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	<title>Alexander Martín Güvenel &#187; Julio Cobos</title>
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		<title>Un día radical</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Mar 2015 09:38:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">La Convención Nacional de la UCR que se celebra hoy en Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos, tiene <strong>una relevancia impensada en otros tiempos</strong>. Convivirán en ella posturas pragmáticas, tendencias ideologizantes y apuestas por la conveniencia personal. Hace tiempo que el presidente del radicalismo,<strong> Ernesto Sanz, dice a quien lo quiera escuchar que la única forma de ganar la elección de octubre y luego poder gobernar el país es aunando fuerzas con el Pro de Mauricio Macri y con la Coalición Cívica de Elisa Carrió.</strong> Entre quienes cuestionan esta visión se encuentran <strong>Ricardo Alfonsín, quien privilegia una postura ideológica</strong> que pretende ensalzarse en una parte del ideario radical apostando por una socialdemocracia restringida y tratando de fortalecer el muy deteriorado Frente Amplio-UNEN. El senador <strong>Gerardo Morales, quien apuesta por un acercamiento a Sergio Massa,</strong> pensando fundamentalmente en las elecciones de su pago chico. Y por último, <strong>cabalgando entre estas dos posturas, el diputado nacional Julio Cobos</strong>, que intenta dilucidar cuál de estas dos objeciones lo dejaría mejor parado en la interna del partido.<span id="more-372"></span></p>
<p>Pese a las acusaciones que han recaído sobre el presidente del radicalismo Ernesto Sanz, su estrategia tiene además argumentos contundentes.<strong> Ir en un espacio pequeño e ideologizado como lo es hoy el Frente Amplio UNEN les arrebataría toda chance de triunfo ante la inevitable polarización</strong> que se avecina entre aquellos que quieren un cambio y quienes apuestan por la continuidad del gobierno de Cristina Kirchner. Por otro lado, un entendimiento con Sergio Massa sería aún peor que un triunfo del Frente para la Victoria dado que, en caso de ganar las elecciones, el ex intendente de Tigre trabajaría fuertemente por la unificación bajo su mandato del Partido Justicialista y obligaría al radicalismo a tener que reconstruir casi de cero el centenario partido.</p>
<p>Los últimos sondeos hechos entre los dirigentes que votarán en esa convención dan cuenta de que <strong>la opción impulsada por Sanz va camino a imponerse, aunque no sin chances de generar algún desmembramiento</strong> entre las filas radicales. En caso de que finalmente se imponga el presidente del partido, esta nueva coalición <strong>va a tener que enfrentar inmediatamente la comparación con aquella Alianza entre la UCR y el Frepaso que dio por resultado el fallido gobierno de Fernando De La Rúa.</strong> La comparación -incorrecta más que injusta- olvida sustanciales diferencias entre ambas experiencias. En primer lugar, porque aquel gobierno se enfrentó con el final de un ciclo totalmente anunciado (la convertibilidad) y no se animó a afrontarlo teniendo que pagar por ello un costo aún más caro; en segundo lugar, porque <strong>tuvo que lidiar con</strong> <strong>un contexto internacional absolutamente adverso</strong> para la economía argentina; en tercer lugar, porque tuvo en la liga de gobernadores peronistas una fuerte decisión de hacerle pagar a la oposición -ahora gobierno- por todas las dificultades que el país arrastraba y que necesariamente debían encararse; en cuarto lugar, porque no hubo en la Alianza, o al menos en quien fue electo presidente, un convencimiento respecto a los cambios necesarios que el país requería para modificar un rumbo declinante y <strong>optó así por gobernar como una suerte de menemismo sin corrupción (estrategia que se le volvió en contra rápidamente ante las acusaciones de soborno en el Senado)</strong>; y en quinto lugar, porque a menos que los votantes cambien rotundamente sus preferencias de aquí a octubre, el candidato del nuevo espacio va a ser un representante de una tercera fuerza que hasta ahora no ha tenido la oportunidad de gobernar la Argentina.</p>
