas previas a las elecciones anticipadas del 11 de marzo del 2003, el <strong>peronismo</strong> decidió trasladarle sus propias guerras a la sociedad. El partido ya no arregla dentro de sus propias fronteras los que le sucede internamente sino que exporta esas batallas por fuera de sus límites obligando a la ciudadanía a inmiscuirse en sus entuertos.</p>
<p><span id="more-228"></span>De hecho, desde que esta estrategia está en marcha, <strong>puede decirse que los partidos ya no existen</strong> y que los que hay son personas que forman a su alrededor estructuras dispersas y frágiles que van uniéndose en<strong> nombres de fantasía inventados para la ocasión</strong>. Ninguno de ellos podría llamarse “partido” si uno fuera estrictamente sincero.</p>
<p>Salvo los que nutren sus fuentes en el antiguo radicalismo o en la izquierda, los demás son <strong>variaciones del peronismo</strong>. El <strong>PRO</strong> en la Capital podría ser un fenómeno particular, cuyo precedente más parecido sería el <strong>desarrollismo frondizista</strong>, pero dado que carece aún de una estructura extendida, el partido que fundó <strong>Mauricio Macri</strong> no puede analizarse aún en términos nacionales.</p>
<p>De modo que lo que tenemos delante es, en realidad, <strong>una puja de peronistas que alquilan gratuitamente a la sociedad</strong> para que se expida sobre sus diferencias. Sin embargo, aun con la participación inconsciente del pueblo, ninguno de los candidatos se resigna frente al veredicto: todos irán, de todos modos, a la disputa final en octubre. Esto es, aun cuando la gente se inclinará por <strong>Massa</strong> el domingo, <strong>Insaurralde</strong> y <strong>De Narváez</strong> seguirán en carrera como si fueran de partidos diferentes.</p>
<p>A su vez los “<strong>peronismos no oficialistas” (Massa, De Narváez, Rodriguez Saá, Amadeo, etcétera)</strong> tampoco conforman una alternativa distinta pero unida; van cada uno por su lado. No se sabe muy bien qué diferencias hay entre ellos, ni por qué están separados, pero lo cierto es que la ciudadanía ve multiplicada una oferta en la que no distingue diferencias y sólo sospecha arreglos de conveniencia.</p>
<p>Francisco De Narváez, por ejemplo, lleva como segundo candidato de su lista de diputados a <strong>Omar Plaini</strong>, el <strong>secretario general del gremio de los canillitas</strong>, que llega allí como consecuencia del acuerdo del “Colorado” con <strong>Moyano</strong>. Pero hasta hace poco Plaini era el principal operador en la calle de los bloqueos a <strong><em>La Nación</em> y <em>Clarín</em></strong>, en abierta concordancia con el gobierno kirchnerista.</p>
<p><strong>Massa</strong>, a su vez, ha “vendido” esta mezcolanza como un acto de superación y en su lista conviven intendentes que han sido <strong>oficialistas</strong> hasta anteayer y hombres del <strong>PRO</strong> de la provincia de Buenos Aires.</p>
<p>En el espacio “<strong>UNEN</strong>” de la Capital (que es el único que, en apariencia, ha convocado a una interna verdadera) también conviven corrientes y pertenencias pasadas que hacen difícil que uno imagine cierta coherencia. Así, por un lado <strong>Gil Lavedra y Prat Gay</strong> y, por el otro, <strong>Terragno y Losteau</strong> -que tienen pasados más bien moderados- , comparten un espacio con<strong> Pino Solanas</strong>, un admirador de <strong>Chávez</strong> que, en su momento, se expresó en favor del <strong>pacto con Irán.</strong></p>
<p><strong>La Argentina debe ser el único país del mundo que convoca obligatoriamente a una elecciones que llama “primarias” en donde los electores no pueden elegir</strong>, porque los candidatos ya están elegidos e irán a la elección general aun cuando pierdan la primaria. Ningún estudioso de la ciencia política mundial puede explicar ni conoce un caso igual.</p>
