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	<title>Alexander Martín Güvenel &#187; década ganada</title>
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		<title>El día después de mañana</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Mar 2015 08:38:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Las elecciones generales de octubre, en las cuales tendremos la posibilidad de elegir un presidente por los próximos 4 años, presentan innumerable cantidad de imponderables por develar pero una certeza: <strong>ni Cristina Fernández ni Máximo Kirchner van a ocupar el sillón de Rivadavia luego del 10 de diciembre.</strong> Esta verdad de Perogrullo es la que más preocupa a la Presidente. <strong>Saber que después de 12 años nadie de su familia va a estar en el poder la inquieta</strong>. Su hijo ha logrado conformar y consolidar -con todos los medios disponibles a su favor, claro está- <strong>un conglomerado de poder económico (negocios familiares) y político (La Cámpora) de relevancia endogámica.</strong> Ese inmenso dominio no le ha dado -por motivos que no pretendo aquí analizar- la posibilidad de ser una opción electoral viable para su facción. La presidente sabe que hay varios frentes de tormenta que se avecinan y, emprendedora como es, va a tratar de ponerles coto. En el frente judicial, a diferencia de lo que ocurrió con el menemismo -donde los hechos de corrupción se debían investigar sobre situaciones pasadas y fortunas presentes- <strong>el kirchnerismo tiene sociedades que perduran en el tiempo</strong> <strong>y que pueden ser tanto su sostén como su derrumbe</strong>.<span id="more-377"></span></p>
<p>Sería duro para Cristina tener que soportar que, después de tanto esfuerzo propagandístico, la “década ganada” sea denostada en el futuro tanto como los 90`. Sabe que, así como ellos usaron al menemismo como contracara útil para forjar su propia identidad, quien la suceda puede optar por el mismo camino y focalizar sus excusas en la herencia recibida.<strong> ¿Cómo podría confiar en un Daniel Scioli que defendió con la misma vehemencia las privatizaciones, la apertura económica y la “modernización” del país en manos de Carlos Menem como la “recuperación” de las empresas privatizadas y el proteccionismo económico de los Kirchner?</strong> ¿Cómo puede quedarse tranquila estando en manos de un ex ultra menemista como Miguel Angel Pichetto? ¿Cómo podría fiarse incluso de una Diana Conti que en los últimos días ha recorrido varios canales de TV sin ocultar su nueva simpatía por Daniel Scioli? Sabe la presidente que no va a ser fácil defender el valor simbólico de su gobierno y por eso prepara estrategias en varios frentes.</p>
<p><strong>Entre sus apuestas está la de cosechar -ya fuera del poder- el dispendio de tantos dineros públicos destinados a medios amigos creados ad hoc.</strong> Si bien fueron útiles a su proyecto durante todos estos años, ella espera que lo sean mucho más cuando venga la mala. La Presidente comprende que la memoria histórica de la mayoría es corta y cambiante y que el proceso de denostación (sin matices ni análisis profundo) que propició para la década de los &#8217;90 puede repetirse con su gobierno. El expansivo desarrollo de alugnos medios de comunicación privados &#8220;amigos&#8221; es el primer refugio que aparece en su horizonte. <strong>Ya no podrá contar con la propaganda del Fútbol para Todos y con el conglomerado de medios estatales que estuvieron plenamente a su arbitraria disposición</strong>.</p>
<p>Hay interrogantes que deberemos esperar para que sean develados: ¿Podrán los canales de cable afines absorber la caterva de periodistas y productoras militantes que van a quedar desamparados ante la ausencia de los cuantiosos recursos que brindó el Estado durante el kirchnerismo? Las negociaciones están en curso. El productor Diego Gvirtz, con sus naves insignias 678, Duro de Domar y Televisión Registrada, ya busca nuevos canales. Lo que no se termina de entender es cómo hará para solventar sus programas de bajo rating sin ayuda oficial; ¿estará pensando en volver a sus orígenes de distanciamiento respecto del poder político y así recuperar audiencia para poder solventarse como cualquier programa de televisión?; ¿podrá recuperar el prestigio de aquel talentoso productor que hacía buen uso del archivo más importante de Argentina?; <strong>¿querrá cambiar de padrino acompañando los nuevos tiempos políticos?</strong> Esta última sería la opción menos viable porque cualquiera sea el ganador no tiene margen para continuar con un sistema de propaganda paraoficial que ya causó hartazgo en la mayor parte de los argentinos.</p>
<p><strong>El ámbito legislativo es la segunda gran apuesta de Cristina por conservar su influencia</strong>. Planea para ello encabezar la lista de diputados de la provincia de Buenos Aires. Esto le daría también, claro está, los fueros que le permitan afrontar con mayor tranquilidad y tiempo todas las denuncias que la aquejan. Sin embargo, es probable que con esto sólo gane algo de oxígeno en el declive natural de una pareja de políticos que han polarizado a la sociedad. Podrá también conservar durante un tiempo a quienes aún le sirvan desde los medios, <strong>el problema para ella es que nunca puede asegurarse lectores, televidentes y oyentes fieles</strong> o -peor aún- convencerlos de que es verdad lo que les cuentan.</p>