<p>En concomitancia con la convención del radicalismo, <strong>una reunión, aparentemente irrelevante, se va a llevar adelante en el Sindicato del Vidrio. El ex presidente Eduardo Duhalde organiza allí un congreso peronista</strong> que, según sus palabras, busca poner en tránsito de normalización un partido copado actualmente por el Frente para la Victoria. El apoderado del justicialismo, Jorge Landau, sostiene que este congreso no tiene validez según la carta orgánica pero no estigmatiza a sus organizadores, con quienes tiene una excelente relación. Está claro que “el zabeca de Banfield” -como maliciosamente lo llamó Luis D`Elía- no es ya un actor relevante para los primeros planos de la política argentina pero es muy respetado y consultado por varios dirigentes del partido. Esta reunión está siendo atentamente observada tanto por el massismo como por el sciolismo, quienes tienen la poco disimulada intención de recuperar y unificar bajo su mando al Partido Justicialista.</p>
<p>Estar inmerso en las informaciones y operaciones cruzadas que toda campaña electoral lleva aparejada nos aleja de una mirada más amplia acerca del sistema de partidos en la Argentina. Por eso siempre es bueno observar cómo analizan esta situación algunos medios extranjeros. Esa lectura tal vez facilitaría el entendimiento entre fuerzas que, con mayor naturalidad, tenderían a converger en países con menores prejuicios. Para los medios que más se ocupan de estas latitudes, principalmente los españoles, las principales tendencias de la política argentina están encarnadas por <strong>un peronismo oficial, representado por Daniel Scioli, un peronismo crítico, personificado en Sergio Massa, y una tercera fuerza materializada en el Pro de Mauricio Macri.</strong> Bajo esta clasificación quedan tres -y sólo tres- candidatos con posibilidades de triunfar en las próximas elecciones y dos de ellos están situados en el peronismo. Siguiendo este análisis, <strong>cualquier sector no peronista -en este caso el radicalismo- que tenga la voluntad de gobernar el país y así romper con la hegemonía del Partido Justicialista no tiene ninguna otra opción más que lograr una coalición federal con el partido comandado por el jefe de gobierno de la ciudad autónoma de Buenos Aires.</strong></p>
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		<title>Panorama del &#8220;mercado&#8221; electoral argentino</title>
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		<pubDate>Sat, 15 Nov 2014 08:31:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Ya en la recta final del ante último año de gestión del kirchnerismo, los candidatos que creen tener posibilidades de sucederlo afinan sus tácticas para comenzar un 2015 con una estrategia político-electoral definida. En ese contexto, hay candidatos a los que les cuesta leer sus posibilidades concretas o bien son renuentes a aceptarlas. <strong>Resulta bastante evidente que el “mercado” electoral argentino no tiene lugar hoy para 4 candidatos competitivos; léanse UNEN, Frente para la Victoria-PJ, Pro y Frente Renovador.</strong> <strong>En una perspectiva mucho más realista, varios importantes miembros de UNEN han comenzado a acercarse a quienes consideran que pueden estar en la “pelea” electoral del año próximo.</strong> Las opciones con las que cuentan pasan por el diputado Sergio Massa y por el jefe de gobierno porteño Mauricio Macri.<span id="more-327"></span></p>
<p>Vale de igual modo reconocer que, tal como está planteado el panorama, la posición de algunos miembros del espacio Frente Amplio &#8211; UNEN es sumamente incómoda. Entre quienes son renuentes a cualquier tipo de acuerdo que exceda el original espacio progresista y de centro izquierda que le dio origen podemos encontrar algunos subgrupos según la motivación que guía su acción. De un lado se encuentran los dirigentes más ideologizados y cuya voluntad de construir una alternativa al oficialismo que les permita gobernar se encuentra supeditada a sus convicciones o bien al interés por conservar el mucho o poco espacio de poder que detentan; dirigentes como Victoria Donda, Pino Solanas o Margarita Stolbizer podrían ser parte de este conglomerado. Un segundo subgrupo se caracteriza por invocar una cuestión ideológica que en realidad enmascara la resistencia a ser parte de una fuerza mayor que les quite protagonismo; en esa línea se encuentran el radical Julio Cobos y el socialista Hermes Binner. Podríamos agregar también un tercer subgrupo, con escasísimo poder de influencia dentro de UNEN, el cual mantiene un viejo encono hacia el macrismo por verlo como <i>noventista</i> y por lo tanto, esa sola circunstancia podría acercarlos eventualmente a las posiciones del Frente Renovador; <i> </i>en este grupo podríamos incluir a Nito Artaza y Ricardo Alfonsín.</p>
