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	<title>Alberto Benegas Lynch (h) &#187; Nathaniel Branden</title>
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		<title>Tensión entre lo que es y el deber ser</title>
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		<pubDate>Sat, 02 Apr 2016 09:39:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Cualquier situación que ocurra (cualquier <i>es</i>) inexorablemente tiene como meta el respeto recíproco como el <i>debe</i> <i>ser</i>, con exclusión de quienes se dirigen a la falta de respeto al prójimo en provecho propio, en otras palabras, los espíritus totalitarios. Pero en lo que podemos denominar una sociedad civilizada, es decir, en el único modo de contar con armonía de intereses, como queda expresado, <b>el deber ser consiste en el respeto recíproco a los proyectos de vida de todos, cualesquiera sean estos.</b></p>
<p>Todos los seres humanos tienen como meta pasar de una situación menos favorable (es) a una que les proporcione mayor satisfacción (debe ser). En este contexto, el <i>es </i>constituye el medio para el logro del objetivo, el <i>debe ser</i>; es por ello que la ética no constituye mera decoración, sino algo eminentemente práctico y de gran utilidad para la realización de las potencialidades de cada cual en busca del bien. Todos cometemos faltas, nadie puede tirar la primera piedra, de lo que se trata es de distinguir entre el pantano y la huella para no idealizar al pantano y realizar esfuerzos al efecto de retomar la huella.</p>
<p>Viene ahora un interrogante de la mayor importancia: ¿cómo proceder en la vida diaria frente a las más variadas circunstancias? Muchas veces hemos escuchado que si bien se está de acuerdo en que las cosas deberían ser de tal o cual manera, dado que son de otra, para seguir viviendo no hay más remedio que actuar de forma distinta y amoldarse.<span id="more-1399"></span></p>
<p>Por ejemplo, imaginemos que uno de los asesinos seriales de la SS en la Alemania hitleriana irrumpe en el domicilio de alguien en busca del hijo del dueño de casa y para contrarrestar semejante barrabasada el padre soborna al oficial de marras para salvar a su hijo. El padre sabe que está enriqueciendo a un criminal, sin embargo, estima que se ve obligado a proceder de aquella manera. Este ejemplo extremo ocurre de modo muy atenuado de forma cotidiana con gobiernos autoritarios de muy diversas corrientes. Esto alegan empresarios que dicen estar embretados por el poder de turno a riesgo de perder sus empresas y muchas otras situaciones de quienes se ven envueltos en trámites burocráticos muy variados.</p>
<p>Sin duda que hay un límite al desvarío, pero la encrucijada existe y hay conductas ejemplares que no admiten ninguna acción contraria a valores esenciales y, por ende, renuncian a lo más preciado con tal de mantener principios, pero el común de los mortales se ve compelido a entrar por la variante para seguir viviendo. Empresarios que declaran que se ven obligados a acceder a los caprichos del mandamás del momento, aunque vean claramente la distancia entre lo que aceptan ser y el deber ser, y así con tantos casos equivalentes.</p>
<p><b>Si los límites se sobrepasan, aceptando algo que es absolutamente incompatible con el deber ser “para seguir viviendo y estar en sintonía con la tendencia dominante de la actualidad”, no es justo involucrar a otras personas</b>. Como cuando se acepta la incorporación a socios impresentables a un club que disgustan a otros miembros. Ilustra otras situaciones similares que comprometen a terceros el caso de quienes apoyan el razonamiento anacrónico de sindicalistas que pretenden bloquear la competencia al oponerse a Uber, que, en diversas ciudades, presta servicios de transporte atractivos en calidad y precio. Es como si hubiera que eliminar las refrigeradoras para volver al hombre de la barra de hielo.</p>
<p>No es del caso juzgar ahora las diversas conductas, pero lo que sí debe remarcarse es que todos los seres humanos deben contribuir de un modo u otro para que prevalezca el respeto recíproco. De lo contrario, cualquiera sea la actividad de cada cual, indefectiblemente todo perecerá. Los que proceden con base en la componenda por lo menos deben contribuir con un reaseguro destinando tiempo, dinero o las dos cosas al efecto de cubrir la retirada, puesto que si sólo se la pasan justificando la necesidad de ceder en principios, deben saber que consolidan la barranca abajo y que si pretenden vivir a costa del esfuerzo de terceros para mantener vestigios de la sociedad abierta (<i>free</i>-<i>riders</i>), su final ni siquiera será mudarse de país, sino el mar con los tiburones.</p>
