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	<title>Adrián Ravier &#187; Brasil</title>
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		<title>Los mayores errores de la gestión Kicillof</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Aug 2015 18:19:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ravier</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El ministro de Economía, Axel Kicillof, fue entrevistado recientemente por Joaquín Morales Solá y nos dejó -en 35 minutos- interesantes argumentos para defender su administración de la política económica. En la entrevista arremetió una vez más contra los economistas ortodoxos, defendió la política de desendeudamiento, de reindustrialización y de inclusión social, enfatizó el fuerte crecimiento... <a href="http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2015/08/13/el-evangelio-segun-axel-kicillof/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El ministro de Economía, Axel Kicillof, fue <a href="http://www.lanacion.com.ar/1815934-axel-kicillof-la-desaceleracion-de-la-inflacion-es-un-hecho" target="_blank">entrevistado recientemente por Joaquín Morales Solá</a> y nos dejó -en 35 minutos- interesantes argumentos para defender su administración de la política económica.</p>
<p>En la entrevista arremetió una vez más contra los economistas ortodoxos, defendió la política de desendeudamiento, de reindustrialización y de inclusión social, enfatizó el fuerte crecimiento económico que el país experimentó desde 2003, recordó la recuperación de YPF y Aerolíneas Argentinas. Se apoyó sobre ciertos economistas como Miguel Ángel Broda, Orlando Ferreres y Carlos Melconian para señalar que la economía está bien, creciendo un 1 %, que la inflación se desaceleró de un 40 % a un 25 % -sin recetas ortodoxas-, que las reservas están estables, que no hay problemas con los vencimientos de deuda, lo que deja una buena herencia para el próximo Gobierno, garantizando continuidad del modelo luego de 2015.</p>
<p>Cuando se le cuestionó el bajo crecimiento, el ministro de Economía explicó el complejo contexto internacional que nos acompaña, con caída en los precios de los <i>commodities</i>, con las locomotoras de China y Estados Unidos bajo ciertas dificultades y con Brasil en recesión.</p>
<p>Es precisamente ese contexto el que lo obligó a decidir aplicar una política contracíclica desde principios de 2014 para estimular el consumo interno mediante planes y programas, apoyado en un supuesto consenso de los economistas en las recetas keynesianas que se presentan en todos los manuales de macroeconomía y política económica.<span id="more-402"></span></p>
<p>Dejando de lado los discutibles números del ministro de Economía -que él mismo se ocupó de criticar antes de asumir funciones oficiales-, presentaré a continuación mis problemas con su administración de la política económica, que se pueden resumir en ocho puntos fundamentales.</p>
<p>1. No hubo crecimiento, sino recuperación.</p>
<p>El ministro de Economía enfatiza que la economía argentina duplicó el PIB en dólares desde 2003 a la fecha. Este puede ser un dato cierto, pero sesgado. <strong>La Argentina no logró en este período expandir su capacidad productiva, sino tan solo recuperar la actividad económica de la devaluación de 2001</strong>. En términos económicos, la receta de “impulsar la demanda para crecer” puede tener resultado visibles mientras hay capacidad ociosa, pero una vez que la economía se acerca al pleno empleo, el crecimiento económico solo puede ser generado a través de un proceso de ahorro e inversión. Tomando en cuenta que el propio ministro solo administró la política económica de este último Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, el rumbo debió cambiar desde el consumo a la inversión, y sin embargo, se sostuvo en una dirección -con un diagnóstico equivocado-, manteniendo el relato de 2001, cuando la realidad que le tocó enfrentar ya era diferente.</p>
<p>2. La recuperación está basada en un enorme gasto público que empuja la demanda y crea empleo público, el que no se puede sostener en el tiempo.</p>
<p><b>El tamaño del Estado, medido como gasto público sobre PIB, ha alcanzado una proporción que es récord en el continente, y que no puede financiarse ni siquiera con la mayor presión tributaria de nuestra historia</b>, que a la vez es récord en el mundo. Devolver a la Argentina a un nivel de gasto sostenible y reducir la presión tributaria a niveles normales solo puede dejar un alto desempleo y una nueva recesión que pone en duda el éxito del modelo. La Argentina se encuentra en el dilema de sostener la burbuja del gasto público, pero sin crecimiento económico, o equilibrar las finanzas públicas pero a costa de un alto desempleo estructural cuya solución fue solo temporal. Si en lugar de crear estas proporciones de empleo público, la economía argentina hubiera alentado realmente la inversión privada, entonces el aprovechamiento de esta década dorada para la región habría sido de largo plazo y el problema de desempleo estructural habría empezado a recibir una solución más genuina.</p>
<p>3. Comete los mismos errores del menemismo, multiplicando el déficit.<b></b></p>
<p>El ministro de Economía no pierde oportunidad para identificar las comparaciones entre el kirchnerismo y el menemismo, pero esto constituye una falsa dicotomía. Ambos modelos surgen del mismo partido político, pero lo más importante es que ambos han cometido el mismo error fundamental, que -como bien explicó- nos obsesiona a los economistas ortodoxos. Nos referimos al déficit fiscal. El ministro de Economía reconoció en la entrevista un déficit fiscal financiero de 3,7 % del PIB para 2014, el que dijo ser más bajo que el de Estados Unidos (4,2 %), Brasil (5,2 %) y el promedio de la región (4,9 %). Sin embargo, y sin entrar a cuestionar “sus” números, <strong>no es menor que la Argentina mantenga este déficit después de la enorme carga tributaria que señalamos con anterioridad, además de que los analistas pronostican que el déficit para este 2015 estará entre un 6 % a un 8 % del PIB</strong>. Este nivel de déficit aun está algo lejos de aquel que condujo a la economía argentina al Rodrigazo (12,1 %) y el fin de la tablita de José Martínez de Hoz (11,3 %), pero se acerca a aquel que condujo a la hiperinflación de 1988-89 (8,5 %) y al fin de la convertibilidad (7 %).</p>
<p>4. La política del desendeudamiento es un mito, si consideramos la deuda interna con el Banco Central y Anses.</p>
<p>El ministro de Economía muestra como un logro del oficialismo el bajo nivel de deuda externa sobre el PIB. Es un dato que debemos reconocer. Sin embargo, este resultado no se generó por medio de una política conservadora, sino por haber financiado el mencionado déficit fiscal con otras alternativas, como ser la emisión monetaria del Banco Central y los recursos de Anses. Lo dicho ha generado un Banco Central en quiebra bajo cualquier estándar contable, además de la mayor inflación del continente -después de Venezuela-, y de hipotecar el futuro de la población activa, gastando incluso los 30.000 millones de dólares que estaban en manos de las administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones (AFJP) al momento de la nacionalización. <b>Resulta curioso que parte de los logros del kirchnerismo son herencia directa del menemismo</b>, pues se han gastado los recursos ahorrados en la década anterior y se ha apoyado el “crecimiento” de esta década en la infraestructura que expandió el Gobierno anterior.</p>
<p>5. La inflación no es necesaria.</p>
