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	<title>Andrés Cisneros</title>
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		<title>Seriedad y esperanza</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Jan 2016 03:00:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Cisneros</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
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		<description><![CDATA[La entrevista del presidente argentino con el primer ministro británico en Davos fue una buena cosa, síntoma del retorno a la correcta política ya aplicada con anterioridad: continuar reclamando soberanía, pero sin que eso perjudique las buenas relaciones, las inversiones, el comercio y, a su debido tiempo, la posibilidad de emprendimientos conjuntos. Eso ya se... <a href="http://opinion.infobae.com/andres-cisneros/2016/01/23/seriedad-y-esperanza/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La entrevista del presidente argentino con el primer ministro británico en Davos fue una buena cosa, síntoma del retorno a la correcta política ya aplicada con anterioridad: continuar reclamando soberanía, pero sin que eso perjudique las buenas relaciones, las inversiones, el comercio y, a su debido tiempo, la posibilidad de emprendimientos conjuntos. Eso ya se hizo y muchos —hoy mudos— lo combatieron ferozmente, pero ya es consenso nacional.</p>
<p>Después de 1982, la recuperación de las Malvinas se tornó aún más difícil, hundió a la opinión pública argentina en una suerte de paralizante sopor peligrosamente cercano a la resignación. El kirchnerismo convirtió al reclamo en una cabalgata demagógica sin posibilidades, ni verdadera voluntad, de aportar a alguna solución concreta. Tantas veces convocados a sonoras cruzadas reivindicatorias, muchos argentinos tienden a ilusionarse cada vez que se consigue alguna entrevista —aunque sea de un cuarto de hora— con algún gobernante británico, suponiendo que de allí surgirá la solución. El camino será inverso, esa entrevista triunfal va a ocurrir dentro de muchos años, cuando volvamos a ser un país importante al que Gran Bretaña no pueda seguir ignorando. Y van a tener que otorgarnos más de quince minutos.</p>
<p>Mientras tanto, por varias décadas, debemos dejar de esperanzarnos demasiado en tratativas finalmente fugaces, para concentrarnos no en lo que pasa afuera, sino adentro de la Argentina, entre nosotros.<span id="more-61"></span></p>
<p>Este Gobierno y los que lo sucedan por varios períodos deberían enfocarse menos en los Cameron de este mundo y promover, en los colegios, las universidades, las fundaciones, los centros de estudios jurídicos, geográficos y de relaciones internacionales, aquí y en el extranjero, el más amplio de los debates que permita ir construyendo consensos, con la fecunda lentitud que caracteriza a los conceptos que van profundizando raíces. <b>Porque la solución en Malvinas va a provenir mucho menos de las astucias de abogados y diplomáticos que del peso que cada día más ejerce la opinión pública mundial en todos los temas</b>. Es allí donde se decidirá este asunto.</p>
<p>Es por ello que a la política exterior de Malvinas la tenemos que construir aquí adentro, mucho más productivamente que en reuniones con Cameron, necesarias pero insuficientes. Para el objetivo nacional de convencer a la opinión pública británica de que hay que sentarse a discutir, el presidente que sea necesitará contar con una política de Estado sobre Malvinas que todos apoyemos sólidamente después de décadas de construirla. Recién entonces comenzaremos a recuperarlas. Necesitamos una política de Estado sobre Malvinas que perdure en el tiempo y no se cambie, aunque cambien los Gobiernos. Entonces el mundo entenderá de qué estamos hablando.</p>
<p><strong>La razón más profunda por la que somos un país en grave y ya demasiado larga decadencia radica, precisamente, en nuestra incapacidad para llegar a acuerdos y mantenerlos en el tiempo</strong>, como desde hace décadas vienen haciendo, cerca de nosotros, Brasil, Chile o Uruguay. Así nació, por ejemplo, el Mercosur, la política exterior más importante de la Argentina en el siglo XX y no por casualidad hoy moribundo, dado que no hemos sido un país subdesarrollado sino subgobernado.</p>
<p>La solución de Malvinas vendrá dentro de muchos años, cuando volvamos a ser fuertes afuera y unidos adentro. Tendríamos que trabajarlo durante años para que los beneficios recaigan en la siguiente generación, tal vez incluso en otra más. Construir ahora para beneficio de quienes todavía no nacieron fue la conducta de nuestros mayores que generaron la posterior grandeza argentina. Pero para ello se necesita que, después de una década, volvamos a ser gobernados por estadistas. El 10 de diciembre los argentinos recuperamos la capacidad de trabajar esa esperanza.</p>
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		<title>Diplomacia al servicio del diálogo y la Patria</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Aug 2015 11:08:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Cisneros</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Lo que ha sucedido con el Papa es muy importante, muy propio de todo Vicario de Cristo en la Tierra: que donde haya conflicto se lo reemplace por el diálogo. Es lo que Francisco está haciendo entre Cuba y Estados Unidos. Lo que hizo en Bolivia por su salida al mar. Y es lo que,... <a href="http://opinion.infobae.com/andres-cisneros/2015/08/24/diplomacia-al-servicio-del-dialogo-y-la-patria/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Lo que ha sucedido con el Papa es muy importante, muy propio de todo Vicario de Cristo en la Tierra: que donde haya conflicto se lo reemplace por el diálogo. Es lo que Francisco está haciendo entre Cuba y Estados Unidos. Lo que hizo en Bolivia por su salida al mar. Y es lo que, entre Chile y nosotros, tan eficazmente se hizo a través del recordado cardenal Samoré. <strong>Cualquiera que no entienda algo tan básico lo único que hace es evidenciar que no quiere el diálogo.</strong></p>
<p>Lo que llega hoy desde Francisco es exactamente lo que hemos propuesto los argentinos desde 1833, cuando las islas fueron usurpadas. Y es lo mismo que en 1965 resolvió la Asamblea General de las Naciones Unidas. Y es lo mismo que, todos los años, sin faltar uno solo, se invita en el Comité de Descolonización de la ONU: “la solución pacífica y negociada de la controversia sobre soberanía. “</p>
<p>Como dijo la Presidente en las propias Naciones Unidas, reiterando lo dicho siempre por todos los gobernantes argentinos: <strong>no estamos reclamando que nos devuelvan las islas así, de golpe, sin diálogo, estamos pidiendo simplemente que se sienten a negociar, a comparar los derechos de cada uno y llegar a un acuerdo definitivo.</strong></p>
<p>En este conflicto la posición argentina ha sido la más sensata desde siempre, y lo estamos llevando con tanto éxito en el mundo que hasta el Sumo Pontífice del Vaticano, que hasta ahora nunca se había pronunciado, aparece a favor del pedido de diálogo; no de soberanía, porque en eso el Vaticano no puede opinar, pero sí de la necesidad de conversaciones que no se producen a causa de la negativa británica.</p>
<p>Torpe la reacción isleña a través de Twitter de amonestar a Francisco: &#8220;Esperando una disculpa, en nuestra población de 3.000 habitantes hay muchos católicos a quienes has defraudado”. Enfoque equivocado y para ellos muy inconveniente: si lo que vale es el número de católicos, de este lado podríamos invocar como cuarenta millones.</p>
