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	<title>Alberto Benegas Lynch (h) &#187; sociedad abierta</title>
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		<title>Más sobre coyuntura y las ideas de fondo</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Apr 2016 09:37:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Parece una perogrullada insistir en el hecho de que para que se entiendan los fundamentos éticos, económicos y jurídicos de una sociedad de hombres libres es indispensable trasmitir con claridad esas fundamentaciones, con todo el rigor que resulte posible, ya que el receptor es en general hospitalario y sensible a la argumentación y no a... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2016/04/16/mas-sobre-coyuntura-y-las-ideas-de-fondo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Parece una perogrullada insistir en el hecho de que para que se entiendan los fundamentos éticos, económicos y jurídicos de una sociedad de hombres libres es indispensable trasmitir con claridad esas fundamentaciones, con todo el rigor que resulte posible, ya que el receptor es en general hospitalario y sensible a la argumentación y no a las simples afirmaciones.</p>
<p>Es por ello que es indispensable contar con espacios para elaborar sobre ideas de fondo. Esa es la manera de correr el eje del debate al efecto de abrir plafones para que el político pueda articular discursos compatibles con la sociedad abierta, dado que no puede proponer políticas que la opinión pública no entiende ni acepta.</p>
<p>Ahora bien, si nos dedicamos sólo a la coyuntura, nunca salimos del pantano. Más aún, con este procedimiento, cada vez la coyuntura se hace más negra, precisamente porque nadie se dedicó a explicar las ideas de fondo y se dejan terrenos abiertos para que el espíritu totalitario avance con sus ideas colectivistas.</p>
<p><b>Es cierto que a la gente en general le resulta más atractivo y más fácil leer sobre la coyuntura que bucear en ideas de fondo, pero, como queda dicho, es necesario hacer que las raíces de la libertad se exhiban en todas sus facetas</b>. Dedicarse exclusivamente a la coyuntura es poner el carro delante de los caballos, es ocuparse de los efectos sin prestar atención a las causas. Por ello es que con toda razón el marxista Antonio Gramsci ha reiterado: “Tomen la cultura y la educación y el resto se dará por añadidura”. La coyuntura es el resultado de las ideas de fondo que prevalecen para bien o para mal.<span id="more-1414"></span></p>
<p>No hay conflicto ni incompatibilidad entre ideas e intereses que en no pocas ocasiones se suelen presentar en conflicto. Los intereses son también ideas, por lo que debe prestarse especial atención a este campo. En la mayor parte de las acciones y las propuestas no hay maldad, sino buena voluntad y las mejores intenciones. El tema estriba en la idea que se encuentra tras las conductas, es decir, cómo se conciben los nexos causales correspondientes, en otros términos, cuál es la teoría que fundamenta tal o cual política. “Nada hay más práctico que una buena teoría”, ha dicho con mucha razón Paul Painlavé.</p>
<p><b>Todo lo que ha creado el hombre se basa en una teoría. Si el resultado es bueno, quiere decir que la teoría es correcta; si es malo, significa que la teoría es equivocada.</b> Esto va desde el método para sembrar y cosechar, la fabricación de una computadora hasta la plataforma de un partido político.</p>
<p>Ideas y teorías son conceptos que interpretan diversos sucesos. Como se ha apuntado tantas veces, no se trata para nada de “ideologías”, esa palabreja que en su acepción corriente significa propuestas cerradas e inexpugnables. Por el contrario, se trata de procesos abiertos, dado que el conocimiento tiene el carácter de la provisionalidad, sujeto a refutaciones y en un contexto siempre evolutivo.</p>
<p>Entonces, si la raíz del asunto estriba en las ideas, es allí donde debe concentrarse el trabajo: en debates abiertos y en el estudio desapasionado de diversas corrientes de pensamiento, ya que la cultura forma parte de un entramado de préstamos y donativos, de recibos y entregas múltiples que se alimentan entre sí y conforman una textura que no tiene término.</p>
<p>Sin embargo, se observa que la mayoría de quienes desean de buena fe terminar con la malaria, paradójicamente, se dedican a la coyuntura y a repetir lo que está en los diarios y que todo el mundo sabe. <b>Los que comentan coyunturas son espectadores pasivos de la agenda que determinan otros, los que se preocupan y ocupan de las ideas de fondo marcan su propia agenda.</b></p>
<p>El relato de la coyuntura no escarba en el fondo del asunto, se limita a mostrar lo que ocurre, lo cual ni siquiera puede interpretarse si no se dispone de un adecuado esqueleto conceptual. Más bien, es pertinente subrayar que la buena coyuntura se dará por añadidura si se comprende y comparte la teoría que permite corregir lo que haya que corregir.</p>
<p>Por parte de los que se dicen partidarios de la sociedad abierta hay un gran descuido de las faenas educativas, muy especialmente en lo que hace a la gente joven en ámbitos universitarios, que constituye el microclima del que parirá el futuro. En cambio, se dirigen a quienes al momento tienen posiciones de poder, sin percatarse de la futilidad de la tarea. Se dice que no hay tiempo que perder y que el trabajo estudiantil es a muy largo plazo, lo cual se viene repitiendo desde tiempo inmemorial. Por otra parte, los espíritus totalitarios operan con notable éxito en colegios y casas de estudio universitarias desde siempre, con lo que han logrado un plafón intelectual de enormes proporciones que naturalmente empuja a la articulación de un discurso político en sintonía con esa tendencia.</p>
<p>Está bien ilustrar la idea algunas veces con la coyuntura como anclaje para algún ejemplo, pero sin perder de vista que es aquella la que marca el rumbo y nada se gana con inundar de series estadísticas si no se tiene clara la teoría que subyace. Es que son pocos los que se circunscriben a los datos de coyuntura que conocen los fundamentos de la propia filosofía que dicen suscribir. Esto se percibe ni bien surgen en el debate temas de fondo de la tradición liberal.</p>
<p><b>La dedicación a la enseñanza es tanto más necesaria cuanto que los socialismos de diversas tonalidades apuntan a sentimientos de superficie y evitan hurgar en razonamientos que permiten vislumbrar las ventajas de la libertad</b>. En este mismo sentido, el premio Nobel en economía Friedrich Hayek nos advierte: “La economía es contraintuitiva” y el decimonónico Frédéric Bastiat insistía en que el buen analista hurga en “lo que se ve y lo que no se ve”, lo cual demanda esfuerzos adicionales.</p>
<p>Como la energía es limitada y los recursos disponibles también lo son, conviene establecer prioridades para enfrentar los crecientes desmanes de los Gobiernos, supuestos defensores de las autonomías individuales. <b>Correr tras las coyunturas es equivocar las prioridades, se requiere, como el pan de cada día, prestar debida atención al debate de ideas, ya que son estas precisamente las que generan tal o cual coyuntura.</b></p>
<p>Debe subrayarse que en el plano político se requiere el consenso y la negociación entre posturas diferentes al efecto de permitir la convivencia, pero lo que destacamos en esta nota es la imperiosa necesidad de esforzarse en<b> incentivar debates de ideas en la esperanza de que la comprensión de los beneficios de la libertad se hagan más patentes</b>, para lo que el enfrascarse en mediciones y estadísticas no contribuye al objetivo de marras.</p>
<p>Es clave comprender y compartir el esqueleto conceptual de la sociedad abierta, puesto que las estadísticas favorables son el resultado. Por el contrario, si se tratara de demostrar las ventajas de la libertad a puro rigor de estadísticas, ya hace mucho tiempo que se habría probado la superioridad del liberalismo. El asunto es que, en definitiva, con cifras no se prueba nada, las pruebas anteceden a las series estadísticas, el razonamiento adecuado es precisamente la base para interpretar correctamente las estadísticas. Es por eso que resulta tan esencial la educación y no perder el tiempo y consumir glándulas salivares y tinta con números que, desprovistos del esquema conceptual adecuado, son meras cifras arrojadas al vacío.</p>
<p>El oxígeno vital es la libertad. Si los debates se centran exclusivamente en las cifras, se está desviando la atención del verdadero eje y del aspecto medular de las relaciones sociales. Como bien ha escrito Wilhelm Röpke en <i>Más allá de la oferta y la demanda</i>: “La diferencia entre una sociedad abierta y una sociedad autoritaria no estriba en que en la primera haya más hamburguesas y refrigeradoras. Se trata de sistemas ético-institucionales opuestos. Si se pierde la brújula en el campo de la ética, además, entre otras muchas cosas, nos quedaremos sin hamburguesas y sin refrigeradoras”.</p>
<div>
<p>En otras palabras, correr tras la coyuntura es un certamen destinado al completo fracaso, puesto que los números serán cada vez peores, debido, precisamente, a que no se han comprendido las ideas que posibilitan la corrección de datos que constituyen la expresión de lo que ocurre. Comprendo que en la desesperación —porque la barranca abajo puede ser muy empinada— haya quienes se empeñan en batallar con cifras con la pretensión de que se entienda el desastre, pero, como queda dicho, es equivalente a correr tras la sombra de uno mismo con el sol a las espaldas que nunca se alcanza, hasta que en nuestro caso se decida “tomar el toro por las astas” y encarar el problema de fondo, aclarar las ideas que subyacen en los datos de coyuntura.</p>
<p>Sin duda que los diarios y sus equivalentes se alimentan de noticias, es decir, de coyuntura, puesto que de eso se trata y las columnas de opinión en gran medida se focalizan en torno a ese material, lo cual no excluye que una proporción de esas columnas inviten a los lectores al ejercicio de pensar y abrir cauce con ideas de fondo al efecto de asegurar un futuro más despejado rumbo a la sociedad libre, lo cual tiene lugar en los medios de mayor peso, ya que son conscientes de que no puede comenzarse por el final.</p>
</div>
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		<title>Tensión entre lo que es y el deber ser</title>
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		<pubDate>Sat, 02 Apr 2016 09:39:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cualquier situación que ocurra (cualquier es) inexorablemente tiene como meta el respeto recíproco como el debe ser, con exclusión de quienes se dirigen a la falta de respeto al prójimo en provecho propio, en otras palabras, los espíritus totalitarios. Pero en lo que podemos denominar una sociedad civilizada, es decir, en el único modo de... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2016/04/02/tension-entre-lo-que-ser-y-el-deber-ser/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Cualquier situación que ocurra (cualquier <i>es</i>) inexorablemente tiene como meta el respeto recíproco como el <i>debe</i> <i>ser</i>, con exclusión de quienes se dirigen a la falta de respeto al prójimo en provecho propio, en otras palabras, los espíritus totalitarios. Pero en lo que podemos denominar una sociedad civilizada, es decir, en el único modo de contar con armonía de intereses, como queda expresado, <b>el deber ser consiste en el respeto recíproco a los proyectos de vida de todos, cualesquiera sean estos.</b></p>
<p>Todos los seres humanos tienen como meta pasar de una situación menos favorable (es) a una que les proporcione mayor satisfacción (debe ser). En este contexto, el <i>es </i>constituye el medio para el logro del objetivo, el <i>debe ser</i>; es por ello que la ética no constituye mera decoración, sino algo eminentemente práctico y de gran utilidad para la realización de las potencialidades de cada cual en busca del bien. Todos cometemos faltas, nadie puede tirar la primera piedra, de lo que se trata es de distinguir entre el pantano y la huella para no idealizar al pantano y realizar esfuerzos al efecto de retomar la huella.</p>
<p>Viene ahora un interrogante de la mayor importancia: ¿cómo proceder en la vida diaria frente a las más variadas circunstancias? Muchas veces hemos escuchado que si bien se está de acuerdo en que las cosas deberían ser de tal o cual manera, dado que son de otra, para seguir viviendo no hay más remedio que actuar de forma distinta y amoldarse.<span id="more-1399"></span></p>
<p>Por ejemplo, imaginemos que uno de los asesinos seriales de la SS en la Alemania hitleriana irrumpe en el domicilio de alguien en busca del hijo del dueño de casa y para contrarrestar semejante barrabasada el padre soborna al oficial de marras para salvar a su hijo. El padre sabe que está enriqueciendo a un criminal, sin embargo, estima que se ve obligado a proceder de aquella manera. Este ejemplo extremo ocurre de modo muy atenuado de forma cotidiana con gobiernos autoritarios de muy diversas corrientes. Esto alegan empresarios que dicen estar embretados por el poder de turno a riesgo de perder sus empresas y muchas otras situaciones de quienes se ven envueltos en trámites burocráticos muy variados.</p>
