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	<title>Alexander Martín Güvenel &#187; Martín Insaurralde</title>
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		<title>Obsecuencia al gobierno, prepotencia al poder</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Oct 2013 11:07:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Aunque <strong>Cristina Fernández de Kirchner</strong> suele mencionar casi como el único error político de su marido la designación de <strong>Julio Cobos</strong> como vicepresidente, la aparición de un video en esta última semana puso en el tapete a un personaje que le trajo al kirchnerismo un gran problema faltando pocos días para las elecciones legislativas. <strong>Juan Cabandié fue el niño mimado de Néstor Kirchner</strong>, quien lo “adoptó” como tal cuando el 24 de marzo de 2004 leyó una emotiva carta en la ex <strong>ESMA</strong> (lugar donde había nacido) durante un acto oficial.</p>
<p>Siendo el nieto recuperado número 77 y favorecido por el mismísimo dedo presidencial, comenzó desde allí una <strong>militancia en el kirchnerismo</strong> (actualmente es legislador porteño) que hoy lo pone como candidato a <strong>diputado</strong> <strong>nacional</strong> por la <strong>ciudad de Buenos Aires</strong>. Sin dudas, Cabandié representaba para el presidente electo en 2003 por sólo el 22% de los votos un fuerte sostén y blindaje para su idea de cooptar los derechos humanos como bandera de gobierno. Lo necesitaba quien nunca en su carrera política había hecho declaración pública alguna sobre el tema ni había tomado ninguna medida de gobierno (como intendente o gobernador) tendiente a reconocer y darle entidad a quienes habían sido víctimas de la última dictadura militar.</p>
<p><span id="more-42"></span>Es parte del imaginario popular creer que las relaciones que se establecen entre políticos de distintos partidos están siempre enmarcadas en discusiones y acusaciones cruzadas, como suele ocurrir por ejemplo (y siempre ante las luces de la televisión) en los debates del plenario de la Cámara de Diputados.<strong> La realidad es que muchos de estos políticos que se denostan en público, son amigos en privado</strong> y esto permite, entre otras cosas, tener una convivencia política más amigable y democrática al margen de las identidades partidarias. <strong>Esto no sucede con la mayoría de los dirigentes de La Cámpora.</strong></p>
<p>Ellos, con la complicidad de la pareja presidencial, han construido<strong> una organización juvenil que ha tomado la administración del Estado por asalto.</strong> Esa prepotencia y aires de superioridad son los que quedaron en evidencia en el reciente video de un Cabandié maltratando a la agente de tránsito de <strong>Lomas de Zamora</strong>. Sin embargo, basta repasar los comentarios e incidentes protagonizados por <strong>Julián Álvarez</strong> (<strong>secretario de Justicia), José Ottavis (legislador bonaerense), Mariano Recalde y Andrés “El Cuervo” Larroque</strong>, entre otros conocidos dirigentes de la agrupación juvenil kirchnerista, para comprobar que no es el único de sus miembros con esa reprochable actitud.</p>
<p>Dentro del ideario camporista no está la posibilidad de disculparse ante una ofensa puesta al descubierto. Lo que <strong>Insaurralde</strong>, como intendente del municipio donde ocurrió en el mes de mayo el incidente, hizo tan pronto pudo reunirse con la agente de tránsito fue disculparse (hasta ofreció devolverle el trabajo), algo que Cabandié no supo o no quiso hacer hasta el momento. <strong>Ni siquiera el probable perjuicio electoral para su partido lo indujeron a ensayar un descargo que no sea la acusación y el contragolpe</strong>. Que lo intentaron <strong>coimear</strong>, que es una <strong>operación política de Gendarmería</strong> para perjudicar al gobierno y que es una<strong> sucia maniobra</strong> <strong>de campaña</strong> fueron algunas de las excusas que esgrimió. Aunque todo esto sea cierto, no lo exculpa de lo visto y oído por todos. Como bien señala el abogado y periodista <strong>Román Lejtman</strong>: “el móvil de la aparición de una información (que se comprueba veraz) no es lo importante”.</p>
<p>Desde otros sectores del oficialismo, más afectos a la moderación, intentaron un ejercicio de control de daños.<strong> Martín Insaurralde</strong> se apuró a despedir al director de tránsito del municipio <strong>Ramón Guelardi</strong> por haber despedido a la agente <strong>Mosquera</strong>, aunque sea demasiado evidente que resulta tan solo el chivo expiatorio. Fue más lejos y declaró que “como hombre, nunca maltrataría a una mujer”, transformando esta declaración en la más dura hecha por un político para diferenciarse de Cabandié. Esto y el reconocimiento por parte de <strong>Daniel Filmus</strong> acerca del error cometido por el legislador porteño frenaron el intento por investigar a quien fue víctima de la soberbia y del correctivo que Juan pidió y que efectivamente se concretó en la destitución posterior de la joven agente de tránsito.</p>
