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	<title>Alejandro Bongiovanni</title>
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		<title>Uber no sólo es bueno, también es legal</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Apr 2016 09:17:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Bongiovanni</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Remiserías]]></category>
		<category><![CDATA[Taxis]]></category>
		<category><![CDATA[Transporte]]></category>
		<category><![CDATA[Uber]]></category>

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		<description><![CDATA[Nota escrita en colaboración con Garret Edwards &#160; Podemos entender que los grupos de presión sindicales desconozcan la naturaleza de Uber. Ven amenazado su poder de mercado gracias a una simple aplicación que beneficia al consumidor y perjudica sus intereses sectoriales. Saben que Uber es mejor que ellos (de otro modo, no tendrían miedo a competir) y quieren... <a href="http://opinion.infobae.com/alejandro-bongiovanni/2016/04/22/uber-no-solo-es-bueno-tambien-es-legal/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><strong><em>Nota escrita en colaboración con Garret Edwards</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Podemos entender que los grupos de presión sindicales desconozcan la naturaleza de Uber. Ven amenazado su poder de mercado gracias a una simple aplicación que beneficia al consumidor y perjudica sus intereses sectoriales. Saben que Uber es mejor que ellos (de otro modo, no tendrían miedo a competir) y quieren destruirlo. Los argumentos los van armando, entonces, a partir de la necesidad que tienen de eliminar al competidor. Es injusto, pero entendible.</p>
<p>Lo que es menos entendible es que el resto de la sociedad —que suponemos que no tiene intereses particulares en este asunto— se esfuerce tan poco en entender la naturaleza contractual del asunto, se equivoque a la hora de analizar qué es y, fundamentalmente, qué no es Uber.</p>
<p>Uber no es una empresa de transporte. Va de nuevo: <strong>Uber no es una empresa de transporte. El transportista es el chofer. El que viaja y paga es el pasajero. Se trata de un contrato privado entre ambos.</strong> ¿Qué hace Uber entonces? Provee la plataforma tecnológica que permite que estos contratos privados se realicen de manera masiva y cobra por el uso de dicha plataforma.</p>
<p>Juan tiene un auto y se ofrece a llevar a Pedro desde Retiro hasta Vicente López, a cambio de un precio. Eso es un contrato de transporte privado, tan viejo como la existencia de la carreta. Ahora bien, antes de la tecnología, los particulares no tenían la posibilidad de hacer esto de manera masiva, eficiente y lucrativa. Hoy, gracias a Uber (y a otras aplicaciones que compiten con Uber, como Lyft), el contrato de transporte privado puede hacerse a mayor escala. Pero eso no quita que siga siendo un contrato privado entre transportista y pasajero. Uber lo que permite es que ambos se conecten de manera eficiente y masiva, lucrando con esa conexión.<span id="more-81"></span></p>
<p>MercadoLibre, PedidosYa!, DeMotores, por ejemplo (que no son ni una tienda, ni un restaurante, ni una concesionaria) permiten que se conecten vendedores y compradores para celebrar contratos privados de compraventa. Airbnb (que no es una empresa hotelera) permite que anfitriones y huéspedes se conecten para celebrar contratos privados de hospedaje. ZonaJobs (que no es una consultora de recursos humanos) permite que se conecten empleadores y personas que buscan empleo para celebrar contratos privados de trabajo. Uber hace lo propio, intermediando entre transportistas y pasajeros para que estos celebren contratos privados de transporte.</p>
<p><strong>Son errados los argumentos solicitando que Uber siga al pie de la letra las regulaciones que deben cumplimentar las empresas de taxis o las remiserías porque —y lo decimos una vez más— Uber no es una empresa de transporte.</strong></p>
<p>¿Es legal la actividad que fomenta Uber? Tan legal como es que Juan lleve a Pedro de Retiro a Vicente López a cambio de un precio. <strong>El contrato que Uber facilita —y que se perfecciona entre chofer y pasajero— está expresamente contemplado en el Código Civil y Comercial de la Nación</strong>, que en su artículo 1280 dice: “Hay contrato de transporte cuando una parte llamada transportista o porteador se obliga a trasladar personas o cosas de un lugar a otro, y la otra, llamada pasajero o cargador, se obliga a pagar un precio o flete”.</p>
<p>Por si ello no resultara suficiente, el Código Civil dedica luego 37 artículos a describir en profundidad el funcionamiento de este contrato, incluyendo un asunto hoy en discusión: el de la responsabilidad de los conductores por aquello que llevan a su cargo al conducir. El Código Civil y Comercial autoriza expresamente la actividad que realiza Uber. ¿Qué norma incumple Uber entonces? Ninguna.</p>
<p>Si, movidos por intereses sectoriales de grupos de presión, quieren que Uber pase a ser ilegal, se debería dictar una norma que así lo exprese: eliminando el contrato privado de transporte del Código Civil y Comercial o exigiéndole a este contrato —y no a otro— nuevos requisitos. Mientras tanto, Uber es legal.</p>
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		<title>Uber llega, aunque no llegue</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Apr 2016 09:50:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Bongiovanni</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Monopolio del taxi]]></category>
		<category><![CDATA[Sindicato del taxi]]></category>
		<category><![CDATA[Uber]]></category>

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		<description><![CDATA[Pueden entrar a Wikipedia y escribir “proceso de destrucción creativa”. Allí podrán leer sobre la dinámica innovadora que describe Joseph Schumpeter y que permite a la humanidad gozar de mejor calidad de vida gracias a la introducción de nuevos bienes y de nuevos métodos de producción o comercialización. Pero incluso pueden omitir el artículo y... <a href="http://opinion.infobae.com/alejandro-bongiovanni/2016/04/01/uber-llega-aunque-no-llegue/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Pueden entrar a Wikipedia y escribir “proceso de destrucción creativa”. Allí podrán leer sobre la dinámica innovadora que describe Joseph Schumpeter y que permite a la humanidad gozar de mejor calidad de vida gracias a la introducción de nuevos bienes y de nuevos métodos de producción o comercialización. Pero incluso pueden omitir el artículo y simplemente pensar en Wikipedia, un servicio que destruyó la producción y la comercialización de voluminosas enciclopedias. Atrás quedó el negocio de editar, publicar y vender tomos de Espasa-Calpe o Larousse. Estos fueron reemplazados por un bien superior, algo que satisface más a las personas y a menor costo para ellas. De pronto, el contenido enciclopédico del mundo estuvo disponible para muchísimas más personas a un precio monumentalmente menor. ¿Hubo gente que perdió en el proceso? Pues, claro, como siempre. Los que vendían enciclopedia puerta a puerta debieron buscar otros empleos (cosa que es mucho menos difícil en mercados laborales más flexibles, pero mejor no entrar en eso aquí).</p>
<p>Vamos con otro ejemplo para quien no tenga ganas de aprender sobre Schumpeter ni de pensar en Wikipedia. ¿A dónde se han ido todos los videoclubes? Hasta hace algunos años la gente los llenaba durante los fines de semana. ¿Qué pasó con ellos? Pues pasó Netflix. De pronto, ver una cantidad mayor de películas fue posible a un precio muchísimo menor y con bajísimo costo de transacción (ya no hay que ir hasta el establecimiento dos veces: alquiler y devolución, sino sólo abrir la computadora). Los locales de los videoclubes pasaron a destinarse a otros fines, los empleados buscaron trabajo en otros sitios y —esto es muy importante— los empresarios del sector reorientaron su capital hacia nuevos rubros que sí satisfacen al consumidor, lo que genera, entre otras cosas, nuevos empleos. Mientras tanto, la gente mejoró su calidad de vida gracias a Netflix.<span id="more-73"></span></p>
<p>Vamos a Uber ahora. Uber va a llegar hoy, mañana o pasado. Denlo por hecho. <b>Uber va a reemplazar al tradicional servicio de taxis, porque actualmente este resulta poco eficiente en términos de costo y beneficio.</b></p>
