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	<title>Alexander Martín Güvenel &#187; Agustín Rossi</title>
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		<title>¿Existe el núcleo duro K?</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Mar 2015 09:14:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La oposición, el kirchnerismo, los encuestadores, los periodistas, los analistas políticos y todo aquel que se precie de estar inmerso en el mundillo de la política argentina tiene al menos una idea formada –que no significa que sea compartida- de lo que es el kirchnerismo de paladar negro. Lo que habitualmente se discute es <strong>cuál es ese porcentaje de ciudadanos que apoyan de manera acrítica al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.</strong> Para los analistas de opinión más renombrados esto puede variar entre un 20 % y un 30% del electorado. Sin embargo, y ante la imposibilidad de la Presidente de presentarse a un tercer mandato, lo interesante es ver lo que puede suceder con el traspaso de esa masa de apoyo, con la que supuestamente cuenta ella, a los candidatos que finalmente proponga el Frente para la Victoria en las elecciones generales.</p>
<p>Son varios los dirigentes del oficialismo que pugnan por el favoritismo de Cristina Kirchner y así poder hacerse de una base de sustentación que les permita alcanzar el poder y luego gobernar (política agonal y política arquitectónica). Sin embargo, <strong>ni Julián Domínguez, ni Sergio Urribarri, ni Aníbal Fernández, ni Agustín Rossi, ni Jorge Taiana y ni siquiera Florencio Randazzo tienen posibilidad alguna de ganarle a Daniel Scioli una interna tal como están legisladas las PASO.<span id="more-368"></span></strong></p>
<p>En dirección contraria a lo que los más fervorosos repiten con insistencia -que la única conductora del espacio es la Presidente- <strong>las encuestas muestran que cuanto mayor es la distancia y la independencia del candidato respecto a su “jefa política”, mayores son las chances de imponerse en la interna.</strong> Hay varias hipótesis, aún no contrastadas, que podrían explicar el fenómeno. Probablemente haya cierta desconfianza a la proclamación de un títere al que Cristina Kirchner pueda manejar, es decir, de repetir aquella fórmula popularizada en la frase <strong>“Cámpora al gobierno, Perón al poder”.</strong> Tampoco funcionó el intento de buscar el reemplazante en la propia familia presidencial y así lograr un nuevo récord para el Guinnes; esto lo saben quienes midieron las posibilidades de una candidatura presidencial de Máximo Kirchner y se encontraron con que <strong>hasta le costaría ganar una elección local en El Calafate.</strong></p>
<p>Florencio Randazzo parece estar ahora muy cerca de la Presidente pero queda claro que no es más que un intento de, en esta primera etapa, ganarles la pulseada a los contrincantes “menores” de la interna y consolidarse como único oponente de Scioli para las PASO. El ministro del Interior y Transporte es un candidato que muestra permanentemente intenciones de construir un capital político propio. De hecho, en varias oportunidades ha tenido esos matices que le permiten también acercar algún porcentaje de ese electorado oficialista que aún conserva criterio propio. En ese terreno, sin embargo, será muy difícil “pelearle” a Daniel Scioli. <strong>El gobernador de Buenos Aires ha hecho de la indefinición una forma de hacer política.</strong> Sólo con observar que sus potenciales votantes se dividen, casi por mitades, entre los que quieren la continuidad de las políticas del gobierno y quienes quieren el cambio, queda todo dicho. Esa no es la única característica del gobernador difícil de contrarrestar ya muchos de los que evalúan su gestión en la provincia de manera regular o incluso deficiente también planean votarlo.</p>
<p>En este contexto, <strong>tal vez la mejor opción con la que cuente la Presidente sea llenar la lista del Frente para la Victoria de “leales” sin votos.</strong> Sin embargo, seguramente no puede quitarse de la cabeza que por más leal que parezcan muchos de ellos terminarán encolumnándose con quien les den la esperanza de continuidad que con ella no tienen (Gabriel Mariotto sobrevuela su cabeza). La Presidente también debería tener en cuenta que el haber construido una militancia con apetencia de ocupar lugares privilegiados en la estructura del estado en esta ocasión le va a jugar en contra.</p>
<p>En el discurso de apertura de sesiones Cristina Kirchner le dijo al senador Gerardo Morales -durante ese show de chicanas a legisladores de la oposición- que probablemente la tengan en poco tiempo dando el debate entre ellos. Tal vez haya sido <strong>la señal más clara hasta el momento de que muy probablemente sea candidata a un cargo legislativo</strong> en las próximas elecciones. Acostumbrada desde hace décadas a vivir de, por y para la política, le costaría demasiado volver al llano sector de la sociedad civil. También es probable que haya comprendido que ante las múltiples causas en las que ella, su familia, socios o funcionarios cercanos están involucrados, y que parecen activarse cada vez con mayor fuerza, <strong>no resulte muy conveniente confiar en que el Ejecutivo que viene, por más fiel que parezca, vaya a jugar su capital político en pos de evitar que su antecesora -y otrora jefa política- sea juzgada y condenada. </strong></p>
