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	<title>Carlos Mira &#187; Criminalidad</title>
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		<title>Siete años de Cristina Kirchner y la instalación de una extraña contracultura</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Dec 2014 10:13:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El pasado miércoles 10 se cumplieron siete años desde que la Sra de Kirchner asumió por primera vez la presidencia. Si uno tuviera que hacer un raconto de cómo está el país después de esta experiencia, los resultados no podrían ser peores. <b>No hay prácticamente terreno en el que la Argentina no haya retrocedido y donde la vida no se haya deteriorado en este lapso.</b></p>
<p>Las relaciones internacionales, la economía, la seguridad ciudadana, la educación, la cultura cívica, el respeto público, el clima de convivencia, la paz cotidiana, la tolerancia, la violencia verbal y física, las amenazas, el nivel de libertad individual, la independencia de la justicia, el desenvolvimiento de la prensa, en fin, todo lo que conforma la realidad diaria de un país ha sufrido un retroceso notable en estos años llenos de furia y de pretensión hegemónica del ejercicio del poder.</p>
<p><b>Los aliados más importantes de la Argentina de hoy son Venezuela, Irán, China y Rusia, cuatro regímenes que, por decir lo menos, ejercen el poder sin libertad,</b> de modo autoritario y sin que rijan las garantías constitucionales mínimas de una democracia republicana. Cuando uno contrasta esa realidad con la afirmación de la presidente electa -y aun no asumida- de que su gobierno tendría como reflejo orientador el ejemplo de Alemania, no puede menos que agarrarse la cabeza.<span id="more-725"></span></p>
<p>Haber firmado un acuerdo con el país que concibió intelectualmente los dos atentados más serios en la historia de la Argentina es algo que aun hoy, con el paso de los años, no puede explicarse, salvo que la presidente lo haya hecho porque siente un deseo irrefrenable de causar irritación en aquellos a los que no tolera, aun cuando la honra y la justicia que el país reclama estén de por medio.</p>
<p>Las inexplicables muestras de odio, envidia y rencor hacia los Estados Unidos -hacia su pueblo y hacia su gobierno- provocaron un serio aislamiento del país, al que muchos le soltaron la mano, obviamente, al ver aquella propensión inútil a querer “guerrear” con la primera potencia mundial.</p>
<p>La caída estrepitosa a nivel regional, en donde países que hasta no hace mucho ni siquiera podían pensar en compararse con la Argentina nos han superado con creces en casi cualquier parámetro de medición.</p>
<p>En materia económica la situación no puede ser menos calamitosa. <b>La inflación ha corroído todas las variables del funcionamiento de la economía</b>. Los salarios, los impuestos, la tasa de productividad, las tasas de interés, en fin, todo se ha distorsionado de una manera ridícula. El gobierno emite moneda a una velocidad sorprendente para alimentar un gasto publico astronómico que no para de crecer en medio de una orgía demagógica de subsidios, regalos, prebendas y clientelismo político pocas veces visto en un país ya de por sí históricamente cruzado por esas pestes.</p>
<p>El peso ha perdido su valor con una velocidad pasmosa en los años que la Sra de Kirchner lleva en el gobierno. Si uno recuerda lo que podía comprarse con $100 en 2007 y lo compara contra los que puede comprar hoy comprueba la triste realidad que significa haber entregado gran parte del poder adquisitivo del trabajo y de las remuneraciones.</p>
<p>Un estrafalario cepo al dólar produjo, desde hace cuatro años, un colapso de prácticamente todos los mercados. Desaparecieron 800 inmobiliarias, hay importaciones “pisadas” por más de cinco mil millones de dólares, <b>el país entró nuevamente en la ridiculez de un sistema de autorizaciones completamente estrambótico llamado “DJAI” que parecen haberlo metido en el túnel del tiempo de los años ‘80.</b></p>