<p>Los beneficios de Uber son muchos, entre ellos: el pasajero puede ver la ruta antes de empezar y saber el precio de antemano. Evita las avivadas de algunos taxistas, que “pasean” a extranjeros tanto como a argentinos que no conocen la ciudad. Además, uno sigue por gps al chofer antes y después del servicio y cuenta con todos sus datos, lo que es muy útil en caso de olvidar algo en el auto o de sufrir un problema. El usuario no precisa efectivo, algo muy bueno para los pasajeros y también más seguro para el chofer, muchas veces agredido para robarle la recaudación. Elimina un monopolio y permite la competencia entre choferes, lo que se traduce en mejor atención, dado que ahora tendrán un verdadero incentivo para obtener una opinión favorable del viajero (por este elemento, en términos generales, uno recibe mejor trato en un almacén que en una municipalidad). Le da un poder de mercado al pasajero, que hoy es sólo un usuario desprovisto de fuerza para premiar al que hace bien su trabajo y esquivar al que lo hace mal. Además, cualquiera puede trabajar de chofer, lo que permite una salida laboral rápida para mucha gente y elimina las costosísimas patentes de corso que implican las chapas de taxi, que sirven para achicar la oferta del servicio (lo que obviamente se traduce en aumento del precio) y que favorecen más a los empresarios de taxis que a los choferes. Uber cuenta con modelos de autos más modernos y en mejor estado. El servicio es facturable, lo cual genera un beneficio para el Estado, dado que podrá recaudar de manera más eficiente.</p>
<p>Pero los sindicatos se oponen. Obviamente. ¿Dónde se ha visto un monopolio entregar su privilegio sin dar pelea? Rebatir los absurdos argumentos del monopolio es innecesario. Basta recordar que en muchos casos se han opuesto, entre otras cosas, al botón de pánico (para evitar que se los pueda localizar por gps) o al pago con tarjeta (para evitar el pago de impuestos). Los sindicatos quieren pescar en un barril, tener un mercado cautivo. Esa es la función de todo sindicato: controlar el tamaño y la composición de la oferta laboral para que el precio pagado por los consumidores sea mayor que el que se pagaría si la oferta fuese libre. Si los vendedores de enciclopedia o los dueños de videoclubes no pudieron evitar Wikipedia y Netflix, es porque no tenían el poder de un grupo de presión fuerte, como los sindicatos de taxis.</p>
<p>Pero tranquilos, ni el más fuerte sindicato puede parar el progreso. A lo sumo, pueden ralentizarlo un poco. Uber llegará, más tarde o más temprano. Nadie puede detener a la gente cuando percibe que algo mejor para sus vidas y a menor costo está disponible.</p>
<p>¿Uber tiene la vaca atada? Para nada. Ya han surgido competidores (Lyft, por ejemplo) que seguirán abonado al círculo virtuoso de la competencia, en el que más oferta se traduce en menores precios y mejor atención.</p>
<p>¿Uber es el futuro? Para nada. También se equivocan los que piensen que es algo muy futurista. Es apenas el presente. Las mujeres embarazadas de hoy llevan bebés que no podrán ganarse la vida manejando automóviles de un lado a otro, dado que en muy poco tiempo estos serán guiados de manera autónoma por nuestros teléfonos. ¿Parece ciencia ficción? Piensen qué dirían si hace treinta años alguien les hubiera dicho que un aparato que entra en un bolsillo les permitiría rastrear un taxi, intercambiar textos a tiempo real con cualquier persona del mundo, filmar videos o recibir su correspondencia, ¡además de reemplazar a los voluminosos teléfonos fijos de entonces!</p>
<p>Ni Uber, ni nada está al margen del “proceso de destrucción creadora” que se mencionó al principio. Nuevos bienes y nuestros servicios nos esperan en el futuro. Ellos reemplazarán los bienes y los servicios actuales, mejorarán nuestras vidas (siempre está la opción de no usarlos para el que considere que no hay beneficio). Los trabajos del futuro no se han creado todavía. Por eso es tan importante que el sector educativo —otro monopolio que sigue arraigado a sus privilegios— tome nota del inevitable futuro. Pero mejor tampoco entran en este tema aquí.</p>
<p><b>Pretender detener Wikipedia, Netflix o Uber (como podría ser Spotify, MercadoLibre, PedidosYa!, OpenEnglish, etcétera) es pretender detener un proceso vasto y virtuoso de gente poniendo capital y trabajo para obtener ganancias a través de mejorar la vida de otra gente</b>. Claro que habrá monopolios, gobiernos, sindicatos, cárteles y empresarios prebendarios que lo intentarán, pero, a la larga, serán vencidos por la gente que busca vivir mejor en cada pequeño aspecto de su vida.</p>
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		<title>Los milagros que el Papa no ve</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Oct 2015 03:00:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Bongiovanni</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Discurso anticapitalista]]></category>
		<category><![CDATA[Globalización]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
		<category><![CDATA[Pobreza]]></category>

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		<description><![CDATA[Al papa Francisco no le gusta mucho el capitalismo y se le nota. Lo ha llamado “nueva tiranía” (Evangelii Gaudium) a la que hay combatir interviniendo y manejando la economía para ayudar a los más pobres. Prefiere la supremacía de la política (él es, en varios aspectos, un político; uno muy bueno) sobre la economía,... <a href="http://opinion.infobae.com/alejandro-bongiovanni/2015/10/13/los-milagros-que-el-papa-no-ve/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Al papa Francisco no le gusta mucho el capitalismo y se le nota. Lo ha llamado “nueva tiranía”<em> (</em><i>Evangelii Gaudium</i>) a la que hay combatir interviniendo y manejando la economía para ayudar a los más pobres. Prefiere la supremacía de la política (él es, en varios aspectos, un político; uno muy bueno) sobre la economía, dado que no considera a esta como una ciencia de la acción humana, sino más bien como una entelequia peligrosa a la que hay que domar como al mítico Behemot, antes de que destruya la creación. En este sentido, recientemente ha dicho: “La política debe servir a la persona humana y no puede ser esclava de la economía y de las finanzas” (discurso en el Capitolio). El problema, Francisco, es justamente el opuesto: cuando la economía y las finanzas son esclavas del poder político. Pero continuemos.</p>
<p>Para solaz de quienes quieren un papa populista (el término argentino es un “papa peronista”) y para jaqueca de varios creyentes y defensores del libremercado —que hacen esforzados malabarismos para acomodar a Francisco dentro de sus propios cánones—, el CEO de Dios ha expresado su opinión anticapitalista con indudable vehemencia en el discurso de Santa Cruz de la Sierra, solicitando que reflexionemos sobre la posibilidad de cambiar el sistema.</p>
<p>“¿Reconocemos que las cosas no andan bien en un mundo donde hay tantos campesinos sin tierra, tantas familias sin techo, tantos trabajadores sin derechos, tantas personas heridas en su dignidad?”, diagnosticó, para luego asignar culpas al dinero (“Poderoso caballero”, diría Quevedo). “Cuando el capital se convierte en ídolo y dirige las opciones de los seres humanos y la avidez por el dinero tutela todo el sistema socioeconómico, arruina la sociedad, condena al hombre, lo convierte en esclavo”.<span id="more-60"></span></p>
<p>Aquel discurso fue rematado con un párrafo que debería figurar en los diccionarios como impecable ejemplo de argumento <i>ad populum</i>: “Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos. Los invito a construir una alternativa humana a la globalización excluyente. No se achiquen”, cerró el Papa. <i>Standing ovation</i>, por supuesto.</p>
<p>Finalmente, sólo hace algunos días —y a pesar de que el mundo ve con optimismo que, por primera vez en la historia de la humanidad, la pobreza extrema será menos del 10 por ciento— Francisco declaró: “El hambre ha alcanzado dimensiones de un verdadero escándalo que amenaza la vida y la dignidad de muchas personas, hombres, mujeres, niños y ancianos”.</p>
<p><strong>Sin embargo, el mundo saca vertiginosamente gente de la pobreza y mejora las condiciones generales de vida, gracias al capitalismo y la globalización.</strong> ¿Todavía falta mucho por hacer? Por supuesto. Pero vamos muy bien encaminados. Allí donde hoy existe menos desarrollo económico y social, hay carencia y no abundancia de capital y globalización. El presente es mucho mejor que el pasado, y el futuro luce aún más prometedor. La foto es buena, pero la película es todavía mejor. Por lo que resulta muy curioso que el Papa esté mirando por el retrovisor y con ganas de girar en &#8220;u&#8221;.</p>
<p>¿Qué le pasa entonces a Francisco? Primera opción: el Papa sabe que el capitalismo es positivo para el desarrollo y nos está mintiendo. Segunda opción: el Papa padece de un marco de referencia demasiado estrecho que no le permite ver las bondades del capitalismo y lo lleva a asignarle culpas que este no tiene.</p>