<p>El ministro de Economía lanzó una inflación estimada del 18 %, pero al margen de este número discutible, enfatizó que la oposición redujo sus estimaciones de 40 % a 25 %. Es cierto que la inflación se desacelera en este último año, sin embargo, surgen dos cuestiones para señalar. Por un lado, que la desaceleración de la inflación va acompañada de una desaceleración de la actividad económica, mostrando en este último Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner un preocupante estancamiento económico, con pérdida de empleo. Por otro lado, el ministro de Economía parece estar convencido de que la inflación -a estos niveles- es necesaria, lo que obliga a los argentinos a convivir con una moneda enferma, que afecta y reduce el potencial de crecimiento de los próximos años.</p>
<p>6. La devaluación es una consecuencia inevitable por la enorme expansión de la circulación y el bajo nivel de reservas.</p>
<p>Con estos niveles de inflación que el ministro de Economía reconoce, la dolarización espontánea es una consecuencia obvia. Pretender que la gente acepte la pesificación porque existe “estabilidad en la política económica”, que genera a su vez una “inflación estable” superior al 20 %, es confundir causalidad. Si realmente deseamos la pesificación, debemos empezar por la estabilidad monetaria, que el Ministro de Economía declaró que es un aspecto secundario como objetivo de política económica. Si a la vez tenemos en cuenta la relación pesos en circulación frente a dólares en reservas netas del Banco Central, la tendencia ofrece un tipo de cambio de largo plazo superior a $ 20, que es lo que -en definitiva- marca la expectativa del mercado. Quienes hoy especulamos con una devaluación, lo hacemos porque entendemos que es una consecuencia inevitable de la política monetaria del Banco Central, que solo se puede postergar a costa de seguir perdiendo reservas, aun con innumerables cepos que la economía ya no puede soportar.</p>
<p>7. El tipo de cambio que importa es el real, no el nominal.</p>
<p>En este aspecto, preocupa además la comparación que hace el ministro de Economía con Brasil. Mientras Argentina pasó el tipo de cambio oficial de 3 a 9 pesos por dólar, en Brasil pasaron de 4 reales por dólar -cuando asume Lula da Silva- a 3,30 reales por dólar hoy, comparación que ilustró para identificar su problemática apreciación cambiaria. Habría que señalarle al ministro de Economía, sin embargo, que la evolución del tipo de cambio nominal no representa nada, y menos aun en un país como Argentina, donde la inflación ha tenido valores elevados. Reconocer esta situación lo llevaría a comprender que <strong>la misma apreciación cambiaria que criticó en Brasil es la que sufre hoy la economía argentina, y no como consecuencia del desarrollo productivo, sino como consecuencia de la política económica elegida.</strong></p>
<p>8. La “fatal arrogancia” de creer que se puede controlar todo el mercado.</p>
<p>El ministro de Economía señaló que es natural que los importadores soliciten un dólar más barato, mientras los exportadores pretenden un dólar más caro. Ofreció el ejemplo de un industrial que resultó librecambista para el insumo, pero proteccionista para el producto. A partir de allí justificó el proteccionismo, los cepos y una política económica selectiva, dirigida y coordinada por él y su equipo. Esto atrasa el debate de política económica, por lo menos, hasta 1810, cuando Manuel Belgrano enfrentó los intereses creados de todos aquellos que se veían favorecidos por la política económica de la colonia. También cae el ministro de Economía en la fatal arrogancia de creer que realmente puede controlar todas las operaciones del mercado. El ministro de Economía no parece saber distinguir entre empresarios y pseudoempresarios, o entre industriales y pseudoindustriales. <b>El objetivo de la política económica debería estar basado en la igualdad ante la ley, lejos del clientelismo político</b> y tendría que dar lugar -de una buena vez- a los empresarios en serio, sean chicos o grandes.</p>
<p>Cierro con las sabias palabras de Frédéric Bastiat (1850): “Yo, lo confieso, soy de los que piensan que la capacidad de elección y el impulso deben venir de abajo, no de arriba, y de los ciudadanos, no del legislador. La doctrina contraria me parece que conduce al aniquilamiento de la libertad y de la dignidad humanas.”</p>
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		<title>De Lavagna a Kicillof, un único modelo</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Jan 2014 15:44:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ravier</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Ante el ya evidente<strong> fracaso de la política económica populista del kirchnerismo</strong> en los diez años que van desde 2003 a 2013, surge cierta literatura que busca rescatar a algunos responsables directos de los acontecimientos actuales.</p>
<p><strong> Eduardo Duhalde</strong> intentó rescatar por ejemplo a su ministro de Economía, <strong>Roberto Lavagna,</strong> al punto de candidatearlo como una persona de experiencia para resolver la situación actual. <strong>Martín Redrado</strong> o <strong>Martín Lousteau</strong> escriben decenas de columnas críticas en las que intentan separarse del actual gobierno, cuando hace unos pocos años acompañaron el proceso. Es cierto, se podrá decir que desde 2007 <strong>Cristina Fernández de Kirchner</strong> se ocupó personalmente de profundizar ese mismo populismo que “nació” post-convertibilidad, pero cada uno de estos tres economistas tuvo su responsabilidad en la actual situación que sufrimos.</p>
<p>Para empezar, diré que la salida de la convertibilidad fue la peor que se podía haber diseñado. <strong>Eduardo Duhalde</strong> acusa al gobierno actual de improvisación, cuando él mismo prometió devolver dólares a quienes depositaron dólares, y sólo unos días después pesificó todos los depósitos y fue el responsable de la mayor estafa al pueblo argentino de las últimas décadas. En segundo lugar, hay que ser claros en que esa devaluación, que implicó el abandono de la <strong>convertibilidad</strong> y que hoy es vista como el comienzo de la “década ganada”, en realidad nos dejó con otra “década perdida”. Es cierto que entre 1998 y 2001 la economía estaba estancada y con alto desempleo, pero la devaluación convirtió esa crisis en una profunda depresión que hizo caer el PIB más del 10 % en 2002, además de destruir el Estado de Derecho.</p>
<p><span id="more-251"></span>A partir de 2003, la economía se fue recuperando, pero fue recién en 2008 cuando el PIB real alcanzó el nivel de 1998. Mientras <strong>Brasil</strong> o <strong>Chile</strong> emprendieron un proceso de crecimiento desde el techo alcanzado hacia fines de la década de 1990, <strong>Argentina</strong> tuvo que retroceder primero, para observar cómo en la década más afortunada en un siglo –en lo que refiere al contexto internacional-, tan sólo recuperábamos lo perdido. En pocas palabras,<strong> entre 1998 y 2008 Argentina no creció, sino que recuperó el terreno perdido por la desafortunada devaluación.</strong></p>
<p>Recordemos que en 1999 hubo otra opción, que fue la <strong>dolarización</strong> propuesta por<strong> Steve Hanke y Kurt Schuler,</strong> claramente ignorada. De haberla implementado en su momento, la Argentina sería la primera economía latinoamericana en presentar un PIB per cápita de niveles europeos.</p>
<p>Volviendo a nuestros tres personajes de hoy,<strong> Roberto Lavagna</strong> asumió como ministro de Economía del presidente interino <strong>Eduardo Duhalde</strong> en abril de 2002, ratificado en el puesto por el presidente electo <strong>Néstor Kirchner</strong> en 2003 y desplazado en 2005 producto de disputas internas. Se destaca en general que lideró la recuperación de la economía argentina, pero durante su gestión inicia también el modelo económico vigente, que llamaremos “populismo”, caracterizado por un incremento acelerado del gasto público (especialmente en el nivel Nación), que se financió especialmente con mayor presión tributaria. Recordemos que con Lavagna como ministro de economía, ésta fue ascendiendo desde un 24 % hasta el 30 % del PIB.</p>
