<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Alberto Benegas Lynch (h) &#187; Claude Robinson</title>
	<atom:link href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/tag/claude-robinson/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch</link>
	<description>alberto_benegas_lynch</description>
	<lastBuildDate>Sat, 04 Jun 2016 04:19:48 +0000</lastBuildDate>
	<language>es-ES</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.5.2</generator>
		<item>
		<title>Concentración de riqueza</title>
		<link>http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/11/14/concentracion-de-riqueza/</link>
		<comments>http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/11/14/concentracion-de-riqueza/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 14 Nov 2015 03:20:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Claude Robinson]]></category>
		<category><![CDATA[Concentración de riqueza]]></category>
		<category><![CDATA[Errores estadísticos]]></category>
		<category><![CDATA[Igualittarismo]]></category>
		<category><![CDATA[impuesto progresivo]]></category>
		<category><![CDATA[redistribución de ingresos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/?p=1214</guid>
		<description><![CDATA[Antes he escrito a raíz del libro de Thomas Piketty sobre las estructuras de capital en este siglo que corre y también sobre otro de sus libros que alude a las desigualdades. Dejo de lado las enormes y acaloradas controversias estadísticas que suscitaron las expuestas en el primer libro mencionado, principalmente desarrolladas, explicadas y severamente... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/11/14/concentracion-de-riqueza/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Antes he escrito a raíz del libro de Thomas Piketty sobre las estructuras de capital en este siglo que corre y también sobre otro de sus libros que alude a las desigualdades. Dejo de lado las enormes y acaloradas controversias estadísticas que suscitaron las expuestas en el primer libro mencionado, principalmente desarrolladas, explicadas y severamente criticadas por Jean-Philippe Delsol, Hunter Lewis, Rachel Black, Anthony de Jasay, Robert T. Murphy, Daniel Biery y Louis Woodhill.</p>
<p>En esta nota periodística circunscribo mi atención a dos aspectos cruciales. En primer lugar, es importante subrayar que en un mercado abierto las desigualdades de ingresos corresponden a las preferencias de los consumidores. Si el oferente da en la tecla respecto a los gustos y las necesidades de sus congéneres, obtendrá ganancias y si yerra, incurrirá en quebrantos. Por esto es que la llamada redistribución de ingresos se traduce inexorablemente en consumo de capital, puesto que la correspondiente asignación de los siempre escasos factores de producción se destina a campos distintos de los preferidos por la gente. Redistribuir significa volver a distribuir por la fuerza lo que pacíficamente ya habían distribuido los consumidores en el supermercado y afines.<span id="more-1214"></span></p>
<p>Entonces, el delta o el diferencial de ingresos es simplemente lo que el público consumidor decide a través del plebiscito diario del mercado con sus compras y sus abstenciones de comprar. Es del todo contraproducente que los políticos prefieran la situación donde el diferencial sea menor con ingresos también menores para todos respecto a la situación en la que el delta es más grande, pero los ingresos de todos resultan mayores. La envidia y la demagogia empujan a la primera de las situaciones descritas, en perjuicio de todos, especialmente de los más necesitados. Lo importante es que el promedio ponderado se eleve.</p>
<p>El segundo punto se refiere a las desigualdades de patrimonios. Para ello cabe el mismo razonamiento, con el agregado de que los que se ubican en la cumbre de la escala son los mayores aportantes de la inversión total, lo cual es condición necesaria para que los ubicados en el nivel más bajo vean incrementar sus ingresos, puesto que las tasas de capitalización son la única causa de aquellos incrementos.</p>
