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	<title>Alexander Martín Güvenel &#187; Carta Abierta</title>
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		<title>Kirchnerismo religioso</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Jun 2014 09:02:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>A esta altura, <strong>el kirchnerismo pasó a ser una cuestión de fe, o se tiene o no se tiene,</strong> no hay mucho más para explicar; o al menos a eso apuesta Cristina Fernández de Kirchner en el último período de su gobierno. Inmersos en la crisis económica más auto infligida de la historia moderna, cuando las variables externas aún dan oportunidades para un vigoroso crecimiento, el gobierno, en base a caprichos, terquedades ideológicas y gestos demagógicos logró encaminar al país y a su economía hacia la temida estanflación.</p>
<p>Ante estas circunstancias, sabiendo de la imposibilidad de una reelección y <strong>admitiendo que vastos sectores de la sociedad “no la comprenden” y ya no le otorgarán su favor, la presidente optó por refugiarse en los fieles y extremar la presión hacia la incondicionalidad</strong>. Tanto es así que en su último discurso por cadena nacional, al referirse a la moratoria previsional que ponía en marcha y comparándola con un plan elaborado durante el gobierno de su esposo, se le escapó que “…la anterior moratoria fue abierta y por allí tuvo la jubilación gente que por ahí hasta te critica”. Hubo un intento inmediato de desdecirse pero la frase es más que elocuente. A la basura la ilusión de que gobierna para todos, al menos para aquellos que aún querían creer en ello.</p>
<p><span id="more-225"></span></p>
<p>Otra muestra más de esta decisión pasa por la creación de la Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, dependiente del Ministerio de Cultura, y la designación como su titular a uno de los fundadores de Carta Abierta, Ricardo Forster. Aquí hay una doble lección de Cristina: por un lado, el premio a un “espacio” (como les gusta ser llamados) que acaba de dejar en claro en su última carta que el gobernador Daniel Scioli no los representa y, por el otro, un mensaje que resulta una afrenta hacia la austeridad que en momentos de vacas flacas reclaman amplios sectores de la sociedad. Incluso, de haberlo deseado, podría haber optado por premiar a este fiel intelectual (valga la contradicción) con otro cargo y tarea o, en última instancia, ponerle a su Secretaría un nombre que no fuera tan irritante.</p>
<p>La lógica política convencional indicaría que estando el vicepresidente Amado Boudou pendiente de una complicada situación procesal, y con un casi seguro procesamiento cayendo sobre sus hombros, este sería apartado de la palestra para que  su desgaste no impacte sobre la Presidente. Sin embargo, en los últimos actos ha aparecido en primera fila y con el permiso para exhibir su habitual tono exultante, al tiempo que se les ordena a los medios aliados que den el mayor “aire” posible a las insólitas explicaciones que ensaya por estos días. Una estrategia política ordinaria juzgaría apropiado también apartar de la corriente central del kirchnerismo al ex piquetero Luis D´Elia, quien goza de una imagen pública que llega hasta el subsuelo. Sin embargo, este fue parte del mismo auditorio que aplaudió a rabiar los anuncios sanitarios de la presidente el pasado miércoles en Casa Rosada.</p>
<p>Está claro que los candidatos más moderados dentro del Frente para la Victoria sufren con esta situación. El más afectado es sin dudas Daniel Scioli, aunque también lo padece el ministro del Interior Florencio Randazzo que hace un delicado equilibrio para evitar pronunciarse sobre ciertos temas, concentrarse en mejorar el transporte público (principalmente el sistema ferroviario) y tratar al mismo tiempo de generar cierta confianza en el kirchnerismo puro y duro.</p>
<p>Tanto ministros como dirigentes oficialistas ya se han dado cuenta de que la estrategia mediática de dar notas y explicaciones solamente en los canales oficialistas no tiene ningún rédito político-social y sin embargo, cuando parecía alumbrarse algún resquicio en ella, incluso con participaciones de conspicuos kirchneristas en ciclos del canal TN, todo volvió a foja cero, con un reagrupamiento en programas “amigos” y de poca audiencia. <strong>Esta preservación sobre los fieles elimina cualquier posibilidad de pensamiento crítico dentro del partido de gobierno, por escasa que fuera hasta el momento.</strong></p>
<p>El politólogo canadiense David Easton cobró notoriedad por la aplicación de la teoría de sistemas a las ciencias sociales. En el estudio del sistema político, el académico observó que se producen interacciones en forma de entradas y salidas (inputs y outputs) entre la sociedad y el gobierno que generan a su vez un feedback, el cual permite la retroalimentación permanente del sistema. Las entradas que el sistema político recibe (en este caso el gobierno de Cristina Kirchner) se pueden agrupar como apoyos y demandas; y las salidas, están compuestas por decisiones y acciones de gobierno. En el contexto del <strong>kirchnerismo religioso</strong> actual, las entradas a las que el sistema da cabida son solamente los apoyos y las salidas que el gobierno genera también responden exclusivamente a éstos, por lo cual sus políticas tienden a enfocarse exclusivamente en los intereses de los “propios”.</p>
