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	<title>Adrián Ravier &#187; Economía Social de Mercado</title>
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		<title>Tres posturas sobre la intervención del Estado en la economía</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Oct 2013 10:37:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ravier</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Dejemos por un momento de lado al keynesianismo, la economía social de mercado y la escuela austríaca. Concentrémonos en tres autores: <strong>John Maynard Keynes, Wilhelm Röpke y Friedrich Hayek</strong>. Si bien considero que sería correcto ubicar la filosofía política y el pensamiento económico de Röpke entre los trabajos de John Maynard Keynes y los escritos de Friedrich A. von Hayek, me propongo en el siguiente artículo intentar responder a una sola pregunta: ¿hasta qué punto sería esto cierto?</p>
<p>Con un ánimo conciliador, trataré de mostrar <strong>consensos y diferencias entre tres de los pensadores más destacados del siglo XX</strong>. Es el objetivo final que estas comparaciones ilustren ciertos mitos que surgen en torno a ellos. Dice el profesor <strong>Resico</strong> sobre el pensamiento de Röpke: “&#8230;su planteo se apartaba explícitamente, por un lado de la <strong>economía coactiva</strong> (planificación central, corporativismo fascista, intervencionismo estatista) y, por otro, de la <strong>economía de mercado</strong> interpretada en la tradición del <strong><em>laissez faire</em></strong>, que excluye la intervención del Estado en asuntos económicos”.</p>
<p><strong><span id="more-173"></span>Lucas Beltrán Florez</strong> nos ofrece otras precisiones sobre este aspecto, mostrando un Röpke que aceptaba la <strong>“intervención conforme” del Estado en la economía</strong>, <strong>pero rechazaba la “intervención disconforme</strong>”: “la diferencia entre la intervención conforme y la disconforme [se comprende] comparándolas con la regulación del tráfico por las calles y carreteras. Mientras tal regulación se limite (como ocurre en la realidad) a exigir pruebas de aptitud a los conductores, señalar vías de tránsito y dictar instrucciones sobre el mejor modo de circular, cumple una misión absolutamente necesaria, y cada uno sigue siendo libre de ir a donde quiera, cuando y como quiera; esta forma de regulación es comparable a la intervención conforme. En cambio, se asemejaría a una intervención disconforme, la regulación del tráfico que tuviera la absurda pretensión de ordenar el movimiento de cada uno de los vehículos, como el capitán que manda una columna en marcha”. “Röpke cree que la eliminación de las intervenciones disconformes y la aplicación racional de las conformes, encaminadas a asegurar el funcionamiento de la economía de mercado y la implantación del programa del <strong>‘tercer camino</strong>’, son requisitos necesarios de una sociedad sana y estable”. La pregunta que me surge de este “tercer camino” es la siguiente<strong>: ¿No estarían de acuerdo tanto Keynes como Hayek con esta apreciación?</strong></p>
<p><strong>Keynes y Röpke</strong></p>
<p>Concentrémonos primero en Keynes, a quien podríamos calificar como un defensor del “<strong>intervencionismo estatista”.  Ricardo Crespo</strong> sostiene que “el caso de Keynes es un ejemplo de construcción social de una realidad donde <strong>el Keynes-hombre no siempre coincide con el Keynes-mito</strong>”. Lo cierto es que posiblemente el error más significativo de Keynes haya sido titular su obra maestra como la <strong><em>Teoría general</em></strong>, si consideramos que los estudios y conclusiones presentados en 1936 aplican únicamente al caso particular de una economía con desempleo de recursos, y en especial a aquellas específicas circunstancias de la gran depresión de los años treinta. Como decía su amigo y discípulo <strong>Richard Kahn</strong>, se ha abusado de la palabra “Keynes”. Con el tiempo (y gracias a la acción de malos políticos), ésta quedó asociada a soluciones inflacionarias, falaces y facilistas, a los problemas de la desocupación y a un Estado fuertemente interventor. Sin embargo, concluye Crespo, sólo con importantes restricciones y matices (y en determinadas circunstancias) Keynes habría estado de acuerdo con las recetas que le atribuyen. Por eso, en 1946, el año de su muerte, afirmó:<strong> “yo no soy keynesiano”.</strong></p>
