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	<title>Alberto Benegas Lynch (h) &#187; totalitarismo</title>
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		<title>Entre Ingmar Bergman y Calígula</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Apr 2016 10:31:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La infancia de cada cual marca la vida, la influye grandemente, no la determina, puesto que la persona siempre debe tener presente que el segundero del reloj pasa rápido y que es su responsabilidad qué hace con su yo. No es conducente pasar el tiempo despotricando contra el padre que no le prestó la bicicleta... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2016/04/09/entre-ingmar-bergman-y-caligula/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La infancia de cada cual marca la vida, la influye grandemente, no la determina, puesto que la persona siempre debe tener presente que el segundero del reloj pasa rápido y que es su responsabilidad qué hace con su yo. No es conducente pasar el tiempo despotricando contra el padre que no le prestó la bicicleta o incluso temas mucho peores que pueden haber ocurrido. Es imprescindible arremangarse y encaminarse con decisión hacia metas de excelencia; los pretextos y las excusas no valen como escudo para no lograr lo que se debe.</p>
<p>Ingmar Bergman tuvo una infancia por cierto difícil, llena de nubarrones y tormentas. Su autobiografía se titula <i>Linterna mágica,</i> que tiene un sentido figurado, que es el cine y uno literal, que consiste en que cuando era frecuentemente castigado físicamente por su padre, a quien “terminada la tanda de azotes había que besar su mano” y luego encerrado en un ropero a oscuras durante largo tiempo, llevaba consigo de contrabando una linterna que al prenderla se imaginaba una producción cinematográfica.</p>
<p>Desde que nació, en julio de 1918, tuvo enfermedades y achaques de salud varios hasta su muerte en 2007. Inmediatamente después del parto, los médicos consideraban que no sobreviviría: “Era como si no acababa de decidirme a vivir”, escribe Bergman. Transcurrió su niñez acosado por su padre —pastor protestante—, con la noción truculenta de autoridad absoluta, pecado, castigo y misericordia, a pesar de lo cual asistió a discusiones de tono y contenido muy elevado entre sus padres; incluso en una oportunidad vio cómo el padre le pegaba a su madre.<span id="more-1407"></span></p>
<p>Según Bergman, “este hecho contribuyó posiblemente a nuestra pasiva aceptación del nazismo. Nunca habíamos oído hablar de libertad y no teníamos ni la más remota idea de a qué sabía. En un sistema jerárquico, todas las puertas estaban cerradas”. Sin duda que sin llegar a estos extremos inauditos, está presente la idea totalitaria en muchas familias. <b>Los comandos dirigidos a los hijos para hacer lo que digan los padres sin discutir no sólo afectan gravemente la autoestima de la prole, sino que dan por tierra con elementales procedimientos de la función educativa, de amistad y comprensión</b>. La conversación, la persuasión y el intercambio de ideas entre padres e hijos resultan esenciales para la formación de almas bajo su responsabilidad.</p>
<p>En el caso que nos ocupa, no solamente puede hablarse de “la aceptación pasiva del nazismo”, sino que en otro momento de su juventud Bergman relata que en una visita al territorio alemán terminó haciendo el saludo nazi en un clima festivo en ocasión de un discurso de Adolf Hitler —el consabido asesino serial— y constató: “Los domingos la familia iba a misa solemne. El sermón del pastor era sorprendente. No hablaba con base en los evangelios sino en el <i>Mein Kampf</i> ”. El día del discurso de Hitler “las campanas replicaban, tanto las severamente protestantes como las jubilosamente católicas” y “en la ópera se anunciaba la obra de Richard Wagner, <i>Rienzi, </i>en función de gala seguida de fuegos artificiales”. Bergman declara: “Mi hermano fue uno de los fundadores y organizadores del partido nacionalsocialista sueco, mi padre votó varias veces por los nacionalsocialistas”.</p>
<p>A esta altura es pertinente refutar con el mayor énfasis aquello que muchas veces se sostiene en cuanto a que sorprende el hecho de que un pueblo “bien educado” haya dado su apoyo a semejante movimiento criminal. Pues esto de la supuesta buena educación no es cierto, resulta de la mayor importancia constatar la gran difusión en colegios y universidades alemanas de los textos de autores que ponen de manifiesto su espíritu totalitario tales como Johann Herder, Johann Fichte, Friedrich Hegel, Friedrich Schelling, Gustav von Schmoller, Werner Sombart y Friedrich List.</p>
