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	<title>Carlos Maslatón &#187; BCRA</title>
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		<title>Es inminente el colapso total del peso argentino de papel</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Jan 2014 10:33:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Maslatón</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El movimiento de precios registrado en el mercado negro de cambios entre el peso y el dólar en las últimas semanas, sumado al desarrollo en fuerza desde que se alcanzara 10,45 pesos por dólar el 8 de mayo de 2013, unido a toda la estructura ascendente desde el nivel de 6,09 (octubre 2012), desde 2,73 (julio de 2005) y desde el mínimo inicial de 1,00 peso por dólar (noviembre de 2001), permite ahora que <strong>las fuerzas ascendentes del dólar queden otra vez liberadas rumbo a nuevos máximos</strong> bien superiores a los ya vistos en mayo pasado. Es mi opinión, basada en técnica y en dinámica de mercado; no se trata de una opinión política ni de deducciones de lo qué haría o dejaría de hacer el gobierno, y mucho menos se relaciona con deseos políticos o intenciones personales. <strong>Los mercados se mueven, siempre, y no pueden ser a la larga modificados en su comportamiento por la voluntad del Estado regulador ni por la manía delirante del funcionario público</strong>. Los precios de las cosas, entre los que se encuentran los cambios entre monedas, son esencialmente inestables, a veces se despliegan con fuerza al alza y a la baja generalmente en cortos períodos de tiempo, otras veces lateralizan durante meses en preparación para el próximo movimiento impulsivo.</p>
<p>La fuerza inmediata que gobierna <strong>el mercado real de cambios dólar-peso</strong>, que la autoridad decidió reputarlo como “negro” hace más de dos años al declarar con sus actos la definitiva inconvertibilidad del peso argentino de papel, es el movimiento que comenzara el 5 de julio de 2013 en los mínimos de 7,88. A este registro se había llegado tras un descenso fuerte desde el nivel de 10,45 del 8 de mayo de 2013. Desde 7,88 se produjo una subida hasta 10,20 en octubre, para verificarse luego una retracción hasta 9,05 a principios de diciembre a los pocos días de la asunción de <strong>Capitanich</strong> y <strong>Kicillof</strong>. La superación posterior de 9,70 y el testeo de estos días de la zona de 9,95-10,20 está habilitando nuevas estructuras alcistas de importancia. Considero, en primer lugar, que <strong>el dólar volará hasta 11,37 a velocidad, pero como parte integrante de una expansión mayor hacia 12,78 pesos por dólar en las próximas semanas.</strong> El final del recorrido, sin embargo, no concluiría ni en 11,37 ni en 12,78. Una secuencia posterior de movimientos estimo llevaría al dólar norteamericano, en esta primera parte de 2014, a niveles tan elevados como 14,93 y 18,66. Expansiones, ya de mediano plazo, colocarían al dólar posteriormente en 23,89 y 36,96 pesos argentinos de papel.</p>
<p><span id="more-89"></span>No es fácil la instancia política que deberá transitar el gobierno en base a la dinámica que se avecina en el mercado real de cambios. Para empezar, si quisiera amortiguar los daños de la política ya realizada, deberá <strong>abandonar el sueño del congelamiento de precios</strong>, aun cuando lo exponga como presunto acuerdo entre sectores. <strong>En la posición técnica en que se encuentra el peso, no funcionarán ya pactos de ninguna clase, que serán automática e impunemente ignorados</strong> y tampoco operarán con éxito ni llamados telefónicos ni inspecciones de ningún tipo, ni siquiera tributarias frente a una realidad de mercado que se llevará todo puesto. <strong>El gobierno kirchnerista estuvo desde siempre incapacitado para comprender la relación entre expansión monetaria, demanda de dinero del público y precios de los bienes y servicios</strong>. Más aún, ha negado ideológicamente las relaciones causales de estas relaciones económicas. Sin embargo, aun cuando quisiera repentinamente darles validez científica, su margen de maniobra actual es casi nulo. La economía y las finanzas tienen un punto donde se quiebra la confianza en un determinado estado de cosas y se aceleran por ello los movimientos y deslizamientos de precios. Estamos ingresando en una fase técnica donde los precios subirán más que la emisión monetaria y donde el dólar sobrepasará también al ritmo de creación de dinero por parte del <strong>BCRA</strong>. Así como los años 2007-2011 le jugaron a favor al gobierno subiendo los precios menos que la falsificación de moneda perpetrada, en estos momentos sucederá lo contrario al mejor estilo 1975-1976 ó 1989-1990. A propósito, el próximo 6 de febrero se cumplen 25 años de una de las fechas claves de la historia argentina, cuando el BCRA de <strong>Alfonsín</strong> tuvo que retirarse forzosamente del mercado de cambios y explotó, en un día, la <strong>hiperinflación</strong>. En este fenómeno económico los precios van delante de la emisión, siempre. Más aún, el gobierno tiene que imprimir moneda porque los precios suben y no al revés.</p>
