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	<title>Andrés Cisneros &#187; Malvinas</title>
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		<title>Seriedad y esperanza</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Jan 2016 03:00:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Cisneros</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La entrevista del presidente argentino con el primer ministro británico en Davos fue una buena cosa, síntoma del retorno a la correcta política ya aplicada con anterioridad: continuar reclamando soberanía, pero sin que eso perjudique las buenas relaciones, las inversiones, el comercio y, a su debido tiempo, la posibilidad de emprendimientos conjuntos. Eso ya se hizo y muchos —hoy mudos— lo combatieron ferozmente, pero ya es consenso nacional.</p>
<p>Después de 1982, la recuperación de las Malvinas se tornó aún más difícil, hundió a la opinión pública argentina en una suerte de paralizante sopor peligrosamente cercano a la resignación. El kirchnerismo convirtió al reclamo en una cabalgata demagógica sin posibilidades, ni verdadera voluntad, de aportar a alguna solución concreta. Tantas veces convocados a sonoras cruzadas reivindicatorias, muchos argentinos tienden a ilusionarse cada vez que se consigue alguna entrevista —aunque sea de un cuarto de hora— con algún gobernante británico, suponiendo que de allí surgirá la solución. El camino será inverso, esa entrevista triunfal va a ocurrir dentro de muchos años, cuando volvamos a ser un país importante al que Gran Bretaña no pueda seguir ignorando. Y van a tener que otorgarnos más de quince minutos.</p>
<p>Mientras tanto, por varias décadas, debemos dejar de esperanzarnos demasiado en tratativas finalmente fugaces, para concentrarnos no en lo que pasa afuera, sino adentro de la Argentina, entre nosotros.<span id="more-61"></span></p>
<p>Este Gobierno y los que lo sucedan por varios períodos deberían enfocarse menos en los Cameron de este mundo y promover, en los colegios, las universidades, las fundaciones, los centros de estudios jurídicos, geográficos y de relaciones internacionales, aquí y en el extranjero, el más amplio de los debates que permita ir construyendo consensos, con la fecunda lentitud que caracteriza a los conceptos que van profundizando raíces. <b>Porque la solución en Malvinas va a provenir mucho menos de las astucias de abogados y diplomáticos que del peso que cada día más ejerce la opinión pública mundial en todos los temas</b>. Es allí donde se decidirá este asunto.</p>
<p>Es por ello que a la política exterior de Malvinas la tenemos que construir aquí adentro, mucho más productivamente que en reuniones con Cameron, necesarias pero insuficientes. Para el objetivo nacional de convencer a la opinión pública británica de que hay que sentarse a discutir, el presidente que sea necesitará contar con una política de Estado sobre Malvinas que todos apoyemos sólidamente después de décadas de construirla. Recién entonces comenzaremos a recuperarlas. Necesitamos una política de Estado sobre Malvinas que perdure en el tiempo y no se cambie, aunque cambien los Gobiernos. Entonces el mundo entenderá de qué estamos hablando.</p>
<p><strong>La razón más profunda por la que somos un país en grave y ya demasiado larga decadencia radica, precisamente, en nuestra incapacidad para llegar a acuerdos y mantenerlos en el tiempo</strong>, como desde hace décadas vienen haciendo, cerca de nosotros, Brasil, Chile o Uruguay. Así nació, por ejemplo, el Mercosur, la política exterior más importante de la Argentina en el siglo XX y no por casualidad hoy moribundo, dado que no hemos sido un país subdesarrollado sino subgobernado.</p>
<p>La solución de Malvinas vendrá dentro de muchos años, cuando volvamos a ser fuertes afuera y unidos adentro. Tendríamos que trabajarlo durante años para que los beneficios recaigan en la siguiente generación, tal vez incluso en otra más. Construir ahora para beneficio de quienes todavía no nacieron fue la conducta de nuestros mayores que generaron la posterior grandeza argentina. Pero para ello se necesita que, después de una década, volvamos a ser gobernados por estadistas. El 10 de diciembre los argentinos recuperamos la capacidad de trabajar esa esperanza.</p>