<p>No tengo razones ni pruebas para creer que el Papa mienta, así que no voy a considerar seriamente esta opción. No obstante, sólo por un momento, voy a imaginar que yo soy el Papa (Dios no juega tanto a los dados como para permitir que esto sea posible) y que sí tengo incentivo para mentir. ¿Cuáles serían?</p>
<p>Si quien escribe estas —ahora heréticas— líneas fuera el indiscutible líder de una institución decimonónica, con pretensiones de ser eterna, que en el devenir de la historia se ha adaptado a todas las circunstancias posibles y cuya esencia social es la de sostener a los pobres y afligidos, acaso me preocuparía un poco el hecho de que cada vez haya menos pobres y afligidos. Sobre todo al enterarme de que esa reducción de la pobreza y ese aumento del bienestar no se deben a la noble virtud teologal de la caridad cristiana, sino simplemente a la búsqueda de un prosaico provecho propio, coordinado por un sistema impersonal que permite prosperar a quienes satisfacen demandas ajenas, al que llamamos abreviadamente “capitalismo”.</p>
<p>Si yo fuese entonces el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica Apostólica Romana, me daría comezón ver que estoy perdiendo <em>market share </em>en la “ayuda a los pobres y afligidos” a causa del abyecto capitalismo. Entonces, el humilde autor de este texto —momentáneamente devenido en papa—, acaso para preservar la motivación social de la institución (cambiarle la misión y visión a la Iglesia sería muy fatigoso), probablemente obviaría algunas estadísticas, escondería bajo la alfombra algunas verdades y de igual modo declararía que en el mundo está todo mal, y que la cosa probablemente se ponga peor.</p>
<p>El libro de revelaciones de San Juan sería un relato optimista al lado de lo que yo diría para convencer a la gente de la necesidad social de que prevalezca la Iglesia Católica, único factor para ayudar a los (bienaventurados) pobres. Los ricos, por su parte, recibirían mis constantes filípicas, y cuidaría bien de agrandar el camello y achicar el ojo la aguja, para que de ningún modo se las arreglasen para colarse en el Reino de los Cielos.</p>
<p>Menos mal que no soy papa.</p>
<p>Pero, volviendo, no tengo razones ni pruebas para suponer que el Papa piensa de este modo, así que voy a suponer que simplemente <b>padece de un marco tan estrecho que no le permite ver que estamos más cerca del paraíso que del apocalipsis</b>.</p>
<p>Gracias al capitalismo y la globalización (monstruo de dos cabezas para Francisco) el ser humano le está ganando la batalla a su condición natural de pobreza y vulnerabilidad. A partir de la revolución industrial y al acelerado proceso de globalización de las últimas décadas, se produjo más riqueza en un par de siglos que en los casi 1800 años anteriores. Y este crecimiento se acelera, beneficiando, sobre todo, a los sectores más rezagados. En los últimos cincuenta años salieron de la pobreza más de 3.500 millones de personas. El hambre que, como dijimos, será este año de tan sólo un dígito, era hace medio siglo del 37 por ciento. Cada vez se produce más alimento y a más bajo costo. Ha bajado muchísimo la mortalidad infantil, y aumentado la esperanza de vida. Se ha logrado domar o vencer a innumerables enfermedades. La mayor tasa de capital per cápita ha generado un mayor nivel de vida no sólo económico, sino también social y cultural.</p>
<p>La tecnología, que acelera a una velocidad sorprendente, barre a diario con lo que hace poco se consideraba límites. Las utopías tecnológicas de ayer son la realidad de hoy. La promesa del profeta Isaías<em> (</em>“Entonces se abrirán los ojos de los ciegos, y los oídos de los sordos se destaparán. El paralítico entonces saltará como un ciervo, y la lengua del mudo gritará de júbilo”) comienza a cumplirse, aun sin la intervención de un mesías. Hoy presenciamos cómo retinas biónicas devuelven la vista a ciegos e implantes cocleares permiten a los sordos volver a oír. Prótesis robot permiten que los paralíticos caminen y softwares avanzados devuelven la voz a los mudos. Y esto es sólo el principio.</p>
<p>La situación referida representa, en cierto sentido, un verdadero milagro de la humanidad y de<b> un sistema que no será perfecto (nada en el mundo lo es, ni siquiera el Papa o la Iglesia), pero que nos ha permitido crecer y multiplicarnos de una manera que era imposible en épocas precapitalistas</b>. Sería bueno que el Papa ensanche su marco de referencia y analice la situación de la humanidad desde entonces y hasta ahora. Es tan instintivo como equivocado suponer que si hay pobres es porque hay ricos, o pensar que nada bueno puede surgir de la ambición o el interés propio. Uno ya está cansado de repetir la cita de Smith sobre la benevolencia del carnicero, cervecero, panadero, pero acaso alguien debería arrimársela a Francisco. El Papa, habida cuenta del peso de su opinión, debería evitar estos y otros simplismos. El discurso anticapitalista, además de estar equivocado, fomenta el resentimiento, el nacionalismo exacerbado y el miedo de que se cumplan ingenuas profecías malthusianas.</p>
<p>Acaso Francisco necesite alternar sus visitas a pobres o políticos (me abstengo de hacer una correlación entre la proliferación de ambos grupos) con otras visitas, a empresas y emprendedores que producen y generan desarrollo económico (sólo movidos por su interés). O recorrer las firmas tecnológicas que, por ejemplo, están haciendo que los ciegos vean y los sordos escuchen. Tal vez, como el apóstol Tomás, el Papa necesite ver y tocar para creer, y convencerse de que, en definitiva, el capitalismo no es más que la humanidad haciéndose cargo de crear su propio milagro.</p>
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		<title>Mensaje a un joven argentino y chavista</title>
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		<pubDate>Sat, 22 Feb 2014 10:21:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Bongiovanni</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Pongamos, por caso, que te comiste el amague. Creíste en la cuestión esa del socialismo del siglo XXI. Okey, a cualquiera le puede pasar. Aplaudiste a Chávez cuando olfateaba el azufre. Te pareció lo más. Y claro, el tipo tenía su encanto. Era histriónico, carismático, y convengamos que a vos nunca te gustó Estados Unidos.... <a href="http://opinion.infobae.com/alejandro-bongiovanni/2014/02/22/mensaje-a-un-joven-argentino-y-chavista/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Pongamos, por caso, que te comiste el amague. Creíste en la cuestión esa del <strong>socialismo del siglo XXI</strong>. Okey, a cualquiera le puede pasar. Aplaudiste a <strong>Chávez</strong> cuando olfateaba el azufre. Te pareció lo más. Y claro, el tipo tenía su encanto. Era histriónico, carismático, y convengamos que a vos nunca te gustó <strong>Estados Unidos</strong>. Vale. Todo bien.</p>
<p>Hiciste un esfuerzo, no muy grande, en hacer desaparecer de tu saviola todo lo que aprendiste en la escuela sobre división de poderes, estado de derecho y principios republicanos. Tonterías sin sentido, pensaste, cuando estamos hablando de <strong>la revolución bolivariana que sacará a América del yugo yanqui.</strong> Vamos las bandas.</p>
<p>Más tarde, viste que en el país del petróleo escaseaba el morfi y hasta el papel higiénico, pero preferiste pensar que era una confabulación de empresarios malvados como <strong>Ebenezer Scrooge.</strong> Y, para qué decirlo, vos tampoco te tragaste nunca a los empresarios. Le diste para adelante.</p>
<p>Se te complicó un poco con el tema de la agresión y persecución a los periodistas. Te hizo un poquito de ruido. Vos tenías la sospecha de que la libertad de prensa era algo bastante bueno. Pero, qué remedio, te convenciste de que se trataba de medios desestabilizadores que querían derrocar al gobierno. A otra cosa. En definitiva, tu amor por el socialismo era más fuerte y Chávez sabía lo que hacía y de última nadie es perfecto y <strong>la construcción de la Patria Grande requiere algunos sacrificios</strong>. Vamos que vamos.</p>
<p>Lloraste, moqueaste y posteaste un montón de cosas cuando murió el Comandante y juraste viajar a poner flores en su tumba, como juraste alguna vez visitar Cuba, aunque en el fondo sospechás que cuando te sobren unos pesos para viajar, seguro vas a elegir destinos más turísticos.</p>
<p>Pero en estos días, se te complica el asunto. Porque ves que le dan palo y bala a civiles sin el mínimo reparo. Porque ves que matan a una joven impunemente. Te cuesta digerirlo. <strong>En Venezuela balean estudiantes, jóvenes como vos.</strong> Como vos, que ayer soñabas con el mayo francés y hoy tenés el balero lleno de preguntas. Pensás: ¿puedo realmente convencerme de que esas personas manifestándose son en realidad agentes del imperio yanqui? <strong>¿Me voy a poner del lado de la policía, del lado de las balas?</strong> ¿Voy a cruzar este nuevo límite?</p>
