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	<title>Carlos Mira &#187; Ballotage</title>
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		<title>Un nuevo comienzo</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Nov 2015 21:05:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Finalmente Mauricio Macri es el presidente electo de la Argentina. Un hecho simplemente inconcebible sólo unos meses atrás se ha transformado en realidad. Una noche de doce años de oprobio y despotismo ha terminado. Lo que queda por delante es una tarea ciclópea. La columna vertebral del país ha sido destruida: se dividió a la... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2015/11/23/un-nuevo-comienzo-2/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Finalmente Mauricio Macri es el presidente electo de la Argentina. Un hecho simplemente inconcebible sólo unos meses atrás se ha transformado en realidad. Una noche de doce años de oprobio y despotismo ha terminado. Lo que queda por delante es una tarea ciclópea. La columna vertebral del país ha sido destruida: se dividió a la sociedad, se fundieron sus reservas, se quebró el aparato de producción agrícola probablemente más eficiente del mundo y se unió a la Argentina a los carros de los peores autoritarismos del planeta.</p>
<p>La magnanimidad será la palabra de la hora. De todos. De Macri, extendiendo la mano hacia quienes no lo votaron. De los que perdieron, aceptando el cambio de época. De la sociedad civil que deberá ser paciente y comprensiva. De los sindicatos, que deberán colaborar para mantener la paz social. De los empresarios, que deberán ser más emprendedores que dueños de empresas y de los trabajadores, que deberán confiar en un futuro mejor para sus familias.</p>
<p><b>Pero todo lo duro que pueda ser ese horizonte cercano no se compara con la degradación que el país soportó en estos años,</b> con el robo, la prepotencia, el atropello, la ambición enferma por el poder, con la degradación republicana, con la burla a las instituciones y a la <i>Constitución</i>.<span id="more-1145"></span></p>
<p>Resulta francamente deprimente prestarles atención a quienes comentan la diferencia final entre los candidatos. Fue Néstor Kirchner el que dijo que las elecciones se ganan por un voto. Pero claramente no fue él ni mucho menos su esposa los que aceptaron el principio de que, aun ganando por un voto, se debe gobernar para todos los argentinos.</p>
<p>El kirchnerismo prometía ganar en primera vuelta. De ese escenario pasó a ganar por menos de tres puntos la elección general y a perder la provincia de Buenos Aires. Y finalmente de ese escenario de victoria ajustada, pero victoria al fin, pasó a uno de derrota. Con la misma lógica que el kirchnerismo hace las cuentas, podría decirse que Macri remontó seis puntos entre el 25 de octubre y ayer.</p>
<p>Néstor y Cristina Kirchner pasarán a la historia como los jefes de una facción, como los líderes de una secta que se apropió de los usufructos del Estado como si este les perteneciera. Se instalaron en los sillones más altos de la república para desde allí disponer de los bienes de todos como si fueran propios. No atendieron a una sola de las reglas de la convivencia y la tolerancia. No respetaron el disenso y persiguieron abiertamente a los que se les oponían echándoles encima todo el peso del Estado.</p>
<p>Que esa sola tendencia cambie implicará un cambio moral de proporciones siderales. <b>Macri trasmite, en ese sentido, una imagen de credibilidad y confianza de la que el kirchnerismo careció, no por defecto, sino porque nunca le interesó tenerla</b>. Los Kirchner siempre tuvieron claro que no gobernaban para toda la Argentina y para todos los argentinos. No querían hacerlo y no lo hicieron. El gran desafío de Cambiemos será, precisamente, terminar de convencer a todos de que viene en son de paz, que viene a mejorar la condición general de la sociedad y que no lo inspira ni la revancha ni el resentimiento.</p>
<p><b>Tanto Macri como Gabriela Michetti buscaron dejarlo en claro desde el arranque: no empieza aquí ningún ajuste de cuentas</b>.</p>
<p>En gran medida una enorme responsabilidad cae ahora sobre los que perdieron. El discurso de aceptación de derrota de Scioli no fue, en ese sentido, un comienzo alentador. El gobernador saliente de la provincia de Buenos Aires parecía no darse cuenta de que la campaña había terminado, creyó que aún había espacio para repetir una vez más los consabidos capítulos del relato kirchnerista. Pero tengamos una dosis de clemencia y aceptemos que pudo deberse a que estaba enfrentando posiblemente uno de los momentos más tristes de su carrera política. Démosle tiempo al tiempo.</p>
