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	<title>Alexander Martín Güvenel &#187; David Easton</title>
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		<title>Un Gobierno inmune a las demandas de la sociedad</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Feb 2015 09:39:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El principal cambio que debería auspiciar el próximo gobierno -cualquiera sea el elegido- es lograr que aquellos que no comulguen con alguna o ninguna de sus políticas no se sientan extranjeros en su tierra. Si bien las palabras de la Presidente han sido fluctuantes en ese sentido, siempre quedó la sensación, avalada también por sus acciones, que se siente más cómoda en la confrontación que en la concordia. Es más, <strong>algunos <em>slogans</em> típicos lanzados por el kirchnerismo, tal como “el amor vence al odio”, siempre dejaron la sensación de no tener relación con los hechos y ser una mera burla para todos aquellos que fuimos puestos del otro lado de la grieta.<span id="more-359"></span></strong></p>
<p>Es imposible para cualquier gobierno lograr conformar a todos los ciudadanos pero sí debiera respetarlos. Que el país sea un lugar “cómodo” también para los que piensan diferente. Es lógico que aquellos que están de acuerdo con la dirección de las políticas adoptadas estén más a gusto, pero no es aceptable que quienes no comulgan con ellas sean permanentemente ninguneados, insultados y bloqueados -eso hace literalmente la cuenta oficial de Twitter de la Presidente. No basta con que desde el oficialismo esgriman la libertad de expresión todavía existente en el país mientras han dado muestras permanentes de intentar “encauzarla”. Si la libertad de expresión y prensa aún sobreviven en el país es por la resistencia de diversos actores a caer derrotados bajo los intentos del Gobierno por dominarlos vía compra de medios por parte de empresarios amigos, pauta oficial discrecional y discriminatoria, utilización del fútbol como propaganda, servirse del cargo de la institución presidencial para desacreditar medios y periodistas, el avance de los canales gubernamentales de comunicación, la ley de medios, el hostigamiento al sector de la Justicia que no se “encolumna” y demás acciones que lejos están de proteger ese derecho señalado con claridad en nuestra Constitución Nacional.</p>
<p>Es paradójico que una administración que se jacta de haber logrado un hito para la diversidad sexual en Argentina al legalizar el casamiento entre personas del mismo sexo no haya tenido nunca la decencia de aceptar la diversidad de opinión. Esta circunstancia tiende a legitimar la idea de que el kirchnerismo utilizó temas caros a la opinión pública en beneficio propio pero sin un convencimiento previo que lo haga sostenible y extensible a quienes no son de “su palo”.</p>
<p><strong>Los últimos años del gobierno de Cristina consolidaron algo que parecía propio de la forma de construir poder del matrimonio Kirchner pero que fue creciendo a medida que tuvo que enfrentar reveses políticos, de gestión, económicos y judiciales: su aislacionismo.</strong> Las decisiones, que siempre fueron centralizadas, se fueron encerrando en un círculo cada vez más pequeño al tiempo que aumentó la necesidad de mayor docilidad en sus integrantes. El caso Nisman, con los permanentes cambios en el criterio seguido por la Presidente, fue plenamente espejado por la confusión y permanente contradicción de sus voceros.</p>
<p>David Easton, politólogo canadiense recientemente fallecido y conocido por la aplicación de la teoría de sistemas a las Ciencias Sociales, define al sistema político como “un conjunto de interacciones políticas que se orientan hacia la asignación autoritaria de valores a una sociedad”. Estas interacciones actúan como “entradas” provenientes de la sociedad (apoyos y demandas) y “salidas” emanadas por los actores políticos (decisiones y acciones) lo que conduce a una retroalimentación que le permite al sistema renovarse. Esta autoreproducción debería facultarle a las autoridades conocer el estado del sistema y corregir errores. Es lo que ha estado ausente en los últimos años de la mirada presidencial (y de algunos opositores también) por lo que se generó un desfasaje que aleja cada vez más a Cristina Kirchner de la comunidad política a la que gobierna.</p>