<p><strong>La Presidente sabe que todos estos gestos y acciones no son gratuitos y por lo tanto queda clara la estrategia de elevar la demostración interna de poder y efectuar un contundente aviso para quienes internamente se ilusionen con practicar un <i>kirchnerismo a la carta</i>.</strong> En este contexto, no parece viable una radicalización ideológica de la presidente (de hecho el acuerdo con el Club de París y el resarcimiento a Repsol son bastante elocuentes) sino que hay un pedido implícito y explícito a sus militantes y empleados (en el amplio sentido de la palabra) de consustanciarse en un apoyo total y absoluto –a libro cerrado- a las decisiones que la Presidente y su círculo más íntimo impulsen. Esto no implica un período fácil para sus adversarios políticos (cierto entendimiento con el PRO de Mauricio Macri es algo meramente circunstancial) sino que, ahora más que nunca, queda la sensación de que Cristina Kirchner pretende dar una batalla frontal a quienes se le oponen (interna y externamente) para plasmar aquella frase del ex presidente Juan Domingo Perón: “Al amigo, todo; al enemigo, ni justicia”.</p>
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		<title>¿Le perdimos el miedo a la opo?</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Nov 2013 10:29:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando los resultados de la pasada elección parecen haber sepultado el temor que, durante 10 años, tuvieron los ciudadanos de votar alternativas al kirchnerismo, <strong>vale la pena reconocer como parte de los éxitos del modelo en materia de comunicación la capacidad del oficialismo para lograr que muchísimos argentinos consideren todo lo hecho por sus antecesores en el poder como nefasto</strong>.</p>
<p>Fue realmente exitosa<strong> la demonización del pasado</strong> que vino haciendo el kirchnerismo desde el inicio de su gestión. La historia argentina en su versión virtuosa sería para ellos sintetizada en unos pocos personajes: <strong>Belgrano, Rosas, Irigoyen, Perón, Néstor Kirchner</strong> y su continuación, <strong>Cristina</strong>. Esto deja implícito un segundo mensaje: e<strong>l kirchnerismo sintetizaría a quienes ellos consideran el mejor radicalismo y el mejor peronismo;</strong> sería algo así como la transversalidad concentrada en un matrimonio. Habría que recordar que el “razonamiento” que se impuso, sobre todo durante el primer lustro de los gobiernos kirchneristas, fue que de no acompañar el proyecto iban a volver la inflación descontrolada del radicalismo y la corrupción desbocada del menemismo entre otros flagelos. Paradójicamente, son éstas dos de las cuestiones que actualmente más se critican del gobierno; escupir al cielo, que le dicen.</p>
<p><span id="more-63"></span>El <strong>miedo</strong>, entendido como una emoción habitualmente desagradable provocada por un peligro real o supuesto, es muchas veces paralizante. Esto es lo que fomentó el kirchnerismo durante una década y lo hizo con argumentos similares a los de la campaña de <strong>Menem</strong> para su reelección en el año 95 y el denominado <strong>“voto cuota”</strong>. Es cierto que el kirchnerismo fue más allá al otorgarle cierta dosis épica al relato, pero lo subyacente fue siempre el <strong>miedo al cambio</strong>. Mucho ha influido en este temor la experiencia fallida de la <strong>Alianza</strong>. No hay mucho concienzudo material que analice el porqué del fracaso de ese gobierno que había levantado altas expectativas y el cual fracasó estrepitosamente. Habría entonces que recordar que el gobierno de <strong>Fernando De La Rúa</strong> tenía que modificar, aunque se negara a hacerlo, el régimen cambiario de la <strong>convertibilidad </strong>que ya ponía alertas rojas desde hacía tiempo, que la deuda se encontraba en niveles inmanejables y que el precio de la <strong>soja</strong> por aquellos años rondaba los U$D170 promedio contra los U$D450 aproximados de hoy, entre otras dificultades estructurales.</p>
<p>Estas cuestiones han cambiado significativamente y, entonces, ateniéndonos a esas diferencias que existen, sería importante que como sociedad terminemos de perderle el miedo a elegir oposición (la cual todavía genera dudas y resquemores a pesar del hastío por el gobierno mostrado en las recientes elecciones legislativas) y parte de esa superación puede venir de la mano de <strong>mirar hacia nuestros vecinos de la región</strong>. Vivir en la Argentina de la <strong>carencia de dólares,</strong> la <strong>inseguridad</strong> que mete miedo, el conflicto permanente, la <strong>inflación</strong> que carcome bolsillos y demás problemas cotidianos nos hace difícil tomar distancia crítica para contemplar lo que sucede en el contexto que nos rodea. Está bastante claro que desde hace años el mundo demanda los productos que la región produce basada en sus recursos naturales y que además está dispuesto a pagar precios elevados por ellos. Para Argentina será carne y soja como para <strong>Chile</strong> es el cobre y las uvas frescas, para <strong>Perú</strong> el oro, para <strong>Venezuela</strong> el petróleo, y para <strong>Colombia</strong>, el café. Como fuera, y pudiendo continuar con un ejemplo por cada país latinoamericano, la bonanza y los precios internacionales elevados resultaron bastante parejos para todos los países de la zona. En la mayoría de los casos, esto fue aprovechado para mantener controlada la inflación, bajar la pobreza, disponer mejoras en infraestructura, elevar los créditos a largo plazo para la vivienda, ampliar la gama de servicios en la economía acompañando ese crecimiento en el sector primario y fortaleciendo así a las empresas locales para mejorar su inserción internacional.</p>