<p>Vos sabés la respuesta. Claro que lo vas a hacer. <strong>Vas a tragarte el sapo de nuevo.</strong> Vas a empujar tus instintos, que te dicen que eso está mal, bien al fondo del placard. ¿Por qué? Porque no podés dar un paso atrás. Ni ahora, ni nunca. Porque hacerlo sería reconocer que fuiste un idiota todo este tiempo. Y la Patria será Grande, pero tu ego es mucho más grande. Y el progre es el que más minitas gana en la facu. Y hay que ver lo que te costó aprenderte párrafos de <strong><em>Las venas abiertas de América Latina</em></strong>. Y jugar a la revolución desde un smartphone sigue siendo súper divertido. ¡Y mirá si admitís que te equivocaste en algo y mañana -quién te dice- no tengas que reconocer que te equivocás en otra cosa!</p>
<p>No, no. Total qué te importa si, en última instancia, Venezuela queda re lejos.</p>
<p>Bancá los trapos. Creá uno, cien, mil Vietnam. <strong>Patria, socialismo o muerte.</strong> Dale para adelante. Hoy te toca ser justificar a la policía que dispara a civiles pacíficos. Divertirte. Que te apetezca.</p>
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		<title>En retirada</title>
		<link>http://opinion.infobae.com/alejandro-bongiovanni/2014/01/31/en-retirada/</link>
		<comments>http://opinion.infobae.com/alejandro-bongiovanni/2014/01/31/en-retirada/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 31 Jan 2014 15:39:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Bongiovanni</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El Gobierno perdió y lo sabe.</strong> Las prolongadas ausencias de la Presidenta durante la crisis económica más severa del kirchnerismo no responden a los designios del azar ni a los avatares de su salud. <strong>Cristina Fernández</strong> ha elegido la intermitencia. No adherirá su imagen a devaluaciones y ajustes, presentes y futuros. Aparecerá en foros menos numerosos y entusiastas que antaño, donde soltará letanías poco creativas de los demonios culpables de que al Gobierno las cuentas no le cierren. Luego, volverá a la paz bucólica de<strong> El Calafate</strong> y dejará que el <strong>tándem Capitanich-Kicillof</strong> explique con argumentos rancios, la enredada situación económica.</p>
<p>El Jefe de Gabinete y el Ministro de Economía fueron, durante las primeras dos semanas de su gestión, un haz de esperanza para la continuidad del kirchnerismo. Por un momento se pensó que la impronta moderada y dialoguista de Capitanich lograría generar un mini-shock de “confianza”, bien que escasea más que el dólar. Lo cierto es que no fue así. <strong>El esmalte de poder que pretendía tener el chaqueño, pronto comenzó a descascararse</strong>, gracias a las contradicciones en las que se vio empujado a incurrir, y también por la ingenua decisión de dar una conferencia de prensa diaria cuando no se tiene demasiado qué decir. La <strong>huelga policial</strong> más grande de la historia argentina dejó en evidencia que Capitanich –como Kicillof– sólo tienen jirones de poder. Actualmente, el dueto ejecutivo ha perdido el respeto de gran parte de la sociedad política. Sus intentos por controlar todos los precios resultarían cómicos si no fueran los síntomas de un problema muy serio. Controlar los precios es como arrear gatos; cuando uno se endereza, otros diez se disparan. Poco podrán hacer Capitanich y Kicillof en este sentido. Y de no mediar un recorte del gasto público y/o una pérdida del valor adquisitivo, deberán ponerle la cara a nuevas devaluaciones.</p>
<p><span id="more-48"></span>La crisis económica nos encuentra en un escenario no exento de problemas sociales. Los saqueos y las huelgas pasadas son el prolegómeno de lo que puede ocurrir si el efecto pobreza se vuelve aún más crítico. No es casual que el Gobierno haya decidido mostrar a <strong>centenares de gendarmes</strong> para sofocar una no tan numerosa manifestación que reclamaba aumento de planes sociales. El oficialismo tomó nota de que transita una cornisa y de que la hipótesis de conflicto es verosímil.</p>
<p>La política, mientras tanto, se mueve con cautela. <strong>El abanico opositor sabe que el kirchnerismo ha perdido completamente las chances de continuar luego de 2015.</strong> Los dirigentes se reúnen, pero sin profundizar demasiado acuerdos ni políticas. Falta un largo año y medio. Los opositores saben que el oficialismo está políticamente perdido y lentamente comienzan la batalla por diferenciarse entre ellos y tomar el gobierno el año que viene.</p>
<p>Por su parte, los referentes kirchneristas son los más desorientados, ya que no todos lograrán despegarse, después de tantos años de apoyar ciegamente al modelo. <strong>La posibilidad de una renuncia de Cristina Fernández es –afortunadamente– poco probable, aunque en este país las predicciones sean prácticamente imposibles.</strong></p>
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		<title>El caos y la política</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Dec 2013 11:15:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Bongiovanni</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Cualquier análisis político resulta parcializado cuando se exteriorizan circunstancias como las actuales. Los acuartelamientos policiales, seguidos de inmediatos saqueos, la viralización en varias provincias del método que germinó en Córdoba, el estado de indefensión ciudadana, la anomia social, son elementos que mal pueden analizarse de manera total y unívoca. <strong>Las respuestas pretendidamente simples y sintetizadoras no explican lo que sucede.</strong> La <strong>teoría conspirativa</strong> de una inteligencia ordenadora tras los desmanes policiales y delictivos no parece verosímil. Tampoco cabe sentarse sobre la simple teoría de que <strong>se debe todo a una mera ecuación económica.</strong> Aún no hemos entrado –ojalá no lo hagamos– en una crisis económica similar a la de 2001, y sin embargo presenciamos hechos que parecen haber salido de su archivo.</p>
<p><strong>Argentina padece una fractura social profunda, producida quizás por una combustión de elementos que vimos crecer durante décadas:</strong> la trampa y la excepción en desmedro del respeto a la ley; la pretensión de igualar hacia abajo en lugar de la meritocracia; el cortoplacismo en lugar de la fe en el futuro; el toleramiento y legitimación de la violencia pequeña y cotidiana, que fue la punta de lanza para la violencia grande. El análisis pormenorizado de los elementos que provocaron la crisis de diciembre excede a éstos párrafos. La pregunta que cabe contestar aquí es <strong>cómo se ha movido o no la política durante el conflicto y que resultados –políticos– han obtenido los diferentes actores</strong>.</p>
<p>La primera conclusión es que el caos social generó un desgaste importante en la figura del flamante Jefe de Gabinete, <strong>Jorge Capitanich.</strong> El nuevo aire para el kirchnerismo que trajo aparejado el cambio de discurso y de gabinete, a partir del 18 de noviembre, parece haberse enrarecido a partir no sólo de los conflictos en sí mismos, sino de algunos movimientos desafortunados, como el haber negado el envío oportuno de gendarmes y el insistir en la teoría etérea de una mano negra tras los desmanes. Tampoco se ayuda a sí mismo Capitanich exponiéndose diariamente a los micrófonos. En la más de las oportunidades, al no tener nada concreto que decir, ha terminado empantanado en su propia madeja conceptual.</p>
<p>La línea oficial nos lleva, por supuesto, a analizar la presencia y ponencia de la Presidenta. Se habló mucho sobre si debía o no hacerse el acto por los 30 años de democracia, dada la gravedad de la situación. Consideramos que realizarlo tenía sentido, no sólo por la efeméride, sino porque era justamente una oportunidad para paliar la situación. Ahora bien, lo que debería haber sucedido es que <strong>la Presidenta, en lugar de festejar, diera un discurso serio y consciente sobre lo que pasaba,</strong> refiriéndose a los muertos, a sus familias; conminando a los policías de todas las provincias a volver a sus funciones; poniéndose a disposición de los gobernadores, tranquilizando a la población. Creo que hubiera funcionado como un aliciente social. Como explica Freud en “Psicología de las masas”, es necesario cierto grado de identificación con el líder social –en este caso político–. No obstante <strong>Cristina Fernández,</strong> en lo que consideramos un desacierto político, <strong>soslayó el tema, no logrando que los ciudadanos preocupados por la situación se identifiquen con ella.</strong> El resultado fue una imagen deslucida, donde la Presidenta pareció indiferente a la sociedad, y recíprocamente la sociedad pareció indiferente a la propuesta del gobierno para celebrar la fecha. Gestos quizás. Pero de gestos está hecha la política, sobre todo la argentina.</p>
