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	<title>Adrián Ravier &#187; Reserva Federal</title>
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		<title>El debate acerca del &#8220;tapering&#8221;: ¿podemos controlar el auge?</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Jan 2014 11:38:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ravier</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En mayo de 1937, Fritz Machlup ofrecía una disertación en la Universidad de Minnesota en la que intentaba dar respuesta a esta difícil pregunta. En este artículo, recogemos la respuesta vertida por el autor, dada su relevancia para comprender la política monetaria que la Reserva Federal de EEUU viene desarrollando bajo la dirección de Ben Bernanke.... <a href="http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2014/01/09/el-debate-acerca-del-tapering-podemos-controlar-el-auge/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En mayo de 1937, <strong>Fritz Machlup</strong> ofrecía una <a href="http://mises.org/books/can_we_control_the_boom_machlup.pdf">disertación en la Universidad de Minnesota</a> en la que intentaba dar respuesta a esta difícil pregunta. En este artículo, recogemos la respuesta vertida por el autor, dada su relevancia para comprender la política monetaria que la <strong>Reserva Federal</strong> de <strong>EEUU</strong> viene desarrollando bajo la dirección de <strong>Ben Bernanke</strong>.</p>
<p>Para dar un contexto a su artículo, entonces Machlup se encontraba analizando las políticas que el gobierno estadounidense y la autoridad monetaria venían practicando para intentar paliar el episodio económico más doloroso de la historia de EEUU. Lo que a continuación sostenemos es que el análisis causal del autor mantiene plena vigencia en lo que refiere a la crisis de 2008 y el intento por encontrar un camino de recuperación.</p>
<p><strong><span id="more-227"></span>La respuesta de Machlup entonces implicó tres cuestiones</strong>: 1) ¿Sabemos lo que es un auge?, y ¿podemos claramente identificar una situación dada como un auge? 2) Si sabemos lo que es un auge, y también cómo identificarlo, ¿sabemos cómo puede ser controlado? 3) Si sabemos lo que es un auge, cómo identificarlo, y también cómo podría ser controlado, ¿somos capaces de aplicar nuestro conocimiento y llevar a cabo las medidas que consideramos adecuadas?</p>
<p>Ante la primera pregunta, Machlup confiesa que ante su persistente reclamo en favor de “detener el auge”, una violenta protesta siempre emergía, señalando que no se trataba de un auge, sino de una leve recuperación. En tal sentido, Machlup advierte que entonces el auge era generalmente definido como <strong>“el período que conduce al colapso”.</strong> Lo dicho enfrentaba un serio problema de lógica. Machlup señaló entonces que si llamamos “auge” al período que conduce al colapso, entonces —por definición— éste no puede ser controlado. Y es que si fuera controlado, entonces se argumentaría que no se trataba de un auge.</p>
<p>Machlup prefiere entones abandonar una definición que permita reconocer la situación sólo ex post, y sugiere que definamos al auge “como un incremento espectacular en la actividad económica, ya sea en algunas, en varias o en todas las partes del sistema económico”. Tal aumento en la actividad económica, podría deberse a incrementos en los precios, a aumentos de volumen, o a una suba de ambos.</p>
<p>Machlup señala que la mayoría de las personas en 1937 aceptarían que un aumento en el volumen de la producción es visto como sano, mientras que un incremento en los precios, generaba preocupación. Nuestro autor, sin embargo, estaba en el pequeño grupo de los que extendían su escepticismo al auge en el volumen de negocios, fundamentando el mismo en la experiencia observada en la<strong> gran depresión de 1929</strong>, cuando el producto industrial o los contratos de construcción aumentaron fuertemente.</p>
<p>Tal distinción fue posiblemente lo que impidió a la mayoría de los economistas identificar el período de auge del último ciclo económico, el que podríamos enmarcar bajo el período 2002-2007. Para ser más precisos, tras la crisis de las punto com y una vigorosa recuperación de la actividad económica, acompañada de la estabilidad de precios, nadie advirtió que un proceso de mala inversión estaba tomando lugar.</p>
<p>Sin embargo hoy es reconocido que tal recuperación no era tal, sino más bien un período de auge cuyo origen encontramos en la política crediticia de la <strong>Reserva Federal</strong> y que el sistema bancario canalizó al <strong>sector</strong> <strong>inmobiliario</strong>, como consecuencia de las presiones que el poder ejecutivo y legislativo aplicaron sobre el sistema financiero.</p>
<p>Hacia fines de 2007, la <strong>crisis <em>subprime</em> </strong>se convirtió en un hecho que pocos pudieron anticipar. Entonces la <strong>receta</strong> <strong>keynesiana</strong> emergió con fuerza, fundada en las lecciones no aprendidas de la gran depresión de 1930. La política fiscal dio lugar a planes de estímulo que permitieron crear empleo. La política monetaria permitió duplicar dichos planes de estímulo para rescatar al sistema financiero. Y en poco tiempo la economía mostró algunos resultados exitosos<strong>. Y aquí está el debate en cuestión. ¿Se trata de una recuperación o de un auge?</strong></p>
<p>Machlup nos enseña que <strong>no debemos mirar “sólo” los precios.</strong> Aún con estabilidad de precios, la economía puede estar creando una nueva burbuja o en los términos modernos de <strong>Roger Garrison</strong> “un auge insostenible”. Pienso que pocos economistas negarán que tales resultados en la actividad económica y empleo tienen directo resultado en las políticas monetarias y fiscales mencionadas. Pero ahí comienza otro debate que identificamos con la segunda pregunta de Machlup: ¿Podemos controlarlo?</p>