<p><strong>Este panorama confirma que el país vive en una enorme confusión de ideas</strong>. No hay dudas que esa irregularidad fue provocada por el peronismo que, con su impronta, parece obligar a todo el mundo a identificarse como “peronista” para tener alguna chance electoral. Muchos consideran, por ejemplo, que hasta que Macri no haga algún acuerdo importante con el peronismo no tendrá chances. Lo tiene en la Capital con la corriente que lidera<strong> Christian Ritondo</strong>, pero muchos creen que para ser presidente necesita del grueso caudal peronista del resto del país.</p>
<p>E<strong>l peronismo, así, es todo. En el conviven Cristina Fernández y Eduardo Amadeo</strong>; <strong>Massa y Moyano; Santilli y Abal Medina; De Narvaez y Ricardo Forster.</strong></p>
<p>La política argentina, por lo tanto, ha pasado a ser una lucha de personas o, más bien, de egos. Nadie renuncia a nada, ni siquiera después del resultado de una elección. Se arman escenografías con los nombres que otros países usan para denominar a distintos estadios políticos de su proceso electoral pero aquí son meras representaciones; un “como si” que parece dejar contentos a los que ponen esta obra en escena pero que poco tiene que ver con un mecanismo que ayude a mejorar la eficiencia de la administración.</p>
<p><strong>Estos desajustes distorsionan completamente el funcionamiento del sistema constitucional</strong>. En ese sentido, todas las elecciones en el país se han convertido en elecciones “presidenciales”.<strong> Los candidatos del domingo</strong> –que en su gran mayoría serán los candidatos de octubre- <strong>hablan y se expresan no como si lo que estuviera en juego no fuera una banca entre otras 257 sino como si fuera a cambiar el gobierno</strong>. Y eso se debe a que la Argentina no ha sabido hacer funcionar el sistema previsto en la <strong>Ley Fundamental</strong> que está pensado para que las elecciones intermedias compensen el rumbo que el país lleva pero, también, para que dicha compensación en nada signifique una crisis institucional o una imposibilidad de gobernar.</p>
<p>En ese sentido, es curioso lo que hoy confiesa De Narvaez: en 2009 la oposición no pudo hacerse de la presidencia de la <strong>Cámara de Diputados</strong> (como hubiera correspondido) porque<strong> Felipe Soláy Elisa Carrió</strong> argumentaron que semejante movida habría significado un “golpe institucional”. Si eso fue cierto, no caben dudas que los dirigentes más importantes del país no entienden como el sistema constitucional funciona y, al contrario, sólo están preparados para actuar bajo un esquema en donde “<strong>o tengo todo o no tengo nada”</strong>. Nada diferente de lo que piensa Cristina.</p>
<p><strong>Esta es la razón básica por la que el país está dividido: nadie está preparado para “transar”</strong>. Es más, este mismísimo término (“la transa” = “la trenza”) ha sido adoptado como un sinónimo del negociado espurio que esconde el robo, la corrupción y el acuerdo de cúpulas a espaldas de la sociedad.</p>
<p><strong>Si estas distorsiones no se corrigen la Argentina nunca podrá vivir “cordialmente” dentro de un sistema civilizado de discusión racional</strong>. La palabra “cordial” obviamente deriva del latín “<em>cordis</em>” que quiere decir “corazón”, esto es, una referencia clara a la armonía y la concordia (otra palabra derivada del mismo origen). E<strong>l escenario de las PASO más bien confirma un país fragmentado bien lejos de aquel ideal en donde lata un corazón común.</strong></p>
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		<title>Ahora, la Constitución</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Jun 2013 17:05:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Nada está terminado para el kirchnerismo</strong>. La lógica de creer que el gobierno es capaz de procesar un “no” por respuesta a sus intenciones; de entender un “no se puede” como recordatorio de que sus pretensiones tienen límites, no entra en la dinámica de su cosmovisión.<strong> El kirchnerismo -el gobierno</strong>-<strong> no va a aceptar que la Corte le diga que “no” a lo que quiere</strong>; y si el argumento judicial para decir que “no” es la Constitución, pues habrá que emprenderla, entonces, contra la Constitución. Éste es el próximo paso.</p>
