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	<title>Andrea Estrada &#187; Jorge Lanata</title>
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		<title>Cartel o cártel: esa es la cuestión</title>
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		<pubDate>Fri, 14 Mar 2014 10:02:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrea Estrada</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>No es ninguna novedad que la <strong>droga ha pasado a formar parte de nuestra cotidianeidad</strong>. Prueba de ello es, por ejemplo, nuestra capacidad de <strong>naturalizar situaciones</strong> que no hace mucho tiempo nos hubieran horrorizado, como el asesinato a manos de un sicario de un narcotraficante en plena bicisenda de Palermo; o el peculiar modo en que se ha tematizado la <strong>problemática del narcotráfico</strong> en las series televisivas, cuyos guiones han pasado de presentar argumentos ficticios aunque plenamente verosímiles –como es el caso de la impactante historia del profesor de química devenido en cocinero de <strong>metanfetamina en <i>Breaking Bad</i></strong>– a ficcionalizar hechos y personajes que de tan reales se vuelven paradójicamente menos verosímiles, como <strong><i>Escobar, el patrón del mal</i>,</strong> la serie colombiana que hace furor en nuestro país.</p>
<p>Pero si hay algo que me asombra por sobre todas las cosas es la <strong>masiva y natural incorporación a nuestro vocabulario vernáculo de palabras propias del mundo de la droga</strong>, aunque a veces ni sepamos muy bien qué quieren decir ni cómo se pronuncian exactamente. Tal es el caso de <i>cartel</i> o <i>cártel</i> para referirse a las organizaciones ilícitas vinculadas al tráfico de drogas o de armas, como el <strong><i>Cartel de Medellín</i>, de <i>Cali</i> o<i> </i>de<i> Sinaloa</i>.</strong> El cuñado del protagonista de <i>Breaking Bad</i>, por ejemplo, agente de la DEA en Albuquerque, Nuevo México, pronuncia [kurtél], con la <i>a</i> bien cerrada –porque es yanqui– pero con la acentuación en la <i>e</i>, mientras que <strong>Jorge Lanata prefiere pronunciar [kártel],</strong> quizás porque piensa que eso le otorga “más cartel” en el tratamiento del tema; por su parte, los periodistas de TN, utilizan en general [kártel], para los avances de programas sobre la droga, pero oscilan entre [kártel] y [kartél] cuando entrevistan a colombianos o mexicanos que dicen [kartél].</p>
<p>Convengamos que cuando un hablante acentúa una palabra indistintamente, puede suceder o que sea extranjero, en cuyo caso <strong>lo más seguro es que no sepa en realidad cuál es la forma correcta</strong>, o bien que quiera causar algún efecto en el interlocutor, como en el caso de Lanata, que como dije antes, para mí intenta transmitir una idea de solvencia en el tema. Pero pensemos además que el acento en español tiene la característica fundamental de distinguir significados, por ello no es lo mismo decir <i>habito</i> o <i>habitó </i>que<i> hábito</i>, porque las dos primeras formas son el presente y el pasado del verbo <i>habitar</i> y la última, el sustantivo masculino que puede referirse tanto al ropaje de un monje como a un hábito alimenticio. Pero como dije antes, sucede que <strong><i>cartel</i> y <i>cártel</i>,</strong> a pesar de tener diferente acentuación, <strong>son usados como aparentes sinónimos</strong> de las organizaciones de narcotraficantes y, entonces, no sabemos si se trata o no de la misma palabra.</p>
<p>Según el <strong><i>Diccionario de la Real Academia Española</i></strong>, para el significado de “organización ilícita” son válidas ambas formas, <i>cartel</i> y <i>cártel</i>. Según otros diccionarios, <i>cartel</i> es un vocablo de <strong>origen provenzal</strong> que aparece registrado en el siglo XV para referirse a un “papel que se fija en un paraje público para hacer saber alguna cosa”. <strong>Deriva del francés <i>cartel</i> </strong>que, a su vez, proviene <strong>del latín <i>charta</i></strong>, que tenía un significado muy parecido a la palabra <i>carta</i> en español. Los carteles en aquella época servían para difundir anuncios reales, decretos y ferias y luego fueron evolucionando hacia el <i>poster</i> propio de los bares y espectáculos teatrales de fines del siglo XIX.</p>
<p>Por su parte,<strong><i> cártel</i> con acento en la <i>a</i>, aparece registrada como una palabra tomada del alemán, <i>Kartell</i></strong> (carta, contrato) con la que se designa el<strong> acuerdo entre varias empresa</strong>s para evitar la mutua competencia y regular la producción, venta y precios (<i>cártel de precios</i>) en un determinado campo industrial. Estos <i>cárteles</i> surgieron<strong> en Alemania en 1870</strong> para controlar la producción industrial, pero como en los años 40 las mafias alemanas en Estados Unidos utilizaban cartas (<i>Kartell</i>), para comunicarse entre ellos y mantener los territorios delimitados sin interponerse unos sobre otros, el término <strong><i>cárteles</i> quedó asociado a estas bandas mafiosas,</strong> es decir, al ámbito delictivo. Pero sucede que <strong>en alemán, la palabra <i>Kartell</i> se pronuncia [kartél] y no [kártel]</strong> por lo que lamentablemente no hemos avanzado en nada.</p>