<p>Por supuesto que <strong>en esta instancia del proceso de evolución cultural no nos estamos refiriendo a los políticos, que, como tales, necesariamente abandonan lo que <i>debe</i> <i>ser</i> para amoldarse a lo que <i>es</i>, en otros términos, a lo que la opinión pública puede al momento digerir, si es que desean continuar en la tribuna política</strong>. Cuando despotrican en sus discursos ponen énfasis desmedido, generalmente en voz muy alta, en los supuestos principios que defenderán a capa y espada, pero la verdad es que su profesión consiste en ceder, componer y conciliar. El que se cree el discurso, cuando reclama airadamente y con gran desilusión de su candidato, le replica con toda naturalidad: “¿Y qué quiere? Se trata de un político”.</p>
<p>En este contexto, siempre debe haber personas que actúen desde afuera para señalar con rigor el camino que conduce al irrestricto respeto recíproco, sin componendas de ninguna naturaleza. Sólo así —y no con los aplaudidores y serviles de siempre— es posible abrigar alguna esperanza de vivir en una sociedad civilizada.</p>
<p>Hay todavía otro canal que pretende debilitar las obligaciones morales, no para actuar en dirección a lo que otros demandan, sino en puro beneficio propio, ya que el bien hace bien. Ese canal es el que pretende confrontar las emociones con la razón por medio de lo cual se justifican acciones u omisiones que van a contracorriente de principios éticos.</p>
<p>En este sentido, Nathaniel Branden explica en <i>The Psychology of Self-Esteem </i>que las emociones provienen de evaluaciones conscientes y subconscientes sobre la conveniencia o la inconveniencia de ciertos procederes. Más aun, sostiene que las subconscientes son producto de lo que alguna vez fue consciente respecto de los valores o los desvalores de cada uno. En otros términos, <b>no hay incompatibilidad entre emociones y razón, no se trata de conceptos mutuamente excluyentes, sino de fenómenos complementarios</b>: uno quiere o desea tal o cual cosa, porque primero estimó más o menos detenidamente que el objeto deseado o querido le conviene, le agrada, lo satisface (de lo cual no se desprende que el sujeto actuante necesariamente acierte en sus conjeturas).</p>
<p>En esta línea argumental, tengo muy presente un pensamiento de Viktor E. Frankl enmarcado en mi biblioteca y bordado por mi hija Marieta: “Never let the <i>is </i>cach up with the <i>oughts</i>”, lo cual considero que es el secreto de la vida, puesto que empuja a tener siempre proyectos que una vez alcanzados deben inmediatamente renovarse y sustituirse por otros, ya que <b>si uno queda satisfecho con el logro de un proyecto sin contar con otros nuevos, se termina la vida propiamente dicha.</b></p>
<p>La moral alude a lo prescriptivo, mientras otras ramas del conocimiento se refieren a lo descriptivo. El primer campo apunta a lo normativo, mientras que los segundos centran su atención en lo positivo. Dicho sea al pasar, esto último para nada significa adherir al positivismo, la tradición de pensamiento que sostiene que solamente lo verificable empíricamente puede considerarse verdadero o falso. Pero, por un lado, como ha señalado Morris Cohen en <i>Introducción a la lógica</i>, la antedicha proposición no es verificable y, por otro, como ha destacado Karl Popper en <i>Conjeturas y refutaciones</i>, nada en la ciencia es verificable, sólo es posible la corroboración provisoria sujeta a refutación.</p>
<p>Hay autores que mantienen que ninguna acumulación de experiencias (sumatoria de <i>es</i>) puede conducir lógicamente a lo que <i>debe</i> <i>ser</i> (el caso de David Hume, que, aunque atenuado su alcance por Alasdair MacIntyre, es bien refutado por John Searle), lo cual constituye un error de apreciación, puesto que en todos los casos se infiere una cosa de la otra. Si deseo (lo que considero debería ser) convertirme en un abogado, tengo que estudiar derecho (es); lo primero es la meta, lo segundo es el medio para el logro de aquel objetivo. Si prometí pagar cierta suma, de allí se desprende el deber ser (cumplir con la palabra empeñada). En definitiva, todos nuestros actos presentes (los <i>es</i>) están dirigidos a lo que debe ser.</p>
