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	<title>Alexander Martín Güvenel &#187; YPF</title>
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		<title>Temerle a Dios y un poquito a Macri</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Jul 2015 03:44:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Solo hay una declaración que podría haber generado mayor revuelo en los medios de comunicación y en lo que él mismo denominó oportunamente como “círculo rojo” que las que efectuó inmediatamente después de confirmado el apretado triunfo de Horacio Rodríguez Larreta -su delfín- sobre Martín Lousteau, que le permitió al PRO retener la ciudad de Buenos Aires: haber dicho exactamente lo contrario. Hay que imaginar por un segundo qué hubiera pasado si Mauricio Macri se paraba frente a sus militantes y a los cientos de miles que en ese momento lo miraban por televisión (y medios alternativos) y les decía que iba a reprivatizar Aerolíneas Argentinas e YPF y que la asignación universal por hijo pasaría a la historia si él fuera electo presidente. El temor al cambio, algo innato en el ser humano, está en su máximo esplendor en esta campaña.</p>
<p>Ciertamente, el jefe de Gobierno y precandidato a presidente de Cambiemos optó por acercarse a la postura massista del cambio justo que, en el caso del exintendente de Tigre -quien perteneció al espacio kirchnerista durante 7 años-, suena más bien a la búsqueda de cambiar de manos el poder. Es cierto que el PRO en su bloque de diputados se ha opuesto tanto a la reestatización de Aerolíneas Argentinas e YPF como a la de las jubilaciones y las pensiones, pero también es cierto que cuando lo hicieron se fundamentaron más en razones y procesos que en principios. En este sentido y con prudencia política, <b>el discurso del líder de PRO apuntó a desmontar aquello de que la Argentina se mueve por olas, de estatistas a privatistas y viceversa</b>. Sin embargo, era esperable que desde el oficialismo se use el argumento de falsedad e hipocresía para atacar al líder opositor con más chances de arrebatarle el poder al Frente para la Victoria.<span id="more-450"></span></p>
<p>Las explicaciones para este supuesto viraje ideológico fueron desde que no se puede estar permanentemente cambiando las reglas de juego en empresas emblemáticas para el país hasta las más temerarias, que, como argumentó Rodríguez Larreta, hacen hincapié en la sabiduría que implica no quedarse pegado a ideas y conceptos sostenidos tiempo atrás, aceptando así una equivocación. Esta última explicación encierra el peligro de aceptar implícitamente que la situación actual es la ideal, cuando en realidad los problemas se escabullen debajo de la alfombra. La aerolínea de bandera pierde a razón de 1 millón de dólares por día, YPF está lejos de acercarse al autoabastecimiento que supo tener en otras épocas y la Anses, con el dinero de todos nosotros dentro, resulta una caja boba y sin control, a disposición de todos los programas que la Presidente decida lanzar.</p>
<p>Siendo sometido a una permanente indagación desde aquel discurso, Mauricio Macri también se inclinó por un argumento de riesgo: la comparación de eficiencia entre el Estado nacional y el Estado autónomo. Si bien resulta bastante evidente que el Gobierno de la ciudad le saca varios cuerpos de ventaja en cuanto a tiempo y formas de trabajos comprometidos de gestión, también es cierto que la propuesta debería ser más sólida que la mera apuesta a la buena labor de los funcionarios de turno. Algunas dignas explicaciones ha dado Macri en el pasado, pero no se ha animado, al menos hasta ahora, a volver sobre ellas. Podría explayarse acerca de la posibilidad de avanzar sobre una política aerocomercial de cielos abiertos que permita mayor competencia entre las aerolíneas en beneficio de los pasajeros. En el ámbito petrolero, la búsqueda de acuerdos público-privados (con innumerables ejemplos exitosos alrededor del mundo), basados en la transparencia, podría ser un camino a desarrollar que mantenga alejada a la compañía del voluntarismo de los gobernantes. También debe hacerse hincapié en la necesidad de establecer reglas que impidan el uso discrecional por parte del Estado de las cajas jubilatorias, tomando de ejemplo incluso algunas de las limitaciones y los controles que la Superintendencia de Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP) ejercía sobre las empresas y sus inversiones.</p>
