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	<title>Alexander Martín Güvenel &#187; Debate presidencial</title>
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		<title>De títeres y titiriteras</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Oct 2015 09:36:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Es una acusación habitual de los Gobiernos que establecieron con el tiempo una fuerte hegemonía tildar a la oposición de juntarse para arrebatarles el poder. Ciertamente la incriminación encierra un concepto negativo al respecto, pero hay en ello una necesidad implícita construida desde el propio poder. <b>El kirchnerismo ha forjado un Gobierno centrado en un férreo dominio que ni siquiera se asienta en un grupo gobernante, sino que flota alrededor de una familia</b>. Néstor, Cristina, Máximo, Alicia, los más importantes del clan. Alrededor, los incondicionales, Carlos Zannini, Oscar Parrilli, los más encumbrados miembros de La Cámpora y los empresarios Cristóbal López y Lázaro Báez, por sólo tomar muestras de distintos ámbitos.</p>
<p>Fuera de ese círculo están los sobrevivientes, aquellos que rinden pleitesía a la familia Kirchner, fundamentalmente porque no pueden (ni quieren) sacar los pies del plato. La independencia de criterio (traición en el diccionario K) puede implicar desventuras. En ninguno de estos círculos de confianza estuvo ni está Daniel Scioli; sin embargo es el candidato del Frente para la Victoria.</p>
<p>El ex menemista y ex duhaldista ha construido, con Néstor Kirchner, primero y con Cristina, luego, una relación de mutua conveniencia que, hasta el momento, ha sido fructífera para ambas partes. La imperturbabilidad del Scioli candidato (a gobernador, presidente, testimonial, o lo que sea), inconmovible ante errores e impericias, propias y ajenas, le ha permitido al kirchnerismo tener en su propio espacio político al antihéroe, el contrapeso medido, equilibrado y amable de un matrimonio combativo. Parafraseando la publicidad de una importante tarjeta de crédito, diríamos que el kirchnerismo tiene épica, relato, pasión y mística; para todo lo demás está Scioli.<span id="more-483"></span></p>
<p>Más allá de que el debate sirvió como plataforma para aunar críticas hacia el candidato ausente, aún se sigue hablando de la relación entre el massismo y el sciolismo-kirchnerismo de cara a las elecciones del 25 de octubre. ¿Cuál es la real cercanía entre el Frente para la Victoria (FPV) y el Frente Renovador (FR)? Darle vueltas al asunto para encontrar una explicación unívoca nos lleva al error. Es lógico y normal que Sergio Massa permita la mano tendida del oficialismo y su múltiple aparato de propaganda —que más que nunca abandonó cualquier respeto por las formas periodísticas para dar rienda suelta a su función como agencia gubernamental— para conservar la ilusión de meterse en la pelea por entrar al ballotage. Una mirada racional le daría el convencimiento de que esto es prácticamente imposible a esta altura de la campaña, pero, aun así, sigue conservando la necesidad de mantener a su tropa unida y expectante a la obtención de votos y cargos. En pocas palabras, poder para el escenario que viene. En esa necesidad se planta el kirchnerismo para impulsar al ex intendente de Tigre en la búsqueda de quitarle votos y posibilidades al candidato de Cambiemos, Mauricio Macri. Ante la mayúscula dificultad de alcanzar el 45% de los votos, el oficialismo intenta forzar una mayor paridad entre los candidatos opositores.</p>
<p>No es para extrañarse tampoco que desde el frente Cambiemos se utilicen los vínculos pasados o presentes entre referentes del FR y del FPV para hablar de un pacto. Ciertamente influyen en ese sentido los pases o las vueltas que ha habido desde el FR hacia el FPV. Argumentando la unión del peronismo, la desazón con el espacio, la confianza en el candidato oficialista (“No es Cristina”, esgrimen por lo bajo varios de los nuevos Borocotó) o lisa y llanamente la pérdida de posibilidades del frente massista, los pases se dan linealmente hacia el partido de Scioli.</p>
