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	<title>Alexander Martín Güvenel &#187; Dilma Rousseff</title>
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		<title>Los tres mosqueteros del populismo</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Mar 2016 10:39:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hugo Chávez, Néstor Kirchner y Luis Inácio Lula Da Silva fueron emergentes de una forma de hacer política y gestionar el Estado que marcó un período de tiempo en la región. En términos generales, y más allá de algunos matices y grados, se los englobó dentro de la categoría típicamente latinoamericana denominada populismo. Tal vez... <a href="http://opinion.infobae.com/alexander-guvenel/2016/03/12/los-tres-mosqueteros-del-populismo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Hugo Chávez, Néstor Kirchner y Luis Inácio Lula Da Silva</strong> fueron emergentes de una forma de hacer política y gestionar el Estado que marcó un período de tiempo en la región. En términos generales, y más allá de algunos matices y grados, se los englobó dentro de la categoría típicamente latinoamericana denominada populismo.</p>
<p><strong>Tal vez haya sido Lula quien, pese a su origen izquierdista y combativo puso mayor distancia respecto a las acciones que más identificaron este fenómeno.</strong> Sin embargo, para los medios de prensa brasileños y los sectores críticos del fundador del PT, la analogía con los otros líderes mencionados es directa. Pese a haber sido pragmático y moderado en su política interna, con logros en crecimiento del PBI y reducción de la pobreza, camino iniciado por su predecesor, <strong>Fernando Henrique Cardoso,</strong> en política exterior trabajó para posicionar a su país como un actor fuerte y en muchas ocasiones contestatario de las políticas llevadas adelante por los países centrales. Fue así como Brasil, durante su gobierno, se acercó a causas y líderes que poco tenían que ver con los países más democráticos y desarrollados.</p>
<p>En el caso de Chávez, a poco de andar, <strong>mostró un perfil típicamente populista, con un fuerte culto a la personalidad</strong> y que el periodista Andrés Oppenheimer calificó astutamente como <strong>narcisismo-leninismo</strong>.<span id="more-520"></span></p>
<p>El caso de <strong>Néstor Kirchner fue más progresivo</strong>, adaptado a los preconceptos argentinos. Habiendo aparecido en la política nacional por elección y descarte del ex presidente Duhalde cuando era un desconocido para la mayoría de los argentinos, forjó una primera etapa de gobierno donde la obsesión por su “libreta de almacenero” y la permanencia de algunos funcionarios del gobierno anterior lo contuvieron dentro de los cánones de cierta racionalidad económica. Tal vez su primer enfrentamiento público, en el que dejó entrever su afán voluntarista, se produjo con la petrolera Shell por una suba de precios en las naftas. Aquella apelación al escrache público fue uno de los primeros pasos hacia la adopción de políticas económicas e institucionales populistas que luego iría radicalizando durante su gobierno y posteriormente en el de su esposa.</p>
<p><strong>En Brasil, Dilma Rousseff tiene el índice de popularidad más bajo de un presidente desde el regreso de la democracia en 1985.</strong> La recesión económica, que golpea duramente al hasta hace poco admirado país, sumados a las denuncias de corrupción que la acorralan a través de la mega causa conocida como Petrolao hacen prever que el juicio político está cerca. El Partido de los Trabajadores (PT) y sus militantes no parecen muy entusiasmados en el intento por sostener a la presidente, y ya consideran más que suficiente lo hecho en la defensa de los ajustes que debió encarar en los últimos años. Por el contrario, las fuerzas sí parecen estar puestas en apoyar al cada vez más complicado judicialmente Lula. Los análisis que sitúan lo hecho (o no hecho) por Da Silva, sobre todo en el último período de su segundo mandato, como el desencadenante de la crisis que debió enfrentar su sucesora, quedan simplemente para las discusiones entre los especialistas.</p>