<p>Se le suele pedir a los candidatos que presenten propuestas de gobierno concretas y sólidas durante las campañas, aunque poco se hace por intentar analizar qué porcentaje de la sociedad está dispuesta a escuchar y tratar de entender esas propuestas. Las campañas y los electores no suelen admitir los detalles. Por otro parte, ¿cuál es el tiempo y el espacio que los candidatos tienen para que el público masivo se entere en detalle de sus propuestas? En ese sentido, es grande la ventaja de la Presidente, que dispone, en clara violación de la <i>Constitución Nacional</i>, de la<b> cadena nacional para insistir sobre el autoelogio, apoyar a sus candidatos y denostar a sus rivales</b>.</p>
<p>Quien también corre con ventaja en esta situación de <b>estabilidad en la crisis</b> es el candidato del Frente para la Victoria, que, fiel a su estilo, se conforma con afirmar que va a seguir trabajando por “mejorar lo que se ha hecho” y “solucionar los problemas”. El inicio oficial de la campaña para las PASO del 9 de agosto le permitió al gobernador ser muy concreto en demostrar que la fuerza de la voluntad todo lo puede (después de todo si logró sobreponerse a un accidente motonáutico) y poner al aire un <i>spot </i>con un fragmento que sostiene que “vamos por una casa más grande”.</p>
<p><b>El kirchnerismo ha invertido mucho tiempo, dinero y esfuerzo en la construcción de un relato mucho más exitoso de lo que es la realidad en sí misma</b>. De esta forma ha logrado también encorsetar el debate político de esta campaña a los temas donde ellos se sienten más fuertes. Para lograr esto ha contado con el invalorable sustento que le dio la crisis de 2001-2002, que caló fuerte en los corazones y los bolsillos de los argentinos y convirtió a aquellos tristes años en el verdadero mito fundacional de esta etapa que está llegando a su fin, al menos en los términos que hasta ahora se han planteado, y que tal vez en un futuro se conozca como kirchnerato.</p>
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		<title>Los simuladores</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Oct 2014 09:52:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>A medida que se acercan las elecciones que van a terminar, de una forma o de otra, con el largo gobierno del kirchnerismo, <strong>los candidatos acrecientan su temor a dar pasos en falso. La mayor parte de ellos trata de ubicarse en una posición expectante que les permita conservar la línea de flotación </strong>en la que se encuentran a la espera de que se vaya aclarando el camino. En términos de la psicología y el coaching personal se los acusaría de <i>mantenerse en su zona de confort</i>. Por acontecimientos recientes, entiendo que ya se habrán dado cuenta de que <strong>el kirchnerismo no les va a facilitar esa tarea, utilizando para ello su vasta experiencia en dinamitar cualquier posibilidad de fortalecimiento opositor.<span id="more-306"></span></strong></p>
<p>Con ese objetivo e iniciando el trabajo con la cruel versión del militante kirchnerista Alex Freyre referida a los remedios para controlar la infección por HIV, <strong>el kirchnerismo puso a varios exponentes de la oposición en la complicada tarea de tener que fijar posición acerca de distintas políticas implementadas a lo largo de todos estos años por parte de Néstor y Cristina.</strong> El jefe de gobierno porteño Mauricio Macri fue conminado a aclarar que mantendría las estatizaciones de YPF y de las AFJP cuando tanto propios  como extraños saben que el PRO se había mostrado contrario a esas políticas. <strong>Macri encontró un resquicio de argumentación en la dificultad que impondría desandar el camino emprendido,</strong> aunque es probable que lo que tengan medido es el consenso social respecto a que esas áreas estén en manos del Estado (al menos por ahora). La previsibilidad, algo de lo cual este gobierno a todas luces carece, oprime paradójicamente el accionar de<strong> la oposición que intenta por todos los medios “no asustar” a los electores.</strong></p>
<p>Siguiendo con las simulaciones, el AFSCA de Martín Sabatella acusa a Clarín de haber presentado un plan de adecuación que simplemente aparenta cumplir con la ley pero que utiliza todo lo que tiene a su alcance para evitarla. Lo curioso en este caso es que cuando este plan fue presentado a principios de año había tenido una acogida favorable por parte del organismo de regulación. El propio Sabatella había dicho que “a primera vista, lo que se presentó cumple los requisitos de la ley” para terminar congratulándose por “haber logrado que todos los grupos de medios, aún el más poderoso y perjudicial para la democracia, hayan tenido que rendirse al imperio de la ley&#8221;. Quedaba ya claro en aquella frase que la ecuanimidad en la autoridad de aplicación no iba a ser su característica más sobresaliente. <strong>El gobierno simula medir con la misma vara aunque todos reconocen de manera privada que el objetivo primordial de la ley siempre fue desmantelar al Grupo Clarín.</strong></p>