<p>Interesante la reacción, ya de antes conocida, del Foreign<em> Office</em> ante cualquier intervención de un Papa: “considera la cuestión de las islas Falkland como bilateral entre naciones soberanas y que (el Papa) no tiene un rol para jugar (en la disputa). No esperamos que esa posición cambie,&#8221; cuando hasta no hace mucho procuraban saltear la bilateralidad incluyendo a los isleños como tercera parte.</p>
<p>La Santa Sede es el vínculo diplomático más antiguo de Londres, ambos Estados cuentan con cancillerías de la más alta calidad mundial y el<em> Foreign Office</em> seguramente no confunde a un Papa apoyando al diálogo como si se estuviera pronunciando a favor de la soberanía argentina. Son astutos, no tontos: la figura de Francisco no aparece sino sumándose a los pronunciamientos de las Naciones Unidas y de la entera Latinoamérica, ante los cuales la Corona nunca pudo ofrecer una respuesta basada en un derecho de veras sostenible.<strong> Saben muy bien que solo pueden conservar a las Islas por la fuerza y por su diferente peso en el mundo.</strong></p>
<p>Pero paso a paso los derechos están superando a la fuerza en el sistema internacional y tarde o temprano, seguramente en este siglo, esas negociaciones entre el Reino Unido y la Argentina van a tener que reanudarse con un final que no puede ser otro que el de hacer más lugar a los derechos que a la fuerza. Los derechos de ambas partes y la fuerza de ninguna.</p>
<p>Ese momento llegará más rápido si la Argentina se decide a crecer, a ser más importante en el mundo y adquirir un peso que nadie pueda ignorar, incluyendo a Gran Bretaña. Algún día los británicos y sus gobernantes aceptarán que, en el sistema internacional que ellos mismos tan brillantemente ayudaron a construir, un justo reclamo merece la oportunidad de sentarse a la misma mesa y discutir hasta entendernos.</p>
<p>Inesperadamente, las reacciones en Argentina han sido sobrias y ni el oficialismo ni la oposición han procurado “apoderarse” de esta actitud del Papa, en la quizá incipiente iniciación de un camino en el que el tema de Malvinas deje de ser motivo de disputas entre nosotros, a ver si conseguimos unificar nuestras posiciones. El futuro es por ahí.</p>
<p>Durante ciento treinta y dos años lidiamos con sordos en Londres y con sorderas entre argentinos. La ventaja va a ser para el primero que se siente a escuchar al otro. Los mensajes de Francisco, de las Naciones Unidas y de los principios de la civilización que tanto compartimos con los ingleses señalan un único camino.<strong> Con el error de 1982 perjudicamos enormemente nuestras posibilidades. Toca ahora construir un peso en el mundo que no permita esquivar nuestro reclamo.</strong></p>
<p>Lo que ha hecho Francisco no estimula solo a una invitación a los ingleses para que dialoguen con los argentinos, como invitó a los norteamericanos a que dialoguen con Cuba. También convoca a todos los argentinos para que dialoguemos entre nosotros y comencemos a generar una política de Estado sobre Malvinas, que trascienda al próximo gobierno y a varios gobiernos subsiguientes. La solución va a llegar más rápido si los argentinos mostramos por mucho tiempo una misma política de Malvinas aunque cambien los presidentes. No queda otra.</p>
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		<title>La naturalización de la barbarie terrorista</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Jun 2015 20:18:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Cisneros</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los recientes atentados en Túnez, Francia y Kuwait ya tienden a ser percibidos con la falta de sorpresa que conduce a la naturalización de las cosas aún más horribles. La perversa estupidez de Victoria Xipolitakis está recogiendo más espacio en los medios que estas tragedias que costaron vidas humanas inocentes. Y de nuevo, las reacciones... <a href="http://opinion.infobae.com/andres-cisneros/2015/06/29/la-naturalizacion-de-la-barbarie-terrorista/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Los recientes atentados en Túnez, Francia y Kuwait ya tienden a ser percibidos con la falta de sorpresa que conduce a la naturalización de las cosas aún más horribles. La perversa estupidez de Victoria Xipolitakis está recogiendo más espacio en los medios que estas tragedias que costaron vidas humanas inocentes.</p>
<p>Y de nuevo, las reacciones en Occidente han recorrido el entero espinel de posibilidades, desde la indignación del “ojo por ojo” hasta esa suerte de síndrome de Estocolmo colectivo que Jorge Raventos denunciara cuando las Torres Gemelas.</p>
<p><strong>Aunque la malentendida progresía bienpensante continúa declamando que no debe juzgarse a nadie por sus creencias aunque maten gente</strong><b>, en la sabiduría popular (¿existe otra?) crece el interrogante de que no todos los musulmanes son terroristas, pero parece que demasiados terroristas son musulmanes:</b> resulta innegable que al siglo XXI le ha tocado padecer muchos más crímenes invocando esa justificación religiosa que cualquiera de las demás, incluso si se las suma.</p>
<p><b>La culposidad occidental por el todavía reciente colonialismo y nuestros propios crímenes para robarles petróleo y demás riquezas no parece explicar, en lo esencial, este fenómeno asesino. </b>Y remontarse al <i>Antiguo Testamento</i> (que compartimos con los musulmanes) y de allí al<i> Corán</i> para alegar que se trata de una fe esencialmente maligna tampoco resiste un análisis medianamente serio. <b>En Occidente también tuvimos olas de fanatismo religioso que condujeron a violaciones igual o más profundamente abominables.<span id="more-53"></span></b></p>
<p>Solo que de nuestro lado les pusimos fin hace siglos, varios siglos. Los occidentales pacíficos, convivientes, que respetamos a la condición humana llevamos cientos de años sin asesinatos colectivos en nombre de argumentos religiosos. Y lo confirmamos contra el fascismo y el nazismo cuando las ideologías tomaron el lugar vacante de las creencias religiosas.</p>
<p>¿Somos mejores que los musulmanes? ¿Nuestras creencias, como muchos afirman, no respaldan a criminales y la de ellos sí? No es verdad.<b> Ni somos mejores ni nuestra religión lo es. Nosotros elegimos, hace medio siglo, terminar con las reyertas basadas en las religiones mediante la separación del Estado y las profesiones de fe.</b> Mostramos al mundo que es perfectamente posible, y deseable, que nuestras diferencias religiosas no nos impidan convivir en paz como ciudadanos de una misma sociedad civil. Y lo conseguimos, hay que recordarlo y hacerlo recordar con un muy justificado orgullo.</p>
<p><b>El islam o el judeocristianismo, o el budismo, o las demás religiones no son intrínsecamente malvadas. La cuestión radica en la manera en que se predican esas creencias.</b> En casi cualquier texto sagrado pueden encontrarse argumentaciones que justifiquen alguna violencia. Y también muchas argumentaciones a favor de la tolerancia. Lo que hace la diferencia es la manera en que los clérigos las dirigen a la feligresía.</p>
<p>Y aquí hay una importante diferencia: no basta con predicar las partes buenas, tolerantes de una fe, del<i> Corán</i> o de la <i>Biblia</i>. <b>Hace falta la condena expresa, pública, en muy alta voz, de las interpretaciones violentas que puedan considerarse originadas, real o falsamente, en esa fe</b>. Muy especialmente en religiones donde la palabra de su clerecía influye enormemente en los seguidores. Y mucho más en culturas en las que, como la islámica, la ley y la religión, la fe y los gobiernos prácticamente se concentran en las mismas manos, como ocurría entre nosotros hasta la Edad Media, no en vano a menudo citada como la edad oscura.</p>