<p>Al parecer, la idea de Mauricio Macri, asesorado por Jaime Durán Barba, de mostrarse como una tercera opción independiente e impoluta va llegando a su fin. Los estrategas del Pro deberían tener en cuenta que un centenario partido como el radicalismo, por más dividido que esté, no va a correr como furgón de cola de una joven agrupación partidaria. En tal caso, lo que puede aprovechar el Pro es la debilidad del sistema de partidos para encabezar un liderazgo basado en principios, ideas y personas. En esa microscópica tarea parece estar inmerso el jefe de gobierno a través de sus múltiples recorridas por el interior del país; siempre bajo la acechanza de un Sergio Massa también muy activo.</p>
<p><strong>Parece bastante encaminado un acuerdo entre el Pro y algunos sectores de UNEN para disputar las PASO del año próximo y así definir candidaturas.</strong> Esa estrategia beneficiaría sin dudas a Mauricio Macri en su postulación a presidente (no hay quien pueda ganarle en la interna) así como perjudicaría a los candidatos que el Pro fue desplegando –algunos con éxito- en varias de las provincias argentinas y que bajo este nuevo panorama deberían acompañar a un candidato radical con mayor dominio territorial. <strong>Subyace más solapadamente también la intención de algunos dirigentes –tal es el caso del senador Gerardo Morales- de sumar a esa interna al Frente Renovador de Sergio Massa.</strong> Esa sería una decisión más arriesgada y confusa  ya que el ex intendente de Tigre se encuentra aún muy vinculado con los viejos dirigentes del conurbano bonaerense quienes en la práctica no tienen ninguna intención de cambiar algo de lo que les permitió construir un poder inmenso y que a su vez les posibilitó otorgar a familiares y amigos todo tipo de negocios suculentos.</p>
<p>Dentro de los posibles escenarios hay una opción que estuvo cerca de concretarse en los meses previos a la pasada elección legislativa pero que ahora ha caído fuertemente en sus posibilidades. La interna peronista entre Sergio Massa y Daniel Scioli brindaría un panorama muy esperado por tradicionales dirigentes del partido que ven al kirchnerismo como una ideologizada y desviada deformación del peronismo. Esta posibilidad se ve reflejada en el cabildeo de Martín Insaurralde entre uno u otro candidato. <strong>Si esto llegara a suceder, el kirchnerismo pasaría a ser una corriente muy marginal que iría desapareciendo dentro del universo justicialista; esta es la opción más temida por la presidente Cristina Kirchner.</strong></p>
<p>La malograda administración de la Alianza es sin dudas un mal recuerdo para aquellos que quieren construir una opción de gobierno que le pueda disputar el poder al justicialismo. Bajo ese panorama, el planteo inicial del macrismo de erigirse como una fuerza antiperonista o, peor aún, gorila, resultó a todas luces equivocada. Este espacio, junto a buena parte de UNEN, debería consolidarse como un sector no populista, basado en el respeto a la ley y los principios republicanos, con un liderazgo más participativo, demandante de un ciudadano activo pero no movilizado desde el poder, conduciendo la economía de manera racional, buscando la inserción en el mundo e invocando la cooperación y el diálogo antes que el conflicto. Bajo estos preceptos y muchos otros que son compartidos por dirigentes de ambas fuerzas, <strong>serían muchas más las semejanzas que las diferencias y todas las disputas políticas menores quedarían sepultadas bajo el objetivo de relanzar a un país después de 12 años de transitar un rumbo equivocado.</strong></p>
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		<title>Tensar la cuerda</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Aug 2014 09:34:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Algunos de los que la conocen <strong>aseguran que Cristina Kirchner nunca va a patear el tablero</strong>. Incluso en ciertas declaraciones públicas donde arremete contra posiciones extremas de la izquierda política, en sus expresiones de fe capitalista o en su reconocimiento al necesario <i>fin de lucro </i>empresario, ciertamente <strong>daría la sensación de ser una presidente que pretende actuar dentro del sistema democrático liberal.</strong> Tal vez este sea el <strong>motivo por el cual los mercados le han dado al kirchnerismo más votos de confianza de lo habitual para un gobierno que en los hechos siempre ha buscado entorpecer el libre juego del mercado.</strong> Sin embargo, en todos estos años, la mayoría de los medianos y grandes empresarios han optado por hacer la vista gorda – ya sea por temor al castigo o para sacar provecho del maná estatal- al daño permanente y por goteo que el kirchnerismo causó en el sistema político y económico del país y que se ha acelerado en los últimos años.</p>