<p>También <strong>el INDEC ha vuelto a repetir conductas que lo pusieron como organismo líder en la falsificación de cifras</strong>. Con una diferencia en la medición de la inflación acumulada en el año de alrededor de 10 puntos porcentuales (por debajo obviamente) respecto a lo que miden las consultoras privadas agrupadas en el índice del Congreso y las mediciones estatales de otras jurisdicciones, el IPC nacional -nuevo índice lanzado a principios de año y fruto de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional para dotar de mayor credibilidad a las estadísticas oficiales- ya genera tantas dudas como su antecesor. El período de sinceramiento fue realmente corto. Nadie utiliza las cifras que este organismo produce como insumo para su actividad, por lo que todas las cifras que funcionan como indicadores de la realidad social y económica del país son meras fantasías. El cepo cambiario hizo aquí aún más para que exista un desdoblamiento entre lo formal y lo real; sólo con intentar medir el PBI del país alcanza para notar esta dualidad.</p>
<p>Los gobernadores del Partido Justicialista, entre ellos el dócil mandatario bonaerense Daniel Scioli, tiemblan al pensar que se acerca un fin de año que puede volver a ser complicado. <strong>Con sus arcas en rojo, simulan y sobreactúan un apoyo al gobierno nacional para no quedarse afuera de la ayuda que les permita atravesar sin sobresaltos las fiestas.</strong> Todos recuerdan los acuartelamientos de las fuerzas policiales y los saqueos iniciados en la provincia de José Manuel de la Sota y temen ser ellos quienes este año deban pagar por mostrar un matiz en la relación con el gobierno nacional. Denostan por lo bajo al equipo económico que conduce Axel Kicillof pero lo aplauden desde la primera fila.</p>
<p>El intento por manipular a la justicia no cesó con el fallo de la Corte Suprema que declaró inconstitucional parte de la reforma judicial en la que se había embarcado el oficialismo. Por estos días, y faltando sólo 15 meses para que Cristina Kirchner abandone el gobierno, la procuradora <strong>Alejandra Gils Carbó insiste en la promoción de fiscales absolutamente afines al kirchnerismo</strong>. Los militantes de la agrupación Justicia Legítima acaparan las postulaciones. Para la crucial Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas, la cual debe ocuparse de investigar los casos de corrupción que afectan al gobierno, propone al actual gerente de asuntos legales de la ANSES, Sergio Leonardo Rodríguez. Con este nombramiento pretende cubrir el cargo que dejó vacante con su renuncia en marzo de 2009 el ex fiscal Manuel Garrido. Vale recordar que en aquel momento Garrido adujo una limitación a su trabajo por parte de su entonces jefe directo Esteban Righi. <strong>Detrás de la mentada agilización de los procesos subyace el intento de cooptación final de una justicia</strong> ya bastante maniatada en su accionar pero que intentaba salir de su letargo.</p>
<p>El flagelo del trabajo informal (en negro) es reconocido por los propios funcionarios cuando los micrófonos están apagados. Los mismos organismos gubernamentales destinan enormes sumas de dinero a pagos no remunerativas para sus empleados. Sin embargo, la presidente montó en cólera cuando <strong>la Organización Internacional del Trabajo (OIT) situó las cifras de trabajo informal en el país en un preocupante 46,8%.</strong> Según Cristina, este organismo, como tantos otros que han caído bajo su verba iracunda, pretenden “asustar para ajustar”. Todos ellos estarían en las antípodas de los extranjeros que “hablan maravillas de Argentina”.</p>
<p>Elogios y reproches, conquistas y flagelos, <strong>opositores y oficialistas, críticos y apologistas, todos parecen haberse convertido en especialistas en el arte de simular.</strong></p>
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		<title>¿Le perdimos el miedo a la opo?</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Nov 2013 10:29:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando los resultados de la pasada elección parecen haber sepultado el temor que, durante 10 años, tuvieron los ciudadanos de votar alternativas al kirchnerismo, <strong>vale la pena reconocer como parte de los éxitos del modelo en materia de comunicación la capacidad del oficialismo para lograr que muchísimos argentinos consideren todo lo hecho por sus antecesores en el poder como nefasto</strong>.</p>