<p>Veamos el análisis de nuestro autor: “Comencemos con una <strong>situación de gran desempleo</strong>. ¿Por qué hay trabajadores que desean trabajar al salario vigente, que no son contratados por los productores? Obviamente, porque estos últimos no esperan poder vender el producto de los trabajadores adicionales al precio que les permitiría pagar el salario de los trabajadores contratados. Dos modos tenemos, principalmente, para modificar esta situación. Una es la reducción del <strong>costo laboral</strong> (o de los costos de producción en general) que permite que los anteriores ingresos insuficientes que se obtienen por la venta del producto se conviertan ahora en ingresos suficientes para pagar su costo. La otra es un incremento en la demanda del producto, ya que se espera un mayor ingreso, el que entonces puede ocuparse de los salarios de los trabajadores que son contratados. Un incremento en la demanda de un producto que paralelamente no reduce la demanda por otro producto sólo puede originarse de un incremento en el dinero o el crédito disponible. En otras palabras, una expansión crediticia incrementa la demanda de productos y de medios de producción. Más dinero está disponible para comprar más trabajo a una tasa salarial dada —mientras que en la primera forma a la que nos referimos, un fondo de dinero dado podía comprar más trabajo a una menor tasa salarial. Ambas maneras incluyen, como regla, una reducción de la tasa salarial real, la primera a través de una reducción de la tasa salarial nominal, la segunda a través de mayores precios, lo que permite a una tasa salarial dada comprar menos bienes”.</p>
<p>Resumiendo, <strong>Machlup menciona dos formas de resolver el desempleo</strong>. Aunque el primero es impopular, esto es, la reducción de los salarios, para nuestro autor es superior porque contiene menos gérmenes de desajustes posteriores. El segundo método, el de lograr mayor empleo por la vía de la expansión monetaria, es simple, efectivo en el corto plazo, pero distorsivo. Machlup explica que “hay inicialmente un acto de toma de préstamos —ya sea de parte de industriales privados que no pueden posponer por más tiempo ciertos desembolsos los cuales han sido demorados por varios años, o por el gobierno que no desea esperar hasta que la inversión privada se recupere y lleve a cabo obras públicas. Estas inversiones que constituyen demandas por bienes de producción, llevan nuevo poder adquisitivo a las manos de los consumidores, los cuales tienen ahora una demanda incrementada por bienes de consumo. El gasto de este dinero va a invitar a que se realicen más inversiones privadas. La inversión pública y la mayor inversión privada, ambas financiadas por nuevos créditos bancarios, forman una nueva demanda para los bienes de producción. Utilizado en la producción de bienes de producción, el nuevo dinero se convierte en ingreso de los factores de producción utilizados, i. e., trabajadores y propietarios de equipo. El ingreso incrementado va a constituir nuevamente demanda para más bienes de consumo. Y esto puede continuar como un proceso acumulativo”. El problema que la literatura ha identificado ante tal escenario, es cómo mantener los tipos de interés por debajo de su nivel natural a lo largo del tiempo.</p>
<p>“Los optimistas”, critica Machlup, “están inclinados a desechar ambos peligros. ¿Falta de <strong>capital</strong> <strong>liquido</strong>? ¿Tasas de Interés en aumento? Permitan que los bancos de la <strong>Reserva Federal</strong> manejen esta incómoda situación. Los bancos de la Reserva Federal pueden prevenir la rigidez monetaria suministrando a los bancos con reservas suficientes para una expansión adicional. ¿Inversiones decrecientes por parte de la industria privada? Dejen al gobierno que resuelva esto. Existen suficientes obras públicas buenas para ser emprendidas. La inversión pública puede llenar el espacio dejado por la inversión privada. Este optimismo es, desde mi punto de vita, <strong>inflacionismo</strong>. El programa significa nada más ni nada menos que esto: satisfacer todas las siempre crecientes demandas de capital por medio de la creación de nuevo dinero bancario; y hacer esto en forma abundante para evitar el aumento de las tasas de interés; o, si la demanda de inversiones privada cayera, financiar obras públicas por medio de nuevo dinero bancario: en otras palabras, seguir y seguir inflando la circulación monetaria. Estoy de acuerdo en que la crisis puede ser pospuesta a través de estos métodos, pero sostengo que no se puede escapar al colapso final. El mantener la <strong>tasa de inversión</strong> al nivel del auge significaría un continuo incremento en los medios en circulación. Las consecuencias de la inflación, sin embargo, eventualmente forzarían una caída en las <strong>inversiones</strong> la cual se impidió que sucediera en un momento anterior. La disminución de la tasa de inversión no parece ser evitable y el retroceso en la inversión, entonces, haría evidente que la expansión industrial durante el alza fue desproporcionada. La distribución de la <strong>demanda</strong> <strong>monetaria</strong> por el producto de diferentes industrias durante el periodo de expansión crediticia es diferente de la distribución de demanda luego de que la expansión crediticia se desacelere o frene. Es decir que una gran parte del sistema económico parece estar condenado a experimentar otra parálisis”.</p>