<p>Si uno se fija bien en la historia de los últimos 10 años la mecánica uniforme del gobierno ha sido guiada por la lógica de la espiralización: frente a un obstáculo en el objetivo perseguido, la respuesta fue arremeterla contra el obstáculo, a cómo de lugar, de cualquier manera.</p>
<p><span id="more-161"></span>A la fuga del dólar se le opusieron las restricciones y al fracaso de las restricciones le siguió directamente el <strong>cepo</strong>. Al fracaso del <strong>7D</strong>, le siguió el intento de copar la <strong>Justicia</strong> que no le daba la razón y a la respuesta de Justicia que declara inconstitucional el copamiento, <strong>le seguirá el intento de voltear la Constitución.</strong></p>
<p>Por un camino imbricado finalmente el gobierno -y la situación toda- parece encaminarse hacia el choque previsible y frontal de dos visiones contrapuestas, excluyentes y contradictorias:<strong> el kirchnerismo no puede gobernar con esta Constitución.</strong></p>
<p>La ecuación es simple: la Constitución organiza un gobierno limitado, de poderes compensados, de libertad individual y de supremacía de la autonomía de la voluntad. Todos esos principios son anatemas para el gobierno. Lisa y llanamente no puede tolerarlos.</p>
<p>La presidente <strong>Cristina</strong> <strong>Fernández</strong> en ocasión de presentar los seis proyectos de “<strong>democratización de la Justicia</strong>” dijo textualmente que presentaba esas iniciativas “para no reformar la Constitución”. ¿Cuál fue su mensaje encriptado? Sencillamente éste: “La única alternativa para que no modifique la Constitución de la que están tan enamorados es que me dejen reformarla por ley como a mí se me canta. Si no me dejan, voy a cambiar la Constitución”.</p>
<p>Y ese es, efectivamente, el próximo paso. “Muerto el perro, se acabó la rabia”, es el mantra repetido del kirchnerismo en este y en todos los demás ejemplos en donde el orden jurídico le recordó que éste es un país con límites al poder.<strong> “La Constitución me pone límites y yo no quiero tener límites; entonces es la Constitución o yo”.</strong></p>
<p>La tradicional manera oblicua de hacer política en la <strong>Argentina</strong> (cuya tradición se remonta al uso de la “mascara de <strong>Fernando VII</strong>”, metáfora usada para explicar por qué se hizo la <strong>Revolución de Mayo</strong> aludiendo a que el movimiento no pretendía la Independencia sino confirmar la lealtad al Rey y no a las fuerzas napoleónicas de ocupación) hizo que hasta ahora también se intentara un montaje, una especie de puesta en escena, según la cual se pretendía “vender” el cuento de que era posible compatibilizar un fenómeno político como el kirchnerismo con la continuidad de la vigencia de la Constitución del ’53.</p>
<p>Pero eso no es posible. Del mismo modo que la “máscara de Fernando VII” fue una charada que lo único que hizo fue ralentizar el proceso de independencia, la utopía de mantener al mismo tiempo al kirchnerismo y a la Constitución del ’53 es un espejismo que acaba de romperse. El fallo de la Corte lo hizo mil pedazos.</p>
<p><strong>Ahora vuelve a plantearse la contradicción madre: el gobierno o la Constitución</strong>. No hay dudas de que el gobierno intentará utilizar su argumento central (el de la voluntad popular) para decir que lo legítimo es el gobierno porque el gobierno expresa la voluntad del pueblo y si hay una contradicción entre la voluntad del pueblo y la Constitución, pues lo que hay que derribar es la Constitución.</p>
<p>Y ésta es, sin dudas, la mayor falacia en torno a la cual el kirchnerismo hace girar toda su lógica. Es el principio que los lleva a responder toda crítica con la frase: “Armen un partido político y ganen las elecciones”. Para ellos todo se resume a quién ganó. En la respuesta a esa pregunta se haya la solución a todas las contradicciones.</p>
<p>Frente a la trascendencia que todo el mundo advirtió que el kirchnerismo le daba a ese punto, un día se le preguntó a <strong>Néstor Kirchner</strong>, por cuánto había que ganar una elección para asumir que se tenía la representación del todo. Y Kirchner respondió: “Por un voto”. Es decir,<strong> para el kirchnerismo la democracia es ganar y ganar es hacerlo por un voto.</strong> Como si fuera un partido de fútbol, definido en tiempo suplementario por un gol de penal, que no fue.</p>
