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	<title>Adrián Ravier &#187; EE.UU.</title>
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		<title>Cómo subdesarrollar a la Argentina en diez lecciones</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Sep 2013 10:37:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ravier</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Hasta 1935 EEUU, Canadá, Australia y Argentina tenían un desarrollo y un PIB per cápita similar</strong>, en torno a los 5.000 dólares, lo cual les permitía ser cuatro de los países más ricos del mundo. Para explicar tal estado de situación, uno encuentra ciertos factores comunes en estos países, tales como la <strong>riqueza natural</strong> de sus recursos, la gran extensión de territorio, los marcos constitucionales, la apertura económica, un<b> </b><strong>modelo eminentemente agroexportador</strong>, la inmigración europea, un Estado muy pequeño, escasas regulaciones y la estabilidad monetaria.</p>
<p><strong>Pero en los siguientes 75 años el desarrollo de Argentina se torna mucho más lento y débil que el de los otros tres países</strong>. La inestabilidad política y las políticas económicas tomadas por diversos gobiernos —como el modelo de <strong>sustitución de importaciones</strong>— fueron exitosas en mantener al país subdesarrollado, lejos de los estándares de otros países con características similares. La lección clave que el lector encontrará en este artículo es que evitar el desarrollo e incrementar la pobreza implica colocar todo tipo de trabas sobre las fuerzas creativas de los empresarios, evitando el ahorro y con ello la inversión local y extranjera.</p>
<p><span id="more-138"></span>El <strong>siglo XXI,</strong> sin embargo, presenta desafíos adicionales para los hacedores de <strong>políticas públicas</strong>, en comparación con las seis décadas anteriores. <strong>El contexto internacional es nuevamente favorable</strong> —como lo fue antes de la <strong>Primera Guerra Mundial</strong>—. <strong>China</strong> se ha convertido en la nueva fábrica del mundo y <strong>Argentina</strong> como otros países latinoamericanos cuentan con condiciones naturales excelentes para proveer de <strong>materias</strong> <strong>primas</strong> a este país y al mundo. Los precios de los <em><b>commodities</b></em><strong> </strong>en niveles récord hacen mucho más difícil la tarea de mantener subdesarrollada a la economía argentina, después de todo, las palabras del ex presidente <strong>Eduardo Duhalde</strong> resuenan en las cabezas de muchos: “<strong>La Argentina está condenada al éxito”</strong>. Veamos entonces qué ha hecho el gobierno para impedir el desarrollo de la economía argentina desde la crisis desde 2001, para así evaluar en las conclusiones sus consecuencias.</p>
<p><strong><em>Lección I</em></strong></p>
<p>Está claro que el <strong>desarrollo económico</strong> de un país en el largo plazo depende del nivel de <strong>inversión</strong>. Los precios récord de los <em><b>commodities</b></em><strong> </strong>generan un extraordinario estímulo para <strong>extender la siembra hacia tierras vírgenes</strong>, importar tecnologías de tal modo de aumentar la <strong>productividad</strong> y aprovechar la ocasión única de ofrecer materias primas a China, y por que no, a la <strong>India</strong> y <strong>Brasil</strong>. Para detener la mayor amenaza al desarrollo, las autoridades han sumado a la ya excesiva estructura tributaria, retenciones a las exportaciones del orden del 35 %, las que automáticamente se deducen de las divisas que entran al país.</p>
<p><strong><em>Lección II</em></strong></p>
<p>Por supuesto que la mayor demanda global por nuestros productos implica una oportunidad única para desarrollar aún más la industria de la carne, la leche, los vinos, etcétera, esto es, aquellos productos que representan la <strong>ventaja comparativa</strong> del país, lo cual eleva en el corto plazo sus precios, al menos hasta que este efecto sea acompañado con aumentos de producción. El gobierno ha tomado entonces la decisión de fijar <strong>control de precios</strong> máximos sobre dichos bienes, además de prohibir en muchos casos la exportación, con la idea de reducir los márgenes de ganancia y evitar cualquier tipo de nueva inversión en esos mercados. No sólo eso, se ha presionado y amenazado a los empresarios que intenten aumentar sus precios en búsqueda de mayor beneficio, lo cual claramente ejerce presión para evitar el desarrollo de nuevas inversiones.</p>
