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	<title>Andrea Estrada &#187; Callejeros</title>
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		<title>Cromañon es hoy</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Dec 2014 10:44:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrea Estrada</dc:creator>
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		<category><![CDATA[justicia]]></category>
		<category><![CDATA[Omar Chabán]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En el año 2006, cuando comenzó mi interés por analizar el discurso de las pasiones, pensé por primera vez en concentrarme en la tragedia de Cromañón, un tema que me rondaba desde aquella noche calurosa de 2004 en que voz exaltada de mi hijo adolescente me anunciaba que algo había pasado en el recital del grupo Callejeros, al que no había ido –no por ninguna razón referida a su seguridad–, sino simplemente porque se había llevado materias a marzo. En aquel momento, el viraje vertiginoso de la cobertura informativa nos había enfrentado abruptamente a los argentinos con una realidad impensada: la gravedad del incendio de un local bailable lleno de jóvenes vitales y felices, la terrible falencia del Estado, que no había podido organizar ni siquiera la atención de la víctimas en una tragedia de tal envergadura, la esperanzada movilización de cientos de padres en busca de sus hijos por hospitales y morgues, en fin, el horror, el dolor, la consternación de un discurso sin bordes.</p>
<p>Fue entonces que en el año 2006, interesada como lingüista por la manifestación discursiva de las pasiones, decidí analizar el discurso de Cromañón, pero no solo porque los actores de la tragedia –sobrevivientes, familiares de las víctimas y funcionarios públicos– utilizaban determinadas palabras que aludían continuamente al sufrimiento, sino porque la forma en que decían esas palabras resultaba una muestra ineludible de un tipo determinado de discurso: el más extremo, el más desgarrador y el más pathémico.</p>
<p>En un comienzo tuve muchos reparos y limitaciones afectivas, porque me resultaba intolerable desmenuzar los relatos dolorosos como el de Amelia Borrás, que en la comisión de la Legislatura Porteña describía paso a paso cómo había perdido de la manera más impensada a su hija Gabriela. <strong>Aquel día, había ido al recital con sus dos hijas, pero el destino la había hecho volver con una sola.</strong> Cuando se desató el incendio, estaba en la parte de arriba con ambas, pero al bajar gateando desesperadamente entre jóvenes caídos por una única escalera, en una oscuridad total y con pedazos de techo hirvientes que le quemaban el cuerpo, así, arrastrándose, había logrado salir al exterior gracias al bolso que se había puesto en la cabeza y a un joven que le había dado el último empujón hacia la vida. Pero su desesperación eran sus hijas, no entendía como Dios la había dejado salir a ella mientras sus hijas estaban adentro. Le decía a Dios que no le podía estar pasando esto, que era como un sueño, una pesadilla como las que vemos en televisión. Cuando salió, vio venir a Cintia, la tenían agarrada del brazo. “Por lo menos ya tenía a una de sus hijas”, había pensado, pero Cintia le había dicho que Gabriela se le había escapado de las manos, que no había podido agarrarla. Y entonces pensó que cuando ella estaba tratando de salir en medio del humo, su hija Gabriela estaba tirada adentro, en aquel infierno.</p>
<p>Como les decía, no fue fácil analizar este tipo de discursos, en el que las víctimas de Cromañón, sobrevivientes y padres, reproducían con palabras la imagen de la tragedia y describían lo que habían visto, olido, escuchado y sentido aquella noche. Pero pasado el tiempo, este discurso comenzó a virar en uno más desapasionado y objetivo, que intentaba por sobre todas las cosas reclamar justicia. Estoy hablando, por ejemplo, del discurso la madre de una joven muerta en Cromañón, Liliana Garófalo, que a ocho meses de la tragedia, más precisamente en agosto de 2015, le contestó en una carta de lectores a Estela de Carlotto, a quien acusó de defender a Aníbal Ibarra, el entonces Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, con argumentos racionales, absolutamente desprovistos de emoción.</p>