<p>A los efectos de lo que aquí decimos, no resultan relevantes las controversias antes mencionadas en cuanto a los errores (y, en algunos caso, horrores) estadísticos. Sin duda que son importantes para ilustrar bien lo ocurrido, pero, como queda dicho, no modifican las conclusiones de lo que sucede en un mercado abierto y competitivo. Cualquiera sea el resultado sobre las desigualdades, es lo que demanda la gente, que siempre recibe a cambio de su dinero valores que estima mayores a lo entregado a cambio (de lo contrario, no hubiera realizado la transacción).</p>
<p>Y desde luego que no es que los que están en el pico de la pirámide se llevan la riqueza a Marte, constituyen el motor principal del progreso de los que al momento son marginales. Es del todo incorrecto presentar las correspondientes transacciones como compatibles con la suma cero, es decir, como si lo que tienen unos es debido a que otros son despojados de lo que les pertenece. La riqueza es un concepto dinámico, el valor total está en permanente movimiento. No sólo no son los mismos los que están en los diversos niveles de la pirámide, sino que, como decimos, el valor total se incrementa en sociedades libres.</p>
<p>Si seguimos el principio de Antoine Lavoisier en cuanto a que nada se crea, nada se pierde, todo se transforma, debemos enfatizar en que el tema de la riqueza no alude a la cuantía de lo material, sino al valor. Como hemos ilustrado en otra ocasión: el teléfono antiguo tenía mucho más materia que el moderno, sin embargo este último ofrece muchísimos más servicios. La materia del globo terráqueo en la antigüedad era la misma que la actual, sin embargo la riqueza hoy es infinitamente superior a la de antaño, cuando la expectativa de vida era de corta edad, la medicina no podía enfrentar las dolencias comunes y las hambrunas eran moneda corriente en todos lados.</p>
<p>Muchos han sido los cálculos sobre los escasos centavos de aumento que resultarían de dividir entre la población los patrimonios de los más ricos en comparación con la formidable pérdida de ingresos, debido a que la usina inversionista desaparece al arrancar recursos de aquellos que la gente consideraba más eficiente para administrarlos.</p>
<p>En consecuencia, el coeficiente de Gini, que muestra la dispersión o la concentración de ingresos, no nos dice nada respecto a la inconveniencia de esa dispersión que al ser decidida por la gente es necesariamente conveniente; de modo que no resulta irrevocable, sino que cambia a media que se transforman los gustos y la calidad del servicio que se estima que proveen los distintos oferentes.</p>
<p>Por supuesto que si no tiene lugar el mercado abierto y no se aplican marcos institucionales que respeten los derechos de las personas y, en su lugar, existen alianzas entre supuestos empresarios y el poder político, en ese caso las diferencias de ingresos y patrimonios resultantes es consecuencia de la injusticia y la explotación. Tal es la situación, en gran medida, en el denominado mundo libre (en Estados Unidos este proceso inicuo se ha intensificado a través de los <i>bailouts</i>,<i> </i>por los que se subsidia a empresarios irresponsables e ineptos con los recursos de los trabajadores que no tienen poder de <i>lobby</i>). Debemos diferenciar claramente lo que son servicios en el ámbito del mercado libre de lo que son robos vía los acuerdos con el poder político, que en sus resultados no son distintos de los asaltantes de bancos.</p>
<p>Peor aun si cabe, <strong>es el escandaloso robo de bienes públicos perpetrado por muchos gobernantes lo que marca diferencias colosales de ingresos y patrimonios respecto a los de los gobernados</strong>, todo lo cual también significa deltas que son fruto de reiterados latrocinios que colocan a estos sátrapas en los lugares de las mayores fortunas del orbe y, paradójicamente, son los que más declaman sobre la necesidad de nivelar, con lo que la hipocresía resulta superlativa.</p>
<p>Básicamente, como consecuencia de la difusión de recientes estadísticas sobre porcentajes de riqueza que se estima concentrada en pocas manos —no siempre verídicas, como hemos apuntado—, se ha vuelto a la carga con la manía de la guillotina horizontal, es decir, con la manía del igualitarismo. Y una de las herramientas que se consideran más efectivas para tal fin (relanzadas por Piketty) es el impuesto progresivo (cuyo máximo difusor es hoy el candidato presidencial en Estados Unidos Bernie Sanders).</p>
