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	<title>Alexander Martín Güvenel &#187; Axel Kicillof</title>
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		<title>¿En qué se parecen Cristina y Maradona?</title>
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		<pubDate>Sat, 13 Sep 2014 09:32:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La larga historia del kirchnerismo, y de la presidente en particular, con sus enemigos suma nuevos capítulos. La última y más reciente adquisición de sus críticas diatribas está en la industria automotriz. El otrora mimado, elogiado y ponderado sector es ahora el que “encanuta” los autos para, entre otras cosas, desestabilizar al gobierno y forzar una devaluación. Es difícil encontrar otra rama de la industria, al menos entre los que tienen relevancia para el PBI, que haya tenido empresarios más amigables con el gobierno. Salvo honrosas excepciones -Cristiano Ratazzi de la FIAT podría ser una de ellas- todas las empresas y directivos del sector han tenido fraternal relación con los gobiernos de Néstor y Cristina.<span id="more-282"></span></p>
<p><strong>Repasando enfrentamientos de su mandato con el sector privado llegaríamos a la conclusión de que siempre el kirchnerismo ha tratado de fomentar la división entre empresarios y argentinos.</strong> Difícil es saber cuánto de convencimiento y cuánto de conveniencia política tienen estas actitudes. El sector industrial, gran sostén económico y político de todo el período kirchnerista, es hoy una compañía a disgusto. Tanto es así que el gobierno tuvo que convencer/presionar al titular de la Unión Industrial Argentina (UIA) Héctor Méndez para que asista a la cena por el Día de la Industria que se desarrolló en Tecnópolis y que tuvo a la presidente como principal oradora.</p>
<p>La ley de abastecimiento, próximo paso de un gobierno que aún mantiene un ritmo arrollador en el trámite legislativo de proyectos que lo obsesionan, también puso en alerta y pie de guerra al sector empresario. Quienes consideran que esta ley permitiría una excesiva injerencia del Estado sobre las empresas, propiciando un control absoluto sobre producción y consumo, tal vez se arrepientan de haber hecho oídos sordos a quienes siempre advertimos la <strong>notable enemistad del kirchnerismo con la iniciativa privada (salvo la de los propios funcionarios, muchos de los cuales han aprovechado el calor del poder para incrementar sus patrimonios a niveles exorbitantes).</strong> Muchos empresarios vieron en las medidas proteccionistas de este gobierno una forma de tapar sus propios errores como productores o bien como forma de compensar la falta de competitividad del sector al que pertenecían, por lo que se volcaron hacia la protección antes que a la readaptación económica. Durante bastante tiempo, las medidas del gobierno sólo fueron problema de “los importadores que destruyen empleo argentino”. Tal vez sea difícil dilucidar aquí hasta dónde fue instinto de supervivencia de empresarios que entienden que tener de enemigo a un gobierno poco afecto a la disidencia puede costarles hasta la propia empresa y hasta dónde se trató de un aprovechamiento de las ventajas y privilegios de una relación que siempre es sinuosa.</p>
<p>Debemos reconocer que cuando el kirchnerismo se autocalifica como auténtico heredero del peronismo original tienen algo de razón; al menos en lo que hace a la construcción de enemigos. Vale recordar cómo dos sectores importantes en el ascenso de Juan Domingo Perón al poder, como los militares y la Iglesia Católica, pasaron a ser luego enemigos íntimos. Lo mismo parece suceder ahora con sindicatos y empresarios. <strong>Será difícil, en este contexto de inflación más recesión, que al final de su mandato Cristina pueda contar como propia alguna central obrera u organismo empresarial salvo aquellos surgidos del propio seno del Estado y que poco tienen de genuinos.</strong></p>
<p>Las diarias exposiciones del jefe de gabinete también le han permitido al gobierno mantenernos al tanto de los nuevos y viejos enemigos. Una de las últimas “adquisiciones” surgió a partir del trabajo sobre Infancia y Pobreza que elaboró la Pontificia Universidad Católica Argentina a través de su Observatorio de la Deuda Social (OSDA). Tal vez haya pasado inadvertido ,pero la UCA no sólo es una universidad católica sino que, como su nombre lo indica,<strong> depende directamente del Vaticano</strong>. Evidentemente la imagen del Papa es hoy demasiado fuerte como para que Cristina lo haga responsable de este informe que se aparta del discurso oficial. En caso de que eso sucediera, no sería demasiado complejo reflotar las plumas y declaraciones que fustigaron la elección del cardenal Jorge Bergoglio como Sumo Pontífice y dejar así de lado las buenas migas que, almuerzos mediante, vienen cultivando ambos jefes de Estado en la residencia de Santa Marta.</p>