<p>Si Cabandié fue el error político de Néstor que queda en evidencia en este momento, <strong>Amado Boudou es el error político candente de Cristina.</strong> Previa a la convalecencia de la presidente,<strong> Boudou había sido apartado completamente de la campaña electoral enviándolo en misiones oficiales a cuanto país se lo pudo “despachar</strong>”. Para quienes vieron la entretenida comedia <strong><em>Presidente por un día</em></strong> (protagonizada por <strong>Kevin Kline</strong> y <strong>Sigourney Weaver</strong>) podrán recordar el parecido itinerario armado en el exterior para aquel incómodo vicepresidente (por otros motivos y con cualidades bien diferentes a las de nuestro vice), como también ver reflejados en<strong> Carlos Zanini</strong> y <strong>Oscar Parrili</strong> a los dos funcionarios que se encontraban manejando los hilos detrás del sustituto elegido (por su extraordinario parecido) para aquel presidente convaleciente.</p>
<p>Catalogado por un dirigente peronista como “jarrón chino” (porque no saben dónde ponerlo), como presidente en ejercicio, Amado está en la difícil tarea de hacer acto de presencia para evitar la sensación de acefalía sin restarle votos a un <strong>Frente para la Victoria</strong> debilitado tras las <strong>PASO</strong>. En plena campaña electoral, a nadie se le escapa que <strong>es el político con mayor imagen negativa</strong>. Ante el aluvión de críticas que generó tener a un vicepresidente tan sospechado por la <strong>causa Ciccone</strong>, los funcionarios del gobierno no tuvieron más remedio que defenderlo en público mientras que le escapan en privado. Esas críticas de los políticos opositores, sin duda con voluntad electoralista y especulativa, no ocultan que el verdadero problema que Boudou genera es en el interior del oficialismo. El error político de elegirlo como vicepresidente, que se pone de manifiesto a partir de la mencionada causa, se gestó mucho antes<strong>. Catalogado por el diario El País de España como “el gran aplaudidor”, Amado Boudou no reunía las características necesarias para ocupar semejante cargo</strong>. Su frivolidad, su falta de trayectoria y de convicciones, su impostada simpatía y su forzado servilismo no fueron suficiente razón para evitar que este<strong> adulador por excelencia</strong> fuera parte de la fórmula presidencial en 2011.</p>
<p>En un sano ejercicio de convivencia social pero también de buen gobierno, sería bueno comprender que ser víctima no te da sabiduría y que ser obsecuente no te otorga capacidades. Parece un razonamiento básico pero efectivamente se actuó, en ambos casos, exactamente de manera contraria.</p>
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		<title>Barón del conurbano, mensajero de la paz</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Oct 2013 13:36:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La pasada semana, las <strong>agresiones a la caravana que encabezó el intendente de Tigre</strong> y candidato a diputado por el flamante <strong>Frente Renovador</strong> sacudieron el reinicio de campaña de cara a las elecciones del 27 de Octubre. Está claro que los tumultos, insultos y agresiones con huevos son relativamente habituales cuando un político se encuentra poniendo la cara frente a algún problema puntual que genera controversias; sucedió con los diputados del oficialismo durante la crisis con el campo en 2008 y también con el gobernador <strong>Daniel Scioli</strong> durante las<strong> inundaciones en La Plata,</strong> además de ser una circunstancia habitual durante la crisis del 2001-2002. Sin embargo, las recientes agresiones a <strong>Sergio Massa</strong> y sus candidatos marcaron una luz de alerta que rápidamente se viralizó a través de los medios de comunicación. Desde el oficialismo eso se ve como una campaña más del <strong>Grupo Clarín</strong> (entre otros enemigos mediáticos del gobierno) para perjudicar electoralmente a los candidatos del <strong>FpV</strong>, pero me atrevo a puntualizar algunas razones que tal vez formen parte del inconsciente colectivo y por las cuales esto causó cierta inquietud entre la sociedad.</p>
<p>Un elemento que llamó la atención fue, aparte de lo contundente de los <strong>proyectiles arrojados</strong> (piedras y ladrillos además de los “tradicionales” huevazos), que haya armas de fuego entre algunos de los manifestantes anti-Massa. Una de las frases que se escucharon en esta suerte de emboscada que practicaron sobre la caravana fue <strong>“La Matanza es de Cristina”</strong>, frase que puede retrotraernos al medioevo, cuando la organización política estaba centrada en feudos que un señor comandaba a base de puños de acero y paternalismo y que poco tiene que ver con una democracia pluralista.</p>