<p>Sin duda que hay un límite al desvarío, pero la encrucijada existe y hay conductas ejemplares que no admiten ninguna acción contraria a valores esenciales y, por ende, renuncian a lo más preciado con tal de mantener principios, pero el común de los mortales se ve compelido a entrar por la variante para seguir viviendo. Empresarios que declaran que se ven obligados a acceder a los caprichos del mandamás del momento, aunque vean claramente la distancia entre lo que aceptan ser y el deber ser, y así con tantos casos equivalentes.</p>
<p><b>Si los límites se sobrepasan, aceptando algo que es absolutamente incompatible con el deber ser “para seguir viviendo y estar en sintonía con la tendencia dominante de la actualidad”, no es justo involucrar a otras personas</b>. Como cuando se acepta la incorporación a socios impresentables a un club que disgustan a otros miembros. Ilustra otras situaciones similares que comprometen a terceros el caso de quienes apoyan el razonamiento anacrónico de sindicalistas que pretenden bloquear la competencia al oponerse a Uber, que, en diversas ciudades, presta servicios de transporte atractivos en calidad y precio. Es como si hubiera que eliminar las refrigeradoras para volver al hombre de la barra de hielo.</p>
<p>No es del caso juzgar ahora las diversas conductas, pero lo que sí debe remarcarse es que todos los seres humanos deben contribuir de un modo u otro para que prevalezca el respeto recíproco. De lo contrario, cualquiera sea la actividad de cada cual, indefectiblemente todo perecerá. Los que proceden con base en la componenda por lo menos deben contribuir con un reaseguro destinando tiempo, dinero o las dos cosas al efecto de cubrir la retirada, puesto que si sólo se la pasan justificando la necesidad de ceder en principios, deben saber que consolidan la barranca abajo y que si pretenden vivir a costa del esfuerzo de terceros para mantener vestigios de la sociedad abierta (<i>free</i>-<i>riders</i>), su final ni siquiera será mudarse de país, sino el mar con los tiburones.</p>
<p>Por supuesto que <strong>en esta instancia del proceso de evolución cultural no nos estamos refiriendo a los políticos, que, como tales, necesariamente abandonan lo que <i>debe</i> <i>ser</i> para amoldarse a lo que <i>es</i>, en otros términos, a lo que la opinión pública puede al momento digerir, si es que desean continuar en la tribuna política</strong>. Cuando despotrican en sus discursos ponen énfasis desmedido, generalmente en voz muy alta, en los supuestos principios que defenderán a capa y espada, pero la verdad es que su profesión consiste en ceder, componer y conciliar. El que se cree el discurso, cuando reclama airadamente y con gran desilusión de su candidato, le replica con toda naturalidad: “¿Y qué quiere? Se trata de un político”.</p>
<p>En este contexto, siempre debe haber personas que actúen desde afuera para señalar con rigor el camino que conduce al irrestricto respeto recíproco, sin componendas de ninguna naturaleza. Sólo así —y no con los aplaudidores y serviles de siempre— es posible abrigar alguna esperanza de vivir en una sociedad civilizada.</p>
<p>Hay todavía otro canal que pretende debilitar las obligaciones morales, no para actuar en dirección a lo que otros demandan, sino en puro beneficio propio, ya que el bien hace bien. Ese canal es el que pretende confrontar las emociones con la razón por medio de lo cual se justifican acciones u omisiones que van a contracorriente de principios éticos.</p>
<p>En este sentido, Nathaniel Branden explica en <i>The Psychology of Self-Esteem </i>que las emociones provienen de evaluaciones conscientes y subconscientes sobre la conveniencia o la inconveniencia de ciertos procederes. Más aun, sostiene que las subconscientes son producto de lo que alguna vez fue consciente respecto de los valores o los desvalores de cada uno. En otros términos, <b>no hay incompatibilidad entre emociones y razón, no se trata de conceptos mutuamente excluyentes, sino de fenómenos complementarios</b>: uno quiere o desea tal o cual cosa, porque primero estimó más o menos detenidamente que el objeto deseado o querido le conviene, le agrada, lo satisface (de lo cual no se desprende que el sujeto actuante necesariamente acierte en sus conjeturas).</p>
<p>En esta línea argumental, tengo muy presente un pensamiento de Viktor E. Frankl enmarcado en mi biblioteca y bordado por mi hija Marieta: “Never let the <i>is </i>cach up with the <i>oughts</i>”, lo cual considero que es el secreto de la vida, puesto que empuja a tener siempre proyectos que una vez alcanzados deben inmediatamente renovarse y sustituirse por otros, ya que <b>si uno queda satisfecho con el logro de un proyecto sin contar con otros nuevos, se termina la vida propiamente dicha.</b></p>
<p>La moral alude a lo prescriptivo, mientras otras ramas del conocimiento se refieren a lo descriptivo. El primer campo apunta a lo normativo, mientras que los segundos centran su atención en lo positivo. Dicho sea al pasar, esto último para nada significa adherir al positivismo, la tradición de pensamiento que sostiene que solamente lo verificable empíricamente puede considerarse verdadero o falso. Pero, por un lado, como ha señalado Morris Cohen en <i>Introducción a la lógica</i>, la antedicha proposición no es verificable y, por otro, como ha destacado Karl Popper en <i>Conjeturas y refutaciones</i>, nada en la ciencia es verificable, sólo es posible la corroboración provisoria sujeta a refutación.</p>
<p>Hay autores que mantienen que ninguna acumulación de experiencias (sumatoria de <i>es</i>) puede conducir lógicamente a lo que <i>debe</i> <i>ser</i> (el caso de David Hume, que, aunque atenuado su alcance por Alasdair MacIntyre, es bien refutado por John Searle), lo cual constituye un error de apreciación, puesto que en todos los casos se infiere una cosa de la otra. Si deseo (lo que considero debería ser) convertirme en un abogado, tengo que estudiar derecho (es); lo primero es la meta, lo segundo es el medio para el logro de aquel objetivo. Si prometí pagar cierta suma, de allí se desprende el deber ser (cumplir con la palabra empeñada). En definitiva, todos nuestros actos presentes (los <i>es</i>) están dirigidos a lo que debe ser.</p>
<p>Este razonamiento desde luego incluye <i>lato sensu </i>acciones que lesionan derechos de terceros o hacen daño al mismo sujeto actuante, pero en un sentido ético más preciso y restringido, tal como apuntamos antes, el deber ser se refiere a conductas de respeto al prójimo.</p>
<p>Finalmente, dos pensamientos de José Ortega y Gasset, uno referido a lo que decíamos sobre la pretensión de los <i>free-riders </i>(“garroneros”, según un argentinismo) y el otro sobre la trascendencia de hacer valer el individualismo, que es a lo que aspira la sociedad abierta. En el primer caso, escribe en <i>El espectador</i>: “Si usted quiere aprovecharse de las ventajas de la civilización, pero no se preocupa por sostener la civilización, se ha fastidado usted. En un dos por tres se queda usted sin civilización. Un descuido y cuando mira a su derredor todo se ha volatilizado”. Por ello es de tanta importancia preocuparse y ocuparse de trabajar por la libertad, que es el oxígeno de la vida civilizada, pero apartarse de los timoratos y estrechar filas con los honestos intelectuales (es muy gráfica la condena de la Biblia a los tibios).</p>
<p>El segundo pensamiento pertenece a <i>La rebelión de las masas</i>: “Ahora, por lo visto, vuelven muchos hombres a sentir nostalgia del rebaño. Se entregan con pasión a lo que en ellos había aún de ovejas. Quieren marchar por la vida bien juntos, en ruta colectiva, lana contra lana y la cabeza caída. Por eso, en muchos pueblos […] andan buscando un pastor y un mastín. El odio al liberalismo no procede de otra fuente. Porque el liberalismo, antes que una cuestión de más o menos en política, es una idea radical sobre la vida: es creer que cada ser humano debe quedar franco para henchir su individual e intransferible destino”.</p>
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		<title>El abc de la educación son los modales</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Mar 2016 09:43:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Buenos modales]]></category>
		<category><![CDATA[lenguaje soez]]></category>
		<category><![CDATA[sociedad abierta]]></category>
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		<description><![CDATA[Recuerdo una de las tantas conversaciones que mantuve con el gran Leonard Read en su oficina de la Foundation for Economic Education, cuando trabajaba en la tesis para mi primer doctorado, becado por esa benemérita institución, en 1968. Siempre me beneficié enormemente con sus consejos y sus reflexiones. En la oportunidad a que me refiero... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2016/03/26/el-abc-de-la-educacion-son-los-modales/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Recuerdo una de las tantas conversaciones que mantuve con el gran Leonard Read en su oficina de la Foundation for Economic Education, cuando trabajaba en la tesis para mi primer doctorado, becado por esa benemérita institución, en 1968. Siempre me beneficié enormemente con sus consejos y sus reflexiones.</p>
<p>En la oportunidad a que me refiero destacó la importancia y la necesidad de reiterar conceptos sobre los fundamentos éticos, económicos y jurídicos de la sociedad abierta hasta que se comprendieran y adoptaran. Al fin y al cabo —con humor traía a colación el conocido aforismo— “para novedades, los clásicos”, lo cual desde luego no desmerece las nuevas contribuciones que se acoplan a la línea argumental a favor de la libertad y el respeto recíproco. En esta misma dirección, tengo presente que en la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (Eseade), Pascal Salin, entonces en la Universidad de París IV, comenzó una conferencia con una pregunta retórica: “¿Prefieren que sea original o que diga lo que creo que es la verdad?”. En este sentido, ahora en gran medida vuelvo sobre lo que escribí hace años sobre la importancia de los buenos modales.</p>
<p>“El hábito no hace al monje” reza un conocido proverbio, a lo que Jacques Perriaux agregaba “pero lo ayuda mucho”. Las formas no necesariamente definen a la persona, pero ayudan al buen comportamiento y hacen la vida más agradable a los demás.<span id="more-1393"></span></p>
<p>Hoy en día, en gran medida se ha perdido el sentido del buen hablar. En primer lugar, debido al uso reiterado de expresiones soeces. Las denominadas “malas palabras” remiten a lo grotesco, a lo íntimo, a lo repugnante y a lo escandaloso. Los que no recurren a esas expresiones no es porque carezcan de imaginación, es debido a la comprensión del hecho de que si se extiende esa terminología, todo se convierte en un basural, lo cual naturalmente se aleja de la excelencia y las conversaciones bajan al nivel del subsuelo. Por su parte, <b>los términos obscenos empobrecen el lenguaje y como este sirve para pensar y para la comunicación, ambos propósitos se ven encogidos y limitados a un radio estrecho.</b></p>
<p>Entonces, aquello de que “el hábito no hace al monje, pero lo ayuda mucho” pone en evidencia una gran verdad y es que las apariencias, los buenos modales y, en general, la estética, tienen una conexión subliminal con la ética. Cuanto más refinados y excelentes sean los comportamientos y más cuidados los ámbitos en los que la gente se desenvuelve, más proclive se estará a lograr buenos resultados en la cooperación social y el indispensable respeto recíproco como su condición central.</p>
<p>Esto no significa que un asesino serial pueda estar encubierto y amurallado tras aparentes buenos modales, significa más bien que se tiende a reforzar y a abrir cauce al antes mencionado respeto recíproco. Se ha dicho en diversas oportunidades que en la era victoriana había mucho de hipocresía, lo cual es cierto de todas las épocas, pero no cambia el hecho de que en esa etapa de la historia el ocultamiento de lo malo traducía un sentido de vergüenza que luego se perdió bajo el rótulo de la sinceridad, que puso al descubierto las inmoralidades más superlativas con la pretensión de hacerlas pasar por acciones nobles.</p>
<p>Las normas morales aluden al autorrespeto y al respeto al prójimo en las respectivas preservaciones de las autonomías individuales basadas en la dignidad y la autoestima. De más está decir que lo dicho nada tiene que ver con el dinero, sino con la conducta, lo que ocurre es que en las sociedades abiertas los que mejor sirven los intereses de los demás son los que prosperan desde el punto de vista crematístico y, por ende, se espera de ellos el ejemplo, lo cual en los contextos contemporáneos ha mutado radicalmente, puesto que en gran medida los patrimonios no son fruto del servicio al prójimo, sino de la rapiña lograda con el concurso de gobernantes que se han extralimitado en sus funciones específicas de proteger derechos para, en su lugar, conculcarlos. Mal puede esperarse ejemplos de una banda de asaltantes.</p>