<p>Parece ya una eternidad el tiempo en el que Hugo Moyano trabajaba codo a codo en el aumento mutuo de poder con el kirchnerismo, pero la CTA que conduce Hugo Yasky sigue siendo uno de las patas sindicales que aún le quedan al gobierno. Esto no impidió que el presidente de Aerolíneas Argentinas embistiera con dureza (y excesiva precisión en cuestiones salariales) sobre la Federación Argentina de Personal Aeronáutico (FAPA) -que forma parte de este sector de la CTA- por no aceptar el aumento ofrecido y los planes de reducción y readecuación que dan vueltas por la cabeza de Mariano Recalde. No faltaron a la verdad sus delegados cuando le recordaron al hijo del diputado que la ampliación de la planta de empleados de la compañía había llegado de su mano.</p>
<p>Sin dudas, las amistades en política tienen infinidad de componentes que van desde la lucha por el poder hasta la propia estructura psicológica y moral de las partes involucradas pero da la sensación de que el kirchnerismo ha construido muchos de sus enemigos desde el componente emocional. Pareciera que <strong>la propia personalidad de Cristina Kirchner necesita de sirvientes y aduladores más que de gente independiente y capacitada que pueda operar con eficacia</strong>. Esto no impide que la Pesidente sea permeable a su vez a la influencia de funcionarios que dominan –por decirlo de alguna manera- cuestiones que a la jefa de estado le cuesta entender en profundidad. Tal sería la explicación del actual “enamoramiento” de su funcionario estrella <strong>Axel Kicillof quien no deja de acumular poder al tiempo que acumula fracasos</strong>. Tal vez no falte mucho para que este economista neo marxista la convenza de abandonar finalmente la defensa del capitalismo como sistema que, de tanto en tanto, la presidente recuerda que profesa.</p>
<p>Y si me permiten para el final, se me ocurre una analogía con un personaje que parece hecho a medida para el kirchnerismo. El ex mejor futbolista del mundo <strong>Diego Armando Maradona</strong> <strong>tiene muchísimas coincidencias con la presidente de la Nación</strong>. <strong>Ambos son feroces críticos de los países desarrollados al tiempo que aman los lujos con los que allí se vive</strong>; ambos recuerdan con cariño los encuentros y las historias de sus autócratas amigos Hugo Chávez y Fidel Castro; y ambos tienen también una fenomenal capacidad para vilipendiar amigos del pasado hasta enterrarlos en su propio fango.</p>
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		<title>Una trocha muy angosta</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Aug 2014 10:00:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Creo que a esta altura del mandato de Cristina Kirchner aquél mote despectivo hacia Víctor Hugo Morales que lo trataba como <i>relator del relato </i>resulta bastante injusto. <strong>Desde un tiempo a esta parte, son los propios funcionarios del gobierno, incluida su presidente, quienes más se dedican a contar los problemas, las razones y las circunstancias, mucho más que a solucionarlos</strong>. No es que anteriormente evitaran echar culpas, ya que esa es una parte central del juramento kirchnerista, sino que ahora se han centrado casi con exclusividad en esto último. Hay un viejo dicho televisivo que reza que “las excusas no se televisan”, queriendo significar que cuando algo salió mal en pantalla, no importan las razones, justificaciones o pretextos para explicar lo sucedido, simplemente salió mal. Al parecer, en el gobierno desdeñan absolutamente de este dicho. Empresarios, sindicalistas, el liberalismo, los países centrales, el Consenso de Washington, la oposición, el periodismo, la Corte Suprema, la lista es infinita. Los últimos culpables son los fondos buitre, el juez Griesa, el mediador Pollak y hasta el gobierno de Barak Obama.</p>
<p><span id="more-268"></span></p>
<p>Este compendio de excusas, explicaciones y declaraciones <i>pour la galerie </i>tienen su contrapartida en <strong>una serie de acciones las cuales todos saben (en el gobierno también) que no tienen ninguna posibilidad de destrabar el conflicto sino que por el contrario, muchas de ellas, sirven para agravarlo</strong>. Dentro de éstas se encuentran las más que formales declaraciones de apoyo extraídas a los países miembros del Mercosur (institución regional que no consigue salir de la réplica permanente de agendas nacionales), la denuncia a los fondos buitre del siempre bien predispuesto Alejandro Vanoli ante la Comisión Nacional de  Valores de EEUU, la acusación contra Estados Unidos por “la violación de su obligación internacional de respetar la soberanía” de la Argentina ante la Corte Internacional de La Haya, que el propio economista ultra kirchnerista Agustín D&#8217;Attellis reconoce como un gesto político y no como una gestión práctica, hasta las más ridículas pegatinas de carteles con la consigna “Antes Braden o Perón. Hoy Cristina o Griesa”.</p>
