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	<title>Alexander Martín Güvenel &#187; Oficialismo</title>
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		<title>Sergio Macri y Mauricio Massa</title>
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		<pubDate>Sat, 29 Aug 2015 09:57:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En días posteriores a las PASO se desplegó con fuerza en algunos la opinión de que ahora sí era importante un acuerdo entre los dos principales candidatos opositores -Mauricio Macri y Sergio Massa- para derrotar al kirchnerismo representado por Daniel Scioli. Esa opinión chocó de frente con la imposibilidad legal de cualquier tipo de acuerdo de unificación de listas o candidatos y la imposibilidad política de la declinación de candidaturas. Esto enojó a muchos deseosos de cambio y capacidad para hacer sumas aritméticas, pero dificultades para hacer sumas políticas. <b>Una de las variantes que se deslizaron -incluso por parte de prestigiosos intelectuales como Beatriz Sarlo- es que Cambiemos “baje” la candidatura de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires y UNA desista de postular a Sergio Massa para presidente</b>. La escritora no solo lo esbozó, sino que también lo postuló como fórmula infalible de victoria.</p>
<p>En el contexto electoral argentino, dos más dos no es cuatro y por lo tanto la “fórmula para la victoria” elaborada por Sarlo carece de fundamentos sólidos, no solo numéricamente, sino también como estrategia a implementar. <b>Suponer que todos los votantes de Massa elegirían a Macri si este se bajara de su candidatura es una falacia</b> y, si bien es más probable que quienes optaron por Vidal en las PASO sean más permeables a hacerlo en octubre por Felipe Solá, en caso de quedar como único candidato opositor y, sobre todo, teniendo enfrente a un político con tan alta imagen negativa como Aníbal Fernández, lo cierto es que el PRO tiene demasiado cerca la conquista de la provincia de Buenos Aires como para rifarla en una ingeniería electoral que solamente quien se ha dedicado con agudeza a la literatura puede imaginar tan simple.<span id="more-465"></span></p>
<p>Massa sabe que no va a ser él quien entre al ballotage a disputar la Presidencia con el gobernador Daniel Scioli, pero necesita hacer una buena elección (manteniendo, de ser posible, los 20 puntos que sumó junto con Manuel de la Sota en el espacio de UNA) para conformar un bloque numeroso que le permita, en el futuro próximo, convertirse en una figura fuerte dentro del justicialismo. Para que esto sea posible necesita que Mauricio Macri obtenga la Presidencia. Daniel Scioli, derrotado y con la escasa injerencia que tuvo en la conformación de las listas, lo pondría fuera de cualquier rol político importante.</p>
<p>El antiguo intendente de Tigre ha dado muestras de comprender con claridad este panorama y ha obrado en consecuencia. Los intendentes que aún le responden han recibido el visto bueno para negociar con dirigentes de Cambiemos, sobre todo para permitirles repartir sus boletas también sin los tramos que corresponden a gobernador y presidente, y desde el lado del PRO recibieron un apoyo que, si hubiera sido abierto, chocaría con la estrategia de mostrarse como lo diferente, pero que, en estos términos, resulta muy bienvenida.</p>
<p>Está claro que el Frente Renovador tiene la misión y ha surgido con la idea de ser una corriente interna del Partido Justicialista cuando la agresiva hegemonía kirchnerista, que no permite ninguna negociación, esté debilitada. <b>Octubre y noviembre son fechas claves para el objetivo de un dirigente joven con tiempo para la política, pero para ello necesita de la derrota del Frente para la Victoria</b>. Eso le permitiría pararse frente a los gobernadores que, por más que aún conviven en el mismo espacio político, detestan al kirchnerismo desde una posición de cierta igualdad para, juntos, deskirchnerizar al Partido Justicialista (PJ).</p>