<p>El peronismo recibe ahora una enorme carga frente a la sociedad. Sergio Massa y José Manuel de la Sota probablemente personifiquen la oposición a un Gobierno que debe hacerse cargo de un desquicio económico monumental. Sin ellos, no será posible convocar a un diálogo productivo y enriquecedor. Allí será fundamental el rol que juegue Lilita Carrió para no extremar su purismo a extremos que pongan a Macri entre la espada y la pared.</p>
<p>Nada de lo que ocurra de ahora en más tendrá comparación en términos democráticos con lo que ocurrió en estos últimos doce años. Las personas, contrariamente a lo que sostiene el relato oficial, perdieron derechos en la Argentina, no los ganaron. Bajo la lógica de los derechos colectivos se vendió un envase confuso por el que se le hizo creer a la gente que los derechos que empezó a arrogarse el Estado eran sus derechos. No: los entes colectivos no tienen derechos, sólo las personas físicas o jurídicas pueden tenerlos. Por eso, esos nuevos derechos colectivos se los apropiaron Néstor, primero y Cristina Kirchner, después. Pero las personas perdieron libertades y muchas de las garantías de la <i>Constitución</i>.</p>
<p>Es posible, incluso, que la diferencia de tres puntos juegue a favor de Macri, para llevar adelante un gobierno de consenso y de grandeza.</p>
<p>Y finalmente una referencia a la gente. Los países se hacen “a gente”, no “a máquina”. La Argentina no tuvo al frente de sus instituciones a la mejor gente, a los mejor formados y a los de mejores intenciones. Sí, sí: hubo muchas malas intenciones en muchos de los más empinados personajes de la política en estos últimos doce años. Un cambio en ese terreno será simplemente revolucionario. Cuando las malas intenciones se reemplacen por la buena fe, la Argentina podrá tardar más o menos en salir de su marasmo económico, pero habrá salido definitivamente de la vergüenza.</p>
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		<title>Unas PASO singulares y contradictorias</title>
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		<pubDate>Sun, 09 Aug 2015 15:24:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[Las elecciones PASO que hoy se llevan a cabo en todo el país han concitado, obviamente el interés de todos. Se trata del primer eslabón en la carrera hacia la Presidencia. Y como no podía ser de otra manera, el evento está rodeado de las infaltables curiosidades argentinas, que muchas veces tiñen de modo particular... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2015/08/09/unas-paso-singulares-y-contradictorias/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Las elecciones PASO que hoy se llevan a cabo en todo el país han concitado, obviamente el interés de todos. Se trata del primer eslabón en la carrera hacia la Presidencia. Y como no podía ser de otra manera, el evento está rodeado de las infaltables curiosidades argentinas, que muchas veces tiñen de modo particular lo que serían los compromisos electorales equivalentes en otros países.</p>
<p>En efecto, a este turno de votación se lo llama “primarias” (nombre tomado a todas luces de la tradición americana de las “primaries”), dando la impresión, para el que no lo sabe (un extranjero, por ejemplo), de que los partidos eligen sus candidatos internamente. Pero la singularidad argentina ha inventado otra cosa.</p>
<p><b>Aquí hay partidos que no dirimen nada, que no eligen candidatos, que no resuelven, en suma, ninguna interna, ninguna primaria, sencillamente porque concurren a la elección con un solo candidato. En honor a la verdad esos partidos no deberían participar de las PASO</b>. Si quieren movilizar a todos los ciudadanos para que dediquen un domingo de su vida a ir a elegir candidatos obligatoriamente, de partidos que no son los suyos, por lo menos que los hagan ir para seleccionar entre más de una alternativa. De lo contario, el ciudadano no está votando en una interna, sino en una externa.<span id="more-989"></span></p>
<p>Las primarias argentinas son engañosas, como muchas otras partes de nuestro sistema electoral, el ballotage, por caso. ¿A quién se le ocurrió inventar la alambicada fórmula del 45 % de los votos o 40 % más 10 % de diferencia para producir un ganador directo en primera vuelta? Se trata de una treta, de una agachada política para entregarle el poder a una minoría. Los sistemas de segunda vuelta se han pensado, justamente, para que el candidato finalmente elegido esté respaldado por una mayoría social importante. Pero, de nuevo, la originalidad argentina inventó este embuste para que alguien, que no tuvo ese peso decisivo, se haga del poder igual. Todo este zafarrancho se lo debemos a Carlos Menem, a Raúl Alfonsín y a la desafortunada reforma constitucional de 1994.</p>