<p>Ser reemplazado por<strong> Felisa Miceli</strong> claramente no mejoró las cosas, aunque se puede decir que a partir de allí y hasta su muerte, <strong>Néstor Kirchner se mantuvo como un virtual ministro de Economía</strong>, aun con la llegada de <strong>Cristina Kirchner</strong> al poder. El nombramiento del joven <strong>Martín Lousteau</strong> como ministro de Economía en diciembre de 2007 iba en línea con esto mismo. Su margen de decisión era muy acotado, aunque cometió el incomprensible error de intentar aumentar aún más la presión tributaria que entonces estaba en el orden del 36 % del PIB. Todos recordamos su propuesta de incrementar las <strong>retenciones a las exportaciones de soja</strong> por encima del ya excesivo 35 %, que sólo se detuvo por el voto “no positivo” del vicepresidente. Más peleas internas dentro del gobierno, lo terminaron alejando en abril de 2008, y a partir de entonces se convirtió en un crítico del modelo.</p>
<p>El caso de<strong> Martín Redrado</strong> es un poco más complejo, ya que fue presidente del <strong>Banco Central</strong> entre septiembre de 2004 y enero de 2010. Durante su gestión<strong> jamás reconoció la inflación real,</strong> la que duplicaba y hasta triplicaba la oficial declarada por la institución que él presidía. Desde 2007 y hasta su renuncia la inflación sólo estuvo por debajo del 20 % en 2009, el año de la recesión global, al que la Argentina no pudo escapar. Redrado jamás reclamó la independencia del Banco Central, ni se negó a financiar el exacerbado gasto público del Ejecutivo, sino hasta que el oficialismo decidió apartarlo del gobierno.</p>
<p>En esta selección arbitraria de personajes responsables de la debacle que se viene, toca el turno ahora de <strong>Axel Kicillof</strong>. Claro, muchos dirán que Redrado y Kicillof piensan diferente y es cierto. Pero recordemos que era Kicillof quien antes de integrar el gobierno criticaba a Redrado por sus políticas inflacionarias en el Banco Central. Una vez dentro del modelo, Kicillof olvidó sus críticas, y al momento no hizo nada por corregir las contradicciones obvias de este modelo populista e inflacionario que él llama de “inclusión social”. La sensación que queda entonces es que no importa qué economistas se suman al modelo. Sin importar lo que piensen o en qué autores creen, una vez dentro del modelo se transforman en parte de él, y apoyan incluso aquello que va en contra de sus principios. Volviendo a esta última década, y con una mirada parcial, se podrá decir que hasta 2007 la economía argentina mostraba un superávit fiscal primario, que la inflación estaba controlada y que no existían los problemas cambiarios actuales, pero mi impresión es que se estaban generando las semillas de aquellos problemas que hoy sufrimos.</p>
<p>Y es que en la primera etapa del populismo, uno siempre observa el éxito del modelo, y especialmente cuando la economía parte de una situación deteriorada de actividad económica y empleo. Entre 2003 y 2007 entonces, el modelo populista muestra recuperación de la actividad económica, del empleo y del salario real. La continuidad del kirchnerismo era entonces obvia. Somos muchos, sin embargo, los que ya en esa etapa exitosa pedíamos cautela, y es que el gasto público empezaba a desbordarse, y las tendencias mostraban que ni el precio creciente de la soja, ni sus crecientes retenciones, podían sostenerlas.</p>
<p>No pasó mucho tiempo, hasta que los economistas que revisamos los datos nos empezamos a dar cuenta que la <strong>presión tributaria</strong> no cedía en su aumento constante, y al mismo tiempo, empezaba a ser normal la monetización del ahora evidente déficit fiscal primario. La aparición de los desequilibrios fiscales, monetarios y cambiarios caracterizan precisamente a esta segunda etapa del populismo.</p>
<p>Preocupados por una inflación creciente, muchos economistas empezamos a alertar de los problemas en el modelo, pero fuimos ignorados. La tercera etapa del populismo es la actual, cuando estos desequilibrios básicos se extienden y empiezan a ser evidentes para toda la población a través de la mayor suba de precios, falta de ciertos productos, y anuncios desesperados del gobierno para ocultar lo que en realidad sucede.</p>
<p>Si el lector se pregunta por lo que vendrá, entonces debemos hablar de la cuarta etapa, la del “ajuste”, una etapa de la que nadie quiere hablar, pero que es difícil evitar. <strong>El “ajuste” viene acompañado de una inflación acelerada, recesión, problemas de empleo, caída en el salario real y aumento de pobreza e indigencia</strong>. Los economistas científicos pedimos a quienes niegan la necesidad del ajuste que nos muestren cómo se sostiene este nivel de gasto a lo largo del tiempo, pero no hay respuesta.</p>
<p>Ante esta realidad, la oposición debería presentar propuestas, pero éstas brillan por su ausencia. Muchos economistas identifican los desequilibrios, pero nada dicen de que es lo que se debe hacer. Nuestra propuesta, junto a <strong>Nicolás Cachanosky</strong>, es otra vez la <strong>dolarización</strong>, porque se corrigen los tres desequilibrios, se minimizan los efectos del ajuste y se genera una regla para evitar seguir cometiendo los mismos errores. Pero está claro que esta propuesta aislada es insuficiente. Ella debe entenderse sólo como una parte de una propuesta integral que poco a poco iremos presentando para delinear la Argentina del futuro.</p>
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		<title>La universidad &#8220;virtual&#8221; del siglo XXI</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Jan 2014 11:24:21 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Escribo como economista, pero hablaré de educación. Y me permito hacerlo porque desde hace varios años he formado alumnos en economía en muchas partes del mundo sobre la base de plataformas virtuales. Contaré mi experiencia la que espero sea útil para aquellos que deseen introducirse en la universidad virtual del siglo XXI. Mis estudios de grado fueron en... <a href="http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2014/01/21/la-universidad-virtual-del-siglo-xxi/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Escribo como economista, pero hablaré de educación. Y me permito hacerlo porque desde hace varios años he formado alumnos en economía en muchas partes del mundo sobre la base de plataformas virtuales. Contaré mi experiencia la que espero sea útil para aquellos que deseen introducirse en la<b> </b><strong>universidad virtual del siglo XXI.</strong></p>
<p>Mis estudios de grado fueron en la <strong>Universidad de Buenos Aires</strong> entre 1997 y 2002. En ese entonces -y esto se mantiene al día de hoy- se ofrecía cursar algunas materias del<b> </b><strong>Ciclo Básico Común (CBC)</strong> bajo la modalidad de <strong>UBA XXI,</strong> es decir, un <strong>programa de educación a distancia.</strong> En la propia página web se puede observar que “UBA XXI desarrolla materiales y recursos que enriquecen la organización del estudio de las asignaturas y promueven la autonomía de los alumnos, como así también una formación flexible, sin tener la obligación de asistir a clases. Ofrece en la actualidad <a href="http://www.ubaxxicampusvirtual.uba.ar" target="_blank">un entorno virtual</a><a href="http://www.ubaxxicampusvirtual.uba.ar" target="_blank">, UBAXXI Campus Virtual</a><strong>,</strong> que potencia la interacción entre docentes y alumnos y da cuenta, a su vez, de una práctica histórica, en la inclusión de soportes multimediales, hoy convergentes”.</p>
<p><span id="more-243"></span>Numerosas universidades han incorporado esta modalidad en sus carreras, complementando programas tradicionales con una plataforma virtual desde la cual se puede acceder al programa de la materia, al material bibliográfico, a sitios de interés, a una planificación de las clases, a ciertos trabajos prácticos, e incluso a un <em>blog</em> o <em>chat</em> para que docentes y alumnos interactúen. Algunas universidades complementan esto con el acceso a bibliotecas virtuales como<b> </b><strong>J-store o EBSCO.</strong></p>
