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	<title>Alexander Martín Güvenel &#187; Ciudad de Buenos Aires</title>
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		<title>Scioli y el miedo a los debates presidenciales</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Sep 2015 15:28:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Una iniciativa denominada Argentina Debate y de la cual participan más de cuarenta organizaciones de la sociedad civil puso como objetivo hace más de un año y medio poner fin al “cuco” de los debates presidenciales. Para ello se valió de algo poco ejercitado durante el kirchnerismo, la búsqueda de consenso. Con este objetivo logró ir ampliando su base de sustentación, dándole forma, un manual de procedimiento, una plataforma de transmisión democrática y plural y, fundamentalmente, estableció un mecanismo de diálogo entre los protagonistas del debate. Todo este trabajo, que tendrá su coronación el 4 de octubre a las 21 hs en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, se ve opacado por la decisión de no asistir por parte del candidato del Frente para la Victoria. El clásico de la política argentina, donde el que va al frente no debate, se volverá a repetir en estas elecciones. Efectivamente, <b>Daniel Scioli, que fue parte de las negociaciones y de los acuerdos a través de sus emisarios, hace honor a esa regla no escrita de la política vernácula que impide una confrontación de ideas al estilo de las democracias consolidadas y también de varios de los países de América Latina</b>.</p>
<p>¿Cuáles serían las razones que hicieron que finalmente -y como era de esperarse- el gobernador y su equipo de campaña hayan decidido no participar del debate? Al margen de lo antedicho,<b> con el primer puesto obtenido en las PASO y un escenario que parece no haberse modificado, hay otras motivaciones detrás de la negativa</b>. Todos sabemos que el estilo del exmotonauta no es la confrontación, y un debate donde no solamente habría periodistas preguntando sino que también está prevista la interpelación entre candidatos no es el mejor escenario para Scioli. El equilibrio que necesita -y tanto sabe ejecutar- para pescar votos de los que quieren un cambio (moderado, tal vez) y de los que se resignan a la continuidad del modelo K a través suyo (como transición para muchos de ellos, tal como lo expresó la propia Estela de Carlotto) es lo que más se vería cuestionado en un debate amplio. Scioli pide permanentemente que confíen en él como sujeto político, es el más claro ejemplo de la personalización de la política. <b>Su estrategia es mostrarse y decirse previsible para que el votante deposite en él el deseo de llegar a buen puerto</b>. De allí también la apelación a su historia de vida, a la desgracia personal, al éxito deportivo. Este es el candidato que desean mostrar, los detalles quedan para el elector, es un Scioli para armar.<span id="more-477"></span></p>
<p>¿Cómo haría el gobernador bonaerense para proponer una Argentina donde la infraestructura y la obra pública sean sus bases de crecimiento mientras la realidad de la provincia que administra desde hace 8 años es claramente deficiente en estos aspectos? ¿Cómo proponer un <i>shock</i> de inversión extranjera directa cuando quien encabeza la lista de diputados nacionales por la ciudad de Buenos Aires es un persistente expulsor de estas a través de su discurso y las medidas de Gobierno que llevó adelante? <b>¿Cómo prometer la baja de la inflación cuando, por un lado, se la niega y, por el otro, se evita aplicar medidas concretas para lograr ese objetivo?</b> Son todas cuestiones que Scioli puede prometer como eslogan de campaña, pero que difícilmente pueda sostener ante preguntas o bien ante la inquisición de sus rivales políticos.</p>
<p>La apuesta de Scioli para alcanzar el Gobierno (en primera vuelta, si es posible) sigue siendo la misma: presentarse como un candidato a la medida del votante. El gobernador puede ser lo que el votante quiere que sea. Por eso es que su principal virtud es haberse afirmado como un político camaleónico, exento del sube y baja de la política argentina desde finales de los años noventa. Así fue que logró mantenerse en los primeros planos habiendo sido menemista, duhaldista, kirchnerista y sciolista en etapas sucesivas. Por eso es que<b> ha podido defender con igual ahínco las privatizaciones de Carlos Menem como las estatizaciones de Kirchner.</b></p>
