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	<title>Andrés Rosler &#187; Libertad</title>
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		<title>Test de republicanismo</title>
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		<pubDate>Sun, 22 May 2016 06:09:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Rosler</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Conservadurismo]]></category>
		<category><![CDATA[Libertad]]></category>
		<category><![CDATA[Republicanismo]]></category>
		<category><![CDATA[Revolución]]></category>
		<category><![CDATA[Teoría política]]></category>

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		<description><![CDATA[“Habría un medio de asombrar al universo, Haciendo algo totalmente nuevo: la república, por ejemplo”. Georges Clemenceau, carta al conde de Aunay, 17 de agosto de 1898. &#160; La tesis central de Razones públicas es muy simple. Un retrato fiel del republicanismo debe contener al menos cinco rasgos fundamentales: libertad, virtud, debate, ley y patria. Estos... <a href="http://opinion.infobae.com/andres-rosler/2016/05/22/test-de-republicanismo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address style="text-align: right;">“Habría un medio de asombrar al universo,</address>
<address style="text-align: right;">Haciendo algo totalmente nuevo: la república, por ejemplo”.</address>
<address style="text-align: right;">Georges Clemenceau, carta al conde de Aunay,</address>
<address style="text-align: right;">17 de agosto de 1898.</address>
<p>&nbsp;</p>
<p>La tesis central de <em><a href="http://www.katzeditores.com/fichaLibro.asp?IDL=183" target="_blank">Razones públicas</a></em> es muy simple. Un retrato fiel del republicanismo debe contener al menos cinco rasgos fundamentales: libertad, virtud, debate, ley y patria. Estos cinco rasgos, a su vez, son incompatibles por definición con el perfil aguileño y ultrapersonalista de César, o de su equivalente moderno, el cesarismo. Esta breve lista de rasgos sirve asimismo como una prueba infalible para detectar republicanos. En efecto, <i>de te fabula narratur</i>: si usted está en contra de la dominación, no tolera la corrupción, desconfía de la unanimidad y de la apatía cívicas, piensa que la ley está por encima incluso de los líderes más encumbrados, se preocupa por su patria mas no soporta el chauvinismo, y cree, por consiguiente, que el cesarismo es el enemigo natural de la república, entonces usted es republicano, aunque no lo sepa.<span id="more-139"></span></p>
<p>Por supuesto, una descripción de los rasgos o los conceptos básicos de un discurso político no sirve solamente a un propósito estético, sino que constituye a la vez una agenda, i.e., un recordatorio de cuestiones que toda persona interesada en el republicanismo se debería plantear.</p>
<p>Ciertamente, la idea misma de catalogar, incluso brevemente, los rasgos elementales con los que debe contar todo retrato republicano es sumamente audaz, ya que la republicana es una muy larga y rica historia que abarca diferentes clases de repúblicas y republicanismos, desde sus orígenes romanos hasta la actual República de Francia, pasando por las repúblicas tardomedievales, temprano-modernas y la norteamericana, sin dejar de lado varios autores tan diferentes como Cicerón, Maquiavelo, Montesquieu, Jean-Jacques Rousseau, Thomas Jefferson, Immanuel Kant, Friedrich Hegel (vengan de a uno), Alexis de Tocqueville, y siguen las firmas. Así y todo, creemos que los aspectos republicanos que constituyen los capítulos de este libro dan forma, tal como suelen decir los wittgensteinianos, a un aire o un parecido de familia que caracteriza a todos los miembros de la estirpe republicana.</p>
<p>Nuestro retrato del republicanismo es de raigambre definitivamente clásica, en más de un sentido. En primer lugar, en términos cronológicos, ya que todos los temas a discutir figuran predominantemente en la obra de Cicerón, Salustio, Tito Livio, etcétera. A decir verdad, para la época de este último, el republicanismo ya parecía anticuado, a juzgar por la pregunta que se hace en su prefacio a su narración sobre <i>Los orígenes de Roma</i> —algo así como la historia oficial republicana—, si al relatar “los logros del pueblo romano” hacía algo “que valiera el esfuerzo”, puesto que le parecía: “el tema es viejo y trillado”. De hecho, para algunos el nombre mismo de republicanismo suele estar asociado con el conservadurismo o la defensa del <em>statu quo</em>, o en todo caso queda reducido a una teoría de la división del poder.</p>