<p>¿Está Sergio Massa trabajando para el triunfo de Daniel Scioli en primera vuelta? No tendría motivos para hacerlo, salvo como daño colateral de las propias conveniencias mencionadas en los párrafos precedentes. ¿Puede su virtual ascenso tener esa consecuencia? Efectivamente, sí. Para el oficialismo y para el propio sector de Sergio Massa lo difícil será seguir manteniendo esa ilusión de posicionarse como segunda fuerza hasta el final. Por decantación, y más allá del fenomenal esfuerzo de medios paraoficialistas y encuestadores amigos, a medida que se acerque el 25 de octubre, <b>el temor a más kirchnerismo irá volcando el voto opositor hacia el lado de Mauricio Macri</b>.</p>
<p>Con tanto operador político disfrazado de encuestador y tanto agente de prensa disfrazado de periodista, la más fidedigna muestra de posicionamiento político la dieron las últimas PASO. El escenario sigue —puntos más, puntos menos— como esas elecciones lo marcaron (40-30-20). Ante ese panorama, y a pesar del enorme esfuerzo personal realizado por el candidato del FR, el votante de Massa que apuesta por el cambio (más gradual o más drástico) optará finalmente por quien puede arrebatarle el poder al kirchnerismo luego de 12 años de ejercicio.</p>
<p>Muchos interrogantes se abren ante el hecho irreversible del fin del matrimonio Kirchner en el ejercicio de la Presidencia. Hay dentro del votante sciolista algunos distraídos que ven un cambio de formas y contenidos allí donde está la cara más amable del kirchnerismo, pero, aún con la buena voluntad del candidato, lo que cabría preguntarle a ese elector es: ¿cómo piensa que Daniel Scioli puede librarse de los Zannini, los Kicillof, los De Pedro? ¿Cómo hará para manejar su propio Gobierno cuando lo que el tablero político parece mostrar es que Cristina Kirchner lo ha elegido para hacer, a través suyo, kirchnerismo por otros medios?</p>
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		<title>Scioli y el miedo a los debates presidenciales</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Sep 2015 15:28:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Una iniciativa denominada Argentina Debate y de la cual participan más de cuarenta organizaciones de la sociedad civil puso como objetivo hace más de un año y medio poner fin al “cuco” de los debates presidenciales. Para ello se valió de algo poco ejercitado durante el kirchnerismo, la búsqueda de consenso. Con este objetivo logró ir ampliando su base de sustentación, dándole forma, un manual de procedimiento, una plataforma de transmisión democrática y plural y, fundamentalmente, estableció un mecanismo de diálogo entre los protagonistas del debate. Todo este trabajo, que tendrá su coronación el 4 de octubre a las 21 hs en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, se ve opacado por la decisión de no asistir por parte del candidato del Frente para la Victoria. El clásico de la política argentina, donde el que va al frente no debate, se volverá a repetir en estas elecciones. Efectivamente, <b>Daniel Scioli, que fue parte de las negociaciones y de los acuerdos a través de sus emisarios, hace honor a esa regla no escrita de la política vernácula que impide una confrontación de ideas al estilo de las democracias consolidadas y también de varios de los países de América Latina</b>.</p>
<p>¿Cuáles serían las razones que hicieron que finalmente -y como era de esperarse- el gobernador y su equipo de campaña hayan decidido no participar del debate? Al margen de lo antedicho,<b> con el primer puesto obtenido en las PASO y un escenario que parece no haberse modificado, hay otras motivaciones detrás de la negativa</b>. Todos sabemos que el estilo del exmotonauta no es la confrontación, y un debate donde no solamente habría periodistas preguntando sino que también está prevista la interpelación entre candidatos no es el mejor escenario para Scioli. El equilibrio que necesita -y tanto sabe