<p>Bajo este análisis, Machlup advierte que “sí”, sabemos como el auge puede ser controlado. Ahora podemos proceder con nuestro último interrogante, el cual se pregunta si somos capaces de llevar adelante las medidas que consideramos adecuadas. El control consiste en evitar una rápida expansión en el crédito y el circulante. ¿Cuán acelerada ha sido la expansión desde 2007? Los datos muestran que sólo entre septiembre de 2008 y enero de 2009 se ha duplicado la base monetaria. Pero además, la política de liquidez conocida como <strong>&#8220;alivio cuantitativo</strong>&#8221; siguió durante los años siguientes, con una tasa de interés en torno al 0 y el 0.25 % hasta el día de hoy. En estos últimos meses, sin embargo<strong>, comenzó a hablarse del &#8220;<em>tapering</em>&#8220;, esto es, que la Reserva Federal reduzca el programa de compra de activos ante mejoras en la actividad económica y el mercado laboral.</strong> En diciembre pasado, a poco de dejar el cargo, <strong>Ben Bernanke</strong> decidió dar lugar al &#8220;tapering&#8221;, sin desconocer que la situación sigue siendo delicada.</p>
<p>El optimismo de Bernanke lo conduce a esperar que el &#8220;<em>tapering</em>&#8221; siga avanzando gradualmente ante mejoras en el mercado laboral, sin embargo, otros analistas son mucho más pesimistas, apuntando al creciente desequilibrio fiscal. Estos analistas no dudan, que ante una pequeña alza en el desempleo, <strong>Janet Yellen</strong> -su reemplazante en el mando de la Reserva Federal- utilizará un arsenal de medidas para expandir aún más el crédito y sostener el auge.</p>
<p>Que el &#8220;<em>tapering</em>&#8221; continúe o no, y que en consecuencia la Reserva Federal pueda o no controlar este auge, es un desafío que como se muestra aquí se viene discutiendo desde hace décadas. No hay sólo un debate político y social detrás de estas políticas económicas, sino que también está en juego un debate académico fundamental: <strong>¿Pueden los Bancos Centrales administrar correctamente el dinero?</strong> Personalmente pienso que hay mejores alternativas que el monopolio en la administración del dinero y del crédito.</p>
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		<title>El debate entre Hayek y Keynes actualizado</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Dec 2013 11:23:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ravier</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Mientras la crisis vuelve a sacudir los mercados por miedo a una recesión global, el mundo académico presenta un nuevo <em>round</em> en la batalla de ideas. La <strong>London School of Economics</strong> se ha convertido recientemente en el campo de una nueva <strong>batalla entre Hayek y Keynes.</strong> Por supuesto que estos economistas ya no nos acompañan, pero sus ideas nuclean hoy las dos grandes posiciones en relación con la crisis global. De un lado, <strong>George Selgin</strong> y <strong>Duncal Weldon</strong> representaron la posición hayekiana. Del otro <strong>Robert Skidelsky y Jamie Whyte</strong> representaron la posición keynesiana. Basta ver el <a href="http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2011/08/14/lse-keynes-vs-hayek/" target="_blank">video </a>para concluir que las mismas diferencias persisten y que estamos ante un empate técnico. Skidelsky, sin embargo, no se contentó con aquellas respuestas. Escribió otro artículo donde describe <a href="http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2011/08/19/una-nueva-contienda-entre-keynes-y-hayek-por-robert-skidelsky/">la nueva contienda entre Hayek y Keynes</a>. El debate, pienso, debemos abrirlo en dos. Por un lado, identificar aquellas causas que originaron la crisis; por otro, determinar qué políticas económicas deben tomarse para paliar la crisis.</p>
<p><strong>Sobre las causas de la “crisis”</strong></p>
<p>“Para <strong>Hayek</strong> a comienzos de los años 30 y para sus seguidores en la actualidad”, resume <strong>Skidelsky</strong>, “la ‘crisis’ es resultado de un <strong>exceso de inversión en relación con la oferta de ahorro</strong>, que fue posible por una expansión excesiva del crédito. Los bancos prestan a tasas de interés más bajas que las que los ahorristas genuinos habrían exigido, haciendo que todo tipo de proyectos de inversión se vuelvan temporalmente rentables”.</p>
<p><span id="more-219"></span>Sin embargo, “<strong>Keynes</strong> (y los keynesianos de hoy) <strong>considerarían que la crisis es resultado de lo contrario:</strong> la falta de inversión en relación con la oferta de ahorro —es decir, muy <strong>poco consumo</strong> o demanda agregada para mantener un nivel de pleno empleo de la inversión— que por fuerza ha de llevar a un colapso de las expectativas de ganancias”. Aun cuando ambos hablan de la “causa” de la crisis, Skidelsky no parece advertir que Hayek y Keynes están hablando de distintas fases del ciclo económico.</p>
<p>Aplicando estas ideas a la crisis global, al hablar Hayek de un “exceso de inversión en relación con la oferta de ahorro” no está hablando del período 2007-2010, sino del período 2001-2007, período durante el cual la <strong>burbuja inmobiliaria</strong> se gestó, ilustrando justamente la mala-inversión. Al hablar Keynes de “la falta de inversión en relación con la oferta de ahorro”, no está hablando del período 2001-2007, sino del período 2007-2010, período durante el cual esa burbuja inmobiliaria justamente se pinchó.</p>
<p>Esto puede resultar obvio para cualquiera que haya leído a ambos autores, incluso al propio Skidelsky. Pero lo que no resulta obvio entonces es qué razón lógico-causal encuentra Keynes para explicar el derrumbe de <strong>Wall Street</strong> en 1929 con las quiebras generalizadas consecuentes, ni tampoco qué causa encuentra Skidelsky para explicar la burbuja inmobiliaria que se pinchó en 2008, con todo el sistema bancario, las aseguradoras y hasta las automotrices vinculadas.</p>
<p>Lo que los hayekianos no podemos entender y los keynesianos tras tantos intentos aún no responden es qué origina el error sistemático a través del cual la acción de tantos empresarios en tantos variados mercados concluyen en quiebra.</p>