<p>La conferencia de prensa brindada por Margarita Stolbizer, Mauricio Macri, Sergio Massa, José Cano y Ernesto Sanz a raíz de la escandalosa elección en la provincia de Tucumán fue una pequeña muestra de la idea que anda rondando por la cabeza del ex intendente de Tigre. Ese encuentro tendrá una continuidad para aceitar el mecanismo que le permitiría a Maxri convertirse en presidente y a Massa pelear por la conducción del PJ.</p>
<p>Tal vez futuros rivales, para esta tanda electoral los objetivos del líder del Frente Renovador y del PRO -como los de tantos ciudadanos y políticos que desean poner fin a la hegemonía asfixiante del kirchnerismo- son convergentes y, más allá de expresiones individuales, lo cierto es que ambos dirigentes se necesitan mutuamente para alcanzar sus objetivos.</p>
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		<title>Estamos de PASO</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Aug 2015 10:08:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>“Primarias abiertas secretas y obligatorias”, dijo y repitió sin ruborizarse el ministro de Justicia Julio Alak (vale aclarar para algún desprevenido que la “s” es por simultáneas), cuando trataba de justificar la demora de más de cuatro horas para cargar los primeros datos de las elecciones celebradas ayer. Así entramos en la primera conclusión de unas elecciones con mucha tela para cortar: El sistema de votación en la Argentina es arcaico y muy favorable a las nocivas prácticas que en cada elección se denuncian, pero que de ninguna manera van a solucionar quienes de este sistema se benefician en desmedro de los electores.</p>
<p><b>Los resultados a nivel nacional van en línea con lo que las encuestas más serias venían pronosticando. Un triunfo del Frente para la Victoria que no le permite evitar el ballotage.</b> Desde hoy pocos serán los que puedan insistir con que el número mágico para Daniel Scioli es el 40. Ahora deben ir por el 45, y esa es una empresa difícil. El frente Cambiemos se situó en los 30 puntos, liderado por un Mauricio Macri que obtuvo el 80 % de los votos de esa interna. Si presumimos que muy probablemente un importante porcentaje de los votantes de UNA va a ir en octubre en busca del denominado “voto útil”, la alianza del PRO con la UCR y la Coalición Cívica tiene altas posibilidades de superar el 35 % de los votos, lo que obliga a Scioli a ir por ese 45 % que le permitiría evitar este ballotage “a la argentina”.<span id="more-455"></span></p>
<p>Con el 20 % de votos que obtuvo UNA, producto de la sumatoria de Sergio Massa (14 %) y José Manuel De La Sota (6,5 %), sin dudas es un espacio que se afirma como árbitro de las elecciones de octubre. A partir de esto, son muchas las conjeturas que pueden hacerse alrededor del comportamiento que tendrán los votantes de ese espacio. Sin tener claro aún las proporciones pero continuando con el análisis previo, podemos inferir que en ellos hay un porcentaje de votantes tradicionales del peronismo que están alejados del kirchnerismo (al que consideran ajeno al movimiento originado por Juan Domingo Perón), y hay otro porcentaje de votantes que militan decididamente en la oposición y que consideraron, en esta ocasión, a Sergio Massa como el mejor opositor posible. Es muy probable que el primer sector mantenga su voto al exintendente de Tigre en octubre y que el segundo grupo de electores se incline por quien resultó mejor posicionado para darle pelea al Frente para la Victoria, léase Mauricio Macri desde Cambiemos. <b>El discurso del líder del PRO apuntó, sin embargo, a ambos sectores, apelando también al corazón del peronismo</b>.</p>
<p>Luego de confirmarse unos resultados que dejan expectativas para todos, quien puede sentirse como ganadora plena de la elección, por lo importante y difícil del distrito, pero también por lo sorpresivo de los guarismos, es María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires. Con 8 puntos de diferencias sobre Aníbal Fernández y 10 sobre Felipe Solá -sus competidores en octubre- se acerca a la posibilidad de cambiar de manera rotunda el perfil de gobernador de una provincia comandada desde hace más de 25 años por caudillos peronistas. El 40 % que el FPV obtuvo en provincia, sumando los guarismos del jefe de gabinete y del presidente de la Cámara de Diputados, no resulta esperable en octubre por diversas razones. En primer lugar, porque el candidato que resultó ganador tiene una imagen negativa muy alta y hay perspectivas de que las denuncias que sobre él pesan se profundicen durante la campaña y, en segundo lugar, porque muchos de los votantes de Julián Domínguez se referencian en un peronismo tradicional que Martín Sabbatella (compañero de fórmula de Aníbal Fernández) está lejos de representar, por lo que muchos de esos votos irán a parar en octubre a Felipe Solá y, en un pequeño porcentaje, también a María Eugenia Vidal.</p>