<p><strong><em>Lección III</em></strong></p>
<p>A las mencionadas presiones locales, había que agregarles un nuevo condimento. Tal fue así que<strong> el gobierno prohibió a las empresas la importación de algunos insumos básicos</strong> clave para el desarrollo de sus emprendimientos, además de fijar aranceles en otros que aumenten su costo de importación. Con esto garantizamos que las empresas enfrenten cuellos de botella que les impidan el desarrollo.</p>
<p><strong><em>Lección IV</em></strong></p>
<p>Otro de los problemas centrales e históricos de la Argentina han sido<b> </b><strong>los magros salarios que perciben los jubilados y pensionados</strong>. El problema podría solucionarse en el largo plazo con un <strong>sistema de administración privada de pensiones </strong>como el que ha practicado <strong>Chile</strong>, sin embargo, a un sistema defectuoso implementado en la década de 1990, el gobierno ha eliminado toda amenaza de solución, estatizando las pensiones. Los 100.000 millones de pesos (ó 30.000 millones de dólares) fueron consumidos en pocos años para evitar todo posible retorno a un proyecto que durante toda una década había financiado inversiones de capital que podían generar cierto desarrollo del país.</p>
<p><strong><em>Lección V</em></strong></p>
<p>Por supuesto que ese <strong>gasto público excesivo</strong> (que aumentó del 30 al 45 % del PIB), basado fundamentalmente en el dinero obtenido de las pensiones, además de la mayor presión tributaria, genera un estímulo de demanda que produce en el corto plazo un mayor crecimiento y hasta mejores salarios para los trabajadores. El gobierno debió entonces atentar contra esa mejora, imprimiendo moneda y generando <strong>inflación</strong>. De este modo, al <strong>aumento nominal de los salarios</strong>, y al mayor beneficio empresarial que obtenían algunas firmas, se las acompañó con una tasa de inflación del mismo nivel, para así limitar el aumento del poder adquisitivo que percibían los salarios.</p>
<p><strong><em>Lección VI</em></strong></p>
<p>Sabemos también que la estabilidad monetaria de un país se podría garantizar con una buena cantidad de <strong>reservas en dólares en el Banco Central</strong>, suficientes como para actuar cuando sea necesario y sostener así un tipo de cambio relativamente fijo, entre bandas. Qué mejor entonces que exigir al banco central que utilice esas divisas para cancelar compromisos con el <strong>FMI</strong>. De este modo se reducen dichas reservas, al tiempo que nos quitamos al mayor auditor del mundo de encima, y así espantamos aún más toda posible inversión. Al mismo tiempo,<b> </b><strong>se necesitaron multiplicar los controles sobre la compra y venta de divisas</strong>, lo cual crea aún más incertidumbre en el mercado, que responde con mayor fuga de capitales.</p>
<p><strong><em>Lección VII</em></strong></p>
<p>El contexto internacional favorable ha generado un tremendo desarrollo de inversiones de capital en Latinoamérica. La Inversión Extranjera Directa se ha concentrado en estos años en los países que justamente proveen a China de los insumos necesarios para producir los bienes que consume el mundo entero. El gobierno entonces adoptó como política el <strong>nacionalismo</strong>, alineado con<b> </b><strong>Cuba, Venezuela, Ecuador y Bolivia</strong>, de tal modo de incrementar el <strong>riesgo país</strong> y evitar cualquier tipo de inversión. La política nacionalista tiene dos objetivos: mientras por un lado lleva a que el país reciba muy poco capital, estimulamos también la <strong>fuga de capitales</strong>, lo cual hace inviable cualquier desarrollo de largo plazo.</p>
<p><strong><em>Lección VIII</em></strong></p>