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		<title>Diplomacia al servicio del diálogo y la Patria</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Aug 2015 11:08:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Cisneros</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Lo que ha sucedido con el Papa es muy importante, muy propio de todo Vicario de Cristo en la Tierra: que donde haya conflicto se lo reemplace por el diálogo. Es lo que Francisco está haciendo entre Cuba y Estados Unidos. Lo que hizo en Bolivia por su salida al mar. Y es lo que,... <a href="http://opinion.infobae.com/andres-cisneros/2015/08/24/diplomacia-al-servicio-del-dialogo-y-la-patria/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Lo que ha sucedido con el Papa es muy importante, muy propio de todo Vicario de Cristo en la Tierra: que donde haya conflicto se lo reemplace por el diálogo. Es lo que Francisco está haciendo entre Cuba y Estados Unidos. Lo que hizo en Bolivia por su salida al mar. Y es lo que, entre Chile y nosotros, tan eficazmente se hizo a través del recordado cardenal Samoré. <strong>Cualquiera que no entienda algo tan básico lo único que hace es evidenciar que no quiere el diálogo.</strong></p>
<p>Lo que llega hoy desde Francisco es exactamente lo que hemos propuesto los argentinos desde 1833, cuando las islas fueron usurpadas. Y es lo mismo que en 1965 resolvió la Asamblea General de las Naciones Unidas. Y es lo mismo que, todos los años, sin faltar uno solo, se invita en el Comité de Descolonización de la ONU: “la solución pacífica y negociada de la controversia sobre soberanía. “</p>
<p>Como dijo la Presidente en las propias Naciones Unidas, reiterando lo dicho siempre por todos los gobernantes argentinos: <strong>no estamos reclamando que nos devuelvan las islas así, de golpe, sin diálogo, estamos pidiendo simplemente que se sienten a negociar, a comparar los derechos de cada uno y llegar a un acuerdo definitivo.</strong></p>
<p>En este conflicto la posición argentina ha sido la más sensata desde siempre, y lo estamos llevando con tanto éxito en el mundo que hasta el Sumo Pontífice del Vaticano, que hasta ahora nunca se había pronunciado, aparece a favor del pedido de diálogo; no de soberanía, porque en eso el Vaticano no puede opinar, pero sí de la necesidad de conversaciones que no se producen a causa de la negativa británica.</p>
<p>Torpe la reacción isleña a través de Twitter de amonestar a Francisco: &#8220;Esperando una disculpa, en nuestra población de 3.000 habitantes hay muchos católicos a quienes has defraudado”. Enfoque equivocado y para ellos muy inconveniente: si lo que vale es el número de católicos, de este lado podríamos invocar como cuarenta millones.</p>
<p>Interesante la reacción, ya de antes conocida, del Foreign<em> Office</em> ante cualquier intervención de un Papa: “considera la cuestión de las islas Falkland como bilateral entre naciones soberanas y que (el Papa) no tiene un rol para jugar (en la disputa). No esperamos que esa posición cambie,&#8221; cuando hasta no hace mucho procuraban saltear la bilateralidad incluyendo a los isleños como tercera parte.</p>
<p>La Santa Sede es el vínculo diplomático más antiguo de Londres, ambos Estados cuentan con cancillerías de la más alta calidad mundial y el<em> Foreign Office</em> seguramente no confunde a un Papa apoyando al diálogo como si se estuviera pronunciando a favor de la soberanía argentina. Son astutos, no tontos: la figura de Francisco no aparece sino sumándose a los pronunciamientos de las Naciones Unidas y de la entera Latinoamérica, ante los cuales la Corona nunca pudo ofrecer una respuesta basada en un derecho de veras sostenible.<strong> Saben muy bien que solo pueden conservar a las Islas por la fuerza y por su diferente peso en el mundo.</strong></p>
<p>Pero paso a paso los derechos están superando a la fuerza en el sistema internacional y tarde o temprano, seguramente en este siglo, esas negociaciones entre el Reino Unido y la Argentina van a tener que reanudarse con un final que no puede ser otro que el de hacer más lugar a los derechos que a la fuerza. Los derechos de ambas partes y la fuerza de ninguna.</p>