<p>Para los tiempos duros que se vienen en la Argentina<strong>, resultará conveniente que el gobierno abandoné su “plan” secreto para hacer converger su dólar “oficial” con el dólar negro</strong> que en esta época se ha llamado incomprensiblemente “<strong>blue</strong>” para que suene menos grave a periodistas y a lectores de medios de comunicación. Esta batalla ya la tiene perdida. La intervención en el mercado negro, realizada por el gobierno desde mayo de 2013 y que continúa hasta la actualidad, además de haber legalizado el “negro” por sus propios incomprensibles actos vendiendo títulos en su poder (confiscados a los que tenían derechos como futuros jubilados en las <strong>AFJP</strong>) para que bajaran sus precios y se ajustaran relaciones teóricas de dólar implícito en el mercado, ha sido un completo fracaso y no ha servido para nada más que para “marcar” en una pantalla de cotizaciones valores irreales. El gobierno debe entender que los precios de los cambios son sólo uno de los elementos constitutivos del mercado, el otro gran elemento es la accesibilidad al mercado que es la que ha restringido o prohibido tanto en el “oficial” como en el negro. Si desea ahora evitar males mayores a los que sobrevendrán como consecuencia del colapso del peso de papel, mi sugerencia es que al menos restaure un mercado unificado, donde cualquiera pueda comprar y vender sin dar explicaciones, y donde el precio surja de la flotación libre o sucia, da igual, o bien si se anima y tiene con qué, con cambio fijo, aunque sabemos que carece tanto de los medios como de la comprensión intelectual para hacerlo con el elenco de ideólogos que comandan actualmente los destinos del país.</p>
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		<title>La Argentina se ahoga en un vaso de agua</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Jul 2013 09:41:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Maslatón</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Ni el gobierno kirchnerista, ni los sectores de oposición de izquierda y centroizquierda, consiguen dar en la tecla para <strong>frenar la corrida contra el peso argentino</strong> y la caída en las reservas del <strong>BCRA</strong>, ni logran encontrar la forma de &#8220;<strong>administrar&#8221; las importaciones</strong>, exportaciones y movimientos de capitales hacia y desde el país al exterior. <strong>Se trata de un tema muy sencillo, que ya no se discute más a nivel mundial desde principios de 1970</strong>, al alcanzarse por motivos técnicos y prácticos un sistema universal que permite que se manejen automáticamente precios de las monedas, cantidades transables de bienes y servicios y que no requiere de torturantes permisos previos del Estado para realizar movimientos financieros ni tampoco para comerciar más allá de las fronteras.</p>
<p>En verdad es el <strong>sistema cambiario</strong>, es decir una cuestión netamente financiera, la que determina según el modelo que se desee la forma en que se ordena el comercio internacional. La simplificación adquirida hace ya más de cuatro décadas consiste primeramente en permitir el libre acceso de cualquiera al mercado de cambios. Esto significa, en la práctica, que pueden <strong>comprar y vender divisas sin que la operación deba ser previamemte &#8220;aprobada&#8221; por el gobierno</strong> tanto importadores como exportadores, egresantes e ingresantes de capitales, turistas al exterior como turistas que visitan el país, quienes quieren tener posesión de moneda extranjera como quienes desean desprenderse de ella a cambio del <strong>papel moneda local</strong>. Pero, además, como tienden todas estas fuentes operacionales a converger en mercados de divisas, los precios que se forman en las transacciones se tornan públicos, transparentes, con bajo <em>spread</em> entre compra y venta, y fundamentalmente flotan, o sea se mueven muchas veces por día hasta en cienmilésimos de entero y a gran velocidad.</p>