<p>La literatura, la escultura, la pintura y la música son evidentemente manifestaciones de cultura por antonomasia. Sin embargo, en la actualidad, tal como he consignado antes, por ejemplo, Carlos Grané apunta en <i>El puño invisible: arte, revolución y un siglo de cambios culturales</i> que el futurismo, el dadaísmo, el cubismo y similares son manifestaciones de banalidad, nihilismo, vulgaridad, escatología, violencia, ruido, insulto, pornografía y sadismo (en el epígrafe de su libro aparece una frase del fundador del futurismo, Filippo Tommaso Marinetti, que reza así: “El arte, efectivamente, no puede ser más que violencia, crueldad e injusticia”).</p>
<p>¿Qué ocurre en ámbitos cada vez más extendidos en aquello que se pasa de contrabando como arte? Es sencillamente otra manifestación adicional de la degradación de las estructuras axiológicas. Es una expresión más de la decadencia de valores. En este sentido, otra vez, se conecta la estética con la ética. No se necesitan descripciones acabadas de lo que se observa en muestras varias que a diario se exhiben sin pudor alguno: alarde de fealdad, personas desfiguradas, alteraciones procaces de la naturaleza, embustes de las formas, alaridos ensordecedores, luces que enceguecen, batifondos superlativos, incoherencias múltiples y mensajes disolventes. En el dictamen del jurado del libro mencionado de Grané —que obtuvo el Premio Internacional de Ensayo Isabel Polanco (presidido por Fernando Savater), en Guadalajara— se deja constancia de “los verdaderos escándalos que ha vivido el arte moderno”.</p>
<p>¿Qué puede hacerse para revertir semejante espectáculo? Sólo trabajar con paciencia y perseverancia en la educación, es decir, en <b>la trasmisión de principios y valores que dan sustento a todo aquello que puede en rigor denominarse un producto de la humanidad, alejándose de lo subhumano y lo puramente animal</b>, en un proceso competitivo de corroboraciones y refutaciones que apunten a la excelencia y no a burlarse de la gente con apologías de la fealdad y explotar el zócalo del hombre con elogios a la indecencia, la ordinariez y la tropelía.</p>
<p>Incluso la forma en que nos vestimos trasmite nuestra interioridad. La elegancia y la distinción se dan de bruces con los <i>piercings</i>, los tatuajes, los pelos teñidos de colores chillones, las estrambóticas pintarrajeadas del rostro y las uñas, la ropa zaparrastrosa y los estudiados andrajos en el contexto de modales nauseabundos, ruidos guturales patéticos que sustituyen la fonética elemental. La bondad, lo sublime, lo noble y reconfortante al espíritu naturalmente hacen bien y fortalecen las sanas inclinaciones. <b>El morbo, el sadismo, lo horripilante y tenebroso dañan la sensibilidad y afectan lo mejor de las potencialidades del ser humano.</b></p>
<p>Hace años, con mi mujer observamos en un subterráneo londinense un enorme cartel con la figura de Michael Jackson con los labios pintados, cambios en la pigmentación y operaciones y estiramientos varios en el que se leía “If this is the outside, what goes on in the inside?”. También ingleses que trasmitían radio en el medio de la nada en África durante la Segunda Guerra Mundial lo hacían vestidos de smoking “to keep standards up”.</p>
<p>El deterioro en los modales que subestima la calidad de vida al endiosar la grosería y lo chabacano también tiende a anular el sentido de las expresiones ilustrativas que se consideran pasadas de moda, tal como cuando se aludía a una<i> </i>dama, que se utilizaba para indicar conductas excelsas y cuando se afirmaba de un hombre que “es antes que nada un caballero” quería decir mucho de sus procederes y de su rectitud. Ya Confucio, quinientos años antes de Cristo, escribió: “Son los buenos modales los que hacen a la excelencia de un buen vecindario. Ninguna persona prudente se instalará donde aquellos no existan” y, en 1797, Edmund Burke sostenía que para la supervivencia de la sociedad civilizada “los modales son más importantes que las leyes”.</p>
<p>Estimo que antes de las respectivas especializaciones profesionales, debería explorarse el sentido y la dimensión de la vida, para lo cual hay una terna de libros extraordinarios que merecen incorporarse a la biblioteca: <i>The Philosophy of Civilization </i>de Albert Schweitzer,<i> Adventures of Ideas </i>de Alfred N. Whitehead y <i>Human Destiny </i>de Pierre Lecomte du Noüy. Después de esa lectura tan robusta y de gran calado, entre otras muchas cosas, se comprenderá mejor el apoyo logístico que brinda la cobertura de los modales para preservar las autonomías individuales.</p>
<p>Hasta donde mis elementos de juicio alcanzan, <b>en medios argentinos radiales y televisivos (aparte de reuniones sociales) es donde se concentra la mayor dosis de lenguaje soez</b>. Hay quienes incluso se creen graciosos con estos bochornos, haciendo gala de un sentido del humor por cierto bastante descompuesto. Afortunadamente, este decir maleducado no se ha globalizado por el momento, al menos al nivel de la degradación argentina. Es de esperar que personas inteligentes y que también hacen aportes en diversos campos abandonen la grosería de sus expresiones al efecto de contribuir a la construcción una sociedad decente y se percaten de que la cloaca verbal se encamina a la cloaca.</p>
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		<title>Doug Casey, para pensar</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Mar 2016 10:19:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Se trata de una persona muy consistente con sus principios, cuyo eje central radica en el valor de la libertad, esto es, concebir la sociedad como interacciones voluntarias en las que prima el respeto recíproco; sólo justifica el uso de la fuerza cuando es de carácter defensivo. En este contexto, cada uno puede hacer de... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2016/03/19/doug-casey-para-pensar/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Se trata de una persona muy consistente con sus principios, cuyo eje central radica en el valor de la libertad, esto es, concebir la sociedad como interacciones voluntarias en las que prima el respeto recíproco; sólo justifica el uso de la fuerza cuando es de carácter defensivo. En este contexto, cada uno puede hacer de su vida lo que le plazca, siempre y cuando no lesione derechos de terceros.</p>
<p>Doug Casey es de hablar pausado y bien articulado, con contenidos muy sustanciales y bien fundamentados. Es un inversionista de dotes excepcionales.</p>
<p><b>Se autodefine como un “especulador internacional”, lo cual subraya un concepto básico, pero poco comprendido.</b> Todos los seres humanos somos especuladores. Todos apuntamos a pasar de una situación menos favorable a juicio de sujeto actuante a una que estimamos que nos proporcionará mayor satisfacción. El acto puede ser ruin o sublime, pero siempre está presente la especulación. Hablar de especulador es equivalente a aludir a la acción humana. Algunos aciertan en sus conjeturas, otros se equivocan, pero todos especulan. La madre especula con que su hijo se encuentre bien, el asaltante a un banco especula con que le saldrá bien el atraco y así sucesivamente.</p>
<p>Como señala Casey, de lo anterior se deriva que todos actuamos en nuestro interés personal. En rigor, no hay tal cosa como acciones desinteresadas, lo cual, por otra parte, pone en evidencia que si un acto no está en interés de quien lo lleva a cabo, simplemente no se ejecutará.<span id="more-1387"></span></p>
<p>Doug Casey es autor de numerosos libros, algunos de los cuales han estado en la lista de bestsellers del <i>New York Times</i>, ha dirigido consultoras de reconocido prestigio, ha pronunciado conferencias en diversas instituciones estadounidenses y del exterior, ha publicado valiosos newsletters de gran tirada, con lectores de todas partes del mundo, ha sido invitado a diversos programas televisivos y ha producido documentales como la célebre <i>Meltdown America.</i> Sin perjuicio de la administración de sus inversiones personales, ahora está trabajando en la escritura de una saga de novelas de gran calado.</p>
<p>En esta nota periodística centro la atención en algunos pocos aspectos de su último libro, titulado <i>Totally Incorrect,</i> que consiste en preguntas y reflexiones que le formula Louis James al autor y que, a su turno, este se explaya en sus consideraciones.</p>
<p>Resumo mi lectura del referido libro en cinco temas. En primer lugar, la preocupación y la alarma de Casey por lo que sucede en Estados Unidos. La deuda pública colosal, el nivel astronómico del gasto del Gobierno central, las absurdas y asfixiantes regulaciones, los inmorales “bailouts” a empresarios incompetentes e irresponsables. La manía por involucrarse en guerras permanentes, la liquidación de las libertades individuales y el consiguiente abandono del debido proceso con la excusa del terrorismo, la inaudita y contraproducente lucha contra las drogas que todo lo corrompe a su paso, la pésima política respecto al medioambiente, que destroza la propiedad privada en nombre de la defensa de la propiedad del planeta, lo dañino de la Reserva Federal y la banca central en general. Además, el inaceptable espionaje a los ciudadanos del país y del extranjero por parte del Gobierno, que en todo se contraponen a los consejos originales de los padres fundadores.</p>
<p>El segundo punto que rescato de la obra es el referido a la educación. Casey señala con énfasis la imperiosa necesidad de eliminar la politización a través de ministerios y secretarías que deciden pautas, textos y estructuras curriculares.<b> Sugiere abrir a la competencia todos los centros educativos y pondera los procedimientos del <i>homeschooling</i>. Muestra que la genuina educación consiste en profesores que estimulen el pensamiento independiente e incentiven el desarrollo de las potencialidades de cada estudiante</b>, al contrario de lo que se considera habitualmente, en el sentido —como consigna el autor— de que los estudiantes “piensan que alguien les dará<i> </i>educación, cuando en realidad la educación es algo que cada uno debe darse a sí mismo”.</p>
<p>En este contexto, como dice en el libro Louis James, el asunto medular de este momento estriba en que en el llamado mundo libre hay demasiada polución intelectual.</p>
<p>En tercer lugar, se refiere extensamente a la idea de caridad. Aclara antes que nada que se trata de un acto realizado con recursos propios y de modo voluntario, al contrario de lo que se piensa de modo generalizado en cuanto a que el aparato estatal es solidario cuando arranca recursos de los vecinos para entregarlos a otros, lo cual no sólo es la antítesis de un acto de caridad o beneficencia, sino que se trata de un asalto. Luego sostiene que, por un lado, es partidario de la caridad individual más bien referida a “enseñar a pescar en lugar de regalar un pescado” y, por otro, desconfía de la institucionalización de asociaciones de caridad, ya que se suelen convertir en burocracias que en parte tuercen sus objetivos hacia los salarios de secretarias y demás funcionarios.</p>
<p>Pero tal vez lo más importante que destaca Casey en este campo es el complejo de culpa de empresarios y la presión social para que entreguen parte de sus ganancias en obras caritativas para “devolver algo de lo que han quitado”. Esta línea argumental me recuerda el magnífico ensayo tan bien documentado de Milton Friedman en <i>The New York Times Magazine, </i>titulado “The Social Responsibility of Buisness is to Increase Profits”. Esto es así debido a que en un mercado abierto y competitivo los empresarios están forzados a atender las demandas de su prójimo para obtener beneficios. Si el empresario da en la tecla con las necesidades de los demás, obtiene ganancias y si yerra, incurre en quebrantos. El cuadro de resultados muestra el camino para que los siempre escasos factores de producción estén en las mejores manos a criterio de los consumidores. Desde luego que esto se extiende a todas las inversiones en las que el empresario, al sacar partida de lo que estima que son costos subvaluados en términos de los precios finales, es decir, a través del arbitraje, ubica recursos en las áreas que conjetura que serán más demandadas.</p>
<p>De más está decir que <b>esto no ocurre con los empresarios prebendarios, cuyos patrimonios no provienen del plebiscito diario en los diferentes mercados presentes o futuros, sino del privilegio y de los mercados cautivos, con lo que se convierten en explotadores de la gente.</b></p>
<p>Otro aspecto del libro de marras es su muy ajustada definición de fascismo, en contraste con el comunismo, donde ambas tradiciones de pensamiento coinciden en la necesidad de demoler la sociedad abierta a través del estrangulamiento de la propiedad privada. El fascismo permite el registro de la propiedad a nombre de particulares, pero usa y dispone del aparato estatal, mientras que el comunismo directamente usa y dispone el gobierno. Señala que en la gran mayoría de los países el fascismo se aplica de modo generalizado en prácticamente todos los campos. Razonamientos que me recuerdan a las cuidadosas elaboraciones de Jean-François Revel en su obra <i>La gran mascarada,</i> en la que se detiene a considerar el estrechísimo parentesco ente el nacional-socialismo y el comunismo.</p>