<p>Pero la mayor sorpresa me la llevé cuando encaré el análisis de los relatos judiciales y observé que la objetividad que pensaba sería propia de este tipo de documentos del ámbito legal estaba plagado de marcas de emotividad. Un ejemplo de los muchos que analicé fue la declaración de José Luis Calvo, Subsecretario de la Dirección General de Cementerios y responsable del reconocimiento de los cuerpos de las víctimas en el cementerio de la Chacarita, cuya estrategia para defenderse de las acusaciones por el mal desempeño en su cargo consistió en esgrimir un discurso emotivo. Convengamos que lo más lógico hubiera sido que fueran las víctimas las que manifestaran las descripciones más desgarradoras. Sin embargo, José Luis Calvo, como nunca pudo presentar pruebas objetivas que desmintieran el descontrol en la entrega y reconocimiento de los cuerpos ni el olor a putrefacción de las cámaras de frío, tuvo el descaro de lamentarse de la situación y mostrar piedad y empatía con los padres en una abierta maniobra de psicopateo emocional.</p>
<p><strong>Recordemos: hoy, 30 de diciembre de 2014, se cumplen diez años del incendio del boliche República de Cromañón en el barrio de Once de la ciudad de Buenos Aires en el que murieron 194 personas, en su mayoría jóvenes y adolescentes, y hubo aproximadamente 1432 heridos.</strong></p>
<p>La inevitabilidad del paso del tiempo, cuyas señales externas nos hacen revivir el horror de la tragedia, nos enfrenta con la increíble certeza de que todo sigue igual o, al menos, parecido. Aníbal Ibarra fue destituido como jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, pero sigue dedicándose impunemente a la política y hablando en los medios, aunque por suerte, los padres no le den tregua y lo increpen duramente en cualquier lugar donde lo encuentren. Por su parte, Patricio Fontanet sigue provocando a los deudos, no solo cantando en público como si nada hubiera sucedido, sino subiendo fotos a Twitter con la consigna “A diez años de Cromañón: justicia y absolución a Callejeros. Ni la bengala ni el rock, a los pibes los mató la corrupción”. Y finalmente, si bien el ya fallecido Omar Emir Chabán fue preso como autor responsable de incendio culposo seguido de muerte, al igual que Diego Algañaraz, el manager de la banda, y el subcomisario Carlos Díaz, acusado de cobrar coimas, hay unos cuantos que siguen impunemente caminado por la calle.</p>
<p>Por eso, para los padres de Cromañon el tiempo no ha pasado, sus hijos siguen estando en sus cuartos incólumes y en su perpetua memoria, porque para muchos –entre los que me encuentro– hasta que no se haga justicia, Cromañon sigue sucediendo hoy.</p>
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		<title>Santa Maria y Cromañón: contar las tragedias</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Jan 2014 15:09:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andrea Estrada</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Hace exactamente un año, el 27 de enero de 2013, a las 2:30 de la madrugada, se producía <strong>la tragedia más grande en la historia de la ciudad de Santa María</strong> en el estado brasileño de <strong>Río Grande do Sul</strong>. Las terribles imágenes que en aquel momento reproducían la cobertura mediática del incendio en el interior de la discoteca <strong>Kiss</strong> impactaban por sí mismas, pero además, suscitaban el recuerdo nefasto de la secuencia de hechos de aquella otra noche de verano, la del 30 de diciembre de 2004, en la que la voz incrédula de mi hijo adolescente me contaba que algo había pasado en el recital del grupo <strong>Callejeros</strong> en el boliche <strong>República de Cromañón</strong>, al cual no lo había dejado ir porque se había llevado materias a marzo. Recuerdo también el viraje vertiginoso de la cobertura informativa que rápidamente dio cuenta de la gravedad del incendio y de la terrible desorganización en la atención de la víctimas, como también de la esperanzada consternación que movilizaba a cientos de padres en la búsqueda de sus hijos por hospitales y morgues.</p>