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		<title>El laberinto de la sucesión</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Jul 2014 11:26:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alexander Martín Güvenel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En ocasiones, la salud de la presidente Cristina Kirchner, como la de cualquiera de nosotros, puede privarla de algunas de las funciones que más disfruta realizar. Así sucedió por ejemplo cuando tuvo que enviar a su vicepresidente a encabezar el acto por la independencia el pasado 9 de Julio. Los discursos ante un público de adeptos incondicionales es quizá una de las actividades donde más se la ve gozar. De lo que no se privó en aquel acto es de otra función esencial al cargo y que también parece saborear: hacer valer su autoridad. Así fue que decidió, pese a la oposición silenciosa de la mayoría de los ministros y gobernadores presentes en el acto, poner al frente a al procesado vicepresidente Amado Boudou. <strong>Por si a alguien, dentro y fuera del oficialismo, le quedaban todavía dudas, Cristina Kirchner decidió sostener a viento y marea a su vicepresidente, al menos por el momento.</strong></p>
<p>Quienes escapan como pueden de la cercanía del cuestionadísimo vice son aquellos funcionarios o ministros con ambiciones de suceder a su jefa en el máximo cargo.<strong> Tal es el caso del ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, quien le dedicó un frío saludo a Boudou y logró evitar el abrazo del oso que su enemigo en el gobierno le tenía preparado.</strong> El ministro no se privó de dejar a su paso una frase que sonó lapidaria; declaró a una radio de la provincia de Córdoba que saludó a Boudou porque su padre le enseñó que no se le niega el saludo a nadie. En una carrera alocada contra el tiempo, Randazzo tiene la difícil misión de mostrarse como un eficiente gestor a la vez que intenta ganar la confianza de mayorías que están desencantadas con la administración actual. Su lucha es contra la herencia que le deja su propio gobierno en un área donde ha concentrado la mayor parte de sus errores: los desaguisados cometidos por el ministro Julio De Vido -sostenido y apañado por Néstor y Cristina Kirchner- durante 10 años son su principal escollo.</p>
<p><strong>En una posición similar en algún sentido se encuentra Daniel Scioli, quien pretende mostrarse confiable dentro y fuera del kirchnerismo; una tarea que sólo una personalidad como la suya puede permitirse intentar.</strong> El gobernador va incansablemente en busca del apoyo de sus pares provinciales que hoy están con Cristina y tiene posibilidades de lograr su favor en caso de que lo intuyan con fuerza electoral como para competir con Sergio Massa. Cuanto más complicado vea el camino a la sucesión, más es lo que les va a prometer. Desde cargos en el futuro gabinete hasta la constitución de un poder prácticamente colegiado, el mandatario bonaerense no ahorrará esfuerzos para alzarse con la presidencia, lo cual puede también condicionarlo fuertemente en un futuro gobierno. Sin embargo, él sabe que el apoyo de estos líderes provinciales es absolutamente interesado y por eso su principal sostén lo tiene en sus colaboradores más cercanos y su círculo íntimo, el cual incluye a varios familiares directos como su esposa Karina Rabollini y sus hermanos José y Nicolás Scioli.</p>
<p><strong>Otra de las apuestas del kirchnerismo para la sucesión, en este caso de su núcleo más duro, es el ministro de Economía Axel Kicillof.</strong> Apoyado en un firme intento de los medios amigos de convertirlo en una especie de hormiga atómica en su lucha contra el mal (los fondos buitres en este caso) y mediante una feroz carrera por sumar millas a su plan de viajero frecuente, el ministro desarrolla la doble tarea de negociar mientras critica, de teorizar mientras utiliza las armas de la pura práctica política, de apelar a la historia económica mientras se concentra en el más furioso presente.</p>
<p><strong>Debajo de los ministros de Economía y del Interior, aparecen en lo que sería un tercer pelotón (teniendo en cuenta posibilidades electorales): el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, y el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri.</strong> El primero trata de asentarse en su buena relación con miembros de la oposición y en su llegada a la Santa Sede. Urribarri trata de posicionarse desde el encolumnamiento más absoluto al liderazgo de Cristina Kirchner, reconociendo y fomentando incluso esa continuidad por encima de quien sea electo presidente, proponiendo así una devaluada reedición del viejo eslogan “Cámpora al gobierno, Perón al poder”. También el ministro Agustín Rossi intenta combinar sus labores de gestión en la cartera de Defensa con sus recorridas de campaña.</p>
<p>Por lo visto, todas las opciones que tiene Cristina en su espacio político para sucederla tienen una cuota importante de contraindicaciones. Ante este panorama toma mayor fuerza la teoría de aquellos que sostienen que la presidente apuesta a que la suceda alguien por fuera del peronismo. Tal vez conservando su núcleo duro de incondicionales, manteniendo sus posiciones en la burocracia estatal y replegándose a la labor de oposición pueda en algún momento volver al centro de la escena. Con toda sinceridad, y a riesgo de desilusionar a los más fervorosos militantes, da la sensación que el kirchnerismo es un ciclo terminado.</p>
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