<p><b>El islam es una religión sumamente respetable y su cultura ha hecho aportes valiosísimos a la humanidad. Pero lamentablemente, en este momento y ante estos ya muy repetidos atentados, no se escucha que sus líderes políticos y sociales, que son casi invariablemente también sus líderes religiosos, salgan a condenarlos con una voz que se escuche en todas las latitudes. </b>No están, y si están, es en voz demasiado baja.</p>
<p>Occidente y Argentina tenemos nuestras propias vergüenzas. Se viene degollando a gente por televisión, ahora se suman estos atentados de la semana pasada y nosotros aquí contamos con un premio nobel de la paz, quien, en honor de esa distinción en su momento tan bien ganada, podría encabezar más sonoramente pronunciamientos de condena que, al menos, lo diferencien de personajes como Bonafini, que aplauden conductas que la entera sociedad considera repugnantes.</p>
<p><b>La única manera de acabar con los fanáticos de cualquier naturaleza es que los propios fieles de la religión que ellos invocan cesen de mirar para otro lado, de permitirles mimetizarse en sus poblaciones y de prestarles cualquier tipo de ayuda, aunque sea pasiva.</b> Se trata de una tarea de ellos, imposible para nosotros, que no pertenecemos a su comunidad.</p>
<p>No sería solo un acto de justicia para con terceros de otras religiones, sino también en defensa propia:<b> </b>la <b>extorsión del terrorismo amenaza a los mismos musulmanes, a muchos de ellos también los mata (atentando en una mezquita, por ejemplo) y procura aplicar una letal extorsión al interior de su fe, para reforzar el temor a expresar opiniones adversas.</b></p>
<p>Lamentablemente, cualquiera puede comprobar que, cuando ocurren crímenes como estos, nuestros medios de comunicación, prácticamente sin excepciones, no llaman, no interrogan a los líderes religiosos y sociales del islam en los atentados que se perpetran invocando a esa fe. Duele señalarles que están en falta con la sociedad en la que viven. Su función es esencial, porque se trata de un sistema de creencias que respeta muchísimo a sus clérigos, y estos deberían dar testimonio ante sus fieles, pero también ante la sociedad argentina, a la que pertenecen y con la que estamos todos obligados, que esta invocación del islampara cometer crímenes abominables va en contra del<i> Corán</i> y debe ser condenada, públicamente, una y otra vez, a toda voz, por los clérigos y por los fieles que profesan esa religión. Ojalá lo hagan, porque no hay otro camino.</p>
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		<title>Secretismo y mala diplomacia</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Jun 2015 10:48:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Cisneros</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
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		<description><![CDATA[El encuentro de Cristina Kirchner con Edward Snowden no debiera habernos alarmado si hubiera sido apropiadamente preparado por nuestra Cancillería. Cualquier jefe de Estado tiene la potestad de reunirse con quien quiera sin pedir permiso a nadie. Pero todo acto tiene consecuencias y resulta prudente llevarlos adelante con la menor cantidad de costos que fuere posible.... <a href="http://opinion.infobae.com/andres-cisneros/2015/06/09/secretismo-y-mala-diplomacia/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El encuentro de Cristina Kirchner con Edward Snowden no debiera habernos alarmado si hubiera sido apropiadamente preparado por nuestra Cancillería. Cualquier jefe de Estado tiene la potestad de reunirse con quien quiera sin pedir permiso a nadie. Pero todo acto tiene consecuencias y resulta prudente llevarlos adelante con la menor cantidad de costos que fuere posible. Es la esencia misma de la diplomacia.</p>
<p>Encuentros reservados han habido siempre, pero a la mayoría los ignoramos por su misma naturaleza secreta. Su éxito mismo consiste en no ser nunca conocidos, de otra manera, ¿para qué concertar entrevistas ocultas? <strong>Cuando se pierde ese secreto es que la diplomacia ha fallado. O que nunca se lo quiso mantener verdaderamente en secreto.</strong></p>
<p>Desde esa perspectiva, cabe preguntarse qué interés legítimo, qué interés nacional argentino justificó el secretismo que tan vanamente rodeó al encuentro Kirchner-Snowden. No se sabe, no se informó y, probablemente nunca se nos diga nada. Pero la diplomacia paralela es útil solo cuando no se descubre su existencia.</p>
<p>Tal vez ese secreto resultaba imprescindible, pero no podemos entenderlo si no se nos informan las razones. La mitad del mundo considera a Snowden como una especie de admirable Robin Hood, pero la otra mitad lo tiene por un traidor a su patria, de manera que, al planificar ese encuentro, debieron tomarse en cuenta las inevitables repercusiones si llegara a conocerse. Pero si la idea era mantener a rajatabla el secreto, nuestro Gobierno habría perdido cosechar la aprobación entusiasta de quienes aplauden al ex agente de seguridad. Y si la idea era que finalmente se conociera, mucho menos costoso frente a Estados Unidos habría sido declarar de entrada, abiertamente, las bien justificadas razones que un país soberano puede tener para esa entrevista.</p>
<p>No se ha dicho oficialmente y quizá nunca se confirme, pero se barrunta que el objetivo era el conocer con más profundidad unas repudiables acciones de espionaje cometidas por el Reino Unido, con cooperación norteamericana, en torno a la posibilidad de que Argentina se preparase a volver a invadir las Malvinas. <strong>El supuesto es tan ridículo que ni los niños creen en una posibilidad como esa, por lo que cuando tal operación quedó a la vista, resultó inmediatamente desprestigiada, unos tres meses atrás.</strong> Para todo el mundo está claro que el premier Cameron trató de agitar demagógicamente un argumento patriotero, precisamente cuando afrontaba la campaña electoral más difícil de su carrera. La lamentable participación norteamericana se multiplicó al conocerse que, entre otros líderes mundiales, habían espiado, personalmente, a Dilma Roussef y Angela Merkel, que reaccionaron con la justificada indignación correspondiente, aunque sin considerar necesario entrevistarse luego con Snowden. En verdad, ningún otro jefe de Estado lo ha hecho.</p>
<p>Semejante antecedente hubiera servido para blanquear abiertamente el legítimo interés argentino por ese encuentro y hacer públicas sus conclusiones. Se procedió a la inversa, permitiendo que sea ahora Washington quien pueda molestarse por nuestro contacto secreto con alguien que su país y su Justicia consideran un delincuente de lo peor. Es de esperar que este intrigante encuentro en el Four Seasons de Moscú no forme parte de una búsqueda de “nuevas” revelaciones que nos hagan sentir habilitados para responder a la demagogia de Cameron, otra vez, con una demagogia inversa, el mejor camino que en la Historia ha servido para consolidar la continuidad de los ingleses en nuestras islas.</p>
<p>Como acertadamente señaló un conocido diplomático argentino, <strong>imaginemos la molestia de nuestro Gobierno si, por ejemplo, el presidente Obama decidiera reunirse –para peor, secretamente- con alguien como Jaime Stiuso.</strong></p>