<p>En Argentina, fue Cristina Kirchner quien se hizo cargo de continuar con un gobierno que pretendía alternar a ambos cónyuges en el poder y que el fallecimiento prematuro de Néstor impidió. <strong>Vale recordar que apenas asumida Cristina se topó con un hecho que marcó la historia del kirchnerismo: el conflicto con el campo</strong>. Esa rebelión del sector más dinámico de la economía ante una resolución que pretendía elevar las retenciones y que, según el actual embajador en los Estados Unidos Martín Lousteau, fue más moderada a raíz de su intervención como ministro de economía de esos años. <strong>Aquella fue la más clara muestra de la necesidad que ya tenía el gobierno de incrementar la presión fiscal para solventar el crecimiento del gasto público, el cual no se detendría jamás, con las consecuencias que ya todos conocemos y que aún sufrimos, la principal de ellas, la inflación.</strong></p>
<p>En Venezuela, la irrupción de un militar golpista como Hugo Chávez, que rompió el sistema de partidos y generó una esperanza de cambios en un país que sufría de todos los males clásicos de los países latinoamericanos, le permitió avanzar de manera más veloz hacia su proyectado Socialismo del Siglo XXI. Impulsando y logrando una reforma constitucional apenas arribó al poder, rápidamente demostró su ambición de perpetuidad. <strong>Las políticas enfocadas hacia los más desposeídos le granjearon fuertes apoyos pero demostró con el correr del tiempo que sólo estaban apoyadas en sus enormes ingresos petroleros</strong>. Los problemas para su gobierno comenzaron mucho antes de su deceso, al punto que la oposición, diezmada, perseguida y bastardeada por el gobierno desde sus inicios logró poner en riesgo la supremacía chavista con un 44% de los votos en la elección presidencial de 2012 para Henrique Capriles. La inflación, la escasez de productos y una oposición que se hace fuerte ante problemas que Nicolás Maduro no tiene recursos para resolver, con un petróleo peleando por llegar a los U$D40 el barril (cuando llegó a estar casi en los U$D150 en el 2008) ponen en situación terminal el régimen chavista.</p>
<p><strong>Habiendo desaparecido dos de los mandatarios mencionados y un tercero enfrentando graves problemas con la justicia, lo curioso es que los tres conservan aún una fuerte simpatía</strong> (o fanatismo según el caso) en un importante sector de la población. Pese al evidente fracaso de sus políticas, los prematuros decesos de Chávez y Kirchner, sumados a la posibilidad de que Lula Da Silva se convierta, según sus propias palabras, en ‘’héroe (encarcelado), mártir (muerto) o presidente (libre)’’ <strong>ponen a estos países en el riesgo de creer que, pese a las evidencias, las políticas de corte populista pueden funcionar si están en manos de los intérpretes apropiados.</strong></p>
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		<title>Nos acostumbramos</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Apr 2015 09:14:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Es un fenómeno habitual en los populismos latinoamericanos: jamás muestran sus tintes autoritarios al comenzar la gestión. A diferencia de aquella máxima que sostiene que hay que aprovechar los primeros 100 días de gobierno para tomar las medidas más extremas, ellos no muestran su “juego” al comienzo. Es más, niegan tener esas intenciones y se... <a href="http://opinion.infobae.com/alexander-guvenel/2015/04/04/nos-acostumbramos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Es un fenómeno habitual en los populismos latinoamericanos: <b>jamás muestran sus tintes autoritarios al comenzar la gestión.</b> A diferencia de aquella máxima que sostiene que hay que aprovechar los primeros 100 días de gobierno para tomar las medidas más extremas, ellos no muestran su “juego” al comienzo. Es más, niegan tener esas intenciones y se visten con ropaje institucional para ir avanzando de a poco y sigilosamente. Parecen conocer a la perfección cuál es el límite que la sociedad puede tolerar en cada momento. Cuesta encontrar una figura más gráfica (aunque no tan grosera) como la que el lector y yo imaginamos en este momento para describir la situación. Sin embargo, el desarrollo del gobierno, sobre todo en mandatos largos como el del kirchnerismo, <b>muestra poco a poco todos sus deseos de silenciamiento a la prensa no adicta, aniquilamiento de la oposición, control de la justicia e intervención directa en todas las áreas de desarrollo de la sociedad civil</b>, desde el deporte y la cultura hasta el comercio y la industria. <b>Todo es factible de ser intervenido arbitrariamente por el Estado en sus manos.<span id="more-390"></span></b></p>