<p>Por supuesto que vivimos en un mundo de incertidumbre donde las expectativas juegan un rol clave. Pero <strong>resulta insuficiente hablar de “el humor de los mercados”, “la psicología de los mercados de inversión” o “los espíritus animales” para explicar la inestabilidad del capitalismo en general</strong>, y la gran depresión de los años treinta o la crisis de 2008 en particular.</p>
<p>Se ganaría mucho tiempo si los keynesianos aceptaran la distinción de <strong>Knut Wicksell</strong> sobre tasa de interés natural y tasa de interés de mercado, advirtiendo que disociarlas a través de la política monetaria sólo puede ser posible en el corto plazo. En este sentido, el reconocido keynesiano <strong>Axel Leijonhufvud</strong> parece ir por el buen camino. En un artículo que tituló <a href="http://www.cepr.org/pubs/PolicyInsights/PolicyInsight23.pdf">“Keynes y la crisis”</a> (en inglés) explica que el proceso que nos llevó a la actual crisis financiera estadounidense ha sido la <strong>política monetaria</strong> practicada por la <strong>Reserva Federal,</strong> con tipos de interés extremadamente bajos. El resultado, agrega, fue una inflación en el precio de los activos combinado con el deterioro general de la calidad del crédito. Y concluye que “esto, desde luego, no es una explicación keynesiana. Es más bien una explicación basada en la teoría austríaca de la sobreinversión”.</p>
<p><a href="http://www.cato.org/sites/cato.org/files/pubs/pdf/bp110.pdf">Lawrence H. White </a>(en inglés) a su vez agrega que para explicar como el dinero fácil de la <strong>Fed</strong> se dirigió al mercado inmobiliario creando la burbuja debemos prestar atención además a las presiones que el sistema bancario recibió para flexibilizar los requisitos y garantías a los demandantes de créditos e hipotecas, aspecto que involucró a la <strong>Administración Federal de la Vivienda</strong>, la <strong>Ley de Reinversión en la Comunidad</strong>, el <strong>Departamento de Vivienda y Desarrollo</strong> <strong>Urbano</strong> y a las ya famosas <strong>Fannie Mae y Freddie Mac.</strong></p>
<p><strong>Sobre la política económica que se debe tomar a partir de la crisis</strong></p>
<p>Determinadas las causas, podemos ahora concentrarnos en la etapa de crisis, donde efectivamente se puede cumplir lo que Keynes y Skidelsky identifican como una “<strong>falta de inversión en relación con la oferta de ahorro”</strong>, o incluso hablar del “colapso de las expectativas de ganancias”. Pero nótese que esta no es la causa de la crisis, es más bien la fase que sigue a las políticas practicadas previamente. En el nuevo <em>round</em> de esta batalla de ideas que tuvo lugar en la London School of Economics, <strong>Skidelsky representó a Hayek como un liquidacionista,</strong> en el sentido de abandonar al mercado a que ajuste lo necesario y “liquide” la mala-inversión de la fase del auge.</p>
<p>Sin embargo, Selgin hizo un nuevo esfuerzo por señalar que Hayek, unos pocos años después de la gran depresión, se arrepintió explícitamente de aquella posición, y promovió la idea de mantener constante el ingreso nominal, expandiendo la base monetaria con operaciones de mercado abierto para evitar la contracción secundaria de dinero. En este sentido, Hayek seguía —al menos en lo monetario— a<strong> Wilhelm Röpke</strong> distinguiendo claramente la <strong>depresión</strong> <strong>primaria</strong> de la <strong>depresión</strong> <strong>secundaria</strong>. La primera es aquella depresión normal, que surge en todo ciclo económico y que es necesaria para liquidar la sobre inversión generada en la etapa del auge. Ante esta situación Hayek se podría denominar como un “liquidacionista”, en el sentido que no propone aplicar políticas para paliar tal situación. La segunda es aquella depresión que va un poco más allá de la necesaria liquidación de los comentados errores de inversión. Se trata de una depresión que se retroalimenta por sí misma, y que lleva consigo una destrucción de capital innecesaria y que es imperioso detener.</p>
<p>Ante esta situación es que seguidores de <strong>Hayek</strong> como <strong>Lawrence H. White</strong> y <strong>George</strong> <strong>Selgin</strong> plantean hoy aplicar <strong>políticas de mercado abierto</strong>, que permitan —en términos de la teoría cuantitativa del dinero— mantener constante el ingreso nominal. Ante una caída de “V”, debemos aumentar “M”. Pero como ya expliqué en<a href="http://www.libertaddigital.com/opinion/adrian-ravier/combatiendo-la-contraccion-secundaria-50465/"> otra ocasión</a>, evitar la contracción secundaria no justifica las políticas que la Fed ha tomado desde 2008. Por un lado, hoy la expansión de la oferta monetaria supera el 20%, un monto que está bastante por encima de lo que el mercado habría necesitado para evitar la &#8220;contracción secundaria&#8221;. Por otro lado, en lugar de los rescates arbitrarios que la Reserva Federal deja hoy a la discrecionalidad del gobierno estadounidense, estos autores habrían preferido una expansión de la oferta monetaria a través de operaciones de mercado abierto, esto es, comprando bonos y sin favorecer el &#8220;riesgo moral&#8221;. De este modo, algunas de las grandes empresas que fueron rescatadas habrían caído y otras habrían sido fusionadas o reestructuradas, dando lugar al ajuste de mercado.</p>
<p>Skidelsky explica: “Mientras que para Hayek la recuperación requiere la liquidación de las inversiones excesivas y un aumento del ahorro de los consumidores, para Keynes consiste en reducir la propensión al ahorro y aumentar el consumo a fin de mantener las expectativas de utilidades de las empresas. <strong>Hayek exige más austeridad mientras que Keynes exige más gasto</strong>”. Efectivamente. Hayek piensa que la normalización de la economía sólo puede llegar cuando el nivel de inversiones se ajuste al nivel de ahorro real de la economía. Esto puede ocurrir tanto mediante la liquidación de las malas inversiones, definiendo así a aquellas inversiones que sólo pudieron generarse gracias a una tasa de interés artificialmente más baja, como mediante un mayor ahorro de los consumidores.</p>