<p>De este modo, <strong>llegamos a un Keynes cuya teoría del intervencionismo económico sólo se acota a “determinadas circunstancias”.</strong> Algo similar podemos decir de la “<strong>economía social de mercado</strong>”. Resico muestra con precisión los “fundamentos de la economía de mercado” existentes en el pensamiento de Röpke, los que se sostienen sobre la base de su correcta comprensión de los órdenes espontáneos y en un marco institucional, social y ético favorable.  ¿En qué circunstancias, sin embargo, considera Röpke que el funcionamiento de la economía de mercado se interrumpe? <strong>Hansjörg Klausinger</strong>, quien caracteriza a Röpke y otros alemanes como<strong> proto-keynesianos</strong>, nos explica que nuestro autor sólo alentaba la política expansionista en circunstancias específicas, haciendo referencia a la <strong>“depresión secundaria”</strong>. Röpke distinguía claramente la depresión primaria de la depresión secundaria. La primera es aquella depresión normal, que surge en todo ciclo económico y que es necesaria para liquidar la sobreinversión generada en la etapa del auge. Ante esta situación Röpke se podría denominar como un “<strong>liquidacionista</strong>”, en el sentido de que no propone aplicar políticas para paliar tal situación. La segunda es aquella depresión que va un poco más allá de la necesaria liquidación de los comentados errores de inversión. Se trata de una depresión que se retroalimenta por sí misma, y que lleva consigo una destrucción de capital innecesaria y que es imperioso detener.</p>
<p>Podemos dar un ejemplo. En 2001, la tasa de interés de corto plazo en EEUU, estaba en un 6,75 %.<strong> La crisis de las punto com</strong> generó una amenaza al crecimiento y al empleo, lo que llevó al presidente de la<strong> Reserva Federal</strong> a reducir la tasa de interés al 1 %. Los analistas coinciden en que dicha tasa estuvo en niveles muy bajos por demasiado tiempo, lo que estimuló el desarrollo de una burbuja inmobiliaria. En 2004, ante una posible aceleración de la inflación, <strong>Greenspan</strong> decidió subir la tasa de interés, y el mercado inmobiliario, que se sostenía sobre esa política de liquidez, se derrumbó. Hayek y Röpke, colegas en la <strong>Mont Pelerin Society</strong>, coinciden en que la recuperación de la crisis requiere de cierta liquidación de proyectos de inversión que surgieron en torno a una tasa de interés muy baja. Pero apuntan que puede ocurrir un problema mayor, si la tasa de interés sube por encima de su nivel natural. Para ser más concreto: ¿Qué ocurriría si la tasa de interés sube hasta el 10 %? Esto llevaría a que no sólo se liquiden los proyectos de inversión que surgieron en torno a la reducción artificial de la tasa de interés, sino que la liquidación de inversiones sería aún mayor, y esto es innecesario. La necesaria liquidación de inversiones, que corrige los errores de la política de dinero fácil, es lo que llamamos depresión primaria. La innecesaria liquidación de inversiones, conocida como depresión secundaria, es producto de que la tasa de interés haya subido por encima de su nivel natural. Esto puede evitarse si la Reserva Federal, ya inmersa en la crisis, expande la base monetaria comprando bonos en el mercado abierto.</p>
<p>Röpke agrega que la expansión monetaria puede no tener la fuerza suficiente para detener la depresión secundaria, y por ello, debe ir acompañada de políticas fiscales que aseguren que habrá una mayor demanda de los créditos que la política de dinero fácil introduzca en el mercado. Si bien ambos estarían de acuerdo en una política expansionista para circunstancias especiales, es esta explícita e importante distinción de Röpke de la que hoy carece el “intervencionismo keynesiano”.</p>
<p><strong>Hayek y Röpke</strong></p>
<p><strong>Hayek</strong> por su parte, viene a representar al <strong><em>laissez faire</em></strong>, el que<strong> “excluye la intervención del Estado en asuntos económicos</strong>”. Nótese sin embargo, que Hayek también aceptaba -en circunstancias excepcionales- que los hacedores de políticas públicas hicieran algo ante la situación descripta. En términos de la ecuación cuantitativa del dinero <strong>(MV = Py)</strong>, Hayek proponía mantener constante el <strong>ingreso nominal</strong> (MV). Esto tenía dos implicaciones. En primer lugar, permitir que ante un aumento de la <strong>productividad</strong> y su consecuente crecimiento económico (y), bajen los precios (P). Ya en <em><strong>Precios y producción</strong></em> de 1931, decía Hayek: “El que no haya ningún peligro en que los precios caigan cuando la producción sube ha sido subrayado una y otra vez, por ejemplo por<strong> A. Marshall, N. G. Pierson, W. Lexis, F. Y. Edgeworth, F. W. Taussig, L. Mises, A. C. Pigou, D. H. Robertson y G. Haberler</strong>”.</p>