<p>Con esa acumulación de poder viene aparejada la <b>debilidad de los controles ciudadanos</b>. Así es como nos acostumbramos a que el cadete que acompañaba a Néstor Kirchner desde sus tiempos de ejercicio de la abogacía haya escalado al punto de convertirse en un acaudalado empresario de medios. Aceptamos -mansamente con el tiempo- que un ex empleado bancario, amigo de quien por entonces era ya intendente de Río Gallegos, haya amasado una inmensa fortuna a través de la monopolización de contratos de obra pública con el gobierno provincial. Nos resulta normal que empresarios amigos de la pareja presidencial compren medios preexistentes y exitosos para transformarlos en meros apéndices de la comunicación oficial sin importarles que con ello pierdan a más de la mitad de su audiencia. <b>Nos acostumbramos a los autodenominados periodistas militantes, categoría que en la Argentina ni siquiera osaron tener los gobiernos dictatoriales</b>. Nos acostumbramos a que el canal del Estado sea un apéndice del gobierno; que albergue <b>programas que avergonzarían a cualquier televisora estatal del mundo,</b> hasta en la Rusia de Putin.</p>
<p>Aceptamos mansamente que la Presidente nos haya dicho que el programa <b><i>Fútbol para Todos</i></b> iba a brindar excedentes para destinar al deporte amateur. Toleramos que los cortes en los partidos sean monopolizados por la propaganda de gobierno. Que usen esos mismos espacios para denostar a rivales políticos. <b>Que los relatores mezclen la política con el fútbol sin ningún tapujo,</b> llegando incluso a cambiar términos y conceptos del propio relato (tiempo adicionado pasó a ser tiempo recuperado entre otros nuevos <b>vocablos nacionales y populares</b>).</p>
<p>Nos acostumbramos a tener <b>un organismo oficial de estadísticas que miente descaradamente</b>, <b>donde los propios responsables del área no se animan a sostener públicamente los datos que de ahí emanan</b> (Lorenzino con la inflación y Kicilloff con la pobreza). Aceptamos sin demasiado pataleo que la tan mentada estabilidad del empleo público haya sido mancillada allí en pos de una intervención que permitió desplazar a funcionarios con historia, prestigio y probada solvencia profesional.</p>
<p>No nos alarmó recordar que <b>meses antes de producirse la estatización de las fondos de pensiones se haya argumentado que “nadie puede quejarse por tener la posibilidad de elegir entre una jubilación estatal o privada”</b>. Ni hablar de las frecuentes promesas de quien dirige nuestra aerolínea de bandera acerca de hacer rentable la operatoria. Nunca nos sorprendió en demasía que sea <b>la YPF estatizada la empresa que haya elevado el techo de precios de las naftas</b> sin tener que soportar ninguno de los reproches habituales que se le hacían por igual circunstancia a las petroleras privadas. Nadie se preocupa por tener una empresa como Enarsa -creada por Néstor Kirchner en 2004 como empresa petrolera nacional- que jamás descubrió ni un solo litro de petróleo.</p>
<p><b>Pasó sin pena ni gloria la constatación de que quien ingresó en la casa de Sergio Massa en plena campaña durante 2013 haya trabajado formalmente para el área de inteligencia de Prefectura</b> años antes y que siguiera manteniendo contactos con organismos del Estado. Aceptamos mansamente que en 2009 el mismo Massa junto a otros dirigentes del Frente para la Victoria se hayan presentado a <b>una elección de manera testimonial</b> (sabiendo que ninguno de ellos iba a asumir) porque su entonces jefe político los quería defendiendo los votos que le eran esquivos por esos años.</p>
<p>Poco nos preocupa que el oficialismo en el Congreso mantenga <b>cajoneados todos los proyectos que tienen que ver con acceso a la información pública</b>. Ni siquiera elevamos demasiado la voz para pedir transparencia ante la constatación de los negocios espurios por los que está procesado el ex secretario de transporte Ricardo Jaime. Sabemos de los miles de millones de pesos que casi sin control alguno maneja el ministro Julio De Vido pero parece no ser nuestro problema.</p>
<p>Casi ni nos preocupa que nuestro billete de más alta denominación no llegue a valer ni U$D8 y que se propongan nuevos diseños y figuras pero ni siquiera se mencione la posibilidad de simplificarles la vida a comerciantes, bancos, transportistas, ciudadanos y al propio Estado dándoles billetes de más alta denominación.</p>