<p>Después de transcurrido un tiempo, Bergman escribe, también en la antedicha autobiografía, una muy dolorosa confesión: “Cuando los testimonios de los campos de concentración se abatieron sobre mí, mi entendimiento no fue capaz, en un primer momento, de aceptar lo que veían mis ojos. Al igual que muchos otros, yo decía que las fotos estaban trucadas, que eran infundios propagandísticos. Al vencer, finalmente, la verdad a mi resistencia, fui presa de la desesperación y el desprecio de mí mismo, que era ya una carga grave, se acentuó hasta rebasar el límite de lo soportable”.</p>
<p>Más adelante nuestro personaje se topó con partidarios de Mao Tse Tung y consignó: “El fanatismo que recordaba de mi infancia: el mismo pozo emocional, sólo que eran diferentes las banderas. En lugar de aire puro nos dieron deformación, sectarismo, ansiosas complacencias y abuso de poder”.</p>
<p>De más está decir que en su <i>Linterna mágica </i>le dedica gran espacio a su profesión como director de cine y de teatro, con lujo de detalles en aspectos técnicos y no técnicos referidos a agudas observaciones de los respectivos procesos de elaboración y de ejecución, al tiempo que se detiene en observaciones también de gran calado sobre los modos y las personalidades de los actores y las actrices que trabajaron con él.</p>
<p>Asimismo, dedica largos tramos a exhibir su vida bastante disipada, con intentos de suicido y periódicamente su adicción al alcohol, incluyendo la borrachera. Las biografías sobre Bergman son múltiples, tal vez las más conocidas sean las de Jacques Mandelbaum, Vernon Young, Jesse Kalin, Roger Oliver y, en coautoría, Maaret Koskinen y Liv Ullmann. Todos se sorprenden de la maestría, el rigor y la asombrosa producción de este célebre director y guionista magistral quien traspasó todas las fronteras y los ámbitos artísticos.</p>
<p>Como es sabido, en estos menesteres el manejo del tiempo en los escritos puede ser lineal, circular y estanco, o a saltos para adelante y para atrás. Este último procedimiento es el que usa Bergman en el relato de sus memorias.</p>
<p>En estas pocas consideraciones no es la intención calibrar su trabajo profesional, que además el que estas líneas escribe no está en condiciones de juzgar a pesar de haber gozado con algunas de sus producciones cinematográficas desde el punto de vista estético de las tomas, las presentaciones y los jugosos diálogos, algunos de cuyos mensajes comparto y otros no, como entiendo que será el caso de todos sus espectadores.</p>
<p>Según algunos de sus biógrafos,<b> su presentación de <i>Calígula</i> en las tablas<i> —</i>que Albert Camus había escrito en 1945 para teatro en cuatro actos— influyó grandemente en su percepción de los megalómanos que pretenden dirigir vidas y haciendas ajenas</b>.</p>
<p>Como se recordará, Calígula (12-41 d. C.) era hijo adoptivo de Tiberio y como emperador mostró su desprecio a cualquier vestigio de institución republicana; gobernó con gran crueldad en medio de agudas crisis económicas y morales; entre otras, amante de su hermana, por lo que convirtió su palacio en un burdel, al tiempo que se vestía con ropajes de Júpiter y se hacía venerar como dios y, hacia el final de su gestión gubernamental, propuso a su caballo como cónsul.</p>
<p>Entre profesionales de la historia hay quienes lo catalogan como enfermo mental, tal como se ha hecho con muchos otros dictadores, lo cual significa que no serían imputables, en lugar de aceptar la maldad y, como explica Thomas Szasz, la patología enseña que la enfermedad significa la lesión de órganos, células o tejidos y no la de ideas dañinas (lo cual no excluye problemas químicos en el cerebro, cosa que con las herramientas disponibles en el momento no ha sido probada en el caso que comentamos, al contrario, mucho se ha escrito sobre la perversión y la malicia del sujeto de marras).</p>
<p>En la obra de Camus, el tirano Calígula, al igual que otros de su estirpe, manifiesta: “Yo poseo la verdad. Y precisamente poseo los medios para que la gente viva la verdad”. Con mucha más sinceridad que otros de su calaña, a continuación subraya: “Todas las personas del Imperio que dispongan de alguna fortuna —pequeña o grande, eso da igual— deberán obligatoriamente desheredar a sus hijos y hacer testamento ahora mismo a favor del Estado […] no es más inmoral robar directamente que gravar con impuestos […] Gobernar y robar son la misma cosa, eso es del domino público. Pero cada uno lo hace a su manera. Yo, por mi parte, pienso robar sin tapujos”.</p>