<p>Un país de extenso territorio necesita de las mejores <strong>aerolíneas</strong> que puedan tornar accesible el traslado de empresarios por todo el país. Las provincias en definitiva sólo podrán reducir la dependencia de <strong>gasto público</strong> nacional si logran recibir a una serie de empresas con inversiones sustentables de largo plazo, las cuales —a su vez— podrían elevar la <strong>recaudación tributaria</strong>. Para evitar este riesgo que hubiera ayudado al desarrollo, <strong>el gobierno decidió estatizar Aerolíneas Argentina</strong> y sostener una política de “cielos cerrados”, donde ninguna otra aerolínea pueda dar servicio. Para disimular, se permitió a la compañía <strong>LAN</strong> operar en forma limitada, pero sus vuelos no alcanzan aún más del 10 % de los vuelos locales de Argentina.</p>
<p><strong><em>Lección IX</em></strong></p>
<p><strong>Otro aspecto fundamental para mantener a la Argentina en el subdesarrollo consiste en evitar que el riesgo país descienda</strong>. Para ello basta con mantener el default de la deuda, aún bajo el contexto favorable de esta década. No sólo ello, mejor aún es estafar a aquellos acreedores que esperan cobrar intereses de la deuda en torno a la tasa de inflación, para lo cual el <strong>Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC)</strong> se ha preocupado por simular una tasa de inflación que es alrededor de un tercio de la real. Desde luego que esto puede no ser suficiente, por lo que se requiere también de sucesivas expropiaciones (como la de <strong>Repsol-YPF</strong>).</p>
<p><strong><em>Lección X</em></strong></p>
<p>Finalmente, el gobierno sabe que estas medidas podrían revertirse. Es por ello que necesita garantizar la continuidad del modelo de subdesarrollo para lo cual ha creado más empleo público que ningún otro, y lo ha acompañado con variados <strong>planes</strong> <strong>sociales</strong>, lo cual crea una dependencia en un alto porcentaje de la población para crear una estructura de poder que siga votando por el oficialismo. <strong>¡Qué paradójico resulta el mensaje de &#8220;desarrollo&#8221; del gobierno, cuando uno observa que los planes sociales para los más necesitados se multiplican!</strong></p>
<p><strong><em>Reflexión final</em></strong></p>
<p>La economía argentina ha mostrado en la última década una<b> </b><strong>rápida recuperación de lo que fuera la depresión de 2001-2002</strong>, dejando entrever que el esfuerzo del gobierno por profundizar el subdesarrollo, al menos hasta ahora, ha fracasado. La conclusión a la que llegamos es que mantener a un país como Argentina en el subdesarrollo, puede ser aún más difícil que acompañarla en su desarrollo, más aún cuando los vientos empujan a la economía hacia adelante.</p>
<p>Tras las elecciones y viendo los continuos fracasos que estas medidas tuvieron, <strong>el gobierno ya prepara un nuevo arsenal de medidas que profundicen el subdesarrollo del país.</strong> La primera medida ha apuntado a mayores controles para la compra y venta de dólares de tal modo de alentar una mayor fuga de capitales. <strong>Otra medida busca doblar la apuesta en la expansión del gasto público</strong>. Una posible <strong>Ley de Tierras</strong>, aunque inconstitucional, apuntaría además a evitar que cualquier extranjero compre tierras en el país y así explote su producción. Incluso se ha comprendido que fue un error no pagar al <strong>Club de París,</strong> siendo mejor cancelar el compromiso para así abrir la puerta del endeudamiento, un aspecto que ha quedado pendiente en los dos gobiernos anteriores. El objetivo final es retornar a los niveles de <strong>PIB per cápita</strong> de 2002, y en las elecciones se ha prometido que no habrá descanso hasta conseguirlo.</p>