<p><span id="more-20"></span>El transcurrir de los días y de una investigación que no va a tener ninguna consecuencia judicial para los involucrados (desde ya se los anticipo) marcaron algunos indicios de participación concreta en la organización y ejecución por parte de militantes kirchneristas. Se lo ve por ejemplo a <strong>Daniel Campana</strong>, subdelegado municipal de <strong>Isidro Casanova</strong>. Hay además varios testimonios fotográficos que sindican a los <strong>hermanos</strong> <strong>Carrizo</strong>, militantes del kirchnerismo de La Matanza y cercanos al intendente <strong>Fernando Espinoza</strong>, como <strong>organizadores de lo acontecido</strong>. Estas evidencias hacen que los integrantes del Frente Renovador acusen al intendente matancero por los ataques, a pesar del llamado solidario que este le efectuó a su par de Tigre al conocerse los hechos.</p>
<p>Al margen de las consideraciones efectuadas por los distintos sectores de oficialismo y oposición, creo que la reacción más sincera e interesante para analizar respecto a estos incidentes, es la del presidente de la<strong> Federación Tierra y Vivienda</strong> y ex funcionario nacional<strong> Luis D&#8217;Elia</strong>. El ex piquetero utilizó, como lo hace habitualmente, su cuenta de <strong>twitter</strong> para dejar sus impresiones sobre lo acontecido. El autopercibido defensor de la “revolución” kirchnerista ensayó una primera explicación del acontecimiento twitteando que lo sucedido fue ni más ni menos que <strong>“la reacción de un pueblo que no quiere volver a los 90”</strong>. Por esta frase, el fiscal bonaerense<strong> Marcelo Romero</strong> acusó a D&#8217;Elia por apología del crimen. De todos modos, creo que este acto de violencia sólo podrá tener consecuencias políticas y no judiciales ya que los únicos delitos que pueden imputarse son los de lesiones leves (incluye el hondazo en el pecho que recibió el intendente de Tigre) y daños a vehículos. Podría cambiar la situación si se confirma la línea de investigación que bucea sobre un plan de emboscada con armas de fuego que finalmente se abortó por una desviación no materializada de la caravana.</p>
<p>A diferencia del ex piquetero,<strong> Martín Insaurralde</strong> y las espadas más moderadas del kirchnerismo optaron en primer lugar por el silencio, luego pasaron a <strong>acusar al massismo de victimizarse</strong> (al igual que lo hicieron, dicen, con el robo que sufrió el tigrense en su domicilio) y en última instancia se decidieron a repudiar el hecho de violencia. Luis D&#8217;Elia y los kirchneristas más ideologizados (algunos de los cuales militan en <strong>La Cámpora</strong>), aquellos que no comulgan con el llamado “pejotismo”, son los más reacios a adaptarse a la convivencia cívica que muchos damos por hecho natural en una democracia. Son quizás también quienes menos puedan aceptar los resultados (ya cantados) de las próximas elecciones de octubre.</p>
<p>A este sector, que forma parte del núcleo duro del kirchnerismo, no le gusta la <strong>paz burguesa</strong> (o paz de los cementerios en términos de <strong>Néstor Kirchner</strong>). Difícilmente acepten de buen grado volver a los márgenes de la política ya que tendrían mucho para dejar atrás. Es diferente lo que sucede con los dirigentes tradicionales del peronismo que (hasta el momento) militan junto a la presidente <strong>Cristina Fernández</strong>. Ellos son maleables, muchos tienen poder territorial y ningún prurito para saltar al massismo ante un eventual viraje político. Tampoco quiero decir que no haya rasgos de violencia política también entre ellos (renovadores y del Frente para la Victoria); de hecho <strong>Julio Ledesma</strong> (dirigente de comercio de La Matanza y miembro del Frente Renovador) <strong>intentó tranquilizar a Sergio Massa durante la caravana diciéndole “está bien Sergio, ya los cagamos a trompadas”</strong>, pero sí son quienes más necesitan de estabilidad institucional para conservar las posiciones ya adquiridas en el ejercicio del poder durante todos estos años. Ellos sí quieren la paz de los cementerios que les permita gobernabilidad (y negocios, en algunos casos).</p>
<p>En pocas palabras, <strong>tenemos de un lado a un sector del kirchnerismo que no aceptaría de buena gana un cambio de modelo como corolario de la renovación presidencial</strong>. En este sentido, las declaraciones de ocasión no son más que mentiras piadosas o “que hacen bien”, como reza la publicidad de la cerveza de origen brasileño. Del otro lado, están los tradicionales dirigentes del peronismo quienes, sin ánimos de resignar poder y apuntando a que el recambio solamente se de en la conducción nacional, van a ser quienes mediante una palmada en la espalda guarden al kirchnerismo en el cajón de los recuerdos y nos garanticen a todos la paz. Tenemos que reconocer que a veces debemos conformamos con muy poco…</p>
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