<p>Por último, en esta reseña parcial y muy telegráfica, termino con un pensamiento del autor sobre los musulmanes: “Hay toda la razón para creer que cualquier grupo perteneciente al mundo islámico intentará defenderse de las Cruzadas medievales enmascaradas como estadounidenses modernos. Retribuirán la lucha no con aviones, misiles y tanques, sino con armas que pueden solventar […]. Algunos, especialmente en círculos de la seguridad nacional, se preguntan discretamente qué se debe hacer con la amenaza musulmana. Mi respuesta es absolutamente nada. No veo a los musulmanes como una amenaza diferente de los cristianos, los judíos, los budistas o cualquier otro grupo religioso. Los que conozco son tan agradables y decentes como cualquier otra persona. Una vez que uno busca una respuesta para el &#8216;tema musulmán&#8217; se está buscando problemas del peor tipo, tal como hicieron los alemanes cuando trataron de responder a &#8216;la amenaza judía&#8217;. Desafortunadamente esta es la dirección en la que se está moviendo Estados Unidos. No dudo que, antes de que termine esta década, aquellos de nosotros que tenemos amigos musulmanes seremos observados como terroristas potenciales por la razón apuntada”.</p>
<p>Por mi parte, agrego que <b>no debe asimilarse un criminal con una denominación religiosa</b>, del mismo modo que no hubiera sido pertinente aludir al “terrorismo cristiano” en épocas de la Inquisición, ya que las hogueras eran encendidas por asesinos seriales disfrazados de religiosos. Muchos fundamentalistas desean aquella confusión, porque las llamaradas del fanatismo pseudoreligioso siempre aniquilan, amputan y matan en nombre de Dios, la bondad y la misericordia.</p>
<p>Espero que a raíz de estos breves comentarios sobre uno de los libros de Doug Casey, haya quienes se interesen en traducir al castellano y publicar el libro referido para beneficio de los lectores del mundo hispanoparlante. Se trata de un hombre íntegro que dice lo que piensa sin rodeos ni subterfugios y, por tanto, no teme a ser políticamente incorrecto.</p>
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		<title>Contradicciones en Hollywood</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Feb 2016 10:00:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Resulta extremadamente paradójico que los artistas y los cantantes populares reciban remuneraciones extraordinarias por parte de sus públicos y sus fans. Incluso cuando viajan a filmar o para recitales a otros países ponen como condiciones aspectos tales como que les lleven su automóvil preferido en avión, pasajes en primera clase y en los hospedajes, que los reciban con champagne francés, agua mineral italiana, sábanas de hilo egipcio, cuidado especial para sus mascotas y así sucesivamente. Sin embargo, critican ácidamente a empresarios del comercio y la industria que, en un mercado abierto, obtienen sus ingresos también por el apoyo del consumidor.</p>
<p>Conceptualmente no hay diferencia entre el empresario que vende hamburguesas y el empresario del espectáculo, pero estos últimos consideran que tienen derecho a mantener lo suyo, pero no los comerciantes, los industriales y los financistas. Hay aquí una contradicción superlativa.</p>
<p>Jason Mattera, en su libro <i>Hollywood Hypocrites</i>,<i> </i>exhibe numerosos ejemplos de la señalada contradicción. Nunca me gustó hacer reflexiones <i>ad hominem,</i> puesto que la batalla es de ideas y no de personas, pero el referido libro ilustra la hipocresía mayúscula que en gran medida reina en Hollywood con ejemplos concretos de artistas de renombre.<span id="more-1358"></span></p>
<p>Por las razones apuntadas, no voy a citar los múltiples ejemplos que ofrece Mattera en su obra, pero sí es pertinente subrayar la <b>insistencia de conocidos artistas en cuanto a la necesitad de controlar vidas y haciendas ajenas por parte del aparato estatal, siempre y cuando no los toque a ellos</b>. Los críticos acérrimos del capitalismo reciben jugosos subsidios a la industria cinematográfica con el pretexto de que a todos hace bien, porque promueven el turismo y otras linduras por el estilo. También viajan en sus jets privados; mientras despotrican contra el calentamiento global, usan en vuelo cantidades enormes de recursos fósiles que emiten otro tanto de dióxido y monóxido de carbono.</p>
<p>El mismo autor describe la fastuosas vidas de los que amasan fortunas en Hollywood, sus palacios, sus caprichos siempre rodeados de valiosos cuadros, tapices, esculturas y vestidos con las últimas colecciones de Prada y Gucci, al tiempo que producen mucho del material destructivo respecto a los valores y los principios de la sociedad libre. Nos muestra Jason Mattera que son en verdad muy pocos los artistas que defienden aquellos valores y principios por lo que son rechazados por buena parte de sus colegas.</p>
<p>Son actores y actrices que despotrican contra el capitalismo y sostienen que debe reemplazarse por un sistema más espiritual, pero constantemente se hacen los glúteos y se estiran la cara con recursos quirúrgicos que provee el capitalismo, en el contexto de la multimillonaria producción, distribución y consumo capitalista de sus obras.</p>
<p>Ludwig von Mises, en <i>La mentalidad anticapitalista, </i>también se expide sobre el mismo asunto y concluye: “Las masas, cuyo nivel de vida ha elevado el capitalismo, abriéndole las puertas al ocio, quieren distraerse. El negocio del espectáculo es rentable. Los artistas y autores que gozan de mayor popularidad perciben ingresos excepcionales. Sin embargo, Hollywood y Broadway, los mayores centros de la industria del espectáculo, son viveros de estatismo”. Mario Vargas Llosa subraya el mismo cinismo extremo en un formidable artículo en <i>El País</i> de Madrid a raíz de la tan difundida entrevista de Sean Penn —epígono de tanto sátrapa— al tristemente célebre criminal Chapo Guzmán.</p>
<p>¿Por qué ocurre este fenómeno? Considero que es por las mismas razones que sucede con el resto de los mortales, a saber, <strong>el desconocimiento de los fundamentos éticos, económicos y jurídicos de una sociedad abierta. El tema es primordialmente educativo.</strong> Si se observan de cerca las características de lo que se imparte en buena parte de las cátedras en centros de estudios, la bibliografía correspondiente, lo que en gran medida se dice y afirma en los medios de comunicación y las conversaciones en reuniones sociales, se comprobará que de esos ámbitos resulta sumamente difícil que aparezcan defensores del liberalismo.</p>
<p>Por supuesto que nada es inexorable, todo depende de lo que cada cual sea capaz de hacer cotidianamente. Es, desde luego, factible revertir esta situación, pero requiere mucha biblioteca y mucho esfuerzo para explicar aquellos valores y principios que sostienen la vida civilizada del respeto recíproco.</p>
<p>Como hemos apuntado antes, el problema también surge en el mundo empresario, no por el hecho de ser exitoso en los arbitrajes característicos del comercio se deben conocer las bases de una sociedad de hombres libres. Más aún, si los Gobiernos le ofrecen privilegios al empresario, es muy común que los acepte, con lo que se convierte en un enemigo mortal del sistema llamado de libre empresa.</p>
<p>Robert Nozick, en su ensayo titulado “Why do Intellectuals Oppose Capitalism?”, que aparece en su <i>Socratic Puzzles,</i> nos recuerda que <b>Friedrich Hayek atribuye la aversión de muchos intelectuales al capitalismo, porque no conciben que el proceso de mercado se sustenta en un orden espontáneo en el que el conocimiento está fraccionado y disperso entre millones de personas y es coordinado a través de los precios</b>. Este enfoque los excede. No conciben que las cosas puedan tener lugar sin un plan deliberado de otros seres humanos que dirijan la situación. A esto Nozick agrega el resentimiento de los intelectuales hacia negociantes que obtienen mayores ingresos que ellos en faenas que estiman subalternas, como la venta de medias y similares.</p>
<p>Estas explicaciones pueden extrapolarse con toda facilidad a los artistas hollywoodenses, que miran con desdén a muchos de sus congéneres. En el fondo, todo se resume a la ignorancia supina del significado del capitalismo, en cuyo contexto todos deben ser respetados en sus proyectos de vida, se dediquen estos al espíritu o a lo crematístico, siempre y cuando no lesionen iguales derechos de terceros.</p>
<p>Para los más sofisticados de la industria del cine y el teatro, el keynesianismo ha servido para encauzar en sus debidos carriles al mercado (entre otros, Gordon Summer, alias Sting y Oliver Stone <i>dixit</i>), por lo que reitero lo dicho en otra oportunidad, que no sólo sirve para ciertos exponentes del arte, sino para colegas economistas que no han buceado lo suficiente en las aguas profundas de la economía.</p>
<p>Los ejes centrales de la obra más difundida de John Keynes (<i>Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero</i>, México D. F.: Fondo de Cultura Económica, 1936-1963) consisten en la alabanza del gasto estatal, el déficit fiscal y el recurso a políticas monetarias inflacionistas para “reactivar la economía” y asegurar el “pleno empleo” en un contexto errado del concepto de deflación. Así, nos dice en ese libro: “La prudencia financiera está expuesta a disminuir la demanda global y, por tanto, a perjudicar el bienestar”.</p>
<p>Tal vez uno los trabajos más lúcidos sobre Keynes esté consignado en el noveno volumen de las obras completas del antes mencionado premio nobel en economía F. A. Hayek (The University of Chicago Press). Incluso en Estados Unidos irrumpió el keynesianismo más crudo durante las Presidencias de Franklin Roosevelt: eso era su <i>new deal</i>, que provocó un severo agravamiento de la crisis del treinta, generada por las anticipadas fórmulas de Keynes, aplicadas ya en los Acuerdos de Génova y Bruselas, donde se abandonó la disciplina monetaria.</p>
<div>
<p>En definitiva, Keynes apunta a “la eutanasia del rentista y, por consiguiente, la eutanasia del poder de opresión acumulativo de los capitalistas para explotar el valor de escasez del capital”. Resulta sumamente claro y específico lo que escribió como prólogo a la edición alemana de la obra mencionada, también en 1936, en plena época nazi: “La teoría de la producción global, que es la meta del presente libro, puede aplicarse mucho más fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario que la producción y la distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia y un grado considerable de <i>laissez-faire</i>”.</p>
<p>Como es sabido, hay ríos de tinta explicando los errores de Keynes, pero, fuera de la obra señalada (a la que bien podrían agregarse los conocidos y muy difundidos libros de Henry Hazlitt y de W. H. Hutt), hay dos ensayos que resultan de gran interés. Se trata de <i>The Critical Flow on Keynes´s System</i>, de Robert P. Murphy y <i>Dissent on Keynes: A Critical Appraisal of Keynesian Economics,</i> de Mark Skousen.</p>
<p>En el primero, el autor se detiene especialmente en el plano laboral, donde muestra las consecuencias perniciosas de intentar derretir salarios en términos reales a través de la inflación monetaria en momentos en que hay consumo de capital manteniendo los salarios nominales inalterados, un engaño que se sugiere en lugar de permitir que los niveles se adapten a la situación imperante sin introducir las alteraciones en los precios relativos que indefectiblemente provoca la inflación.</p>
<p>Por otra parte, destaca la incomprensión del fenómeno del desempleo de Keynes y, consecuentemente, su propuesta de encarar obras públicas que, en definitiva, significan detraer recursos del sector privado para faenas no productivas, lo cual se traduce en un empeoramiento en el nivel de vida de todos. En el segundo ensayo, Skousen describe las falacias de sostener que Keynes fue el salvador del capitalismo, en lugar de su victimario, en el mismo contexto, cuando actualmente se apunta a la crisis del capitalismo, en lugar de percatarse de que el sistema imperante consiste en el estatismo. En ese trabajo, el autor detalla los consejos del keynesianismo de controlar precios y salarios, al tiempo que propugna el deterioro del signo monetario, el déficit fiscal, el incremento del gasto público y, unas veces <i>de facto </i>y otras <i>de jure</i>, la nacionalización de empresas.</p>
<p><strong>Tal vez estas reflexiones puedan ayudar a que cambie en algo lo que viene ocurriendo en general en la industria del cine, cuyos representantes tienen tanto peso en la opinión pública mundial. No se trata de juzgar intenciones, aun suponiendo las mejores; los resultados, especialmente para los más necesitados, son nefastos.</strong> Sin duda que, de modificarse esta situación, la cinematografía y el teatro podrían influir muy positivamente en la comprensión de lo que significa vivir en libertad, como que de hecho algunas de sus excelsas manifestaciones han contribuido grandemente a que se rechace toda forma de autoritarismo.</p>
</div>
