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	<title>Alexander Martín Güvenel &#187; Perón</title>
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		<title>Es tiempo de instituciones</title>
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		<pubDate>Sat, 10 May 2014 09:49:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La Hora del Pueblo fue aquel documento multipartidario que presionó, con éxito pasajero, a la dictadura militar conocida como Revolución Argentina (1966-1973) para forzar una convocatoria a elecciones que finalmente llamó bajo presión el general Alejandro Agustín Lanusse el 11 de marzo de 1973 y a través de las cuales se consagró Héctor J. Cámpora (delegado de Perón) como presidente. Funcionó al mismo tiempo como <strong>un período de acercamiento entre los distintos partidos políticos (sobre todo peronistas y radicales) en un paréntesis de recelos mutuos que sirvió para abrir canales de participación e influencia que les estaban vedados.</strong></p>
<p>Tal vez sea este modesto ensayo y no el Pacto de la Moncloa español (citado hasta el hartazgo por políticos e intelectuales de diversos sectores) <strong>un buen antecedente de acuerdos básicos sobre los cuales asentarse para cambios institucionales que resultan fundamentales</strong>. En este sentido, se conocieron algunos proyectos en los últimos días que generan un moderado entusiasmo pero que deben superar, como es natural, fuertes resistencias para no morir en el olvido o demorarse hasta tornarlos de aplicación imposible.</p>
<p>Por un lado, varios miembros de distintos partidos de la oposición se pusieron de acuerdo para pedir que se difundan cuestiones que hacen a la <strong>transparencia en un Congreso de la Nación</strong> caracterizado por su opacidad (dietas, personal contratado, viajes, declaraciones juradas, etc.). Los diputados Laura Alonso (Pro), Manuel Garrido (UCR), Carla Carrizo y Martín Lousteau (Sumá + UNEN), Adrián Pérez (Frente Renovador), Pablo Javkin (Coalición Cívica-UNEN) y la senadora Laura Montero (UCR) con la colaboración de distintas ONGs bregaron porque se den a conocer datos que hoy son casi un misterio.</p>
<p>Por otro lado, el Frente Renovador de Sergio Massa presentó un <strong>proyecto para limitar a dos mandatos consecutivos la elección de los intendentes</strong> en la provincia de Buenos Aires, eliminar las listas sábana e impulsar el voto electrónico. Si bien el proyecto tiene otros elementos que son discutibles, entiendo que debería ser apoyado mayoritariamente si se busca torcer una historia que se remonta a décadas de infortunio. Dueños de sus municipios, muchos de los intendentes toman a la comuna como parte de su patrimonio. Con clientelismo político, prebendas, dominio territorial y caudillismo evitan el surgimiento de otros candidatos y nuevos canales de participación usando para ello los recursos públicos. Entre los más “longevos” intendentes, también conocidos como <i>barones del conurbano</i>,<i> </i>están Raúl Otacehé en Merlo (23 años), Hugo Curto en Tres de Febrero (23 años), Julio Pereyra en Florencio Varela (22 años), Alberto Descalzo en Ituzaingó (19 años), y Jesús Cariglino en Malvinas Argentinas (19 años).</p>
<p>Obviamente, y como era de esperarse, se alzaron algunas vergonzantes voces para impedir el avance de estos cambios. Desde el lado del FAUNEN piensan acertadamente que el massismo pretende mejorar su posicionamiento político a través de la instalación de este tema. Recuerdan que varios legisladores de su espacio han presentado proyectos que apuntan en al mismo sentido y no terminan de entender por qué nunca habían podido instalarlo ellos en la agenda pública. Seguramente es un acierto comunicacional de un hábil Sergio Massa que ningún celo político debería frenar. Sabemos que el propio Frente Renovador tiene intendentes con varios períodos en el poder y que a regañadientes aceptaron esta propuesta. El amalgamiento de los proyectos en base a una negociación política debería destrabar cualquier tipo de desacuerdo entre los miembros de la oposición.</p>