<p>Sin embargo, <b>lo que para algunos puede parecer un discurso (en el sentido más amplio de la extensión, que incluye conceptos, prácticas, instituciones, etcétera) vetusto, para otros se trata de una tradición política con una muy rica historia</b>, tal como sucede con las personas entradas en años, quienes jamás son “viejas”, sino “experimentadas”. De hecho, gracias a las investigaciones de, v.g., Quentin Skinner sobre el republicanismo, esa muy rica historia ha sido revitalizada a tal punto que se ha convertido en una de las opciones en boga del menú contemporáneo de teoría política, tal como lo muestra la obra de Philip Pettit.</p>
<p>De ahí que la obra de pensadores cronológicamente clásicos como Cicerón, Salustio o Tito Livio puede ser clásica además en sentido valorativo, ya que en lugar de haberse vuelto obsoleta, ha devenido digna de ser leída y discutida en todas las épocas.</p>
<p>En cuanto a los que creen que el republicanismo no es sino una ideología de la consagración del <em>statu quo</em>, ellos se olvidan no solamente del énfasis republicano en el debate y en el conflicto, sino además de la lucha encarnizada del republicanismo a lo largo de su historia contra la dominación. En realidad, lo que suele suceder es que para algunos revolucionarios el republicanismo parece ser conservador, y para algunos conservadores sucede exactamente lo contrario, i.e., el republicanismo parece ser revolucionario. Esto se debe a que el republicanismo trata de articular el debate político con la autoridad de la ley, el cambio radical con la continuidad jurídica, lo extraordinario y lo ordinario.</p>
<p>De hecho,<b> la distinción a ultranza entre conservadurismo y revolución no tiene mucho sentido, a menos que estemos dispuestos a conservar todo o a revolucionar todo</b>. En última instancia, la cuestión es siempre qué debemos hacer aquí y ahora.</p>
<p>En lo que atañe a la reducción del republicanismo a una suerte de fobia al poder, vamos a ver que el republicanismo no solamente se preocupa por controlar el poder, sino que además no tiene reparos en utilizarlo generosamente, siempre al servicio de la libertad de los ciudadanos. Como muy bien sostienen los autores de <i>El Federalista</i>: “El vigor del gobierno es esencial para la seguridad de la libertad”. Ciertamente, “la libertad es a la facción lo que el aire es al fuego, un alimento sin el cual expira instantáneamente”. Sin embargo, “no sería menos una locura abolir la libertad, la cual es esencial para la vida política, porque nutre a la facción, que desear la aniquilación del aire, el cual es esencial para la vida animal, porque le imparte al fuego su agencia destructiva”.</p>
<p>Debido a su insistencia en la necesidad de la virtud como complemento indispensable del gobierno de las instituciones, también se lo suele acusar al republicanismo de moralizar y de juridificar lo político. Sin embargo, tendremos ocasión de comprobar que la moralización republicana de lo político es o bien anodina, ya que toda discusión política gira alrededor de ciertos valores —y quienes acusan al republicanismo de moralizar lo político también lo hacen en defensa de cierto valor—, o bien la acusación misma es el resultado de un malentendido acerca del papel que debe cumplir la virtud cívica al menos dentro del discurso republicano.</p>
<p>De ahí que Maurizio Viroli tenga mucha razón al recordarnos que la virtud sigue siendo tan “necesaria en nuestra república como en las repúblicas del pasado”, debido a las experiencias de nuestra casa: “Por efecto de la debilidad crónica de la conciencia civil en nuestro país, habíamos aceptado tranquilamente y todavía aceptamos prácticas clientelares y políticas de favores, para no hablar del sistema de corrupción política que ha imperado por décadas, y del gobierno de los delincuentes que ha tomado el puesto del gobierno de las leyes en zonas importantes del territorio del Estado”. Por otro lado, cierta juridificación del conflicto político es inevitable, si es que deseamos evitar el anarquismo.</p>