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		<title>La era de los seudoderechos</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Sep 2015 10:54:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Lo primero que debe decirse es que el derecho no es un invento del Gobierno, sino que es anterior y superior al monopolio de la fuerza que en esta instancia del proceso de evolución cultural es para proteger los derechos de los gobernados.</p>
<p>El derecho es consustancial a la naturaleza del ser humano. El hombre siempre actúa con la intención de pasar de un estado menos satisfactorio a uno que le proporcione mayor satisfacción. Esos estados de satisfacción son enteramente subjetivos y dependen totalmente de la estructura axiológica de cada cual. En este proceso el hombre busca la mayor incorporación de lo que estima son valores (que en realidad pueden ser desvalores si en definitiva le hacen daño). <b>En una sociedad abierta cada uno asume la responsabilidad por lo que hace o deja de hacer.</b></p>
<p>Hay dos planos de análisis en esto: por un lado, las apreciaciones o las valorizaciones subjetivas de cada uno y, por otro, la objetividad de las cosas en el sentido de propiedades y relaciones que son independientemente de las opiniones de cada cual<b>. El derecho es simplemente la facultad de las personas para seguir el curso que estime conveniente siempre y cuando no lesione derechos de terceros</b>. Del mismo modo que las flores y los minerales tienen ciertas propiedades y características, el ser humano también las tiene.</p>
<p>En una sociedad abierta se da rienda suelta a lo que cada uno considera es su camino para ejecutar sus proyectos de vida siempre y cuando, como queda dicho, no lesiones derechos de terceros. Y no es que el derecho tenga un límite, la destrucción del derecho ajeno no es un derecho.<span id="more-1058"></span></p>
<p>El hecho de actuar pone de relieve que el ser humano es imperfecto y, por ende, está insatisfecho. Busca afanosamente la felicidad, que en rigor es la actualización de las potencialidades hacia el bien, pero evidentemente puede ser malentendida y dirigirse a la ruina. En todo caso, no es de incumbencia de nadie más que del sujeto actuante, sin perjuicio de lo cual pueden ofrecerse consejos y debatir voluntariamente objetivos, pero en ningún caso en la sociedad abierta es lícito recurrir a la fuerza para fines que no sean estrictamente defensivos.</p>
<p>Todo derecho implica como contrapartida una obligación. Si una persona obtiene un ingreso de mil, la contracara es la obligación universal de respetar ese ingreso. Pero si esa persona demanda dos mil aun no obteniéndonos y el Gobierno otorga esa facultad, quiere decir que otro estará obligado a entregar la diferencia, lo cual lesiona su derecho, por tanto, se trata de un seudoderecho.</p>
<p><b>Desafortunadamente en la actualidad vivimos rodeados del otorgamiento de seudoderechos: derecho a la educación no en el sentido de que cada uno puede educarse, sino en el sentido de que otros vecinos están obligados a financiar los estudios de terceros</b>, y así en idéntico contexto el derecho a la vivienda, a hidratos de carbono o vitaminas, a un salario adecuado, a la recreación etcétera.</p>
<p>Este enfoque desafortunado reasigna los siempre escasos recursos en direcciones diferentes a las que lo hubiera hecho la gente con sus compras y sus abstenciones de comprar en el supermercado y afines, con lo que hay consumo de capital que a su vez se traduce en menores salarios e ingresos en términos reales, que, entre otras cosas, no permite expandir la educación, la vivienda, la alimentación, la recreación y demás aspiraciones del todo legítimas y necesarias.</p>
<p><b>No hay posibilidad de contar con una sana economía si no existen normas que garanticen el respeto recíproco</b>. Un ejemplo entre tantos: Cuando las instituciones permiten que el aparato estatal estafe a la gente vía la manipulación monetaria, se distorsionan los precios relativos que a su turno engañan a los operadores económicos en su asignación de factores de producción y el consumo de capital correspondiente contrae salarios e ingresos en términos reales. Siempre que se habla de derecho se habla de Justicia, que significa “dar a cada uno lo suyo”, lo cual remite a la propiedad privada, que, a su vez, es el eje central del proceso de mercado.<i></i></p>
<p>He escrito antes sobre distintos canales para producir grietas sumamente peligrosas en el edificio jurídico, pero hay cinco que son las más frecuentes. Telegráficamente consideradas, se trata de las <b>teorías del abuso del derecho, la lesión, la imprevisión, el enriquecimiento sin causa y la penetración</b>, sobre las que han advertido todos los grandes tratados de derecho civil y estaban proscritas en las normas escritas y no escritas de toda sociedad abierta, en la que naturalmente se respeta el haz de contratos diarios e inseparables de la propiedad que se suscriben de facto o de jure en casi todas las acciones del hombre (de compra-venta, de enseñanza, de locación, de transporte, de mutuo, de mandato, de gestión de negocios, de fianza, de donación, societarios, aleatorios, de adhesión y así sucesivamente).</p>
<p>La llamada teoría del abuso del derecho ha sido catalogada por autores como Planiol y Ripert como una logomaquia, puesto que un mismo acto no puede ser simultáneamente conforme y contrario al derecho. Por medio de esta figura se concede al gobernante la facultad de sacrificar la voluntad, la libertad y la autonomía de una o de ambas partes en pos de la arbitrariedad judicial. Se suelen citar ejemplos en los que se estima una de las partes se ve obligada a cumplir con lo estipulado a pesar de su precaria situación, lo cual no permite ver que son muchas las personas (comenzando por nuestros ancestros de las cavernas) que atraviesan dificultades varias, pero si se autoriza a quebrar los contratos las dificultades se extienden en grado sumo, tal como ocurre en los países en los que no se respetan las relaciones contractuales.</p>
<p>Por su parte, al introducirse el principio de la lesión, también se otorga al juez la facultad de declarar nulo un contrato, aun actuando dentro de la esfera del derecho. Si se estimara que una norma no protege adecuadamente las autonomías individuales y, por ende, no hace justicia, debe ser modificada o abrogada. La confiscación del Poder Judicial de las facultades del legislativo constituye un abuso de poder que vulnera la división de poderes. Por ejemplo, una nota del codificador argentino al <i>Código Civil</i> de 1869 apunta la irrevocabilidad del contrato al sostener: “dejaríamos de ser responsables de nuestras acciones si la ley nos permitiera enmendar todos nuestros errores y todas nuestras imprudencias”.</p>
<p>La teoría de la imprevisión solo se diferencia de la de la lesión en cuanto a la temporalidad, es decir, que mientras esta se juzga al momento de celebrarse el contrato, aquella es juzgada en el futuro y de ocurrir circunstancias previstas solo por una de las partes o no previstas e imprevisibles, lo cual convierte a la obligación en más onerosa. En este contexto ha escrito Bibiloni: “No hay sociedad posible si por circunstancia de que alguien obtenga provecho de una relación legítima con otro, está obligado al resarcimiento. El que vende o compra o arrienda o ejerce, en fin, la más natural acción, puede obtener lucro de la otra parte, sin que de ahí se deduzca nada porque para eso son los contratos”. <b>El respeto a la palabra empeñada constituye el eje central de una sociedad abierta, lo cual implica el asumir todas las consecuencias de lo pactado.</b></p>
<p>En cuarto lugar, la teoría del enriquecimiento ilícito tiene dos significados bien diferentes: por un lado, el incremento patrimonial debido a causas contrarias al derecho, es decir, a acciones ilícitas y la segunda interpretación, la que en verdad da lugar a esta teoría es el incremento patrimonial como consecuencia de operar conforme a derecho, pero declarado nulo por el Poder Judicial, con lo que, nuevamente, nos encontramos frente a la arbitrariedad y al atropello del Leviatán, con las consecuencias devastadoras que significa la <b>suspensión del derecho a manos de la discrecionalidad y la imprevisibilidad, todo lo contrario de lo que requiere la seguridad jurídica.</b></p>
<p>Por último, la novel teoría de la penetración permite que los accionistas de una sociedad anónima sean responsables solidaria e ilimitadamente con sus bienes, respondiendo por los actos de la empresa de la cual son copropietarios, con lo que se extingue la figura de la personería jurídica, confundiéndola con las personas de existencia física y demuele la noción misma del carácter societario para entregarla a las resoluciones circunstanciales de Gobiernos que abrogan de facto las mismas normas en cuyo contexto se desenvuelven.</p>
<p>Por supuesto que estas cinco afrentas al derecho (en el caso argentino incorporadas al <i>Código Civil </i>por el Gobierno de facto del general Onganía) no son las únicas por la que los marcos institucionales están en jaque, también se hace de modo flagrante al desconocer los principios de la garantía de la cosa juzgada, la irretroactividad y al incorporar los llamados “derechos sociales” que, como hemos apuntado, significan seudoderechos, ya que, al concederlos, necesariamente dañan los derechos de terceros al no tener en cuenta que a todo derecho corresponde una obligación y si estas resultan contrarias al derecho de otros, inexorablemente se perjudica seriamente el andamiaje jurídico, con lo que, además, se afecta a quienes se pretende mejorar en su condición.</p>
<p>Hoy en día hay lugares en los que los comisarios del momento ni siquiera alegan las teorías anteriormente mencionadas, sino que proceden al atropello a los derechos de las personas sin dar explicación alguna como no sea escudado en “la soberanía” de los aparatos estatales, sin percatarse de que la soberanía reside en los gobernados que contratan a Gobiernos para que los protejan y no para que los ataquen, actuando no como mandantes, sino como mandatarios sin límite alguno en sus atribuciones.</p>
<p>Desafortunadamente, en la mayor parte de las facultades de derecho el positivismo jurídico ha hecho estragos y se ha perdido la noción de mojones o puntos de referencia de justicia extramuros de la legislación positiva, situación que conduce indefectiblemente al ensanchamiento de un Leviatán completamente desbocado, en desmedro de los derechos de las personas y con lo que cualquier Hitler (hoy diríamos Chávez) que asume el poder con suficiente apoyo electoral convierte su legislación pervertida en “normas de justicia”.</p>
<p>Ya se ha señalado y repetido con razón que las declinaciones de los diversos países no se deben a factores exógenos sino internos, comenzando por lo que ocurre en la cabezas de la gente. Michail Rostovtzeff explicó detalladamente en su célebre y voluminosa historia el deterioro en los marcos institucionales y en la economía debido al estatismo que irrumpió en la Roma imperial y Taichi Sakaiya resume el tema en su <i>Historia del futuro. La sociedad del conocimiento</i>: “La causa del desmoronamiento y la extinción del mundo antiguo no fue la obtusa ignorancia y el salvajismo de los bárbaros del norte, sino el cambio ético y estético que estaba en marcha mucho antes […] fueron abandonados desde dentro”.</p>
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		<title>Un ensayo de Milton Friedman</title>
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		<pubDate>Sat, 09 May 2015 09:35:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Uno de los trabajos interesantes e inspiradores de Friedman, esta vez en coautoría con su mujer Rose, se titula “La corriente en los asuntos de los hombres”, traducido y publicado en Libertas con la autorización de los autores y de Hoover Institution en la edición de la mencionada revista académica de octubre de 1989 (un... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/05/09/un-ensayo-de-milton-friedman/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Uno de los trabajos interesantes e inspiradores de Friedman, esta vez en coautoría con su mujer Rose, se titula “La corriente en los asuntos de los hombres”,</strong> traducido y publicado en <i>Libertas </i>con la autorización de los autores y de Hoover Institution en la edición de la mencionada revista académica de octubre de 1989 (un mes antes del derrumbe del Muro de la Vergüenza en Berlín, aunque originalmente publicado en 1988 en la colección titulada <i>Thinking About America </i>por Hoover Institution Press). Como es un tema de permanente actualidad, es oportuno comentar los aspectos más salientes de este ensayo.</p>
<p>Los Friedman subrayan la importancia decisiva de las ideas en los procesos humanos y reiteran la verdad que encierra el título y el contenido del muy citado libro de Richard Weaver, <i>Ideas Have Consequences</i>. De ahí es que resultan tan necesarios los esfuerzos educativos respecto a la trasmisión de valores y principios compatibles con la sociedad abierta si quiere preservarse la libertad y el consiguiente respeto recíproco.<span id="more-723"></span></p>