<p>Como es sabido, el impuesto proporcional significa que se mantiene la alícuota en todas las escalas de ingresos y patrimonios o en todos los niveles de gastos, lo cual se traduce en que los que ponen de manifiesto capacidades contributivas mayores pagan mayores tributos respecto a los de menor capacidad contributiva. Por su parte, el impuesto progresivo, como su nombre lo indica, significa que la alícuota progresa en la medida en que progresa la capacidad contributiva, sea esta directa o indirecta.</p>
<p>Pues <b>los efectos más contundentes de la progresividad fiscal son, primero, la alteración de las posiciones patrimoniales relativas, lo que implica que las ubicaciones que la gente votó en el mercado de acuerdo con las preferencias de cada cual son contradichas por el referido gravamen. Esto significa, a su vez, derroche de capital</b>.</p>
<p>Segundo, el impuesto progresivo atenta contra la necesaria movilidad social, ya que introduce vallas en el ascenso en la pirámide patrimonial. Tercero, este tipo de carga fiscal constituye un castigo para los más eficientes, situación que contradice la idea de que se debe alentar la mayor eficiencia. Cuarto, el impuesto progresivo es en realidad regresivo, ya que afecta los ingresos de los que menos tienen, puesto que se compromete la inversión de los más pudientes. Quinto, este impuesto resulta un privilegio para los ricos que se colocaron en el vértice de la pirámide patrimonial antes de la implementación del gravamen, quienes cuentan con una ventaja respecto a los actores sucesivos.</p>
<p>Por tanto, cuando se habla de posiciones porcentuales en cuanto a ingresos o patrimonios, se debe tener en cuenta que lo trascendente son los valores absolutos de estos guarismos, a los efectos de percatarnos de las mejoras en todas las escalas cuando se opera en una sociedad abierta.</p>
<p>La propiedad es una noción jurídica, mientras que el patrimonio es una noción económica que responde a las valorizaciones de la gente. En la medida en que exista libertad y respeto a valores jurídicos elementales, tiene lugar menor pobreza relativa y los mejores niveles de vida de los habitantes que se desenvuelven en los países en donde más se dan aquellas condiciones. Incluso, como es sabido, hay países que cuentan con grandiosas reservas de recursos naturales (como en África) y, sin embargo, sus habitantes son muy pobres, mientras que otros sin recursos naturales ofrecen a sus ciudadanos condiciones de vida de gran confort (como es el caso de Japón, que es un cascote donde sólo el veinte por ciento es habitable).</p>
<p>La institución de la propiedad privada resulta esencial para asignar recursos eficientemente. Como las necesidades son ilimitadas y los recursos para atenderlas son limitados, la asignación de derechos de propiedad es indispensable, puesto que “la tragedia de los comunes” (lo que es de todos no es de nadie) se produce debido a que los incentivos para mantener y producir son nulos.</p>
<p>Como una nota a pie de página consigno que Claude Robinson, en su libro <i>Understanding Profits</i>, muestra que la distribución promedio de las cien empresas estadounidenses de mayor facturación en el año en que ese autor tomó la muestra se presentaba de la siguiente manera: del 100% del producto de las ventas, el 43% iba a sufragar costos de producción directos que incluían publicidad, el 2,7% para amortizaciones, el 0,3% para intereses y otras cargas financieras, el 7,1% para impuestos, el 40,5% para sueldos de empleados, el 4% para dividendos y honorarios de directores y el 2,4% para reinversiones.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/11/14/concentracion-de-riqueza/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Otro libro de Piketty</title>
		<link>http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/05/02/otro-libro-de-piketty/</link>
		<comments>http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/05/02/otro-libro-de-piketty/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 02 May 2015 11:11:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Benegas Lynch (h)</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Anthony de Jasay]]></category>
		<category><![CDATA[Claude Robinson]]></category>