<p>Encuentros reservados existieron siempre. Ya en 1810 desde Buenos Aires fletamos a Europa a Matías de Irigoyen y, enseguida, a Manuel de Sarratea, Manuel José García, Tomás Guido y Mariano y Manuel Moreno, y poco después a Belgrano junto con Bernardino Rivadavia. Todos portaban mandatos secretos, pero el Estado que podía molestarse por tales gestiones era España, y como ya nos encontrábamos en guerra con ellos, el “costo” político por tales gestiones era igual a cero.</p>
<p>El otro interrogante en esta entrevista con Snowden surge acerca de si era necesario jugar la figura de nada menos que la primera mandataria de nuestro país. Todos los grandes líderes comisionan a enviados personales para gestiones delicadas, algunas públicas y otras de las que nunca se confirman, pero que las hay, las hay. De Gaulle cuando el tema en Argelia, el rocambolesco aterrizaje de Rudolf Hess en Escocia, son solo dos entre centenares. Para no arriesgar su alta investidura, Roosevelt envió a Harry Hopkins a varias reuniones con Churchill cuando aún se suponía a su país como neutral en la Segunda Guerra. Eisenhower mandó a su hermano Milton, no a un diplomático acreditado, para tomar contacto directo con Perón. Y Margaret Thatcher comisionó a Nicholas Ridley, miembro de su confianza en los Comunes para que, por octubre de 1981 ofreciera a la Junta Militar de Buenos Aires el reconocimiento inmediato de nuestra soberanía en Malvinas, con efectivización a lo largo de varias décadas posteriores. Y lo rechazamos.</p>
<p>Encuentros secretos deben haber a montones.  <strong>Hace muy poco, en Washington, en el Consejo de Relaciones Exteriores, se reveló que representantes de Israel y Arabia Saudita mantuvieron por lo menos cinco reuniones secretas desde principios de 2014. Se habrían consumado en la India, República Checa y en Italia.</strong></p>
<p>También hace poco un presumible orate norteamericano publicó una sesuda investigación sobre la salud dental del presidente Eisenhower, muerto hace ya cuarenta y seis años. Nadie entendía el interés que podría despertar semejante tema en el público de lectores, excepto porque el 20 de febrero de 1954 Eisenhower intentó explicar, con poca habilidad, que tuvo que atenderse un diente a la mitad de la noche, con un odontólogo que luego no confirmó el dato, lo que en su momento estimuló el rumor de que, en realidad, se había entrevistado con una delegación de marcianos (sic) que visitaron a la Tierra con el máximo de los secretos. El disparate no debió merecer atención por más de unos pocos días, pero el secretismo aplicado por los sucesivos gobiernos norteamericanos sobre esa fecha en blanco permitió mantener vigente todos estos años al dislate, al punto de justificar, ahora, un estudio dental de aquél presidente. <strong>El secretismo se cobra sus precios, algunos son ridículos, otros no, pero nunca resultan gratis.</strong></p>
<p>Por ende, tampoco parece muy profesionalmente aconsejable el que, al secreto de la reunión, se le haya agregado el altísimo rango de la funcionaria argentina que se eligió para reunirse con Snowden.</p>
<p>Los jefes de Estado casi siempre prefieren apelar a enviados de confianza, evitando su presencia personal en esas reuniones. Lo peligroso de ignorar ese principio fue, por ejemplo, padecido por un estadista tan brillante como Arturo Frondizi, que eligió reunirse têtê a têtê con Ernesto Guevara, introducido en secreto a la Argentina para una reunión que se trató vanamente de mantener reservada. Acertada o no la decisión de encontrarse, lastimó seriamente a la escasa gobernabilidad con la que ese presidente contaba, daño agravado por haber involucrado a su alto cargo en la maniobra.</p>
<p>Los accionares secretos no ayudan a la imagen de un gobierno tan persistentemente señalado por oscuridades en su conducta, y el mantenimiento de la opinión pública en la ignorancia de lo tratado perjudica, una vez más, al módico prestigio que la Argentina todavía conserva en el mundo.</p>
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		<title>Un discurso lleno de novedades</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Apr 2015 09:08:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Cisneros</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Sergio Massa]]></category>

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		<description><![CDATA[El discurso de ayer de Cristina Kirchner, su último como Presidenta en recordación de la Guerra de Malvinas, contiene numerosos puntos de interés. Efectuó un brillante, esperado y justísimo homenaje a los combatientes, muy en especial los que ofrendaron su vida, aspecto en el cual toda la sociedad y todos los diversos espacios  políticos se... <a href="http://opinion.infobae.com/andres-cisneros/2015/04/03/un-discurso-lleno-de-novedades/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El discurso de ayer de Cristina Kirchner, su último como Presidenta en recordación de la Guerra de Malvinas, contiene <strong>numerosos puntos de interés.</strong></p>
<p>Efectuó un <strong>brillante, esperado y justísimo homenaje a los combatientes</strong>, muy en especial los que ofrendaron su vida, aspecto en el cual <strong>toda la sociedad y todos los diversos espacios  políticos se han expresado siempre de manera coincidente. El respeto por esos héroes es una política de estado en Argentina.<span id="more-40"></span></strong></p>
<p>Es una pena que esa orgullosa coincidencia nacional se haya dado con profusión de banderas pero una sola -visible por televisión- de la Argentina (la oficial, custodiada por tres uniformados). <strong>Lo exhibido por la televisión fueron decenas de otras banderas, todas partidarias oficialistas</strong> y, en el caso de otras celestes y blancas, invariablemente cruzadas por<strong> leyendas de facciones</strong>. Los carteles que pudieron verse (nadie llega tan cerca sin permiso) correspondían mayoritariamente a La Cámpora, alguno jugando con la palabra “Máximo” y otro, dechado de pluralismo, acusaba a Sergio Massa de vendepatria (en esos actos nada es casual). <strong>El comedido manejo de las cámaras permitió a los televidentes no perderse estos detalles</strong>. Y si hablamos del audio, la conmemoración de una fecha que debiera ser de todos estuvo, de nuevo, monopolizada por cánticos de un mismo sector político, no los propios de toda la Nación, como hubiera sido el Himno, dado el caso.</p>
<p>Una nota de color, casi nunca ausente de los actos tan guionados del oficialismo, la protagonizó un señor con campera de cuero y numerosos distintivos abrochados que, de pronto, se puso de pie golpeándose el pecho en fervorosa adhesión a una frase de la oradora. <strong>Seguramente por casualidad, la cámara llevaba varios segundos (que en televisión son siglos) enfocándolo</strong>, casi como si el director ya supiera de antemano que iba a producirse esa manifestación tan aparentemente espontánea.</p>
<p>Es muy bueno el anuncio de que <strong>se desclasificará parte de los archivos del ministerio de Defensa sobre Malvinas</strong> (la otra parte dependerá de que, en cada caso, lo autorice el gobierno). Sería interesante acompañarlo con la desclasificación de los archivos durante la guerra de 1982 obrantes <strong>en la Cancillería</strong>, a los que no puede accederse de ninguna manera. Entendemos que incluso el archivo personal de <strong>Costa Méndez</strong> se encuentra bajo llave.</p>