<p>Los gobernadores peronistas lo animan a hacer su propio camino, sin enfrentar al kirchnerismo, pero sí con una lógica opuesta. Tienen la esperanza de una construcción más federal del poder. No tolerarían un nuevo período de imposiciones que solo les permitió ser actores de reparto en el teatro kirchnerista. Especulan con que un presidente a quien ellos consideran un par pueda darles el rol que con Néstor y Cristina no tuvieron. La dependencia presupuestaria seguirá siendo la misma, pero apelan a la buena voluntad del gobernador; ellos también armaron su propio Scioli.</p>
<p>Despertando la confianza personal, aunque persistan las dudas instrumentales, es como siempre ha construido su poder el gobernador. El propio kirchnerismo no sabe si puede confiar en él, pero no tuvieron otra opción que aceptarlo y apostar a continuar influyendo con Cristina Kirchner desde El Calafate, Carlos Zannini desde la Casa Rosada, algunos intendentes del interior del país y los legisladores camporistas en el Congreso Nacional. Quienes pretenden algunos cambios en las políticas y en los resultados esperan que, sin hacer demasiadas olas, Scioli pueda darle su propia impronta -personal más que política- al próximo Gobierno.</p>
<p>El gobernador deja en la nebulosa si está dispuesto a cumplir con ese mandato o bien pateará el tablero para armar su propio juego. Ni siquiera él tiene demasiado claro cuál es el mejor camino a tomar, sin embargo, como ha hecho a lo largo de toda su trayectoria política, Daniel Scioli espera que la historia, el devenir de los acontecimientos y, en última instancia, el azar le dicten el camino a seguir que será, como siempre, con fe y con esperanza.</p>
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		<title>Temerle a Dios y un poquito a Macri</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Jul 2015 03:44:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Solo hay una declaración que podría haber generado mayor revuelo en los medios de comunicación y en lo que él mismo denominó oportunamente como “círculo rojo” que las que efectuó inmediatamente después de confirmado el apretado triunfo de Horacio Rodríguez Larreta -su delfín- sobre Martín Lousteau, que le permitió al PRO retener la ciudad de Buenos Aires: haber dicho exactamente lo contrario. Hay que imaginar por un segundo qué hubiera pasado si Mauricio Macri se paraba frente a sus militantes y a los cientos de miles que en ese momento lo miraban por televisión (y medios alternativos) y les decía que iba a reprivatizar Aerolíneas Argentinas e YPF y que la asignación universal por hijo pasaría a la historia si él fuera electo presidente. El temor al cambio, algo innato en el ser humano, está en su máximo esplendor en esta campaña.</p>
<p>Ciertamente, el jefe de Gobierno y precandidato a presidente de Cambiemos optó por acercarse a la postura massista del cambio justo que, en el caso del exintendente de Tigre -quien perteneció al espacio kirchnerista durante 7 años-, suena más bien a la búsqueda de cambiar de manos el poder. Es cierto que el PRO en su bloque de diputados se ha opuesto tanto a la reestatización de Aerolíneas Argentinas e YPF como a la de las jubilaciones y las pensiones, pero también es cierto que cuando lo hicieron se fundamentaron más en razones y procesos que en principios. En este sentido y con prudencia política, <b>el discurso del líder de PRO apuntó a desmontar aquello de que la Argentina se mueve por olas, de estatistas a privatistas y viceversa</b>. Sin embargo, era esperable que desde el oficialismo se use el argumento de falsedad e hipocresía para atacar al líder opositor con más chances de arrebatarle el poder al Frente para la Victoria.<span id="more-450"></span></p>