<p>En un contexto de crecimiento de reservas de los Bancos Centrales de toda la región, la Argentina perdió más de 25.000 millones de dólares en ese período pues si algún éxito tuvo el cepo fue el de lograr que no entrara un solo billete, aun cuando la fuga no se detuvo.</p>
<p>La gente que vive en villas miseria ha aumentado más de 150% en <b>un ejemplo dramático y demoledor de la decadencia del nivel de vida nacional </b>al que el “modelo” ha condenado al país. La imagen visual de la Argentina (cómo la gente se viste,  cómo habla,  cómo viaja,  cómo come,  cómo estudia y  cómo cuida su salud) da la <b>apariencia de una sociedad empobrecida, en franca decadencia.</b></p>
<p><b>La Presidente ha conducido al país nuevamente al default de su deuda,</b> regalándole gratuitamente al mundo un espectáculo de indecencia que ha tenido, en el centro de la escena, la pésima conducción profesional de un juicio perdido en todas las instancias de la justicia competente para juzgar. Es más, dadas las situaciones de negociación conocidas después de la sentencia desfavorable, parecería que la Sra de Kirchner tomó esa decisión (la de defaultear al país) también a propósito, con el solo objetivo de demostrar una rebeldía tan inútil como inmadura.</p>
<p>¡Qué decir en materia de inseguridad ciudadana! <b>La tasa de criminalidad y la crueldad de los hechos delictivos ha aumentado al mismo ritmo que un particular enfoque de la problemática delictual </b>según el cual las víctimas de la violencia no son las verdaderas víctimas sino en realidad los victimarios de un conjunto de pobres individuos a los que, como sociedad, ha segregado y discriminado, consecuencia de lo cual, prácticamente los ha forzado a delinquir, a matar, a robar y a violar como una manera de “equiparar los tantos” de la justicia.</p>
<p>Se ha llegado al punto de utilizar presos en mitines políticos con agrupaciones partidarias kirchneristas desarrolladas dentro de los penales; existe ahora la teoría de que los presos deben tener un sueldo, aguinaldo y vacaciones pagas, juntamente con una representación sindical con personería gremial.</p>
<p>Al lado de estas realidades, el país se convirtió en una nueva Meca del narcotráfico, siendo incluso la <b>sede de “cumbres” de capomafias de la droga colombiana</b> que prácticamente han copado la ciudad de Rosario con sus crímenes, sus sicarios y el dinero fácil con el que cooptan “soldaditos” -tal como le llaman a los adolescente que ponen a trabajar para ellos el precio de arruinarles la vida para siempre.</p>
<p>El <b>derrumbe completo de la educación</b>, registrado por nuestros alumnos en cuanta prueba regional o internacional se tome, es otra de las realidades de estos últimos siete años. Los chicos no comprenden lo que leen, no dominan operaciones aritméticas simples y tienen una incapacidad alarmante para entender el pensamiento abstracto.</p>
<p>Si bien se pensaba que el país había conocido ya todos los vericuetos de la corrupción, las sospechas y comprobaciones a las que se están accediendo en los últimos tiempos hablan de una sofisticación superior en la evolución del delito desde el Estado. <b>Dineros públicos que van y vienen, gente de la íntima confianza presidencial que no puede explicar su crecimiento patrimonial, operaciones extrañas con las empresas que pertenecen a la propia Presidente</b>, un vicepresidente procesado por primera vez en toda la historia argentina que trucha papeles de un auto y establece domicilios en médanos como si fuera un operador del bajo fondo más berreta, trasmiten la imagen de una pauperización del poder que -aun cuando la Argentina nunca fue una joyita- no se conocían hasta los años de la “década ganada”.</p>
<p>El gobierno ha intentado copar la Justicia, para destruir la esencia de los controles republicanos; no tolera ni siquiera la idea de que su comportamiento se limite y se vigile y, al contrario, ha instrumentado un sistema de vigilancia ciudadana que le da al país una contextura policial en la que todo está básicamente prohibido, salvo que un bando presidencial autorice la conducta. <b>Los intentos de hacerse de un poder completo han llegado a limites absurdos</b> como los casos de Gils Carbo, de Justicia Legítima, las amenazas a los jueces díscolos, las sanciones de leyes hechas a medida para evitar las investigaciones, al tiempo que se manda a investigar a aquellos que no se avienen a ser meros siervos de un poder absoluto.</p>