<p>Asombrosamente, en un momento <strong>la Presidente afirmó que, desde el kirchnerismo, se ha reinstalado la lucha contra el colonialismo,</strong> como si anteriores gobiernos no lo vinieran denunciando desde antes mismo de la fundación de las Naciones Unidas, Perón el primero de todos. Resulta imposible no vincularlo a cuando, al principio del gobierno de su marido, el entonces presidente reivindicó para su gestión la iniciación defensa de los derechos  humanos, ignorando lo hecho, por ejemplo, por Raúl Alfonsín, que no había sido invitado al acto. Años después, solo un ejemplo más, la misma presidente adjudicó a su administración la puesta del primer satélite argentino en el espacio, cuando en gobiernos anteriores ya habíamos instalado tres. En los regímenes populistas la ilusión fundacional viene como una marca en el orillo: antes de ellos, nada bueno ha sido hecho y nada merece rescatarse.</p>
<p>Curiosamente, informó a los argentinos que, <strong>en la opinión pública británica, crece el porcentaje de personas que piensan que su país debiera, al menos, sentarse a escuchar los reclamos argentinos</strong>. Desgraciadamente <strong>omitió decir desde cuándo viene sucediendo ese fenómeno</strong>. Al terminar Guido Di Tella su desempeño como Canciller, en 1999, dejamos en la página web del Ministerio, entre otras muchas informaciones, la copia de encuestas realizadas por la prestigiosa empresa británica Mori, tanto en Malvinas como en el reino Unido en dos oportunidades y al mismo tiempo. Creo que la primera fue en 1993 y la segunda hacia el fin de ese mandato, en vísperas del viaje del presidente argentino a Londres. <strong>Los números de ambas encuestas ya anticipaban la aparente primicia de nuestra Presidente:</strong> durante esos pocos años de diálogo y negociaciones efectivas el porcentaje de británicos (entre los isleños también, pero menos) a favor de que se reanudaran negociaciones y regresáramos a una situación previa a la guerra, había crecido notablemente. Si se repitieran hoy, luego de diez años de kirchnerismo, me temo que esas encuestas no resultarían tan auspiciosas. Infortunadamente, <strong>aquel material  resulta hoy inencontrable,</strong> <strong>pues ha desaparecido de la página oficial de la Cancillería</strong>, así como se borraron los discursos de todos los ministros de relaciones exteriores de la democracia, de Dante Caputo a Carlos Ruckauf, pasando por Domingo Cavallo, Guido Di Tella y Adalberto Rodríguez Giavarini. Los discursos de los cancilleres del kirchnerismo, sin embargo, lucen disponibles por centenares. Argentina, un país serio.</p>
<p>Estuvo francamente muy bien la presidente al negar toda vocación belicista de Argentina y aconsejar al Premier británico que el aumento de los gastos dispuestos para Malvinas se dediquen a atender a la gente más pobre de Inglaterra. <strong>Y aportó otras dos primicias: está en contra de los gobernantes que generan climas de enfrentamiento tanto como de  aquellos que para hacer campañas colectan fondos de empresa a las que favorecen con  licitaciones desde el Estado,</strong> como hace Cameron con los proveedores de material militar para Malvinas.</p>
<p>Formidable legado conceptual para los futuros gobernantes.</p>
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		<title>Imperialismo de barricada otra vez</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Feb 2015 09:33:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Cisneros</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[18F]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Nisman]]></category>
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		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Héctor Timerman]]></category>
		<category><![CDATA[Irán]]></category>
		<category><![CDATA[Política exterior]]></category>
		<category><![CDATA[Venezuela]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando llueve, el kirchnerismo denuncia una conspiración para mojarlo. La tendencia a buscar culpables es humana, solo que debemos balancearla con la contemporánea exploración de nuestras propias responsabilidades. Y si a esa identificación de responsabilidades, siempre afuera nuestro, la convertimos en un atajo permanente, el mecanismo de proyección que estaríamos disparando puede llevarnos a cualquier... <a href="http://opinion.infobae.com/andres-cisneros/2015/02/23/imperialismo-de-barricada-otra-vez/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando llueve, el kirchnerismo denuncia una conspiración para mojarlo. La tendencia a buscar culpables es humana, solo que debemos balancearla con la contemporánea exploración de nuestras propias responsabilidades. Y si a esa identificación de responsabilidades, siempre afuera nuestro, la convertimos en un atajo permanente, el mecanismo de proyección que estaríamos disparando puede llevarnos a cualquier cosa, caza de brujas inclusive.</p>
<p>A los  países les pasa lo mismo. En nuestra región ese pensamiento resulto tan extendido que, en los sesenta, se elaboró una teoría de la dependencia, cuyo aporte más positivo consistió en identificar el factor imperial en lo externo y oligárquico en lo interno que perjudicaba, efectivamente, a nuestro progreso.</p>
<p><strong>Pero la exacerbación paranoide de ese enfoque nos  llevó  a errar el camino, incluyendo la pérdida de vigencia de la propia teoría.</strong> Es que, desde Julio César hasta hoy, se conoce el mensaje de quienes atraen a las multitudes con el aliviante discurso de que no tienen nada que corregir porque la culpa de todos los males yace exclusivamente fuera de ellas, en el enemigo político interno o en alguna malvada potencia exterior que se lo pasan todo el tiempo conspirando.</p>
<p>Entre nosotros,<strong> la multitudinaria manifestación del 18F expresó, por enésima vez, el reclamo de buena parte del pueblo argentino para que desde el Gobierno se abandonen actitudes permanentemente confrontativas</strong>, con el esquema de amigo/enemigo como única manera de abordar las inevitables diferencias de intereses entre los ciudadanos. La respuesta oficial,  reiterando explícitamente el “ellos” versus “nosotros,” despejó toda duda.</p>
<p>Aunque el tema exclusivo de la convocatoria era el merecido homenaje al fiscal Nisman, antes y después resultó evidente que existe en nuestra población un nutrido inventario de reclamos por una vida institucional republicana, no más una populista.</p>
<p>Entre ellos, el tema internacional no podía estar ausente y, en estos momentos, lo que se destaca en ese ámbito es el memorándum con Irán, cuya cancelación es fuertemente reclamada por un porcentaje abrumador de nuestra población.</p>
<p>Ese acuerdo con  Ahmadinejad nunca prosperó, la segunda instancia de nuestra Justicia ya lo ha declarado inconstitucional y prácticamente la entera sociedad argentina coincide con la Cristina Kirchner que en 2011, nada menos que desde el atril de las Naciones Unidas, acertadamente denunció, con justa indignación, al régimen de Teherán por no cumplir lo pactado.</p>
<p>Es previsible que ese lamentable Memorándum termine por nunca levantar vuelo, pero debemos tener mucho cuidado en suponer que, una vez suprimido, habremos terminado con una política equivocada.</p>
<p><strong>Porque el acuerdo con Irán no es un error aislado. Forma parte de un rosario de  incongruencias sumamente dañosas para la Argentina y su futuro.</strong></p>
<p>Explicaciones asombrosas, como la propia Presidente acusando públicamente a la CIA como responsable por el affaire Antonini-Wilson o el mismísimo canciller violentando personalmente con alicates a baúles en el interior de un avión militar oficial de los Estados Unidos, constituyeron mensajes altamente simbólicos: afuera hay un peligroso enemigo que nos acecha con propósitos malignos.</p>