<p>En aquellos años, pude cursar además algunas materias del ciclo profesional bajo la modalidad “a distancia”, como <strong>Análisis Económico II</strong> e<b> </b><strong>Historia del Pensamiento Económico</strong>. El alumno compraba un libro “guía” que básicamente introducía los temas, y luego nos derivaba a ejercicios prácticos o lecturas del programa. En ambos casos, en UBA XXI y en educación a distancia, los exámenes eran presenciales en la Facultad, bajo los mismos lineamientos, condiciones y exigencia de la cursada tradicional.</p>
<p>La tecnología, sin embargo, siguió avanzando y con ello surgieron plataformas superadoras. Hoy se permite dictar clases presenciales, en tiempo real, a diferentes alumnos de todas partes del mundo. Ya no hablamos de clases asincrónicas o a distancia donde el alumno estudia solo, sino de clases sincrónicas donde el profesor y el alumno conversan en tiempo real.</p>
<p>Sería similar a una reunión en teleconferencia. La tecnología desarrollada por <a href="http://www.webex.com/" target="_blank">Webex</a> o <a href="http://www.adobe.com/products/adobeconnect.html" target="_blank">Adobe connect</a> -seguramente existen otras- permiten al docente y a los alumnos verse las caras mutuamente por video en tiempo real, al mismo tiempo que interactúan verbalmente a través de un micrófono o por escrito a través de un <em>chat</em>. El profesor además utiliza un pizarrón sobre el cual puede escribir con el ratón, el teclado, o bien, con un lápiz electrónico. También se puede llevar al aula el paquete <strong>Office</strong>, utilizando presentaciones en <strong>PowerPoint</strong> elaboradas con carácter previo a la clase, o bien, una planilla de <strong>Excel</strong> que resulta útil especialmente en materias financieras.</p>
<p>La dinámica del docente con sus alumnos no sólo es similar a la tradicional, sino que es superadora por la tecnología que puede utilizarse. Esto se vuelve especialmente importante para programas ejecutivos y de posgrado, donde los empresarios que viajan pueden conectarse a clase desde cualquier lugar del mundo, o bien disfrutando de la alternativa de grabar las reuniones para verlas cuando cuenten con el tiempo necesario.</p>
<p>Por citar mi propio ejemplo, me encontraré este primer semestre de 2014 dictando clases de economía en un <strong>MBA</strong> de la <a href="http://www.ebsglobal.net/studying-globally/argentina?utm_source=direct&amp;utm_medium=%28none%29&amp;utm_campaign=argentina" target="_blank">Edinburgh Business School</a> (EBS), universidad líder en <strong>Escocia</strong> que cuenta hoy con más de 11.000 estudiantes en todo el mundo, y que hace escala en <strong>América Latina</strong> a través de <a href="http://cmt-ebs.co.uk/" target="_blank">CMT Group</a>. Lo mismo se puede decir de la <strong>Universidad Francisco Marroquín</strong> (UFM) de <strong>Guatemala</strong>, asociada con OMMA de <strong>España</strong>, ofreciendo un <a href="http://en.ufm.edu/mastereneconomia/index.php/P%C3%A1gina_principal" target="_blank">Master en Economía</a> totalmente virtual. Finalmente, la <strong>Swiss Management Center University</strong> (SMC) de <strong>Suiza</strong>, ofrece un <a href="http://www.xn--smcespaol-r6a.com/maestria.html" target="_blank">Master in Political Economy</a> y un <a href="http://www.xn--smcespaol-r6a.com/phd-en-economia.html" target="_blank">PhD in Economics</a>, ahora en español, para estudiantes de toda América Latina.</p>
<p>Para ser más gráficos, quienes ejercemos la docencia en estos programas nos encontramos semanalmente con una o dos docenas de alumnos de<b> </b><strong>Estados Unidos, España, México, Guatemala, Panamá, Colombia, Perú, Brasil, Chile, Argentina o Uruguay</strong> para discutir cierto material asignado en el programa. No sólo se enriquecen los alumnos de este proceso cosmopolita y multicultural, sino que los mismos profesores nos vemos obligados a internacionalizar estos programas de estudio.</p>
<p>Es importante notar que al completar estos programas, los alumnos reciben títulos oficiales y certificados. Esto representa un desafío para los Ministerios de Educación latinoamericanos que exigen a estas y otras casas de estudio cumplir con numerosos burocráticos requisitos si quisieran instalarse en el país. Pero nótese que bajo esta modalidad todos estos requisitos se pueden sortear a bajo costo. El título lo emite el Ministerio de Educación del país extranjero, al que luego se le agrega la apostilla de <strong>La Haya</strong> para que tenga validez nacional.</p>
<p>Esto que abre una oportunidad única para aquellas casas de estudio que han logrado construir reputación durante las últimas décadas o siglos. También abre una oportunidad única para aquellos alumnos que viven en lugares donde ciertos programas no se dictan y tienen la imposibilidad de viajar. Estudiar bajo los programas certificados de Estados Unidos y Europa es ahora una posibilidad accesible, lo que debe conducir a los Ministerios de Educación y a las universidades públicas y privadas tradicionales a adaptarse rápidamente a un mundo virtual que no se detiene.</p>
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		<title>Dolarización/convertibilidad inmediata a 15 pesos por dólar</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Nov 2013 10:54:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ravier</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando <strong>Brasil</strong> devaluó en 1999, recuerdo que los periodistas entrevistaron a<strong> Carlos Saúl Menem</strong> -el entonces presidente de la <strong>Argentina</strong>-, y le consultaron por el abandono de la <strong>convertibilidad</strong> y la magnitud de la devaluación que llevaría adelante el gobierno argentino. <strong>Menem respondió que no habría devaluación</strong>. Que el paso que venía era la <strong>dolarización</strong>. Siempre tuve la sensación de que ésa era la salida que el país necesitaba para evitar volver a las políticas inflacionistas de los años 1980. Pero Menem no avanzó en esta política, y por el contrario, continuó incrementando el <strong>gasto</strong> <strong>público </strong>(aumentó 100% en dólares en una década), con su consecuente <strong>déficit fiscal</strong>. La acumulación de deudas le permitió mantener su estructura de poder y colocó los vencimientos pocos días después de su salida del cargo, dejando el campo minado a su sucesor.</p>
<p><strong>Fernando De la Rúa prometió mantener la convertibilidad,</strong> pero no supo, no pudo o no quiso hacer el necesario ajuste para equilibrar las cuentas. La<strong> pérdida de reservas</strong> fue aumentando día a día.<strong> Ricardo López Murphy</strong> llegó al <strong>Ministerio de Economía</strong> en marzo de 2001 con la renuncia en el bolsillo, si no lo dejaban avanzar en el ajuste que el país necesitaba, y pocos días después abandonó el cargo, ante las manifestaciones sociales contrarias a esas intenciones. De la Rúa no soportó la presión que el plan de ajuste necesitaba. El retorno de <strong>Domingo Cavallo</strong> sólo empeoró las cosas. Explicó que el problema no era el déficit, sino la competitividad, y dio señales claras de un gradual abandono de la convertibilidad, lo que aceleró la <strong>fuga de capitales</strong> y dejó al <strong>Banco Central de la República Argentina</strong> sin reservas, obligando a los gobiernos siguientes a abandonar la convertibilidad y pesificar. La dolarización pudo ser la alternativa, pero debió aplicársela antes de quedarse sin reservas.</p>