<p>La oposición también hizo algunos gestos (y no mucho más). <strong>Sergio Massa,</strong> quien nunca pudo disfrutar en toda dimensión de su triunfo, dada la licuación del resultado electoral a través de varios acontecimientos –fallo sobre ley de medios, cambio gabinete y saqueos– se puso declarativamente a disposición del gobierno nacional y provincial. <strong>Daniel Scioli,</strong> preocupado y ocupado por contener lo que pudiera ocurrir en territorio bonaerense, dejó de lado la campaña presidencial –que debía lanzar por éstos días– para evitar una crisis provincial. Hasta ahora, ha logrado tener éxito. <strong>Hermes Binner y Julio Cobos</strong> tuvieron reuniones en las que pidieron reactivar el proyecto de “<strong>Acuerdo de Seguridad Democrática</strong>” que data de 2009. <strong>Mauricio Macri,</strong> con alguna ventaja sobre el tema, dado que los buenos sueldos de la <strong>Policía Metropolitana</strong> están atados a los del Poder Judicial, se permitió exhortar a la Presidenta a que le hable a la sociedad, y aclaró que no justifica ningún tipo de saqueo por cuestiones sociales. Por su parte, <strong>Elisa Carrió,</strong> quien se autoposiciona como una especie de Cassandra (a quien Apolo le dio el don de la profecía y la maldición de que nadie le creería jamás), dijo que la situación es el producto de una lucha intestina del <strong>Partido Justicialista</strong> que ella viene denunciando.</p>
<p>¿Quiénes empeorarán políticamente a causa de este desagradable escenario? ¿Alguien capitalizará políticamente lo acaecido? Todavía es prematuro analizarlo. Luego de los cambios de gabinete y de discurso, el nivel de aprobación de Cristina Fernández había trepado al 42% a nivel nacional, luego de un 33% en septiembre. La desaprobación, había caído del 57% al 47%, según <strong>Management &amp; Fit.</strong> Los cambios de gabinete y algunos gestos de moderación y seguridad jurídica, habían sido bien acogidos por la sociedad y los mercados. Pero de nuevo, la situación Argentina se agita y hay que esperar que todo se estabilice un poco, para poder analizar con mayor precisión.</p>
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		<title>Política y Justicia</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Nov 2013 11:15:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Bongiovanni</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La noticia de la semana no fue la categórica victoria de<strong> Sergio Massa</strong> en el distrito electoral más importante del país. Tampoco fue la mejoría, respecto de las <strong>PASO</strong>, de los guarismos del oficialismo, que logró sostener a nivel nacional un para nada desdeñable 33%, a pesar de -o gracias a- la ausencia en la campaña de<strong> Cristina Fernández</strong>, por su estado de salud. Ni el relanzamiento formal de la candidatura presidencial de <strong>Mauricio Macri</strong>, ni los contundentes triunfos de <strong>Hermes Binner y Julio Cobos</strong> en sus sendas provincias fueron tampoco lo más destacado de la semana post-electoral. En lugar de permitirnos rumiar con tranquilidad el nuevo mapa político que se abre hacia el 2015, <strong>la vertiginosa realidad argentina nos enfrentó a un nuevo hecho de magnitudes institucionales y políticas.</strong></p>
<p>A horas de haber concurrido a las urnas,<strong> la Corte Suprema de Justicia de la Nación declaró la constitucionalidad íntegra de la ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual</strong>, sancionada en 2009 y cuestionada fuertemente desde entonces por el <strong>Grupo Clarín</strong>, destinatario real y preciso de la ley. Por cuatro votos (<strong>Lorenzetti, Zaffaroni, Petracchi y Highton de Nolasco</strong>) contra tres (<strong>Argibay, Maqueda y Fayt</strong>), se consideraron constitucionales los artículos de la ley referentes a la protección del derecho de propiedad de <strong>Clarín</strong>. <strong>Fayt</strong> votó en disenso sosteniendo, además, que la totalidad de la ley es inconstitucional. En su voto, dice que &#8220;una restricción que afecte económicamente a la empresa periodística es una afectación a la libertad de expresión&#8221;.</p>
<p><span id="more-39"></span>Enseguida,<strong> los más acérrimos oficialistas que ayer denostaban a la Corte porque era el único poder “no elegido directamente por el pueblo” y porque amenazaba con sus “fierros judiciales”, salieron a vitorear la medida</strong>. Desde la otra vereda, defensores de esta Corte, que loaron el revés de la pretendida ley de “<strong>Reforma de la Justicia”</strong>, comenzaron a criticar a los magistrados, concentrados en la figura de Lorenzetti.</p>
<p>La diputada <strong>Carrió</strong> revitalizó la fuerte denuncia que con antelación había hecho sobre un supuesto<strong> pacto entre el presidente de la Corte y la presidenta,</strong> en el que la moneda de cambio era la constitucionalidad de la ley de medios. La aprobación del nuevo <strong>Código Civil</strong> –redactado por el propio Lorenzetti–, la posibilidad de seguir manteniendo <strong>la caja del Poder Judicial,</strong> o la lisa y llana intimidación por parte de la <strong>AFIP</strong>, son los elementos que, separados o juntos, explican, según <strong>Elisa Carrió</strong>, el porqué de la decisión del presidente del máximo tribunal. <span style="font-size: 13px; line-height: 19px;">Sin avalar -ni descartar- las teorías más extremas, cabe resaltar sin embargo que la oportunidad del fallo fue, cuanto menos, curiosa. El Poder Judicial es un poder del Estado. Y hace muchos años, la noción de Estado y de Gobierno se confunden en una misma cosa. No sorprendería, pues, la existencia de un puente entre la política y la más alta cumbre de la Justicia.</span></p>
<p><strong> Un botón muestra que la Justicia también actúa siguiendo la política</strong>. El juzgado a cargo de la causa de <strong>Boudou</strong> estaba preparado para dictar sobreseimiento y declarar su inocencia cuando aconteció la masiva marcha del<strong> 8-N</strong>, en la que se reclamó atacar la corrupción. En ese contexto, decidieron invertir la medida, habida cuenta de las consecuencias que aparejaría. A partir de allí, la Justicia ha sido más rigurosa con quien hoy ejerce la presidencia.</p>
<p><strong> ¿Qué consecuencias jurídicas traerá el fallo?</strong> Creo que más allá del deseo del oficialismo, que está ansioso por ver los colores de señal de ajuste en <strong>TN</strong>, esto no será así en el corto plazo. La aplicación de la ley generará nuevos reparos, que a su vez generarán más dilación en los plazos. Paradójicamente, si el gobierno hubiera hecho bien su tarea durante estos cuatro años, dotando al <strong>AFSCA</strong> de una independencia que no tiene y haciendo cumplir la ley al resto de los grupos mediáticos, hoy le sería muy fácil obligar a <strong>Clarín</strong> a adecuarse. Como no lo ha hecho y la ley es en general, ficticia, la aplicación abrirá nuevos y diminutos frentes jurídicos de batalla.</p>
<p>Mientras tanto, la pregunta es qué piensa hacer la política. <strong>Massa</strong>, el protagonista postergado por este asunto, <strong>ha dicho que hay que cumplir la ley,</strong> pero advirtió sobre el mucho cuidado que tiene que tener el gobierno a la hora de aplicarla. <strong>Binner</strong> <strong>se expresó en un sentido similar</strong>. Por su parte, <strong>desde el PRO de Macri, plantearon la suspensión de la ley, dado que no están dadas las condiciones que la misma Corte recomienda en su fallo. ¿Cabe una reforma futura de la Ley de Medios en el nuevo Congreso?</strong> Muy difícil, aunque todavía es muy prematuro analizar esta posibilidad y dependerá -de nuevo- de cómo la aplique el gobierno. Cuanto más sensata, igualitaria y racional sea la aplicación, menos argumentos dará a Clarín y a la oposición para ponerse en contra. Pero si, como acostumbra, el oficialismo “va por todo”, es posible que nuevos obstáculos se alcen en su camino.</p>
<p>Luego de una década vertiginosa, donde cada semana se impuso un tema a “todo o nada”, <strong>los ciudadanos parecen elegir moderación de cara al futuro</strong>. Los ganadores de la última elección tienen este perfil. <strong>Que las acciones de las empresas locales hayan subido luego de la derrota del kirchnerismo, y el dólar blue haya bajado, es un dato que muestra el optimismo que trajo aparejado el cambio de timón.</strong> Asimismo, <strong>estas variables se invirtieron -cayeron acciones, subió el blue- luego del fallo de la Corte.</strong> Las empresas y los ahorristas entendieron que afectaba la previsibilidad y los derechos de propiedad. El mensaje de la sociedad puede interpretarse como una preferencia hacia la moderación y la estabilidad.</p>