<p>Este razonamiento desde luego incluye <i>lato sensu </i>acciones que lesionan derechos de terceros o hacen daño al mismo sujeto actuante, pero en un sentido ético más preciso y restringido, tal como apuntamos antes, el deber ser se refiere a conductas de respeto al prójimo.</p>
<p>Finalmente, dos pensamientos de José Ortega y Gasset, uno referido a lo que decíamos sobre la pretensión de los <i>free-riders </i>(“garroneros”, según un argentinismo) y el otro sobre la trascendencia de hacer valer el individualismo, que es a lo que aspira la sociedad abierta. En el primer caso, escribe en <i>El espectador</i>: “Si usted quiere aprovecharse de las ventajas de la civilización, pero no se preocupa por sostener la civilización, se ha fastidado usted. En un dos por tres se queda usted sin civilización. Un descuido y cuando mira a su derredor todo se ha volatilizado”. Por ello es de tanta importancia preocuparse y ocuparse de trabajar por la libertad, que es el oxígeno de la vida civilizada, pero apartarse de los timoratos y estrechar filas con los honestos intelectuales (es muy gráfica la condena de la Biblia a los tibios).</p>
<p>El segundo pensamiento pertenece a <i>La rebelión de las masas</i>: “Ahora, por lo visto, vuelven muchos hombres a sentir nostalgia del rebaño. Se entregan con pasión a lo que en ellos había aún de ovejas. Quieren marchar por la vida bien juntos, en ruta colectiva, lana contra lana y la cabeza caída. Por eso, en muchos pueblos […] andan buscando un pastor y un mastín. El odio al liberalismo no procede de otra fuente. Porque el liberalismo, antes que una cuestión de más o menos en política, es una idea radical sobre la vida: es creer que cada ser humano debe quedar franco para henchir su individual e intransferible destino”.</p>
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		<title>Amar al prójimo</title>
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		<pubDate>Sat, 15 Aug 2015 10:44:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Antes de entrar al fondo del asunto que ahora nos convoca, es de interés precisar que el aspecto medular del amor implica trasmitir alimento para el alma, que es lo más preciado del ser humano; sin duda que además de ello hay ayudas físicas y otras consideraciones que rodean el bienestar de las personas. Alimento del alma porque es lo que caracteriza la condición humana, esto es, estados de conciencia o la mente que permiten el libre albedrío y distinguen a la persona de aspectos puramente materiales y configuran lo de mayor jerarquía. Los kilos de protoplasma no deciden ni hacen posible las ideas autogeneradas, la racionalidad, la argumentación, la existencia de proposiciones verdaderas y falsas, la moralidad de los actos y la misma libertad. Los seres humanos no somos loros. El alma, la traducción de ‘psique’ en griego, es lo más preciado del hombre y lo que lo separa de todas las otras especies conocidas.</p>
<p>La ayuda al prójimo, la caridad, puede ser material o de apostolado y se define en el contexto de un acto voluntario realizado con recursos propios, sean estos crematísticos o de trasmisión de conocimientos para la aludida alimentación espiritual (depende de las circunstancias, se debate si en verdad es mejor regalar un pescado en lugar de enseñar a pescar).<span id="more-1012"></span></p>
<p>Ahora viene un asunto de la mayor importancia y es el concepto de interés personal<b>. Todos los actos se llevan a cabo por interés personal</b>. <b>En el lenguaje coloquial se suele hablar de acciones desinteresadas para subrayar que no hay interés monetario, pero el interés personal queda en pie</b>. En verdad se trata de una perogrullada: Si el acto en cuestión no está en interés de quien lo lleva a cabo, ¿en interés de quién estará?</p>
<p>Estaba en interés de la madre Teresa el cuidado de los leprosos, está en interés de quien entrega su fortuna a los pobres la realización de esa transferencia, puesto que su estructura axiológica le señala que esa acción es prioritaria. También está en interés del asaltante de un banco que el atraco le salga bien y también para el masoquista que la goza con el sufrimiento y así sucesivamente. Todas las acciones contienen ese ingrediente, ya sean actos sublimes o ruines. Una buena o mala persona se define por sus intereses.</p>
<p>En esta línea argumental, Erich Fromm escribe en <i>Man for Himself. An Inquiry into the Psychology of Ethics</i>: “La falla de la cultura moderna no estriba en el principio del individualismo, no en la idea de que la virtud moral equivale al interés personal, sino en el deterioro del significado del interés personal; no en el hecho de que la gente está demasiado interesada en su interés personal, sino en que no están interesados lo suficiente en su yo”. Es decir, el problema radica en que la gente no se ocupa lo suficiente de cuidar su alma.</p>