<p><span id="more-202"></span>Ya escribí hace unos pocos días acerca de la coyuntura actual, con serios problemas en el <strong>frente fiscal, monetario y cambiario</strong>. Sintetizando algunas magnitudes clave, el presupuesto 2014 prevé un gasto público total cercano al billón (1.000.000.000.000) de pesos, cuya ejecución promete exceder aún ese valor. La <strong>presión tributaria récord</strong> de nuestra historia -y una de las más altas del mundo- no alcanza para financiar dicho gasto, diferencia que será financiada con mayor emisión de dinero y el restringido acceso a deuda pública, que se elevó de US$ 144.000 millones en 2001 a US$ 237.500 millones, una vez que sean regularizados los saldos pendientes. En el frente cambiario, la fuga de capitales ya perforó el nivel de reservas del Banco Central de los US$ 33.000 millones, lo que promete seguir presionando el alza de precios.</p>
<p>El<strong> problema que enfrenta hoy el gobierno es cómo evitar que continúe esta pérdida de reservas,</strong> dado que esto atenta contra el modelo económico. Sugería en aquel artículo un cambio de rumbo o de modelo, pero eso no pasará si atendemos al discurso oficial. Las reformas económicas que se comentan, sea una profundización, ampliación o desdoblamiento del <strong>cepo cambiario</strong>, o bien medidas concretas contra aquellos que quieran salir del país en el verano que se avecina, son sólo un maquillaje que de ningún modo podrán resolver esta difícil situación.</p>
<p>¿Qué hacer entonces? En primer lugar, reconocer nuestros fallos.<strong> La Argentina es incapaz de gestionar su propio dinero</strong>, aspecto que queda claro al estudiar nuestra historia o revisando la situación inflacionaria actual. El cepo cambiario además ha fracasado, si atendemos que en un año y medio desde su implementación generó una fuga de capitales de 19.000 millones de dólares, apenas por debajo de los 20.000 millones de dólares que se fugaron entre enero de 2001 y mitad de 2002.</p>
<p>En segundo lugar, actuar en consecuencia, esto es, quitar el cepo cambiario. Preocupa una acelerada fuga de capitales que liquide las reservas, lo que sólo puede ser resuelto con medidas que transmitan credibilidad. En este contexto, no puedo pensar más que en dos alternativas. <strong>La dolarización o una nueva convertibilidad.</strong> En el primer caso, la medida podría implementarse en cuestión de días y con bajo costo relativo. Un cálculo de la base monetaria ampliada dividido por las reservas declaradas y auditadas por el Banco Central de la República Argentina nos deja con<strong> un dólar por cada 15 pesos</strong>. En este caso, el Banco Central de la República Argentina debe cerrar sus puertas e invitar a todas las personas a que se acerquen a los bancos a cambiar sus pesos a esta paridad. Los contratos de aquí en más deberán ser denominados en dólares, y se podría liberar al mercado, esto es a la gente, a que elija <strong>monedas alternativas como el euro</strong>, el <strong>yuan</strong>, o cualquier otra divisa para realizar sus contratos. Incluso se podría alentar <strong>una banca off shore</strong>, para atraer nuevos bancos internacionales, reducir el riesgo país y asegurar la atracción de inversiones. Además, los impuestos comenzarán a pagarse en dólares, que sería la moneda de curso legal, y los salarios públicos, incluyendo docentes y jubilados, también comenzarán a pagarse en esa moneda.</p>
<p>En el segundo caso, se podría implementar una nueva convertibilidad a $ 15 por dólar, bajo condiciones similares a la Ley 23.928 pero me temo que se pueda repetir la experiencia de 2001. <strong>El costo de salir de la convertibilidad siempre es menor que el de abandonar la dolarización</strong>. En cualquier caso, ambas propuestas tendrán una consecuencia lógica e inmediata en la estabilidad monetaria. Una medida u otra obligará al gobierno a buscar fuentes alternativas de financiamiento del gasto que la monetización del déficit fiscal. Quizás la deuda pública sea útil en la transición al equilibrio fiscal, pero habría que implementar un plan económico para alcanzar el equilibrio fiscal en menos de tres años. Un presupuesto base cero debería estar también en la agenda del gobierno, lo mismo que el<strong> abandono de los subsidios</strong> y un sinceramiento de la economía, en especial en lo que refiere a las tarifas de los servicios públicos y en los precios de bienes y servicios hoy regulados. La viabilidad del plan requiere que estas medidas sean inmediatas, puesto que una continua fuga de capitales y caída de reservas sólo conducirán a consecuencias muy graves en lo económico y especialmente en lo social.</p>
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		<title>Cómo subdesarrollar a la Argentina en diez lecciones</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Sep 2013 10:37:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ravier</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hasta 1935 EEUU, Canadá, Australia y Argentina tenían un desarrollo y un PIB per cápita similar, en torno a los 5.000 dólares, lo cual les permitía ser cuatro de los países más ricos del mundo. Para explicar tal estado de situación, uno encuentra ciertos factores comunes en estos países, tales como la riqueza natural de sus recursos,... <a href="http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/09/16/como-subdesarrollar-a-la-argentina-en-diez-lecciones/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Hasta 1935 EEUU, Canadá, Australia y Argentina tenían un desarrollo y un PIB per cápita similar</strong>, en torno a los 5.000 dólares, lo cual les permitía ser cuatro de los países más ricos del mundo. Para explicar tal estado de situación, uno encuentra ciertos factores comunes en estos países, tales como la <strong>riqueza natural</strong> de sus recursos, la gran extensión de territorio, los marcos constitucionales, la apertura económica, un<b> </b><strong>modelo eminentemente agroexportador</strong>, la inmigración europea, un Estado muy pequeño, escasas regulaciones y la estabilidad monetaria.</p>
<p><strong>Pero en los siguientes 75 años el desarrollo de Argentina se torna mucho más lento y débil que el de los otros tres países</strong>. La inestabilidad política y las políticas económicas tomadas por diversos gobiernos —como el modelo de <strong>sustitución de importaciones</strong>— fueron exitosas en mantener al país subdesarrollado, lejos de los estándares de otros países con características similares. La lección clave que el lector encontrará en este artículo es que evitar el desarrollo e incrementar la pobreza implica colocar todo tipo de trabas sobre las fuerzas creativas de los empresarios, evitando el ahorro y con ello la inversión local y extranjera.</p>
<p><span id="more-138"></span>El <strong>siglo XXI,</strong> sin embargo, presenta desafíos adicionales para los hacedores de <strong>políticas públicas</strong>, en comparación con las seis décadas anteriores. <strong>El contexto internacional es nuevamente favorable</strong> —como lo fue antes de la <strong>Primera Guerra Mundial</strong>—. <strong>China</strong> se ha convertido en la nueva fábrica del mundo y <strong>Argentina</strong> como otros países latinoamericanos cuentan con condiciones naturales excelentes para proveer de <strong>materias</strong> <strong>primas</strong> a este país y al mundo. Los precios de los <em><b>commodities</b></em><strong> </strong>en niveles récord hacen mucho más difícil la tarea de mantener subdesarrollada a la economía argentina, después de todo, las palabras del ex presidente <strong>Eduardo Duhalde</strong> resuenan en las cabezas de muchos: “<strong>La Argentina está condenada al éxito”</strong>. Veamos entonces qué ha hecho el gobierno para impedir el desarrollo de la economía argentina desde la crisis desde 2001, para así evaluar en las conclusiones sus consecuencias.</p>
<p><strong><em>Lección I</em></strong></p>