<p><b>Los contactos entre los sectores que encabezan Sergio Massa y Mauricio Macri empiezan a aflorar</b>. El intento de convocatoria de Scioli al líder del Frente Renovador no tiene chances de prosperar, ya que no es mucho lo que de allí puede obtener el tigrense. El tercer lugar que acaba de ocupar está en las filas de la oposición y abandonarlo para volver al redil del oficialismo lo diluiría rápidamente. Tal vez este 2015 no sea su momento para obtener la presidencia, pero siendo un político joven sabe que tiene una carrera por delante y para ello debe deshacerse ni más ni menos que de Daniel Scioli. De consagrarse presidente el gobernador bonaerense, las chances de Massa para erigirse como líder del peronismo se esfuman, mientras que siendo Macri el elegido, él puede reconstruir alrededor de su figura a un Partido Justicialista que acepta todo menos la derrota. Si Massa confirma que no le alcanza para ser él quien compita en el ballotage frente a Scioli este año, su misión será conservar en octubre los votos que lo apoyaron en las PASO, militar en favor del frente Cambiemos en noviembre y constituirse luego del 10 de diciembre en el líder del nuevo peronismo (renovador). Si todo eso sucede, Daniel Scioli tendrá sin dudas más tiempo para entrenar con sus compañeros de Villa La Ñata Sporting Club.</p>
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		<title>Temerle a Dios y un poquito a Macri</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Jul 2015 03:44:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Solo hay una declaración que podría haber generado mayor revuelo en los medios de comunicación y en lo que él mismo denominó oportunamente como “círculo rojo” que las que efectuó inmediatamente después de confirmado el apretado triunfo de Horacio Rodríguez Larreta -su delfín- sobre Martín Lousteau, que le permitió al PRO retener la ciudad de Buenos Aires: haber dicho exactamente lo contrario. Hay que imaginar por un segundo qué hubiera pasado si Mauricio Macri se paraba frente a sus militantes y a los cientos de miles que en ese momento lo miraban por televisión (y medios alternativos) y les decía que iba a reprivatizar Aerolíneas Argentinas e YPF y que la asignación universal por hijo pasaría a la historia si él fuera electo presidente. El temor al cambio, algo innato en el ser humano, está en su máximo esplendor en esta campaña.</p>
<p>Ciertamente, el jefe de Gobierno y precandidato a presidente de Cambiemos optó por acercarse a la postura massista del cambio justo que, en el caso del exintendente de Tigre -quien perteneció al espacio kirchnerista durante 7 años-, suena más bien a la búsqueda de cambiar de manos el poder. Es cierto que el PRO en su bloque de diputados se ha opuesto tanto a la reestatización de Aerolíneas Argentinas e YPF como a la de las jubilaciones y las pensiones, pero también es cierto que cuando lo hicieron se fundamentaron más en razones y procesos que en principios. En este sentido y con prudencia política, <b>el discurso del líder de PRO apuntó a desmontar aquello de que la Argentina se mueve por olas, de estatistas a privatistas y viceversa</b>. Sin embargo, era esperable que desde el oficialismo se use el argumento de falsedad e hipocresía para atacar al líder opositor con más chances de arrebatarle el poder al Frente para la Victoria.<span id="more-450"></span></p>