<p>Cabe sin embargo hacer aquí la distinción -muchas veces ignorada por los economistas que animan <strong>políticas antideflacionistas</strong>- entre el proceso de <strong>deflación</strong> que surge por aumentos de productividad, de aquel proceso que surge en las etapas últimas del ciclo económico. En segundo lugar, que ante una contracción secundaria de dinero, la autoridad monetaria expanda la base monetaria. En pocas palabras, la expansión primaria sirve para compensar la contracción secundaria. Hayek, sin embargo, jamás habló de combinar esta política monetaria con políticas fiscales. Su preocupación, como la de Röpke, no era evitar el ajuste necesario del período de sobreinversión (que Hayek llamó más bien de mala-inversión), sino evitar que el ajuste sea mayor al necesario para volver a una situación de normalidad.</p>
<p><strong>Conclusión</strong></p>
<p>Estos comentarios acercan el pensamiento de <strong>Keynes, Röpke y Hayek</strong>, con el único objetivo de mostrar que <strong>ninguno representa los extremos con los que muchas veces se los identifica</strong>. Resulta fundamental, sin embargo, señalar -como lo hace <strong>Resico</strong>- que <strong>Röpke</strong> -al igual que <strong>Hayek</strong>- realizó una <strong>valoración crítica del pensamiento de Keynes</strong>, “en el que destacaba una generalización errónea del principio de la ‘demanda efectiva’”, esto es, el conocido modelo keynesiano de demanda agregada. Más precisamente Röpke se separaba de la propuesta keynesiana de pleno empleo, el que representó un manejo activo de la política económica de coyuntura, otorgándole un sesgo inflacionista y de control cada vez más amplio sobre el sistema económico, aspecto que se replica en Hayek. En otras palabras, la crítica de Röpke -que desde luego compartía con Hayek- estaba destinada a esa propuesta de manejar científicamente las variables monetarias, controlando la cantidad de dinero en circulación, los tipos de interés, el tipo de cambio, y mediante ellos, determinar el nivel de empleo y la tasa de crecimiento económico.<strong> Esta &#8220;fatal arrogancia&#8221; que hoy sostienen muchos economistas, de querer manejar la economía como si fuera un automóvil, mediante unos cuantos controles en un tablero, es el error fatal que Keynes introdujo y del cual necesariamente debemos distanciar tanto a Röpke como a Hayek.</strong> Después de todo, como ha señalado Garrison, &#8220;Keynes [en parte] fue un keynesiano&#8221;.</p>
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		<title>Posibles escenarios ante el fin de la economía neoclásica</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Sep 2013 04:04:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ravier</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La “Metodología de la economía positiva” de Milton Friedman (1953) se ha constituido en un clásico de la literatura por disociar el irrealismo de los supuestos del que parte una teoría, de su validez o relevancia, señalando que aquello que debemos pedir a una teoría es que permita predecir, no describir correctamente el mundo. El... <a href="http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/09/23/posibles-escenarios-ante-el-fin-de-la-economia-neoclasica/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La “<a href="http://www.ppge.ufrgs.br/giacomo/arquivos/eco02277/friedman-1966.pdf" target="_blank">Metodología de la economía positiva</a>” de <strong>Milton Friedman</strong> (1953) se ha constituido en un clásico de la literatura por disociar el irrealismo de los supuestos del que parte una teoría, de su validez o relevancia, señalando que aquello que debemos pedir a una teoría es que permita predecir, no describir correctamente el mundo.</p>
<p>El trabajo fue el origen de generaciones de economistas que han intentado desarrollar <strong>modelos económicos</strong> que se orienten al análisis cuantitativo y a la predicción, abandonando el análisis descriptivo, cualitativo de sus antecesores clásicos. Al respecto el <strong>Premio Nobel James Buchanan</strong> nos recuerda que su generación de economistas sentía “<strong>pasión por salvar el mundo</strong>”. Hoy, los alumnos que se acercan a las facultades de economía, son atraídos por el uso de la matemática.</p>