<p>Es curioso, pero en la interpretación convencional parecería que uno tiene que <b>abdicar de uno mismo, lo cual constituye una traición grotesca a la maravilla de haber nacido</b>. La primera obligación es con uno mismo y, además, si no hay amor propio, no puede haber ningún tipo de amor hacia el prójimo. La persona que se odia a sí misma es incapaz de amar a otro, puesto que el amar al prójimo necesariamente debe proporcionar satisfacción al sujeto que ama.</p>
<p>Es sumamente interesante detenerse a meditar sobre la reflexión de Santo Tomás de Aquino en la materia, así, en la <i>Suma Teológica, </i>afirma: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo, por lo que se ve que el amor del hombre para consigo mismo es como un modelo del amor que se tiene a otro. Pero el modelo es mejor que lo modelado. Luego el hombre por caridad debe amarse más a sí mismo que al prójimo” (2da., 2da., XXVI, art. IV).</p>
<p>En el “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” la clave radica en el adverbio “como”. Hay solo tres posibilidades: Que el amor sea igual, mayor o menor. Las dos primeras constituyen inconsistencias lógicas, por ende, se trata de la tercera posibilidad. En el primer caso, si fuera igual, no habría acción alguna, puesto que para que exista acción debe haber preferencia; la indiferencia, en este caso la igualdad, no permite ningún acto. Si en un desierto hay una persona muriéndose de sed y tiene una botella de agua a la derecha y otra a la izquierda y se mantiene indiferente, se muere de sed. Para no sucumbir debe preferir, esto es, inclinarse más por una de las alternativas. Cuando alguien entra a un bar y manifiesta que quiere una bebida y el mozo le informa que tiene Coca y Pepsi y le pregunta qué prefiere, si la respuesta es que le da lo mismo, de hecho estará frente a tres variantes: elegir Coca, elegir Pepsi o delegar la decisión en el mozo, pero si se mantiene indiferente e indeciso frente a uno de los tres caminos, no beberá nada.</p>
<p>En segundo lugar, si se sostuviera que el amor al prójimo es mayor que el amor propio, se estaría incurriendo en un sinsentido, puesto que, como queda dicho, el motor, la finalidad de la acción, la brújula, el mojón y el punto de referencia es el interés personal, lo cual define la acción, que, por ende, no puede ser menor que el medio a que se recurre para lograr ese cometido. En consecuencia, <b>es siempre menor el amor al prójimo que a uno mismo</b>. Esto incluso se aplica al que da la vida por un amigo: Ese arrojo y esa decisión se lleva a cabo porque para quien entrega la vida por un amigo es un acto por él más valorado que cualquier otra acción alternativa.</p>
<p>A veces se confunden conceptos, porque aparecen problemas semánticos de peso. <b>El interés personal no debe ser confundido con el egoísmo, ya que esta última expresión significa que el medio que le satisface al sujeto actuante no está nunca fuera de su propio ser</b>. De este modo, no es concebible para el egoísta la satisfacción y el bienestar de otros. El interés personal, sin embargo, abarca acciones cuyos medios para la satisfacción de quien actúa son también otros o incluso principalmente otros. En este sentido, es pertinente recordar una reflexión de uno de los más destacados pensadores de la escuela escocesa del siglo XVIII, Adam Ferguson, quien en su <i>History of Civil Society </i>afirma: “Por su parte, el término benevolencia no es empleado para caracterizar a las personas que no tienen deseos propios; apunta a aquellos cuyos deseos las mueven a provocar el bienestar de otros”. Y esto se aplica también a “dar en caridad hasta que duela”, puesto que para quien la lleva a cabo significa que el dolor del caso está en interés de quien entrega, nuevamente sea lo crematístico o el apostolado.</p>
<p>Otra expresión un tanto confusa y que además se traduce en una contradicción es la de altruismo, si se la define con el ingrediente que señala el diccionario de la Real Academia Española en cuanto a que consiste en la “complacencia en el bien ajeno aun a costa del propio”, materia que han explorado filósofos de fuste en distintas ocasiones. Hacer el bien a costa del propio bien hemos visto que resulta en un imposible, puesto que quien hace el bien es porque prefiere esa conducta, es porque le hace bien, es porque le interesa proceder en esa dirección.</p>