<p>Las explicaciones para este supuesto viraje ideológico fueron desde que no se puede estar permanentemente cambiando las reglas de juego en empresas emblemáticas para el país hasta las más temerarias, que, como argumentó Rodríguez Larreta, hacen hincapié en la sabiduría que implica no quedarse pegado a ideas y conceptos sostenidos tiempo atrás, aceptando así una equivocación. Esta última explicación encierra el peligro de aceptar implícitamente que la situación actual es la ideal, cuando en realidad los problemas se escabullen debajo de la alfombra. La aerolínea de bandera pierde a razón de 1 millón de dólares por día, YPF está lejos de acercarse al autoabastecimiento que supo tener en otras épocas y la Anses, con el dinero de todos nosotros dentro, resulta una caja boba y sin control, a disposición de todos los programas que la Presidente decida lanzar.</p>
<p>Siendo sometido a una permanente indagación desde aquel discurso, Mauricio Macri también se inclinó por un argumento de riesgo: la comparación de eficiencia entre el Estado nacional y el Estado autónomo. Si bien resulta bastante evidente que el Gobierno de la ciudad le saca varios cuerpos de ventaja en cuanto a tiempo y formas de trabajos comprometidos de gestión, también es cierto que la propuesta debería ser más sólida que la mera apuesta a la buena labor de los funcionarios de turno. Algunas dignas explicaciones ha dado Macri en el pasado, pero no se ha animado, al menos hasta ahora, a volver sobre ellas. Podría explayarse acerca de la posibilidad de avanzar sobre una política aerocomercial de cielos abiertos que permita mayor competencia entre las aerolíneas en beneficio de los pasajeros. En el ámbito petrolero, la búsqueda de acuerdos público-privados (con innumerables ejemplos exitosos alrededor del mundo), basados en la transparencia, podría ser un camino a desarrollar que mantenga alejada a la compañía del voluntarismo de los gobernantes. También debe hacerse hincapié en la necesidad de establecer reglas que impidan el uso discrecional por parte del Estado de las cajas jubilatorias, tomando de ejemplo incluso algunas de las limitaciones y los controles que la Superintendencia de Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP) ejercía sobre las empresas y sus inversiones.</p>
<p>Se le suele pedir a los candidatos que presenten propuestas de gobierno concretas y sólidas durante las campañas, aunque poco se hace por intentar analizar qué porcentaje de la sociedad está dispuesta a escuchar y tratar de entender esas propuestas. Las campañas y los electores no suelen admitir los detalles. Por otro parte, ¿cuál es el tiempo y el espacio que los candidatos tienen para que el público masivo se entere en detalle de sus propuestas? En ese sentido, es grande la ventaja de la Presidente, que dispone, en clara violación de la <i>Constitución Nacional</i>, de la<b> cadena nacional para insistir sobre el autoelogio, apoyar a sus candidatos y denostar a sus rivales</b>.</p>
<p>Quien también corre con ventaja en esta situación de <b>estabilidad en la crisis</b> es el candidato del Frente para la Victoria, que, fiel a su estilo, se conforma con afirmar que va a seguir trabajando por “mejorar lo que se ha hecho” y “solucionar los problemas”. El inicio oficial de la campaña para las PASO del 9 de agosto le permitió al gobernador ser muy concreto en demostrar que la fuerza de la voluntad todo lo puede (después de todo si logró sobreponerse a un accidente motonáutico) y poner al aire un <i>spot </i>con un fragmento que sostiene que “vamos por una casa más grande”.</p>
<p><b>El kirchnerismo ha invertido mucho tiempo, dinero y esfuerzo en la construcción de un relato mucho más exitoso de lo que es la realidad en sí misma</b>. De esta forma ha logrado también encorsetar el debate político de esta campaña a los temas donde ellos se sienten más fuertes. Para lograr esto ha contado con el invalorable sustento que le dio la crisis de 2001-2002, que caló fuerte en los corazones y los bolsillos de los argentinos y convirtió a aquellos tristes años en el verdadero mito fundacional de esta etapa que está llegando a su fin, al menos en los términos que hasta ahora se han planteado, y que tal vez en un futuro se conozca como kirchnerato.</p>
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