<p>En países vecinos como <b>Chile y Brasil están investigando hechos de corrupción que salpican a sus respectivos gobiernos</b>. Como consecuencia de ello, tanto Michelle Bachellet como Dilma Rousseff atraviesan el peor momento en cuanto a la aprobación pública. Aquí tenemos un vicepresidente multi-procesado al que la jefa de estado trata de invisibilizar sin pedirle la renuncia. Hechos gravísimos como los de Skanska o la valija de Antonini Wilson fueron sepultados bajo el crecimiento del PBI. Se produjo <b>la muerte en circunstancias extrañas del fiscal especial de la causa AMIA </b>a los pocos días de haber denunciado a la propia presidente y <b>sin embargo los encuestadores nos cuentan que su nivel de aprobación se ha recuperado al nivel previo a ese desgraciado hecho.</b></p>
<p>Ante tanta evidencia, que el kirchnerismo siga siendo un protagonista importante de la política argentina llama la atención. Indudablemente –y usando el nombre del buen programa de radio que hacen Willy Kohan y Beto Valdez- <b>somos nosotros.</b></p>
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		<title>Mercosur ya no se escribe con K</title>
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		<pubDate>Sat, 11 Oct 2014 10:57:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hace tiempo que el Mercado Común del Sur no es una fuente de buenas noticias para los países que lo conforman. Tanto en Paraguay como en Uruguay, la mayoría de los dirigentes plantean severas críticas a las decisiones que se toman en el bloque mientras que miran con interés los movimientos de la Alianza del... <a href="http://opinion.infobae.com/alexander-guvenel/2014/10/11/mercosur-ya-no-se-escribe-con-k/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Hace tiempo que el Mercado Común del Sur no es una fuente de buenas noticias para los países que lo conforman</strong>. Tanto en Paraguay como en Uruguay, la mayoría de los dirigentes plantean severas críticas a las decisiones que se toman en el bloque mientras que miran con interés los movimientos de la Alianza del Pacífico. <strong>Peleas, trabas, compensaciones, desavenencias, restricciones y negociaciones que no llegan a buen puerto son una constante en este Mercosur que no le hace honor al Tratado de Asunción</strong> que le dio inicio aquel 26 de marzo de 1991, al menos en el párrafo que establece “la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos entre países”. Un sector industrial brasileño fuerte y subvencionado que se resiste a abandonar privilegios y un gobierno argentino que profesa vagas y desordenadas ideas proteccionistas no son elementos auspiciosos para un bloque que debe reformularse o caerá indefectiblemente en el estante de los cascarones vacíos.<span id="more-300"></span></p>
<p>En mis épocas de estudiante había <strong>un debate en el ámbito de las relaciones internacionales que oponía la regionalización a la globalización</strong>. Como suele suceder,<strong> la realidad le ha pasado por encima a estas categorías, al menos en su versión excluyente, y hoy ambos fenómenos se han mostrado complementarios.</strong> De un lado -con un vigoroso y sostenido crecimiento- quedaron aquellos países que más han aprovechado la apertura y especialización de la economía mundial superando vetustas esquematizaciones que primaban en las discusiones del siglo XIX y XX; y del otro, gobiernos que entendieron este proceso como peligroso para la economía nacional (versión altruista) o bien se vieron invadidos por el temor a perder poder en manos de sociedades cada vez más y mejor comunicadas.</p>
<p>El mundo de la política agonal en nuestros países está en ebullición. Brasil está por enfrentarse a una segunda vuelta que puede hacer que el candidato Aécio Neves del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) termine con 12 años de gobierno del Partido de los Trabajadores (PT). Cualquiera sea el resultado, <strong>está claro que los electores ya le han dado la espalda a cualquier tipo de alianza que implique congeniar con las políticas impulsadas por el gobierno argentino.</strong> La relación de cercanía que, al menos hasta ahora, habían mantenido los presidentes del PT (Lula y Dilma) y del kirchnerismo (Néstor y Cristina) se ha resquebrajado. <strong>Ese Mercosur restrictivo y anquilosado ya no goza del favor de los brasileños.</strong> La mayoría de ellos no ven a la Argentina, y al gobierno de Cristina Kirchner en particular, como un aliado en quien confiar. Tanto es así que, debido a la campaña electoral en curso, Dilma Rousseff eludió de manera evidente cualquier posibilidad de encuentro con la presidente argentina en el marco de la 69º Asamblea General de las Naciones Unidas. Es tal el rechazo que genera entre los brasileños todo lo que provenga del gobierno argentino que me animaría a sostener que si el candidato del PSDB pretende asegurar su victoria (bastante probable por cierto) en las elecciones que se celebrarán el próximo 26 de octubre debería usar como parte de su campaña las declaraciones de Luiz Inácio Lula da Silva en las cuales elogia a Cristina Kirchner por su posición frente a los fondos buitre.</p>