<p>Tal vez lo más llamativo de toda la puesta en escena que el gobierno hace sobre el tema haya sido aquel viaje urgente hacia Nueva York que emprendió el ministro de economía mientras se encontraba en Venezuela supuestamente para darle tono formal y visto bueno a un acuerdo que todos daban por cerrado. Quizá nunca se sepa realmente lo que allí sucedió pero sin dudas las explicaciones de Axel Kicillof sembraron mayores dudas.<strong> El ministro se mostró durante su conferencia de prensa posterior a las reuniones sorprendido porque los holdouts rechazaron lo que vienen rechazando desde hace 10 años</strong>. Sí, así como se lee. Por algún extraño motivo, el gobierno pretendía un cambio de postura de los buitres luego de que éstos alcanzaran un fallo favorable de un juez norteamericano, la confirmación de la Cámara y la abstención de tomar el caso por parte de la Corte Suprema de los Estados Unidos.</p>
<p>Cuesta también comprender que un gobierno demuestre asombro y contradicción por la actuación de un juez que defiende el derecho de propiedad en la capital mundial del capitalismo. No es su función analizar las cualidades morales de los fondos buitre y sus representantes; Griesa no es el Papa. Sus fallos siguen con toda lógica su función. También es normal la actuación del mediador Daniel Pollak que fue puesto en tareas para que Argentina cumpla el fallo del juez y no para otra cosa. <strong>Tampoco es sencillo encontrar la explicación de por qué Argentina estuvo haciendo un esfuerzo en los últimos meses para abrirse nuevamente a los mercados</strong> de crédito e inversión, para lo cual negoció la indemnización a Repsol y arregló con el Club de París entre otras cosas, <strong>para luego tirar bruscamente todo lo hecho por la ventana.</strong></p>
<p>No es el objetivo de esta columna analizar técnicamente las posibilidades que el gobierno tenía para no caer en default (“selectivo” según la agencia Standard &amp; Poors) pero hay coincidencias de varios especialistas –economistas y abogados- de que existían y existen muchas opciones de pago satisfactorias para ambas partes y hay evidencia suficiente de que muchas de ellas fueron acercadas al gobierno. A esta altura queda claro también que <strong>la cláusula Rufo funciona como excusa perfecta para una decisión tomada y escenificada en muchas ocasiones</strong> como es no pagarles bajo ningún punto de vista a los fondos buitres.</p>
<p><strong>Hay que reconocer que el kirchnerismo ha logrado mantenerse en el centro de la escena política durante más de una década y con un grado de adhesión importante</strong>. Sin embargo, en esta ocasión, el enamoramiento de esa circunstancial mejora que produjo en la imagen de la presidente el enfrentamiento con los fondos buitres y el juez Griesa tiene un recorrido demasiado corto. <strong>Con un país en recesión como la Argentina, aumentar exponencialmente la incertidumbre –con todo lo que eso implica en inversiones, empleo, actividad económica, inflación, etc.- es poco menos que suicida</strong>. Esta actitud del gobierno es lo que popularmente se conoce como “pegarse un tiro en la pierna” porque más allá de las negativas implicancias que tiene para el país, consecuentemente y en un plazo corto, tendrá también un impacto pernicioso sobre la figura de la presidente y su gobierno. Tal vez en este caso aplique la definición que el ministro de la Corte Eugenio Zaffaroni utilizó para denominar al juez neoyorquino y esta estrategia del kirchnerismo sea efectivamente de <i>trocha muy angosta</i>.</p>
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		<title>El laberinto de la sucesión</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Jul 2014 11:26:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En ocasiones, la salud de la presidente Cristina Kirchner, como la de cualquiera de nosotros, puede privarla de algunas de las funciones que más disfruta realizar. Así sucedió por ejemplo cuando tuvo que enviar a su vicepresidente a encabezar el acto por la independencia el pasado 9 de Julio. Los discursos ante un público de adeptos incondicionales es quizá una de las actividades donde más se la ve gozar. De lo que no se privó en aquel acto es de otra función esencial al cargo y que también parece saborear: hacer valer su autoridad. Así fue que decidió, pese a la oposición silenciosa de la mayoría de los ministros y gobernadores presentes en el acto, poner al frente a al procesado vicepresidente Amado Boudou. <strong>Por si a alguien, dentro y fuera del oficialismo, le quedaban todavía dudas, Cristina Kirchner decidió sostener a viento y marea a su vicepresidente, al menos por el momento.</strong></p>
