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	<title>Alexander Martín Güvenel &#187; dólares</title>
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		<title>Retroceder nunca, ceder jamás</title>
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		<pubDate>Sat, 08 Feb 2014 09:00:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El fantasma de la <strong>salida anticipada del gobierno por parte de Cristina Kirchner</strong> sobrevuela las cabezas de los actores políticos. Desde el regreso de la democracia (de lo cual se celebraron 30 años hace menos de dos meses) hay dos antecedentes de incumplimiento del período constitucional. Primero fue <strong>Raúl Alfonsín</strong> quien tuvo que dejar la presidencia 6 meses antes de cumplir su mandato en manos de un <strong>Carlos Menem</strong> ya electo presidente; el segundo antecedente fue en 2001, cuando <strong>Fernando de la Rúa</strong> abandonó la Casa Rosada en helicóptero apenas dos años después de haber asumido. Ambas situaciones funcionan como memoria emotiva.</p>
<p><strong>Paradójicamente, quienes más divulgan la posibilidad de una salida anticipada, aunque utilizando una retórica por la negativa, son miembros del oficialismo.</strong> Fue el gobernador de Misiones <strong>Maurice Closs</strong> quien primero “disparó” la posibilidad de que haya actores que jueguen para que Cristina se vaya del gobierno. Entre los ministros también hubo voces que se alzaron para negar la posibilidad de una salida anticipada. Confirmando la paradoja, no hubo casi ninguna mención de político opositor que haya esgrimido esa posibilidad; por el contrario, se han mostrado <strong>dispuestos a colaborar</strong> para que la Presidente termine su mandato y esto es porque nadie quiere recibir un gobierno bajo esas circunstancias. Quizás la explicación más descarnada de tales declaraciones en el oficialismo la haya dado <strong>el dirigente gastronómico Luis Barrionuevo</strong> para quien “si tienen miedo de irse antes es porque se van a ir antes”. En cualquier caso, no se explica que dirigentes del <strong>Frente para la Victoria</strong> (FpV) pongan esa posibilidad sobre la mesa cuando saben que confianza y expectativas son dos fundamentales ingredientes de los cuales se nutre la sociedad.</p>
<p><span id="more-135"></span></p>
<p>Como si esto fuera poco y<strong> demostrando que la debilidad política no le otorga mayor prudencia</strong>, la Presidente decidió sumar a su habitual pelea con los grupos económicos, el campo, los medios de comunicación y gran parte de la clase media, al sector de los “trabajadores”. En su último discurso explicó que quienes están comprando dólares son “en su totalidad los asalariados”, aclarando que “los que menos compran son los de salarios más altos”. Además, <strong>dejó entrever la posibilidad de quitarles los subsidios de servicios públicos</strong> a aquellos que adquieran moneda extranjera, instándolos sutilmente a que eviten generarse un castigo posterior. Para completar la arremetida, decidió retar en vivo y en directo al jefe de la CGT oficialista <strong>Antonio Caló</strong> por decir que el sueldo no alcanzaba para comer.</p>
<p>Bajo estas circunstancias, nadie quiere cargar con el tan despreciable título de <strong>conspirador o destituyente</strong> y mucho menos desean ser puestos bajo ese mote los gobernadores y dirigentes de máximo peso dentro del PJ. Sin embargo, la situación los preocupa y mucho. Si bien es cierto que no harán ningún movimiento para que Cristina deje la conducción del Poder Ejecutivo, sí pretenden tener mayor ingerencia en las decisiones. Saben perfectamente que les será difícil presentarse como opción de gobierno en el 2015 sin cargar sobre sus espaldas con todos los desaguisados que está cometiendo la actual conducción. Su objetivo de máxima es forzar el desplazamiento de Cristina en el ejercicio del poder pero manteniéndola en el cargo para la cual fue elegida hasta diciembre de 2015.</p>