<p>Pero el paralelismo entre la tragedia de Santa María y la de Cromañón va más allá de las imágenes que en enero del año pasado mostraba la televisión. Porque en la discoteca Kiss, también se llevaba a cabo un recital organizado por estudiantes de la <strong>Universidad Federal de Santa María;</strong> porque también un elemento de <strong>pirotecnia</strong> había incendiado el techo de espuma acústica; porque también había una única puerta de salida que había sido bloqueada por el personal de seguridad que pensaba que se trataba de una pelea; porque también habían muerto en el baño un montón de personas que creían que se trataba de la salida de emergencia; porque <strong>Elissandro Spohr</strong>, versión vernácula de nuestro convaleciente <strong>Chabán</strong>, también se había victimizado e intentado ahorcarse con una manguera en el hospital en el que se encontraba arrestado. En síntesis, las víctimas en Kiss fueron 239 muertos de entre 18 y 30 años y 124 heridos; en Cromañón, 194 muertos, todos jóvenes y adolescentes y aproximadamente 1432 heridos, asfixiados e intoxicados con monóxido de carbono y con las vías respiratorias quemadas.</p>
<p><span id="more-7"></span>Creo que cuando sucedió la tragedia de Santa María, hace hoy exactamente un año, de alguna manera yo ya había cerrado el duelo de Cromañón, que había comenzado en el mismo momento en el que decidí estudiar el discurso de las víctimas, allá por el año 2006. Pero cuando me enteré de que <strong>Michele Cardoso,</strong> atrapada en el interior de Kiss, había subido su pedido de auxilio a <strong>Facebook</strong> a pesar de lo cual no se había salvado, y de que era impresionante escuchar la sinfonía macabra de celulares sonando en los bolsillos de los chicos muertos, a quienes sus papás buscaban con desesperación, pero cuyos cuerpos yacían alineados en la vereda de la discoteca, reapareció el mismo dolor de antaño.</p>
<p>Porque no fue fácil analizar los recursos discursivos con los que las víctimas de Cromañón, sobrevivientes, padres y afectados en general por la tragedia, describían lo que vieron, olieron, escucharon y sintieron aquella noche, es decir, el modo en que reproducían con palabras la imagen de la tragedia. Por eso, me resultó llamativo descubrir que las personas más afectadas como<strong> Liliana Garófalo,</strong> madre de una joven muerta en Cromañón e, incluso, los propios sobrevivientes, hablaban de la tragedia controlando sus emociones e intentando darles a sus discursos un viso de objetividad. Convengamos que hubiera sido lógico que fueran las víctimas las que manifestaran las descripciones más desgarradoras. Sin embargo, fue en el discurso de algunos de los responsables de la tragedia en el que aparecieron los relatos más emotivos, como por ejemplo, el de <strong>José Luis Calvo</strong>, Subsecretario de la <strong>Dirección General de Cementerios,</strong> que nunca pudo presentar pruebas objetivas que desmintieran el descontrol en la entrega y reconocimiento de los cuerpos en el cementerio de la <strong>Chacarita</strong> ni el olor a putrefacción de las cámaras de frío y, entonces, prefirió lamentarse de la situación, mostrar piedad y empatía con los padres en una abierta maniobra de psicopateo emocional.</p>
<p>También en <strong>Brasil</strong> se han interesado por analizar el discurso en torno a la tragedia de Santa María y, hace un tiempo, me contactaron para participar de una obra colectiva llamada<strong><em> Midiatizaҫão da tragédia de Santa Maria</em></strong> en la cual 27 autores (25 brasileños, uno de EEUU y yo, de la Argentina) analizamos los discursos mediáticos de estas dos tragedias. El libro en versión e-book fue presentado ayer en el congreso en la <strong>UNIFRA</strong> de Santa María-RS y<a href="http://comunicacaoeidentidades.wordpress.com/publicacoes/2014-2/"> está disponible desde hoy en este sitio.</a></p>
<p>Recordar las tragedias de Santa María y de Cromañón nos permite ubicar los hechos no sólo en el marco de los acontecimientos públicos en el que castigar a los responsables es una obligación del Estado, sino en el de los acontecimientos privados, en el que la compasión y la empatía deben ser los motores para que se haga justicia.</p>
<p><img alt="" src="https://lh4.googleusercontent.com/fXQtX-pk0IQCGf5_IvOA4lojLoaM0kc0iBpF4_V2omKioNg6_-qnRZXp_DHp-XhYzF1CEYRhB7OGzA2DKwlk2n6PFwsmIRzfP2Pm8sIsKj0PAHcJZifNyZNw3r66QUQk3I4" width="308px;" height="535px;" /></p>
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