<p>Y todo esto envuelto en un envase de estrés constante, de unas maneras de furia y torbellino que todo lo atropellan, en una mezcla de soberbia e ignorancia francamente desconcertante.</p>
<p><b>El séptimo aniversario de la Sra de Kirchner como presidente encuentra al país con estos contornos; viviendo a fuerza de relatos fantásticos que un inmenso aparato de propaganda financiado con el dinero de todos los argentinos ha contribuido a propalar.</b> Relato en el que aún muchos creen llevados por las dádivas, el empleo público y los favores del Estado.</p>
<p><b>Nadie sabe cuánto le costará al país revertir estos años disvaliosos, durante los cuales una contracultura extraña y decadente copó el centro del alma argentina</b>, alegremente, con la anuencia mayoritaria de la sociedad. Pero el esfuerzo por volver al orden lógico de las naciones deberá ser titánico. Y eso <b>sin contar que aún queda un año para que el deterioro siga profundizándose.</b></p>
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		<title>Hora de combatir el delito con profesionalismo</title>
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		<pubDate>Sun, 11 May 2014 10:00:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El principal argumento del gobierno para explicar cuanta cuestión se relacione con el principal drama argentino de hoy -esto es, la inseguridad- implica el reconocimiento del fracaso más absoluto sobre un terreno en donde el mismo gobierno se atribuye todas las victorias.</p>
<p>En efecto, la aproximación oficial al tema de los delitos y de la delincuencia báscula sobre un alto componente clasista que concluye que esa realidad (en el peor de los caos de que fuera tan grave como se dice) es la consecuencia de un proceso de exclusión social que ha dejado a la intemperie de los goces del confort y del desarrollo moderno a millones de personas que, concientes de su indigencia y de su marginalidad, no les queda otro camino en la vida que salir a delinquir, porque la sociedad le corta -poco menos que a propósito- toda vía decente de ascenso social.</p>
<p><strong>Si esta alambicada teoría fuera cierta,  el gobierno estaría reconociendo que, luego de más de una década en el poder, no ha podido incluir a nadie en el sistema social sano y evolutivo y que, al contrario, ha mantenido o empeorado las condiciones de vida de los millones que hoy se debaten en la miseria</strong>. El propio razonamiento oficial llevaría como de la mano a caer en una alternativa de hierro: o es falso que la exclusión genera delito o es falso que estos diez años hayan sacado a alguien de la exclusión. Si el proceso económico kirchnerista hubiera sido tan exitoso como sus protagonistas dicen, y también fuera cierto que la causa del crimen es la pobreza, ambas posiciones oficiales no podrían ser verdaderas al mismo tiempo.</p>
<p>El Congreso fue el jueves el marco físico para la reunión del &#8220;Encuentro Federal por una Seguridad Democrática y Popular&#8221;, y en esa ocasión se volvió sobre la misma cantinela ideológica de la “restauración de derecha” que enarboló Agustín Rossi frente a Luis D’Elía, Milagro Sala, Estela de Carlotto, el padre Molina, Julián Dominguez,  el “Chino” Navarro y Alejandra Gils Carbó.</p>
<p><strong>Desde el propio nombre de este foro se insiste en asociar la cuestión de la seguridad con la democracia y lo “popular” como si el encare riguroso de la cuestión significara poner a quien lo proponga en la vereda antidemocrática o antipopular.</strong></p>
<p>Por lo demás, no se sabe muy bien quién dio la autorización para que este grupo de personas se arrogue la exclusividad de lo “popular” y, por otro lado, es bien sabido que hay muchas posibilidades de que quien más machaque sobre lo “democrático” de sus características probablemente sea todo lo contrario.</p>
