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	<title>Alexander Martín Güvenel &#187; Florencio Randazzo</title>
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		<title>El poder de la lapicera</title>
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		<pubDate>Sat, 30 May 2015 09:34:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El gobernador salteño <strong>Juan Manuel Urtubey</strong> lo dijo sin tapujos: <strong>“La realidad práctica es que el que tiene la lapicera conduce”.</strong> No le debe haber caído en gracia esta afirmación a la Presidente y sus discípulos, pero el joven gobernador ya piensa en el futuro. Dijo también que apuesta por un triunfo del peronismo, pero no se muestra distante del jefe de gobierno porteño Mauricio Macri. Quiere ser partícipe de la construcción de poder en el país que viene a partir de diciembre y no lo oculta. <strong>No está dispuesto a tolerar un mando tan centralizado como el que ejercieron Néstor y Cristina en estos doce años</strong> de gobierno y no es el único de los gobernadores del peronismo que piensa así.<span id="more-423"></span></p>
<p>Más allá de que la Presidente pueda acercarse más a uno u otro candidato -hoy parece ser Florencio Randazzo el más favorecido- lo cierto es que <strong>no confía en ninguno de los dos postulantes</strong> que han quedado para competir por la precandidatura presidencial dentro de su espacio luego del baño de humildad solicitado por ella misma. Los fantasmas aparecen por todos lados. Quizá la mayor diferencia entre Daniel Scioli y Randazzo pase por la percepción que hay sobre ellos dentro y fuera del oficialismo. El ministro de Interior y Transporte carga con el recelo de muchos compañeros de gabinete que hace tiempo lo critican en voz baja por intentar cortarse solo. Por su parte, los resquemores que pesan sobre Scioli son públicos, conocidos y de larga data. El fenómeno Gabriel Mariotto no lo ha podido replicar en todos los dirigentes de su espacio. <strong>El delicado equilibrio que debe hacer el gobernador de cara a las elecciones de octubre pasa por acercarse al fogón de Cristina lo suficiente como para captar sus votos pero no tanto como para quemarse con los independientes</strong> que manifiestan intenciones de votarlo; su personalidad y estilo lo favorecen en la tarea. <strong>El gobernador nunca responde, ni las críticas, ni las preguntas</strong>; él repite su discurso, limitado, básico, difuso, pero bien aprendido. Las innumerables deficiencias que tiene su gestión en la provincia de Buenos Aires las enfrenta apareciendo; <strong>Scioli siempre está, no responde ni soluciona, pero está.</strong></p>
<p>Desde que se confirmó el acuerdo político entre la Coalición Cívica, la UCR y el PRO por el cual van a definir a su candidato presidencial en las PASO de agosto y que también sirvió para impulsar acuerdos locales en muchas provincias y municipios, el oficialismo (en todas sus vertientes) ha blandido sobre ellos el antecedente de la Alianza. Sin embargo, <strong>ese mismo Frente para la Victoria tiene como candidato con mayores chances de suceder a Cristina Kirchner a un político en el que no confían</strong> y al que el matrimonio y sus adláteres han maltratado tanto cuando ejerció como vicepresidente como en su cargo actual de gobernador. ¿Es compatible un gobierno donde el titular del poder ejecutivo y el conductor del partido no sean la misma persona? Jorge Telerman, presidente del Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires y uno de los que suele transmitir el pensamiento del gobernador, fue categórico al sostener que <strong>“es una fantasía el slogan, Scioli al gobierno, Cristina al poder”.</strong></p>
<p><strong>El gobernador bonaerense parece haber aceptado esperar su triunfo para hacer valer el cargo mientras que asimila las imposiciones de Carlos Zanini, Máximo y Cristina Kirchner en el armado de listas y candidatos.</strong> Ha colaborado incluso en la tarea al bajar sucesivamente a Gustavo Marangoni, Cristina Alvarez Rodríguez y Santiago Montoya –dirigentes de su estrecha confianza-, a quienes <i>sepultó</i> diciendo que “ellos priorizan nuestro proyecto presidencial”.</p>