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		<title>Cambio de órbita</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Oct 2013 11:16:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Bongiovanni</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Luego de muchos años de ser el único centro en torno al cual orbitaban todos los actores políticos –propios y ajenos– Cristina Fernández ha ido perdiendo la exclusividad de los reflectores. La agenda que el oficialismo impulsaba a su antojo, logrando instalar temas, profundos o superficiales, sobre los cuales discurría la atención de los medios, de la ciudadanía y hasta... <a href="http://opinion.infobae.com/alejandro-bongiovanni/2013/10/08/cambio-de-orbita/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Luego de muchos años de ser el único centro en torno al cual orbitaban todos los actores políticos –propios y ajenos– <strong>Cristina Fernández ha ido perdiendo la exclusividad de los reflectores</strong>. La agenda que el oficialismo impulsaba a su antojo, logrando instalar temas, profundos o superficiales, sobre los cuales discurría la atención de los medios, de la ciudadanía y hasta de los referentes de la oposición, está siendo tironeada por otros núcleos políticos.</p>
<p><strong>La nueva estrella del firmamento político es Sergio Massa</strong>, actual intendente de <strong>Tigre</strong> y candidato a diputado nacional. Hacia el tigrense se dirigen en procesión varios dirigentes peronistas, en busca de asegurarse la continuidad en sus cargos, presupuestos y estructuras. Otros, lo miran con deseo pero especulan antes de dar el paso, dada su dependencia al gobierno nacional o –como es el caso de varios intendentes bonaerenses– de la necesidad de mantenerse en buenas relaciones tanto con Cristina como con <strong>Scioli</strong>, a quienes la necesidad política les hizo olvidar batallas de un pasado reciente.</p>
<p><span id="more-33"></span>El fenómeno Massa es curioso. Si el ex jefe de gabinete kirchnerista ha logrado construir una mayoría bajo su <strong>Frente</strong> <strong>Renovador</strong>, o si una mayoría lo ha construido a él, en pos de manifestar su rechazo al gobierno, es una cuestión que se develará en los veinticuatro meses posteriores a octubre. <strong>¿Correrá Massa con el albur de Francisco de Narváez, votado para golpear al kirchnerismo y relegado posteriormente?</strong> ¿O se trata de un dirigente que logrará aunar bajo su ala a peronistas, disidentes y kirchneristas “arrepentidos”? Es sabido que el peronismo busca permanentemente regenerarse. Del menemismo al duhaldismo, del duhaldismo al kirchnerismo. <strong>¿El 2015 comenzará el año del massismo?</strong> Todavía falta una eternidad.</p>
<p>Por lo pronto, el tigrense se da el lujo de hacer esperar a dirigentes de todas mentas y empresarios que quieren aportar para su campaña. También recibe otro tipo de atenciones. El robo que sufriera antes de las <strong>PASO</strong> no fue un episodio aislado, como tampoco lo fue el ataque que recibió su caravana en <strong>La Matanza</strong>. Sin embargo, hasta en estos casos, Massa ha sabido buscar el rédito político. Despegando completamente al intendente matancero –el kirchnerista <strong>Fernando Espinoza</strong>– M<strong>assa le hizo un guiño para una futura “conversión”</strong>. Massa recluta pensando en el futuro.</p>
<p>Los números le son más que amigables. Podría sacar el 41% de los votos el 27 de octubre, contra el 30% de <strong>Martín Insaurralde</strong>. A diferencia de 2009, cuando fue candidato testimonial dentro del kirchnerismo, esta vez Massa asumirá concretamente su banca de diputado. Desde allí se le presentará el desafío de construir el consenso necesario para 2015.</p>
<p>En la vereda opuesta, Cristina Fernández, se haya estratégicamente desentendida de la campaña, luego de las <strong>PASO</strong>. Ha dejado a Insaurralde –quien coqueteó con la idea de bajarse y volver a <strong>Lomas de Zamora</strong>, un terreno mucho más hóspito– librado a su suerte y a la ayuda que<strong> Daniel Scioli </strong>quiera brindarle. La presidenta se ha distanciado no sólo de los avatares electorales, sino aparentemente de la realidad política, económica e internacional.</p>
<p>Acaso más ensimismada que de costumbre, se dedica a ilustrar a la sociedad sobre la vida y obra de ella –y del ubicuo Néstor–, en una pintoresca “entrevista” con un periodista de chimentos. Al mismo tiempo, pide enardecida que la oposición no “desfinancie al estado” y apruebe <strong>un presupuesto de ciencia ficción</strong>, que tiene entre otros dislates, <strong>una inflación del 10,6% anual, una suba del gasto público del 15,6% y un crecimiento del PBI del 6,2%</strong>. La lección que pretendió impartirle al mundo en el <strong>Consejo de Seguridad de la ONU</strong>, queda para otro capítulo.</p>
<p>Más acá queda la absurda prórroga de un <strong>blanqueo fracasado</strong>, que juntó poco más de U$S 340 millones, cuando la expectativa eran 4.000. Hace un par de días, este tema logró generar una fuerte pelea entre <strong>Guillermo Moreno y Echegaray</strong>. El inefable secretario de <strong>Comercio Interior</strong>, impulsor de la paupérrima medida, logró extenderla, contra los deseos del titular de <strong>AFIP</strong>, que había reconocido la esterilidad del blanqueo. El gobierno pretende abstraerse del proceso de cambio que se entroniza a su alrededor.</p>
<p>Este proceso no debería ser lo traumático que<strong> Elisa Carrió</strong> mencionó en su visita a <strong>Rosario</strong>. Pero tampoco debe ser algo de fácil asimilación luego de una década en el gobierno. El ex candidato a la presidencia, <strong>Ricardo López Murphy</strong> –quien también anduvo por nuestra ciudad– dejó una alerta interesante. La gente está esperanzada de que luego de las elecciones las cosas van a cambiar de inmediato. Este optimismo –que también se ve reflejado en la última encuesta de <strong>Poliarquía</strong>– puede frustrarse rápidamente en estos dos años en los que, más allá de la política, la economía no mostrará su mejor cara. A tener en cuenta este elemento.</p>
<p>Por el lado de nuestra provincia, dos noticias importantes sacudieron el escenario político. La primera es la reaparición del ex gobernador <strong>Carlos Reutemann</strong>, quien se mostró en un encumbrado asado justamente con Sergio Massa y con los referentes de la<strong> Mesa de Enlace</strong>. &#8220;Lo que quieras, me decís y lo hacemos&#8221;, le habría dicho Reutemann al tigrense. Algunos sueñan con una fórmula conjunta. Pero, como se ha dicho, para el 2015 faltan siglos.</p>
<p>La otra noticia, de cariz político e institucional, es que luego de las elecciones, el gobierno provincial propiciará un diálogo con el resto de los espacios políticos para avanzar en un borrador de puntos, en aras de modificar la <strong>Constitución Provincial</strong>. Cuestiones como autonomía municipal,<strong> Consejo de la Magistratura,</strong> <strong>estatizaciones</strong> de <strong>EPE </strong>y <strong>Aguas Provinciales</strong> y –por supuesto– la reelección del gobernador (hoy  prohibida por el art. 64) prometen un debate polémico.</p>
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		<title>A los artistas</title>
		<link>http://opinion.infobae.com/alejandro-bongiovanni/2013/07/20/a-los-artistas/</link>
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		<pubDate>Sat, 20 Jul 2013 11:05:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Bongiovanni</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Al comenzar estas líneas –que, adelanto, intentarán persuadirlos de alejarse de la fragua del poder político y desdeñar sus favores económicos– me gustaría declarar que para quien aquí escribe, el arte es lo más importante y bello que tiene la vida. Los argumentos contra el financiamiento público de los artistas no serán aquí esgrimidos por parte de un... <a href="http://opinion.infobae.com/alejandro-bongiovanni/2013/07/20/a-los-artistas/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Al comenzar estas líneas –que, adelanto, intentarán persuadirlos de alejarse de la fragua del poder político y desdeñar sus favores económicos– me gustaría declarar que para quien aquí escribe, <strong>el arte es lo más importante y bello que tiene la vida</strong>. Los <strong>argumentos contra el</strong> <strong>financiamiento público de los artistas</strong> no serán aquí esgrimidos por parte de un tecnócrata desprovisto de sentido artístico, sino de una persona a la que conmueve más un apretado pasaje de piano, un texto seco y devastador, o el diálogo memorable de una buena película, que cualquier situación perteneciente a ese conjunto de sucesos inconexos y caóticos al que ingenuamente denominamos “realidad” –y que a entender de <strong>Wilde</strong>, es una mala copia del arte–.</p>