<p><strong> La receta keynesiana de inyectar más dinero en la economía permitió a EE.UU. abandonar la crisis de las punto-com del 2001,</strong> pero al costo de crear otra burbuja, ahora inmobiliaria, que necesariamente debía pincharse algunos años después. En este sentido, podemos volver a <strong>Axel Leijonhufvud</strong>, quien tomando el caso de <strong>Japón</strong> nos recuerda que aquella economía experimentó dos enormes burbujas, una en el mercado bursátil y otra en el inmobiliario, y que su sistema bancario estuvo fuertemente vinculado a ambas. Nos recuerda también que Japón practicó precisamente las recetas keynesianas que hoy se enseñan en los libros de texto, destinando grandes sumas de dinero a construir puentes que no llevaban a ningún lado y haciendo crecer de ese modo la deuda pública, lo que terminó volviendo insostenible la continuidad de tales políticas.</p>
<p>Japón no pudo recuperar el crecimiento acelerado anterior a las burbujas, de lo que Leijonhufvud concluye que otra de las lecciones a aprender es que una vez que el sistema crediticio se derrumba, una política monetaria del banco central que apunta a reducir artificialmente los tipos de interés es de poca ayuda. Año tras año, el <strong>Banco Central de Japón</strong> llevó los tipos de interés a cero, y aún así la economía no podía escapar a la <strong>deflación</strong>. Analiza Leijonhufvud las políticas de rescate que ha venido practicando el gobierno estadounidense junto a la Reserva Federal y predice que el resultado será un proceso de <strong>estanflación</strong>, señalando que entonces la gran pregunta será cuánta inflación y cuánto desempleo vamos a tener.</p>
<p><strong>Conclusión</strong></p>
<p><strong>Skidelsky</strong> concluye que “para evitar nuevas crisis de la misma gravedad en el futuro, los keynesianos propondrían el fortalecimiento de las herramientas de gestión macroeconómica. <strong>Los hayekianos no tienen nada sensato que aportar</strong>. Es demasiado tarde para uno de sus remedios favoritos: la supresión de los bancos centrales, supuestamente por ser fuente de excesiva creación de crédito. Incluso una economía sin bancos centrales estará sujeta a errores de optimismo y pesimismo. Y una actitud de indiferencia a las consecuencias de estos errores es una mala política y un mal enfoque moral”.</p>
<p>Como ya se dijo, sin embargo, los hayekianos proponen como solución ajustar el nivel de inversión al nivel de ahorro, porque entienden que sólo de esa manera podrá alcanzarse una situación sostenible en el largo plazo. En tal sentido, razones históricas, políticas y económicas llevan a pensar que mientras el gobierno monopolice la moneda y cuente con un sistema de banca central a su alcance, las políticas de dinero fácil continuarán y la inflación, el desempleo y los ciclos económicos serán cada vez más recurrentes.</p>
<p>Pero aún bajo un sistema de banca central, la receta hayekiana de mantener constante el ingreso nominal habría evitado la creación de la burbuja inmobiliaria, y habría evitado también la depresión. Leijonhufvud concluye que los eventos actuales deberían forzarnos a re-examinar la doctrina reciente de la política monetaria y en general la <strong>teoría macroeconómica moderna</strong>. En particular, pone el acento en los tipos de interés reales, la teoría de la equivalencia ricardiana, la teoría financiera moderna, la teoría del agente representativo y las expectativas racionales, y concluye que las teorías de la <strong>Escuela Austríaca</strong> pueden ser incluso más útiles para la formación del nuevo paradigma que las propias keynesianas.</p>
<p><strong> Skidelsky no duda que Hayek mereció perder la batalla con Keynes. Joseph Schumpete</strong>r, en su <strong><em>Historia del análisis económico,</em></strong> nos ofrece una visión diferente. “El éxito de la Teoría general de Keynes, si bien fue mayor, no es comparable, porque, por grandes que sean sus méritos analíticos, no hay duda que debe primordialmente su victoriosa carrera a que su argumentación apoyaba algunas de las preferencias políticas más acusadas de gran número de economistas. Hayek, en cambio, nadaba contra corriente. [...] Al éxito del libro de Hayek sucedió una reacción crítica muy violenta que no sirvió, al principio, más que para subrayar el valor de la teoría, pero al final terminó dirigiendo a los profesionales hacia otros autores y hacia otros intereses. La sociopsicología de este episodio merecería un estudio detenido”.</p>
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		<title>Tres posturas sobre la intervención del Estado en la economía</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Oct 2013 10:37:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ravier</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Dejemos por un momento de lado al keynesianismo, la economía social de mercado y la escuela austríaca. Concentrémonos en tres autores: <strong>John Maynard Keynes, Wilhelm Röpke y Friedrich Hayek</strong>. Si bien considero que sería correcto ubicar la filosofía política y el pensamiento económico de Röpke entre los trabajos de John Maynard Keynes y los escritos de Friedrich A. von Hayek, me propongo en el siguiente artículo intentar responder a una sola pregunta: ¿hasta qué punto sería esto cierto?</p>