<p>En este ensayo se destacan las corrientes de pensamiento que, al igual que las corrientes marinas, tardan en manifestarse pero una vez que lo hacen dejan su marca y allí se dice que este proceso clave no ha sido suficientemente tratado por historiadores y economistas. Escriben que “la hipótesis es la siguiente: <strong>un cambio importante en la política social y económica está precedido por un cambio en el clima de opinión intelectual”</strong> y señalan que una vez trabajada la idea en el terreno académico se traslada a otras instancias hasta que llega a los medios de comunicación y, por ende, al público en general. Pero para mantener esta tendencia debe alimentarse permanentemente la idea, de lo contrario será sustituida por lo que Albert V. Dicey denominó las contracorrientes que en general se deben a la desaparición de los protagonistas originales cuando los espacios respectivos quedan vacantes.</p>
<p>Friedman describe muy ajustadamente el punto, al poner de manifiesto que para conjeturar lo que ocurrirá en un próximo tiempo no hay que mirar lo que sucede en la superficie sino bucear en la corriente que se está gestando en las profundidades, a saber, en el mundo académico. Apunta que “hacen falta independencia y coraje intelectuales para iniciar una contracorriente que domine la opinión”, lo cual nos recuerda el buen consejo de Arthur Koestler citado por William Buckley, Jr en su <i>God and Man at Yale. The Supertitions of Academic Freedom</i>: <strong>“Uno debería escribir con vigor sobre aquello que uno estima verdadero o, de lo contrario, quedarse callado”.</strong> Los tibios no sirven, parafaseando a Mario Vargas Llosa, “son figuras de superficie sin mayor trastienda”.</p>
<p>Los autores ilustran su tesis con tres correntadas que marcan las políticas de tiempos recientes y contemporáneos. Una primera que denomina del <i>laissez-faire </i>o de Adam Smith, una segunda que reconoce como de Estado Benefactor o de los fabianos y una tercera que bautiza como de resurgimiento de los mercados libres o la corriente de Hayek.</p>
<p>Se consigna en este ensayo: “La primera corriente que analizaremos comienza en Escocia en el sigo xviii con la reacción contra el mercantilismo [una oleada anterior] expresada en los escritos de David Hume, en <i>The Theory of Moral Sentiments </i>de Smith (1759) y, sobre todo, en <i>The Wealth of Nations</i>, también de <strong>Adam Smith</strong> (1776). <strong><i>The Wealth of Nations </i>se considera en forma unánime y con justicia como la piedra fundamental de la economía científica moderna.</strong> Su fuerza normativa y su influencia sobre el mundo intelectual revisten gran importancia para nuestro objetivo actual. Su rápida influencia sobre la comunidad intelectual reflejó, sin duda alguna, las semillas plantadas por Hume y otros -las contracorrientes intelectuales de la corriente mercantilista- así como también las primeras etapas de la Revolución Industrial. Del otro lado del Atlántico, el año 1776 también fue testigo de la proclamación de la Declaración de la Independencia, en varios aspectos el gemelo político de la economía de Smith. La obra de Smith fue rápida y generalmente aceptada por los Padres Fundadores”.</p>
<p>Y más adelante se lee: <strong>“No es fácil medir el papel que desempeña el gobierno en la economía. Una medida útil, aunque reconocida como imperfecta, es la relación del gasto público con el ingreso nacional.</strong> En el punto culminante del <i>laissez-faire, </i>el gasto gubernamental en tiempos de paz fue inferior al 10 por ciento del ingreso nacional, tanto en los Estados Unidos como en Gran Bretaña”.</p>
<p>Respecto a la segunda correntada, se apunta que “<strong>este notable progreso no impidió que la corriente intelectual se apartara del individualismo y se volcara hacia el colectivismo</strong> […] El punto culminante, cuando el colectivismo comenzó a dominar la opinión intelectual, tuvo lugar algunas décadas más tarde. La fundación del la <strong>Sociedad Fabiana,</strong> dedicada al establecimiento gradual del socialismo por George Bernard Shaw, Sydney Webb y otros en 1883 es quizá la mejor fecha divisoria para Gran Bretaña. Una fecha comparable en el caso de los Estados Unidos es 1885, cuando la Asociación Norteamericana de Economía fue fundada por un grupo de economistas jóvenes que habían vuelto de estudiar en Alemania imbuidos de ideas socialistas que esperaban difundir a través de la asociación”.</p>
<p>Por último, la <strong>tercera corriente</strong> que describe la visión friedmaniana se identifica del siguiente modo: “Así como había ocurrido con la corriente anterior, el mundo de las ideas comenzó a cambiar su rumbo al mismo tiempo que en el mundo de la práctica, la corriente alcanzaba su punto máximo. Durante el predomino de las ideas socialistas habían existido contracorrientes puestas en práctica en Gran Bretaña por Lionel Robbins, Friedrich Hayek y algunos de sus colegas en la London School of Economics, en Austria por Ludwig von Mises y sus discípulos y en los Estados Unidos por Albert Jay Nock, H.L. Mencken y otros autors populares; Henry Simons, Frank Knight y Jacob Viner en la Universidad de Chicago y Gottfried Haberler y Joseph Schumpeter en Harvard, para mencionar solo algunos. El libro <i>The Road to Serfdom </i>de Hayek, un best-seller sorpresa en Gran Bretaña y en los Estados Unidos en 1944, fue probablemente la primera incursión real en el punto de vista intelectual dominante” y también Friedman se refiere a su <strong><i>Capitalism and Freedom </i>y mucho más tarde <i>Free to Chose</i></strong>. Además dice que en los inicios debe enfatizarse el rol decisivo que tuvo el establecimiento por Leonard Read de la Foundation for Economic Education (FEE) en 1946 con su muy difundida revista <i>The Freeman.</i> <i> </i></p>
<p>Este es un muy apretado resumen de un largo ensayo por Milton y Rose Friedman, es aconsejable leerlo completo al efecto de informarse de extensos pasajes en los que los autores de refieren a acontecimientos históricos de importancia que no caben en una nota periodística.</p>
<p>De cualquier manera, <strong>este estudio muestra una vez más la trascendencia de la educación como la vía para modificar la articulación de discursos políticos</strong> siempre atentos para sobrevivir por lo que están atentos de las medidas que reclama la opinión pública a su vez influida decisivamente por faenas educativas previas. Esto va para despejar la sandez de que “la teoría es irrelevante, lo importante es la práctica” sin percatarse, por un lado, que sin una adecuada teoría se anda a los tumbos y, por otro, que todo lo que hacemos y consideramos práctico es porque adoptamos una buena teoría forjada por otros en otros momentos. La jardinería, la agricultura, las computadoras, la alimentación, los medicamentos, todo es fruto de buenas teorías por eso el <i>dictum</i> de “nada es más práctico que una buena teoría”.</p>
<p>En la sección de las conclusiones, los Friedman advierten que, “para aquellos que creen en una sociedad libre y en un papel del gobierno apenas limitado, ésta [la mencionada tercera corriente] es una perspectiva optimista, sin bien no hay razón para la complacencia. Nada es inevitable en el curso de la historia […] La corriente impulsora en los asuntos de los hombres que se encuentra en la primera etapa aún puede ser abortada, abrumada por una corriente renovada de colectivismo”. En la misma línea argumental, <strong>es pertinente citar un pensamiento de Albert Schweitzer de su <i>The</i> <i>Philosophy</i> o<i>f</i> <i>Civilization</i>: “Cada época vive en la conciencia de lo que han provisto los pensadores bajo cuya influencia se opera”.</strong></p>
<p>En todo caso tenemos que estar atentos a la <strong>visión kafkiana de la sociedad</strong> que como muy bien explica <strong>Milan Kundera</strong> en la quinta parte de <i>El arte de la novela</i>, “en la historia moderna hay tendencias que producen lo kafkiano en la gran dimensión social: <strong>la concentración progresiva del poder que tiende a divinizarse, la burocratización de la actividad social que transforma todas las instituciones en laberintos sin fin, la consiguiente despersonalización del hombre”. </strong></p>
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		<title>¿Límites de la libertad?</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Feb 2015 09:53:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Conviene despejar un mal entendido. <strong>Se ha dicho que la libertad de uno termina donde comienza la del otro.</strong> Esto, aunque expuesto con la mejor de las intenciones, puede prestarse a confusión puesto que la libertad significa la de todos, lo cual naturalmente se traduce en el respeto recíproco. <strong>La invasión a las libertades de otros no es libertad sino anti-libertad</strong>, precisamente constituye un atropello a la libertad. No es que la libertad se extralimita, es que entra en la zona de la no-libertad.  <strong>Lo mismo va para el derecho, plano en el que se ha introducido la absurda teoría del “abuso del derecho”, una contradicción en los términos</strong> <strong>puesto que una misma acción no puede ser conforme y contraria al derecho. </strong></p>
<p>Pero aquí viene un asunto de la mayor importancia que se traduce en un debate que viene de largo tiempo y promete seguir. Reitero aquí parte de lo que he escrito en la introducción a la doceava edición de mi <i>Fundamentos de análisis económico</i> (Panamá, Instituto de Estudios de la Sociedad Abierta, 2011) puesto que <strong>de lo que se trata en este contexto es de discutir marcos institucionales civilizados para que pueda funcionar la economía</strong>. Allí ilustro el tema con lo consignado por dos pensadores de fuste: Karl Popper y Sidney Hook.<span id="more-458"></span></p>
<p>El primero escribe: <strong>&#8220;La tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición de la tolerancia</strong>. Si extendemos la tolerancia ilimitada incluso a aquellos que son intolerantes, <strong>si no estamos preparados para defender una sociedad tolerante contra la embestida del intolerante, entonces el tolerante será destrozado junto con la tolerancia</strong> […], puesto que puede fácilmente resultar que no están preparados a confrontarnos en el nivel del argumento racional y denunciar todo argumento; pueden prohibir a sus seguidores a que escuchen argumentos racionales por engañosos y enseñarles a responder a los argumentos con los puños o las pistolas” (<i>The Open Society and its Enemies</i>, Princeton, NJ., Princeton University Press, 1945/1950:546).</p>
<p>En la misma línea argumental, el segundo autor mantiene que “las causas de la caída del régimen de Weimar fueron muchas: una de ellas, indudablemente, fue la existencia del liberalismo ritualista, que creía que la democracia genuina exigía la tolerancia con el intolerante” (<i>Poder político y libertad personal</i>, México, Unión Tipográfica Editorial Hispano Americana, Uthea, 1959/1968: xv).</p>
<p>El problema indudablemente no es de fácil resolución. Giovanni Sartori ha precisado que “el argumento es de que <strong>cuando la democracia se asimila a la regla de la mayoría pura y simple, esa asimilación convierte un sector del <i>demos </i>en <i>no-demos</i>.</strong> A la inversa, <strong>la democracia concebida como el gobierno mayoritario limitado por los derechos de la minoría se corresponde con todo el pueblo</strong>, es decir, con la suma total de la mayoría y la minoría” (<i>Teoría de la democracia</i>, Madrid, Alianza Editorial, 1987: vol.i, 57). Sin duda que<strong> la democracia así concebida se ha degradado y desfigurado hasta convertirse en cleptocracia,</strong> es decir, el gobierno de ladrones debido a impuestos confiscatorios, deudas estatales inviables y deterioro del signo monetario, ladrones de libertades y autonomías individuales y ladrones de vidas y sueños aniquilados por megalómanos en el poder. Por tanto, en contextos contemporáneos la teórica función gubernamental de proteger “la vida, la libertad  y la propiedad” en gran medida ha quedado en agua de borraja. Tal como se expone en el texto de este libro en la referida sección de los marcos institucionales, la omnipotencia del número facilita el atropello del Leviatán.</p>
<p><strong>Sin embargo, el tema de proscribir a los enemigos de la sociedad abierta tiene sus serios bemoles puesto que resulta imposible trazar una raya para delimitar una frontera y, aunque fuera posible,  siempre presenta graves problemas</strong>. Como he escrito antes, supongamos que un grupo de personas se reúne a estudiar los Libros V al VII de <i>La República </i>de Platón donde aconseja el establecimiento de un sistema enfáticamente comunista bajo la absurda figura del “filósofo-rey”. Seguramente no se propondrá censurar dicha reunión. Supongamos ahora que esas ideas se exponen en la plaza pública, supongamos, más aún, que se trasladan a la plataforma de un partido político y, por último, supongamos que esos principios se diseminan en los programas de varios partidos y con denominaciones diversas sin recurrir a la filiación abiertamente comunista ni, diríamos hoy, nazi-fascista. No parece que pueda prohibirse ninguna de estas manifestaciones sin correr el grave riesgo de bloquear el indispensable debate de ideas, dañar severamente la necesaria libertad de expresión y, por lo tanto, sin que signifique un peligroso y sumamente contraproducente efecto <i>boomerang</i> para incorporar nuevas dosis de conocimiento.</p>
