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	<title>Alberto Benegas Lynch (h) &#187; propiedad</title>
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		<title>La objeción de conciencia</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Dec 2015 08:40:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Hace un tiempo escribí una larga columna titulada “Acerca del contragolpe de estado” (<i>estado</i> con minúscula, ya que <i>individuo</i> va de esa manera y es precisamente el objeto del cuidado de sus derechos por parte del aparato estatal, por lo menos en teoría). En ese trabajo —que se incluirá como parte de una selección en un libro que he titulado <i>Nada es gratis</i> que publicará próximamente la Fundación Libertad y Progreso de Buenos Aires— me refería a los antecedentes de la resistencia contra los Gobiernos opresivos, argumentos esgrimidos inicialmente por algunos miembros prominentes de la escolástica tardía, por Algernon Sidney y por John Locke, luego retomados por Gobiernos republicanos, como es el caso paradigmático de Estados Unidos en su declaración de la independencia.</p>
<p>Ahora aludo a otro aspecto de la resistencia a los abusos del Leviatán y es desde otra perspectiva, la cual es fundamental, aunque, como se verá, no exclusivamente religiosa. Como es sabido, los padres de la Iglesia cristiana fueron principalmente los griegos Atanasio, Basilio y Juan Crisóstomo y los latinos Ambrosio, Agustín, Jerónimo y Gregorio Magno. Pero hay otros muchos que habitualmente no aparecen en primera fila. Por ejemplo, Lucio Cecilio Lactancio, conocido como “el Cicerón cristiano” (250 d. C.), quien, entre otras cosas, escribió: “Cuando Dios prohíbe matar, no sólo prohíbe el bandidaje que las propias leyes no permiten, sino que nos advierte que ni siquiera hagamos lo que los hombres consideran lícito. Así, a un hombre justo no se le permitirá servir como soldado, ya que su servicio militar es la justicia”.<span id="more-1285"></span></p>
<p>Con base en esta línea argumental, la objeción de conciencia se centró principalmente en la abstención de participar en guerras y, consecuentemente, en el mandamiento de no involucrarse en el servicio militar, más adelante idea reforzada por algunas denominaciones cristianas mientras otras elaboraron sobre la noción de la guerra justa. Una de aquellas denominaciones que se mantuvieron fieles a los preceptos originales fueron los cuáqueros. Dice Jean-Pierre Cattelain en su libro <i>La objeción de conciencia</i>: “Con los cuáqueros se afirmará el derecho de cualquier individuo, en conciencia, a resistirse al poder civil si le parece que este va en contra de la ley divina, o contra el simple sentido común”.</p>
<p>Esto último me toca de cerca porque la rama Lynch, que fue a Estados Unidos desde Irlanda, era cuáquera, a diferencia de la rama que fue a Chile y la Argentina, que eran católicos, por lo que el capitán Charles Lynch abandonó aquella religión que no le permitía participar en guerras y tener esclavos y se convirtió al catolicismo, que sí permitía ambas cosas. Fue el creador de la lamentable ley Lynch, es decir, el linchamiento, lo cual implica el abandono del debido proceso (en todas las familias se cuecen habas, también soy primo del Che Guevara, quien se definía a sí mismo y a sus huestes como máquinas de matar).</p>
<p>En esta nota periodística <strong>me quiero detener muy telegráficamente en tres autores de gran valía y son Étienne de la Boétie, León Tolstói y Henry David Thoreau. Es de gran interés prestar atención a sus propias voces.</strong></p>
<p>Étienne de la Boétie (1530-1563) escribió la obra titulada <i>El discurso de la servidumbre voluntaria,</i> donde sostiene: “¿Acaso no es una desgracia extrema estar sometido a un amo del que jamás podrá asegurarse que es bueno, porque dispone del poder de ser malo cuando quiere? Y, obedeciendo a varios amos, ¿no es tantas veces más desgraciado? […] [El] tirano no dispone de más poder que el que se le otorga […] [Es lamentable] ver cómo millones y millones de hombres son miserablemente sometidos y sojuzgados, la cabeza gacha, a un deplorable yugo […] ¿Acaso no es vergonzoso ver a tantas y tantas personas, no tan sólo obedecer sino arrastrarse? […] si un país no consintiera dejarse caer en la servidumbre, el tirano se desmoronaría por sí solo, sin que haya que luchar contra él, ni defenderse de él. La cuestión no reside en quitarle nada, sino tan sólo en no darle nada […] Son pues los propios pueblos los que se dejan o, mejor dicho, se hacen encadenar, ya que con sólo dejar de servir, romperían sus cadenas. Es el pueblo el que se somete y se degüella a sí mismo; el que, teniendo la posibilidad de elegir entre ser siervo o libre, rechaza la libertad y elige el yugo; el que consiente su mal o, peor aun, lo persigue”.</p>