<p><b> </b></p>
<p><b>¿Oxford contra Cambridge?</b></p>
<p>Cuentan que el legendario filósofo de Oxford, Derek Parfit, dividió alguna vez a los que se dedican a la historia de la filosofía en dos grandes categorías. Por un lado, los arqueólogos, quienes tratan de entender el pasado en aras de sí mismo y además tienen que interpretar los artefactos que encuentran a raíz de sus excavaciones sobre la base de evidencia imperfecta. Para poder entender el significado de los artefactos —sean, v.g., vasijas o libros— los arqueólogos deben hacerse preguntas sobre el papel que desempeñaba el artefacto en cierta forma de vida particular. Por el otro lado, se encuentran los profanadores de tumbas, quienes no solamente cometen un acto ilegal, además, y fundamentalmente, toman un artefacto, sea una tumba o el <i>Leviatán</i> de Thomas Hobbes, y le dan un uso completamente diferente al que alguna vez tuvo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>[<em><strong>Extractado del nuevo libro del autor, Razones públicas</strong></em>]</p>
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		<title>Para leer a Hernán Brienza</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Nov 2014 10:43:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Rosler</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Casey Wonder]]></category>
		<category><![CDATA[Cristina Kirchner]]></category>
		<category><![CDATA[Hernán Brienza]]></category>
		<category><![CDATA[Libertad]]></category>

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		<description><![CDATA[Muy buenas noticias. Después de un largo tiempo (¿o será que hacía mucho que no lo leíamos?) Hernán Brienza ha vuelto a incursionar en la teoría social, esta vez para tomar posición en el ya famoso debate acerca de la sociología del conocimiento en el contexto de la discusión acerca del Niño Maravilla Kirchnerista. Ciertamente,... <a href="http://opinion.infobae.com/andres-rosler/2014/11/10/para-leer-a-hernan-brienza/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Muy buenas noticias. Después de un largo tiempo (¿o será que hacía mucho que no lo leíamos?) Hernán Brienza ha vuelto a incursionar en la teoría social, esta vez para tomar posición en el ya famoso debate acerca de la sociología del conocimiento en el contexto de la discusión acerca del Niño Maravilla Kirchnerista.</p>
<p>Ciertamente, el disparador de la respuesta de Brienza fueron los comentarios de Lanata sobre el Niño Maravilla. Pero no nos confundamos. <strong>Si hubiese aparecido un niño deseando ser como, v.g., Marcos Aguinis y dicha aparición hubiese sido criticada por el multimedios oficialista, Brienza habría respondido de la misma manera:</strong> &#8220;Quiero dejar bien claro algo: Muchachos, se trata de un chico de once años, ¿se entiende bien? Once Años. No terminó el primario&#8221;. Irónicamente, Lanata dijo exactamente lo mismo (el problema es la edad, no la opinión), aunque Brienza no lo recuerda.</p>
<p>Sea como fuere, ya que &#8220;se trata de un chico de once años, ¿se entiende bien? Once Años. No terminó el primario&#8221;, cuáles son sus opiniones políticas es irrelevante. De ahí que no tiene sentido hacer de él un caballito de batalla y por supuesto tampoco tiene sentido criticarlo, sean cuales fueran sus opiniones políticas. Sí tiene sentido discutir qué se hace políticamente con los niños. Hasta acá, estamos totalmente de acuerdo con Brienza.</p>
<p>Lo que más llama la atención es uno de los argumentos que subyace a la nota de Brienza: &#8220;Un párrafo aparte se merece el argumento estúpido y estupidizante del adoctrinamiento. Todo chico de once años es adoctrinado. (&#8230;). La supuesta cantinela del &#8216;libre pensamiento&#8217; también es una forma de adoctrinamiento. (&#8230;). Desde que nacemos, a través de los mandatos familiares, de la educación pública o privada, a través de los medios de comunicación, los dibujitos animados –como bien explicó en 1972 Ariel Dorfman en <i>Para leer al Pato Donald</i>–, la religión, la ideología de los padres&#8221;. Brienza, sin embargo, extiende su crítica desde la más tierna infancia al caso de los adultos: &#8220;es imposible un verdadero pensamiento en libertad. Todos estamos atravesados por sentidos, ideas, doctrinas, influencias y procesos de lavado de cabeza&#8221;.</p>