ejecutar- para pescar votos de los que quieren un cambio (moderado, tal vez) y de los que se resignan a la continuidad del modelo K a través suyo (como transición para muchos de ellos, tal como lo expresó la propia Estela de Carlotto) es lo que más se vería cuestionado en un debate amplio. Scioli pide permanentemente que confíen en él como sujeto político, es el más claro ejemplo de la personalización de la política. <b>Su estrategia es mostrarse y decirse previsible para que el votante deposite en él el deseo de llegar a buen puerto</b>. De allí también la apelación a su historia de vida, a la desgracia personal, al éxito deportivo. Este es el candidato que desean mostrar, los detalles quedan para el elector, es un Scioli para armar.<span id="more-477"></span></p>
<p>¿Cómo haría el gobernador bonaerense para proponer una Argentina donde la infraestructura y la obra pública sean sus bases de crecimiento mientras la realidad de la provincia que administra desde hace 8 años es claramente deficiente en estos aspectos? ¿Cómo proponer un <i>shock</i> de inversión extranjera directa cuando quien encabeza la lista de diputados nacionales por la ciudad de Buenos Aires es un persistente expulsor de estas a través de su discurso y las medidas de Gobierno que llevó adelante? <b>¿Cómo prometer la baja de la inflación cuando, por un lado, se la niega y, por el otro, se evita aplicar medidas concretas para lograr ese objetivo?</b> Son todas cuestiones que Scioli puede prometer como eslogan de campaña, pero que difícilmente pueda sostener ante preguntas o bien ante la inquisición de sus rivales políticos.</p>
<p>La apuesta de Scioli para alcanzar el Gobierno (en primera vuelta, si es posible) sigue siendo la misma: presentarse como un candidato a la medida del votante. El gobernador puede ser lo que el votante quiere que sea. Por eso es que su principal virtud es haberse afirmado como un político camaleónico, exento del sube y baja de la política argentina desde finales de los años noventa. Así fue que logró mantenerse en los primeros planos habiendo sido menemista, duhaldista, kirchnerista y sciolista en etapas sucesivas. Por eso es que<b> ha podido defender con igual ahínco las privatizaciones de Carlos Menem como las estatizaciones de Kirchner.</b></p>
<p>Los gobernadores peronistas lo animan a hacer su propio camino, sin enfrentar al kirchnerismo, pero sí con una lógica opuesta. Tienen la esperanza de una construcción más federal del poder. No tolerarían un nuevo período de imposiciones que solo les permitió ser actores de reparto en el teatro kirchnerista. Especulan con que un presidente a quien ellos consideran un par pueda darles el rol que con Néstor y Cristina no tuvieron. La dependencia presupuestaria seguirá siendo la misma, pero apelan a la buena voluntad del gobernador; ellos también armaron su propio Scioli.</p>
<p>Despertando la confianza personal, aunque persistan las dudas instrumentales, es como siempre ha construido su poder el gobernador. El propio kirchnerismo no sabe si puede confiar en él, pero no tuvieron otra opción que aceptarlo y apostar a continuar influyendo con Cristina Kirchner desde El Calafate, Carlos Zannini desde la Casa Rosada, algunos intendentes del interior del país y los legisladores camporistas en el Congreso Nacional. Quienes pretenden algunos cambios en las políticas y en los resultados esperan que, sin hacer demasiadas olas, Scioli pueda darle su propia impronta -personal más que política- al próximo Gobierno.</p>
<p>El gobernador deja en la nebulosa si está dispuesto a cumplir con ese mandato o bien pateará el tablero para armar su propio juego. Ni siquiera él tiene demasiado claro cuál es el mejor camino a tomar, sin embargo, como ha hecho a lo largo de toda su trayectoria política, Daniel Scioli espera que la historia, el devenir de los acontecimientos y, en última instancia, el azar le dicten el camino a seguir que será, como siempre, con fe y con esperanza.</p>
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