<p>Ese momento llegará más rápido si la Argentina se decide a crecer, a ser más importante en el mundo y adquirir un peso que nadie pueda ignorar, incluyendo a Gran Bretaña. Algún día los británicos y sus gobernantes aceptarán que, en el sistema internacional que ellos mismos tan brillantemente ayudaron a construir, un justo reclamo merece la oportunidad de sentarse a la misma mesa y discutir hasta entendernos.</p>
<p>Inesperadamente, las reacciones en Argentina han sido sobrias y ni el oficialismo ni la oposición han procurado “apoderarse” de esta actitud del Papa, en la quizá incipiente iniciación de un camino en el que el tema de Malvinas deje de ser motivo de disputas entre nosotros, a ver si conseguimos unificar nuestras posiciones. El futuro es por ahí.</p>
<p>Durante ciento treinta y dos años lidiamos con sordos en Londres y con sorderas entre argentinos. La ventaja va a ser para el primero que se siente a escuchar al otro. Los mensajes de Francisco, de las Naciones Unidas y de los principios de la civilización que tanto compartimos con los ingleses señalan un único camino.<strong> Con el error de 1982 perjudicamos enormemente nuestras posibilidades. Toca ahora construir un peso en el mundo que no permita esquivar nuestro reclamo.</strong></p>
<p>Lo que ha hecho Francisco no estimula solo a una invitación a los ingleses para que dialoguen con los argentinos, como invitó a los norteamericanos a que dialoguen con Cuba. También convoca a todos los argentinos para que dialoguemos entre nosotros y comencemos a generar una política de Estado sobre Malvinas, que trascienda al próximo gobierno y a varios gobiernos subsiguientes. La solución va a llegar más rápido si los argentinos mostramos por mucho tiempo una misma política de Malvinas aunque cambien los presidentes. No queda otra.</p>
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		<title>Reincidir en el enfrentamiento con Uruguay es un error</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Jul 2014 10:35:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Cisneros</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Corte Internacional de Justicia de La Haya]]></category>
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		<description><![CDATA[Reincidir en el enfrentamiento con Uruguay por la Pastera UPM (ex Botnia) constituye un gran error para los intereses nacionales argentinos. En 2006, con su permanente gimnasia de construir poder a través del choque, el entonces presidente Nestor Kirchner, fiel a su preferencia por las audiencias cautivas, convocó a diecinueve gobernadores en el corsódromo de... <a href="http://opinion.infobae.com/andres-cisneros/2014/07/24/reincidir-en-el-enfrentamiento-con-uruguay-es-un-error/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Reincidir en el enfrentamiento con Uruguay por la Pastera UPM (ex Botnia) constituye un gran error para los intereses nacionales argentinos.</p>
<p>En 2006, con su permanente gimnasia de construir poder a través del choque, el entonces presidente Nestor Kirchner, fiel a su preferencia por las audiencias cautivas, convocó a diecinueve gobernadores en el corsódromo de Gualeguaychú y se envolvió en la bandera, convirtiendo a un diferendo localizado en una “causa nacional” generalizada (sic), como si se tratara de las mismísimas Malvinas. <strong>Y ya se sabe, cualquiera que pretenda siquiera tocar a una causa nacional se convierte, automáticamente, en un traidor a la Patria. </strong>Y a la Argentina, en presa indefensa de algún malvado extranjero.</p>
<p>No habiendo en el mundo una relación de identidades comparable a la de argentinos y uruguayos, la malvinización de este conflicto, con la dimensión que le otorga la exacerbación de una disputa solamente ambiental con quienes siempre hemos considerado como hermanos, <strong>configura una verdadera cruzada contra nosotros mismos, un conflicto esencialmente intestino,</strong> involucrando a los desprevenidos uruguayos en la inmisericorde confirmación de que, para determinadas formas de entender la política, para un argentino no hay nada peor que otro rioplatense.</p>