<p>Más adelante, Camus le hace decir a su personaje, también al efecto de descubrir su modo de ser y pensar (lo cual en lo que sigue es hoy un lugar común de todos los populismos): “Quiero concederle a este siglo la igualdad”, que puesto en contexto no necesita recalcarse que no se trata del respeto al derecho de cada uno sino de la guillotina horizontal referida a los patrimonios. Termina la perorata el sátrapa afirmando: “Me resulta fácil matar porque no me resulta difícil morir. No, cuanto más lo pienso, más convencido estoy de que no soy un tirano”.</p>
<p>En esta línea argumental es del caso puntualizar que <b>cuando se habla de violencia, no debe circunscribirse al robo callejero de delincuentes comunes, sino principalmente a la ejercida desde el poder político</b>, desde el gobierno, que teóricamente está encargado de velar por los derechos de todos y, sin embargo, aplica la fuerza no de carácter defensivo sino de carácter ofensivo. En nombre de una supuesta solidaridad (la violencia nunca puede ser solidaria), usa la fuerza o la amenaza de la fuerza bruta al recurrir al aparato estatal para inmiscuirse en casi todos los aspectos de la vida de los gobernados.</p>
<p>Se apodera del fruto del trabajo de la gente para redistribuir ingresos que al malasignar los siempre escasos factores productivos empobrece, recursos que son distribuidos pacífica y voluntariamente en el supermercado y afines; cobra impuestos siderales; se endeuda a escala astronómica; deteriora la moneda y expropia recursos para atender las llamadas empresas estatales; controla precios; establece aranceles aduaneros; deteriora el mercado laboral; establece parques de diversiones y demás dislates que nada tienen que ver con los preceptos republicanos y la consiguiente severa limitación al poder de toda la tradición constitucional desde la Carta Magna de 1215. Y lo tragicómico del asunto es que hay quienes aplauden todo esto pensando que los recursos vienen de una tienda misteriosa, sin entender que son ellos mismos lo que financian todo, especialmente los más pobres, que al disminuirse las tasas de capitalización se contraen sus salarios.</p>
<p>La experiencia de un aspecto en la vida de Bergman nos debe servir para llevar a las últimas consecuencias la alerta sobre los horrores del totalitarismo y, sobre todo, para <b>no aceptar avances del aparato estatal en nuestras vidas al efecto de frenar a tiempo el estrangulamiento que produce el Leviatán</b>.</p>
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		<title>Acerca del contragolpe de Estado</title>
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		<pubDate>Sat, 11 Jul 2015 03:00:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Es de gran relevancia destacar que en la tradición liberal está presente la rebelión contra el abuso insoportable del poder. En la obra más conocida y citada de John Locke puede decirse que comenzó el tratamiento sistemático de esa tradición donde se subraya que “Aquél que ejerciendo autoridad sobrepasa el poder que le fue otorgado por la ley y utiliza la fuerza que posee a su mando para gravar sobre sus súbditos obligaciones que la ley no determina, por ello mismo deja de ser juez y se le puede oponer resistencia, igual que a cualquier persona que atropella el derecho de otra por la fuerza”.</p>
<p>En este contexto, <strong>se trata de un contragolpe de Estado, puesto que el golpe de Estado original lo dieron quienes avasallaron derechos</strong>, atropellaron instituciones clave de una república que, como es sabido, significa alternancia en el poder, transparencia en los actos de gobierno, responsabilidad de los gobernantes ante los gobernados, igualdad ante la ley anclada en el “dar a cada uno lo suyo” de la Justicia y división e independencia de poderes.</p>
<p>Por supuesto que pude suceder, y de hecho sucede, un golpe de Estado contra un sistema republicano, lo cual es condenable desde toda perspectiva moral, pero aquí nos referimos al contragolpe en el sentido explicado.<span id="more-929"></span></p>
<p>La antes referida tradición de pensamiento se basa en el aspecto epistemológico del <i>no sé </i>socrático como razón para no entrometerse en las vidas y las acciones legítimas de otros, además del aspecto ontológico del necesario respeto a las personas. El derecho romano y el <i>common law </i>constituyeron bases institucionales del espíritu liberal junto a los aportes de la escolástica tardía. Pero con Sidney y Locke, como queda expresado, comenzó la sistematización de los marcos institucionales que posteriormente Montesquieu fortaleció en esa primera etapa, especialmente resumida en su pensamiento en cuanto a que “una cosa no es justa por el hecho de ser ley, debe ser ley porque es justa”.</p>