<p><strong>Que este tema haya prendido en los medios, incluso por encima de temas más acuciantes como la inflación y la inseguridad, habla bien de la sociedad.</strong> A este proyecto, <strong>el Pro de Mauricio Macri quiere sumarle un ataque al nepotismo</strong> impidiendo que familiares directos de los intendentes puedan presentarse para el cargo y evitar así un continuismo de hecho, mientras que al mismo tiempo plantea la restricción para las reelecciones indefinidas también en el ámbito legislativo de la provincia. Es positivo que este último punto sea debatido pero de ninguna manera se puede equiparar al poder que un ejecutivo perpetuo puede ejercer sobre el <i>pago chico</i>.</p>
<p>Desde el Frente para la Victoria, que nunca ha mostrado genuino interés por lograr transparencia y mejorar la institucionalidad en el país durante sus 12 años de gobierno (más allá de la renovación de la Corte Suprema en sus inicios y la promesa de mejorar las instituciones por parte de Cristina Kirchner durante la campaña del 2007), la descalificación pasa por ningunear el interés que este tema pueda generar en la población. Sobre todo los intendentes de este sector esgrimen que esto implicaría una restricción para la libre elección de candidatos. Es claro que la falta de límites en el ejercicio del poder y el apoltronamiento en el gobierno sólo otorgan mayor libertad de acción al gobernante mientras que ciñen fuertemente la voluntad de los electores.</p>
<p>La política comparada en consonancia con la ciencia económica ha dado muestras más que contundentes de que<strong> la calidad institucional de un país es la base más sólida para el desarrollo económico, la mejora en salud, la calidad educativa, el transparente uso de los recursos públicos y la seguridad ciudadana</strong>. Es aceptable tal vez que esto sea difícil de ver para el ciudadano de a pie pero en el caso de la clase política sólo denota una real malicia y un claro intento por no ceder lugares de poder por parte de quienes se sienten con derecho de perpetuidad sobre los mismos. Muchos políticos se llenan la boca hablando de la diferencia entre crecimiento y desarrollo sin querer comprender que la disparidad entre uno y otro radica justamente en la conformación de instituciones sólidas que puedan mantenerse en el tiempo.</p>
<p>¿Cuál es el momento oportuno para avanzar sobre estos proyectos? Este es el momento más apropiado ya que el tiempo que resta para las elecciones presidenciales de 2015 ponen un manto de dudas sobre posibles vencedores. Pretender que este tipo de proyectos se impulsen desde el Poder Ejecutivo es de una ingenuidad suprema.<strong> Cual contrato social donde aún no se sabe quién será el encargado de conducir los destinos del país (el ganador), esta es la coyuntura adecuada para aprovechar la igualdad de oportunidades políticas que esto implica.</strong></p>
<p>Arribismo político, convicción moral o responsabilidad institucional, lo importante es que la sociedad se involucre en un apoyo masivo hacia todas las reformas que permitan transparentar la política, generar alternancia, empoderar (palabra de moda) al ciudadano y brindar una mirada a largo plazo que pueda de una vez por todas sentar bases sólidas que pongan límites reales a la discrecionalida</p>
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		<title>¿Le perdimos el miedo a la opo?</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Nov 2013 10:29:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando los resultados de la pasada elección parecen haber sepultado el temor que, durante 10 años, tuvieron los ciudadanos de votar alternativas al kirchnerismo, <strong>vale la pena reconocer como parte de los éxitos del modelo en materia de comunicación la capacidad del oficialismo para lograr que muchísimos argentinos consideren todo lo hecho por sus antecesores en el poder como nefasto</strong>.</p>