<p>Con un ánimo conciliador, trataré de mostrar <strong>consensos y diferencias entre tres de los pensadores más destacados del siglo XX</strong>. Es el objetivo final que estas comparaciones ilustren ciertos mitos que surgen en torno a ellos. Dice el profesor <strong>Resico</strong> sobre el pensamiento de Röpke: “&#8230;su planteo se apartaba explícitamente, por un lado de la <strong>economía coactiva</strong> (planificación central, corporativismo fascista, intervencionismo estatista) y, por otro, de la <strong>economía de mercado</strong> interpretada en la tradición del <strong><em>laissez faire</em></strong>, que excluye la intervención del Estado en asuntos económicos”.</p>
<p><strong><span id="more-173"></span>Lucas Beltrán Florez</strong> nos ofrece otras precisiones sobre este aspecto, mostrando un Röpke que aceptaba la <strong>“intervención conforme” del Estado en la economía</strong>, <strong>pero rechazaba la “intervención disconforme</strong>”: “la diferencia entre la intervención conforme y la disconforme [se comprende] comparándolas con la regulación del tráfico por las calles y carreteras. Mientras tal regulación se limite (como ocurre en la realidad) a exigir pruebas de aptitud a los conductores, señalar vías de tránsito y dictar instrucciones sobre el mejor modo de circular, cumple una misión absolutamente necesaria, y cada uno sigue siendo libre de ir a donde quiera, cuando y como quiera; esta forma de regulación es comparable a la intervención conforme. En cambio, se asemejaría a una intervención disconforme, la regulación del tráfico que tuviera la absurda pretensión de ordenar el movimiento de cada uno de los vehículos, como el capitán que manda una columna en marcha”. “Röpke cree que la eliminación de las intervenciones disconformes y la aplicación racional de las conformes, encaminadas a asegurar el funcionamiento de la economía de mercado y la implantación del programa del <strong>‘tercer camino</strong>’, son requisitos necesarios de una sociedad sana y estable”. La pregunta que me surge de este “tercer camino” es la siguiente<strong>: ¿No estarían de acuerdo tanto Keynes como Hayek con esta apreciación?</strong></p>
<p><strong>Keynes y Röpke</strong></p>
<p>Concentrémonos primero en Keynes, a quien podríamos calificar como un defensor del “<strong>intervencionismo estatista”.  Ricardo Crespo</strong> sostiene que “el caso de Keynes es un ejemplo de construcción social de una realidad donde <strong>el Keynes-hombre no siempre coincide con el Keynes-mito</strong>”. Lo cierto es que posiblemente el error más significativo de Keynes haya sido titular su obra maestra como la <strong><em>Teoría general</em></strong>, si consideramos que los estudios y conclusiones presentados en 1936 aplican únicamente al caso particular de una economía con desempleo de recursos, y en especial a aquellas específicas circunstancias de la gran depresión de los años treinta. Como decía su amigo y discípulo <strong>Richard Kahn</strong>, se ha abusado de la palabra “Keynes”. Con el tiempo (y gracias a la acción de malos políticos), ésta quedó asociada a soluciones inflacionarias, falaces y facilistas, a los problemas de la desocupación y a un Estado fuertemente interventor. Sin embargo, concluye Crespo, sólo con importantes restricciones y matices (y en determinadas circunstancias) Keynes habría estado de acuerdo con las recetas que le atribuyen. Por eso, en 1946, el año de su muerte, afirmó:<strong> “yo no soy keynesiano”.</strong></p>
<p>De este modo, <strong>llegamos a un Keynes cuya teoría del intervencionismo económico sólo se acota a “determinadas circunstancias”.</strong> Algo similar podemos decir de la “<strong>economía social de mercado</strong>”. Resico muestra con precisión los “fundamentos de la economía de mercado” existentes en el pensamiento de Röpke, los que se sostienen sobre la base de su correcta comprensión de los órdenes espontáneos y en un marco institucional, social y ético favorable.  ¿En qué circunstancias, sin embargo, considera Röpke que el funcionamiento de la economía de mercado se interrumpe? <strong>Hansjörg Klausinger</strong>, quien caracteriza a Röpke y otros alemanes como<strong> proto-keynesianos</strong>, nos explica que nuestro autor sólo alentaba la política expansionista en circunstancias específicas, haciendo referencia a la <strong>“depresión secundaria”</strong>. Röpke distinguía claramente la depresión primaria de la depresión secundaria. La primera es aquella depresión normal, que surge en todo ciclo económico y que es necesaria para liquidar la sobreinversión generada en la etapa del auge. Ante esta situación Röpke se podría denominar como un “<strong>liquidacionista</strong>”, en el sentido de que no propone aplicar políticas para paliar tal situación. La segunda es aquella depresión que va un poco más allá de la necesaria liquidación de los comentados errores de inversión. Se trata de una depresión que se retroalimenta por sí misma, y que lleva consigo una destrucción de capital innecesaria y que es imperioso detener.</p>
<p>Podemos dar un ejemplo. En 2001, la tasa de interés de corto plazo en EEUU, estaba en un 6,75 %.<strong> La crisis de las punto com</strong> generó una amenaza al crecimiento y al empleo, lo que llevó al presidente de la<strong> Reserva Federal</strong> a reducir la tasa de interés al 1 %. Los analistas coinciden en que dicha tasa estuvo en niveles muy bajos por demasiado tiempo, lo que estimuló el desarrollo de una burbuja inmobiliaria. En 2004, ante una posible aceleración de la inflación, <strong>Greenspan</strong> decidió subir la tasa de interés, y el mercado inmobiliario, que se sostenía sobre esa política de liquidez, se derrumbó. Hayek y Röpke, colegas en la <strong>Mont Pelerin Society</strong>, coinciden en que la recuperación de la crisis requiere de cierta liquidación de proyectos de inversión que surgieron en torno a una tasa de interés muy baja. Pero apuntan que puede ocurrir un problema mayor, si la tasa de interés sube por encima de su nivel natural. Para ser más concreto: ¿Qué ocurriría si la tasa de interés sube hasta el 10 %? Esto llevaría a que no sólo se liquiden los proyectos de inversión que surgieron en torno a la reducción artificial de la tasa de interés, sino que la liquidación de inversiones sería aún mayor, y esto es innecesario. La necesaria liquidación de inversiones, que corrige los errores de la política de dinero fácil, es lo que llamamos depresión primaria. La innecesaria liquidación de inversiones, conocida como depresión secundaria, es producto de que la tasa de interés haya subido por encima de su nivel natural. Esto puede evitarse si la Reserva Federal, ya inmersa en la crisis, expande la base monetaria comprando bonos en el mercado abierto.</p>