<p>Desde otro sector del oficialismo, el de los más identificados con el “modelo”, pretenden ganar tiempo echando culpas hacia afuera. Así fue que de la mano de los diputados <strong>Juliana Di Tullio</strong> y <strong>Julián Domínguez</strong> impulsaron una insólita declaración que atribuye a los empresarios la escalada inflacionaria (que hasta hace pocos meses negaban de manera rotunda), acusándolos de “realizar maniobras especulativas con el fin de colaborar con el terrorismo mediático y político que pretende debilitar (aún más) al gobierno”. Por si esto fuera poco y a modo de epílogo, instan a la sociedad a que demuestre su voluntad “de vivir y pensar en argentino”, como si esto pudiera ser impuesto desde “arriba”.</p>
<p>El modo particular en que los <strong>dirigentes tradicionales del Partido Justicialista</strong> (los cuales en poco tiempo seguramente intentarán separarse definitivamente del Frente para la Victoria) pretenden ayudar a que la presidente termine de la mejor manera posible su mandato choca de lleno con el ánimo y la voluntad presidencial.  Tal vez ya se hayan dado cuenta de que <strong>Cristina Kirchner no negocia ni en momentos de debilidad.</strong></p>
<p>El caso del <strong>Fútbol para Todos</strong> es el ejemplo más reciente de esta forma de ser y de ejercer el poder que tienen los Kirchner. Todo el intento del (todavía) jefe de gabinete <strong>Jorge Capitanich</strong> por hacer más amigables las transmisiones de fútbol haciendo para ello un convenio con Torneos y Competencias (aquella empresa que tuvo “secuestrados los goles”) y con la productora de <strong>Marcelo Tinelli (IDS Sports</strong>, hoy en manos del empresario kirchnerista <strong>Cristóbal López</strong>) quedaron truncados por iniciativa de La Cámpora, orden de Máximo Kichner y la voluntad de la presidente.</p>
<p>Por si los focos de conflicto fueran escasos, esta mañana la ciudad amaneció empapelada con afiches firmados por el frente <strong>Unidos y Organizados</strong>, agrupación que pretende coordinar las fuerzas de todos los grupos militantes que apoyan al gobierno de Cristina, denunciando a dueños y gerentes de supermercados y casas de electrodomésticos por los aumentos de precios. Vale recordar que todos estos actores denunciados son frecuentes interlocutores del gobierno y no suelen enfrentársele (salvo el caso de <strong>Juan José Aranguren, CEO de la petrolera Shell</strong>, quien viene resistiendo los embates del gobierno desde que Néstor Kirchner era presidente).</p>
<p>Al margen de lo que antecede, quizás el mayor conflicto del gobierno pase por <strong>querer manejar de manera arbitraria a los distintos sectores políticos, económicos y sociales como si estos fueran variables que se pueden manipular sin ninguna consecuencia</strong>. Con esto no ha logrado más que generar una crisis inédita para el contexto en el cual le toca gobernar. En términos automovilísticos podríamos decir que el gobierno aún no fundió el motor pero sí rompió la caja y no le entran ni los cambios del Fútbol para Todos.</p>
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		<title>¿Le perdimos el miedo a la opo?</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Nov 2013 10:29:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando los resultados de la pasada elección parecen haber sepultado el temor que, durante 10 años, tuvieron los ciudadanos de votar alternativas al kirchnerismo, <strong>vale la pena reconocer como parte de los éxitos del modelo en materia de comunicación la capacidad del oficialismo para lograr que muchísimos argentinos consideren todo lo hecho por sus antecesores en el poder como nefasto</strong>.</p>
<p>Fue realmente exitosa<strong> la demonización del pasado</strong> que vino haciendo el kirchnerismo desde el inicio de su gestión. La historia argentina en su versión virtuosa sería para ellos sintetizada en unos pocos personajes: <strong>Belgrano, Rosas, Irigoyen, Perón, Néstor Kirchner</strong> y su continuación, <strong>Cristina</strong>. Esto deja implícito un segundo mensaje: e<strong>l kirchnerismo sintetizaría a quienes ellos consideran el mejor radicalismo y el mejor peronismo;</strong> sería algo así como la transversalidad concentrada en un matrimonio. Habría que recordar que el “razonamiento” que se impuso, sobre todo durante el primer lustro de los gobiernos kirchneristas, fue que de no acompañar el proyecto iban a volver la inflación descontrolada del radicalismo y la corrupción desbocada del menemismo entre otros flagelos. Paradójicamente, son éstas dos de las cuestiones que actualmente más se critican del gobierno; escupir al cielo, que le dicen.</p>