<p>Fue realmente exitosa<strong> la demonización del pasado</strong> que vino haciendo el kirchnerismo desde el inicio de su gestión. La historia argentina en su versión virtuosa sería para ellos sintetizada en unos pocos personajes: <strong>Belgrano, Rosas, Irigoyen, Perón, Néstor Kirchner</strong> y su continuación, <strong>Cristina</strong>. Esto deja implícito un segundo mensaje: e<strong>l kirchnerismo sintetizaría a quienes ellos consideran el mejor radicalismo y el mejor peronismo;</strong> sería algo así como la transversalidad concentrada en un matrimonio. Habría que recordar que el “razonamiento” que se impuso, sobre todo durante el primer lustro de los gobiernos kirchneristas, fue que de no acompañar el proyecto iban a volver la inflación descontrolada del radicalismo y la corrupción desbocada del menemismo entre otros flagelos. Paradójicamente, son éstas dos de las cuestiones que actualmente más se critican del gobierno; escupir al cielo, que le dicen.</p>
<p><span id="more-63"></span>El <strong>miedo</strong>, entendido como una emoción habitualmente desagradable provocada por un peligro real o supuesto, es muchas veces paralizante. Esto es lo que fomentó el kirchnerismo durante una década y lo hizo con argumentos similares a los de la campaña de <strong>Menem</strong> para su reelección en el año 95 y el denominado <strong>“voto cuota”</strong>. Es cierto que el kirchnerismo fue más allá al otorgarle cierta dosis épica al relato, pero lo subyacente fue siempre el <strong>miedo al cambio</strong>. Mucho ha influido en este temor la experiencia fallida de la <strong>Alianza</strong>. No hay mucho concienzudo material que analice el porqué del fracaso de ese gobierno que había levantado altas expectativas y el cual fracasó estrepitosamente. Habría entonces que recordar que el gobierno de <strong>Fernando De La Rúa</strong> tenía que modificar, aunque se negara a hacerlo, el régimen cambiario de la <strong>convertibilidad </strong>que ya ponía alertas rojas desde hacía tiempo, que la deuda se encontraba en niveles inmanejables y que el precio de la <strong>soja</strong> por aquellos años rondaba los U$D170 promedio contra los U$D450 aproximados de hoy, entre otras dificultades estructurales.</p>
<p>Estas cuestiones han cambiado significativamente y, entonces, ateniéndonos a esas diferencias que existen, sería importante que como sociedad terminemos de perderle el miedo a elegir oposición (la cual todavía genera dudas y resquemores a pesar del hastío por el gobierno mostrado en las recientes elecciones legislativas) y parte de esa superación puede venir de la mano de <strong>mirar hacia nuestros vecinos de la región</strong>. Vivir en la Argentina de la <strong>carencia de dólares,</strong> la <strong>inseguridad</strong> que mete miedo, el conflicto permanente, la <strong>inflación</strong> que carcome bolsillos y demás problemas cotidianos nos hace difícil tomar distancia crítica para contemplar lo que sucede en el contexto que nos rodea. Está bastante claro que desde hace años el mundo demanda los productos que la región produce basada en sus recursos naturales y que además está dispuesto a pagar precios elevados por ellos. Para Argentina será carne y soja como para <strong>Chile</strong> es el cobre y las uvas frescas, para <strong>Perú</strong> el oro, para <strong>Venezuela</strong> el petróleo, y para <strong>Colombia</strong>, el café. Como fuera, y pudiendo continuar con un ejemplo por cada país latinoamericano, la bonanza y los precios internacionales elevados resultaron bastante parejos para todos los países de la zona. En la mayoría de los casos, esto fue aprovechado para mantener controlada la inflación, bajar la pobreza, disponer mejoras en infraestructura, elevar los créditos a largo plazo para la vivienda, ampliar la gama de servicios en la economía acompañando ese crecimiento en el sector primario y fortaleciendo así a las empresas locales para mejorar su inserción internacional.</p>
<p>Previendo el clásico reproche que se nos hace a los <strong>“pregoneros de la primarización de la economía”</strong> quería hacer una acotación dirigida principalmente a los intelectuales de <strong>Carta Abierta</strong>: cuando piensan en un modelo de industrialización del país atrasan 60 años al menos; en la<strong> era postindustrial</strong>, los empleos de calidad, buenos salarios y cuidadosos con el medio ambiente están en otro lado, como por ejemplo en<strong> industrias tecnológicas</strong>, servicios de avanzada, conocimiento, educación, creatividad, etcétera. Para ser más concretos, <strong>no todo lo que hace ruido y saca humo por las chimeneas es lo que genera riqueza e incrementa el empleo.</strong></p>
