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	<title>Adrián Ravier &#187; Ben Bernanke</title>
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		<title>El debate acerca del &#8220;tapering&#8221;: ¿podemos controlar el auge?</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Jan 2014 11:38:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ravier</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En mayo de 1937, Fritz Machlup ofrecía una disertación en la Universidad de Minnesota en la que intentaba dar respuesta a esta difícil pregunta. En este artículo, recogemos la respuesta vertida por el autor, dada su relevancia para comprender la política monetaria que la Reserva Federal de EEUU viene desarrollando bajo la dirección de Ben Bernanke.... <a href="http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2014/01/09/el-debate-acerca-del-tapering-podemos-controlar-el-auge/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En mayo de 1937, <strong>Fritz Machlup</strong> ofrecía una <a href="http://mises.org/books/can_we_control_the_boom_machlup.pdf">disertación en la Universidad de Minnesota</a> en la que intentaba dar respuesta a esta difícil pregunta. En este artículo, recogemos la respuesta vertida por el autor, dada su relevancia para comprender la política monetaria que la <strong>Reserva Federal</strong> de <strong>EEUU</strong> viene desarrollando bajo la dirección de <strong>Ben Bernanke</strong>.</p>
<p>Para dar un contexto a su artículo, entonces Machlup se encontraba analizando las políticas que el gobierno estadounidense y la autoridad monetaria venían practicando para intentar paliar el episodio económico más doloroso de la historia de EEUU. Lo que a continuación sostenemos es que el análisis causal del autor mantiene plena vigencia en lo que refiere a la crisis de 2008 y el intento por encontrar un camino de recuperación.</p>
<p><strong><span id="more-227"></span>La respuesta de Machlup entonces implicó tres cuestiones</strong>: 1) ¿Sabemos lo que es un auge?, y ¿podemos claramente identificar una situación dada como un auge? 2) Si sabemos lo que es un auge, y también cómo identificarlo, ¿sabemos cómo puede ser controlado? 3) Si sabemos lo que es un auge, cómo identificarlo, y también cómo podría ser controlado, ¿somos capaces de aplicar nuestro conocimiento y llevar a cabo las medidas que consideramos adecuadas?</p>
<p>Ante la primera pregunta, Machlup confiesa que ante su persistente reclamo en favor de “detener el auge”, una violenta protesta siempre emergía, señalando que no se trataba de un auge, sino de una leve recuperación. En tal sentido, Machlup advierte que entonces el auge era generalmente definido como <strong>“el período que conduce al colapso”.</strong> Lo dicho enfrentaba un serio problema de lógica. Machlup señaló entonces que si llamamos “auge” al período que conduce al colapso, entonces —por definición— éste no puede ser controlado. Y es que si fuera controlado, entonces se argumentaría que no se trataba de un auge.</p>
<p>Machlup prefiere entones abandonar una definición que permita reconocer la situación sólo ex post, y sugiere que definamos al auge “como un incremento espectacular en la actividad económica, ya sea en algunas, en varias o en todas las partes del sistema económico”. Tal aumento en la actividad económica, podría deberse a incrementos en los precios, a aumentos de volumen, o a una suba de ambos.</p>
<p>Machlup señala que la mayoría de las personas en 1937 aceptarían que un aumento en el volumen de la producción es visto como sano, mientras que un incremento en los precios, generaba preocupación. Nuestro autor, sin embargo, estaba en el pequeño grupo de los que extendían su escepticismo al auge en el volumen de negocios, fundamentando el mismo en la experiencia observada en la<strong> gran depresión de 1929</strong>, cuando el producto industrial o los contratos de construcción aumentaron fuertemente.</p>
<p>Tal distinción fue posiblemente lo que impidió a la mayoría de los economistas identificar el período de auge del último ciclo económico, el que podríamos enmarcar bajo el período 2002-2007. Para ser más precisos, tras la crisis de las punto com y una vigorosa recuperación de la actividad económica, acompañada de la estabilidad de precios, nadie advirtió que un proceso de mala inversión estaba tomando lugar.</p>
<p>Sin embargo hoy es reconocido que tal recuperación no era tal, sino más bien un período de auge cuyo origen encontramos en la política crediticia de la <strong>Reserva Federal</strong> y que el sistema bancario canalizó al <strong>sector</strong> <strong>inmobiliario</strong>, como consecuencia de las presiones que el poder ejecutivo y legislativo aplicaron sobre el sistema financiero.</p>
<p>Hacia fines de 2007, la <strong>crisis <em>subprime</em> </strong>se convirtió en un hecho que pocos pudieron anticipar. Entonces la <strong>receta</strong> <strong>keynesiana</strong> emergió con fuerza, fundada en las lecciones no aprendidas de la gran depresión de 1930. La política fiscal dio lugar a planes de estímulo que permitieron crear empleo. La política monetaria permitió duplicar dichos planes de estímulo para rescatar al sistema financiero. Y en poco tiempo la economía mostró algunos resultados exitosos<strong>. Y aquí está el debate en cuestión. ¿Se trata de una recuperación o de un auge?</strong></p>
<p>Machlup nos enseña que <strong>no debemos mirar “sólo” los precios.</strong> Aún con estabilidad de precios, la economía puede estar creando una nueva burbuja o en los términos modernos de <strong>Roger Garrison</strong> “un auge insostenible”. Pienso que pocos economistas negarán que tales resultados en la actividad económica y empleo tienen directo resultado en las políticas monetarias y fiscales mencionadas. Pero ahí comienza otro debate que identificamos con la segunda pregunta de Machlup: ¿Podemos controlarlo?</p>