<p><span id="more-63"></span>El <strong>miedo</strong>, entendido como una emoción habitualmente desagradable provocada por un peligro real o supuesto, es muchas veces paralizante. Esto es lo que fomentó el kirchnerismo durante una década y lo hizo con argumentos similares a los de la campaña de <strong>Menem</strong> para su reelección en el año 95 y el denominado <strong>“voto cuota”</strong>. Es cierto que el kirchnerismo fue más allá al otorgarle cierta dosis épica al relato, pero lo subyacente fue siempre el <strong>miedo al cambio</strong>. Mucho ha influido en este temor la experiencia fallida de la <strong>Alianza</strong>. No hay mucho concienzudo material que analice el porqué del fracaso de ese gobierno que había levantado altas expectativas y el cual fracasó estrepitosamente. Habría entonces que recordar que el gobierno de <strong>Fernando De La Rúa</strong> tenía que modificar, aunque se negara a hacerlo, el régimen cambiario de la <strong>convertibilidad </strong>que ya ponía alertas rojas desde hacía tiempo, que la deuda se encontraba en niveles inmanejables y que el precio de la <strong>soja</strong> por aquellos años rondaba los U$D170 promedio contra los U$D450 aproximados de hoy, entre otras dificultades estructurales.</p>
<p>Estas cuestiones han cambiado significativamente y, entonces, ateniéndonos a esas diferencias que existen, sería importante que como sociedad terminemos de perderle el miedo a elegir oposición (la cual todavía genera dudas y resquemores a pesar del hastío por el gobierno mostrado en las recientes elecciones legislativas) y parte de esa superación puede venir de la mano de <strong>mirar hacia nuestros vecinos de la región</strong>. Vivir en la Argentina de la <strong>carencia de dólares,</strong> la <strong>inseguridad</strong> que mete miedo, el conflicto permanente, la <strong>inflación</strong> que carcome bolsillos y demás problemas cotidianos nos hace difícil tomar distancia crítica para contemplar lo que sucede en el contexto que nos rodea. Está bastante claro que desde hace años el mundo demanda los productos que la región produce basada en sus recursos naturales y que además está dispuesto a pagar precios elevados por ellos. Para Argentina será carne y soja como para <strong>Chile</strong> es el cobre y las uvas frescas, para <strong>Perú</strong> el oro, para <strong>Venezuela</strong> el petróleo, y para <strong>Colombia</strong>, el café. Como fuera, y pudiendo continuar con un ejemplo por cada país latinoamericano, la bonanza y los precios internacionales elevados resultaron bastante parejos para todos los países de la zona. En la mayoría de los casos, esto fue aprovechado para mantener controlada la inflación, bajar la pobreza, disponer mejoras en infraestructura, elevar los créditos a largo plazo para la vivienda, ampliar la gama de servicios en la economía acompañando ese crecimiento en el sector primario y fortaleciendo así a las empresas locales para mejorar su inserción internacional.</p>
<p>Previendo el clásico reproche que se nos hace a los <strong>“pregoneros de la primarización de la economía”</strong> quería hacer una acotación dirigida principalmente a los intelectuales de <strong>Carta Abierta</strong>: cuando piensan en un modelo de industrialización del país atrasan 60 años al menos; en la<strong> era postindustrial</strong>, los empleos de calidad, buenos salarios y cuidadosos con el medio ambiente están en otro lado, como por ejemplo en<strong> industrias tecnológicas</strong>, servicios de avanzada, conocimiento, educación, creatividad, etcétera. Para ser más concretos, <strong>no todo lo que hace ruido y saca humo por las chimeneas es lo que genera riqueza e incrementa el empleo.</strong></p>