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		<title>¿Hoy somos todos keynesianos?</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Aug 2013 05:06:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ravier</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las ideas de John Maynard Keynes surgieron en el marco de la Gran Depresión de los años treinta. Entre los años 50 y 60 muchos economistas coincidían en afirmar &#8220;ahora somos todos keynesianos&#8220;. Incluso Milton Friedman llegó a decirlo en 1965. La nueva crisis revitalizó el pensamiento de Keynes y The Economist colocó a dos prestigiosos economistas a responder la gran pregunta: ¿Somos hoy todos keynesianos?... <a href="http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/08/02/hoy-somos-todos-keynesianos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Las ideas de <strong>John Maynard Keynes</strong> surgieron en el marco de la <strong>Gran Depresión</strong> de los años treinta. Entre los años 50 y 60 muchos economistas coincidían en afirmar &#8220;<strong>ahora somos todos keynesianos</strong>&#8220;. Incluso <strong>Milton Friedman</strong> llegó a decirlo en 1965. La nueva crisis revitalizó el pensamiento de Keynes y <strong><i><a href="http://www.economist.com" target="_blank">The Economist</a></i></strong> colocó a dos prestigiosos economistas a responder la gran pregunta: ¿Somos hoy todos keynesianos? De un lado<b> </b><strong>Brad De Long</strong>, del otro<b> </b><strong>Luigi Zingales. ¿Qué respondieron?</strong></p>
<p><strong>La respuesta de Brad De Long</strong></p>
<p><strong>Se suponía que Brad De Long iba a defender la postura, pero pidió disculpas y afirmó que ya no, &#8220;hoy no somos todos keynesianos&#8221;. </strong>Por ejemplo, leyendo <strong><i>The New York Times</i></strong> encuentra que <strong>William Poole</strong>, ex presidente de la<b> </b><strong>Reserva Federal de St Louis</strong>, considera que &#8220;el gasto del gobierno no puede liderar el camino hacia una recuperación sostenida, debido a que su efecto de estímulo se verá compensado por anticipado con impuestos más altos y con la necesidad de financiar el déficit&#8221;.</p>
<p>En 1970 William Poole fue un keynesiano que daba por sentado que la política de déficit y el gasto fiscal tenían un papel adecuado y<br />
eficaz en la lucha contra las recesiones. Pero Poole no está solo. <strong>Robert Barro</strong>, <strong>de Harvard University</strong>, <strong>dijo sobre la propuesta de estímulo fiscal de Obama: &#8220;Este es probablemente el peor proyecto de ley que se ha presentado desde la década de 1930</strong>. No sé qué decir. Quiero decir que está perdiendo una enorme cantidad de dinero, que tiene una teoría simplista que no creo que funcione (…) No creo que vaya a expandir la economía (…) Va más en la línea con tirar el dinero a la gente (…) Creo que es basura&#8221;.</p>
<p><strong>John Cochrane</strong>, de la <strong>Universidad de Chicago</strong>, agrega: &#8220;Nadie ha enseñado esto a estudiantes de postgrado desde 1960 (…)<b> </b><strong>Son los cuentos de hadas que se han demostrado falsos.</strong> Es muy reconfortante en tiempos de crisis volver a los cuentos de hadas que escuchábamos cuando éramos niños, pero esto no los hace menos falsos&#8221;. Cochrane agrega que &#8220;el gobierno emitirá bonos para pedir prestado, lo que significa que los inversores al comprar<b> </b><strong>bonos del Tesoro de EEUU</strong> dejarán de invertir en acciones o productos, anulando el efecto de estímulo&#8221;.</p>
<p><strong>Edward Prescott</strong>, de la <strong>Arizona State University</strong>, quien ganó un <strong>premio Nobel de Economía</strong> <strong>en 2004</strong> por su estudio sobre los ciclos económicos, hizo esta contribución: &#8220;Los economistas en el campo están profundamente divididos sobre la cuestión del estímulo federal (…) No sé por qué Obama dijo que todos los economistas están de acuerdo en esto. Ellos no lo están&#8221;.</p>
<p><strong>Eugene Fama</strong>, de la <strong>Universidad de Chicago</strong>, declaró: &#8220;Los rescates y planes de estímulo son financiados mediante la emisión de más deuda pública (¡<strong>el dinero debe venir de alguna parte</strong>!). La deuda, agregó, absorbe los ahorros que de otro modo irían a inversión privada&#8230; a pesar de la existencia de recursos ociosos, los rescates y planes de estímulo no agregan nada a los recursos actuales en uso. Acaban de mover recursos de un uso a otro&#8221;.</p>