<p>Las explicaciones para este supuesto viraje ideológico fueron desde que no se puede estar permanentemente cambiando las reglas de juego en empresas emblemáticas para el país hasta las más temerarias, que, como argumentó Rodríguez Larreta, hacen hincapié en la sabiduría que implica no quedarse pegado a ideas y conceptos sostenidos tiempo atrás, aceptando así una equivocación. Esta última explicación encierra el peligro de aceptar implícitamente que la situación actual es la ideal, cuando en realidad los problemas se escabullen debajo de la alfombra. La aerolínea de bandera pierde a razón de 1 millón de dólares por día, YPF está lejos de acercarse al autoabastecimiento que supo tener en otras épocas y la Anses, con el dinero de todos nosotros dentro, resulta una caja boba y sin control, a disposición de todos los programas que la Presidente decida lanzar.</p>
<p>Siendo sometido a una permanente indagación desde aquel discurso, Mauricio Macri también se inclinó por un argumento de riesgo: la comparación de eficiencia entre el Estado nacional y el Estado autónomo. Si bien resulta bastante evidente que el Gobierno de la ciudad le saca varios cuerpos de ventaja en cuanto a tiempo y formas de trabajos comprometidos de gestión, también es cierto que la propuesta debería ser más sólida que la mera apuesta a la buena labor de los funcionarios de turno. Algunas dignas explicaciones ha dado Macri en el pasado, pero no se ha animado, al menos hasta ahora, a volver sobre ellas. Podría explayarse acerca de la posibilidad de avanzar sobre una política aerocomercial de cielos abiertos que permita mayor competencia entre las aerolíneas en beneficio de los pasajeros. En el ámbito petrolero, la búsqueda de acuerdos público-privados (con innumerables ejemplos exitosos alrededor del mundo), basados en la transparencia, podría ser un camino a desarrollar que mantenga alejada a la compañía del voluntarismo de los gobernantes. También debe hacerse hincapié en la necesidad de establecer reglas que impidan el uso discrecional por parte del Estado de las cajas jubilatorias, tomando de ejemplo incluso algunas de las limitaciones y los controles que la Superintendencia de Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP) ejercía sobre las empresas y sus inversiones.</p>
<p>Se le suele pedir a los candidatos que presenten propuestas de gobierno concretas y sólidas durante las campañas, aunque poco se hace por intentar analizar qué porcentaje de la sociedad está dispuesta a escuchar y tratar de entender esas propuestas. Las campañas y los electores no suelen admitir los detalles. Por otro parte, ¿cuál es el tiempo y el espacio que los candidatos tienen para que el público masivo se entere en detalle de sus propuestas? En ese sentido, es grande la ventaja de la Presidente, que dispone, en clara violación de la <i>Constitución Nacional</i>, de la<b> cadena nacional para insistir sobre el autoelogio, apoyar a sus candidatos y denostar a sus rivales</b>.</p>
<p>Quien también corre con ventaja en esta situación de <b>estabilidad en la crisis</b> es el candidato del Frente para la Victoria, que, fiel a su estilo, se conforma con afirmar que va a seguir trabajando por “mejorar lo que se ha hecho” y “solucionar los problemas”. El inicio oficial de la campaña para las PASO del 9 de agosto le permitió al gobernador ser muy concreto en demostrar que la fuerza de la voluntad todo lo puede (después de todo si logró sobreponerse a un accidente motonáutico) y poner al aire un <i>spot </i>con un fragmento que sostiene que “vamos por una casa más grande”.</p>
<p><b>El kirchnerismo ha invertido mucho tiempo, dinero y esfuerzo en la construcción de un relato mucho más exitoso de lo que es la realidad en sí misma</b>. De esta forma ha logrado también encorsetar el debate político de esta campaña a los temas donde ellos se sienten más fuertes. Para lograr esto ha contado con el invalorable sustento que le dio la crisis de 2001-2002, que caló fuerte en los corazones y los bolsillos de los argentinos y convirtió a aquellos tristes años en el verdadero mito fundacional de esta etapa que está llegando a su fin, al menos en los términos que hasta ahora se han planteado, y que tal vez en un futuro se conozca como kirchnerato.</p>
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