<p>La Presidente no ha sido aún tan taxativa como cuando Perón, aquel 12 de junio de 1974, pronunció la famosa frase “mi único heredero es el pueblo”, pero a medida que se acerquen las elecciones le va a ser cada vez más difícil confiar en sus sucesores. <strong>Tal vez su mejor opción sea poblar las listas de fieles</strong> (incluyendo a Máximo, a su cuñada Alicia y a ella misma), tratar de luchar para <strong>que permanezcan en sus cargos aquellos kirchneristas duros que manejan alguna caja del Estado</strong> (militantes de La Cámpora principalmente), y tomar todas las medidas previas a dejar el poder ejecutivo que la ayuden a irse en una posición más favorable a su legado, el que incluye –entre otras cosas- frondosas causas judiciales.</p>
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		<title>¿Existe el núcleo duro K?</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Mar 2015 09:14:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La oposición, el kirchnerismo, los encuestadores, los periodistas, los analistas políticos y todo aquel que se precie de estar inmerso en el mundillo de la política argentina tiene al menos una idea formada –que no significa que sea compartida- de lo que es el kirchnerismo de paladar negro. Lo que habitualmente se discute es <strong>cuál es ese porcentaje de ciudadanos que apoyan de manera acrítica al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.</strong> Para los analistas de opinión más renombrados esto puede variar entre un 20 % y un 30% del electorado. Sin embargo, y ante la imposibilidad de la Presidente de presentarse a un tercer mandato, lo interesante es ver lo que puede suceder con el traspaso de esa masa de apoyo, con la que supuestamente cuenta ella, a los candidatos que finalmente proponga el Frente para la Victoria en las elecciones generales.</p>
<p>Son varios los dirigentes del oficialismo que pugnan por el favoritismo de Cristina Kirchner y así poder hacerse de una base de sustentación que les permita alcanzar el poder y luego gobernar (política agonal y política arquitectónica). Sin embargo, <strong>ni Julián Domínguez, ni Sergio Urribarri, ni Aníbal Fernández, ni Agustín Rossi, ni Jorge Taiana y ni siquiera Florencio Randazzo tienen posibilidad alguna de ganarle a Daniel Scioli una interna tal como están legisladas las PASO.<span id="more-368"></span></strong></p>
<p>En dirección contraria a lo que los más fervorosos repiten con insistencia -que la única conductora del espacio es la Presidente- <strong>las encuestas muestran que cuanto mayor es la distancia y la independencia del candidato respecto a su “jefa política”, mayores son las chances de imponerse en la interna.</strong> Hay varias hipótesis, aún no contrastadas, que podrían explicar el fenómeno. Probablemente haya cierta desconfianza a la proclamación de un títere al que Cristina Kirchner pueda manejar, es decir, de repetir aquella fórmula popularizada en la frase <strong>“Cámpora al gobierno, Perón al poder”.</strong> Tampoco funcionó el intento de buscar el reemplazante en la propia familia presidencial y así lograr un nuevo récord para el Guinnes; esto lo saben quienes midieron las posibilidades de una candidatura presidencial de Máximo Kirchner y se encontraron con que <strong>hasta le costaría ganar una elección local en El Calafate.</strong></p>
<p>Florencio Randazzo parece estar ahora muy cerca de la Presidente pero queda claro que no es más que un intento de, en esta primera etapa, ganarles la pulseada a los contrincantes “menores” de la interna y consolidarse como único oponente de Scioli para las PASO. El ministro del Interior y Transporte es un candidato que muestra permanentemente intenciones de construir un capital político propio. De hecho, en varias oportunidades ha tenido esos matices que le permiten también acercar algún porcentaje de ese electorado oficialista que aún conserva criterio propio. En ese terreno, sin embargo, será muy difícil “pelearle” a Daniel Scioli. <strong>El gobernador de Buenos Aires ha hecho de la indefinición una forma de hacer política.</strong> Sólo con observar que sus potenciales votantes se dividen, casi por mitades, entre los que quieren la continuidad de las políticas del gobierno y quienes quieren el cambio, queda todo dicho. Esa no es la única característica del gobernador difícil de contrarrestar ya muchos de los que evalúan su gestión en la provincia de manera regular o incluso deficiente también planean votarlo.</p>