<p>De Long concluye que &#8220;el argumento de los señores Fama, Prescott, Cochrane, Barro, Poole y compañía es lo que los economistas llaman la<b> </b><strong>Ley de Say</strong>. Es la afirmación de que las decisiones de aumentar el gasto, ya sea que vengan del gobierno o de cualquier otra persona, no pueden estimular la economía y aumentar el empleo y la producción porque la demanda debe ser creada por la oferta. <strong>Si el gobierno gasta, alguien más debe recortar sus gastos</strong>&#8220;. &#8221;Así que ahora, <strong>no puedo decir que somos todos keynesianos. Lo más que puedo decir es que deberíamos serlo&#8221;.</strong></p>
<p><strong>La respuesta de Luigi Zingales</strong></p>
<p>Y que podemos tomar de lo dicho por Luigi Zingales, quien se suponía defendería una posición opuesta a la de De Long. <strong>Se pregunta: &#8220;¿Qué significa ’ser keynesiano’?</strong> Simplemente creer en el papel de los componentes de la demanda en la determinación de la producción total es una caracterización insuficiente. Un verdadero keynesiano difiere, en tanto que él también cree que: 1)<b> </b><strong>La política monetaria no es la herramienta más eficaz para estabilizar la economía</strong> y puede ser completamente ineficaz en algunas circunstancias (<strong>trampa de liquidez</strong>); 2) <strong>la política fiscal es eficaz</strong> y el gasto del gobierno es la herramienta preferida; 3)<b> </b><strong>la intervención del gobierno funciona y las consecuencias a corto plazo son más importantes que las de largo plazo&#8221;.</strong></p>
<p>&#8220;Con esta definición en mente, hay cuatro formas en las cuales la afirmación ‘todos somos keynesianos’ puede ser interpretada. Sugiero que la declaración es falsa en tres de cuatro de estas interpretaciones&#8221;. &#8220;<strong>La primera interpretación es que la profesión económica ha llegado a un consenso sobre las posiciones keynesianas. Esta declaración es definitivamente falsa.</strong> Si usted navega a través de los artículos publicados en la revista líder de la <strong>American Economic Association</strong> en 2008, verá que sólo uno de los 12 artículos que se ocupan de las cuestiones macroeconómicas (Código JEL E) soporta (aunque muy indirectamente) la idea de una política fiscal de expansión como una herramienta política. Un desequilibrio aún mayor está en el pináculo de nuestra profesión. Entre los 37 ganadores del premio Nobel de Economía en los últimos 20 años, cuatro recibieron el premio por sus contribuciones a la macroeconomía. Ninguno de ellos podría ser considerado keynesiano. De hecho, es difícil encontrar trabajos académicos que apoyan la idea de un estímulo fiscal&#8221;.</p>
<p><strong>&#8220;La segunda interpretación posible es que existe un consenso entre los economistas en que las causas de la crisis actual es keynesiana.</strong> <strong>Incluso en esta interpretación la declaración es falsa</strong>. No creo que ningún economista se atrevería a decir que la actual crisis económica de EEUU ha sido causada por <strong>subconsumo</strong>. Con cero de ahorro personal y un gran déficit presupuestario del gobierno de <strong>Bush</strong> hemos tenido una de las políticas keynesianas más agresivas en la historia&#8221;. &#8220;La adhesión a los principios de Keynes no sólo no evitaron el desastre económico actual, sino que incluso han contribuido enormemente a la causa. El deseo keynesiano de gestionar la demanda agregada, haciendo caso omiso de los costos a largo plazo, impulsado por <strong>Alan Greenspan</strong> y <strong>Ben Bernanke</strong> a mantener las tasas de interés extremadamente bajas en 2002, impulsaron el consumo excesivo de las familias y la asunción de riesgos excesivos por parte del sector financiero. Más importante aún ha sido la formación keynesiana de nuestros responsables políticos lo que les ha llevado a ignorar el papel que desempeñan los incentivos en las decisiones económicas.</p>