		<category><![CDATA[Doug Bandow]]></category>
		<category><![CDATA[estadísticas]]></category>
		<category><![CDATA[George Gallup]]></category>
		<category><![CDATA[Hayek]]></category>
		<category><![CDATA[Hunter Lewis]]></category>
		<category><![CDATA[James Bovard]]></category>
		<category><![CDATA[justicia social]]></category>
		<category><![CDATA[La economía de las desigualdades]]></category>
		<category><![CDATA[Louis Woodhill]]></category>
		<category><![CDATA[Marx]]></category>
		<category><![CDATA[Mathew Rognlie]]></category>
		<category><![CDATA[Melvyn Krauss]]></category>
		<category><![CDATA[movilidad social]]></category>
		<category><![CDATA[países comunistas]]></category>
		<category><![CDATA[Peter Bauer]]></category>
		<category><![CDATA[Rachel Black]]></category>
		<category><![CDATA[redistribución]]></category>
		<category><![CDATA[Robert Murphy]]></category>
		<category><![CDATA[Robert Nozick]]></category>
		<category><![CDATA[sistema capitalista]]></category>
		<category><![CDATA[Thomas Piketty]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/?p=708</guid>
		<description><![CDATA[Afortunadamente esta vez son solo 190 páginas en la edición argentina del Siglo Veintiuno Editores y no el mamotreto de su obra más conocida que comentamos en su oportunidad junto a muchos otros reviews críticos y favorables. Esta vez se titula La economía de las desigualdades. Como implementar una redistribución justa y eficaz de la... <a href="http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/05/02/otro-libro-de-piketty/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Afortunadamente esta vez son solo 190 páginas en la edición argentina del Siglo Veintiuno Editores</strong> y no el mamotreto de su obra más conocida que comentamos en su oportunidad junto a muchos otros <i>reviews</i> críticos y favorables. Esta vez se titula <i>La economía de las desigualdades. Como implementar una redistribución justa y eficaz de la riqueza.</i> Repite aquí mucho de lo ya dicho pero conjeturo que el editor lo ha estimulado al autor para publicar dado el momento de su éxito en librerías (lo debe haber conminado en el sentido de <i>now or never</i>).</p>
<p>El lenguaje que Thomas Piketty utiliza en este nuevo trabajo es <strong>más directo y provocativo (y si se quiere panfletario)</strong> respecto a su obra anterior por lo que nosotros también recurrimos a expresiones más contundentes y menos sofisticadas de las que empleamos en nuestro estudio del libro anterior.<span id="more-708"></span></p>
<p>Abre su nuevo escrito con una <strong>oda a la justicia social</strong> como eje central de su análisis, sin percatarse que esa expresión en el mejor de los casos constituye una grosera redundancia puesto que no está presente el concepto de justicia en el reino vegetal, mineral o animal donde no hay responsabilidad individual. En el peor de los casos significa lo opuesto a la idea de justicia según la definición clásica de “dar a cada uno lo suyo”. Piketty recurre al término en  este último sentido con lo cual da por tierra con la noción de justicia para abrir cauce a las arbitrariedades de los burócratas de turno. Por su parte, Hayek agrega que el adjetivo “social” seguido de cualquier sustantivo lo convierte en su antónimo,  como, por ejemplo, es el caso del constitucionalismo social, la democracia social, los derechos sociales etc.</p>
<p>A continuación incurre en otro equívoco de proporciones al sostener que la “desigualdad en el empleo” fue una de las mayores causas de la desigualdad de resultados, desconociendo que el desempleo involuntario (el voluntario no es el problema) se debe exclusivamente a la imposibilidad de concretar arreglos contractuales libres como consecuencia de las mal llamadas “conquistas sociales” que imponen salarios superiores a los del mercado, es decir, superiores a los que las tasas de capitalización permiten (sin embargo, Piketty sugiere hacer esto). En otras palabras, si la desigualdad se conecta con el desempleo la solución estriba en liberar el mercado laboral de trabas e impuestos al trabajo que justifican la existencia de la economía informal al efecto de poder emplearse y no estar condenado a deambular por las calles y eventualmente morirse por inanición  por no encontrar trabajo en ninguna parte.</p>