<p>La gratificación de disfrutar el arte y de vivirlo como una experiencia constante es para mí más grandiosa aún que la satisfacción que emerge de las relaciones humanas. Mientras escribo este texto, desde mis paredes me ven <strong>Hemingway</strong> y <strong>García</strong> <strong>Márquez</strong>, <strong>Édith</strong> <strong>Piaf</strong> y <strong>Groucho</strong>, <strong>María Callas</strong> y <strong>Louis</strong> <strong>Armstrong</strong>, <strong>Poe</strong> y <strong>Borges</strong>, <strong>Raymond</strong> <strong>Carver</strong> y <strong>Leonard</strong> <strong>Cohen</strong>, <strong>Troilo</strong> y <strong>Cortázar</strong>.</p>
<p><span id="more-22"></span>A todos ellos –como a muchísimos otros consagrados y anónimos artistas– les debo enormes cantidades de verdadero goce intelectual. El arte es disfrute y elevación espiritual. <strong>El arte, como la paternidad, también brinda una</strong> <strong>ilusión de inmortalidad</strong>. Abreva en toda la paleta emocional de los seres humanos y la utiliza para parir algo: el grito desgarrador de una novia japonesa, la sonrisa misteriosa de la esposa de un comerciante, el réquiem ferviente de un bandoneón, la oda universal a la dicha o las vicisitudes de un hombre que se encuentra consigo mismo. Si la vida tiene algún significado –lamento sospechar que no lo tiene– el arte seguro que lo roza. Por esto,<strong> soy un agradecido al arte y a los artistas que consiguen elevarnos, aunque sea por un rato, de la tristeza de sabernos finitos.</strong></p>
<p>Dicho esto, <strong>me causa mucho displacer cuando veo a muchos artistas arrimarse al fuego del gobierno</strong>, en aras de lograr un <strong>vulgar</strong> <strong>rédito económico</strong>. Como liberal que soy, no avalo a los empresarios (“empresaurios”, como los llama <strong>Benegas Lynch</strong>) que buscan mercados cautivos a través de la imposición estatal. Como amante del arte, creo que esta actividad es aún más despreciable cuando es realizada por artistas. La búsqueda del lucro no tiene nada de malo si no se utiliza la fuerza o el fraude. Cuando la herramienta es el poder gubernamental a través de subsidios o leyes anticompetitivas, la situación se vuelve perversa. Y cuando los solicitantes del favor político son los artistas, se vuelve lamentable y triste.</p>
<p>¿Y es que los artistas no debemos ganar dinero?, podrán replicar. Yo creo que, en primer lugar, no es una condición indispensable. Sobran ejemplos de eximios artistas que ganaban el sustento trabajando de otra cosa, como aquellos que ni siquiera tenían lo mínimo para subsistir y eso no los detuvo en su excelente creación artística –basta pensar en <strong>Dostoievsky</strong> trabajando en frenética soledad y desamparo–.</p>
<p>Por otro lado, <strong>creo que el dinero que los artistas ganen debe ser el que las personas estén dispuestas a pagar por ellos</strong>. Así de simple. Vaya una salvedad importante: el fracaso o éxito económico de determinada creación artística no juzga sobre su valor intrínseco. Las reglas de mercado –las más justas que la sociedad ha desarrollado– no tienen relación con la mayor o menor valía artística de determinada obra.</p>
<p>Pero sirven para determinar si un artista es o no votado por los consumidores. Lo que merece el artista en dinero depende de su capacidad para satisfacer consumidores. Lo que merece el artista en estima es otra cosa. <strong>La historia generalmente es quien mejor juzga a los artistas. Muchos artistas despreciados por el público masivo han sido reivindicados más adelante.</strong></p>
<p>Por este motivo, <strong>creo que un artista debe preocuparse por su obra y no por sus recursos económicos</strong>. Debe estar permanentemente insatisfecho consigo mismo, en lugar de un soberbio que se considere genial e incomprendido por el público, y que consecuentemente pida que el Estado le otorgue a la fuerza lo que la gente no quiso darle voluntariamente.</p>
<p>Por eso exhorto a los artistas a pensar en el arte y no en lo que van a ganar con el arte. ¿A quién no le gustaría vivir de actuar, cantar o dibujar? Es como preguntar quién no desearía vivir de jugar al fútbol. Pero en el arte, como en el fútbol, sólo algunos sirven para satisfacer al público y otros –la gran mayoría– no lo logra. Imaginen a jugadores regulares o mediocres pidiendo subsidios para vivir del fútbol. Sería ridículo. Lo mismo sucede con los artistas. <strong>Si son buenos, ahí tienen el mercado</strong>: finánciense a través de satisfacer al público. Si no logran hacerlo, ¿por qué deberíamos entonces subsidiar a la fuerza algo que la gente no elige?</p>
<p>Sin embargo,<strong> no considero que el “gran público” deba ser el objetivo de los artistas, sino todo lo contrario</strong>. Creo que los artistas que buscan réditos seduciendo al mercado de consumo –o que quieren lograr del Estado recursos análogos– son aquellos que muchas veces usan el arte para financiar una vida en alta definición, donde el <em>status</em> de artista es más importante que la obra artística. <strong>Los artistas con vocación son los que revientan su alma contra un lienzo o la decantan en palabras precisas, los que saben que el éxito o el fracaso económico no tiene demasiado valor.</strong> Y que saben que las mieles del bienestar económico no tienen nada que ver con la realización como artista.</p>
<p><strong>Charles Bukowski </strong>se mofa del confort de los falsos artistas, cuando en “<strong>Aire, luz, tiempo y espacio</strong>” dice: “nene, si vas a crear vas a crear trabajando 16 horas por día en una mina de carbón o vas a crear en una piecita con tres chicos mientras estás desocupado, vas a crear aunque te falte parte de tu mente y de tu cuerpo, vas a crear ciego, mutilado, loco, vas a crear con un gato trepando por tu espalda mientras la ciudad entera tiembla en terremotos, bombardeos, inundaciones y fuego”.</p>
<p>El artista debe sacudirse el confort, debe –siempre– dudar del poder político, nunca estar satisfecho y sufrir por el verso que no pudo escribir o el acorde imperfecto. <strong>Convertirse en placiente cortesano de un gobierno es el fracaso de un artista.</strong></p>
<p>Por último, quiero soltar un párrafo sobre el flojo argumento de<strong> “fomentar el arte nacional”</strong>. Muchachos, no existe tal cosa como el arte o la cultura nacional. Si hay algo libre, sin ataduras en el planeta, es el arte. <strong>Borges es del mundo entero, como son Cole Porter, Compay Segundo o Vargas Llosa</strong>. El arte se nutre de elementos culturales que no se pueden enjaular en una frontera política. El arte es lo más cosmopolita que existe. <strong>Usar la excusa nacionalista para financiar a un grupo de artistas amigos del poder es repulsivo y atenta contra el arte</strong>. Pretender –como se propone actualmente– <strong>silenciar la voz de Jerry Seinfeld o de Robert De Niro para que un locutor o actor nacional tenga trabajo, resulta ridículo y triste</strong>. Un empresario que vive a costillas del Estado bajo la bandera de “proteger la industria local” no es un empresario sino un prebendario apéndice del gobierno. Un artista que hace lo propio reniega de su calidad de tal y se vuelve un cortesano.</p>
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		<title>Seis ideas que matan</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Jun 2013 06:07:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Bongiovanni</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[asistencialismo]]></category>
		<category><![CDATA[garantismo]]></category>
		<category><![CDATA[registro de violadores]]></category>

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		<description><![CDATA[Niñas secuestradas y arrojadas en agujeros recónditos del país o de la frontera, separadas para siempre de su familia y condenadas a un vejamen diario por una multitud de desconocidos. Mujeres violadas, exprimidas, estranguladas, que luego son desechadas en tachos de basura o zanjones. Niños muertos por conductores alcoholizados. Hombres fusilados frente a su casa y su familia. Ancianos golpeados hasta la muerte por la impertinencia... <a href="http://opinion.infobae.com/alejandro-bongiovanni/2013/06/25/seis-ideas-que-matan/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Niñas secuestradas y arrojadas en agujeros recónditos del país o de la frontera, separadas para siempre de su familia y condenadas a un vejamen diario por una multitud de desconocidos. Mujeres violadas, exprimidas, estranguladas, que luego son desechadas en tachos de basura o zanjones. Niños muertos por conductores alcoholizados. Hombres fusilados frente a su casa y su familia. Ancianos golpeados hasta la muerte por la impertinencia de adolescentes que buscan financiar la droga del día. <strong>Vidas que se le escurren al país: anónimas y efímeras, como efímera es la atención que les prestamos</strong>. Noticias de hoy que serán tapadas con las noticias de mañana. También es efímera la pena de los pocos culpables que son condenados por estos crímenes.</p>