<p>Por su parte, en Uruguay se van a enfrentar el 26 del corriente el oficialista Frente Amplio, de la mano del ex presidente Tabaré Vázquez, con el tradicional Partido Nacional, representado por el hijo de un ex presidente, el diputado Luis Alberto Lacalle Pou. No solo los candidatos del país hermano tienen una visión diferente al gobierno de Cristina Kirchner respecto a lo que quieren para el Mercosur (con un candidato oficialista que enfrentó fuertemente a Néstor Kirchner cuando ambos eran presidentes), sino que también el actual presidente José “Pepe” Mujica, refiriéndose a los acuerdos en los cuales Uruguay desea participar, instó a “lograr la mayor diversificación de mercados” posible. <strong>Evidentemente, y en línea con los países de la Alianza Pacífico, la república oriental pretende ir en la búsqueda de propiciar el acceso a nuevos mercados y no de restringirlos.</strong></p>
<p>En Paraguay, el gobierno de Horacio Cartes no es el aliado que el kirchnerismo esperaba encontrar en el destituido presidente Fernando Lugo. La Venezuela bolivariana de Nicolás Maduro, incorporada el año pasado al bloque subregional a fuerza de las agresivas gestiones del fallecido ex presidente Hugo Chávez, no hizo más que terminar de desvirtuar un bloque que había ya extraviado sus objetivos fundacionales.</p>
<p>Al margen de todos los inconvenientes, los nuevos aires que aparecen en los gobiernos de la región con las elecciones de este año y el próximo pueden relanzar el Mercosur y permitir que los países miembros finalmente tengan en este acuerdo <strong>un trampolín hacia los mercados mundiales y no un corset empobrecedor</strong>, molesto para las sociedades que lo conforman al tiempo que elegante tribuna para agrandar el ego de algunos gobernantes. En definitiva, la versión de un Mercosur de declaraciones rimbombantes, opíparas cenas y enfervorizados discursos ideológicos parece haber llegado a su fin, <strong>por más que a nuestra Presidente y quienes miran al comercio exterior más como una amenaza que como una posibilidad ello les resulte sumamente molesto.</strong></p>
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		<title>Tensar la cuerda</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Aug 2014 09:34:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Algunos de los que la conocen aseguran que Cristina Kirchner nunca va a patear el tablero. Incluso en ciertas declaraciones públicas donde arremete contra posiciones extremas de la izquierda política, en sus expresiones de fe capitalista o en su reconocimiento al necesario fin de lucro empresario, ciertamente daría la sensación de ser una presidente que... <a href="http://opinion.infobae.com/alexander-guvenel/2014/08/23/tensar-la-cuerda/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Algunos de los que la conocen <strong>aseguran que Cristina Kirchner nunca va a patear el tablero</strong>. Incluso en ciertas declaraciones públicas donde arremete contra posiciones extremas de la izquierda política, en sus expresiones de fe capitalista o en su reconocimiento al necesario <i>fin de lucro </i>empresario, ciertamente <strong>daría la sensación de ser una presidente que pretende actuar dentro del sistema democrático liberal.</strong> Tal vez este sea el <strong>motivo por el cual los mercados le han dado al kirchnerismo más votos de confianza de lo habitual para un gobierno que en los hechos siempre ha buscado entorpecer el libre juego del mercado.</strong> Sin embargo, en todos estos años, la mayoría de los medianos y grandes empresarios han optado por hacer la vista gorda – ya sea por temor al castigo o para sacar provecho del maná estatal- al daño permanente y por goteo que el kirchnerismo causó en el sistema político y económico del país y que se ha acelerado en los últimos años.</p>
<p><span id="more-272"></span></p>