<p>Veamos el análisis de nuestro autor: “Comencemos con una <strong>situación de gran desempleo</strong>. ¿Por qué hay trabajadores que desean trabajar al salario vigente, que no son contratados por los productores? Obviamente, porque estos últimos no esperan poder vender el producto de los trabajadores adicionales al precio que les permitiría pagar el salario de los trabajadores contratados. Dos modos tenemos, principalmente, para modificar esta situación. Una es la reducción del <strong>costo laboral</strong> (o de los costos de producción en general) que permite que los anteriores ingresos insuficientes que se obtienen por la venta del producto se conviertan ahora en ingresos suficientes para pagar su costo. La otra es un incremento en la demanda del producto, ya que se espera un mayor ingreso, el que entonces puede ocuparse de los salarios de los trabajadores que son contratados. Un incremento en la demanda de un producto que paralelamente no reduce la demanda por otro producto sólo puede originarse de un incremento en el dinero o el crédito disponible. En otras palabras, una expansión crediticia incrementa la demanda de productos y de medios de producción. Más dinero está disponible para comprar más trabajo a una tasa salarial dada —mientras que en la primera forma a la que nos referimos, un fondo de dinero dado podía comprar más trabajo a una menor tasa salarial. Ambas maneras incluyen, como regla, una reducción de la tasa salarial real, la primera a través de una reducción de la tasa salarial nominal, la segunda a través de mayores precios, lo que permite a una tasa salarial dada comprar menos bienes”.</p>
<p>Resumiendo, <strong>Machlup menciona dos formas de resolver el desempleo</strong>. Aunque el primero es impopular, esto es, la reducción de los salarios, para nuestro autor es superior porque contiene menos gérmenes de desajustes posteriores. El segundo método, el de lograr mayor empleo por la vía de la expansión monetaria, es simple, efectivo en el corto plazo, pero distorsivo. Machlup explica que “hay inicialmente un acto de toma de préstamos —ya sea de parte de industriales privados que no pueden posponer por más tiempo ciertos desembolsos los cuales han sido demorados por varios años, o por el gobierno que no desea esperar hasta que la inversión privada se recupere y lleve a cabo obras públicas. Estas inversiones que constituyen demandas por bienes de producción, llevan nuevo poder adquisitivo a las manos de los consumidores, los cuales tienen ahora una demanda incrementada por bienes de consumo. El gasto de este dinero va a invitar a que se realicen más inversiones privadas. La inversión pública y la mayor inversión privada, ambas financiadas por nuevos créditos bancarios, forman una nueva demanda para los bienes de producción. Utilizado en la producción de bienes de producción, el nuevo dinero se convierte en ingreso de los factores de producción utilizados, i. e., trabajadores y propietarios de equipo. El ingreso incrementado va a constituir nuevamente demanda para más bienes de consumo. Y esto puede continuar como un proceso acumulativo”. El problema que la literatura ha identificado ante tal escenario, es cómo mantener los tipos de interés por debajo de su nivel natural a lo largo del tiempo.</p>
<p>“Los optimistas”, critica Machlup, “están inclinados a desechar ambos peligros. ¿Falta de <strong>capital</strong> <strong>liquido</strong>? ¿Tasas de Interés en aumento? Permitan que los bancos de la <strong>Reserva Federal</strong> manejen esta incómoda situación. Los bancos de la Reserva Federal pueden prevenir la rigidez monetaria suministrando a los bancos con reservas suficientes para una expansión adicional. ¿Inversiones decrecientes por parte de la industria privada? Dejen al gobierno que resuelva esto. Existen suficientes obras públicas buenas para ser emprendidas. La inversión pública puede llenar el espacio dejado por la inversión privada. Este optimismo es, desde mi punto de vita, <strong>inflacionismo</strong>. El programa significa nada más ni nada menos que esto: satisfacer todas las siempre crecientes demandas de capital por medio de la creación de nuevo dinero bancario; y hacer esto en forma abundante para evitar el aumento de las tasas de interés; o, si la demanda de inversiones privada cayera, financiar obras públicas por medio de nuevo dinero bancario: en otras palabras, seguir y seguir inflando la circulación monetaria. Estoy de acuerdo en que la crisis puede ser pospuesta a través de estos métodos, pero sostengo que no se puede escapar al colapso final. El mantener la <strong>tasa de inversión</strong> al nivel del auge significaría un continuo incremento en los medios en circulación. Las consecuencias de la inflación, sin embargo, eventualmente forzarían una caída en las <strong>inversiones</strong> la cual se impidió que sucediera en un momento anterior. La disminución de la tasa de inversión no parece ser evitable y el retroceso en la inversión, entonces, haría evidente que la expansión industrial durante el alza fue desproporcionada. La distribución de la <strong>demanda</strong> <strong>monetaria</strong> por el producto de diferentes industrias durante el periodo de expansión crediticia es diferente de la distribución de demanda luego de que la expansión crediticia se desacelere o frene. Es decir que una gran parte del sistema económico parece estar condenado a experimentar otra parálisis”.</p>
<p>Bajo este análisis, Machlup advierte que “sí”, sabemos como el auge puede ser controlado. Ahora podemos proceder con nuestro último interrogante, el cual se pregunta si somos capaces de llevar adelante las medidas que consideramos adecuadas. El control consiste en evitar una rápida expansión en el crédito y el circulante. ¿Cuán acelerada ha sido la expansión desde 2007? Los datos muestran que sólo entre septiembre de 2008 y enero de 2009 se ha duplicado la base monetaria. Pero además, la política de liquidez conocida como <strong>&#8220;alivio cuantitativo</strong>&#8221; siguió durante los años siguientes, con una tasa de interés en torno al 0 y el 0.25 % hasta el día de hoy. En estos últimos meses, sin embargo<strong>, comenzó a hablarse del &#8220;<em>tapering</em>&#8220;, esto es, que la Reserva Federal reduzca el programa de compra de activos ante mejoras en la actividad económica y el mercado laboral.</strong> En diciembre pasado, a poco de dejar el cargo, <strong>Ben Bernanke</strong> decidió dar lugar al &#8220;tapering&#8221;, sin desconocer que la situación sigue siendo delicada.</p>
<p>El optimismo de Bernanke lo conduce a esperar que el &#8220;<em>tapering</em>&#8221; siga avanzando gradualmente ante mejoras en el mercado laboral, sin embargo, otros analistas son mucho más pesimistas, apuntando al creciente desequilibrio fiscal. Estos analistas no dudan, que ante una pequeña alza en el desempleo, <strong>Janet Yellen</strong> -su reemplazante en el mando de la Reserva Federal- utilizará un arsenal de medidas para expandir aún más el crédito y sostener el auge.</p>