<p>Consecuentemente, cortamos los puentes (consumando la primera exportación del piqueterismo como herramienta de política exterior), congelamos la relación, acudimos a la justicia internacional y no obtuvimos nada. Los uruguayos, en cambio, obtuvieron una pastera. La Corte Internacional de Justicia de La Haya no mandó demoler el edificio ni cesar su actividad; apenas recomendó a ambas partes lo que desde el primer momento muchos aconsejamos: conformar un mecanismo binacional de técnicos neutrales que controlen la eventual polución inaceptable de las aguas. <strong>Pero hoy tenemos una diplomacia tan mal manejada que, cuatro años después, ni siquiera eso conseguimos todavía implementar con los uruguayos.</strong></p>
<p>Es lo que hace pocas décadas sucedió con Itaipú. Cuando Brasil anunció su construcción, el gobierno argentino de entonces lo vivió como un ataque a la seguridad de la Patria, puso en crisis la relación y apelamos directamente a las Naciones Unidas.</p>
<p>Para cuando estas, tiempo después, tibiamente manifestaron que Argentina debiera, al menos, haber sido consultada, Itaipú ya estaba camino a terminarse. Nos quedamos con la razón pero los brasileños se quedaron con su represa. Como pasa desde siempre en Malvinas y como pasó en 2010 con el fallo sobre esta misma pastera. “Vieron que teníamos razón” fue la frase de nuestra ya entonces Presidenta, como todo resultado práctico que pudimos obtener, mientras, en cambio, el Uruguay podía exhibir el éxito de la mayor inversión extranjera directa de toda su existencia. Hacer política requiere ir siempre delante, no detrás de los acontecimientos.</p>
<p><strong>Se sabe: quien no aprende de la Historia está condenado a repetirla.</strong> Proceder como hace nuestro gobierno supone, además, permitir que el árbol nos tape el bosque. Esta pastera Botnia-UPM no es más que la punta del iceberg: Brasil y Paraguay planean aumentar sus respectivas producciones y la propia Uruguay se apresta a instalar no una sino dos más. Enfocarnos en esta sola pastera supone ignorar el horizonte que se nos viene encima, la política de los parches tiene patas demasiado cortas. <strong>No en vano fue aquí que se acuñó la expresión de “máquina de impedir” como un sistema que, en nombre de consignas progresistas, consolida permanentemente a las causas estructurales de nuestro retraso.</strong></p>
<p>Ahora parece que vamos a ser campeones morales otra vez. Sin embargo, otro camino era posible, y su ejemplo siempre estuvo allí, a la vista. En finales de los setenta y en los ochenta y noventa enfrentamos una crisis semejante, pero mucho más grave, por el aprovechamiento unilateral de la energía hidroeléctrica. Conseguimos entendernos con Paraguay en Yacyretá, Garabí y Apipé, y con Uruguay en Salto Grande, erigiendo obras y represas binacionales que resultaron un enorme éxito energético y de política exterior acordada, porque en el mundo de hoy el poder es de naturaleza inevitablemente asociativa.</p>
<p>Se lo construye a través de la cooperación, no de las victorias. Frente a un vecino como el Uruguay no existe una política más reaccionaria que la de ver a un gobierno supuestamente moderno implementando relaciones regionales de suma cero, a partir de la derrota del otro. <strong>Desde Hobbes ya se sabe: el vamos por todo es un lema de depredadores, no de constructores.</strong></p>
<p>Ese ejemplo pudo seguirse perfectamente en el caso de las pasteras. Generar en el Mercosur una explotación del recurso en común, o al menos coordinadamente, superando al conflicto por arriba, por la cooperación y no la disputa, para solucionar choques intestinos y, de paso, conformar un bloque de oferta de pasta de papel de primera importancia mundial. Pero no se hizo, probablemente porque tal solución adolece de una falla intolerable: sería reconocer que, en el pasado, hubo gobiernos que hicieron alguna cosa bien. Y, como sabemos, para nuestros actuales gobernantes eso resulta ontológicamente imposible.</p>
<p>Pero conviene tenerlo presente, porque algún día Argentina volverá a ser un país respetado, creíble para el mundo y nuestros vecinos, tractor y no vagón de cola en los procesos que transformen al planeta en un lugar mejor y más justo donde vivir, liberado ya de los delirios de las sedicentes progresías que, en nombre de la revolución, nos condenan al atraso.</p>
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