<p>La revolución estadounidense -un espejo en el que se miraron muchas de las naciones libres del planeta- tomó la idea del derecho de resistencia en su <i>Declaración de la Independencia, </i><strong>donde consigna claramente que “cuando cualquier forma de gobierno se torna destructivo para estos fines [los derechos inalienables de los gobernados], es el derecho del pueblo de alterarlo o abolirlo </strong>y constituir un nuevo gobierno y establecer su fundación en base a aquellos principios”.</p>
<p>De más está decir que la referida rebelión contra la opresión inaguantable debe hacerse con criterio prudencial para no caer en la misma situación (o peor), solo que con otros gobernantes, como en la práctica han sido la mayor parte de las revoluciones, a diferencia de la norteamericana, por la que se aplicó una política diametralmente opuesta a la autoritaria de Jorge III (de un tiempo a esta parte, Estados Unidos abandonó los principios de los padres fundadores para lo que recomiendo, entre la mucha literatura disponible, <i>Dismantling America</i> de Thomas Sowell). Hasta el momento, en los otros ejemplos, en el mejor de los casos se produjo un alivio más o menos transitorio para luego, en mayor o menor medida, recaer en que los aparatos estatales atropellaran los derechos vitales a la libertad y a la propiedad.</p>
<p>Incluso en otros casos, la situación después de la revolución fue muchísimo peor, como es el ejemplo de la revuelta de Castro contra las tropelías inaceptables de Batista. En otros casos, el alivio fue grande, como es el ejemplo de Hitler. Salvando las distancias, la revolución popular contra Ferdinand Marcos también permitió un paréntesis en el totalitarismo. Lo mismo va para el caso de la tiranía rosista y, con independencia de los graves desbarranques posteriores, similar fenómeno ocurrió con la sublevación como consecuencia del sistema opresivo de Perón contra la libertad de prensa y las libertades básicas de las personas y también de otros dictadores latinoamericanos, y mucho antes que eso, los movimientos revolucionarios independentistas (por ejemplo, constituye una sandez oponerse a la Revolución de Mayo en lo que luego fue suelo argentino contra un déspota que había reemplazado a otro sátrapa en España). Las revueltas que desembocaron en el derrumbe del Muro de la Vergüenza en Berlín despertaron enormes esperanzas en los espíritus libres. Claro que hay cuestiones de grado que hacen diferencias por lo que no puede meterse todo en la misma bolsa.</p>
<p>En todo caso, tal como reza la citada declaración norteamericana<b>, la gente tiene el derecho a defenderse contra ataques permanentes a su dignidad y consiguientes autonomías individuales en manos de gobiernos que teóricamente se han instalado para proteger los derechos de todos, por ello, como queda dicho, se trata de un contragolpe, puesto que el golpe de Estado lo dan quienes desmantelan instituciones fundamentales de la República</b>.</p>
<p>Pero lo más importante es comprender que las revoluciones no producen milagros, en casos extremos permiten espacios de mayor respeto que resultan muy efímeros si no hay ideas suficientemente sólidas como para reemplazar lo que venía ocurriendo. Si no es así, en definitiva, se habrán consumido energías y recursos sin resultados que compensen los sacrificios, los desgastes y los conflictos que así se convierten en infructuosos.</p>
<p><b>La educación es la clave para contar con sociedades libres</b>. Un traspié que obligue a sustituir el gobierno y llamar a elecciones en el plazo más rápido posible no hará que nada cambie si previamente no se han entendido y aceptado los fundamentos y las ventajas de la sociedad abierta.</p>
<p><b>No hay iluminados que deban imponer sus ideas a otros</b>. No hay la peligrosa fantasía del filósofo rey, sino la necesidad de establecer instituciones que dificulten el abuso del poder. <b>Se trata de fortalecer las democracias entendidas como el respeto de las mayorías a los derechos de las minorías</b>. No dictaduras electas ni cleptocracias basadas en la tiranía del número, sino en la entronización del derecho de cada cual sin que energúmenos instalados en el gobierno se arroguen la facultad de manejar a su arbitrio las vidas y haciendas de los demás. Ya desde los inicios de la República, Cicerón advirtió que “el imperio de la multitud no es menos tiránico que la de un hombre solo, y esa tiranía es tanto más cruel cuanto no hay monstruo más terrible que esa fiera que toma la forma y el nombre del pueblo”.</p>