<p>Si la opinión publica descartó esas acciones como anécdotas más o menos desafortunadas que se agotaron en sí mismas,<strong> debiéramos entender que se trata de manifestaciones de una concepción estructural, no casuales, de nuestra relación con el mundo</strong>, una especie de antimperialismo adolescente, mas propio de una asamblea de la FUBA de los setenta que a la política exterior de una verdadera Cancillería. El sábado 21, nada menos que José Mujica, sesentista de ley si los hay, hablando oficialmente como presidente del Uruguay, acuso al gobierno argentino de encontrarse, hoy, <i>“retrotraído a una visión de 1960&#8243;</i></p>
<p>Hace algunos meses, la propia señora de Kirchner advirtió, públicamente, que si algo le pasaba, debíamos “mirar hacia el Norte.” Se trató de una acusación gravísima, no ya a un gobierno sino a un entero país extranjero, que solo nuestra narcosis de ideologismo y amateurismo diplomático dejó pasar sin alarmarnos.</p>
<p>No debimos hacerlo, porque escaso tiempo después, el canciller Timerman hizo públicas sendas misivas a las cancillerías de Estados Unidos e Israel (no a la de Irán, por cierto, a cuyo accionar  Nisman acusaba por la AMIA) para que se abstengan de incluir a nuestro país en el juego de maniobras propias de Medio Oriente, con las que no tenemos nada que ver, al mismo tiempo que reclama que el caso de la AMIA se introduzca en la agenda de negociaciones que las grandes potencias mantienen con Irán…propias del Medio Oriente. <strong>El alegato podría resultar no del todo contradictorio, si no fuera porque, en el mismo texto, el señor Timerman invocara expresamente el caso AMIA sin excluir, asombrosamente, a la muerte del fiscal de las sospechas por las maniobras extranjeras que allí denuncia.</strong></p>
<p>Si algún acontecimiento local generó especulaciones de todo tipo, ese fue el de la muerte de Nisman, pero a nadie representativo se le había ocurrido –excepto a nuestro canciller- que se podría apelar, una vez más, al infantil sonsonete de que las cosas que pasan entre nosotros &#8211; y nuestro Gobierno no puede explicar- bien podrían provenir del accionar externo de pertinaces enemigos: “<em>El pueblo argentino no tiene que tolerar, y mucho menos sufrir, que su país sea un teatro de operaciones políticas, de inteligencia, o peor aún, de hechos y acciones más graves, por conflictos que le son completamente ajenos&#8230;”</em></p>
<p>Sería un error atribuir los dislates antes enumerados a un problema de carácter personal o de simple impericia profesional. Se trata, en verdad, de una profunda conexión entre la política interna y la externa. Somos afuera lo que somos adentro.</p>
<p><strong>No resulta desvinculado que, al mismo tiempo que aumenta los enfrentamientos en lo interno, el gobierno debilite nuestras alianzas tradicionales con la región, para tejer acercamientos “estratégicos” inexplicables (Libia, Chávez, Noriega, Putin, Correa,) con regímenes que se caracterizan por un autoritarismo completamente contrario a nuestras creencias democráticas.</strong> La presidente argentina no solo voló a Libia sino que comparó positivamente a los regímenes en ambos países, incluyendo la trayectoria personal de los dos mandatarios, siendo Gadafi alguien formalmente denunciado por el Tribunal Penal Internacional por graves y reiteradas violaciones a los derechos humanos.</p>
<p>El mismo Gobierno que describe al 18F como preparativos destituyentes califica como maquinaciones imperialistas a cualquier acontecimiento que lo perjudique, incluyendo aquellos que se originan exclusivamente en su propia turpitud. Sin enemigos poderosísimos, ¿a quién echarle todas las culpas cuando la realidad nos deja en evidencia?</p>
<p>Una sociedad cuya mayoría tiende cada día mas a resignarse a nunca ver esclarecido el crimen de la AMIA y corre el peligro de comenzar a naturalizar el mismo final para la muerte de Nisman, necesita cambios más profundos que el de solamente reemplazar a un gobierno por otro.</p>
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		<title>Otro eslabón luctuoso de la tragedia argentina</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Jan 2015 13:36:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Cisneros</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Nisman]]></category>
		<category><![CDATA[AMIA]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Degradación]]></category>
		<category><![CDATA[José María Campagnoli]]></category>
		<category><![CDATA[SI]]></category>

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		<description><![CDATA[El mundo, igual que todos los argentinos, esperaba -y seguirá esperando, ya como un exigente reclamo- tomar conocimiento público de las denuncias del fiscal Nisman. Nisman ya no está, pero la clave sigue siendo que no desaparezcan las trescientas grabaciones cuya existencia denunció. Si no aparecen, la opinión pública mundial terminará confirmando la sospecha más... <a href="http://opinion.infobae.com/andres-cisneros/2015/01/19/otro-eslabon-luctuoso-en-la-degradacion-argentina/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El mundo, igual que todos los argentinos, esperaba -y seguirá esperando, ya como un exigente reclamo- tomar conocimiento público de las denuncias del fiscal Nisman. <strong>Nisman ya no está, pero la clave sigue siendo que no desaparezcan las trescientas grabaciones cuya existencia denunció.</strong></p>
<p>Si no aparecen, la opinión pública mundial terminará confirmando la sospecha más generalizada que hay sobre nosotros prácticamente en todo el planeta: llevamos una década degradando la maravillosa promesa de democracia nacida en 1983, en dirección a un régimen donde muertes como esta pasen a tomarse como plausibles.</p>
<p>En tal sentido, el sector de donde aparentemente se originaron las grabaciones, el que corresponde a una de las tantas internas salvajes del Gobierno, en este caso la interna de Inteligencia, que es el sector del señor Stiusso, hace unos meses sufrió otra baja violenta, con la muerte a balazos, en el baño de su propia casa, del &#8220;Lauchón&#8221; Viale, operador muy cercano de Stiusso, a manos de una partida del grupo policial Halcón.<strong> En Argentina, la violencia ya ha dejado de ser una hipótesis para convertirse en algo real, cuasi cotidiano, donde alrededor de la AMIA se siguen produciendo muertes.</strong></p>
<p>Atentados como los de AMIA (Lockerbie, Torres Gemelas, subterráneos en Londres, Atocha en España, recientemente Charlie Hebdo en París) fueron debidamente resueltos, en varios casos en cuestión de días. Al revés, entre nosotros, el mundo lleva veinte años observando cómo no solo no avanzamos casi nada en la investigación sino que, además, las denuncias de Nisman pusieron en evidencia que la investigación, que debiera ser exclusivamente judicial, se encontraba repugnantemente penetrada por intervenciones absolutamente inaceptables del Poder Ejecutivo, de tanta toxicidad que la convirtieron en otro ámbito, otro más, de pujas internas entre sectores del Gobierno, con funcionarios de inteligencia enfrentados con sus superiores institucionales y con tal grado de profundidad que desemboca directamente en muertes violentas de algunos protagonistas, hasta ahora todos opuestos al oficialismo.</p>