<p>En la Argentina donde <strong>todo el tiempo se celebran los derechos humanos</strong>,<strong> </strong><strong>el acto más aberrante contra, justamente, el género humano –asesinar a un inocente– no tiene grandes consecuencias.</strong> Esto se explica desde distintos puntos de vista.</p>
<p>En primer lugar, hemos perdido totalmente una estructura moral mínima que sostenga a la sociedad. <strong>El respeto a la vida del otro ha dejado de ser un valor de aceptación mayoritaria</strong>, en parte porque las otrora instituciones que difundían valores –aún con sus defectos– ya prácticamente no tienen peso en este sentido.</p>
<p><strong>Me refiero a las familias, las escuelas, las iglesias, las organizaciones civiles y hasta los partidos políticos.</strong> La otra arista de la tenaza es el <em>enforcement</em> legal. <strong>El delincuente sabe que el costo del delito es muy bajo</strong>: las posibilidades de ser atrapado + condenado + obligado a cumplir condena efectiva, son pocas. Esto aumenta el incentivo a delinquir en quienes tienen poca estatura moral.</p>
<p>Pretendo resumir algunas ideas erróneas –producto de un falso “garantismo”– que permiten que el delito se reproduzca y permanezca impune, habida cuenta de que los ciudadanos tenemos mucho para decir y hacer en este sentido y que, a diferencia de lo que se piensa a veces, las cosas sí se pueden cambiar para mejor.</p>
<p><strong>1) Debemos elegir entre garantías penales o delincuencia</strong></p>
<p>Dicotomía antojadiza y falsa. <strong>Nos obligan a elegir entre la anarquía o la dictadura</strong>. No es así. Los muchos y muy buenos principios penales (no hay delito ni pena sin ley previa anterior al hecho, ley penal más benigna, principio de <em>“non bis in ídem</em>”, principio de proporcionalidad, principio de culpabilidad, presunción de la inocencia, juez natural, por nombrar sólo algunos) aseguran la defensa del acusado. Pero no obstan a que una vez verificado el delito –es decir, la acción típica, antijurídica y culpable, respecto de la cual la ley prevé una pena– al autor se le asigne una condena verdaderamente proporcional al daño cometido y de cumplimiento efectivo. Sin embargo, el “garantismo” quiere oficiar de asistente social y adecuarse a la “realidad” del culpable, dado que lo considera también una “víctima”, generada por la sociedad. La culpa es del medio que crea al asesino o al violador –nos dicen– y el objetivo es “reeducarlo”, para reinsertarlo en la sociedad. Por eso se rasgan las vestiduras cuando la gente habla de “registro de violadores” o penas más duras para reincidentes.<strong> </strong><strong>El “garantismo” es doctrinalmente tuerto</strong>:<strong> </strong><strong>se ocupa de los derechos de los acusados (lo cual está bien) y nunca en el de las víctimas o las potenciales víctimas.</strong></p>
<p><strong>2) La pobreza genera delincuentes</strong></p>
<p><strong>Dislate que en primer lugar, es un insulto para la inmensa mayoría de gente pobre que no delinque</strong>. Esta idea desprecia la voluntad del ser humano; entiende a la persona como una mera víctima de las circunstancias. Es un lugar muy cómodo para los que desdeñan el valor de la responsabilidad –y su anverso: la libertad–.</p>
<p>También es una manera de dilatar el tratamiento del tema. ¿Cómo piensa combatir la delincuencia?, se le pregunta a un funcionario, y enseguida suelta una catarata de argumentos en pos de más <strong>asistencialismo</strong>. Eso no cambiará demasiado el amperímetro del delito, pero se habrá sacado el tema de encima. Sin embargo, <strong>los asesinatos y las violaciones escapan a análisis clasistas</strong>. También es ingenuo y peligroso pensar que un delincuente que viola y despedaza a una mujer lo hace porque de chico sufrió carencias. Y aunque así fuese, ¿qué derecho le otorga aquello? Si todo el que haya sufrido un daño tiene derecho a dañar a otro, la sociedad se desmorona.</p>
<p><strong>Justificar el delito en la pobreza es directamente promocionar la conducta delictiva y sus consecuencias.</strong> Máxime teniendo en cuenta que vivimos en un país donde la pobreza, en lugar de dar vergüenza, pareciera enorgullecer. Donde se celebra al pobre como si el hecho de generar menos riqueza fuese una cucarda moral.</p>
<p><strong>3) Los ciudadanos deben “entender” a los delincuentes</strong></p>
<p>Vinculado con el punto anterior, <strong>la ciudadanía tiene que sacudirse esa culpa impuesta culturalmente por la pseudo-progresía</strong>, que lo lleva a sentir que si tiene una casa, un auto o se va de vacaciones, debe sentirse mal por aquellos que no pueden acceder a dichos bienes. Si usted ganó lo que tiene de manera honrada, mal debe sentirse culpable. Alerto sobre este elemento no por sus consecuencias religiosas, sino porque esa capa de culpabilidad es la que nos lleva a “disculpar” a los delincuentes, o peor aún, a tratar de “<strong>entender el delito</strong>” en lugar de “<strong>castigar el delito</strong>”. Nos lleva a pensar que cualquiera de nosotros sería un asesino si las circunstancias así lo prefijaran. De nuevo; <strong>se desprecia el valor libertad-responsabilidad, como si el hombre fuese un “juguete del destino”, en palabras de Shakespeare.</strong></p>
<p><strong>4) Hay que repudiar el uso de la fuerza</strong></p>
<p>La fuerza no es algo malo en sí misma. <strong>Es falso que debamos optar por tener policías asesinos que disparen a mansalva o bien vivir en el caos del delito generalizado</strong>. Tenemos, claro, que <strong>controlar el correcto uso de la fuerza, pero no proscribirlo</strong>. El Estado moderno posee el monopolio del uso de la fuerza legítima –con excepción de la legítima defensa de los individuos– que los ciudadanos le otorgamos con el objeto de que: a) cuide a las personas y bienes de agresiones de otras personas (seguridad) y b) cuide a las personas y bienes de agresiones extranjeras (defensa). Ahora bien, <strong>tenemos que permitir –y fomentar– el verdadero y correcto uso de la fuerza del Estado en aras de cumplir estos dos objetivos,</strong> que por caso son los más esenciales de la función estatal y para los que pagamos altísimos impuestos.</p>
<p><strong>El delincuente utiliza fuerza y sólo con fuerza se le puede hacer frente.</strong> La violencia sólo se combate con violencia. ¿Cualquier violencia? No, sólo la legítima: la de las fuerzas de seguridad o de los ciudadanos en caso de defensa propia. Ahora bien, <strong>una ola de “corrección política” y pacifismo tolstoiano nos han llevado a repudiar cualquier uso de la fuerza como nocivo</strong>. El resultado: policías mal avituallados y con poco respaldo para reprimir el delito y una sociedad desarmada por campañas de “concientización”. Por el otro lado, delincuentes bien armados, sabedores de los límites de la fuerza policial y expertos en los vericuetos del sistema judicial.</p>
<p><strong>Conclusión: los delincuentes son dueños de las calles y los ciudadanos viven entre rejas.</strong></p>
<p><strong>5) Antes de combatir la inseguridad hay que cambiar muchas cosas</strong></p>
<p>Esto no es así. Claro que se puede hacer mucho en materia educativa, cultural y económica. Pero mientras tanto las personas no pueden esperar. <strong>Hay un listado de futuras víctimas que sólo el destino conoce.</strong> <strong>Hay que hacer algo urgente.</strong> ¿Qué? Pues basta con aplicar la ley con toda la fuerza de su letra. Al mismo tiempo, <strong>permitir y defender el uso de la fuerza pública en la represión del delito.</strong> Exigir que el Estado cumpla su función más básica y simple.</p>
<p><strong>6) Los ciudadanos no podemos hacer nada</strong></p>
<p>Por último, creo que los ciudadanos tenemos una deuda pendiente respecto al delito, y es la de<strong> ponerlo en la agenda política</strong>. Ningún candidato o funcionario tiene demasiado incentivo a hacer cosas concretas contra la delincuencia porque los réditos son a largo plazo y no se cosechan de manera precisa. Pues bien, debemos demostrar que -más allá de alguna conmoción circunstancial– la problemática realmente nos importa mucho. <strong>Tenemos que exigir que los políticos salgan de su zona de confort</strong><strong> </strong>y nos expresen medidas concretas contra la inseguridad, que no estén viciadas de las ideas que anteceden. Al mismo tiempo, <strong>debemos hacer pagar con costo político los hechos de inseguridad, que son moneda corriente en todos los niveles de gobierno</strong>. Así, quizás podamos aspirar a una sociedad un poco más segura.</p>
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