<p>Que el &#8220;<em>tapering</em>&#8221; continúe o no, y que en consecuencia la Reserva Federal pueda o no controlar este auge, es un desafío que como se muestra aquí se viene discutiendo desde hace décadas. No hay sólo un debate político y social detrás de estas políticas económicas, sino que también está en juego un debate académico fundamental: <strong>¿Pueden los Bancos Centrales administrar correctamente el dinero?</strong> Personalmente pienso que hay mejores alternativas que el monopolio en la administración del dinero y del crédito.</p>
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		<title>Escenario económico tras las elecciones legislativas</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Nov 2013 11:22:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ravier</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Las elecciones legislativas dejaron un panorama político complejo de cara a las elecciones de 2015. <strong>El kirchnerismo fue derrotado en la mayoría de las provincias</strong>, pero se mantiene como la <strong>principal minoría a nivel nacional</strong> y su candidato en 2015, sea el gobernador de Buenos Aires <strong>Daniel Scioli</strong>, el entrerriano <strong>Sergio Urribarri</strong> o el chaqueño <strong>Jorge Capitanich</strong>, tendrá una presencia fuerte en la próxima presidencial. <strong>La oposición se dividió victorias en distintas jurisdicciones. Mauricio Macri</strong>, a través de sus candidatos, se hizo fuerte en la <strong>Ciudad de Buenos Aires</strong> y comenzó un posicionamiento nacional para el <strong>PRO</strong>. <strong>Sergio Massa </strong>logró una amplia victoria en la <strong>Provincia de Buenos Aires</strong> y se presenta como una alternativa dentro del justicialismo si tomamos en cuenta su alianza con intendentes del partido. <strong>Julio Cobos</strong> hizo lo propio en <strong>Mendoza</strong> y podrá ser el candidato del radicalismo. <strong>Hermes Binner</strong> en <strong>Santa Fe</strong> y <strong>Pino Solanas</strong> -como senador- en la Ciudad de Buenos Aires lograron resultados históricos para el socialismo. <strong>La dispersión de los votos deja claro que el éxito de estos candidatos en ganar las elecciones de 2015 dependerá de los acuerdos y las alianzas, pero estos escenarios mejor dejarlos para los politólogos</strong>.</p>
<p>Lo que me propongo analizar aquí es el escenario económico argentino de los próximos dos años y para eso, lo mejor es tomar las palabras de los propios dirigentes del oficialismo. Resumiendo: <strong>aquí no ha pasado nada.</strong> Una coyuntura electoral legislativa no cambiará el rumbo que tomó el gobierno hace 10 años.</p>
<p>Los problemas de la economía argentina se representan en <strong>tres desequilibrios básicos en el frente fiscal, monetario y cambiario,</strong> pero se podrían ordenar con voluntad política.</p>
<p><strong>1. Desequilibrio fiscal</strong></p>
<p>En el frente fiscal el gobierno año a año presenta <strong>un nivel de gasto muy elevado en comparación con los ingresos que genera la recaudación tributaria.</strong> En 2013, por ejemplo, el presupuesto ejecutado (según estimaciones oficiales) probablemente termine siendo 15% mayor al autorizado por el Congreso y el resultado financiero pasaría de un superávit de $ 587 millones a un déficit cercano a $ 45.000 millones. Esto viene ocurriendo desde hace siete años, aunque en 2007 la diferencia llegó a ser del 30 %. En este sentido, <strong>el Presupuesto aprobado por el Congreso vuelve a ser letra muerta</strong> como lo fue en los años &#8217;80, y el déficit estimado para 2014, según un <a href="http://www.cippec.org/documents/10179/52927/IMyE+Fiscal+Informe+preliminar+de+presupuesto+2013.pdf/fe1dc9e6-42e2-44ce-8b32-9c84393ec66e" target="_blank">informe de Cippec</a>, alcanzaría los $ 65.000 millones.</p>
<p><strong>2. Desequilibrio monetario</strong></p>
<p>La principal fuente de financiamiento de este déficit fiscal ha sido su monetización, lo que se observa en un <strong>crecimiento interanual de la base monetaria en torno al 40%</strong>. <strong>Mercedes Marcó del Pont</strong> ya ha declarado en reiteradas ocasiones que no existe “independencia del Banco Central”, y que la función de la autoridad monetaria es asistir al gobierno cuando lo requiera. Esto garantiza una <strong>aceleración de la inflación</strong>, pues el gobierno inundará al mercado de pesos. Esto además <strong>presionará sobre el tipo de cambio oficial y sobre el “blue”</strong>, siendo muy difícil establecer un “techo” para la divisa.</p>
<p>Una alternativa que baraja el gobierno es acceder a deuda externa, aunque aquí se abren dos interrogantes. El primero es si el gobierno realmente desea tomar este camino cuando ha criticado al menemismo por hacerlo. Los mismos integrantes del oficialismo ofrecen respuestas contradictorias. El segundo es si el gobierno podrá acceder a tomar deuda, más allá de su voluntad, y si lo hacen, a qué costo financiero.</p>
<p>Es que <strong>se ha hablado mucho de una política de desendeudamiento, pero esto es sólo un mito</strong>. En diciembre de 2001 el stock de deuda pública, al momento de anunciarse el default, sumaba US$ 144.222 millones (fuente ASAP). En diciembre de 2011 la deuda pública total subió a US$ 178.963 millones y en junio de 2012 a US$ 182.741 millones (fuente <a href="http://www.mecon.gob.ar/finanzas/sfinan/documentos/informe_deuda_publica_30-06-12.pdf" target="_blank">MECON</a>).</p>
<p><strong>3. Desequilibrio cambiario</strong></p>
<p>En el frente cambiario, la economía muestra un “<strong>retraso</strong>” que se evidencia en el <strong>tipo de cambio real</strong>. Cuantificar ese retraso es todo un debate, pero varios analistas lo han estimado con el <strong>índice Big Mac</strong> en torno al 40%, más del doble de <strong>Finlandia, Brasil y Francia,</strong> países que siguen en la lista.</p>
<p>Una posible devaluación y un cambio en el “cepo cambiario” están en la agenda del gobierno, pero <strong>es factible que estas políticas “aisladas” sólo agraven el problema</strong>.</p>
<p><strong>Conclusión</strong></p>
<p>En este contexto, <strong>el gobierno debe prender una vela para que haya cosechas récord</strong> y a la vez, apuntar a que la próxima Presidente de la <strong>Reserva Federal</strong> de Estados Unidos, <strong>Janet Yellen,</strong> amplíe la política de liquidez que viene tomando <strong>Ben Bernanke.</strong> Si esto ocurre, aumentarán aun más los precios de los <strong>commodities</strong> y esto elevará la recaudación tributaria por derechos de exportación.</p>