<p>Hace años que el prestigio de la Argentina como un país con respeto a la ley y las instituciones viene degradándose de manera vergonzosa.<strong> La muerte de Nisman suma otro luctuoso eslabón a ese desprestigio, que se agravará todavía más si las grabaciones no aparecen y, sobre todo, si la opinión pública no reacciona de manera suficiente</strong>, como ya hizo en el caso del fiscal Campagnoli, a quien esa misma opinión pública seguramente confiaría la investigación de la muerte de Nisman y vería con buenos ojos que él, o alguien como él, lo reemplazara en la investigación de la causa AMIA.</p>
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		<title>Reincidir en el enfrentamiento con Uruguay es un error</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Jul 2014 10:35:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Cisneros</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Brasil]]></category>
		<category><![CDATA[Corte Internacional de Justicia de La Haya]]></category>
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		<category><![CDATA[Diplomacia]]></category>
		<category><![CDATA[Itaipú]]></category>
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		<category><![CDATA[Néstor Kirchner]]></category>
		<category><![CDATA[Pasteras]]></category>
		<category><![CDATA[UPM]]></category>
		<category><![CDATA[Uruguay]]></category>

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		<description><![CDATA[Reincidir en el enfrentamiento con Uruguay por la Pastera UPM (ex Botnia) constituye un gran error para los intereses nacionales argentinos. En 2006, con su permanente gimnasia de construir poder a través del choque, el entonces presidente Nestor Kirchner, fiel a su preferencia por las audiencias cautivas, convocó a diecinueve gobernadores en el corsódromo de... <a href="http://opinion.infobae.com/andres-cisneros/2014/07/24/reincidir-en-el-enfrentamiento-con-uruguay-es-un-error/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Reincidir en el enfrentamiento con Uruguay por la Pastera UPM (ex Botnia) constituye un gran error para los intereses nacionales argentinos.</p>
<p>En 2006, con su permanente gimnasia de construir poder a través del choque, el entonces presidente Nestor Kirchner, fiel a su preferencia por las audiencias cautivas, convocó a diecinueve gobernadores en el corsódromo de Gualeguaychú y se envolvió en la bandera, convirtiendo a un diferendo localizado en una “causa nacional” generalizada (sic), como si se tratara de las mismísimas Malvinas. <strong>Y ya se sabe, cualquiera que pretenda siquiera tocar a una causa nacional se convierte, automáticamente, en un traidor a la Patria. </strong>Y a la Argentina, en presa indefensa de algún malvado extranjero.</p>
<p>No habiendo en el mundo una relación de identidades comparable a la de argentinos y uruguayos, la malvinización de este conflicto, con la dimensión que le otorga la exacerbación de una disputa solamente ambiental con quienes siempre hemos considerado como hermanos, <strong>configura una verdadera cruzada contra nosotros mismos, un conflicto esencialmente intestino,</strong> involucrando a los desprevenidos uruguayos en la inmisericorde confirmación de que, para determinadas formas de entender la política, para un argentino no hay nada peor que otro rioplatense.</p>
<p>Consecuentemente, cortamos los puentes (consumando la primera exportación del piqueterismo como herramienta de política exterior), congelamos la relación, acudimos a la justicia internacional y no obtuvimos nada. Los uruguayos, en cambio, obtuvieron una pastera. La Corte Internacional de Justicia de La Haya no mandó demoler el edificio ni cesar su actividad; apenas recomendó a ambas partes lo que desde el primer momento muchos aconsejamos: conformar un mecanismo binacional de técnicos neutrales que controlen la eventual polución inaceptable de las aguas. <strong>Pero hoy tenemos una diplomacia tan mal manejada que, cuatro años después, ni siquiera eso conseguimos todavía implementar con los uruguayos.</strong></p>
<p>Es lo que hace pocas décadas sucedió con Itaipú. Cuando Brasil anunció su construcción, el gobierno argentino de entonces lo vivió como un ataque a la seguridad de la Patria, puso en crisis la relación y apelamos directamente a las Naciones Unidas.</p>
<p>Para cuando estas, tiempo después, tibiamente manifestaron que Argentina debiera, al menos, haber sido consultada, Itaipú ya estaba camino a terminarse. Nos quedamos con la razón pero los brasileños se quedaron con su represa. Como pasa desde siempre en Malvinas y como pasó en 2010 con el fallo sobre esta misma pastera. “Vieron que teníamos razón” fue la frase de nuestra ya entonces Presidenta, como todo resultado práctico que pudimos obtener, mientras, en cambio, el Uruguay podía exhibir el éxito de la mayor inversión extranjera directa de toda su existencia. Hacer política requiere ir siempre delante, no detrás de los acontecimientos.</p>
<p><strong>Se sabe: quien no aprende de la Historia está condenado a repetirla.</strong> Proceder como hace nuestro gobierno supone, además, permitir que el árbol nos tape el bosque. Esta pastera Botnia-UPM no es más que la punta del iceberg: Brasil y Paraguay planean aumentar sus respectivas producciones y la propia Uruguay se apresta a instalar no una sino dos más. Enfocarnos en esta sola pastera supone ignorar el horizonte que se nos viene encima, la política de los parches tiene patas demasiado cortas. <strong>No en vano fue aquí que se acuñó la expresión de “máquina de impedir” como un sistema que, en nombre de consignas progresistas, consolida permanentemente a las causas estructurales de nuestro retraso.</strong></p>
<p>Ahora parece que vamos a ser campeones morales otra vez. Sin embargo, otro camino era posible, y su ejemplo siempre estuvo allí, a la vista. En finales de los setenta y en los ochenta y noventa enfrentamos una crisis semejante, pero mucho más grave, por el aprovechamiento unilateral de la energía hidroeléctrica. Conseguimos entendernos con Paraguay en Yacyretá, Garabí y Apipé, y con Uruguay en Salto Grande, erigiendo obras y represas binacionales que resultaron un enorme éxito energético y de política exterior acordada, porque en el mundo de hoy el poder es de naturaleza inevitablemente asociativa.</p>
<p>Se lo construye a través de la cooperación, no de las victorias. Frente a un vecino como el Uruguay no existe una política más reaccionaria que la de ver a un gobierno supuestamente moderno implementando relaciones regionales de suma cero, a partir de la derrota del otro. <strong>Desde Hobbes ya se sabe: el vamos por todo es un lema de depredadores, no de constructores.</strong></p>
<p>Ese ejemplo pudo seguirse perfectamente en el caso de las pasteras. Generar en el Mercosur una explotación del recurso en común, o al menos coordinadamente, superando al conflicto por arriba, por la cooperación y no la disputa, para solucionar choques intestinos y, de paso, conformar un bloque de oferta de pasta de papel de primera importancia mundial. Pero no se hizo, probablemente porque tal solución adolece de una falla intolerable: sería reconocer que, en el pasado, hubo gobiernos que hicieron alguna cosa bien. Y, como sabemos, para nuestros actuales gobernantes eso resulta ontológicamente imposible.</p>
<p>Pero conviene tenerlo presente, porque algún día Argentina volverá a ser un país respetado, creíble para el mundo y nuestros vecinos, tractor y no vagón de cola en los procesos que transformen al planeta en un lugar mejor y más justo donde vivir, liberado ya de los delirios de las sedicentes progresías que, en nombre de la revolución, nos condenan al atraso.</p>
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		<title>Estadistas, no meros politicos</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Apr 2014 10:35:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Cisneros</dc:creator>