<p>Éste es el centro de la contradicción entre la interpretación gubernamental de la democracia y la de la Constitución. <strong>El gobierno entiende que la democracia supone el sometimiento de todas las voluntades a la voluntad del que ganó</strong>, porque el que ganó interpreta la voluntad de <em>todo</em> el pueblo, aun cuando no se haya obtenido el 100% de los votos. La Constitución, en cambio, entiende que quien ganó tiene el derecho de gobernar, pero no representa la voluntad de <em>todo</em> el pueblo sino de una parte de él y que para respetar los derechos de la otra parte es necesario establecer límites que garanticen que un poder equilibrado reconozca los derechos de todos, de los que ganaron y los que perdieron.</p>
<p>Esta concepción, por lo demás, es compatible con la dinámica propia de la vida social. Una sociedad es un cuerpo vivo, no estático, que cambia con el paso del tiempo y que no queda soldada a la foto puntual de un instante. Las mayorías de hoy pueden no serlo mañana y viceversa.</p>
<p>El gobierno -si fuera realmente sincero- debería recordar que durante los ’90 la opinión del pueblo (“la voluntad popular”) respaldó masivamente dos veces ideas completamente contrarias a las actuales (el “pueblo” en aquellos años votó las privatizaciones, el alineamiento con <strong>EE</strong><strong>UU</strong>, la convertibilidad, la apertura económica). ¿Qué habría sido del <strong>socialismo camporista</strong> si el gobierno de ese entonces hubiera dicho “esta es la voluntad popular y acá se acabó la historia porque esto es lo que el pueblo quiere&#8221;? Evidentemente aquello era lo que el pueblo quería en <em>ese</em> momento; pero luego no lo quiso más, y entonces los Kirchner fueron posibles. L<strong>os Kirchner son la mejor prueba de que la “voluntad popular” cambia. Como cambiaron muchos de sus funcionarios que de ser menemistas acérrimos pasaron a ser nac &amp; pop.</strong></p>
<p><strong>El único esquema que permite que las voluntades populares (en plural) se vayan manifestando armónicamente según pasan los años es el de la Constitución.</strong> El esquema kirchnerista suelda la “voluntad popular” (en singular) al resultado de una elección y friza la posibilidad de que las “otras voluntades” se manifiesten. Eso, claramente, no es democrático. Y como la Constitución es verdaderamente democrática (es decir, establece un sistema por el cual <em>todas</em> las voluntades pueden convivir pacíficamente) <strong>para vivir bajo un gobierno no-democrático, hay que terminar con la Constitución democrática. Este será el siguiente pasó del gobierno.</strong> El último. El que quizás debería haber sido el primero. Los Kirchner vivieron con la “máscara de Fernando” durante 10 años, hasta que finalmente la realidad los forzó a “salir del closet”.</p>
<p>Ahora deberán decirle a la sociedad que quieren ir a una Constitución en donde solo se respete <em>una</em> voluntad. Ellos tratarán de vender el “paquete” diciendo que esa voluntad <strong><em>es</em> </strong>la voluntad del pueblo y que las demás son las de las <strong>“corporaciones antipopulares”</strong>. Pero a no engañarse. Esa es la voluntad de <em>ellos</em>, la que querrán imponer para ser los dueños constitucionales del Estado. Hasta ahora han intentado serlo de todos modos. Pero el faro constitucional del ’53 los mantenía iluminados, como el faro de la ley señala a quien ha pasado sus límites. Con una Constitución que corte esa luz ya no serán los dueños del Estado al margen de ley, sino dentro de ella.</p>
<p>Ese es el próximo paso<strong>: “si con la ley que existe no puedo hacer lo que quiero, pues cambio la ley”</strong>. <strong>Antes se intentó el “si con los jueces que hay no puedo, pues cambio los jueces”</strong>. El intento fracasó por la Constitución. Ahora irán por la Constitución, entonces, Es la lógica espiralista del kirchnerismo. Está en su naturaleza. ¿Lo logrará? Es poco probable. Pero eso no quiere decir que no vayan a intentarlo.</p>
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