<p>La insistencia es asociar el submundo del delito con el pobrerío marginado, tal como lo dejan traslucir quienes defienden una aproximación laxa y<em> zaffaroniana</em> a la problemática (Movimiento Evita, Barrios De Pie, Tupac Amarú, La Cámpora, Unidos y Organizados, etc), una aproximación injusta y demagógica sobre el tema. <strong>Dar a entender que los delincuentes son delincuentes por ser pobres es ignorar el costado de las víctimas de los delitos que, en su mayoría, son pobres y, en el lenguaje oficial, “excluidos”.</strong> Si bien existe una incidencia de las condiciones sociales en la delincuencia, ese dato no es uniforme, porque hay millones de pobres (la mayoría, por otra parte) que son honrados y que siguen teniendo esperanzas en que el trabajo los saque de su condición.</p>
<p>Son estos los verdaderos estafados del régimen. Esas ilusiones, que una década de despilfarro y derroche han hecho trizas, son una de las primeras víctimas del drama de la inseguridad. El sistema económico que consumió en el altar del corto plazo el que probablemente haya sido el flujo de fondos más impresionante de los últimos cien años en la Argentina es el responsable de no haber cumplido precisamente con lo que declara por otro lado como el origen de la inseguridad.</p>
<p>Si el modelo kirchnerista hubiera elevado la condición social de millones, al menos estaríamos en condiciones de verificar si es cierto que, en ese caso, la seguridad aumenta y la delincuencia cae.</p>
<p>Pero la realidad, por la propia lógica del gobierno y de sus movimientos afines, demuestra que <strong>la organización económica de esta década ha sido un fracaso rotundo que arrojó a la marginalidad y a la indigencia a vastas franjas de la población en un proceso de concentración de riqueza pocas veces visto.</strong></p>
<p>La insinuación oficial y de la ideológica usina “intelectual” de Justicia Legítima de que la inseguridad debe encararse desde políticas “sociales” de inclusión y de que mientras se haga ese trabajo no se puede hacer otro es completamente falsa.</p>
<p>Si bien es cierto que una mejora en los términos de desarrollo económico de toda la sociedad incide en los niveles de delito y en los indices de criminalidad, no es cierto que no se pueda hacer nada mientras se trabaja en aquellas profundidades. El encare correcto de la problemática señalaría un camino doble en donde, mientras se dispone de herramientas económicas capaces de dirigir al país al desarrollo, se ataque el problema urgente que termina con la vida de la gente en plena calle.</p>
<p>Lo único que no puede hacerse es practicar  una política económica que dirige al país al atraso y al subdesarrollo y entregarse a la inacción total respecto de una de sus posibles consecuencias: el aumento de la criminalidad.</p>
<p>Y este es precisamente el punto de vista que parece desprenderse del gobierno en todos sus ordenes, con la posible excepción esporádica del secretario Berni: <strong>defender un sistema económico retrógado que multiplicó, por ejemplo, por 130% la población en villas miseria y al mismo tiempo decir que contra el delito no se puede hacer nada mientras no se termine con la pobreza.</strong> La contradicción de ese razonamiento es evidente: digo que la pobreza es la causa de la delincuencia y pongo en práctica teorías económicas que lo único que hacen es fabricar pobres.</p>
<p>Por respeto a los muertos, a los robados, a los que todos los días viven bajo la amenaza del delito, es hora de dejar de hacer política demagógica con la inseguridad y encarar con sinceridad y profesionalismo el problema. Mientras la ideología ciega, la demagogia corrupta y cínica, la ignorancia y en chanterío estén a cargo de buscar las soluciones, seguiremos en este camino de decadencia que tiene la triste decoración de la muerte, de la violación, del asalto y del robo.</p>
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