<p>Por su parte, Tolstói (1828-1910), en su ensayo titulado <i>The Law of Love and the Law of Violence</i>, apunta que cuando una persona gobierna sobre el resto, se dice que es despotismo, cuando diez lo hacen, se dice que es la oligarquía, pero cuando el cincuenta y uno lo hace sobre el cuarenta y nueve, se dice: “Es la libertad. ¿Puede haber algo más gracioso por lo absurdo del razonamiento?”. Y en su libro <i>The Kingdom of God Is Within You </i>afirma: “Nuestro país es el mundo, nuestros conciudadanos son la humanidad […] consideramos como anticristiano e ilegal todos los edictos gubernamentales que requieran el servicio militar […] el cristiano no sólo no está obligado a las directivas [dictatoriales] del Gobierno, sino que está obligado a la oposición en defensa de sus vecinos y a recurrir a la fuerza contra los trasgresores de la fuerza […] <b>Mayores son las ventajas que se ganan al no someterse a las demandas del Estado que el someterse a ellas</b> […] La corrupción consiste en robar a las personas industriosas de sus patrimonios a través de impuestos, distribuyéndolos en dirección a la avaricia de los funcionarios, quienes, como contrapartida, están obligados a mantener la opresión sobre la gente”.</p>
<p>En este último libro, Tolstói desarrolla en detalle el concepto de poder político, lo cual, debido a su extensión, no resulta posible incluirlo en una nota periodística, pero es del todo aconsejable consultar ese texto, que es poco conocido, debido a que los lectores han sido encandilados por <i>Ana Karenina </i>y <i>La guerra y la paz.</i> Dicho sea al pasar, en la misma línea argumental de lo que veníamos citando es muy recomendable detenerse en el segundo anexo de esta última obra, porque puede conciliarse con el análisis de los miembros de la escuela escocesa y, más contemporáneamente, de Michael Polanyi y del premio Nobel en Economía Friedrich Hayek en cuando al orden espontáneo.</p>
<p>Finalmente, Henry David Thoreau (1817-1862), en su trabajo titulado <i>Civil Disobedience</i> , después de burlarse de aquellos ingenuos que creen a pie juntillas la propaganda de los Gobiernos en cuanto a que los sumisos son en realidad “buenos ciudadanos” (al efecto de poder explotarlos mejor), afirma: “Los hombres reconocen el derecho a la revolución, esto es, el derecho a rechazar la obediencia y a resistir al Gobierno cuando la tiranía o su ineficiencia es grande e insoportable […] [Lo peor] son aquellos que se sientan con las manos en los bolsillos y no hacen nada […] hay quienes piensan que el remedio puede ser peor que la enfermedad, pero la culpa es del Gobierno que hace las cosas peor […] Bajo un Gobierno que pone en la cárcel injustamente, el lugar apropiado para un hombre justo es la cárcel […] Yo no he nacido para ser forzado […] <b>Ningún Gobierno debería tener derecho sobre mi persona ni sobre mi propiedad</b>”.</p>
<p>Por supuesto que también desde la perspectiva de quienes integran el aparato estatal no hay justificativo para la opresión, <b>la obediencia debida es una pantalla inaceptable para cualquier persona con un mínimo de decencia y sentido común</b>. En el libro antes mencionado de Cattelain, referido a las fuentes de jurisprudencia que tomó el tribunal internacional de Nurenberg para juzgar a los asesinos nazis, contradijo la defensa de estos sicarios: “Acordémonos de que la mayoría de los acusados alegaron su deber de obedecer a las órdenes recibidas de la autoridad legítima. No obstante, el procurador británico observó que ‘llega un momento en que el hombre debe negarse a obedecer a un jefe si quiere ser fiel a su conciencia’. En sus disposiciones, el tribunal de excepción estableció claramente que la obediencia a las leyes y a las órdenes podía ser criminal y que el subordinado debía examinar en conciencia las implicaciones que tendría su sumisión y en caso necesario desobedecer”.</p>
<p>En resumen, la objeción de conciencia, que comenzó en un plano puramente religioso, se extendió a otras esferas, tanto para gobernados, cuando el Leviatán se excede en sus facultades legítimas, como para las órdenes estrafalarias que reciben funcionarios del poder. Desafortunadamente, en la actualidad el positivismo legal ha hecho estragos, incluso en muchas de las Facultades de Derecho, donde la ley vigente no se juzga con mojones o puntos de referencia extramuros de la ley positiva. <b>Ninguna persona razonable puede soportar que el monopolio de la fuerza que denominamos Gobierno pueda hacer lo que le venga en gana con las vidas y las haciendas de la gente basado en leyes que por sus características son a todas luces injustas.</b></p>