<p>Tras la<strong> crisis financiera internacional</strong>, y tras la incapacidad de dichas generaciones de economistas por predecirla, se han alzado cientos de voces de los más prestigiosos economistas del mundo, reclamando el fin de la economía neoclásica, alegando que para predecir los sucesos futuros que sobrevendrán en la economía real es necesario primero comprenderlo, y que los supuestos irreales son sólo un <strong>“juego” que distrae el intelecto</strong> de los economistas en un sentido opuesto al que se requiere.</p>
<p>Estos economistas señalan el <strong>abuso de la matemática en economía</strong> y abogan por el fin de los modelos de equilibrio general o parcial, con información plena o relevante, pidiendo el retorno de la filosofía de la incertidumbre y los desequilibrios.</p>
<p>Lo cierto es que más allá de este reclamo, la mayoría de los economistas siguen haciendo su ciencia como si nada hubiera ocurrido. Si el reclamo tendrá o no algún tipo de respuesta, aun no lo sabemos.</p>
<p>Es por ello que propongo un ejercicio. Imaginemos que los economistas deciden abandonar la síntesis neoclásica. ¿Qué escenario enfrentaría la profesión?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>La economía neoclásica</b></p>
<p>Tratemos de dar respuesta primero a qué escuelas de pensamiento engloba la economía neoclásica. Qué es lo que en definitiva se pierde con tal hipotético suceso.</p>
<p>Desaparecería la <strong>economía monetarista</strong> o <strong>Escuela de Chicago</strong>, aquella iniciada en los trabajos de <strong>Irving Fisher, Frank Knight y Jacob Viner</strong>, que alcanzaran su máxima expresión en los escritos de Milton Friedman, y que ha dado lugar a numerosos premios Nobel, como el mismo Friedman, <strong>Gary Becker o Edmund Phelps</strong>.</p>
<p>También desaparecería la <strong>Nueva Macroeconomía Clásica</strong>, en la que contribuyeron John Muth, <a href="http://www.cepchile.cl/dms/archivo_1352_215/rev60_rosende.pdf" target="_blank">Robert Lucas</a>, Thomas Sargent y Robert Barro, con sus modelos de expectativas racionales e “información relevante”. Esta escuela en cierta medida reemplazó al monetarismo de Chicago, absorbiendo a sus principales figuras y ocupando la escena en la vieja Escuela de Chicago.</p>
<p>En el mismo entorno, aparece el <strong>Public Choice</strong> o Escuela de la Elección Pública de <a href="http://fce2.ufm.edu/publicaciones/laissezfaire/30-31/LF-30_%28Ravier%29.pdf" target="_blank">James M. Buchanan</a> o la <strong>Nueva Economía Institucional</strong> de Douglass North. Es cierto que James M. Buchanan aboga por estudiar la cataláctica de Mises y Hayek, y rescata la economía política, no matemática, pero por desgracia, gran parte de la teoría contemporánea de la Elección Pública ha sido moldeada por la corriente dominante. También es cierto que Douglass North o Ronald Coase han destacado el rol de las instituciones en el análisis económico, tan necesario como importante, pero los modernos desarrollos de la tradición, siguen también la corriente y el método mainstream.</p>
<p>No podemos olvidarnos de la síntesis neoclásica del keynesianismo. Aquella que John Hicks y <a href="http://www.elcato.org/paul-samuelson-qepd" target="_blank">Paul Samuelson</a>, entre tantos otros, contribuyeron a formular, y que dominaron por unas tres décadas entre 1940 y 1970, hasta que la contrarrevolución monetarista entró en escena. Es importante señalar que los macroeconomistas hoy exigen abandonar el anticuado modelo IS-LM.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>La economía heterodoxa</b></p>
<p>Quedan los autores previos a la revolución marginal, lo que de algún modo lleva a retornar hacia los griegos, la escolástica y especialmente los Clásicos. También queda la <strong>Escuela Austríaca de Economía,</strong> que más allá de que su fundador, Carl Menger, participó de la revolución marginal, nunca adhirió a la economía matemática y a los modelos de equilibrio (aunque la macroeconomía de <strong>Hayek</strong> sí se adhirió en los años 1930). Ludwig von Mises, sobre las bases de los trabajos de Menger y Böhm Bawerk reconstruyó la teoría económica en su tratado “<a href="http://mises.org/Books/humanaction.pdf" target="_blank">La acción humana</a>”, donde justamente abogaba por estudiar la economía partiendo del hombre de carne y hueso, y fijando todo el interés en el realismo de las implicaciones lógicas que se obtienen de la acción, la que es necesariamente individual, subjetiva y dinámica, además de estar enmarcada en un entorno de incertidumbre.</p>