<p>Sorprende en grado sumo su aseveración en cuanto a que la compilación de estadísticas es una faena complicada “respecto a la desigualdad que existió <strong>en los países comunistas, </strong><i><strong>porque había muchos beneficios en especie que son difíciles de cuantificar</strong> desde el punto de vista monetario</i>”. Las cursivas son nuestras para destacar lo de los “beneficios” en el sistema del Gulag en los que se liquidó a millones de personas por hambrunas espantosas y por fusilamientos y purgas varias, nos suena tan disparatado como hablar de los “beneficios” que se otorgaban a las víctimas de los hornos crematorios de los sicarios nazis.</p>
<p>Concluye que “Para Marx y los teóricos socialistas del siglo XIX, aunque no cuantificaban la desigualdad de la misma manera, la respuesta no dejaba lugar a dudas: <strong>la lógica del sistema capitalista es amplificar incesantemente la desigualdad entre dos clases sociales opuestas</strong>, capitalistas y proletarios”. A esta altura de la evolución cultural, sorprende este razonamiento puesto que todos los análisis serios han puesto en evidencia el esparcimiento de la riqueza ya desde la aparición de las sociedades por acciones y los mercados de capitales, además del incremento notable de salarios debido precisamente a los aumentos en las inversión <i>per capita</i> a lo que debe agregarse la improcedencia de la confrontación “de clases” en lugar de ver la antedicha cooperación entre las tasas de capitalización al efecto de incrementar salarios e ingresos en términos reales.</p>
<p>Encomillamos la expresión “de clase” porque si bien es ampliamente utilizada, es desafortunada ya que <i>clase</i> proviene del marxismo que sostenía vía el polilogismo que el proletario y el burgués tienen una estructura lógica distinta, a pesar de que ningún marxista haya explicado concretamente en qué consisten esas diferencias respecto de la lógica aristotélica ni que le ocurre en la mente al hijo de un proletario y una burguesa ni qué sucede en la mente de una proletaria que se gana la lotería. Por eso es mucho más preciso aludir a gente con diversos ingresos pero no a “clase” que, por otra parte, es estúpido referirse a la “clase alta”, repugnante hacerlo con la “clase baja” y anodino hacerlo con la “clase media”. Los nazis después de una serie de galimatías clasificatorios, al comprobar que había que tatuar y rapar a las víctimas como única manera en lo físico de distinguirlas de sus victimarios, optaron por adoptar la visión marxista y llegaron a la peregrina conclusión que la diferencia entre el ario y el semita es “de carácter mental”.</p>
<p><strong>Lo que si es sumamente dañino y peligroso es la alianza reiterada entre supuestos empresarios y el poder lo cual se traduce inexorablemente en la explotación de los que no tienen poder de lobby.</strong> Esto que nunca menciona Piketty nos retrotrae al antiguo régimen en el que los ricos nacían y morían ricos independientemente de su capacidad para servir al prójimo y los pobres nacían y morían pobres y miserables con total independencia de su capacidad para atender las demandas de los demás, por lo que la movilidad social se torna indispensable.</p>
<p>Y es en este sentido que el autor que comentamos <strong>reitera su recomendación de establecer gravámenes altos y progresivos,</strong> lo cual, como dijimos antes altera las posiciones relativas en el mercado (contradice las indicaciones de la gente con sus compras y abstenciones de comprar), al tiempo que introduce una concepción fiscal regresiva al afectar la inversión que repercute especialmente sobre los ingresos más bajos y, por último, no solo significa un castigo a la eficiencia sino que privilegia a los más ricos que se ubicaron en el vértice de la pirámide patrimonial antes del establecimiento del tributo progresivo que bloquea la mencionada movilidad social.</p>
<p>Piketty se pregunta “¿Por qué los individuos que heredan un capital deberían disponer de unos ingresos vedados a quienes sólo heredaron su fuerza de trabajo. En ausencia de toda eficiencia de mercado, esto bastaría en amplia medida para justificar una redistribución pura de las ganancias del capital de las ganancias del capital hacia los ingresos del trabajo […] ¿Acaso la desigualdad de la distribución del capital entre individuos y entre países no solo es injusta sino también ineficaz?”</p>