<p>En este contexto, <strong>tal vez la mejor opción con la que cuente la Presidente sea llenar la lista del Frente para la Victoria de “leales” sin votos.</strong> Sin embargo, seguramente no puede quitarse de la cabeza que por más leal que parezcan muchos de ellos terminarán encolumnándose con quien les den la esperanza de continuidad que con ella no tienen (Gabriel Mariotto sobrevuela su cabeza). La Presidente también debería tener en cuenta que el haber construido una militancia con apetencia de ocupar lugares privilegiados en la estructura del estado en esta ocasión le va a jugar en contra.</p>
<p>En el discurso de apertura de sesiones Cristina Kirchner le dijo al senador Gerardo Morales -durante ese show de chicanas a legisladores de la oposición- que probablemente la tengan en poco tiempo dando el debate entre ellos. Tal vez haya sido <strong>la señal más clara hasta el momento de que muy probablemente sea candidata a un cargo legislativo</strong> en las próximas elecciones. Acostumbrada desde hace décadas a vivir de, por y para la política, le costaría demasiado volver al llano sector de la sociedad civil. También es probable que haya comprendido que ante las múltiples causas en las que ella, su familia, socios o funcionarios cercanos están involucrados, y que parecen activarse cada vez con mayor fuerza, <strong>no resulte muy conveniente confiar en que el Ejecutivo que viene, por más fiel que parezca, vaya a jugar su capital político en pos de evitar que su antecesora -y otrora jefa política- sea juzgada y condenada. </strong></p>
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		<title>El laberinto de la sucesión</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Jul 2014 11:26:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En ocasiones, la salud de la presidente Cristina Kirchner, como la de cualquiera de nosotros, puede privarla de algunas de las funciones que más disfruta realizar. Así sucedió por ejemplo cuando tuvo que enviar a su vicepresidente a encabezar el acto por la independencia el pasado 9 de Julio. Los discursos ante un público de adeptos incondicionales es quizá una de las actividades donde más se la ve gozar. De lo que no se privó en aquel acto es de otra función esencial al cargo y que también parece saborear: hacer valer su autoridad. Así fue que decidió, pese a la oposición silenciosa de la mayoría de los ministros y gobernadores presentes en el acto, poner al frente a al procesado vicepresidente Amado Boudou. <strong>Por si a alguien, dentro y fuera del oficialismo, le quedaban todavía dudas, Cristina Kirchner decidió sostener a viento y marea a su vicepresidente, al menos por el momento.</strong></p>
<p>Quienes escapan como pueden de la cercanía del cuestionadísimo vice son aquellos funcionarios o ministros con ambiciones de suceder a su jefa en el máximo cargo.<strong> Tal es el caso del ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, quien le dedicó un frío saludo a Boudou y logró evitar el abrazo del oso que su enemigo en el gobierno le tenía preparado.</strong> El ministro no se privó de dejar a su paso una frase que sonó lapidaria; declaró a una radio de la provincia de Córdoba que saludó a Boudou porque su padre le enseñó que no se le niega el saludo a nadie. En una carrera alocada contra el tiempo, Randazzo tiene la difícil misión de mostrarse como un eficiente gestor a la vez que intenta ganar la confianza de mayorías que están desencantadas con la administración actual. Su lucha es contra la herencia que le deja su propio gobierno en un área donde ha concentrado la mayor parte de sus errores: los desaguisados cometidos por el ministro Julio De Vido -sostenido y apañado por Néstor y Cristina Kirchner- durante 10 años son su principal escollo.</p>
<p><strong>En una posición similar en algún sentido se encuentra Daniel Scioli, quien pretende mostrarse confiable dentro y fuera del kirchnerismo; una tarea que sólo una personalidad como la suya puede permitirse intentar.</strong> El gobernador va incansablemente en busca del apoyo de sus pares provinciales que hoy están con Cristina y tiene posibilidades de lograr su favor en caso de que lo intuyan con fuerza electoral como para competir con Sergio Massa. Cuanto más complicado vea el camino a la sucesión, más es lo que les va a prometer. Desde cargos en el futuro gabinete hasta la constitución de un poder prácticamente colegiado, el mandatario bonaerense no ahorrará esfuerzos para alzarse con la presidencia, lo cual puede también condicionarlo fuertemente en un futuro gobierno. Sin embargo, él sabe que el apoyo de estos líderes provinciales es absolutamente interesado y por eso su principal sostén lo tiene en sus colaboradores más cercanos y su círculo íntimo, el cual incluye a varios familiares directos como su esposa Karina Rabollini y sus hermanos José y Nicolás Scioli.</p>