<p>En el otro extremo, vuelve <strong>Karl Marx</strong>, aunque limitado a las preguntas que todavía no encuentran respuesta tras el debate sobre la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo de 1920, y que se reprodujera en los años 1930, entre Lange y Hayek. En su ya clásico libro titulado “<a href="http://www.fcjs.urjc.es/httpddoc/Huerta-Soc.pdf" target="_blank">Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial</a>”, donde justamente repasa dicho debate, el propio <strong>Jesús Huerta de Soto</strong> señala que Marx, tiene “curiosas coincidencias con el análisis del proceso de mercado de los teóricos austríacos”.</p>
<p>También<strong> retorna John Maynard Keynes,</strong> como ha reclamado su biógrafo Robert Skydelsky. “Debemos distinguir al Keynes hombre, del Keynes mito”, señalaba <a href="http://catallacticconsulting.com/wp-content/themes/wpremix3/documentos/EAE14.pdf" target="_blank">Ricardo Crespo</a>, quien agrega que Keynes en 1946 declaró no ser keynesiano”. Esto por supuesto da lugar también a los trabajos de Axel Leijonhufvud, quien intenta recuperar a Keynes de la síntesis neoclásica que se había construido sobre él.</p>
<p>Tampoco podemos olvidarnos de la <strong>Economía Social de Mercado</strong>, en la que ha contribuido Wilhelm Röpke, <strong>Ludwig Erhard</strong> y Walter Eucken y donde hoy se destacan algunos defensores modernos como <a href="http://www.uca.edu.ar/uca/common/grupo12/files/La_Escuela_Social_de_Mercado-_una_opcion_de_organizacion_economica_para_Latinoamerica.pdf" target="_blank">Marcelo Resico</a>.</p>
<p>Para terminar, existen numerosos movimientos heterodoxos que son menos conocidos, que han criticado el enfoque neoclásico y que reclamarían su lugar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>Un nuevo escenario</b></p>
<p>Un suceso hipotético como el mencionado, llevará a la profesión a retroceder, quitar aquello que no sirve, tomar aquello que queda, y ver dónde estamos.</p>
<p>Por supuesto que el debate entre <strong>Estado y Mercado</strong> continuará independientemente del lenguaje y los métodos que los economistas elijan para debatir. Pero lo dicho nos deja un escenario renovado y diferente.</p>
<p>Nos deja con algunos marxistas en defensa de un socialismo golpeado, tras la caída de todos los régimenes en el este de Europa y la imposibilidad de dar respuesta al planteo original de Ludwig von Mises en 1920. De hecho, la hipotética respuesta de equilibrio desarrollada por <strong>Oskar Lange</strong> y otros socialistas, considerada como un desvío indebido al debate, caería junto con la crisis del paradigma neoclásico.</p>
<p>Keynes resurge, pero <strong>su intervencionismo también está limitado a los procesos inflacionarios</strong> que supo generar en los años 1970 y que dieron lugar a la <strong>contrarrevolución monetarista</strong> y el resurgimiento austríaco. Difícilmente este keynesianismo vuelva a plantear la política monetaria y fiscal activa que reclamaba en los años 1930, o el mercantilismo proteccionista exacerbado que Keynes promovió en vida. Más bien, parecieran moderarse a que tales políticas sólo pueden ser útiles en circunstancias particulares como la de aquella gran depresión de los años 1930, o los sucesos que hoy mismo estamos enfrentando tras la gran depresión global.</p>
<p>La Economía Social de Mercado es todavía un movimiento demasiado pequeño, y no tiene hoy centros de investigación, más allá de las contribuciones de la <strong>Fundación Konrad Adenauer</strong>. Tampoco parece representar todavía una escuela de pensamiento independiente, ajena al keynesianismo y a la Escuela Austríaca de la cual se nutrieron originalmente, aunque sí puede permitir un diálogo fructífero entre éstos, y ofrecer un punto intermedio de política económica.</p>
<p>En la defensa de los mercados libres ya no habrá lugar para la Escuela de Chicago, lo que deja un monopolio en manos de la Escuela Austriaca, que recobró importancia en los años 1970 con el Premio Nobel a Friedrich Hayek, y que hoy incrementa su importancia con publicaciones científicas en variados campos.</p>
<p>Demás está decir que un suceso hipotético como el imaginado dará lugar a ciertos <strong>replanteos dentro de las escuelas de pensamiento caídas</strong>, como el monetarismo, el public choice o la nueva economía institucional, que posiblemente se reconstruyan y den lugar a nuevos movimientos.</p>
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