<p><span id="more-272"></span></p>
<p>El ex jefe de gabinete Alberto Fernández cuenta que cuando Julio Cobos decretó con su voto “No Positivo” la derrota del gobierno en su intento de consagrar por ley la famosa resolución 125 que elevaba las retenciones, la presidente, impulsada por Néstor Kirchner, pensó fuertemente en renunciar. Fernández va más lejos y cuenta que tuvo que intervenir el entonces presidente brasileño Lula Da Silva y su jefa de gabinete Dilma Roussef para que esto no sucediera. <strong>Cierto o no, no fueron pocas las circunstancias donde la presidente hizo valer sus emociones a la hora de tomar decisiones</strong>. La elección de colaboradores y candidatos del Frente para la Victoria no se podrían explicar sin tener en cuenta esta dimensión, empezando por su actual vicepresidente.</p>
<p>En medio de una tormenta económica que todos vemos y al gobierno le cuesta cada vez más disimular, cada discurso, cada gesto, cada decisión en sentido contrario a una lógica elemental ahuyenta inversiones, fomenta el desempleo, acelera la inflación, eleva la brecha entre el dólar oficial y el paralelo, hace que un comerciante tenga que bajar su persiana y una industria suspender personal. En ese contexto, tal vez la Presidente no patee el tablero pero al menos sí tiende a cascotearlo.</p>
<p>Al parecer <strong>llegan a la Argentina las únicas empresas en el mundo dispuestas a perder dinero, en palabras de la propia jefa de Estado,</strong> para hacerle daño y “poner de rodillas” al país y a su gobierno. En este caso, la acusada de llevar adelante tan siniestra maniobra fue la multinacional de imprenta gráfica RR Donnelley -en concomitancia con los fondos buitres- quien pidió su propia quiebra, tras 22 años de actividad en el país, persiguiendo este objetivo. Ante este panorama la Presidente no tuvo mejor idea que decir en cadena nacional que se le aplicaría la ley antiterrorista. Un sinsentido jurídico mayúsculo que tuvo que desmentir el propio gobierno al día siguiente. El presidente de la Cámara Nacional de Valores, Alejandro Vanoli, dijo que se trató de una confusión acerca de ley a aplicar en este caso. Recordemos que este mismo argumento fue el usado por la presidente para culpar a Juan José Aranguren, CEO de Shell, por la devaluación de principios de año. Si se trataran de acusaciones formales en un juicio sería difícil para los fiscales encontrar el móvil de los “crímenes”.</p>
<p>En su estrategia de pegar y pegar, el gobierno no se queda en las acusaciones a los fondos buitres extranjeros sino que identifica en la oposición política a los buitres locales. Pero da un paso más y pide incluso que otros actores sociales y, en este caso religiosos, se expidan sobre ellos. Así sucedió cuando la Comisión Episcopal de la Iglesia Católica osó mostrar su preocupación por los recientes despidos de trabajadores, suspensiones y cierre de fábricas y que obviamente contó con la inmediata e irónica respuesta del jefe de gabinete.</p>
<p>Tal vez no podía anticiparse el envío al Congreso de un proyecto de ley para cambiar la jurisdicción de pago de los bonos reestructurados y del agente fiduciario pero sí deberíamos darnos cuenta que la estrategia comunicacional del gobierno es siempre la misma. Es más, si hacemos un análisis de las medidas adoptadas a lo largo de sus largos años de gobierno veremos que muchas de ellas fueron más pensando en la comunicación posterior más que en la propia política pública. Está claro que <strong>el kirchnerismo no necesita de los opositores para aprobar esa ley, pero sí los necesita de enemigos.</strong></p>
<p>Como último paso para deslindar responsabilidades, optaron por volver a recordar los aciagos días de la caída de Fernando De La Rúa. En este caso adicionaron al elemento discursivo la vieja receta del escrache que durante tanto tiempo impulsaron directa o indirectamente. De la mano de un aliado como el grupo Quebracho se produjeron los incidentes con Domingo Cavallo y Ricardo López Murphy mientras intentaban conferenciar. Si tenía alguna duda acerca de la vinculación del gobierno con estos hechos, la perdí con el inmediato e infrecuente repudio de dirigentes y funcionarios del oficialismo a los escraches.</p>