<p><strong>Otra de las apuestas del kirchnerismo para la sucesión, en este caso de su núcleo más duro, es el ministro de Economía Axel Kicillof.</strong> Apoyado en un firme intento de los medios amigos de convertirlo en una especie de hormiga atómica en su lucha contra el mal (los fondos buitres en este caso) y mediante una feroz carrera por sumar millas a su plan de viajero frecuente, el ministro desarrolla la doble tarea de negociar mientras critica, de teorizar mientras utiliza las armas de la pura práctica política, de apelar a la historia económica mientras se concentra en el más furioso presente.</p>
<p><strong>Debajo de los ministros de Economía y del Interior, aparecen en lo que sería un tercer pelotón (teniendo en cuenta posibilidades electorales): el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, y el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri.</strong> El primero trata de asentarse en su buena relación con miembros de la oposición y en su llegada a la Santa Sede. Urribarri trata de posicionarse desde el encolumnamiento más absoluto al liderazgo de Cristina Kirchner, reconociendo y fomentando incluso esa continuidad por encima de quien sea electo presidente, proponiendo así una devaluada reedición del viejo eslogan “Cámpora al gobierno, Perón al poder”. También el ministro Agustín Rossi intenta combinar sus labores de gestión en la cartera de Defensa con sus recorridas de campaña.</p>
<p>Por lo visto, todas las opciones que tiene Cristina en su espacio político para sucederla tienen una cuota importante de contraindicaciones. Ante este panorama toma mayor fuerza la teoría de aquellos que sostienen que la presidente apuesta a que la suceda alguien por fuera del peronismo. Tal vez conservando su núcleo duro de incondicionales, manteniendo sus posiciones en la burocracia estatal y replegándose a la labor de oposición pueda en algún momento volver al centro de la escena. Con toda sinceridad, y a riesgo de desilusionar a los más fervorosos militantes, da la sensación que el kirchnerismo es un ciclo terminado.</p>
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		<title>Kirchnerismo religioso</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Jun 2014 09:02:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>A esta altura, <strong>el kirchnerismo pasó a ser una cuestión de fe, o se tiene o no se tiene,</strong> no hay mucho más para explicar; o al menos a eso apuesta Cristina Fernández de Kirchner en el último período de su gobierno. Inmersos en la crisis económica más auto infligida de la historia moderna, cuando las variables externas aún dan oportunidades para un vigoroso crecimiento, el gobierno, en base a caprichos, terquedades ideológicas y gestos demagógicos logró encaminar al país y a su economía hacia la temida estanflación.</p>
<p>Ante estas circunstancias, sabiendo de la imposibilidad de una reelección y <strong>admitiendo que vastos sectores de la sociedad “no la comprenden” y ya no le otorgarán su favor, la presidente optó por refugiarse en los fieles y extremar la presión hacia la incondicionalidad</strong>. Tanto es así que en su último discurso por cadena nacional, al referirse a la moratoria previsional que ponía en marcha y comparándola con un plan elaborado durante el gobierno de su esposo, se le escapó que “…la anterior moratoria fue abierta y por allí tuvo la jubilación gente que por ahí hasta te critica”. Hubo un intento inmediato de desdecirse pero la frase es más que elocuente. A la basura la ilusión de que gobierna para todos, al menos para aquellos que aún querían creer en ello.</p>
<p><span id="more-225"></span></p>
<p>Otra muestra más de esta decisión pasa por la creación de la Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, dependiente del Ministerio de Cultura, y la designación como su titular a uno de los fundadores de Carta Abierta, Ricardo Forster. Aquí hay una doble lección de Cristina: por un lado, el premio a un “espacio” (como les gusta ser llamados) que acaba de dejar en claro en su última carta que el gobernador Daniel Scioli no los representa y, por el otro, un mensaje que resulta una afrenta hacia la austeridad que en momentos de vacas flacas reclaman amplios sectores de la sociedad. Incluso, de haberlo deseado, podría haber optado por premiar a este fiel intelectual (valga la contradicción) con otro cargo y tarea o, en última instancia, ponerle a su Secretaría un nombre que no fuera tan irritante.</p>