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		<category><![CDATA[2 de abril]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
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		<description><![CDATA[El 2 de Abril nos sumerge, necesariamente, en la evocación de quienes dieron su vida en defensa de los intereses nacionales en Malvinas. Es bueno que así sea, ya que el debido recuerdo es la mínima de nuestras obligaciones para con ellos. Pero ¿se agotan nuestros deberes en la recordación piadosa y las arengas de... <a href="http://opinion.infobae.com/andres-cisneros/2014/04/02/estadistas-no-meros-politicos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El 2 de Abril nos sumerge, necesariamente, en la evocación de quienes dieron su vida en defensa de los intereses nacionales en Malvinas. Es bueno que así sea, ya que el debido recuerdo es la mínima de nuestras obligaciones para con ellos. Pero ¿se agotan nuestros deberes en la recordación piadosa y las arengas de circunstancias?<strong> ¿No merece su memoria un compromiso mayor de nuestra parte?</strong></p>
<p>Después de 1982, la recuperación de las Malvinas se tornó aún más difícil, hundiendo a la opinión pública argentina en una suerte de paralizante sopor peligrosamente cercano a la resignación. En ese clima, toda intención de honrar esa memoria aparece anestesiada, como todavía más lejana, más probable de quedarse en las buenas intenciones.</p>
<p>El argentino medio ya ha entendido que la solución no solo será trabajosa sino muy, muy larga, <strong>y se encuentra sabiamente preparado para entender que ya nadie puede prometerle la recuperación de las Islas en cuatro años, tampoco en ocho, ni en dieciséis, ni en bastante más</strong>. Sensata comprobación que lo lleva a la certeza de que eso no ocurrirá si no hacemos, al menos, dos cosas.</p>
<p>La primera, crecer como Estado en la región y en el mundo. Volver a estar entre los diez PBI per cápita más altos del planeta y reconstruir una red de alianzas que Gran Bretaña no pueda seguir ignorando. <strong>Si hoy tuviéramos el PBI y el peso de Brasil en el mundo, este conflicto estaría muy probablemente solucionado.</strong></p>
<p>Y la segunda, generar internamente una política de estado sobre Malvinas que perdure en el tiempo y no se cambie aunque cambien los gobiernos.</p>
<p><strong>Nuestros dirigentes debieran convocar a sus expertos, estudiar las diversas posibilidades y abrir un debate sin exclusiones para poder construir acuerdos básicos que la opinión pública vaya legitimando como una política de Estado.</strong> Tal como acaban de hacer los principales partidos políticos mexicanos, nada menos que en medio de la campaña electoral -que es cuando normalmente más se hostilizan- nuestra clase política debiera pronunciar menos arengas patrióticas y acordar que el de Malvinas sea un tema excluido de la lucha partidaria y electoral, para pasar a trabajarse, al mismo tiempo, en la serenidad de los ámbitos académicos y el dinamismo de los debates públicos libres de anteojeras de facción.</p>
<p>La razón más profunda por la que somos un país en grave y ya demasiado larga decadencia radica, precisamente, en nuestra incapacidad para llegar a acuerdos y mantenerlos en el tiempo, como desde hace décadas vienen haciendo, cerca de nosotros, Brasil, Chile o Uruguay. Así nació, por ejemplo, el Mercosur, la política exterior más importante de la Argentina en el siglo XX y no por casualidad hoy moribundo, dado que no somos un país subdesarrollado sino subgobernado.</p>
<p>A nuestros dirigentes no se les pide que ofrenden su vida como hicieron aquellos héroes. Lo que se espera de ellos es mucho menos sacrificado pero que parece costarles un esfuerzo que no están en voluntad de concretar: <strong>la postergación de sus debates banderizos en beneficio del interés general.</strong></p>
<p>La solución de Malvinas vendrá dentro de muchos años, cuando volvamos a ser fuertes afuera y unidos adentro. Tendríamos que trabajarlo durante años para que los beneficios recaigan en la siguiente generación, tal vez incluso en otra más. Construir ahora para beneficio de quienes todavía no nacieron fue la conducta de nuestros mayores que generaron la posterior grandeza argentina. Pero para ello se necesita que volvamos a ser gobernados por estadistas.</p>
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		<title>Tropezamos otra vez con la misma piedra</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Oct 2013 10:01:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrés Cisneros</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La discusión acerca de si la pastera uruguaya contamina o no contamina tendrá patas cortas: aunque lleguemos a un acuerdo coyuntural, ¿cuánto tardaríamos en discrepar otra vez? Después de pelearnos más de cuatro años, el Tribunal de la Haya nos recomendó acordar un análisis imparcial por algún laboratorio internacional, y ni en eso nos pusimos... <a href="http://opinion.infobae.com/andres-cisneros/2013/10/16/tropezamos-otra-vez-con-la-misma-piedra/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La discusión acerca de si la pastera uruguaya contamina o no contamina tendrá patas cortas</strong>: aunque lleguemos a un acuerdo coyuntural, ¿cuánto tardaríamos en discrepar otra vez? Después de pelearnos más de cuatro años, el <strong>Tribunal de la Haya</strong> nos recomendó acordar un análisis imparcial por algún laboratorio internacional, y ni en eso nos pusimos de acuerdo. Ahora, <strong>cada cancillería dice que la otra miente</strong> y deambula con respectivos análisis de parte, no de común acuerdo, que la otra automáticamente desmiente. Y eso que se trata de la siempre tan invocada <strong>hermandad rioplatense</strong>.</p>
<p><strong>La demanda mundial de pasta de papel crece sin cesar,</strong> por lo que la presión al alza de la producción tentará a todos los países sobre la misma cuenca hídrica. <strong>Argentina</strong> incluida, que cuenta con al menos <strong>tres pasteras</strong> y numerosas <strong>industrias ribereñas muy contaminantes</strong>, respecto de las que los uruguayos señalan que no aplicamos los mismos criterios que exigimos en la <strong>UPM</strong> oriental.<strong> Brasil y Paraguay</strong> también montaron pasteras y no parece que dejen de hacerlo en el futuro. Y eso no se para con amenazas de acudir otra vez a La Haya.</p>
<p><span id="more-17"></span>En un asunto mucho más complejo, el de las <strong>obras hidroeléctricas,</strong> nuestra diplomacia de pocos años atrás se manejó con mucho mayor beneficio para los intereses nacionales. Comenzando en los setenta, pero decisivamente en los ochenta y los noventa, como verdadera política de Estado, <strong>acordamos con Brasil, Paraguay y Uruguay que todo emprendimiento sobre orillas binacionales se haría exclusivamente de manera asociada.</strong> Como resultado, hoy contamos con <strong>Yaciretá</strong> junto a <strong>Paraguay</strong> y <strong>Brasil</strong> y <strong>Salto Grande</strong> con <strong>Uruguay</strong>, que funcionan sin problemas.</p>
<p>Naturalmente, ese ejemplo, conseguido por gobiernos que no son el actual, ha sido sistemáticamente ignorado para optar de nuevo por la crispación, el choque y los puentes cortados, más propias de una forma de hacer política exterior que, con la consigna del vamos por todo terminan dejándonos sin nada.</p>
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