<p>Decía al comienzo que estos desequilibrios tienen solución, sin embargo, las propuestas implican necesariamente un cambio de rumbo. El gobierno elige seguir su camino, independientemente de que el pueblo le ha dado la espalda en las urnas. La economía argentina es una olla hirviendo, y el déficit fiscal, la inflación y el retraso cambiario garantizan que <strong>estos dos últimos años de kirchnerismo no serán tranquilos.</strong></p>
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		<title>Janet Yellen como posible reemplazo de Ben Bernanke</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Aug 2013 05:08:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ravier</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En un artículo titulado “The subprime Crisis” [La crisis subprime], publicado en The Quarterly Journal of Austrian Economics, explicábamos junto al economista Peter Lewin que la crisis de 2008 no es un hecho aislado, sino que es una crisis más de una serie de tsunamies financieros a los que debemos agregar al menos la crisis... <a href="http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/08/14/janet-yellen-como-posible-reemplazo-de-ben-bernanke/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En un artículo titulado “<a href="http://mises.org/journals/qjae/pdf/qjae15_1_2.pdf">The subprime Crisis” </a>[La crisis subprime], publicado en <em>The Quarterly Journal of Austrian Economic</em>s, explicábamos junto al economista Peter Lewin que <strong>la crisis de 2008 no es un hecho aislado, sino que es una crisis más de una serie de tsunamies financieros a los que debemos agregar al menos la crisis S&amp;P de 1987 y la crisis dot-com de 2001, todos provocados a partir de la política monetaria que administra la Reserva Federal, también denominada “Fed”.</strong></p>
<p>Existe relativo consenso entre los economistas expertos en el campo monetario y bancario que la Fed -con Alan Greenspan a la cabeza- mantuvo una política monetaria muy agresiva, con tasas de interés demasiado bajas por demasiado tiempo -entre 2001 y 2004-, lo que alimentó la burbuja inmobiliaria que se pinchó en 2007, y que generó una depresión global dos años más tarde.</p>
<p><span id="more-113"></span>Tras 18 años al frente de la Fed<strong>, Greenspan dejó la presidencia de la autoridad monetaria norteamericana en 2006</strong> y dejó su lugar a su mano derecha <strong>Ben Bernanke</strong>, quien ante la recesión y su consecuente incremento en el desempleo decidió aplicar una política de rescate nunca vista en la historia de la institución, incluso contraria a los objetivos que sus estatutos indican.</p>
<p>Una extensa literatura criticó aquellos estímulos monetarios y ciertos conceptos pasaron a ser de uso generalizado como “riesgo moral” o “demasiado grandes para caer”. <strong>Bernanke volvió a aplicar una nueva política agresiva, para sostenerla aun por más tiempo que su antecesor -ya lleva más de 4 años-, hasta que el nivel de desempleo estuviera en niveles inferiores al 6 %. La economía logró una tibia y lenta recuperación gracias a los estímulos monetarios y fiscales, pero estuvo y está lejos de estas pretensiones, lo que asegura una continuidad en la política de tasa de interés al 0 % por algún tiempo más.</strong></p>
<p>En ese mismo artículo comentado, junto al Dr. Lewin concluíamos que “la estrategia de salida” pudo ser correcta en lo conceptual, pero cometió dos graves errores: el primero cuantitativo, porque la expansión de la oferta monetaria fue mucho mayor de lo necesario, y segundo, cualitativo porque la Fed expandió la base monetaria comprando deuda privada de alto riesgo, en lugar de comprar deuda del gobierno y se quedó con una cartera de activos cuyo valor y liquidez desconoce y que le será difícil revender en cuanto comience a aumentar la velocidad de circulación del dinero.</p>
<p>Los macroeconomistas estamos expectantes entonces a ver<strong> qué es lo que la Fed hará una vez que la economía se recupere, los bancos vuelvan a introducir crédito al mercado, y la tasa de inflación se acelere. </strong>Tal como lo hizo a mediados de 2004,<strong> sería de esperar que la Fed suba la tasa de interés de corto plazo para evitar una mayor inflación, pero tal política pondría en riesgo la misma recuperación de la economía</strong>, lo cual nos deja con interrogantes que van más allá de nuestro entendimiento.</p>
<p>Bernanke, sin embargo, parece que no tendrá que enfrentar estos hechos, dado que su mandato al frente de la Fed se vence el año próximo, y la economía más que acelerar la inflación, parece desacelerarse en estos últimos meses.</p>
<p><strong>Obama duda aún sobre el reemplazo de Bernanke</strong>, pero han surgido dos nombres claves: el primero es Larry Summers, quien fuera asesor de la Casa Blanca, pero se enfrenta a una mayoría republicana en el Congreso que no lo desea al frente de la Fed. El segundo candidato es una mujer, Janet Louise Yellen, quien es vicepresidente de la Fed en este momento, y tiene una extensa trayectoria en la autoridad monetaria.</p>
<p><strong>Yellen parece no ser enemiga de los estímulos monetarios y entre sus prioridades no parece estar el control de la inflación</strong>. Así lo indica al menos una nota de <a href="http://online.wsj.com/article/SB10001424127887323968704578650450613878848.html">Mary Anastasia O´Grady</a> en <em>The Wall Street Journal</em> y una nota del experto <a href="http://online.wsj.com/article/SB10001424127887323968704578650450613878848.html">Kenneth Rogoff</a>. En un debate con Alan Greenspan,<strong> Yellen comentó que su prioridad es el pleno empleo y suavizar los ciclos económicos, y si bien comprende los límites de la política monetaria discrecional que la literatura desarrolla, en su experiencia si debe elegir entre acelerar la inflación, o un aumento del desempleo, se inclinará por el primero.</strong> Un poco más de lobby para Yellen llegó de parte del Nobel <a href="http://www.project-syndicate.org/commentary/guidelines-for-new-central-bankers-by-joseph-e--stiglitz">Joseph Stiglitz</a> concluyendo que ante la lenta recuperación de la economía americana, Yellen es lo que la Fed necesita.</p>