<p>En esta instancia del proceso de evolución cultural, solo hay dos posibilidades de formas de gobierno: la democracia y el gobierno de facto. Esta última forma constituye una irregularidad, puesto que se sale de la elección de la gente para sustentarse solamente en la fuerza. Todos los gobiernos de cualquier color o formato son de fuerza (de eso se trata), pero el que asume <i>de facto </i>lo es en mayor medida por la razón apuntada, situación que debe modificarse cuanto antes para volver a la normalidad democrática, no entendida como otra ruleta rusa: la mayoría ilimitada que generan los Chávez de nuestra época, en cuyo caso competirán dos formas de gobierno que avasallan libertades y aniquilan todo vestigio de contralor republicano.</p>
<p>Es de interés enfatizar que en no pocos casos, aunque la opresión resulte manifiesta, no es para nada aconsejable sustituir a los gobernantes en funciones por dos motivos centrales. En primer lugar, debido a que, a pesar de los sufrimientos de la gente, se hace necesario que el gobierno de turno absorba las consecuencias de su propia mala praxis y no se le dé un pretexto para exculparse y victimizarse, como, por ejemplo, es hoy el caso argentino en el contexto de una atmósfera estatista que incluye en gran medida a la oposición. En segundo lugar, también en la opinión pública prevalecen aquellas ideas estatistas y, por ende, en última instancia autoritarias, que rechazan los modales, pero adhieren “al modelo” del manotazo al fruto del trabajo ajeno, por lo que necesariamente hará que se redoblen los males, a pesar de que<b> en el caso argentino, además de los ataques grotescos a la Justicia, acaba de decidir el Gobierno aplicar tareas de inteligencia interna para detectar y castigar “golpes de mercado” </b>(es para un guión de Woody Allen si no fuera dramático).</p>
<p>Por lo dicho es que con urgencia debe trabajarse en la educación a los efectos de la defensa propia, es decir, la imperiosa necesidad de entender qué significa vivir en libertad y no simplemente declamar acerca de una democracia falsificada que de contrabando se transforma en otra forma de absolutismo. De todos modos, por ejemplo, es de desear que pueda tener lugar un exitoso contragolpe de Estado en Corea del Norte antes que se les vaya la vida a tantos ciudadanos desesperados por las botas de un sátrapa asesino (botas son las de sus súbditos, porque el megalómano de marras usa taquitos altos para parecer más alto).</p>
<p>Como muchas veces se ha señalado, no es conducente poner el carro delante de los caballos y dedicarse a los políticos del momento, ya que naturalmente no aceptarán otro discurso que el que es capaz de digerir la opinión pública y si no se hace nada para modificarla en la dirección de una sociedad libre, no puede esperarse un discurso distinto que el que conduce al abuso del poder. Si no hay suficientes esfuerzos educativos, se estará en una encerrona imposible de sortear.</p>
<p>En general hay pereza para dedicarse a las faenas de explicar y difundir los fundamentos éticos, económicos y jurídicos de vivir en libertad, porque se piensa que es más rápido y eventualmente más lucido desempeñarse en la arena política. Esto no es cierto, si nos encontramos en un ámbito estatista, es completamente inútil tratar de influir a los políticos del momento con ideas contrarias, ya que inexorablemente serán rechazadas si es que los políticos pretenden seguir en ese oficio.</p>
<p>Se dice que es una tarea a largo plazo la educativa, pero si ese es el diagnóstico y la receta adecuada para revertir los problemas, cuanto antes se comience se acortarán los plazos. Es curioso, pero en muchos casos desde hace décadas se viene recitando la misma cantinela sin percatarse de que si se hubieran puesto manos a la obra ya estaríamos en el instante eureka, “el largo plazo”. No es mi autor favorito, pero Mao Tse Tung decía con razón que “la marcha más larga comienza con el primer paso”.</p>
<p>En resumen, la mejor manera de evitar los contragolpes de Estado (generalmente fallidos en el sentido de la reincidencia o incluso el engrosamiento del estatismo) consiste en ocuparse de las tareas educativas mencionadas al efecto de despejar telarañas mentales, lo cual beneficia a toda la comunidad, pero muy especialmente a los más necesitados.</p>
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