<p>Como toda autoridad que se asienta principalmente en ideas y caprichos personales -en lugar de fortalecerse en base a los preceptos institucionales de la autoridad que detenta-, corre el riesgo de caer en un proceso de toma de decisiones irracionales y por ende nocivas para la sociedad. En este punto se sitúa la respuesta que la Presidente transmitió en las redes sociales en el día sábado. Dos días después de la masiva “Marcha del Silencio” -organizada por un grupo de fiscales pero con un apoyo social masivo que se reflejó en las calles de Buenos Aires y distintos puntos del país como así también en los sondeos de opinión que se hicieron- la Presidente se inclinó por considerarla destituyente al tiempo que cuestionó la concurrencia que los medios informaron. Volvió a blandir el carácter opositor de lo que en estas horas denominó Partido Judicial y lo colocó como actual cabeza de un mega complot (articulado con los poderes económicos y mediáticos) para deshacerse del gobierno popular.</p>
<p><strong>Es claro que Cristina Kirchner decidió pasar sus últimos meses de gobierno consolidando la relación con sus más fervientes defensores mientras se aleja cada vez más del resto de la sociedad.</strong> De esta forma profundiza la fisura social empujando del lado de los críticos a los que hasta ahora se mantenían algo ajenos a la contienda kirchneristas vs. antikirchneristas. En la medida que esto siga por el mismo derrotero, también van a crecer en ella los fantasmas del golpe blando y la destitución, cuando en realidad se trata, lisa y llanamente, de la degradación de un poder afirmado en los vaivenes psicológicos y morales de un ser humano que ha ido transformando su gobierno en un corralito, impermeable a las demandas y preocupaciones de los múltiples actores que conviven y retroalimentan un sistema político complejo como el que predomina en cualquier democracia moderna.</p>
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		<title>Kirchnerismo religioso</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Jun 2014 09:02:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>A esta altura, <strong>el kirchnerismo pasó a ser una cuestión de fe, o se tiene o no se tiene,</strong> no hay mucho más para explicar; o al menos a eso apuesta Cristina Fernández de Kirchner en el último período de su gobierno. Inmersos en la crisis económica más auto infligida de la historia moderna, cuando las variables externas aún dan oportunidades para un vigoroso crecimiento, el gobierno, en base a caprichos, terquedades ideológicas y gestos demagógicos logró encaminar al país y a su economía hacia la temida estanflación.</p>
<p>Ante estas circunstancias, sabiendo de la imposibilidad de una reelección y <strong>admitiendo que vastos sectores de la sociedad “no la comprenden” y ya no le otorgarán su favor, la presidente optó por refugiarse en los fieles y extremar la presión hacia la incondicionalidad</strong>. Tanto es así que en su último discurso por cadena nacional, al referirse a la moratoria previsional que ponía en marcha y comparándola con un plan elaborado durante el gobierno de su esposo, se le escapó que “…la anterior moratoria fue abierta y por allí tuvo la jubilación gente que por ahí hasta te critica”. Hubo un intento inmediato de desdecirse pero la frase es más que elocuente. A la basura la ilusión de que gobierna para todos, al menos para aquellos que aún querían creer en ello.</p>
<p><span id="more-225"></span></p>
<p>Otra muestra más de esta decisión pasa por la creación de la Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, dependiente del Ministerio de Cultura, y la designación como su titular a uno de los fundadores de Carta Abierta, Ricardo Forster. Aquí hay una doble lección de Cristina: por un lado, el premio a un “espacio” (como les gusta ser llamados) que acaba de dejar en claro en su última carta que el gobernador Daniel Scioli no los representa y, por el otro, un mensaje que resulta una afrenta hacia la austeridad que en momentos de vacas flacas reclaman amplios sectores de la sociedad. Incluso, de haberlo deseado, podría haber optado por premiar a este fiel intelectual (valga la contradicción) con otro cargo y tarea o, en última instancia, ponerle a su Secretaría un nombre que no fuera tan irritante.</p>