<p>En realidad <strong>agradecemos este lenguaje más directo y contundente</strong> puesto que pone de relieve con mayor claridad hacia dónde apunta el autor a que nos venimos refiriendo. La herencia de bienes obtenidos legítimamente es el componente de mayor peso en el proceso económico puesto que incentiva en grado sumo la producción con la idea de trasmitir lo producido a las próximas generaciones. El aplicar la guillotina horizontal en este campo mina esos potentes incentivos. En el mercado resulta del todo irrelevante en nombre y el apellido de quienes poseen recursos, lo relevante y decisivo es la forma en que se administran. El que acierta en los deseos y necesidades de su prójimo obtiene beneficios y el que yerra incurre en quebrantos. En la medida de la aptitud o ineptitud de los herederos incrementarán o dilapidarán lo recibido.</p>
<p>También en la última cita, Piketty pone de relieve que considera ineficaz al mercado, es decir, las decisiones cotidianas de la gente en los supermercados y afines, para dar lugar a las decisiones prepotentes de los megalómanos en el poder, tal vez con la esperanza de que ese mismo autor y sus colegas sean designados para administrar vidas y haciendas ajenas, tal como lo vaticinó hace mucho tiempo Robert Nozick en su trabajo sobre los intelectuales y el capitalismo.</p>
<p>En esa misma cita Piketty incluye la redistribución a nivel internacional. Henos aquí un tema sobre el que han escrito profusamente autores como Peter Bauer, Melvyn Krauss, Doug Bandow y James Bovard apuntando a que los dólares sacados compulsivamente del fruto del trabajo ajeno no solo han generado subsidios cruzados sino que han facilitado que los gobiernos receptores continúen con políticas estatistas y corrupciones que provocaron los problemas de la fuga de capitales y la huída de personas en busca de horizontes mejores. Asimismo, sostienen que si se liquidaran organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial, aquellos gobiernos se verían forzados a modificar sus políticas con lo que repatriarían a su gente y los capitales fugados, al tiempo que recibirían préstamos sobre bases sólidas (a pesar de que Piketty subraya que eso solo tendría lugar “si el mercado de crédito fuera plenamente eficaz –es decir si llegase a invertirse capital cada vez que existe una inversión rentable”).</p>
<p>Dicho sea al pasar, <strong>acabo de exponer sobre la manía del igualitarismo en la reunión anual de la Mont Pelerin Society en Lima</strong> que titulé “In Defense of Income and Wealth Inequality”. Otra vez en este libro de Piketty se pretenden adornar afirmaciones con estadísticas, algunas irrelevantes y otras mal tomadas tal como lo han señalado economistas de la talla de Rachel Black, Louis Woodhill, Robert Murphy, Hunter Lewis y más recientemente el magnífico aporte de Anthony de Jasay (en Liberty Fund) y el de Mathew Rognlie (en Brooklyn Institute) que han detectado nuevos errores gruesos en las estadísticas de Piketty.</p>
<p>Como una nota al pie, señalo que Claude Robinson -el pionero con George Gallup en materia de encuestas modernas y estadísticas a partir de su tesis doctoral en la Universidad de Columbia- en su libro <i>Understanding Profits </i>revela que en una muestra de cien empresas líderes estadounidenses que representan quince reglones industriales de un ejercicio contable tomado al azar, en su momento reflejaron el siguiente cuadro: de la totalidad del valor de las ventas, 43% se destina a insumos para producir, 2.7% a las amortizaciones de equipos, 0.3% a intereses y otras cargas financieras, 7.1% en impuestos, 40.5% a salarios y otros beneficios a los empleados, 4.0% para dividendos a accionistas y honorarios a directores y 2.4% para reinversión.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opinion.infobae.com/alberto-benegas-lynch/2015/05/02/otro-libro-de-piketty/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

<!-- Dynamic page generated in 1.764 seconds. -->
<!-- Cached page generated by WP-Super-Cache on 2017-01-31 04:03:04 -->