<p>Röpke agrega que la expansión monetaria puede no tener la fuerza suficiente para detener la depresión secundaria, y por ello, debe ir acompañada de políticas fiscales que aseguren que habrá una mayor demanda de los créditos que la política de dinero fácil introduzca en el mercado. Si bien ambos estarían de acuerdo en una política expansionista para circunstancias especiales, es esta explícita e importante distinción de Röpke de la que hoy carece el “intervencionismo keynesiano”.</p>
<p><strong>Hayek y Röpke</strong></p>
<p><strong>Hayek</strong> por su parte, viene a representar al <strong><em>laissez faire</em></strong>, el que<strong> “excluye la intervención del Estado en asuntos económicos</strong>”. Nótese sin embargo, que Hayek también aceptaba -en circunstancias excepcionales- que los hacedores de políticas públicas hicieran algo ante la situación descripta. En términos de la ecuación cuantitativa del dinero <strong>(MV = Py)</strong>, Hayek proponía mantener constante el <strong>ingreso nominal</strong> (MV). Esto tenía dos implicaciones. En primer lugar, permitir que ante un aumento de la <strong>productividad</strong> y su consecuente crecimiento económico (y), bajen los precios (P). Ya en <em><strong>Precios y producción</strong></em> de 1931, decía Hayek: “El que no haya ningún peligro en que los precios caigan cuando la producción sube ha sido subrayado una y otra vez, por ejemplo por<strong> A. Marshall, N. G. Pierson, W. Lexis, F. Y. Edgeworth, F. W. Taussig, L. Mises, A. C. Pigou, D. H. Robertson y G. Haberler</strong>”.</p>
<p>Cabe sin embargo hacer aquí la distinción -muchas veces ignorada por los economistas que animan <strong>políticas antideflacionistas</strong>- entre el proceso de <strong>deflación</strong> que surge por aumentos de productividad, de aquel proceso que surge en las etapas últimas del ciclo económico. En segundo lugar, que ante una contracción secundaria de dinero, la autoridad monetaria expanda la base monetaria. En pocas palabras, la expansión primaria sirve para compensar la contracción secundaria. Hayek, sin embargo, jamás habló de combinar esta política monetaria con políticas fiscales. Su preocupación, como la de Röpke, no era evitar el ajuste necesario del período de sobreinversión (que Hayek llamó más bien de mala-inversión), sino evitar que el ajuste sea mayor al necesario para volver a una situación de normalidad.</p>
<p><strong>Conclusión</strong></p>
<p>Estos comentarios acercan el pensamiento de <strong>Keynes, Röpke y Hayek</strong>, con el único objetivo de mostrar que <strong>ninguno representa los extremos con los que muchas veces se los identifica</strong>. Resulta fundamental, sin embargo, señalar -como lo hace <strong>Resico</strong>- que <strong>Röpke</strong> -al igual que <strong>Hayek</strong>- realizó una <strong>valoración crítica del pensamiento de Keynes</strong>, “en el que destacaba una generalización errónea del principio de la ‘demanda efectiva’”, esto es, el conocido modelo keynesiano de demanda agregada. Más precisamente Röpke se separaba de la propuesta keynesiana de pleno empleo, el que representó un manejo activo de la política económica de coyuntura, otorgándole un sesgo inflacionista y de control cada vez más amplio sobre el sistema económico, aspecto que se replica en Hayek. En otras palabras, la crítica de Röpke -que desde luego compartía con Hayek- estaba destinada a esa propuesta de manejar científicamente las variables monetarias, controlando la cantidad de dinero en circulación, los tipos de interés, el tipo de cambio, y mediante ellos, determinar el nivel de empleo y la tasa de crecimiento económico.<strong> Esta &#8220;fatal arrogancia&#8221; que hoy sostienen muchos economistas, de querer manejar la economía como si fuera un automóvil, mediante unos cuantos controles en un tablero, es el error fatal que Keynes introdujo y del cual necesariamente debemos distanciar tanto a Röpke como a Hayek.</strong> Después de todo, como ha señalado Garrison, &#8220;Keynes [en parte] fue un keynesiano&#8221;.</p>
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		<title>Janet Yellen como posible reemplazo de Ben Bernanke</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Aug 2013 05:08:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ravier</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En un artículo titulado “The subprime Crisis” [La crisis subprime], publicado en The Quarterly Journal of Austrian Economics, explicábamos junto al economista Peter Lewin que la crisis de 2008 no es un hecho aislado, sino que es una crisis más de una serie de tsunamies financieros a los que debemos agregar al menos la crisis... <a href="http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/08/14/janet-yellen-como-posible-reemplazo-de-ben-bernanke/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En un artículo titulado “<a href="http://mises.org/journals/qjae/pdf/qjae15_1_2.pdf">The subprime Crisis” </a>[La crisis subprime], publicado en <em>The Quarterly Journal of Austrian Economic</em>s, explicábamos junto al economista Peter Lewin que <strong>la crisis de 2008 no es un hecho aislado, sino que es una crisis más de una serie de tsunamies financieros a los que debemos agregar al menos la crisis S&amp;P de 1987 y la crisis dot-com de 2001, todos provocados a partir de la política monetaria que administra la Reserva Federal, también denominada “Fed”.</strong></p>