<p>También es de gran importancia no confundir la autoestima con el narcisismo. Lo primero es esencial para actualizar las potencialidades de cada uno, es fundamental para construir la personalidad y para saber enfrentar lo que puedan hacer o decir los demás, es vital para tener el valor de escuchar la propia conciencia y, consecuentemente, para la honestidad intelectual. En otros términos, para evitar lo que escribió Alexis de Tocqueville en <i>La democracia en América</i>: “El poder moral de la mayoría hace que internamente individuos se avergüencen de contradecirla, que, en efecto, los silencian y ese silencio culmina con la paralización del pensamiento”.</p>
<p>Por su parte, el narcisismo bloquea por completo la posibilidad de prestar atención a reflexiones y consideraciones que no sean las propias, lo cual no toma en cuenta que el conocimiento conlleva la característica de la provisionalidad abierta a posibles refutaciones. Desafortunadamente <b>a veces se confunde el narcisismo con el individualismo, ya que este último término significa ni más ni menos el respeto a las autonomías de cada uno y para nada el aislacionismo, por el contrario, suscribe con entusiasmo la cooperación libre y voluntaria entre las personas</b>. En cambio, son los socialismos o los llamados comunitarismos colectivistas los que son aislacionistas al trabar cada vínculo entre las personas, desde las tarifas aduaneras mal llamadas “proteccionistas” y las infinitas intervenciones de los aparatos estatales entre partes que actúan de modo legítimo.</p>
<p>El interés personal y la autoestima apuntan a la felicidad de cada uno, que es el objeto último de todos. Nathaniel Branden en su notable libro titulado <i>Honoring the Self </i>afirma: “La barrera más grande a la felicidad es el sinsentido de sostener que la felicidad no constituye nuestro destino”. Bertrand Russell, en <i>La conquista de la felicidad</i>,<i> </i>explica: “Un hombre que se preocupara de que comieran los demás olvidándose de comer él mismo moriría […] [Por otro lado] es imposible adquirir la libertad espiritual, en que la verdadera felicidad consiste, porque es esencial para la felicidad que nuestra manera de vivir surja de nuestros impulsos más profundos y no de los gustos y deseos accidentales de los que son, por casualidad, nuestros vecinos o nuestros amigos”.</p>
<p>El bien otorga paz interior y tranquilidad de conciencia que permiten rozar destellos de felicidad que es la alegría interior, pero no se trata solo de no robar, no matar, acariciar a los niños y darle de beber a los ancianos. <b>Se trata de actuar como seres humanos contestes de la enorme e indelegable responsabilidad de la misión de cada uno encaminada a contribuir, aunque más no sea milimétricamente, a que el mundo sea un poco mejor respecto al momento del nacimiento</b>, siempre en el afán del propio mejoramiento, sin darle descanso a renovados proyectos para el logro del noble propósito de que prime el respeto recíproco. Edward de Bono en <i>La felicidad como objetivo </i>nos dice: “El marxismo sugirió que el hombre debería mirar la felicidad del Estado antes que la suya personal; y si el Estado parecía requerir su sufrimiento, este era entonces necesario para la felicidad del Estado […] [en otras palabras] la entrega del yo a algún poder externo”.</p>
<p>En resumen, no hay nada más sublime que el amor que tiene distintos grados de acercamiento y profundidad según sea el tipo de relación, de la establecida con los progenitores, la conyugal, la prole, de alumnos, amigos y el vínculo con quienes necesitan ayuda en diversos planos, pero <b>debe estarse muy en guardia de quienes alardean de amor al prójimo, mientras proponen sistemas autoritarios que prostituyen la misma noción de amor y, en la práctica, fomentan el odio</b>. También, como consigna Tibor Machan en su obra titulada <i>Generosity</i>,<i> </i>“Un acto de generosidad requiere como primer requisito la propiedad privada”, puesto que la beneficencia y la solidaridad requieren la entrega de lo que pertenece al donante. Entregar por la fuerza el fruto del trabajo ajeno es un asalto, aunque pueda ser legal. En no pocos casos hay que estar en guardia con los que declaman a los cuatro vientos el amor, porque habitualmente son narcisistas que en definitiva no lo practican con nadie, cuando no proponen políticas que conducen a graves confrontaciones.</p>
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