<p>Quienes escapan como pueden de la cercanía del cuestionadísimo vice son aquellos funcionarios o ministros con ambiciones de suceder a su jefa en el máximo cargo.<strong> Tal es el caso del ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, quien le dedicó un frío saludo a Boudou y logró evitar el abrazo del oso que su enemigo en el gobierno le tenía preparado.</strong> El ministro no se privó de dejar a su paso una frase que sonó lapidaria; declaró a una radio de la provincia de Córdoba que saludó a Boudou porque su padre le enseñó que no se le niega el saludo a nadie. En una carrera alocada contra el tiempo, Randazzo tiene la difícil misión de mostrarse como un eficiente gestor a la vez que intenta ganar la confianza de mayorías que están desencantadas con la administración actual. Su lucha es contra la herencia que le deja su propio gobierno en un área donde ha concentrado la mayor parte de sus errores: los desaguisados cometidos por el ministro Julio De Vido -sostenido y apañado por Néstor y Cristina Kirchner- durante 10 años son su principal escollo.</p>
<p><strong>En una posición similar en algún sentido se encuentra Daniel Scioli, quien pretende mostrarse confiable dentro y fuera del kirchnerismo; una tarea que sólo una personalidad como la suya puede permitirse intentar.</strong> El gobernador va incansablemente en busca del apoyo de sus pares provinciales que hoy están con Cristina y tiene posibilidades de lograr su favor en caso de que lo intuyan con fuerza electoral como para competir con Sergio Massa. Cuanto más complicado vea el camino a la sucesión, más es lo que les va a prometer. Desde cargos en el futuro gabinete hasta la constitución de un poder prácticamente colegiado, el mandatario bonaerense no ahorrará esfuerzos para alzarse con la presidencia, lo cual puede también condicionarlo fuertemente en un futuro gobierno. Sin embargo, él sabe que el apoyo de estos líderes provinciales es absolutamente interesado y por eso su principal sostén lo tiene en sus colaboradores más cercanos y su círculo íntimo, el cual incluye a varios familiares directos como su esposa Karina Rabollini y sus hermanos José y Nicolás Scioli.</p>
<p><strong>Otra de las apuestas del kirchnerismo para la sucesión, en este caso de su núcleo más duro, es el ministro de Economía Axel Kicillof.</strong> Apoyado en un firme intento de los medios amigos de convertirlo en una especie de hormiga atómica en su lucha contra el mal (los fondos buitres en este caso) y mediante una feroz carrera por sumar millas a su plan de viajero frecuente, el ministro desarrolla la doble tarea de negociar mientras critica, de teorizar mientras utiliza las armas de la pura práctica política, de apelar a la historia económica mientras se concentra en el más furioso presente.</p>
<p><strong>Debajo de los ministros de Economía y del Interior, aparecen en lo que sería un tercer pelotón (teniendo en cuenta posibilidades electorales): el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, y el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri.</strong> El primero trata de asentarse en su buena relación con miembros de la oposición y en su llegada a la Santa Sede. Urribarri trata de posicionarse desde el encolumnamiento más absoluto al liderazgo de Cristina Kirchner, reconociendo y fomentando incluso esa continuidad por encima de quien sea electo presidente, proponiendo así una devaluada reedición del viejo eslogan “Cámpora al gobierno, Perón al poder”. También el ministro Agustín Rossi intenta combinar sus labores de gestión en la cartera de Defensa con sus recorridas de campaña.</p>
<p>Por lo visto, todas las opciones que tiene Cristina en su espacio político para sucederla tienen una cuota importante de contraindicaciones. Ante este panorama toma mayor fuerza la teoría de aquellos que sostienen que la presidente apuesta a que la suceda alguien por fuera del peronismo. Tal vez conservando su núcleo duro de incondicionales, manteniendo sus posiciones en la burocracia estatal y replegándose a la labor de oposición pueda en algún momento volver al centro de la escena. Con toda sinceridad, y a riesgo de desilusionar a los más fervorosos militantes, da la sensación que el kirchnerismo es un ciclo terminado.</p>
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