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		<title>Etica del capricho</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Feb 2014 08:58:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En medio de los primeros coletazos dados por la <strong>devaluación del peso</strong>, la cual cobró alta velocidad la pasada semana, la presidente <strong>Cristina Fernández</strong> decidió partir antes hacia la II reunión de la <strong>Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños</strong> (Celac) que se realizó en La Habana, Cuba. Allí compartió un <strong>almuerzo con el dictador cubano Fidel Castro</strong>, reconvertido ahora también en objeto de museo viviente con el cual muchos desean tomarse una foto. Emocionada por ese encuentro y por poder cumplir con todos los pedidos de fotos autografiadas que le hicieron antes de su partida desde Buenos Aires, la presidente decidió comunicarse por la red social twitter para explicar las sensaciones que le provocó ese encuentro, entre las cuales explicó haber pasado <strong>un “domingo memorable” con Fidel</strong>.</p>
<p>Le guste o no a Cristina, la mayoría de los argentinos ya no están encandilados con el anciano líder cubano y mucho menos esperan de él consejos en materia política y económica. Es nocivo usar el gobierno para regodeo personal cuando millones de argentinos ven deteriorarse su salario día tras día y mientras se deja al frente de la lucha antiinflacionaria a un <strong>equipo económico</strong> que tiene evidentes <strong>contradicciones y una marcada confusión</strong> respecto a la situación imperante. Tampoco ayudan a la calma los delirantes discursos donde los funcionarios explican la actual crisis económica por la intención de espurios intereses que vienen en busca  del petróleo y las reservas de agua o cuando la propia Presidente insiste con su teoría de la complicidad de bancos y grupos económicos de importadores y exportadores que conspiran contra el gobierno nacional y popular para obtener algún objetivo político y económico no declarado.</p>
<p>Como corolario de su participación en la cumbre de la Celac, el título de uno de los principales diarios argentinos fue que “<em>Cristina buscó en Cuba apoyo regional ante la suba del dólar</em>”. Incluso en el contexto de una cumbre donde los países más enemistados con los valores democráticos, como Cuba y Venezuela, tienen una presencia fuerte, el gobierno nacional <strong>no pudo incluir en el documento final la mención a las “maniobras especulativas</strong>” que siempre denuncia ni a la reiterada “desestabilización por intereses económicos” que los miembros del gabinete y la propia presidente flamean cual bandera exculpatoria. Cristina Kirchner también se refirió a una reunión con Dilma donde se habló de “las presiones especulativas sobre los tipos de cambio de los países emergentes”, pero esta afirmación no pudo ser corroborada desde el lado brasileño. En rigor de verdad, los únicos países latinoamericanos que sufren esta situación son Venezuela y Argentina pero está claro que optar por generalizar, como lo hace la presidente, alivia el peso de los groseros errores cometidos.</p>
<p>Estamos ante una presidente que es <strong>rehén de dogmas ideológicos</strong> que le impiden resolver los problemas de la forma más conveniente para los que habitamos el país. La situación ya ha llamado la atención fuera de nuestras fronteras y los diarios más prestigiosos del mundo lo señalan en sus editoriales. Por cada dicho u acción de la Presidente que va en sentido contrario a la generación de confianza es mayor el tiempo que demandará recuperarla, tanto aquí como en el exterior, ambos componentes necesarios cuando el gobierno busca afanosamente hacerse de la moneda que funciona como referente para las economías del mundo y que, como siempre repite la presidente, no se “imprime” en el país.</p>
<p>El reconocido sociólogo <strong>Max Webber</strong> hizo una categorización del accionar político entre dos polos que se atraen y se repelen a la vez: la <strong>ética de la convicción y la ética de la responsabilidad</strong>. Las funciones de gobierno requieren de ambas cualidades y en tiempos de crisis sin dudas es la responsabilidad la que debe estar a la cabeza. En el caso argentino, hubiera sido ampliamente más fructífera una visita al foro de Davos por parte de la presidente que su extensa visita a la isla del Caribe. A la luz de su almuerzo con Fidel, ni siquiera corresponde asimilar el comportamiento de la presidente a una ética de la convicción sino, más bien, si tal cosa existiera, a una <strong>ética del capricho.</strong></p>
<p>No termina de entenderse <strong>cuál es la lógica que subyace en pelearse con todos aquellos sectores a los cuales se necesita</strong>. Está claro que el reto a los exportadores para que liquiden sus divisas tiene un resultado contraproducente; lo que deberían intentar es darles certeza de estabilidad monetaria y buenos precios (<strong>menores retenciones</strong>) para que quieran ingresar sus dólares al mercado. Un gesto de distensión hacia los agentes económicos (todos lo somos en mayor o menor grado) es infinitamente más útil que reunirse con todos y cada uno de los sectores de la economía para analizar sus “cadenas de valor” en busca de acuerdos que, está sobradamente probado, no funcionan aquí ni en ninguna parte del mundo.</p>
<p>Es realmente complicado pedirle a un gobierno que acostumbra a ser sumamente hostil con todo aquel que no se rinda a sus pies que tenga gestos de distensión para con los políticos de la oposición y con todos los sectores a los cuales se ha enfrentado durante la “década ganada”. Tal vez pueda ser leído como un gesto de debilidad pero la imposibilidad de la presidente de ser reelecta puede ser una oportunidad para encarar un diálogo sincero con los referentes de una oposición que lo que más desea es recibir en 2015 la conducción de un país que no esté sumergido en el caos. Para esto ni siquiera debería esperarse una actitud altruista de su parte sino más bien una combinación de cálculo egoísta, en pos de <strong>culminar con la mejor imagen posible</strong> su presidencia, y una toma de conciencia acerca de la responsabilidad que como gobernante tiene sobre la vida de millones de personas.</p>
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