<p>Fue realmente exitosa<strong> la demonización del pasado</strong> que vino haciendo el kirchnerismo desde el inicio de su gestión. La historia argentina en su versión virtuosa sería para ellos sintetizada en unos pocos personajes: <strong>Belgrano, Rosas, Irigoyen, Perón, Néstor Kirchner</strong> y su continuación, <strong>Cristina</strong>. Esto deja implícito un segundo mensaje: e<strong>l kirchnerismo sintetizaría a quienes ellos consideran el mejor radicalismo y el mejor peronismo;</strong> sería algo así como la transversalidad concentrada en un matrimonio. Habría que recordar que el “razonamiento” que se impuso, sobre todo durante el primer lustro de los gobiernos kirchneristas, fue que de no acompañar el proyecto iban a volver la inflación descontrolada del radicalismo y la corrupción desbocada del menemismo entre otros flagelos. Paradójicamente, son éstas dos de las cuestiones que actualmente más se critican del gobierno; escupir al cielo, que le dicen.</p>
<p><span id="more-63"></span>El <strong>miedo</strong>, entendido como una emoción habitualmente desagradable provocada por un peligro real o supuesto, es muchas veces paralizante. Esto es lo que fomentó el kirchnerismo durante una década y lo hizo con argumentos similares a los de la campaña de <strong>Menem</strong> para su reelección en el año 95 y el denominado <strong>“voto cuota”</strong>. Es cierto que el kirchnerismo fue más allá al otorgarle cierta dosis épica al relato, pero lo subyacente fue siempre el <strong>miedo al cambio</strong>. Mucho ha influido en este temor la experiencia fallida de la <strong>Alianza</strong>. No hay mucho concienzudo material que analice el porqué del fracaso de ese gobierno que había levantado altas expectativas y el cual fracasó estrepitosamente. Habría entonces que recordar que el gobierno de <strong>Fernando De La Rúa</strong> tenía que modificar, aunque se negara a hacerlo, el régimen cambiario de la <strong>convertibilidad </strong>que ya ponía alertas rojas desde hacía tiempo, que la deuda se encontraba en niveles inmanejables y que el precio de la <strong>soja</strong> por aquellos años rondaba los U$D170 promedio contra los U$D450 aproximados de hoy, entre otras dificultades estructurales.</p>
<p>Estas cuestiones han cambiado significativamente y, entonces, ateniéndonos a esas diferencias que existen, sería importante que como sociedad terminemos de perderle el miedo a elegir oposición (la cual todavía genera dudas y resquemores a pesar del hastío por el gobierno mostrado en las recientes elecciones legislativas) y parte de esa superación puede venir de la mano de <strong>mirar hacia nuestros vecinos de la región</strong>. Vivir en la Argentina de la <strong>carencia de dólares,</strong> la <strong>inseguridad</strong> que mete miedo, el conflicto permanente, la <strong>inflación</strong> que carcome bolsillos y demás problemas cotidianos nos hace difícil tomar distancia crítica para contemplar lo que sucede en el contexto que nos rodea. Está bastante claro que desde hace años el mundo demanda los productos que la región produce basada en sus recursos naturales y que además está dispuesto a pagar precios elevados por ellos. Para Argentina será carne y soja como para <strong>Chile</strong> es el cobre y las uvas frescas, para <strong>Perú</strong> el oro, para <strong>Venezuela</strong> el petróleo, y para <strong>Colombia</strong>, el café. Como fuera, y pudiendo continuar con un ejemplo por cada país latinoamericano, la bonanza y los precios internacionales elevados resultaron bastante parejos para todos los países de la zona. En la mayoría de los casos, esto fue aprovechado para mantener controlada la inflación, bajar la pobreza, disponer mejoras en infraestructura, elevar los créditos a largo plazo para la vivienda, ampliar la gama de servicios en la economía acompañando ese crecimiento en el sector primario y fortaleciendo así a las empresas locales para mejorar su inserción internacional.</p>