<p>El ex jefe de gabinete Alberto Fernández cuenta que cuando Julio Cobos decretó con su voto “No Positivo” la derrota del gobierno en su intento de consagrar por ley la famosa resolución 125 que elevaba las retenciones, la presidente, impulsada por Néstor Kirchner, pensó fuertemente en renunciar. Fernández va más lejos y cuenta que tuvo que intervenir el entonces presidente brasileño Lula Da Silva y su jefa de gabinete Dilma Roussef para que esto no sucediera. <strong>Cierto o no, no fueron pocas las circunstancias donde la presidente hizo valer sus emociones a la hora de tomar decisiones</strong>. La elección de colaboradores y candidatos del Frente para la Victoria no se podrían explicar sin tener en cuenta esta dimensión, empezando por su actual vicepresidente.</p>
<p>En medio de una tormenta económica que todos vemos y al gobierno le cuesta cada vez más disimular, cada discurso, cada gesto, cada decisión en sentido contrario a una lógica elemental ahuyenta inversiones, fomenta el desempleo, acelera la inflación, eleva la brecha entre el dólar oficial y el paralelo, hace que un comerciante tenga que bajar su persiana y una industria suspender personal. En ese contexto, tal vez la Presidente no patee el tablero pero al menos sí tiende a cascotearlo.</p>
<p>Al parecer <strong>llegan a la Argentina las únicas empresas en el mundo dispuestas a perder dinero, en palabras de la propia jefa de Estado,</strong> para hacerle daño y “poner de rodillas” al país y a su gobierno. En este caso, la acusada de llevar adelante tan siniestra maniobra fue la multinacional de imprenta gráfica RR Donnelley -en concomitancia con los fondos buitres- quien pidió su propia quiebra, tras 22 años de actividad en el país, persiguiendo este objetivo. Ante este panorama la Presidente no tuvo mejor idea que decir en cadena nacional que se le aplicaría la ley antiterrorista. Un sinsentido jurídico mayúsculo que tuvo que desmentir el propio gobierno al día siguiente. El presidente de la Cámara Nacional de Valores, Alejandro Vanoli, dijo que se trató de una confusión acerca de ley a aplicar en este caso. Recordemos que este mismo argumento fue el usado por la presidente para culpar a Juan José Aranguren, CEO de Shell, por la devaluación de principios de año. Si se trataran de acusaciones formales en un juicio sería difícil para los fiscales encontrar el móvil de los “crímenes”.</p>
<p>En su estrategia de pegar y pegar, el gobierno no se queda en las acusaciones a los fondos buitres extranjeros sino que identifica en la oposición política a los buitres locales. Pero da un paso más y pide incluso que otros actores sociales y, en este caso religiosos, se expidan sobre ellos. Así sucedió cuando la Comisión Episcopal de la Iglesia Católica osó mostrar su preocupación por los recientes despidos de trabajadores, suspensiones y cierre de fábricas y que obviamente contó con la inmediata e irónica respuesta del jefe de gabinete.</p>
<p>Tal vez no podía anticiparse el envío al Congreso de un proyecto de ley para cambiar la jurisdicción de pago de los bonos reestructurados y del agente fiduciario pero sí deberíamos darnos cuenta que la estrategia comunicacional del gobierno es siempre la misma. Es más, si hacemos un análisis de las medidas adoptadas a lo largo de sus largos años de gobierno veremos que muchas de ellas fueron más pensando en la comunicación posterior más que en la propia política pública. Está claro que <strong>el kirchnerismo no necesita de los opositores para aprobar esa ley, pero sí los necesita de enemigos.</strong></p>
<p>Como último paso para deslindar responsabilidades, optaron por volver a recordar los aciagos días de la caída de Fernando De La Rúa. En este caso adicionaron al elemento discursivo la vieja receta del escrache que durante tanto tiempo impulsaron directa o indirectamente. De la mano de un aliado como el grupo Quebracho se produjeron los incidentes con Domingo Cavallo y Ricardo López Murphy mientras intentaban conferenciar. Si tenía alguna duda acerca de la vinculación del gobierno con estos hechos, la perdí con el inmediato e infrecuente repudio de dirigentes y funcionarios del oficialismo a los escraches.</p>