<p>Está claro que el <strong>desarrollo económico</strong> de un país en el largo plazo depende del nivel de <strong>inversión</strong>. Los precios récord de los <em><b>commodities</b></em><strong> </strong>generan un extraordinario estímulo para <strong>extender la siembra hacia tierras vírgenes</strong>, importar tecnologías de tal modo de aumentar la <strong>productividad</strong> y aprovechar la ocasión única de ofrecer materias primas a China, y por que no, a la <strong>India</strong> y <strong>Brasil</strong>. Para detener la mayor amenaza al desarrollo, las autoridades han sumado a la ya excesiva estructura tributaria, retenciones a las exportaciones del orden del 35 %, las que automáticamente se deducen de las divisas que entran al país.</p>
<p><strong><em>Lección II</em></strong></p>
<p>Por supuesto que la mayor demanda global por nuestros productos implica una oportunidad única para desarrollar aún más la industria de la carne, la leche, los vinos, etcétera, esto es, aquellos productos que representan la <strong>ventaja comparativa</strong> del país, lo cual eleva en el corto plazo sus precios, al menos hasta que este efecto sea acompañado con aumentos de producción. El gobierno ha tomado entonces la decisión de fijar <strong>control de precios</strong> máximos sobre dichos bienes, además de prohibir en muchos casos la exportación, con la idea de reducir los márgenes de ganancia y evitar cualquier tipo de nueva inversión en esos mercados. No sólo eso, se ha presionado y amenazado a los empresarios que intenten aumentar sus precios en búsqueda de mayor beneficio, lo cual claramente ejerce presión para evitar el desarrollo de nuevas inversiones.</p>
<p><strong><em>Lección III</em></strong></p>
<p>A las mencionadas presiones locales, había que agregarles un nuevo condimento. Tal fue así que<strong> el gobierno prohibió a las empresas la importación de algunos insumos básicos</strong> clave para el desarrollo de sus emprendimientos, además de fijar aranceles en otros que aumenten su costo de importación. Con esto garantizamos que las empresas enfrenten cuellos de botella que les impidan el desarrollo.</p>
<p><strong><em>Lección IV</em></strong></p>
<p>Otro de los problemas centrales e históricos de la Argentina han sido<b> </b><strong>los magros salarios que perciben los jubilados y pensionados</strong>. El problema podría solucionarse en el largo plazo con un <strong>sistema de administración privada de pensiones </strong>como el que ha practicado <strong>Chile</strong>, sin embargo, a un sistema defectuoso implementado en la década de 1990, el gobierno ha eliminado toda amenaza de solución, estatizando las pensiones. Los 100.000 millones de pesos (ó 30.000 millones de dólares) fueron consumidos en pocos años para evitar todo posible retorno a un proyecto que durante toda una década había financiado inversiones de capital que podían generar cierto desarrollo del país.</p>
<p><strong><em>Lección V</em></strong></p>
<p>Por supuesto que ese <strong>gasto público excesivo</strong> (que aumentó del 30 al 45 % del PIB), basado fundamentalmente en el dinero obtenido de las pensiones, además de la mayor presión tributaria, genera un estímulo de demanda que produce en el corto plazo un mayor crecimiento y hasta mejores salarios para los trabajadores. El gobierno debió entonces atentar contra esa mejora, imprimiendo moneda y generando <strong>inflación</strong>. De este modo, al <strong>aumento nominal de los salarios</strong>, y al mayor beneficio empresarial que obtenían algunas firmas, se las acompañó con una tasa de inflación del mismo nivel, para así limitar el aumento del poder adquisitivo que percibían los salarios.</p>
<p><strong><em>Lección VI</em></strong></p>
<p>Sabemos también que la estabilidad monetaria de un país se podría garantizar con una buena cantidad de <strong>reservas en dólares en el Banco Central</strong>, suficientes como para actuar cuando sea necesario y sostener así un tipo de cambio relativamente fijo, entre bandas. Qué mejor entonces que exigir al banco central que utilice esas divisas para cancelar compromisos con el <strong>FMI</strong>. De este modo se reducen dichas reservas, al tiempo que nos quitamos al mayor auditor del mundo de encima, y así espantamos aún más toda posible inversión. Al mismo tiempo,<b> </b><strong>se necesitaron multiplicar los controles sobre la compra y venta de divisas</strong>, lo cual crea aún más incertidumbre en el mercado, que responde con mayor fuga de capitales.</p>
<p><strong><em>Lección VII</em></strong></p>
<p>El contexto internacional favorable ha generado un tremendo desarrollo de inversiones de capital en Latinoamérica. La Inversión Extranjera Directa se ha concentrado en estos años en los países que justamente proveen a China de los insumos necesarios para producir los bienes que consume el mundo entero. El gobierno entonces adoptó como política el <strong>nacionalismo</strong>, alineado con<b> </b><strong>Cuba, Venezuela, Ecuador y Bolivia</strong>, de tal modo de incrementar el <strong>riesgo país</strong> y evitar cualquier tipo de inversión. La política nacionalista tiene dos objetivos: mientras por un lado lleva a que el país reciba muy poco capital, estimulamos también la <strong>fuga de capitales</strong>, lo cual hace inviable cualquier desarrollo de largo plazo.</p>
<p><strong><em>Lección VIII</em></strong></p>
<p>Un país de extenso territorio necesita de las mejores <strong>aerolíneas</strong> que puedan tornar accesible el traslado de empresarios por todo el país. Las provincias en definitiva sólo podrán reducir la dependencia de <strong>gasto público</strong> nacional si logran recibir a una serie de empresas con inversiones sustentables de largo plazo, las cuales —a su vez— podrían elevar la <strong>recaudación tributaria</strong>. Para evitar este riesgo que hubiera ayudado al desarrollo, <strong>el gobierno decidió estatizar Aerolíneas Argentina</strong> y sostener una política de “cielos cerrados”, donde ninguna otra aerolínea pueda dar servicio. Para disimular, se permitió a la compañía <strong>LAN</strong> operar en forma limitada, pero sus vuelos no alcanzan aún más del 10 % de los vuelos locales de Argentina.</p>
<p><strong><em>Lección IX</em></strong></p>
<p><strong>Otro aspecto fundamental para mantener a la Argentina en el subdesarrollo consiste en evitar que el riesgo país descienda</strong>. Para ello basta con mantener el default de la deuda, aún bajo el contexto favorable de esta década. No sólo ello, mejor aún es estafar a aquellos acreedores que esperan cobrar intereses de la deuda en torno a la tasa de inflación, para lo cual el <strong>Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC)</strong> se ha preocupado por simular una tasa de inflación que es alrededor de un tercio de la real. Desde luego que esto puede no ser suficiente, por lo que se requiere también de sucesivas expropiaciones (como la de <strong>Repsol-YPF</strong>).</p>
<p><strong><em>Lección X</em></strong></p>
<p>Finalmente, el gobierno sabe que estas medidas podrían revertirse. Es por ello que necesita garantizar la continuidad del modelo de subdesarrollo para lo cual ha creado más empleo público que ningún otro, y lo ha acompañado con variados <strong>planes</strong> <strong>sociales</strong>, lo cual crea una dependencia en un alto porcentaje de la población para crear una estructura de poder que siga votando por el oficialismo. <strong>¡Qué paradójico resulta el mensaje de &#8220;desarrollo&#8221; del gobierno, cuando uno observa que los planes sociales para los más necesitados se multiplican!</strong></p>
<p><strong><em>Reflexión final</em></strong></p>
<p>La economía argentina ha mostrado en la última década una<b> </b><strong>rápida recuperación de lo que fuera la depresión de 2001-2002</strong>, dejando entrever que el esfuerzo del gobierno por profundizar el subdesarrollo, al menos hasta ahora, ha fracasado. La conclusión a la que llegamos es que mantener a un país como Argentina en el subdesarrollo, puede ser aún más difícil que acompañarla en su desarrollo, más aún cuando los vientos empujan a la economía hacia adelante.</p>