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		<title>La dimensión ética del liberalismo</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Jun 2014 09:27:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El término  más empleado es “capitalismo” pero personalmente prefiero el de “liberalismo” puesto que el primero remite a lo material, al capital, aunque hay quienes derivan la expresión de <i>caput</i>, es decir, de mente y de creatividad en todos los órdenes. Por otro lado, la aparición de esta palabra fue debida a Marx quien es el responsable del bautismo correspondiente, lo cual no me parece especialmente atractivo. De todas maneras, en la literatura corriente y en la especializada los dos vocablos se usan como sinónimos y, por ende, de modo indistinto (incluso en el mundo anglosajón -especialmente en Estados Unidos- se recurre con mucho más frecuencia a capitalismo ya que, con el tiempo, liberalismo adquirió la significación opuesta a la original aunque los maestros de esa tradición del pensamiento la siguen utilizando, algunas veces con la aclaración de “in the classic sense, not in the american corrupted sense”).</p>
<p>La moral alude a lo prescriptivo y no a lo descriptivo, a lo que debe ser y no a lo que es. Si bien es una noción evolutiva como todo conocimiento humano, deriva de que la experiencia muestra que no es conducente para la cooperación social y la supervivencia de la especie que unos se estén matando a otros, que se estén robando, haciendo trampas y fraudes, incumpliendo la palabra empeñada y demás valores y principios que hacen a la sociedad civilizada. Incluso los relativistas éticos o los nihilistas morales se molestan cuando a ellos los asaltan o violan. La antedicha evolución procede del mismo modo en que lo hace el lenguaje y tantos otros fenómenos en el ámbito social.</p>
<p>El liberalismo abarca todos los aspectos del hombre que hacen a las relaciones sociales puesto que alude a la libertad como su condición distintiva y como pilar fundamental de su dignidad. No se refiere a lo intraindividual que es otro aspecto crucial de la vida humana reservada al fuero íntimo, hace alusión a lo interindivudual que se concreta en el respeto recíproco. Robert Nozick define muy bien lo dicho en su obra titulada <i>Invariances. </i><i>The Structure of the Objective World </i>(Harvard University Press, 2001, p. 282) cuando escribe que <strong>“todo lo que la sociedad debe  demandar coercitivamente es la adhesión a la ética del respeto. Los otros aspectos deben ser materia de la decisión individual”.</strong></p>
<p>Todos los ingenieros sociales que pretenden manipular vidas y haciendas ajenas en el contexto de una arrogancia superlativa deberían repasar la definición de Nozick una y otra vez. Recordemos también que el último libro de Friedrich Hayek se titula <i>La arrogancia fatal. Los errores del socialismo </i>(Madrid, Unión Editorial, 1992) donde reitera que <strong>el conocimiento está disperso entre millones de personas y que inexorablemente se concentra ignorancia cuando los aparatos estatales se arrogan la pretensión de “planificar” aquello que se encuentre fuera de la órbita de la estricta protección a los derechos de las personas. </strong></p>
<p>Además hay un asunto de suma importancia respecto a la llamada planificación gubernamental y es la formidable contribución de Ludwig von Mises de hace más de ochenta años que está referida al insalvable problema del cálculo económico en  el sistema socialista (“Economic Calculation in the Socialist Commonwealth”, Kelley Publisher, 1929/1954). Esto significa que si no hay propiedad no hay precios y, por ende, no hay contabilidad ni evaluación de proyectos lo cual quiere a su vez decir que no hay tal cosa como “economía socialista”, es simplemente un sistema impuesto por la fuerza. Y esta contribución es aplicable a un sistema intervencionista: en la medida de la intervención se afecta la propiedad y, consiguientemente, los precios se desdibujan lo cual desfigura el cálculo económico.</p>
<p>El derecho de propiedad está estrechamente vinculado a la ética del liberalismo puesto que se traduce en primer término en el uso y disposición de la propia mente y del propio cuerpo y, luego, al uso y la disposición de lo adquirido lícitamente, es decir, del fruto del trabajo propio o de las personas que voluntariamente lo han donado. Esto implica la libertad de expresar el propio pensamiento, el derecho de reunión, el del debido proceso, el de peticionar, el de profesar la religión o no religión que se desee, el de elegir autoridades, todo en un ámbito de igualdad ante la ley.</p>
<p>Además, como los recursos son escasos en relación a las necesidades la forma en que se aprovechen es que sean administrados por quienes obtienen apoyo de sus semejantes debido a que, a sus juicios, atienden de la mejor manera sus demandas y los que no dan en la tecla deben incurrir en quebrantos como señales necesarias para asignar recursos de modo productivo. Todo lo cual en un contexto de normas y marcos institucionales que garanticen los derechos de todos.</p>