<p><span id="more-50"></span>Las cotizaciones se convierten así en mundiales todos los días del año, sólo cesan desde el viernes a la noche hasta la tarde del domingo. El modelo se denomina entonces &#8220;<strong>tipo de cambio de libre acceso con flotación de precios para el establecimiento de los precios entre las monedas&#8221;</strong>. Dólar, yen, franco suizo, euro, libra esterlina, real brasilero, peso mexicano, won surcoreano, no sólo <strong>las principales monedas sino casi todas las del mundo funcionan de esta manera</strong> y es irrelevante si los países están gobernados por centroderechas liberales o por centroizquierdas socialdemócratas. <strong>El peso argentino de papel y el bolívar venezolano son, en este sentido, toda una exoticidad mundial</strong> y no por casualidad ambos países tratan con desesperación a su sector externo al no poder técnica y lógicamente dirigir qué se puede o qué se debe comprar y a qué precios al suprimirse los medios de ajuste automáticos y naturales de la economía espontánea.</p>
<p>El sistema descripto permite, justamente al ser los precios conformados el resultado de las valoraciones de consumidores y productores, que el Estado se desentienda de tener que autorizar importaciones, fijar cupos de exportaciones, restringir el egreso de capitales o la más estrafalaria idea de bloquear el ingreso de capitales. No se necesita regular cantidades, dado que los precios libres y flotantes de las divisas permitirán que se encuentren equilibrios variables que ordenen esta cuestión central de la economía. <strong>Argentina se fue alejando en los últimos años de este sistema normal de operaciones</strong>. Primero <strong>el Estado se adueñó de las divisas de los exportadores</strong>, obligando a ingresarlas al país como si fueran propias, a consecuencia de lo cual luego se sintió en el derecho y en la obligación de decidir qué se importa y qué no otorgando cupos y permisos destructivos. A continuación <strong>bloqueó primero el ingreso y luego el egreso de capitales</strong>, y como consecuencia de sus propios actos produjo luego el<strong> cepo cambiario</strong> en etapas hasta la proscripción total de las transacciones. La historia seguida por ideólogos y hacedores de política económica como <strong>Moreno</strong> y <strong>Kicillof</strong> es impresionante, inimaginable tanto <strong>infantilismo político</strong> perfectamente previsible en sus consecuencias, dado que una medida restrictiva sin motivo que lo justifique fue llevando a otra, y a otra de grado mayor sin que ninguna de ella pudiera solucionar el sentimiento de falta de divisas que muestra el gobierno; al contrario, cada desafortunada decisión agrava la situación <strong>convirtiendo a Argentina en país no invertible y de donde casi todos quieren huir</strong>. El último remate, el blanqueo de capitales -y más allá de sus aspectos morales-, es imposible tenga éxito en las actuales condiciones.</p>
<p>Lo bueno para el gobierno, y para todos, es que este <strong>desastre cambiario</strong> causante de tantos males nacionales se arregla fácil, en poco tiempo, porque su normalización no requiere de un cambio estructural sino tan sólo de liberar el mercado del modo normal y habitual en el mundo. <strong>Se necesita que el Estado restablezca un mercado de cambios de libre acceso</strong>, con los precios del peso argentino formados por flotación, terminar con la manía psicológica de que el comercio exterior tiene que ser dirigido y autorizado por el poder, eliminar la obligación de liquidar divisas resultantes de exportaciones, derogar toda traba al ingreso y egreso de capitales, retirar al <strong>Banco Central</strong> del mercado de cambios. Arancelariamente <strong>la Aduana puede seguir aplicando aranceles razonables, pero nunca cupos, nunca meterse con cantidades transables</strong>. No se necesita gradualismo alguno de política económica en este punto. Se puede proceder de inmediato, a lo sumo estableciendo un par de feriados cambiarios para preparar las cosas y nada más. Los problemas de faltante de insumos se solucionarán bastante rápido también. No hace falta dirigir nada, la <strong>Secretaría de Comercio</strong> debe ser cerrada y <strong>Guillermo Moreno</strong> neutralizado en su accionar destructivo. Los beneficios del giro serán enormes, no falla aplicar aquello que funciona en todas partes con excepción de unos pocos países extraviados por puro prejuicio ideológico irracional o por la manía de sus dirigentes de exponer sus tendencias dictatoriales frente a una población oprimida por la pobreza que causa la falta de libertad.</p>
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