<p>No tengo claro aún si la presidente finalmente va a <i>tirar del mantel</i> pero sí está claro que volvió a someter a la economía argentina a vientos huracanados localmente generados. Recesión, inflación, aumento de la desocupación e inseguridad creciente son consecuencia directa de estas decisiones. <strong>Unos tibios puntos de crecimiento de la imagen presidencial, ¿pueden ser el motivo de tamaño desaguisado?</strong> La idea que tenemos de <i>tensar la cuerda </i>proviene de la expresión inglesa <i>stretching a longbow</i> referida a unos arcos extra grandes usados por ingleses y galeses durante la Edad Media y que les permitían lanzar sus flechas a una distancia inusitada. De allí el concepto moderno de llevar las cosas a un extremo al cual tanto hace honor la presidente y que siempre conlleva la posibilidad latente de que la cuerda -final y definitivamente- se corte.</p>
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		<title>Obsecuencia al gobierno, prepotencia al poder</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Oct 2013 11:07:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Aunque <strong>Cristina Fernández de Kirchner</strong> suele mencionar casi como el único error político de su marido la designación de <strong>Julio Cobos</strong> como vicepresidente, la aparición de un video en esta última semana puso en el tapete a un personaje que le trajo al kirchnerismo un gran problema faltando pocos días para las elecciones legislativas. <strong>Juan Cabandié fue el niño mimado de Néstor Kirchner</strong>, quien lo “adoptó” como tal cuando el 24 de marzo de 2004 leyó una emotiva carta en la ex <strong>ESMA</strong> (lugar donde había nacido) durante un acto oficial.</p>
<p>Siendo el nieto recuperado número 77 y favorecido por el mismísimo dedo presidencial, comenzó desde allí una <strong>militancia en el kirchnerismo</strong> (actualmente es legislador porteño) que hoy lo pone como candidato a <strong>diputado</strong> <strong>nacional</strong> por la <strong>ciudad de Buenos Aires</strong>. Sin dudas, Cabandié representaba para el presidente electo en 2003 por sólo el 22% de los votos un fuerte sostén y blindaje para su idea de cooptar los derechos humanos como bandera de gobierno. Lo necesitaba quien nunca en su carrera política había hecho declaración pública alguna sobre el tema ni había tomado ninguna medida de gobierno (como intendente o gobernador) tendiente a reconocer y darle entidad a quienes habían sido víctimas de la última dictadura militar.</p>
<p><span id="more-42"></span>Es parte del imaginario popular creer que las relaciones que se establecen entre políticos de distintos partidos están siempre enmarcadas en discusiones y acusaciones cruzadas, como suele ocurrir por ejemplo (y siempre ante las luces de la televisión) en los debates del plenario de la Cámara de Diputados.<strong> La realidad es que muchos de estos políticos que se denostan en público, son amigos en privado</strong> y esto permite, entre otras cosas, tener una convivencia política más amigable y democrática al margen de las identidades partidarias. <strong>Esto no sucede con la mayoría de los dirigentes de La Cámpora.</strong></p>
<p>Ellos, con la complicidad de la pareja presidencial, han construido<strong> una organización juvenil que ha tomado la administración del Estado por asalto.</strong> Esa prepotencia y aires de superioridad son los que quedaron en evidencia en el reciente video de un Cabandié maltratando a la agente de tránsito de <strong>Lomas de Zamora</strong>. Sin embargo, basta repasar los comentarios e incidentes protagonizados por <strong>Julián Álvarez</strong> (<strong>secretario de Justicia), José Ottavis (legislador bonaerense), Mariano Recalde y Andrés “El Cuervo” Larroque</strong>, entre otros conocidos dirigentes de la agrupación juvenil kirchnerista, para comprobar que no es el único de sus miembros con esa reprochable actitud.</p>