<p>Conclusión –y que me disculpen los diccionarios–<strong>la palabra debería pronunciarse [kartél]</strong> en cualquiera de sus dos significados; es más, me jugaría a afirmar que <strong><i>cártel</i> no es más que la versión <i>spanglish</i> utilizada por los narcos de tierras mexicanas,</strong> desde las cuales se nos ha infiltrado no solo esta confusión lingüística sino lamentablemente el flagelo de la droga.</p>
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		<title>Sí, se ensañan porque soy mujer</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Feb 2014 09:24:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrea Estrada</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Asignación Universal por Hijo]]></category>
		<category><![CDATA[Cristina Fernández de Kirchner]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Lanata]]></category>
		<category><![CDATA[Periodismo para todos]]></category>
		<category><![CDATA[sexistas]]></category>
		<category><![CDATA[“sexismo lingüístico]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>Con esta frase, hace un tiempo, la presidenta <strong>Cristina Fernández de Kirchner</strong> reaccionó ante algunas críticas a determinados aspectos de su gestión de gobierno a las que tildó de “<strong>sexistas</strong>”. Según su interpretación, entonces, el ensañamiento de sus detractores y enemigos políticos se debía específicamente a su condición de mujer, creencia en la cual se evidencia entre otras cosas un <strong>punto de vista en sí mismo sexista</strong>, si pensamos que ningún político hombre esgrimiría que lo atacan por el mero hecho de ser varón.</p>
<p>Pero más allá de este detalle, el tema sobre el que quiero reflexionar en esta oportunidad, si bien alude a la presidenta, no es de corte ideológico ni político, sino meramente discursivo y tiene que ver precisamente con el llamado <strong>“sexismo lingüístico</strong>”, esa forma sutil de discriminación del lenguaje hacia cualquier persona, pero en general, hacia el sexo femenino. Este tema fue muy discutido por los lingüistas a partir de la publicación en distintas regiones de <strong>España</strong> de guías de lenguaje no sexista en las que instituciones públicas alertaban sobre usos lingüísticos discriminatorios hacia las mujeres. En ellas, se enumeraban una serie de recomendaciones que muchos académicos consideraron ajenas a las prácticas de los hablantes y a las normas gramaticales propias del español. Pero además, los lingüistas detractores de estas recomendaciones ridiculizaron, al igual que <strong>Jorge Lanata</strong> en su programa periodístico, las reduplicaciones del tipo “a todos y a todas” utilizada por la presidenta, pero también señalaron <strong>el error de confundir sexo con género gramatical,</strong> según el cual deberíamos decir <em>futbolisto, astronauto o pianisto.</em></p>
<p><span id="more-24"></span>Indudablemente, la presidenta está al tanto de <strong>las perspectivas de género,</strong> según las cuales <strong>una cosa es el sexo, determinado biológicamente, y otra, el género, construido social y culturalmente.</strong> Y, en este sentido, más allá de cualquier polémica, hay que reconocerle que con su fórmula registrada “a todos y a todas” ha logrado introducir el punto de vista femenino al tradicionalmente masculino que suele primar en el lenguaje, y ha logrado, de este modo, hacer más visible el papel de la mujer en una sociedad que tradicionalmente nos ha discriminado.</p>
<p>Con esta muletilla de la que se burlaba <strong>Lanata</strong> en <em><strong>Periodismo Para Todos</strong></em> y “todas”, la presidenta marca la cancha y nos señala que en su universo discursivo sus congéneres -las mujeres– son un término marcado. ¿Qué quiero decir con esto? Que la presidenta, al nombrarnos especialmente cuando dice “a todas”, <strong>nos visibiliza</strong>, nos hace presentes, aunque sus detractores –políticos y lingüísticos– aseguren que sería suficiente con que sólo utilizara la forma masculina “a todos” para que las mujeres nos consideráramos también incluidas.</p>
<p>Sucede que en español, el término no marcado es el masculino, es decir, aquel que el sistema de la lengua activa por defecto, como hace la computadora con el tamaño y el tipo de letra. Dicho de otro modo, en español, el género masculino es incluyente, es decir que cuando la presidenta dice en un discurso: “El hombre será libre cuando tenga educación, cuando tenga casa, cuando tenga comida y cuando pueda elegir su vida”, la palabra “hombre” se interpreta como genérico que incluye tanto a hombres como a mujeres. En cambio, si dijera “La mujer será libre…”, se estaría refiriendo sólo a las mujeres, y los hombres quedarían excluidos de ese plural.</p>
<p>Pero algunos lingüistas señalaron que el lenguaje no sexista va en contra de la naturalidad y la eficacia de la comunicación, hecho que parece intuir la presidenta cuya muletilla “a todos y a todas” queda casi exclusivamente circunscripta a la fórmula de salutación y cierre de sus discursos, puesto que en el medio habla de los trabajadores, los argentinos, los científicos y la <strong>Asignación Universal por Hijo</strong> –y no por hija, por ejemplo– ya que si tuviera que desdoblar todos los términos, su discurso se haría interminable. Pero por algo se empieza; la presidenta elige cambiar el lenguaje para ver si cambia la sociedad, aunque quizás<strong> sería mejor cambiar la sociedad, para ver si el lenguaje también cambia.</strong></p>
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