<p>Existe relativo consenso entre los economistas expertos en el campo monetario y bancario que la Fed -con Alan Greenspan a la cabeza- mantuvo una política monetaria muy agresiva, con tasas de interés demasiado bajas por demasiado tiempo -entre 2001 y 2004-, lo que alimentó la burbuja inmobiliaria que se pinchó en 2007, y que generó una depresión global dos años más tarde.</p>
<p><span id="more-113"></span>Tras 18 años al frente de la Fed<strong>, Greenspan dejó la presidencia de la autoridad monetaria norteamericana en 2006</strong> y dejó su lugar a su mano derecha <strong>Ben Bernanke</strong>, quien ante la recesión y su consecuente incremento en el desempleo decidió aplicar una política de rescate nunca vista en la historia de la institución, incluso contraria a los objetivos que sus estatutos indican.</p>
<p>Una extensa literatura criticó aquellos estímulos monetarios y ciertos conceptos pasaron a ser de uso generalizado como “riesgo moral” o “demasiado grandes para caer”. <strong>Bernanke volvió a aplicar una nueva política agresiva, para sostenerla aun por más tiempo que su antecesor -ya lleva más de 4 años-, hasta que el nivel de desempleo estuviera en niveles inferiores al 6 %. La economía logró una tibia y lenta recuperación gracias a los estímulos monetarios y fiscales, pero estuvo y está lejos de estas pretensiones, lo que asegura una continuidad en la política de tasa de interés al 0 % por algún tiempo más.</strong></p>
<p>En ese mismo artículo comentado, junto al Dr. Lewin concluíamos que “la estrategia de salida” pudo ser correcta en lo conceptual, pero cometió dos graves errores: el primero cuantitativo, porque la expansión de la oferta monetaria fue mucho mayor de lo necesario, y segundo, cualitativo porque la Fed expandió la base monetaria comprando deuda privada de alto riesgo, en lugar de comprar deuda del gobierno y se quedó con una cartera de activos cuyo valor y liquidez desconoce y que le será difícil revender en cuanto comience a aumentar la velocidad de circulación del dinero.</p>
<p>Los macroeconomistas estamos expectantes entonces a ver<strong> qué es lo que la Fed hará una vez que la economía se recupere, los bancos vuelvan a introducir crédito al mercado, y la tasa de inflación se acelere. </strong>Tal como lo hizo a mediados de 2004,<strong> sería de esperar que la Fed suba la tasa de interés de corto plazo para evitar una mayor inflación, pero tal política pondría en riesgo la misma recuperación de la economía</strong>, lo cual nos deja con interrogantes que van más allá de nuestro entendimiento.</p>
<p>Bernanke, sin embargo, parece que no tendrá que enfrentar estos hechos, dado que su mandato al frente de la Fed se vence el año próximo, y la economía más que acelerar la inflación, parece desacelerarse en estos últimos meses.</p>
<p><strong>Obama duda aún sobre el reemplazo de Bernanke</strong>, pero han surgido dos nombres claves: el primero es Larry Summers, quien fuera asesor de la Casa Blanca, pero se enfrenta a una mayoría republicana en el Congreso que no lo desea al frente de la Fed. El segundo candidato es una mujer, Janet Louise Yellen, quien es vicepresidente de la Fed en este momento, y tiene una extensa trayectoria en la autoridad monetaria.</p>
<p><strong>Yellen parece no ser enemiga de los estímulos monetarios y entre sus prioridades no parece estar el control de la inflación</strong>. Así lo indica al menos una nota de <a href="http://online.wsj.com/article/SB10001424127887323968704578650450613878848.html">Mary Anastasia O´Grady</a> en <em>The Wall Street Journal</em> y una nota del experto <a href="http://online.wsj.com/article/SB10001424127887323968704578650450613878848.html">Kenneth Rogoff</a>. En un debate con Alan Greenspan,<strong> Yellen comentó que su prioridad es el pleno empleo y suavizar los ciclos económicos, y si bien comprende los límites de la política monetaria discrecional que la literatura desarrolla, en su experiencia si debe elegir entre acelerar la inflación, o un aumento del desempleo, se inclinará por el primero.</strong> Un poco más de lobby para Yellen llegó de parte del Nobel <a href="http://www.project-syndicate.org/commentary/guidelines-for-new-central-bankers-by-joseph-e--stiglitz">Joseph Stiglitz</a> concluyendo que ante la lenta recuperación de la economía americana, Yellen es lo que la Fed necesita.</p>
<p>En la extensa literatura que Yellen nos deja también se destaca un libro que publicó junto a Alan S. Blinder titulado “<a href="http://books.google.com.ar/books/about/The_Fabulous_Decade.html?id=X_NzZTnnehAC&amp;redir_esc=y">La década fabulosa: lecciones macroeconómica de los años 1990”</a>, lo cual me deja aún más preocupado. En la reseña de este libro se puede leer que la causa de la fuerte performance macroeconómica de la década bajo análisis fue en particular una “excelente” política monetaria y fiscal. Quizás ya sea motivo de otro artículo, pero nuestra lectura de aquellos hechos fue la de una burbuja bursátil generada precisamente a partir de esa &#8220;mala&#8221; política monetaria, la que terminó con la crisis dot-com de 2001.</p>
<p>Bajo estos escasos elementos, quizás es aventurero concluir sobre la política monetaria que la Fed aplicará en los próximos años, pero al momento,<strong> todo indica que la liquidez continuará, aun bajo riesgos de inflación. Si este es el caso, habrá un corto plazo interesante para América Latina, con mucha liquidez e inversión en la región, pero más tarde, una vez que la tasa de interés supervisada por la Fed se incremente, sobrevendrán tiempos muy difíciles.</strong></p>
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