<p>Dentro del ideario camporista no está la posibilidad de disculparse ante una ofensa puesta al descubierto. Lo que <strong>Insaurralde</strong>, como intendente del municipio donde ocurrió en el mes de mayo el incidente, hizo tan pronto pudo reunirse con la agente de tránsito fue disculparse (hasta ofreció devolverle el trabajo), algo que Cabandié no supo o no quiso hacer hasta el momento. <strong>Ni siquiera el probable perjuicio electoral para su partido lo indujeron a ensayar un descargo que no sea la acusación y el contragolpe</strong>. Que lo intentaron <strong>coimear</strong>, que es una <strong>operación política de Gendarmería</strong> para perjudicar al gobierno y que es una<strong> sucia maniobra</strong> <strong>de campaña</strong> fueron algunas de las excusas que esgrimió. Aunque todo esto sea cierto, no lo exculpa de lo visto y oído por todos. Como bien señala el abogado y periodista <strong>Román Lejtman</strong>: “el móvil de la aparición de una información (que se comprueba veraz) no es lo importante”.</p>
<p>Desde otros sectores del oficialismo, más afectos a la moderación, intentaron un ejercicio de control de daños.<strong> Martín Insaurralde</strong> se apuró a despedir al director de tránsito del municipio <strong>Ramón Guelardi</strong> por haber despedido a la agente <strong>Mosquera</strong>, aunque sea demasiado evidente que resulta tan solo el chivo expiatorio. Fue más lejos y declaró que “como hombre, nunca maltrataría a una mujer”, transformando esta declaración en la más dura hecha por un político para diferenciarse de Cabandié. Esto y el reconocimiento por parte de <strong>Daniel Filmus</strong> acerca del error cometido por el legislador porteño frenaron el intento por investigar a quien fue víctima de la soberbia y del correctivo que Juan pidió y que efectivamente se concretó en la destitución posterior de la joven agente de tránsito.</p>
<p>Si Cabandié fue el error político de Néstor que queda en evidencia en este momento, <strong>Amado Boudou es el error político candente de Cristina.</strong> Previa a la convalecencia de la presidente,<strong> Boudou había sido apartado completamente de la campaña electoral enviándolo en misiones oficiales a cuanto país se lo pudo “despachar</strong>”. Para quienes vieron la entretenida comedia <strong><em>Presidente por un día</em></strong> (protagonizada por <strong>Kevin Kline</strong> y <strong>Sigourney Weaver</strong>) podrán recordar el parecido itinerario armado en el exterior para aquel incómodo vicepresidente (por otros motivos y con cualidades bien diferentes a las de nuestro vice), como también ver reflejados en<strong> Carlos Zanini</strong> y <strong>Oscar Parrili</strong> a los dos funcionarios que se encontraban manejando los hilos detrás del sustituto elegido (por su extraordinario parecido) para aquel presidente convaleciente.</p>
<p>Catalogado por un dirigente peronista como “jarrón chino” (porque no saben dónde ponerlo), como presidente en ejercicio, Amado está en la difícil tarea de hacer acto de presencia para evitar la sensación de acefalía sin restarle votos a un <strong>Frente para la Victoria</strong> debilitado tras las <strong>PASO</strong>. En plena campaña electoral, a nadie se le escapa que <strong>es el político con mayor imagen negativa</strong>. Ante el aluvión de críticas que generó tener a un vicepresidente tan sospechado por la <strong>causa Ciccone</strong>, los funcionarios del gobierno no tuvieron más remedio que defenderlo en público mientras que le escapan en privado. Esas críticas de los políticos opositores, sin duda con voluntad electoralista y especulativa, no ocultan que el verdadero problema que Boudou genera es en el interior del oficialismo. El error político de elegirlo como vicepresidente, que se pone de manifiesto a partir de la mencionada causa, se gestó mucho antes<strong>. Catalogado por el diario El País de España como “el gran aplaudidor”, Amado Boudou no reunía las características necesarias para ocupar semejante cargo</strong>. Su frivolidad, su falta de trayectoria y de convicciones, su impostada simpatía y su forzado servilismo no fueron suficiente razón para evitar que este<strong> adulador por excelencia</strong> fuera parte de la fórmula presidencial en 2011.</p>
<p>En un sano ejercicio de convivencia social pero también de buen gobierno, sería bueno comprender que ser víctima no te da sabiduría y que ser obsecuente no te otorga capacidades. Parece un razonamiento básico pero efectivamente se actuó, en ambos casos, exactamente de manera contraria.</p>
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