<p>Los derechos de propiedad incluyen el de intercambiarlos libremente que es lo mismo que aludir al mercado en un clima de competencia, es decir, una situación en la que no hay restricciones gubernamentales a la libre entrada para ofrecer bienes y servicios de todo tipo. A su vez, el respeto a la propiedad se vincula a la Justicia al efecto de “dar a cada uno lo suyo”. En resumen, lo consignado en las Constituciones liberales: el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad.</p>
<p><strong>La solidaridad y la caridad son por definición realizadas allí donde tiene vigencia el derecho de propiedad, puesto que entregar lo que no le pertenece a quien entrega no es en modo alguno una manifestación de caridad ni de solidaridad. </strong></p>
<p>En sociedades abiertas el interés personal coincide con el interés general ya que éste quiere decir que cada uno puede perseguir sus intereses particulares siempre y cuando no se lesionen iguales derechos de terceros. En sociedades abiertas,  se protege el individualismo lo cual es equivalente a preservar las autonomías individuales y las relaciones entre las personas, precisamente lo que es bloqueado por las distintas variantes de socialismos que apuntan a sistemas alambrados y autárquicos.</p>
<p>Es que las fuerzas socialistas siempre significan el recurrir a la violencia institucionalizada para diseñar sociedades, a contramano de lo que prefiere la gente en libertad. De la idea original de contar con un gobierno para garantizar derechos anteriores y superiores a su establecimiento se ha pasado a <strong>un Leviatán que atropella derechos en base a supuestas sabidurías de burócratas que no pueden resistir la tentación de fabricar el hombre nuevo</strong> en base a sus elucubraciones.</p>
<p>Desafortunadamente, no se trata solo de socialistas sino de los denominados conservadores que apuntan a gobernar sustentados en base a procedimientos del todo incompatibles con el respeto recíproco diseñados por estatistas que les han corrido el eje del debate y los acompleja encarar el fondo de los problemas al efecto de revertir aquellas políticas. <strong>No hace falta más que observar las propuestas de las llamadas oposiciones en diversos países para verificar lo infiltrada de estatismo que se encuentran las ideas</strong>. Se necesita un gran esfuerzo educativo para explicar las enormes ventajas de una sociedad abierta, no solo desde el punto de vista de la elemental consideración a la dignidad de las personas sino desde la perspectiva de su eficiencia para mejorar las condiciones de vida de todos, muy especialmente de los más necesitados.</p>
<p>Lo que antaño era democracia ha mutado en dictaduras electas en una carrera desenfrenada por ver quien le mete más la mano en el bolsillo al prójimo. Profesionales de la política que se enriquecen del poder y que compiten para la ejecución de sus planes siempre dirigidos a la imposición de medidas “para el bien de los demás”, falacia que ya fue nuevamente refutada por el <i>Public</i> <i>Choice</i> de James Buchanan y Gordon Tullock, entre otros. Por no prestar debida atención a estas refutaciones es que Fréderic Bastiat ha consignado que <strong>“el Estado es la ficción por la que todos pretenden vivir a expensas de todos los demás”</strong> (en “El Estado”, <i>Journal des débats</i>, septiembre 25, 1848). Es que cuando se dice que el aparato estatal debe hacer tal o cual cosa no se tiene en cuenta que es el vecino que lo hace por la fuerza ya que ningún gobernante sufraga esas actividades de su propio peculio.</p>
<p>Todas las manifestaciones culturales tan apreciadas en países que han superado lo puramente animal: libros, teatro, poesía, escultura, cine y música están vinculadas al espíritu de libertad y a las facilidades materiales. No tiene sentido declamar sobre “lo sublime” mientras se ataca la sociedad abierta, sea por parte de quien la juega de intelectual y luego pide jugosos aumentos en sus emolumentos o sea desde el púlpito de iglesias que despotrican contra el mercado y luego piden en la colecta y donaciones varias para adquirir lo que necesitan en el mercado.</p>
<p>En resumen,  <strong>la ética del liberalismo consiste en el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros</strong>, esto es, dejar en paz a la gente y no afectar su autoestima para que cada uno pueda seguir su camino asumiendo sus responsabilidades y no tener la petulancia de la omnisciencia aniquilando en el proceso el derecho, la libertad y la justicia con lo que se anula la posibilidad de progresar en cualquier sentido que fuere.</p>
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