<p>La lógica política convencional indicaría que estando el vicepresidente Amado Boudou pendiente de una complicada situación procesal, y con un casi seguro procesamiento cayendo sobre sus hombros, este sería apartado de la palestra para que  su desgaste no impacte sobre la Presidente. Sin embargo, en los últimos actos ha aparecido en primera fila y con el permiso para exhibir su habitual tono exultante, al tiempo que se les ordena a los medios aliados que den el mayor “aire” posible a las insólitas explicaciones que ensaya por estos días. Una estrategia política ordinaria juzgaría apropiado también apartar de la corriente central del kirchnerismo al ex piquetero Luis D´Elia, quien goza de una imagen pública que llega hasta el subsuelo. Sin embargo, este fue parte del mismo auditorio que aplaudió a rabiar los anuncios sanitarios de la presidente el pasado miércoles en Casa Rosada.</p>
<p>Está claro que los candidatos más moderados dentro del Frente para la Victoria sufren con esta situación. El más afectado es sin dudas Daniel Scioli, aunque también lo padece el ministro del Interior Florencio Randazzo que hace un delicado equilibrio para evitar pronunciarse sobre ciertos temas, concentrarse en mejorar el transporte público (principalmente el sistema ferroviario) y tratar al mismo tiempo de generar cierta confianza en el kirchnerismo puro y duro.</p>
<p>Tanto ministros como dirigentes oficialistas ya se han dado cuenta de que la estrategia mediática de dar notas y explicaciones solamente en los canales oficialistas no tiene ningún rédito político-social y sin embargo, cuando parecía alumbrarse algún resquicio en ella, incluso con participaciones de conspicuos kirchneristas en ciclos del canal TN, todo volvió a foja cero, con un reagrupamiento en programas “amigos” y de poca audiencia. <strong>Esta preservación sobre los fieles elimina cualquier posibilidad de pensamiento crítico dentro del partido de gobierno, por escasa que fuera hasta el momento.</strong></p>
<p>El politólogo canadiense David Easton cobró notoriedad por la aplicación de la teoría de sistemas a las ciencias sociales. En el estudio del sistema político, el académico observó que se producen interacciones en forma de entradas y salidas (inputs y outputs) entre la sociedad y el gobierno que generan a su vez un feedback, el cual permite la retroalimentación permanente del sistema. Las entradas que el sistema político recibe (en este caso el gobierno de Cristina Kirchner) se pueden agrupar como apoyos y demandas; y las salidas, están compuestas por decisiones y acciones de gobierno. En el contexto del <strong>kirchnerismo religioso</strong> actual, las entradas a las que el sistema da cabida son solamente los apoyos y las salidas que el gobierno genera también responden exclusivamente a éstos, por lo cual sus políticas tienden a enfocarse exclusivamente en los intereses de los “propios”.</p>
<p><strong>La Presidente sabe que todos estos gestos y acciones no son gratuitos y por lo tanto queda clara la estrategia de elevar la demostración interna de poder y efectuar un contundente aviso para quienes internamente se ilusionen con practicar un <i>kirchnerismo a la carta</i>.</strong> En este contexto, no parece viable una radicalización ideológica de la presidente (de hecho el acuerdo con el Club de París y el resarcimiento a Repsol son bastante elocuentes) sino que hay un pedido implícito y explícito a sus militantes y empleados (en el amplio sentido de la palabra) de consustanciarse en un apoyo total y absoluto –a libro cerrado- a las decisiones que la Presidente y su círculo más íntimo impulsen. Esto no implica un período fácil para sus adversarios políticos (cierto entendimiento con el PRO de Mauricio Macri es algo meramente circunstancial) sino que, ahora más que nunca, queda la sensación de que Cristina Kirchner pretende dar una batalla frontal a quienes se le oponen (interna y externamente) para plasmar aquella frase del ex presidente Juan Domingo Perón: “Al amigo, todo; al enemigo, ni justicia”.</p>
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