<p>¿Sugiere entonces Brienza que, dado que todos estamos adoctrinados, quienes fueron adoctrinados para cometer delitos de lesa humanidad lo harán (otro tanto con ser enemigos del pueblo), quienes fueron adoctrinados para no cometerlos, no lo harán, y entonces no tiene sentido realizar reproche alguno, sino solamente cabe indagar, de pura curiosidad, cómo es que fue adoctrinado el autor? Después de todo, quienes reprochan la comisión de delitos de lesa humanidad, según Brienza, solamente lo hacen porque fueron adoctrinados para reprochar, y no porque haya algo malo en los delitos de lesa humanidad con anterioridad a todo adoctrinamiento que provoca precisamente el reproche.</p>
<p><strong>Pero entonces ¿Brienza sugiere entonces que él mismo es kirchnerista porque lo adoctrinaron o le lavaron la cabeza?</strong> Nótese que no es tan descabellada la idea, porque hasta no hace mucho escribía notas en contra de quien con el tiempo se convirtiera en entrevistador oficial. En tal caso, ¿por qué criticar a quien expuesto &#8220;a un bombardeo constante el liberalismo a través de los medios de comunicación y la educación de la sociedad neocapitalista&#8221;, es precisamente un cerdo capitalista a raíz de eso? Ni siquiera podríamos decir que la culpa no es el chancho sino del que le da de comer, porque según Brienza el adoctrinamiento necesariamente no excluye a quien alimenta al cerdo siquiera, y el que adoctrina ha sido tan adoctrinado como todo nuevo adoctrinado. <strong>En cuanto a que &#8220;quien reconoce su propio adoctrinamiento es más libre, en términos existenciales, que aquel que se considera libre de doctrinas o ideologismos&#8221;, ¿qué sentido tiene ser más libre que otro si la libertad no existe?</strong></p>
<p>Párrafo aparte merece también la preferencia de Brienza por el &#8220;el hombre político&#8221; en oposición al &#8220;hombre libre&#8221; (dicho sea de paso, ¿esta preferencia de Brienza se debe a un adoctrinamiento, o es la de Brienza porque él la considera correcta, y no al revés?). En efecto, mientras que &#8220;El imaginario social del liberalismo considera como &#8216;hombre libre&#8217; al individuo capacitado para llevar adelante una vida en soledad, con un alto nivel de consumo tecnológico, cultural y suntuario&#8221; (vale aclarar que Brienza parece olvidar el énfasis puesto por la Presidenta en el consumo, particularmente, v.g., cuando inaugura una fábrica de lavarropas, y que la Presidenta ha declarado en público su debilidad por Netflix), el &#8220;hombre político&#8221; de Brienza &#8220;se realiza, en cambio, en comunidad&#8221;, &#8220;cuando se relaciona con otros, cuando le escapa e intenta romper el mandato &#8216;individual-consumista&#8217; que le impone el liberalismo capitalista&#8221;.</p>
<p>Ahora bien, es absurdo creer que la preocupación principista por la comunidad es por definición mejor que todo individualismo auto-interesado. Si los nazis hubiesen sido auto-interesados indiferentes jamás hubiesen llevado a cabo un genocidio en medio de una guerra mundial, como bien nos lo recuerda Hannah Arendt. De hecho, fue el principismo colectivista nazi lo que particularmente despertó el horror y la curiosidad de Arendt.</p>
<p>Irónicamente, Brienza comete el mismo error que Marcos Aguinis, quien supone que el principismo altruista de la Hitlerjugend es por definición superior a cualquier auto-interés . Además, insistimos, el capitalismo liberal podrá tener serios problemas, pero Brienza mismo reconocerá que no todo capitalismo liberal o &#8220;empresa de capital monopólico y concentrado&#8221; es malvada. <strong>El capitalismo liberal de las empresas mineras, Netflix, Chevron, Telefónica, quizás el de Soros, etc., está bien. El problema es el capitalismo monopólico y concentrado que es a la vez enemigo del pueblo.</strong> Por suerte hay gente como Brienza que nos indica cuál es cuál o quién es quién en el mundo capitalista e impide que de otro modo caigamos en una muy natural, aunque letal, confusión.</p>
<p>El artículo apareció originalmente en el blog de Andrés Rosler, <a href="http://lacausadecaton.blogspot.com.ar/">La Causa de Catón</a></p>
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