<p>En la extensa literatura que Yellen nos deja también se destaca un libro que publicó junto a Alan S. Blinder titulado “<a href="http://books.google.com.ar/books/about/The_Fabulous_Decade.html?id=X_NzZTnnehAC&amp;redir_esc=y">La década fabulosa: lecciones macroeconómica de los años 1990”</a>, lo cual me deja aún más preocupado. En la reseña de este libro se puede leer que la causa de la fuerte performance macroeconómica de la década bajo análisis fue en particular una “excelente” política monetaria y fiscal. Quizás ya sea motivo de otro artículo, pero nuestra lectura de aquellos hechos fue la de una burbuja bursátil generada precisamente a partir de esa &#8220;mala&#8221; política monetaria, la que terminó con la crisis dot-com de 2001.</p>
<p>Bajo estos escasos elementos, quizás es aventurero concluir sobre la política monetaria que la Fed aplicará en los próximos años, pero al momento,<strong> todo indica que la liquidez continuará, aun bajo riesgos de inflación. Si este es el caso, habrá un corto plazo interesante para América Latina, con mucha liquidez e inversión en la región, pero más tarde, una vez que la tasa de interés supervisada por la Fed se incremente, sobrevendrán tiempos muy difíciles.</strong></p>
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		<title>¿Hoy somos todos keynesianos?</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Aug 2013 05:06:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ravier</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las ideas de John Maynard Keynes surgieron en el marco de la Gran Depresión de los años treinta. Entre los años 50 y 60 muchos economistas coincidían en afirmar &#8220;ahora somos todos keynesianos&#8220;. Incluso Milton Friedman llegó a decirlo en 1965. La nueva crisis revitalizó el pensamiento de Keynes y The Economist colocó a dos prestigiosos economistas a responder la gran pregunta: ¿Somos hoy todos keynesianos?... <a href="http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/08/02/hoy-somos-todos-keynesianos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Las ideas de <strong>John Maynard Keynes</strong> surgieron en el marco de la <strong>Gran Depresión</strong> de los años treinta. Entre los años 50 y 60 muchos economistas coincidían en afirmar &#8220;<strong>ahora somos todos keynesianos</strong>&#8220;. Incluso <strong>Milton Friedman</strong> llegó a decirlo en 1965. La nueva crisis revitalizó el pensamiento de Keynes y <strong><i><a href="http://www.economist.com" target="_blank">The Economist</a></i></strong> colocó a dos prestigiosos economistas a responder la gran pregunta: ¿Somos hoy todos keynesianos? De un lado<b> </b><strong>Brad De Long</strong>, del otro<b> </b><strong>Luigi Zingales. ¿Qué respondieron?</strong></p>
<p><strong>La respuesta de Brad De Long</strong></p>
<p><strong>Se suponía que Brad De Long iba a defender la postura, pero pidió disculpas y afirmó que ya no, &#8220;hoy no somos todos keynesianos&#8221;. </strong>Por ejemplo, leyendo <strong><i>The New York Times</i></strong> encuentra que <strong>William Poole</strong>, ex presidente de la<b> </b><strong>Reserva Federal de St Louis</strong>, considera que &#8220;el gasto del gobierno no puede liderar el camino hacia una recuperación sostenida, debido a que su efecto de estímulo se verá compensado por anticipado con impuestos más altos y con la necesidad de financiar el déficit&#8221;.</p>
<p>En 1970 William Poole fue un keynesiano que daba por sentado que la política de déficit y el gasto fiscal tenían un papel adecuado y<br />
eficaz en la lucha contra las recesiones. Pero Poole no está solo. <strong>Robert Barro</strong>, <strong>de Harvard University</strong>, <strong>dijo sobre la propuesta de estímulo fiscal de Obama: &#8220;Este es probablemente el peor proyecto de ley que se ha presentado desde la década de 1930</strong>. No sé qué decir. Quiero decir que está perdiendo una enorme cantidad de dinero, que tiene una teoría simplista que no creo que funcione (…) No creo que vaya a expandir la economía (…) Va más en la línea con tirar el dinero a la gente (…) Creo que es basura&#8221;.</p>
<p><strong>John Cochrane</strong>, de la <strong>Universidad de Chicago</strong>, agrega: &#8220;Nadie ha enseñado esto a estudiantes de postgrado desde 1960 (…)<b> </b><strong>Son los cuentos de hadas que se han demostrado falsos.</strong> Es muy reconfortante en tiempos de crisis volver a los cuentos de hadas que escuchábamos cuando éramos niños, pero esto no los hace menos falsos&#8221;. Cochrane agrega que &#8220;el gobierno emitirá bonos para pedir prestado, lo que significa que los inversores al comprar<b> </b><strong>bonos del Tesoro de EEUU</strong> dejarán de invertir en acciones o productos, anulando el efecto de estímulo&#8221;.</p>
<p><strong>Edward Prescott</strong>, de la <strong>Arizona State University</strong>, quien ganó un <strong>premio Nobel de Economía</strong> <strong>en 2004</strong> por su estudio sobre los ciclos económicos, hizo esta contribución: &#8220;Los economistas en el campo están profundamente divididos sobre la cuestión del estímulo federal (…) No sé por qué Obama dijo que todos los economistas están de acuerdo en esto. Ellos no lo están&#8221;.</p>
<p><strong>Eugene Fama</strong>, de la <strong>Universidad de Chicago</strong>, declaró: &#8220;Los rescates y planes de estímulo son financiados mediante la emisión de más deuda pública (¡<strong>el dinero debe venir de alguna parte</strong>!). La deuda, agregó, absorbe los ahorros que de otro modo irían a inversión privada&#8230; a pesar de la existencia de recursos ociosos, los rescates y planes de estímulo no agregan nada a los recursos actuales en uso. Acaban de mover recursos de un uso a otro&#8221;.</p>
<p>De Long concluye que &#8220;el argumento de los señores Fama, Prescott, Cochrane, Barro, Poole y compañía es lo que los economistas llaman la<b> </b><strong>Ley de Say</strong>. Es la afirmación de que las decisiones de aumentar el gasto, ya sea que vengan del gobierno o de cualquier otra persona, no pueden estimular la economía y aumentar el empleo y la producción porque la demanda debe ser creada por la oferta. <strong>Si el gobierno gasta, alguien más debe recortar sus gastos</strong>&#8220;. &#8221;Así que ahora, <strong>no puedo decir que somos todos keynesianos. Lo más que puedo decir es que deberíamos serlo&#8221;.</strong></p>
<p><strong>La respuesta de Luigi Zingales</strong></p>