<p><strong>La principal diferencia entre Keynes y la economía moderna es el énfasis en los incentivos.</strong> Keynes estudió la relación entre los agregados macroeconómicos, sin ninguna consideración por los incentivos subyacentes que conducen a la formación de estos agregados. Por el contrario, la economía moderna basa todos sus análisis sobre los incentivos. En 1998, cuando el<b> </b><strong>co-Fed</strong> coordinó el rescate de <strong>Long Term Capital Management</strong>, no se preocuparon por el impacto que esta decisión tendría sobre los incentivos para asumir riesgos y la liquidez adecuada de precios. Cuando el señor Bernanke diseñó el rescate de <strong>Bear Stearns</strong>, no se preocuparon por el impacto que esta decisión tendría sobre los incentivos de los otros bancos de inversión para aumentar el capital social a precios bajísimos. Cuando cambió de posición dos veces en el espacio de dos días, dejando a Lehman caer, pero rescatando a <strong>AIG</strong>, no se preocuparon por el impacto que tendría en la confianza de los inversores y los incentivos para invertir.</p>
<p>Éste es el <strong>comportamiento errático</strong> que ha asustado al mercado y ha creado la actual crisis económica: en una encuesta reciente el 80% de los estadounidenses declaran que tienen menos confianza de invertir en el mercado como consecuencia de la forma en que el gobierno ha intervenido”. “Si los principios keynesianos y la educación son la causa de la depresión actual, es difícil imaginar cuál puede ser la solución. Por lo tanto, incluso la tercera interpretación que deben seguir las recetas keynesianas para combatir la actual crisis económica, es falsa. No discuto la idea de que algún tipo de intervención del gobierno puede aliviar las condiciones económicas actuales, y que una política económica keynesiana puede hacerlo. Con un déficit de cuenta corriente que en 2008 fue de 614 mil millones dólares, un déficit presupuestario que fue 455 mil millones dólares y los gastos militares de 731 mil millones dólares, es difícil argumentar que el gobierno no está estimulando la demanda lo suficiente.</p>
<p>L<strong>a crisis actual no es una crisis de demanda, es una crisis de confianza.</strong> <strong>El mal gobierno corporativo, junto con las políticas del mal gobierno, ha destruido al sector financiero</strong>, asustando a los inversores y congelando los préstamos. Es como si una bomba nuclear hubiera destruido todas las carreteras de EEUU, y afirmaran que para mitigar el impacto económico de un evento semejante, debería invertir en los bancos. Es posible que con el tiempo haya un <strong>efecto goteo.</strong> Pero si el problema es de los caminos, lo que necesitamos es reconstruir los caminos, no subsidiar al sector financiero. Y si el problema es el sector financiero, se deseará solucionar este problema y no la construcción de carreteras”.</p>
<p>“La única interpretación en virtud de la cual la declaración en cuestión es cierta es que ‘nosotros’ el pueblo estadounidense y sus<br />
representantes elegidos sean todos keynesianos. <strong>El keynesianismo ha conquistado los corazones y las mentes de los políticos y las personas comunes y corrientes, ya que proporcionan una justificación teórica para el comportamiento irresponsable.</strong> La ciencia médica ha establecido que uno o dos vasos de vino al día son buenos para su salud a largo plazo, pero ningún médico recomienda a un alcohólico en recuperación seguir esta receta. Lamentablemente, los economistas keynesianos hacen exactamente esto.<b> </b><strong>Le dicen a los políticos, que son adictos a gastar nuestro dinero, que los gastos del gobierno son buenos.</strong> <strong>Y qué decir a los consumidores, que se ven afectados por problemas graves de gasto, que el consumo es bueno, mientras que el ahorro es malo.</strong> En la medicina, tal comportamiento tendría que ser expulsado de la profesión médica; en economía, le ofrece un trabajo en Washington”. Un 37 % de los lectores de <strong><i>The Economist</i></strong> que votaron en la encuesta afirmaron que SÍ, que &#8220;hoy somos todos keynesianos&#8221;. Un 63 % dijo que NO, que esta afirmación carece de sentido.</p>
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