<p>En contraposición a este modelo virtuoso desarrollado por la mayoría de los países latinoamericanos están aquellos que, con la <strong>impronta</strong> <strong>populista</strong> a flor de piel, hicieron todo lo contrario; casos ejemplares, <strong>Argentina y Venezuela</strong> (sin olvidarnos de <strong>Bolivia, Ecuador y Nicaragua</strong>). Si bien ambos ciclos de gobierno, el <strong>chavismo</strong> en Venezuela y el kirchnerismo en la Argentina, <strong>redujeron los índices de pobreza, no recrearon las condiciones que les permitieran soñar firmemente con el desarrollo</strong>. En el caso de la Argentina inclusive habría que resaltar que la comparación por la que más apuesta el kirchnerismo pasa por el peor momento económico del país en su historia con lo cual dicho contraste se hace casi irrelevante en la actualidad.</p>
<p>Es importante señalar que, si bien la <strong>crisis</strong> <strong>mundial</strong> ha afectado bastante a nuestros potenciales demandantes, las circunstancias actuales siguen siendo favorables para el país y por eso debemos aprovechar el momento. Paradójicamente, el gobierno nacional, que sin dudas puede hacer gala de algunos logros puntuales, se empecina en llamar década ganada a una a la cual podemos llamar por contraposición, como muchos ya lo hacen, como “<strong>década desperdiciada</strong>”.</p>
<p>Sin dudas, el kirchnerismo se siente muy cómodo en la acción: proponiendo leyes, interviniendo mercados, innovando en materia financiera, manejando cada vez más sectores de la economía, etcétera. Aquello que no funciona bien según criterio del gobierno es intervenido y como consecuencia, al poco tiempo, funciona peor. Es casi una regla, sucede con las empresas estatizadas (<strong>Aerolíneas, Aysa, YPF y Fútbol Para Todos</strong>) como también con el mercado de la exportación (carnes, trigo) o el abastecimiento local.</p>
<p>Hubo que llegar al extremo de que los desbarajustes del gobierno golpeen directo a la cara para votar un cambio. Incluso el mayor ganador de las pasadas elecciones fue un ex jefe de gabinete de este gobierno que promete modificar las cosas que están mal y conservar las que están bien, con todo lo que esto NO significa. Siempre con las encuestas en la mano, <strong>el discurso de Sergio Massa fluctúa entre ser más o menos crítico del gobierno pero conservando siempre esa sensación de postkirchnerismo que al menos conserva parte del “modelo”.</strong> <strong>El temor al cambio de gobierno tiene mucho más de emocional que de racional.</strong> Siendo así, no quiero dejar de mencionar, evocando a <strong>Erich Fromm</strong>, el miedo a la libertad, un componente que si bien tiene matices muy diferentes respecto a la idea original del autor, creo que va a ser imprescindible tenerlo en cuenta para adentrarse en un proceso que nos permita recuperar iniciativa frente a un Estado que necesariamente va a tener que retirarse de algunas de las áreas que actualmente gestiona, y que ciertamente lo hace muy mal.</p>
<p><strong>¿Qué podríamos exigirles nosotros como sociedad a los partidos de la oposición?</strong> Básicamente, que no intenten hacer reformas constitucionales, ni leyes inaplicables, ni acuerdos con países que apoyan el terrorismo, ni intenten controlar la justicia, ni propongan reformas agrarias que sólo hacen mermar la producción (tal como sucede hoy en <strong>Bolivia</strong>), ni traten de colonizar u hostigar a los medios de comunicación, ni propicien menjunjes cambiarios, ni utilicen los recursos del Estado como si fueran propios, ni agredan a quienes piensan diferente o proponen cambios, etcétera. ¿Es mucho? Tendrían que ser “normales”. En definitiva, no son tantas las malas políticas que se pueden aplicar para empeorar la calidad de vida de los ciudadanos, la mayoría de ellas están debidamente identificadas por cualquier analista serio y además, cada una fue celosamente ejecutada durante la década kirchnerista como para verse en ese espejo y tratar de no cometer los mismos errores.</p>
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