<p>Y que podemos tomar de lo dicho por Luigi Zingales, quien se suponía defendería una posición opuesta a la de De Long. <strong>Se pregunta: &#8220;¿Qué significa ’ser keynesiano’?</strong> Simplemente creer en el papel de los componentes de la demanda en la determinación de la producción total es una caracterización insuficiente. Un verdadero keynesiano difiere, en tanto que él también cree que: 1)<b> </b><strong>La política monetaria no es la herramienta más eficaz para estabilizar la economía</strong> y puede ser completamente ineficaz en algunas circunstancias (<strong>trampa de liquidez</strong>); 2) <strong>la política fiscal es eficaz</strong> y el gasto del gobierno es la herramienta preferida; 3)<b> </b><strong>la intervención del gobierno funciona y las consecuencias a corto plazo son más importantes que las de largo plazo&#8221;.</strong></p>
<p>&#8220;Con esta definición en mente, hay cuatro formas en las cuales la afirmación ‘todos somos keynesianos’ puede ser interpretada. Sugiero que la declaración es falsa en tres de cuatro de estas interpretaciones&#8221;. &#8220;<strong>La primera interpretación es que la profesión económica ha llegado a un consenso sobre las posiciones keynesianas. Esta declaración es definitivamente falsa.</strong> Si usted navega a través de los artículos publicados en la revista líder de la <strong>American Economic Association</strong> en 2008, verá que sólo uno de los 12 artículos que se ocupan de las cuestiones macroeconómicas (Código JEL E) soporta (aunque muy indirectamente) la idea de una política fiscal de expansión como una herramienta política. Un desequilibrio aún mayor está en el pináculo de nuestra profesión. Entre los 37 ganadores del premio Nobel de Economía en los últimos 20 años, cuatro recibieron el premio por sus contribuciones a la macroeconomía. Ninguno de ellos podría ser considerado keynesiano. De hecho, es difícil encontrar trabajos académicos que apoyan la idea de un estímulo fiscal&#8221;.</p>
<p><strong>&#8220;La segunda interpretación posible es que existe un consenso entre los economistas en que las causas de la crisis actual es keynesiana.</strong> <strong>Incluso en esta interpretación la declaración es falsa</strong>. No creo que ningún economista se atrevería a decir que la actual crisis económica de EEUU ha sido causada por <strong>subconsumo</strong>. Con cero de ahorro personal y un gran déficit presupuestario del gobierno de <strong>Bush</strong> hemos tenido una de las políticas keynesianas más agresivas en la historia&#8221;. &#8220;La adhesión a los principios de Keynes no sólo no evitaron el desastre económico actual, sino que incluso han contribuido enormemente a la causa. El deseo keynesiano de gestionar la demanda agregada, haciendo caso omiso de los costos a largo plazo, impulsado por <strong>Alan Greenspan</strong> y <strong>Ben Bernanke</strong> a mantener las tasas de interés extremadamente bajas en 2002, impulsaron el consumo excesivo de las familias y la asunción de riesgos excesivos por parte del sector financiero. Más importante aún ha sido la formación keynesiana de nuestros responsables políticos lo que les ha llevado a ignorar el papel que desempeñan los incentivos en las decisiones económicas.</p>
<p><strong>La principal diferencia entre Keynes y la economía moderna es el énfasis en los incentivos.</strong> Keynes estudió la relación entre los agregados macroeconómicos, sin ninguna consideración por los incentivos subyacentes que conducen a la formación de estos agregados. Por el contrario, la economía moderna basa todos sus análisis sobre los incentivos. En 1998, cuando el<b> </b><strong>co-Fed</strong> coordinó el rescate de <strong>Long Term Capital Management</strong>, no se preocuparon por el impacto que esta decisión tendría sobre los incentivos para asumir riesgos y la liquidez adecuada de precios. Cuando el señor Bernanke diseñó el rescate de <strong>Bear Stearns</strong>, no se preocuparon por el impacto que esta decisión tendría sobre los incentivos de los otros bancos de inversión para aumentar el capital social a precios bajísimos. Cuando cambió de posición dos veces en el espacio de dos días, dejando a Lehman caer, pero rescatando a <strong>AIG</strong>, no se preocuparon por el impacto que tendría en la confianza de los inversores y los incentivos para invertir.</p>
<p>Éste es el <strong>comportamiento errático</strong> que ha asustado al mercado y ha creado la actual crisis económica: en una encuesta reciente el 80% de los estadounidenses declaran que tienen menos confianza de invertir en el mercado como consecuencia de la forma en que el gobierno ha intervenido”. “Si los principios keynesianos y la educación son la causa de la depresión actual, es difícil imaginar cuál puede ser la solución. Por lo tanto, incluso la tercera interpretación que deben seguir las recetas keynesianas para combatir la actual crisis económica, es falsa. No discuto la idea de que algún tipo de intervención del gobierno puede aliviar las condiciones económicas actuales, y que una política económica keynesiana puede hacerlo. Con un déficit de cuenta corriente que en 2008 fue de 614 mil millones dólares, un déficit presupuestario que fue 455 mil millones dólares y los gastos militares de 731 mil millones dólares, es difícil argumentar que el gobierno no está estimulando la demanda lo suficiente.</p>
<p>L<strong>a crisis actual no es una crisis de demanda, es una crisis de confianza.</strong> <strong>El mal gobierno corporativo, junto con las políticas del mal gobierno, ha destruido al sector financiero</strong>, asustando a los inversores y congelando los préstamos. Es como si una bomba nuclear hubiera destruido todas las carreteras de EEUU, y afirmaran que para mitigar el impacto económico de un evento semejante, debería invertir en los bancos. Es posible que con el tiempo haya un <strong>efecto goteo.</strong> Pero si el problema es de los caminos, lo que necesitamos es reconstruir los caminos, no subsidiar al sector financiero. Y si el problema es el sector financiero, se deseará solucionar este problema y no la construcción de carreteras”.</p>
<p>“La única interpretación en virtud de la cual la declaración en cuestión es cierta es que ‘nosotros’ el pueblo estadounidense y sus<br />
representantes elegidos sean todos keynesianos. <strong>El keynesianismo ha conquistado los corazones y las mentes de los políticos y las personas comunes y corrientes, ya que proporcionan una justificación teórica para el comportamiento irresponsable.</strong> La ciencia médica ha establecido que uno o dos vasos de vino al día son buenos para su salud a largo plazo, pero ningún médico recomienda a un alcohólico en recuperación seguir esta receta. Lamentablemente, los economistas keynesianos hacen exactamente esto.<b> </b><strong>Le dicen a los políticos, que son adictos a gastar nuestro dinero, que los gastos del gobierno son buenos.</strong> <strong>Y qué decir a los consumidores, que se ven afectados por problemas graves de gasto, que el consumo es bueno, mientras que el ahorro es malo.</strong> En la medicina, tal comportamiento tendría que ser expulsado de la profesión médica; en economía, le ofrece un trabajo en Washington”. Un 37 % de los lectores de <strong><i>The Economist</i></strong> que votaron en la encuesta afirmaron que SÍ, que &#8220;hoy somos todos keynesianos&#8221;. Un 63 % dijo que NO, que esta afirmación carece de sentido.</p>