<p>La confrontación de teorías rivales resulta indispensable para mejorar las marcas y progresar. En una simple reunión -sea presencial o virtual- con colegas de diversas profesiones y puntos de vista para someter a discusión un ensayo o un libro en proceso se saca muy buena partida de las opiniones de todos. Es raro que no se aprenda de otros, de unos más y de otros menos, pero de todos se incorporan nuevos ángulos de análisis y visones de provecho, sea para que uno rectifique algunas de sus posiciones o para otorgarle argumentación de mayor peso a las que se tenían. Se lleva el trabajo a la reunión pensando que está pulido y siempre aparecen valiosas sugerencias. Es que como ha dicho Borges parafaseando el pensamiento de Alfonso Reyes: “Como no hay tal cosa como un texto perfecto, si uno no publica, se pasa la vida corrigiendo borradores”. Por otra parte, en estas lides, el consenso se traduce en parálisis. <strong>Nicholas Rescher pone mucho énfasis en el valor del pluralismo en su obra que lleva un sugestivo subtítulo: </strong><i><strong>Pluralism. Against the Demand for Consensus</strong> </i>(Oxford, Oxford University Press, 1993). Incluso la unanimidad tiene cierto tufillo autoritario; <strong>el disenso, no el consenso, es la nota sobresaliente de la sociedad abierta</strong> (lo cual desde luego incluye, por ejemplo, que un grupo de personas decida seguir el antedicho consejo platónico y mantener las mujeres y todos sus bienes en común).</p>
<p>Sidney Hook apunta que “una cosa es mostrarse tolerante con las distintas ideas, tolerante con las diversas maneras de jugar el juego, no importa cuán extremas sean, siempre que se <i>respeten </i>las reglas de juego, y otra, muy diferente, ser tolerante con los que hacen trampas o con los que están convencidos de que es permisible hacer trampas” (<i>op. cit.</i>: xiv). Pero es que, precisamente, de lo que se trata desde la perspectiva de quienes no comparten los postulados básicos del liberalismo es <i>dar por tierra con las</i> <i>reglas</i> <i>de</i> <i>juego</i>, comenzando con la institución de la propiedad privada. En este sentido recordemos que Marx y Engels<i> </i>sostuvieron que “pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada” (“Manifiesto del Partido Comunista”, en <i>Los fundamentos del marxismo</i>, México, Editorial Impresora, 1848/1951: 61) y los fascistas mantienen la propiedad <i>de jure </i>pero la subordinan <i>de facto </i>al aparato estatal, en este sentido se pronuncia Mussolini: “Hemos sepultado al viejo Estado democrático liberal […] A ese viejo Estado que enterramos con funerales de tercera, lo hemos substituido por el Estado corporativo y fascista, el Estado de la sociedad nacional, el Estado que une y disciplina” (“Discurso al pueblo de Roma” en <i>El espíritu de la revolución fascista</i>, Buenos Aires, Ediciones Informes, 1926/1973:218, compilación de Eugenio D`Ors “autorizada por el Duce”: 13).</p>
<p><strong>No se trata entonces del respeto a las reglas de juego sino de modificarlas y adaptarlas a las ideas de quienes pretenden el establecimiento de un estado totalitario o autoritario.</strong> Esto es lo que estamos presenciando en estos momentos con los Chávez del planeta y sus imitadores. Nos percatamos del riesgo: los que se amparan en la libertad de expresión apuntan a ejecutar sus ideas, es decir, los Stalin y Hitler de nuestra época pretenden asesinar y destruir toda valla jurídica para sus designios totalitarios. Lo dicho no contraría que en sociedades libres respondan ante la Justicia quienes han lesionado derechos de terceros, lo cual nada tiene que ver con la censura puesto que se trata de un proceso <i>ex post facto</i>.</p>
<p>El tema entonces radica en la educación, <strong>nada puede hacerse como no sea el ganar la argumentación a favor de la sociedad abierta</strong>, de lo contrario los delitos de homicidio y robo instalados en la civilización son eliminados de un plumazo por los sátrapas. Y cuando ponemos énfasis en la educación estamos hablando de valores y principios compatibles con la sociedad abierta que no necesariamente muestran un correlato con el monto presupuestario que se destina a ese rubro.</p>
<p>Es cierto que el corrimiento en el eje del debate procede de los ambientes intelectuales que, como una piedra en un estanque, van formando círculos concéntricos desde el cenáculo a la opinión pública que, en esta etapa cultural, es capitalizada por las estructuras políticas. Pero incluso es hasta cierto punto un desperdicio el destinar esfuerzos constructivos en el campo educativo que son tan necesarios, si mientras se implementan sistemas que ofrecen potentes incentivos para operar en direcciones que demuelen la democracia. Para revertir estos incentivos perversos, es de gran interés consultar las propuestas de Montesquieu, Hayek y Leoni a las que me he referido en otros escritos al efecto de abrir un debate sobre el tema del resguardo de la democracia, pero como tema prioritario la libertad de expresión debe proceder incondicionada.</p>
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		<title>A propósito de Charlie Hebdo</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Jan 2015 11:01:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Toda persona con un mínimo de sentido común ha quedado horrorizada con el  ataque terrorista a la redacción de la célebre revista en París mencionada en el título de esta nota. Un acto espantoso en el que fueron asesinadas doce personas. Este tema tiene dos aristas clave. La primera consiste en estar alertas frente a... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/01/17/a-proposito-de-charlie-hebdo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Toda persona con un mínimo de sentido común ha quedado horrorizada con el  ataque terrorista a la redacción de la célebre revista en París mencionada en el título de esta nota. Un acto espantoso en el que fueron asesinadas doce personas.</p>
<p>Este tema tiene dos aristas clave. <strong>La primera consiste en estar alertas frente a la buscada intención de confundir una religión con un acto criminal. Ya bastante ha sufrido la humanidad con guerras religiosas</strong> que en nombre de Dios, la bondad y la misericordia han achurado, degollado, amputado, torturado y quemado a cientos de miles de seres humanos. Los fanatismos religiosos a través de inquisiciones y demás atropellos a las libertades individuales se han constituido en bandas contrarias al mínimo respeto al derecho de cada cual para seguir el camino que estime pertinente siempre y cuando no lesionen igual posibilidad a otros.</p>
<p>En el caso que nos ocupa, es relevante apuntar que <strong>hay mil cuatrocientos millones de musulmanes en el mundo y la inmensa mayoría repudia el terrorismo y la devastadora alianza del poder con la religión</strong> y el consiguiente adoctrinamiento y acciones agresivas hacia otros pensamientos y preferencias. Aquellas mayorías siguen la tradición de la tolerancia, demostrada, por ejemplo, en España durante los <strong>ocho siglos de gobierno musulmán</strong>, circunstancia en la que el progreso ha sido portentoso en filosofía, medicina, derecho, economía, agricultura, música, geometría, álgebra y arquitectura. Afirman que el <i>jihad</i> es la guerra interior contra el pecado y <strong>citan el Corán que dice que quien mata a una persona será tratado como que mató a la humanidad y quien salva a una es como si salvara a la humanidad</strong> (en 5:31). Esto va para estar en guardia de la siempre estigmatizadora y xenófoba derecha.</p>
<p>El sentido del humor es central en la vida, especialmente la capacidad de reírse de uno mismo. Los acomplejados y débiles mentales no resisten el humor que muchas veces es más punzante que una faena de investigación que pone al descubierto debilidades y corrupciones de quienes sienten que deben estar o están en el centro del poder político y sus aliados circunstanciales.  Demás está decir que la impronta liberal no significa que se deba ser imprudente, pero no excluye la imprudencia, la impertinencia, el amarillismo y la zoncera siempre que no esté involucrada la lesión de derechos de otros. Cada uno asume la responsabilidad por lo que hace y así fabrica su reputación. <strong>El modo de expresarse de uno no es el modo de otro, pero todos deben tener el derecho de hacerlo en una sociedad abierta. En lo personal, la burla y el sarcasmo a sentimientos religiosos de otros o de los propios, de agnósticos o de ateos me disgusta grandemente pero parafraseándolo a Voltaire nada debería hacerse para prohibir semejantes manifestaciones, ni ninguna otra.</strong></p>
<p>Por otro lado, en general, <strong>la ridiculización, la ironía y la satirización tienen muchas veces más fuerza que la articulación de argumentos serios.</strong> En esta nota rendimos homenaje a la tarea periodística que solo responde a los dictados de la conciencia de quien habla, escribe o dibuja.</p>
<p>La segunda arista se refiere a la indispensable libertad de prensa, para lo cual introduzco algunas partes de un artículo de mi autoría publicado en “La Nación” de Buenos Aires (abril 10, 2012). Esta libertad debe ser respetada y cuidada como política de elemental higiene cívica en el contexto de una sociedad abierta, no solo porque el ventilar y debatir ideas es indispensable para acrecentar conocimientos y conocer opiniones varias sobre muy distintos temas, sino porque brinda información de todo cuanto ocurre en el seno de los gobiernos para así velar por el cumplimiento de sus funciones específicas y minimizar los riesgos de extralimitación y abuso de poder.</p>
<p><strong>Resulta especialmente necesaria la indagación por parte del periodismo cuando los aparatos de la fuerza que denominamos gobierno pretenden ocultar información bajo los mantos de la “seguridad nacional” y los “secretos de Estado”</strong> alegando “traición a la patria”, “insolencia” y esperpentos como el “desacato” o las intenciones “destituyentes” por parte de los representantes de la prensa.</p>
<p>Por supuesto que nos estamos refiriendo a la plena libertad sin censura previa, lo cual no es óbice para que se asuman con todo el rigor necesario las correspondientes responsabilidades  ante la Justicia por lo expresado en caso de haber lesionado derechos de terceros, lo cual puede incluir ofensas difamatorias. Esta plena libertad de prensa desde luego incluye al humor y la caricatura, como es el caso hoy de Charlie Hebdo en donde se ha producido la tragedia que comentamos.</p>
<p>Esta plena libertad incluye presentaciones irreverentes y, sobre todo, <strong>el debate de ideas con quienes implícita o explícitamente proponen modificar el sistema vigente</strong>, de lo contrario se provocaría un peligroso efecto boomerang (la noción opuesta llevaría a la siguiente pregunta, por cierto inquietante ¿en qué momento se debiera prohibir la difusión de las ideas comunistas de Platón, en el aula, en la plaza pública o cuando se incluye parcial o totalmente en una plataforma partidaria?). <strong>Las únicas defensas de la sociedad abierta radican en la educación</strong> y las normas que surgen del consiguiente aprendizaje y discusión de valores y principios, aplicados también al caso de Charlie Hebdo con su frecuente inclinación de izquierda militante, lo cual resulta irrelevante para lo que decimos de la libertad de prensa.</p>
<p>Hasta aquí lo básico del tema, pero es pertinente explorar otros andariveles que ayudan a disponer de elementos de juicio más acabados y permiten exhibir un cuadro de situación algo más completo. En primer lugar, la existencia de ese adefesio que se conoce como “agencia oficial de noticias”. No resulta infrecuente que periodistas bien intencionados y mejor inspirados se quejen amargamente porque sus medios no reciben el mismo trato que los que adhieren al gobierno de turno o a los que la juegan de periodistas y son directamente megáfonos del poder del momento. Pero en verdad, el problema es aceptar esa repartición estatal en lugar de optar por su disolución, y cuando los gobiernos deban anunciar algo simplemente tercericen la respectiva publicidad. <strong>La constitución de una agencia estatal de noticias es una manifestación autoritaria a la que lamentablemente no pocos se han acostumbrado. </strong></p>
<p>Es también conveniente para proteger la muy preciada libertad a la que nos venimos refiriendo, que en este campo se de por concluida la figura atrabiliaria de la concesión del espectro electromagnético y asignarlo en propiedad para abrir las posibilidades de subsiguientes ventas, puesto que son susceptibles de identificarse del mismo modo que ocurre con un terreno. De más está decir que <strong>la concesión implica que el que la otorga es el dueño y, por tanto, tiene el derecho de no renovarla a su vencimiento y otras complicaciones y amenazas a la libre expresión de las ideas</strong> que aparecen cuando se acepta que las estructuras gubernamentales se arroguen la titularidad, por lo que en mayor o menor medida siempre pende la espada de Damocles.</p>