<p>Tras las elecciones y viendo los continuos fracasos que estas medidas tuvieron, <strong>el gobierno ya prepara un nuevo arsenal de medidas que profundicen el subdesarrollo del país.</strong> La primera medida ha apuntado a mayores controles para la compra y venta de dólares de tal modo de alentar una mayor fuga de capitales. <strong>Otra medida busca doblar la apuesta en la expansión del gasto público</strong>. Una posible <strong>Ley de Tierras</strong>, aunque inconstitucional, apuntaría además a evitar que cualquier extranjero compre tierras en el país y así explote su producción. Incluso se ha comprendido que fue un error no pagar al <strong>Club de París,</strong> siendo mejor cancelar el compromiso para así abrir la puerta del endeudamiento, un aspecto que ha quedado pendiente en los dos gobiernos anteriores. El objetivo final es retornar a los niveles de <strong>PIB per cápita</strong> de 2002, y en las elecciones se ha prometido que no habrá descanso hasta conseguirlo.</p>
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		<title>Carta de Friedman a Cristina</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Aug 2013 04:47:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ravier</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Es sabido que Milton Friedman escribió una carta a Augusto Pinochet el 21 de abril de 1975. Algunos intelectuales, como José Piñera, dirán que Friedman jugó un rol central en la refundación de Chile. Otros, como Rolf Lüders, dirán que aquella visita no jugó ningún rol, puesto que Pinochet ya estaba entonces convencido de tomar -en el ámbito económico- el camino de la economía... <a href="http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/08/22/carta-de-friedman-a-cristina/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Es sabido que<b> </b><strong>Milton Friedman</strong> escribió una carta a <strong>Augusto Pinochet</strong> el 21 de abril de 1975. Algunos intelectuales, como <strong>José Piñera</strong>, dirán que Friedman jugó un rol central en la refundación de Chile. Otros, como<b> </b><strong>Rolf Lüders</strong>, dirán que aquella visita no jugó ningún rol, puesto que Pinochet ya estaba entonces convencido de tomar -en el ámbito económico- el camino de la economía de mercado. Un tercer grupo -quizás el más amplio- jamás le perdonará a Friedman el haber colaborado con un dictador.</p>
<p>Al margen de la disputa política y social, lo cierto es que &#8220;estrictamente en lo económico&#8221; <strong>el diagnóstico de Friedman</strong> era muy claro y contundente, y advertía cuáles eran los dos problemas centrales de Chile en ese momento:<b> </b><strong>la acelerada inflación y la ausencia de una saludable economía de mercado.</strong> Éstos son, casualmente,<b> </b><strong>los problemas centrales de la Argentina de hoy</strong> y las recomendaciones económicas que por entonces ofreció Friedman son precisamente las mismas que hoy necesita nuestro país. A continuación tomamos aquella carta, y con pequeñas variaciones,<b> </b><strong>imaginamos que fuera destinada a nuestra presidente.</strong></p>
<p><strong><span id="more-110"></span>Estimad[a] señor[a] presidente:</strong></p>
<p>Durante la visita que le hiciéramos el viernes 21 de marzo, realizada con el objeto de discutir la situación económica de [Argentina], usted me pidió que le transmitiera mi opinión acerca de la situación y políticas económicas luego de completar mi estancia en su país. Esta carta responde a tal requerimiento.</p>
<p>Permítame primero decirle cuán agradecidos estamos mi esposa y yo de la cálida hospitalidad que nos brindaran tantos [argentinos] durante nuestra breve visita; nos hicieron sentir como si realmente estuviéramos en casa. Todos los [argentinos] que conocimos estaban muy conscientes de la seriedad de los problemas que su país enfrenta, dándose cuenta de que el futuro inmediato iba a ser muy difícil. Sin embargo, todos mostraban una firme determinación en aras de superar dichas dificultades y una especial dedicación en el trabajo por un futuro más próspero.</p>
<p><strong>El problema económico fundamental de [Argentina] tiene claramente dos aristas: la inflación y la promoción de una saludable economía social de mercado.</strong> Ambos problemas están relacionados: cuánto más efectivamente se fortalezca el sistema de libre mercado, menores serán los costos transicionales de terminar con la inflación. Sin embargo, y pese a estar relacionados, se trata de dos problemas diferentes: el fortalecimiento del libre mercado no culminará con la inflación <em>per se</em>, como tampoco terminar con la inflación derivará automáticamente en un vigoroso e innovador sistema de libre mercado.</p>
<p><strong>La causa de la inflación en [Argentina] es muy clara: el gasto público</strong> corresponde, aproximadamente, a un [45] % del ingreso nacional. Cerca de un cuarto de este gasto no deriva de impuestos explícitos y, por lo tanto, debe ser <strong>financiado emitiendo una mayor cantidad de dinero;</strong> en otras palabras,<b> </b><strong>a través del impuesto oculto de la inflación.</strong> […]</p>
<p>Este impuesto-inflación genera un enorme daño al inducir a las personas a dedicar un gran esfuerzo por limitar su posesión de dinero<br />
en efectivo. Esa es la razón por la cual la base es tan estrecha. En la mayoría de los países, desarrollados y subdesarrollados, la<br />
cantidad de dinero es más cercana al 30% del ingreso nacional que al [10,7 %] de éste. […]</p>
<p><strong>Existe sólo una manera de terminar con la inflación: reducir drásticamente la tasa de incremento en la cantidad de dinero</strong>. En la situación de [Argentina], el único modo para lograr la disminución de la tasa de incremento en la cantidad de dinero es reducir el déficit fiscal. Por principio, el déficit fiscal puede ser reducido disminuyendo el gasto público, aumentando los impuestos o endeudándose dentro o fuera del país. Exceptuando el endeudamiento externo, los otros tres métodos tendrían los mismos efectos transitorios en el empleo, aunque afectando a diferentes personas -<strong>disminuir el gasto público afectaría inicialmente a los empleados públicos</strong>, aumentar los impuestos afectaría inicialmente a las personas empleadas por quienes pagan impuestos, y endeudarse afectaría inicialmente a las personas empleadas por los titulares de los créditos o por la las personas que, de otro modo, hubieran conseguido esos fondos prestados.</p>
<p>En la práctica, disminuir el gasto público es, por lejos, la manera más conveniente para <strong>reducir el déficit fiscal</strong> ya que, simultáneamente, contribuye al fortalecimiento del sector privado y, por ende, a sentar las bases de un saludable crecimiento económico.</p>
<p><strong>La disminución del déficit fiscal es requisito indispensable para terminar con la inflación.</strong> Un problema menos claro es cuán rápidamente debe terminarse con ella. Para un país como <strong>Estados Unidos</strong>, en el cual la inflación [de 1975 era] de alrededor del 10%, yo aconsejo una política gradual de eliminación en dos o tres años. Pero para [Argentina], en que la inflación se mueve entre el [2] % y [3] % mensual, creo que graduar su eliminación no es viable; conllevaría una tan gravosa operación por un periodo de tiempo tan largo, que temo la paciencia no acompañaría el esfuerzo.</p>