<p>No tengo claro aún si la presidente finalmente va a <i>tirar del mantel</i> pero sí está claro que volvió a someter a la economía argentina a vientos huracanados localmente generados. Recesión, inflación, aumento de la desocupación e inseguridad creciente son consecuencia directa de estas decisiones. <strong>Unos tibios puntos de crecimiento de la imagen presidencial, ¿pueden ser el motivo de tamaño desaguisado?</strong> La idea que tenemos de <i>tensar la cuerda </i>proviene de la expresión inglesa <i>stretching a longbow</i> referida a unos arcos extra grandes usados por ingleses y galeses durante la Edad Media y que les permitían lanzar sus flechas a una distancia inusitada. De allí el concepto moderno de llevar las cosas a un extremo al cual tanto hace honor la presidente y que siempre conlleva la posibilidad latente de que la cuerda -final y definitivamente- se corte.</p>
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		<title>Un Mundial politizado y lleno de interrogantes</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Jun 2014 11:45:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Cada cuatro años gran parte del mundo se paraliza por un evento deportivo que fue creciendo desde su primera edición en 1930, cuando contó con Uruguay como anfitrión y primer campeón, y que llama la atención de gran parte de la población. Como suele suceder, los que amamos el fútbol más allá de la celebración de este mega evento reclamamos sin mayor éxito la exclusividad en el goce del mismo. Negocio, patriotismo, multiculturalismo, política y deporte giran durante un mes alrededor de una pelota de fútbol. La <em>Fédération Internationale de Football Association</em> (FIFA) es una organización transnacional altamente redituable y poderosa que afianza su dominio con la organización de cada Mundial. <strong>Se calcula que en la última edición realizada en Sudáfrica en el año 2010,recaudó por derechos de televisación, marketing y otros rubros la suma de U$D 4.200 millones.</strong></p>
<p>En el caso de los países organizadores, los beneficios son mucho más modestos y difíciles de conmensurar, ya que las decisiones que se toman suelen estar más ligadas a razones políticas que a las que surgirían de un prudente análisis costo-beneficio. La experiencia mundialista indica que en general hay en los organizadores una sobreestimación de los beneficios y una subestimación de los costos. Debe tenerse en cuenta que generalmente el gobierno que pugna y obtiene la designación como sede es quien inicia los proyectos pero usualmente no es el mismo que termina organizando la Copa del Mundo, y que a su vez este difiere del que luego debe darle un buen uso a las capacidades instaladas y cargar con el lastre de las faraónicas obras. <strong>Algunos estudios que se hicieron sobre los resultados económicos de los países anfitriones indican que el único Mundial donde el organizador ganó dinero fue en el de Estados Unidos 94, donde los costes y beneficios de la organización corrieron en su mayoría por parte de empresarios privados.</strong></p>
<p>Brasil recibe el Mundial de la FIFA 2014 en un contexto que 4 años atrás no hubiera imaginado. Con fuertes críticas por parte de una población que ama al fútbol pero que rechaza los desbordes presupuestarios y la falta de solución de problemas que se arrastran desde hace tiempo, un sector de la ciudadanía aprovecha la visibilidad que le da el evento para obtener del gobierno de Dilma Rousseff mayores concesiones. El apoyo de los brasileños fue masivo al conocerse la designación como sede en octubre de 2007 y ha ido cayendo a partir de allí. Sin tener pruebas aún del funcionamiento concreto de la organización de esta Copa del Mundo,<strong> las repetidas huelgas y protestas, sobre todo en San Pablo y Río de Janeiro, y el estado de muchas obras que no se han finalizado y otras tantas que ni siquiera se han empezado, han dañado la imagen internacional de Brasil</strong>.</p>
<p>En lo que respecta a nuestra selección, renueva la ilusión de quedarse con la Copa como inevitablemente sucede cada cuatro años, a pesar de que las expectativas vienen quedando truncas desde aquel subcampeonato obtenido por Maradona y Bilardo en el recordado Italia 90. En esta ocasión, pese a un frío y expectante comienzo de ciclo para Alejandro Sabella como DT, en el último tiempo y en base a buenas actuaciones se ha incrementado la esperanza y la comunión con este grupo de jugadores. Es un equipo apoyado en una temible delantera que cuenta además con el indiscutido mejor jugador del mundo transcurriendo una edad óptima para un futbolista (mezcla de experiencia y juventud). Efectivamente, después de tener que sortear tiempos donde se cumplía aquello de que nadie es profeta en su tierra, Lionel Messi obtuvo en su país el reconocimiento que le era tributado desde hacía tiempo en el resto del mundo.</p>