<p>Fenómeno parecido sucede con la pornografía y equivalentes en la vía pública que, en esta instancia del proceso de evolución cultural, hacen que no haya otro modo de resolver las disputas como no sea a través de mayorías circunstanciales. Lo que ocurre en dominios privados no es de incumbencia de los gobiernos, lo cual incluye la televisión que con los menores es responsabilidad de los padres y eventualmente de las tecnologías empleadas para bloquear programas. En la era moderna, carece de sentido tal cosa como “el horario de protección al menor” impuesto por la autoridad, ya que para hacerlo efectivo habría que bombardear satélites desde donde se trasmiten imágenes en horarios muy dispares a través del globo. Las familias no pueden ni deben delegar sus funciones en aparatos estatales como si fueran padres putativos, cosa que no excluye que las emisoras privadas de cualquier parte del mundo anuncien las limitaciones y codificadoras que estimen oportunas para seleccionar audiencias.</p>
<p>Otra cuestión también controversial se refiere a la financiación de las campañas políticas. En esta materia, se ha dicho y repetido que deben limitarse las entregas de fondos a candidatos y partidos puesto que esos recursos pueden apuntar a que se les “devuelva favores” por parte de los vencedores en la contienda electoral. Esto así está mal planteado, las limitaciones a esas cópulas hediondas entre ladrones de guante blanco mal llamados empresarios y el poder deben eliminarse vía marcos institucionales civilizados que no faculten a los gobiernos a encarar actividades más allá de la protección a los derechos y el establecimiento de justicia. La referida limitación es una restricción solapada a la libertad de prensa, del mismo modo que lo sería si se restringiera la publicidad de bienes y servicios en diversos medios orales y escritos.</p>
<p>Afortunadamente han pasado los tiempos del <i>Index Expurgatoris</i> en el que los Papas pretendían restringir lecturas de libros, pero irrumpen en la escena comisarios que limitan o prohíben la importación de libros, dan manotazos a la producción y distribución de papel. La formidable invención de la imprenta por Pi Sheng en China y más adelante la contribución extraordinaria de Gutemberg, no han sido del todo aprovechadas, sino que a través de los tiempos se han interpuesto cortapisas de diverso tenor y magnitud pero en estos momentos han florecido (si esa fuera la palabra adecuada) energúmenos que arremeten con fuerza contra el periodismo independiente (un pleonasmo pero en vista de lo que sucede en varios puntos del planeta, vale el adjetivo).</p>
<p><strong>La libertad de expresión constituye el eje central de la sociedad abierta</strong>, los espíritus totalitarios no comprenden ese valor inmenso al efecto de respirar el purificador oxígeno de la libertad; bien ha escrito <strong>Thomas Jefferson que “nuestra libertad depende de la libertad de prensa la cual no pude ser limitada sin perderlo todo”.</strong></p>
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		<title>Carta abierta a Eduardo Galeano</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Jan 2015 09:49:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Antes que nada e independientemente del contenido que Galeano estampa en su prosa, quiero subrayar su talento realmente formidable para administrar una pluma que produce resultados que encandilan de admiración al lector. Una especie de hechizo superlativo de un prestidigitador que juega con las formas del idioma y que exhibe una gimnasia gramatical que se asimila a estar escribiendo poemas permanentes con una cadencia notable, por más que se trate del género del ensayo.</p>
<p>Habiendo dicho esto, destaco lo que es evidente:<strong> su contribución a la demolición de la sociedad abierta, o mejor dicho, a lo que queda de ella puesto que durante las últimas largas décadas los gobiernos se han propuesto el estrangulamiento de las libertades de las personas que gobiernan.</strong> Astronómicos incrementos en el gasto público, impuestos insoportables, regulaciones asfixiantes en el contexto de marcos institucionales degradados hacen que el Leviatán avance sobre los espacios privados de la gente dejando a su paso pobreza para todos, muy especialmente para los más necesitados. Aquellas medidas las propone Eduardo Galeano con entusiasmo. Flota en sus trabajos la presencia de la suma cero de la teoría de los juegos, es decir, <strong>lo que gana uno lo pierde el otro retrotrayéndonos a la época mercantilista.</strong> Nada original por cierto. En <i>Las venas abiertas de América Latina </i>concluye que <strong>“cuanto más libertad se otorga a los negocios, más cárceles se hace necesario construir para quienes padecen los negocios”</strong>, con lo cual le da la espalda al hecho de que en toda transacción libre y voluntaria ambas partes se benefician.<span id="more-339"></span></p>
<p>No distingue para nada el empresario que para mejorar su situación patrimonial debe servir a sus semejantes: si acierta gana y si yerra incurre en quebrantos. No distingue esta situación con el pseudoempresario que se enriquece debido al privilegio que le otorga su alianza con el poder político de turno, con lo que explota miserablemente a sus congéneres.</p>
<p>La emprende contra un capitalismo prácticamente inexistente, incluso en el otrora baluarte del mundo libre, Estados Unidos,  donde de un largo tiempo a esta parte los gobiernos han traicionado los sabios consejos de los Padres Fundadores para, en su lugar, abrazar la latinoamericanización en el peor sentido de la expresión, lo cual incluye “salvatajes” para negociantes irresponsables, ineptos e indecentes, claro está con los recursos de los que trabajan honestamente. Embiste contra el mercado como si no se percatara que se trata de millones de arreglos contractuales entre los que está el mismo Galeano, no solo para su vivienda, su vestido, su alimentación y su recreación sino de modo muy especial para vender su antedicho libro (y muchos otros, también de su autoría) que va por la edición sesenta y ocho con jugosos derechos de autor.</p>
<p>Sus recetas son anacrónicas, son las que aplicaron y aplican todos los países atrasados del planeta pero están vestidas con un ropaje nuevo y adornados con una prosa elegante, por más que ataque por las razones equivocadas a las nefastas instituciones internacionales como el FMI y el Banco Mundial que sin duda habría que disolver por el daño mayúsculo que infringen con recursos coactivamente detraídos del fruto del trabajo ajeno, a manos de burócratas que reciben pagas suculentas y que viajan en primera con pasaportes que les permiten acarrear compras que no revisan las malditas aduanas que ellos mismos apoyan.</p>
<p>Hace algo más de veinte años, <strong>en la revista mexicana <i>Perfiles</i>, publiqué un artículo titulado “El mundo al revés de Eduardo Galeano” donde criticaba uno de los libros del mencionado autor (<i>Patas arriba. La escuela del mundo al revés</i>)</strong> donde intenté mostrar que lo que está al revés es en gran medida debido a la absorción de lo dicho por autores como Galeano y que, en consecuencia,  el mundo al revés estaba, entre otras, en la cabeza de este escritor. Abría aquella nota con una cita que hacía este autor en la que se leía lo siguiente: <strong>“Donde no se obedece la ley, la corrupción es la única ley. La corrupción está minando este país.</strong> La virtud, el honor y la ley se han esfumado de nuestras vidas”. ¿A quien pertenece esta cita?: a Al Capone en una entrevista publicada en <i>Liberty </i>el 17 de octubre de 1931. Esto mismo es dicho y repetido por los políticos estatistas con deslumbrante hipocresía luciendo unas sonrisas bastante estúpidas de un cinismo dignas de mejor causa. Pero henos aquí que Galeano no lo ve así, según él el problema radica en los privados que usan y disponen de lo adquirido lícitamente como consecuencia de lo intercambiado con otros. Es por eso que alaba enfáticamente el experimento oprobioso de la isla-cárcel cubana que constituye su modelo.</p>
<p>Pero ahora, según algunas de las declaraciones recientes de Galeano, <strong>parece que está disgustado con las recetas que había propuesto</strong>. Sin embargo, no decide qué sistema abrazar. En un escrito corto de su autoría consigna que se cayó del mundo y no sabe por qué puerta entrar, al tiempo que se queja de la sociedad del descarte en la que a cada rato se cambia de celular, de televisor, de automóvil, de computadora y hasta de mujer o marido y de valores, en el contexto de vivir endeudados y otras observaciones atinadas.</p>
<p>Pero en estos comentarios con tono quejumbroso, deben diferenciarse dos planos bien nítidos. Por una parte, los descartes y rotaciones de bienes y servicios y, por otra, el abandono de valores y principios. Esto último hace que se pierda la brújula, los mojones o puntos de referencia, suponiendo que está aludiendo al respeto recíproco que implica las libertades individuales, la palabra empeñada en los contratos y la propiedad privada, en primer lugar del pensamiento y la integridad física de cada cual y, luego, del producto de su trabajo.</p>
<p>El otro plano es puramente axiológico y depende en gran medida de la educación formal e informal recibida y de elucubraciones personales. Por ejemplo y salvando las distancias, personalmente me disgusta la música, las canciones y los movimientos espasmódicos de Michael Jackson, que por otra parte nunca supe a ciencia cierta si era negro o blanco, varón o mujer, pero nada se puede hacer como no sea dedicarse a la persuasión sobre la eventual superioridad de otras composiciones musicales, escenarios distintos y bailes diferentes. Lo mismo va para la tilinguería de mucho de lo que se trasmite por televisión y así sucesivamente, que incluye el afán de cambiar artefactos y demás actitudes y preferencias, para lo cual <strong>bajo ningún concepto es aceptable el recurrir a comisarios sino que se requiere respeto para que cada uno siga su camino siempre y cuando no se lesionen derechos de terceros.</strong></p>
<p>En resumen, mi propuesta para Galeano es que retome el mundo después de su caída más o menos vertiginosa y entre raudamente por la puerta de la libertad y denuncie con el vigor que lo caracteriza todo lo que signifique el uso de la violencia para con personas que no se entrometen en los derechos de otros y, simultáneamente, insista en la docencia para mostrar los desperdicios humanos al destinar esfuerzos en pro de la zoncera sistemática que se aparta de los fines de excelencia que hace posible la condición humana, posibilidad que la diferencia de las otras especies conocidas.</p>
<p>El conocimiento es provisorio, sujeto a refutaciones, para lo cual se requieren debates abiertos sin ningún tipo de censuras. Un sistema liberal (no el absurdo invento de “neoliberal”, etiqueta con la que ningún pensador de fuste se identifica) en el que marcos institucionales se circunscriban a proteger los derechos de todos, dejando por completo de lado a los megalómanos que pretenden manejar vidas y haciendas ajenas, sin comprender que el conocimiento es disperso y fraccionado y que, por ende, los así llamados planificadores concentran ignorancia con la petulante y morbosa inclinación de imponer lo que debe hacer cada uno.</p>
<p><strong>Muy bienvenido sería Galeano a las filas liberales</strong>, lo cual significa el respeto irrestricto para los proyectos de vida de otros.  Filas donde no hay popes sino intercambios de ideas con plena conciencia que es una tradición de pensamiento que está y estará en permanente ebullición porque en la vida terrenal no hay un punto final que no sea susceptible de mejorar. Bienvenido por su antes referida pluma colosal y por su honestidad intelectual al exponer sus dudas existenciales por donde entrarle al mundo. Por otra parte, es de interés apuntar que <strong>la ansiedad y angustia que muestra la necesidad de rotaciones permanentes sin solución de continuidad, la caricatura de la existencia al exhibir públicamente lo privado en Facebook y la pretendida comunicación con un interlocutor presencial pero mirando todo el tiempo el celular, obedecen a la falsificación de guías, valores y principios que se dejan de lado para adoptar no se sabe qué al compás de cambios por el cambio mismo.</strong></p>
<p>Por último, señalo que el clima de tensión y de violencia que muchas veces acompaña esa especie de angustia permanente, es consecuencia de imposiciones atrabiliarias de un Leviatán adiposo y creciente, tal como lo expone en detalle y muy documentadamente Butler S. Schaffer en su largo ensayo titulado “La violencia como producto del orden artificial” que, en definitiva, genera tensiones que aumentan sin cesar y demuelen el orden en el sentido que tradicionalmente lo ha entendido la civilización, claro está, basada en el respeto recíproco en consideración a lo sacro de las autonomías individuales.</p>
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