<p>La lógica política convencional indicaría que estando el vicepresidente Amado Boudou pendiente de una complicada situación procesal, y con un casi seguro procesamiento cayendo sobre sus hombros, este sería apartado de la palestra para que  su desgaste no impacte sobre la Presidente. Sin embargo, en los últimos actos ha aparecido en primera fila y con el permiso para exhibir su habitual tono exultante, al tiempo que se les ordena a los medios aliados que den el mayor “aire” posible a las insólitas explicaciones que ensaya por estos días. Una estrategia política ordinaria juzgaría apropiado también apartar de la corriente central del kirchnerismo al ex piquetero Luis D´Elia, quien goza de una imagen pública que llega hasta el subsuelo. Sin embargo, este fue parte del mismo auditorio que aplaudió a rabiar los anuncios sanitarios de la presidente el pasado miércoles en Casa Rosada.</p>
<p>Está claro que los candidatos más moderados dentro del Frente para la Victoria sufren con esta situación. El más afectado es sin dudas Daniel Scioli, aunque también lo padece el ministro del Interior Florencio Randazzo que hace un delicado equilibrio para evitar pronunciarse sobre ciertos temas, concentrarse en mejorar el transporte público (principalmente el sistema ferroviario) y tratar al mismo tiempo de generar cierta confianza en el kirchnerismo puro y duro.</p>
<p>Tanto ministros como dirigentes oficialistas ya se han dado cuenta de que la estrategia mediática de dar notas y explicaciones solamente en los canales oficialistas no tiene ningún rédito político-social y sin embargo, cuando parecía alumbrarse algún resquicio en ella, incluso con participaciones de conspicuos kirchneristas en ciclos del canal TN, todo volvió a foja cero, con un reagrupamiento en programas “amigos” y de poca audiencia. <strong>Esta preservación sobre los fieles elimina cualquier posibilidad de pensamiento crítico dentro del partido de gobierno, por escasa que fuera hasta el momento.</strong></p>
<p>El politólogo canadiense David Easton cobró notoriedad por la aplicación de la teoría de sistemas a las ciencias sociales. En el estudio del sistema político, el académico observó que se producen interacciones en forma de entradas y salidas (inputs y outputs) entre la sociedad y el gobierno que generan a su vez un feedback, el cual permite la retroalimentación permanente del sistema. Las entradas que el sistema político recibe (en este caso el gobierno de Cristina Kirchner) se pueden agrupar como apoyos y demandas; y las salidas, están compuestas por decisiones y acciones de gobierno. En el contexto del <strong>kirchnerismo religioso</strong> actual, las entradas a las que el sistema da cabida son solamente los apoyos y las salidas que el gobierno genera también responden exclusivamente a éstos, por lo cual sus políticas tienden a enfocarse exclusivamente en los intereses de los “propios”.</p>
<p><strong>La Presidente sabe que todos estos gestos y acciones no son gratuitos y por lo tanto queda clara la estrategia de elevar la demostración interna de poder y efectuar un contundente aviso para quienes internamente se ilusionen con practicar un <i>kirchnerismo a la carta</i>.</strong> En este contexto, no parece viable una radicalización ideológica de la presidente (de hecho el acuerdo con el Club de París y el resarcimiento a Repsol son bastante elocuentes) sino que hay un pedido implícito y explícito a sus militantes y empleados (en el amplio sentido de la palabra) de consustanciarse en un apoyo total y absoluto –a libro cerrado- a las decisiones que la Presidente y su círculo más íntimo impulsen. Esto no implica un período fácil para sus adversarios políticos (cierto entendimiento con el PRO de Mauricio Macri es algo meramente circunstancial) sino que, ahora más que nunca, queda la sensación de que Cristina Kirchner pretende dar una batalla frontal a quienes se le oponen (interna y externamente) para plasmar aquella frase del ex presidente Juan Domingo Perón: “Al amigo, todo; al enemigo, ni justicia”.</p>
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