<p>Y si la política siempre se relacionó estrechamente con el deporte, no podía esperarse una prudente distancia de un gobierno que ha intentado intervenir sobre casi todos los asuntos que atañen a la vida de los argentinos. Más aún, desde la aparición del programa Fútbol para Todos, luego replicado en otros deportes para todos, todos ellos bien “regados” con recursos del Estado, la intención de llevar el mensaje del gobierno a cada hogar se hizo aún más evidente. En este sentido, <strong>el intento de “kirchnerizar” a la selección de fútbol alcanza hoy ribetes grotescos</strong>. Era más que esperable que, en momentos donde la economía sufre una fuerte desaceleración (sino recesión), el vicepresidente está a un paso de un procesamiento penal, la inseguridad genera cada día más víctimas y el narcotráfico parece un flagelo dispuesto a colonizar varias zonas del país, el gobierno quiera apostar sus fichas al respiro que un éxito deportivo le pueda llegar a dar.</p>
<p>Sin embargo, hay sobrada evidencia que ni siquiera la obtención de la ansiada Copa del Mundo podrá modificar la percepción social sobre la situación que atraviesa el país. Es cierto que durante un mes, y en la medida en que nuestra selección obtenga los resultados que le permitan continuar en la Copa del Mundo, las tapas de los diarios, los portales online y los programas de radio y televisión van a dedicar gran parte de su contenido a este hecho deportivo, dejando algo relegados los problemas antes mencionados. Sin embargo, la evidencia histórica nacional e internacional demuestra que esto sólo podría constituir para la política argentina una circunstancia efímera. <strong>Sólo a modo de ejemplo cabría recordar que la obtención de la Copa del Mundo en 1986 no modificó en nada las elecciones de medio término que en 1987 dieron el triunfo al entonces opositor Partido Justicialista, marcando inexorablemente el rumbo de los últimos dos años -finalmente no cumplidos- del gobierno del radical Raúl Alfonsín.</strong></p>
<p>Durante la última pelea de Sergio “Maravilla” Martínez en el Madison Square Garden el pasado sábado, las redes sociales mostraron como muchos argentinos celebraron la caída del boxeador de Quilmes ante el portorriqueño Miguel Angel Cotto por considerar que el primero se había transformado en un emblema del kirchnerismo. Una vez más la grieta de la que muchos hablan quedaba a la vista en una derrota deportiva.<strong> Como siempre, el gobierno había puesto la primera piedra con el intento de apropiarse de un boxeador que había llegado a la cima por méritos propios (tanto profesionales como de marketing) pero que difícilmente podía abstraerse de la manipulación que el kirchnerismo puede hacerle.</strong></p>
<p>Advertido de estas circunstancias, no tengo ninguna intención de arriar las banderas de la fe que tengo en esta selección, en la seriedad con que su director técnico encaró el trabajo y, fundamentalmente, en el emblema de este equipo que carga con hidalguía desde hace años una presión que muchos de nosotros no soportaríamos ni un día. Esta selección no es del kirchnerismo. En tal caso, es el equipo de todos aquellos que valoramos lo que han hecho para llegar hasta acá y sabemos que harán lo mejor para lograr el objetivo que se han trazado.</p>
<p>Es entendible que quienes no disfrutan del fútbol como deporte, y a su vez temen la eventual utilización política por parte de Cristina Kirchner, hayan optado por quitarle apoyo a la selección nacional. Esto no sería una novedad y en muchos países, como España por ejemplo, se puede corroborar que en regiones donde el movimiento separatista es fuerte, hay un profundo rechazo por quienes ellos ven como símbolo de opresión del poder central. Estas razones no tienen nada que ver con lo que aquí ocurre. <strong>Por eso, a los que como yo amamos este maravilloso deporte, y a su vez tenemos una visión fuertemente crítica del kirchnerismo, me atrevería a sugerirles que disfruten del Mundial, que sepan que va a haber una utilización política pero que la misma no tiene ninguna posibilidad de cambiar la percepción que la sociedad tiene sobre el gobierno</strong> <strong>y que además ponerle en bandeja otro sueño a un gobierno que todo lo quiere politizar es una batalla que no merecemos perder.</strong></p>
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