<p><strong>No existe ninguna manera de eliminar la inflación que no involucre un periodo temporal de transición de severa dificultad, incluyendo desempleo.</strong> Sin embargo, y desafortunadamente,<strong> Argentina enfrenta una elección entre dos males, un breve periodo de alto desempleo o un largo periodo de alto desempleo, aunque sutilmente inferior al primero</strong>. En mi opinión, las experiencias de <strong>Alemania</strong> y <strong>Japón</strong> luego de la <strong>II Guerra Mundial</strong>, de <strong>Brasil</strong> más recientemente, del reajuste de postguerra en Estados Unidos, cuando el gasto público fue reducido drástica y rápidamente, argumentan en pro de un tratamiento de shock. Todas estas experiencias sugieren que este periodo de severas dificultades transicionales sea breve (medible en meses) para que así la subsecuente recuperación sea rápida.</p>
<p>Para mitigar los costos de la transición y facilitar la recuperación, creo que <strong>las medidas fiscales y monetarias debieran ser parte de un paquete que incluya medidas que eliminen los obstáculos a la empresa privada y que alivien la aguda angustia.</strong></p>
<p>Para acotar, haré un bosquejo de los contenidos de un paquete de propuestas específicas. Mi conocimiento de [Argentina] es muy limitado como para permitirme ser tanto preciso como exhaustivo, de modo que estas medidas deben ser consideradas más bien como ilustrativas.</p>
<p>Si este enfoque de shock fuera adoptado, creo que debiera ser anunciado pública, muy detalladamente y, además, entrar en vigor en<br />
una fecha muy cercana a dicho anuncio. <strong>Cuánto mejor informado se encuentre el público, más contribuirán sus reacciones al ajuste</strong>. A continuación propongo una muestra de las medidas que debieran ser tomadas:</p>
<p>[1].- <strong>Un compromiso del gobierno de reducir su gasto en 25% dentro de seis meses</strong>; reducción que debiera tomar la forma de una disminución transversal del presupuesto de cada repartición en 25%, con los relativos a personal a tomarse tan pronto como sea posible. Sin embargo, las reducciones de gasto debieran ser escalonadas en base a un periodo de seis meses para permitir el pago de generosas indemnizaciones. (Cualquier intento de ser selectivo o parcial tiene la probabilidad de fracasar debido a las posibles manipulaciones de cada repartición por lograr que la reducción presupuestaria afecte a otra de ellas. <strong>Es preferible hacer primero una reducción transversal, para luego reasignar el total ya reducido</strong>). […]</p>
<p>[2].- Un categórico compromiso del gobierno de que después de seis meses <strong>no financiará más gasto alguno a través de la emisión de dinero</strong>. (Así como la recuperación económica se vaya dando, la cantidad de dinero deseable en términos reales, esto es, la cantidad consistente con precios estables, aumentará. Sin embargo, este incremento debiera servir como base para la expansión de un mercado de capitales privado en vez de utilizarse para financiar gasto público).</p>
<p>[3].- Continuar con vuestra política actual de un <strong>tipo de cambio diseñado para aproximarse a un tipo de cambio de libre mercado.</strong></p>
<p>[4].- La eliminación de la mayor cantidad posible de obstáculos que, hoy por hoy, entorpecen el desarrollo del libre mercado. Por ejemplo, <strong>suspender, en el caso de las personas que van a emplearse, la ley actual que impide el despido de los trabajadores.</strong> En la actualidad, <strong>esta ley causa desempleo</strong>. También, eliminar los obstáculos a la creación de nuevas instituciones financieras. Asimismo, <strong>eliminar la mayor cantidad posible de controles sobre los precios y salarios</strong>. El control de precios y salarios no sirve como medida para eliminar la inflación; por el contrario, es una de las peores partes de la enfermedad. (Eliminar obstáculos, pero no sustituir subsidios. La empresa privada tendrá la facultad de gozar de las recompensas del éxito sólo si también arriesga soportar los costos del fracaso. Todo hombre de negocios cree en la libre empresa para todos, pero busca también favores especiales para sí mismo. <strong>Ningún obstáculo, ningún subsidio;</strong> esa debiera ser la regla).</p>
<p>[5].- Tome las providencias necesarias para aliviar cualquier caso de real dificultad y severa angustia que se de entre las clases más pobres. Tome en cuenta que las medidas tomadas no producirán, por sí mismas, daño en estos grupos. <strong>El despido de empleados públicos no reducirá la producción, sino que simplemente eliminará gasto</strong>- sus despidos no significarán la producción de un pan o un par de zapatos menos. Pero indirectamente, algunas de las clases menos privilegiadas serán afectadas y, séanlo o no, el programa de medidas será señalado como el culpable de sus angustias. Por lo tanto, sería beneficioso tomar ciertas providencias de este tipo en dicho programa. En este aspecto, mi ignorancia de la situación y acuerdos actuales vigentes en [Argentina] me hacen imposible ser más específico.</p>
<p><strong>Un programa de shock tal como este podría eliminar la inflación en cuestión de meses</strong>. También fundaría las bases necesarias para lograr la solución de su segundo problema- la promoción de una efectiva economía social de mercado.<br />
Este no es un problema de reciente origen, sino que surge de tendencias al socialismo que comenzaron hace [80] años y que<br />
alcanzaron su lógico, y terrible clímax, durante el régimen de [Perón]. […]</p>
<p><strong>La eliminación de la inflación llevará a una rápida expansión del mercado de capitales,</strong> lo cual facilitará en gran medida la<br />
privatización de empresas y actividades que aún se encuentran en manos del Estado.</p>
<p><strong>El más importante paso en este sentido es la liberalización del comercio internacional para, de este modo, proveer de una efectiva competitividad a las empresas</strong> [argentinas] y promover la expansión tanto de las importaciones como de las exportaciones. Lo anterior no sólo mejorará el bienestar del [argentino] común al permitirle adquirir todos los bienes al menor costo, sino que también disminuirá la dependencia de [Argentina] en una sola exportación de importancia: <strong>[la soja].</strong></p>
<p>Estoy conciente de que su Gobierno ya ha dado pasos importantes y planea otros futuros en orden a reducir las barreras al comercio<br />
internacional y a liberalizarlo, y que, como resultado de ello, la ventaja competitiva real de [Argentina] se refleja mejor en éste hoy que en las décadas pasadas. Este es un gran logro. También veo que en esta área existe un fuerte argumento a favor de una gradualización para entregar a los productores [argentinos] una oportunidad para ajustarse a las nuevas condiciones. No obstante, <strong>gradualismo no debe significar quedarse estancado</strong>. En mi opinión personal, creo que un buen consejo para [Argentina] sería dirigirse a la liberalización del comercio a una velocidad y en una extensión mucho mayores de las que hasta ahora han sido propuestas. <strong>Un comercio totalmente libre es el objetivo final deseable, aunque no sea posible de alcanzar en el más cercano futuro.</strong></p>
<p><strong>Quisiera concluir esta carta diciendo que estoy seguro que [Argentina] tiene un gran potencial</strong>. Ha sido un pueblo capaz, letrado, creativo y lleno de energía [...]. Hace unos [ochenta] años atrás, [Argentina], como muchos otros países, incluyendo el mío, se encausó en la ruta equivocada- por buenas razones y sin maldad, ya que fueron errores de hombres buenos y no malos. <strong>El mayor error, en mi opinión, fue concebir al Estado como el solucionador de todos los problemas, de creer que es posible administrar bien el dinero ajeno.</strong></p>
<p>Si [Argentina] toma hoy la senda correcta, creo que puede lograr otro milagro económico: despegar hacia un crecimiento económico sostenido que proveerá una ampliamente compartida prosperidad. Pero para aprovechar esta oportunidad, [Argentina] deberá primero superar un muy dificultoso periodo de transición.</p>
<p style="text-align: right;"><strong>Sinceramente, Milton Friedman</strong></p>
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