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		<title>¿Es posible un retorno al patrón oro?</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Jul 2013 05:31:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ravier</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Analistas económicos y políticos de posiciones diversas han coincidido en aseverar que la <strong>crisis financiera internacional</strong> encuentra su causa en la política monetaria que maneja la <strong>Reserva Federal de los Estados Unidos</strong>. Éstos no apuntan sólo a la mala política monetaria que creó la <strong>burbuja inmobiliaria</strong>, sino también al modo en que se ha administrado el dinero desde 2008 en adelante, depreciando el dólar y exportando con ello algunos problemas internos de Estados Unidos al resto del mundo.</p>
<p>Analistas de Estados Unidos, Europa y Asia empezaron a preguntarse entonces si es posible crear una alternativa a este inestable patrón dólar, y la primera respuesta que surgió no fue el <strong>euro</strong>, la <strong>libra</strong>, el <strong>marco</strong> <strong>suizo</strong>, el <strong>yen</strong> <strong>japonés</strong> o el <strong>yuan</strong> <strong>chino</strong>, sino un posible retorno al oro. El <strong>Congreso de Estados Unidos</strong> incluso creó una comisión a la que distintos teóricos e historiadores de la moneda y la banca han sido invitados para exponer sus posiciones.</p>
<p><span id="more-82"></span>Lo que aquí nos proponemos -siguiendo a <strong>Lawrence H. White</strong>- es responder a los diez argumentos centrales que la literatura presenta en contra de un retorno al <strong>patrón oro</strong>, incluyendo argumentos de presidentes de la Reserva Federal como <strong>Alan Greenspan </strong>y <strong>Ben Bernanke</strong>, economistas de renombre como <strong>Tyler Cowen</strong> y <strong>Paul Krugman</strong>, y analistas como <strong>Eduardo Porter</strong> y <strong>Jesús Fernández</strong> <strong>Villaverde</strong>. Al respecto, un especialista en temas monetarios como <strong>Friedrich Hayek</strong> reflexionaba en 1943: &#8220;El patrón oro, como sabemos, tuvo indudablemente grandes defectos, pero corremos el gran peligro de que su condena, hoy día de moda, pueda oscurecer el hecho de que también tuvo grandes virtudes, ausentes en la mayoría de sus alternativas&#8221;.</p>
<p>Analicemos entonces los diez argumentos centrales que expone la literatura:</p>
<p><strong>   1. El patrón oro deja que la cantidad de dinero sea determinada por fuerzas accidentales</strong></p>
<p>Hay un germen de verdad en este punto, puesto que el patrón oro permite que la cantidad de dinero en circulación sea determinado por las fuerzas de la oferta y la demanda en el mercado del oro. Sin embargo, en el sistema vigente de Banca Central y dinero fiat la oferta de dinero es controlada por las decisiones de un comité de expertos de la Reserva Federal. La pregunta que queda es bajo cuál sistema se comporta mejor la cantidad de dinero y su poder adquisitivo.</p>
<p>La experiencia dicta que<b> </b><strong>el stock de oro nunca fue estable.</strong> Sin embargo, durante el mayor descubrimiento de oro en <strong>California</strong>, en 1848, la caída del poder adquisitivo del dinero fue ínfima. En el intervalo de mayor inflación, el índice general de precios para los Estados Unidos subió de 5.71 en 1849 a 6.42 en 1857, un incremento de 12.4 % en un período de ocho años. La literatura es clara en este respecto, en expertos de historia monetaria como <strong>Hugh Rockoff</strong> o <strong>Rolnich</strong> y <strong>Weber.</strong></p>
<p><strong>   2. El patrón oro produciría una deflación dañina</strong></p>
<p>Si bien el patrón oro ofreció bastante estabilidad mientras operó, es cierto que en ciertos momentos hubo <strong>deflación de precios</strong>. Por ejemplo, entre 1880 y 1900, Estados Unidos evidenció un prolongado período de deflación récord. Sin embargo, dicho período no fue para nada desastroso en la economía real. El producto real per cápita comenzó dicho período en $3.379 y terminó en $4.943 (ambos medidos en dólares de 2000). El crecimiento real per cápita fue más que saludable con un 46 %, lo que implica que el producto real más que se duplicó.</p>
<p>Es así que, como explica <strong>George Selgin</strong>, los economistas debemos aprender a distinguir un proceso de deflación benigna y saludable, de otro dañino, como el que en efecto ocurrió entre 1929-1933 en la conocida <strong>Gran Depresión</strong>. La deflación benigna sería aquella que viene acompañada por aumentos de productividad, donde la caída de precios sólo redunda en un aumento del salario real.</p>
<p><strong>   3. El patrón oro fue responsable de los pánicos bancarios del siglo XIX y de la contracción monetaria de 1929-33, con la consecuente gran depresión</strong></p>
<p>La contracción monetaria de 1929-33 es precisamente el ejemplo clásico de la deflación dañina. Pero hay que notar que ésta no se generó bajo la existencia de un sistema de patrón oro, sino precisamente bajo la atenta mirada de la Reserva Federal. Uno podría observar el caso de <strong>Canadá</strong> en el período 1929-33 y ver que efectivamente bajo patrón oro no hubo pánico. Tampoco encontramos pánicos en Canadá en el siglo XIX. Fue el sistema de Banca Central en definitiva el que debilitó al sistema bancario.</p>
<p><strong>   4. El beneficio del patrón oro (controlar la inflación) se podría alcanzar con un costo menor, simplemente controlando la cantidad de dinero fiat</strong></p>
<p>Si bien este condicional es cierto, en la práctica no ocurrió tal cosa. El propio Alan Greenspan ha explicado que lo mejor que la Reserva Federal puede hacer en política monetaria es intentar replicar exactamente lo que un sistema de patrón oro habría hecho en cada caso. Greenspan incluso ha reconocido que en los años &#8217;70 la Reserva Federal generó una inflación acelerada porque el patrón oro no limitó la política monetaria. Y es que en ausencia de competencia las autoridades monetarias no tienen conocimiento ni incentivos para administrar bien el dinero.</p>