<p>Previendo el clásico reproche que se nos hace a los <strong>“pregoneros de la primarización de la economía”</strong> quería hacer una acotación dirigida principalmente a los intelectuales de <strong>Carta Abierta</strong>: cuando piensan en un modelo de industrialización del país atrasan 60 años al menos; en la<strong> era postindustrial</strong>, los empleos de calidad, buenos salarios y cuidadosos con el medio ambiente están en otro lado, como por ejemplo en<strong> industrias tecnológicas</strong>, servicios de avanzada, conocimiento, educación, creatividad, etcétera. Para ser más concretos, <strong>no todo lo que hace ruido y saca humo por las chimeneas es lo que genera riqueza e incrementa el empleo.</strong></p>
<p>En contraposición a este modelo virtuoso desarrollado por la mayoría de los países latinoamericanos están aquellos que, con la <strong>impronta</strong> <strong>populista</strong> a flor de piel, hicieron todo lo contrario; casos ejemplares, <strong>Argentina y Venezuela</strong> (sin olvidarnos de <strong>Bolivia, Ecuador y Nicaragua</strong>). Si bien ambos ciclos de gobierno, el <strong>chavismo</strong> en Venezuela y el kirchnerismo en la Argentina, <strong>redujeron los índices de pobreza, no recrearon las condiciones que les permitieran soñar firmemente con el desarrollo</strong>. En el caso de la Argentina inclusive habría que resaltar que la comparación por la que más apuesta el kirchnerismo pasa por el peor momento económico del país en su historia con lo cual dicho contraste se hace casi irrelevante en la actualidad.</p>
<p>Es importante señalar que, si bien la <strong>crisis</strong> <strong>mundial</strong> ha afectado bastante a nuestros potenciales demandantes, las circunstancias actuales siguen siendo favorables para el país y por eso debemos aprovechar el momento. Paradójicamente, el gobierno nacional, que sin dudas puede hacer gala de algunos logros puntuales, se empecina en llamar década ganada a una a la cual podemos llamar por contraposición, como muchos ya lo hacen, como “<strong>década desperdiciada</strong>”.</p>
<p>Sin dudas, el kirchnerismo se siente muy cómodo en la acción: proponiendo leyes, interviniendo mercados, innovando en materia financiera, manejando cada vez más sectores de la economía, etcétera. Aquello que no funciona bien según criterio del gobierno es intervenido y como consecuencia, al poco tiempo, funciona peor. Es casi una regla, sucede con las empresas estatizadas (<strong>Aerolíneas, Aysa, YPF y Fútbol Para Todos</strong>) como también con el mercado de la exportación (carnes, trigo) o el abastecimiento local.</p>
<p>Hubo que llegar al extremo de que los desbarajustes del gobierno golpeen directo a la cara para votar un cambio. Incluso el mayor ganador de las pasadas elecciones fue un ex jefe de gabinete de este gobierno que promete modificar las cosas que están mal y conservar las que están bien, con todo lo que esto NO significa. Siempre con las encuestas en la mano, <strong>el discurso de Sergio Massa fluctúa entre ser más o menos crítico del gobierno pero conservando siempre esa sensación de postkirchnerismo que al menos conserva parte del “modelo”.</strong> <strong>El temor al cambio de gobierno tiene mucho más de emocional que de racional.</strong> Siendo así, no quiero dejar de mencionar, evocando a <strong>Erich Fromm</strong>, el miedo a la libertad, un componente que si bien tiene matices muy diferentes respecto a la idea original del autor, creo que va a ser imprescindible tenerlo en cuenta para adentrarse en un proceso que nos permita recuperar iniciativa frente a un Estado que necesariamente va a tener que retirarse de algunas de las áreas que actualmente gestiona, y que ciertamente lo hace muy mal.</p>
<p><strong>¿Qué podríamos exigirles nosotros como sociedad a los partidos de la oposición?</strong> Básicamente, que no intenten hacer reformas constitucionales, ni leyes inaplicables, ni acuerdos con países que apoyan el terrorismo, ni intenten controlar la justicia, ni propongan reformas agrarias que sólo hacen mermar la producción (tal como sucede hoy en <strong>Bolivia</strong>), ni traten de colonizar u hostigar a los medios de comunicación, ni propicien menjunjes cambiarios, ni utilicen los recursos del Estado como si fueran propios, ni agredan a quienes piensan diferente o proponen cambios, etcétera. ¿Es mucho? Tendrían que ser “normales”. En definitiva, no son tantas las malas políticas que se pueden aplicar para empeorar la calidad de vida de los ciudadanos, la mayoría de ellas están debidamente identificadas por cualquier analista serio y además, cada una fue celosamente ejecutada durante la década kirchnerista como para verse en ese espejo y tratar de no cometer los mismos errores.</p>
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