<p>En contraposición a este modelo virtuoso desarrollado por la mayoría de los países latinoamericanos están aquellos que, con la <strong>impronta</strong> <strong>populista</strong> a flor de piel, hicieron todo lo contrario; casos ejemplares, <strong>Argentina y Venezuela</strong> (sin olvidarnos de <strong>Bolivia, Ecuador y Nicaragua</strong>). Si bien ambos ciclos de gobierno, el <strong>chavismo</strong> en Venezuela y el kirchnerismo en la Argentina, <strong>redujeron los índices de pobreza, no recrearon las condiciones que les permitieran soñar firmemente con el desarrollo</strong>. En el caso de la Argentina inclusive habría que resaltar que la comparación por la que más apuesta el kirchnerismo pasa por el peor momento económico del país en su historia con lo cual dicho contraste se hace casi irrelevante en la actualidad.</p>
<p>Es importante señalar que, si bien la <strong>crisis</strong> <strong>mundial</strong> ha afectado bastante a nuestros potenciales demandantes, las circunstancias actuales siguen siendo favorables para el país y por eso debemos aprovechar el momento. Paradójicamente, el gobierno nacional, que sin dudas puede hacer gala de algunos logros puntuales, se empecina en llamar década ganada a una a la cual podemos llamar por contraposición, como muchos ya lo hacen, como “<strong>década desperdiciada</strong>”.</p>
<p>Sin dudas, el kirchnerismo se siente muy cómodo en la acción: proponiendo leyes, interviniendo mercados, innovando en materia financiera, manejando cada vez más sectores de la economía, etcétera. Aquello que no funciona bien según criterio del gobierno es intervenido y como consecuencia, al poco tiempo, funciona peor. Es casi una regla, sucede con las empresas estatizadas (<strong>Aerolíneas, Aysa, YPF y Fútbol Para Todos</strong>) como también con el mercado de la exportación (carnes, trigo) o el abastecimiento local.</p>
<p>Hubo que llegar al extremo de que los desbarajustes del gobierno golpeen directo a la cara para votar un cambio. Incluso el mayor ganador de las pasadas elecciones fue un ex jefe de gabinete de este gobierno que promete modificar las cosas que están mal y conservar las que están bien, con todo lo que esto NO significa. Siempre con las encuestas en la mano, <strong>el discurso de Sergio Massa fluctúa entre ser más o menos crítico del gobierno pero conservando siempre esa sensación de postkirchnerismo que al menos conserva parte del “modelo”.</strong> <strong>El temor al cambio de gobierno tiene mucho más de emocional que de racional.</strong> Siendo así, no quiero dejar de mencionar, evocando a <strong>Erich Fromm</strong>, el miedo a la libertad, un componente que si bien tiene matices muy diferentes respecto a la idea original del autor, creo que va a ser imprescindible tenerlo en cuenta para adentrarse en un proceso que nos permita recuperar iniciativa frente a un Estado que necesariamente va a tener que retirarse de algunas de las áreas que actualmente gestiona, y que ciertamente lo hace muy mal.</p>
<p><strong>¿Qué podríamos exigirles nosotros como sociedad a los partidos de la oposición?</strong> Básicamente, que no intenten hacer reformas constitucionales, ni leyes inaplicables, ni acuerdos con países que apoyan el terrorismo, ni intenten controlar la justicia, ni propongan reformas agrarias que sólo hacen mermar la producción (tal como sucede hoy en <strong>Bolivia</strong>), ni traten de colonizar u hostigar a los medios de comunicación, ni propicien menjunjes cambiarios, ni utilicen los recursos del Estado como si fueran propios, ni agredan a quienes piensan diferente o proponen cambios, etcétera. ¿Es mucho? Tendrían que ser “normales”. En definitiva, no son tantas las malas políticas que se pueden aplicar para empeorar la calidad de vida de los ciudadanos, la mayoría de ellas están debidamente identificadas por cualquier analista serio y además, cada una fue celosamente ejecutada durante la década kirchnerista como para verse en ese espejo y tratar de no cometer los mismos errores.</p>
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