<p>Pero volvamos a las PASO que es lo que se vota hoy. Vayamos casi por el orden de su sigla. Se dice que esta votación es abierta, porque justamente convoca a todo el mundo, no a los afiliados a un partido. Si bien la idea puede ser interesante, es la combinación con su simultaneidad lo que la torna incoherente.</p>
<p>Para que realmente los ciudadanos pudieran participar abiertamente de las primarias de los partidos, aquellos deberían poder votar tantas veces como partidos se presenten en las PASO, porque <b>si todas las primarias se llevan a cabo el mismo día, el ciudadano está obligado a participar en la interna de un solo partido y no en la de los demás, con lo cual el carácter abierto del llamado empieza a estar en dudas</b>.</p>
<p>El otro elemento del combo es que las PASO son obligatorias. Eso las transforma en un comicio público controlado por la Justicia Electoral y sujeto a las condiciones y las características normales de una elección general, saliendo del ámbito privado de los partidos y de las agrupaciones políticas que necesitan convocar a la gente para decidir sus candidatos.</p>
<p>En otros países las primarias son una etapa, digamos así, privada del camino electoral. Están a cargo de los partidos y son controladas por ellos. También, al ser voluntarias y celebradas en fechas diferentes, generalmente convocan a los seguidores de esos partidos. Está claro que también son abiertas y el hecho de realizarse en jornadas distintas facilita que los ciudadanos que participaron en una también puedan participar en la otra, conformando así una verdadera elección interna.</p>
<p>Por eso, en el futuro sería interesante revisar este procedimiento para adecuarlo más a la realidad de las cosas y a no trasmitir una imagen engañosa de algo que no es.</p>
<p>En cuanto a la previa de las PASO, la Argentina siguió sin poder celebrar ningún debate. Aquellos que se reclamaron no fueron para enfrentar a candidatos de un mismo espacio, sino entre los candidatos que las encuestas ya presumen serán los finalistas de las elecciones generales. <b>Aquí no se pidió un debate entre Mauricio Macri, Ernesto Sanz y Elisa Carrió o entre Sergio Massa y José Manuel De la Sota o entre Nicolás Del Caño y Jorge Altamira. Aquí se pedía que debatieran Macri, Daniel Scioli y Massa, sin advertir que esta es una elección hacia el interior de los partidos y no hacia el exterior. Otra deformación típicamente nacional</b>.</p>
<p>El jueves pasado, en la ciudad norteamericana de Cleveland, Ohio, diez precandidatos republicanos a la Presidencia de los Estados Unidos se presentaron ante la televisión (el evento fue trasmitido por la cadena Fox News) para discutir sus puntos de vista respecto de distintos problemas de la política norteamericana a ser encarados por el sucesor de Barack Obama.</p>
<p>Lo primero que saltaba a la vista para un observador imparcial eran las profundas diferencias de enfoque que existían entre ellos en los temas más variados, desde la política inmigratoria hasta la participación militar en el exterior, pasando por el permiso al Gobierno federal para acceder a comunicaciones telefónicas de aquellos sospechados de terrorismo, hasta el sistema de salud.</p>
<p>Pero ninguno renunció a su filiación republicana. Todos (excepto Donald Trump, que no quiso expedirse tajantemente sobre el tema) adelantaron que, por supuesto, endosarían al candidato triunfante en las primarias.</p>
<p>Aquí, en la Argentina, la más mínima desviación produce una escisión, una fractura, la creación de una fuerza o de un frente nuevo. Todo el mundo quiere ser el cacique de su propio purismo, donde no haya disidencias y donde todos se amolden a la dirección de un mandamás. Eso también deberíamos ir pensando en terminarlo.</p>
<p>En algún momento los mitos urbanos decían que el ancho de la frente de cada uno era una señal de su inteligencia. Está claro que eso es una pavada. Pero si fuera cierto veríamos empezar a tener más “frente” y menos “frentes”. <b>Es hora de que el país vuelva a la inteligente organización de partidos clásicos, definidos, con vertientes y sectores internos, incluso con diferencias apreciables</b>, pero con la capacidad de cohesión suficiente como para permanecer bajo un mismo techo político sin fracturas ni divisiones.</p>
<p>Para solucionar esas diferencias sí deberían existir unas primarias, abiertas, voluntarias y celebradas en fechas diferentes para que el pueblo los ayude a elegir sus líderes. Casi, casi al revés de lo que sucederá hoy.</p>
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