<p>Previendo el clásico reproche que se nos hace a los <strong>“pregoneros de la primarización de la economía”</strong> quería hacer una acotación dirigida principalmente a los intelectuales de <strong>Carta Abierta</strong>: cuando piensan en un modelo de industrialización del país atrasan 60 años al menos; en la<strong> era postindustrial</strong>, los empleos de calidad, buenos salarios y cuidadosos con el medio ambiente están en otro lado, como por ejemplo en<strong> industrias tecnológicas</strong>, servicios de avanzada, conocimiento, educación, creatividad, etcétera. Para ser más concretos, <strong>no todo lo que hace ruido y saca humo por las chimeneas es lo que genera riqueza e incrementa el empleo.</strong></p>
<p>En contraposición a este modelo virtuoso desarrollado por la mayoría de los países latinoamericanos están aquellos que, con la <strong>impronta</strong> <strong>populista</strong> a flor de piel, hicieron todo lo contrario; casos ejemplares, <strong>Argentina y Venezuela</strong> (sin olvidarnos de <strong>Bolivia, Ecuador y Nicaragua</strong>). Si bien ambos ciclos de gobierno, el <strong>chavismo</strong> en Venezuela y el kirchnerismo en la Argentina, <strong>redujeron los índices de pobreza, no recrearon las condiciones que les permitieran soñar firmemente con el desarrollo</strong>. En el caso de la Argentina inclusive habría que resaltar que la comparación por la que más apuesta el kirchnerismo pasa por el peor momento económico del país en su historia con lo cual dicho contraste se hace casi irrelevante en la actualidad.</p>
<p>Es importante señalar que, si bien la <strong>crisis</strong> <strong>mundial</strong> ha afectado bastante a nuestros potenciales demandantes, las circunstancias actuales siguen siendo favorables para el país y por eso debemos aprovechar el momento. Paradójicamente, el gobierno nacional, que sin dudas puede hacer gala de algunos logros puntuales, se empecina en llamar década ganada a una a la cual podemos llamar por contraposición, como muchos ya lo hacen, como “<strong>década desperdiciada</strong>”.</p>
<p>Sin dudas, el kirchnerismo se siente muy cómodo en la acción: proponiendo leyes, interviniendo mercados, innovando en materia financiera, manejando cada vez más sectores de la economía, etcétera. Aquello que no funciona bien según criterio del gobierno es intervenido y como consecuencia, al poco tiempo, funciona peor. Es casi una regla, sucede con las empresas estatizadas (<strong>Aerolíneas, Aysa, YPF y Fútbol Para Todos</strong>) como también con el mercado de la exportación (carnes, trigo) o el abastecimiento local.</p>
<p>Hubo que llegar al extremo de que los desbarajustes del gobierno golpeen directo a la cara para votar un cambio. Incluso el mayor ganador de las pasadas elecciones fue un ex jefe de gabinete de este gobierno que promete modificar las cosas que están mal y conservar las que están bien, con todo lo que esto NO significa. Siempre con las encuestas en la mano, <strong>el discurso de Sergio Massa fluctúa entre ser más o menos crítico del gobierno pero conservando siempre esa sensación de postkirchnerismo que al menos conserva parte del “modelo”.</strong> <strong>El temor al cambio de gobierno tiene mucho más de emocional que de racional.</strong> Siendo así, no quiero dejar de mencionar, evocando a <strong>Erich Fromm</strong>, el miedo a la libertad, un componente que si bien tiene matices muy diferentes respecto a la idea original del autor, creo que va a ser imprescindible tenerlo en cuenta para adentrarse en un proceso que nos permita recuperar iniciativa frente a un Estado que necesariamente va a tener que retirarse de algunas de las áreas que actualmente gestiona, y que ciertamente lo hace muy mal.</p>
<p><strong>¿Qué podríamos exigirles nosotros como sociedad a los partidos de la oposición?</strong> Básicamente, que no intenten hacer reformas constitucionales, ni leyes inaplicables, ni acuerdos con países que apoyan el terrorismo, ni intenten controlar la justicia, ni propongan reformas agrarias que sólo hacen mermar la producción (tal como sucede hoy en <strong>Bolivia</strong>), ni traten de colonizar u hostigar a los medios de comunicación, ni propicien menjunjes cambiarios, ni utilicen los recursos del Estado como si fueran propios, ni agredan a quienes piensan diferente o proponen cambios, etcétera. ¿Es mucho? Tendrían que ser “normales”. En definitiva, no son tantas las malas políticas que se pueden aplicar para empeorar la calidad de vida de los ciudadanos, la mayoría de ellas están debidamente identificadas por cualquier analista serio y además, cada una fue celosamente ejecutada durante la década kirchnerista como para verse en ese espejo y tratar de no cometer los mismos errores.</p>
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