<p>Además, aun reconociendo que en los últimos 30 años la inflación ha sido más baja que en el período de posguerra, aun estos niveles de inflación actuales son mayores que los que evidenció el sistema de patrón oro. Por otro lado, el costo del sistema de patrón oro ha sido exagerado por los economistas, incluso por <strong>Milton Friedman</strong>, al asumir que el 100 % de la <strong>oferta monetaria (M2)</strong> debía estar respaldada en oro. Pero <strong>Lawrence H. White</strong> ha demostrado bajo su estudio de la historia monetaria que un sistema de banca libre con reserva fraccionaria puede operar con sólo un 2 % de los billetes respaldados en oro, lo cual reduce drásticamente la cantidad de oro necesaria para retornar a dicho sistema. Finalmente, debemos señalar que dicho costo es realmente muy bajo en relación con los daños que el sistema de Banca Central ha generado en la sociedad en el último siglo.</p>
<p><strong>   5. El patrón oro no implica ningún límite, porque el gobierno podría devaluar o simplemente suspender la obligación de respaldar sus billetes en cualquier momento que lo desee</strong></p>
<p>Objeciones como ésta podrían presentarse a otras normas o reglas, como es el caso de la Constitución. Pero aun así, las reglas constitucionales resultan útiles. <strong>Kydland </strong>y <strong>Prescott </strong>han señalado exitosamente la necesidad de fijar reglas para la política monetaria, lo cual redunda en un compromiso de parte de las autoridades monetarias, al mismo tiempo que ofrecen previsibilidad.</p>
<p>De más está decir que el patrón oro no es la única regla. El propio Milton Friedman ha ofrecido su regla de una tasa de crecimiento monetario fija para cada período, o los objetivos de inflación regulan hoy la política monetaria de varios bancos centrales. Pero el patrón oro tiene una historia mucha más extensa y exitosa que estas reglas alternativas y es la única alternativa que no requiere de un banco central.<b> </b><strong>Dejar la política monetaria en manos de banqueros privados bajo competencia, en lugar de la institución gubernamental, como era el caso de Estados Unidos antes de 1913, elimina la posibilidad de las dañinas sorpresas monetarias. </strong>También es cierto que el gobierno puede suspender el patrón oro en situaciones de emergencia como fue el caso en la Guerra Civil, pero el espíritu del patrón oro presiona para retornar al sistema y a la paridad, como de hecho ocurrió en Estados Unidos, según han demostrado Bordo y Kydland.</p>
<p><strong>   6. El patrón oro, como cualquier sistema de tipo de cambio fijo, es vulnerable a la especulación</strong></p>
<p><strong>Nicolás Cachanosky</strong> ha explicado que en un sistema de patrón oro no hay tipos de cambio, por lo que no puede haber especulación sobre ellos. Lo que sí tenemos es paridad, pero la aclaración es necesaria. Lo que abre la puerta a la especulación es la debilidad de la paridad que ofrece un sistema monetario, sea el sistema de patrón oro o cualquier otra moneda de reserva. Un Banco Central puede ser débil, y ése es precisamente cuando combinamos un sistema de Banca Central con el patrón oro. Afortunadamente, <strong>el patrón oro no requiere de un Banco Central</strong>. White y Selgin muestran que con un sistema de emisores privados de dinero descentralizado, no hay institución capaz de devaluar, por lo que no hay razones para esperar la peligrosa especulación.</p>
<p><strong>   7. El dinero fiat es necesario para que un prestamista de última instancia responda a las necesidades de liquidez del sistema bancario</strong></p>
<p>La historia muestra que un prestamista de última instancia prácticamente no sería necesario bajo un sistema monetario sólido y estable. Nuevamente vale la pena comparar el caso de Estados Unidos y Canadá en el siglo XIX. En los casos excepcionales donde tal cosa fuera necesaria, <strong>Richard H. Timberlake</strong> enseña que las cámaras de compensación pueden resolver el problema.</p>
<p><strong>   8. El cambio a un sistema de patrón oro involucra costos masivos de transición</strong></p>
<p><strong>El costo de transición para retornar al patrón oro sería muy bajo.</strong> A diferencia del caso europeo con la transición al <strong>euro</strong>, no sería necesario redenominar los precios, porque la denominación del dólar se mantendría. A la tasa adecuada entre dólar y oro, los precios no necesitarían pegar un salto.</p>
<p><strong>   9. Abandonamos el patrón oro en primer lugar por buenas razones</strong></p>
<p>Como bien explica <strong>Juan Carlos Cachanosky</strong>, en 1933 el presidente <strong>Roosevelt </strong>devaluó el dólar de $20.67 a $35 por onza de oro, pero el problema no era el patrón oro, sino la debilidad del sistema de la Reserva Federal. La deflación se podría haber resuelto con una mejor política monetaria y reforma bancaria, pero sin abandonar el patrón oro.</p>
<p>En 1971 <strong>Nixon</strong> declaró la inconvertibilidad del dólar con el oro porque la propia Reserva Federal había expandido la oferta monetaria demasiado como para mantener la paridad del dólar en $35 la onza. Se hubiera evitado esto si la Reserva Federal no hubiera aplicado políticas monetarias tan agresivas en los años 1960.</p>
<p><strong>Benjamin Anderson</strong> o <strong>Murray Rothbard</strong> explican que no fueron las reglas del patrón oro las que fallaron. Fue, más bien, la Reserva Federal la que falló.</p>
<p><strong>   10. No hay oro suficiente y Estados Unidos no puede recrear el sistema de Patrón Oro internacional por sí mismo</strong></p>
<p>Sí hay oro suficiente para retornar al patrón oro “si definimos correctamente el precio del dólar en términos de oro”. Pero la segunda parte de este argumento ha quedado para el final porque representa la objeción más fuerte presentada contra el retorno a este sistema. Un retorno unilateral de Estados Unidos al patrón oro privaría a su economía de los beneficios de un sistema de patrón oro internacional. Es por ello que un acuerdo global resulta necesario. Esto, sin embargo, no parece ser un gran obstáculo. <strong>En tiempos tan inestable como los actuales, la búsqueda de un sistema monetario sólido está a la orden del día. Un retorno global al oro puede ser la solución real a la crisis financiera global de los últimos años.</strong></p>
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